Resonancias del Mensaje del Grial 2

de Abdrushin


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35. Naturaleza

Igual como con la expresión “alma” fue formado un concepto genérico y confuso entre los seres humanos, de la misma forma sucede con la expresión “naturaleza”. También esta palabra fue utilizada excesivamente como un grande concepto colectivo para todo, con lo que a uno le gustaría encerrar el tema de manera cómoda, sin necesitar romper la cabeza con eso. Principalmente para aquello en que el ser humano ya sabia de antemano que no podía llegar a una solución clara.

Cuantas veces es aplicada la palabra “natural”, sin que con eso sea imaginado algo de concreto. El ser humano habla en “ligado a la naturaleza”, de bella naturaleza, de naturaleza alborotada, de impulsos naturales, y así sigue en la innumerables denominaciones con las cuales se quiere denominar algo en grandes trazos, que tenga mayor o menor relación con la naturaleza.

¡Lo qué es, sin embargo, naturaleza! Pues exactamente esta expresión básica hubiera que ser primeramente comprendida de modo muy nítido, antes de que fuese utilizada para todo cuanto es posible. Si, sin embargo, hagáis una vez esa pregunta, entonces sin duda os serán dadas muchas aclaraciones, con mayor o menor firmeza en los informes a ese respecto; sin embargo, de todo eso podéis ver claramente que los seres humanos ahí forman para si múltiples ideas, a las cuales hace falta un saber uniforme.

Por esa razón queremos, también aquí, abrir un camino para un cuadro fijo en la imaginación de esta palabra “naturaleza”.

Lo mejor es que separemos en nuestra capacidad imaginativa el concepto sobre ello en divisiones, a fin de así alcanzar más fácilmente la comprensión del todo.

¡Tomemos, por eso, primeramente, la forma gruesa de la “naturaleza”, la apariencia exterior! Para hacer más sencillo, comienzo ahí excepcionalmente por el pensar humano-terrenal y, sólo entonces, invierto todo finalmente, para que el curso cierto venido desde arriba sea nuevamente colocado ante vuestro ojos.

La naturaleza, considerada en el sentido más grueso, por lo tanto vista por vuestros ojos terrenos de materia gruesa, es la materia encandecida, y de esa forma vivificada y formada. Como materia imaginéis las diversas capas de la materialidad.

A eso pertenecen, en primera línea, todos los cuadros que vuestros ojos terrenos son capaces de percibir, como paisajes y también todas las formas fijas y móviles de las plantas y de los animales; expreso más ampliamente: todo cuanto seáis capaces de percibir con vuestro cuerpo terreno, con vuestros sentidos de materia gruesa.

Queda excluido de eso todo, sin embargo, lo que los seres humanos formaron artificialmente, sometiendo lo que existe a alteraciones, tales como casas y cualquiera otras configuraciones. Eso dejó entonces de hacer parte de la naturaleza.

Ahí ya nos acercamos automáticamente de una diferenciación básica: ¡lo que el ser humano altera, por lo tanto lo que no deja en su constitución básica, no más pertenece a la naturaleza en el verdadero sentido!

Toda vez, sin embargo, que también digo que la naturaleza, en su apariencia más exterior, es la materia gruesa encandecida, y de esa forma vivificada y formada, y como ya sabéis a través de mi Mensaje que fuerzas enteales encandecen las materias, vosotros propios, entonces, podréis concluir, sin nada más, que solamente puede ser naturaleza aquello que esté en la más estrecha correlación con fuerzas enteales.

Me refiero a aquellas fuerzas enteales que se cierran como circulo alrededor de las materias.

Es esa una especie totalmente singular, de la cual tendremos que hablar a la brevedad, pues que ella, como una especie singular de la Creación, tiene que ser separada del grande concepto colectivo del enteal, que se encuentra en todas las esferas como base, alcanzando incluso los limites donde principia la inentealidad de Dios.

Con el tiempo tengo que ampliar mucho más aún las actuales nociones del enteal, que ya os pude dar, si quiera completar la imagen que seréis capaces de asimilar con la creciente maduración de vuestro espíritu.

Naturaleza es, por lo tanto, todo aquello que se pudo formar y ligar, y que no fue cambiado en su especie básica por el espíritu humano, en la materia encandecida por fuerzas enteales, las cuales además tengo que describir a vosotros más detalladamente.

No cambiar la especie básica, que el enteal dio, esa es la condición para la expresión cierta: ¡naturaleza!

Por lo tanto, también la expresión “naturaleza” está ligada de manera inseparable con el enteal, que traspasa la materia. De eso también podéis concluir de manera cierta que la naturaleza no está acaso ligada a la materia, sino apenas el enteal; ¡que lo que es natural y sobre todo la naturaleza constituyen el efecto no torcido de la actuación enteal!

¡Así, paso a paso, nos acercamos cada vez más de la verdad, pues podemos, prosiguiendo, concluir que naturaleza e espíritu deben ser interpretados separadamente! Naturaleza se encuentra en la actuación de una muy determinada especie enteal, y espíritu es, como sabéis, algo completamente diferente.

¡El espíritu, a través de encarnaciones, es, sí, muchas veces, colocado dentro de la naturaleza, sin embargo no es la naturaleza y tampoco una parte de ella, como también la naturaleza no es una parte del espíritu humano!

Sé que no es fácil que podáis reconocer nítidamente, por medio de estas breves palabras, lo que se trata ahí, pero si os profundicéis en eso de modo cierto, podéis comprenderlo y, finalmente, vuestro espíritu debe, sí, en primer lugar tornarse móvil en los esfuerzos para penetrar en la Palabra que yo os puedo dar.

Precisamente los esfuerzos necesarios para eso os traen la movilidad que preserva, protegiendo vuestro espíritu del sueño y de la muerte, arrancándolo de las garras de las tinieblas que avanzan furtivamente.

¡Aunque tantas veces me busquen censurar, con artimañas del raciocinio y de modo malévolo, diciendo que yo, con las referencias, a través de mi Palabra, sobre el peligro siempre presente del adormecer y de la muerte espirituales, esté oprimiendo y amedrentando los seres humanos con amenazas, apenas para así ganar influencia, aún así nunca cesaré de colocar figuradamente delante de vosotros los peligros que amenazan vuestro espíritu, para que los conozcáis y no más caigáis ciegamente en las trampas y artificios, pues yo siervo a Dios y no a los seres humanos! ¡Con eso doy lo que es útil a los seres humanos y no solamente aquello que les es agradable terrenalmente y así los mata espiritualmente!

¡Precisamente los medios con que buscan atacar malévolamente mi Palabra, a servicio de las tinieblas que se defienden desesperadamente, precisamente eso prueba que yo en la verdad sirvo a Dios y no busco ser agradable a los seres humanos con palabras, a fin de conquistarlos hacia mi Palabra!

¡Los seres humanos, pues, tienen que ser arrancados de su comodidad espiritual, que ellos propios eligieron, y que es capaz solamente de adormecerlos, en lugar de vivificarlos de modo fortalecedor, como Jesús ya dijo antaño con la exhortación de que sólo aquél quien nazca de nuevo dentro de si podrá entrar en el Reino de Dios, y también con sus repetidas referencias de que todo tiene que tornarse nuevo, a fin de que pueda persistir ante Dios!

Y también los propios seres humanos siempre hablan de esas graves palabras, con entonación encaprichada, producto de la más sincera convicción sobre la verdad de aquello que ellas contienen. ¡Pero cuando a ellos se presenta la exigencia de que ellos propios primero tienen que tornarse nuevos en el espíritu, entonces profieren un quejumbre tras otro, pues nunca habían pensado en si mismos en ese sentido!

¡Ahora se sienten acosados en su comodidad y, sin embargo, esperaban que serian admitidos en el cielo con coros de jubilo, sin incluso hacer algo ahí, que no sea usufructuar todas las alegrías!

Buscan ahora sobrepujar con gritarías el molesto exhortador, en la convicción de que lograrán aún una vez más, como ya con Jesús, a quien primeramente mancharon y asesinaron moralmente como criminoso, rebelde y blasfemo ante todos los seres humanos, de modo que, incluso después de eso, segundo aparentes derechos e las leyes humanas, él todavía pudo ser juzgado y muerto.

Aunque hoy sea diferente en muchas cosas, no hace falta en la Tierra la sutil astucia del raciocinio, a servicio de las tinieblas, para desfigurar hábilmente también aquello que es más sencillo y más claro, y con eso influenciar incautos e indiferentes, de la misma forma como también existieron, en todas las épocas, los solícitos y falsos testigos que, por envidia u odio, o por la expectativa de lucro, son capaces de mucha cosa.

La sagrada voluntad de Dios, sin embargo, es más poderosa de lo que los actos de tales personas; ¡Él no se engaña en Su inmutable justicia, conforme es posible entre los seres humanos! ¡Así, por fin, también todas las tinieblas tendrán que servir con su mala voluntad solamente a la Luz, para con eso testificar en favor de la Luz!

¡Los seres humanos, sin embargo, quienes se esfuerzan sinceramente para comprender la Verdad de Dios, aprenderán a reconocer en eso la grandeza de Dios, Su sabiduría, Su amor, y a servirLo alegremente!

¡Acautelaos con la pereza de vuestro espíritu, con la comodidad y la superficialidad, oh criaturas humanas, y acordaos de la parábola de las vírgenes prudentes y de las tontas! Es suficientemente clara en su grande simplicidad, de modo que cada persona es capaz de comprender fácilmente el sentido. Tornad eso acción dentro de vosotros, luego todo lo demás vendrá por si mismo. Nada os podrá perturbar, pues caminaréis tranquilamente y con pasos firmes por vuestro camino.

Sin embargo, volvamos ahora a la expresión “naturaleza”, cuyo concepto os quiero proporcionar, por que es necesario.

Ya expliqué en largos trazos la primera y más densa división. Apenas cuando el ser humano, en su actividad, deje como base que la naturaleza permanezca realmente naturaleza, no buscando interferir en ella tampoco modificarla en sus especies, pero sí exclusivamente trabajar de modo constructivo, a través de la promoción de un desenvolvimiento sano, es decir, no torcido, luego es que encontrará y recibirá también la plena coronación de sus obras, lo que hasta ahora nunca podría esperar, porque todo cuando es violentamente desviado del natural solo puede producir, en el crecimiento, cosas aún más torcidas, que no poseen consistencia propia tampoco durabilidad.

Un dia esto también servirá para las ciencias como base de grande valor. Sólo en la manera como la naturaleza, a través de su actividad enteal consistente con las leyes de la Creación, cría las ligazones de las materias, sólo en eso se encuentran una fuerza y una irradiación constructivas, mientras que en otras ligazones, que no correspondan exactamente a esas leyes, y que fueron producidas por la mente humana, se forman irradiaciones recíprocamente perjudiciales, tal vez incluso destruidoras y desintegradoras, de cuyos verdaderos efectos finales los seres humanos no tienen ninguna idea.

¡La naturaleza, en su perfección consistente con las leyes de la Creación, es la más bella dádiva que Dios dio a Sus criaturas! Ella sólo puede traer provechos, mientras no sea torcida por alteraciones y dirigida a trayectos falsos por el querer saber propio de estos seres humanos terrenos.

Pasemos ahora a una segunda división de la “naturaleza”, que no es visible, sin más ni menos, por el ojo de materia gruesa.

Esa división se compone principalmente de materia gruesa mediana; por lo tanto, no de la más densa y pesada, que, a través de su especie pesada, tiene que ser inmediatamente reconocida por el ojo terreno.

El ojo de materia gruesa, cuando se trata de la materia gruesa mediana, solamente puede observar los efectos de ella en la materia gruesa pesada. A ello pertenece, por ejemplo, el fortalecimiento de todo lo que fue formado por la incandescencia, su desenvolvimiento con el crecimiento y la madurez.

Una tercera división de la “naturaleza” es entonces la reproducción, que ocurre automáticamente en una muy determinada madurez de desenvolvimiento y incandescencia. ¡La reproducción en la materia gruesa encandecida nada tiene que ver, por lo tanto, con el espíritu, pero sí pertenece a la naturaleza!

Por eso también el impulso para la reproducción es denominado correctamente instinto natural. Una muy determinada madurez de la materia encandecida por el enteal produce irradiaciones, que, en el encuentro de las especies positiva y negativa, uniéndose, impulsan retroactivamente sobre la materia gruesa y la inducen a la actividad.

¡El espíritu nada tiene que ver con eso, pero sí en esa actividad es un tributo a la naturaleza! Se halla enteramente apartada del espiritual, como ya antes me referi en el Mensaje.

Denominemos, pues, ese intercambio, de irradiaciones y unión, de tributo a la naturaleza, entonces eso estará cierto, pues es la especie de toda la materia, encandecida por el enteal hasta un muy determinado grado, que así busca siempre, de modo consistente con las leyes de la Creación, producir renovación, que, de una parte, contiene conservación y, de otra parte, condiciona la reproducción.

Esa ley de la naturaleza que se evidencia es el efecto de determinadas irradiaciones. Trae consigo conservación por el estimulo a ello ligado y renovación de las células.

Esta es, en primera línea, la principal finalidad de ese tributo, que la naturaleza exige de las criaturas que se mueven. La naturaleza no conoce ninguna diferencia en eso, y todos los efectos son útiles y buenos.

Sólo que también aquí el ser humano, por si sólo, una vez más, aumentó todo al enfermo, deformando y desfigurando, a pesar de que justamente él podría haber hallado un equilibrio normal en la especie de muy determinadas ocupaciones terrenas.

Él, sin embargo, no presta atención a aquello que la naturaleza exige de él, en sus advertencias o avisos silenciosos, pero sí, exagerando todo de manera enferma, quiere dirigir o dominar la naturaleza con su porfía ignorante; quiere forzarla muchas veces de una manera que tiene que perjudicar, debilitar o incluso destruir la materia gruesa, y así también en eso produjo devastaciones, como y alo hizo en la Creación entera.

Del ser humano, inicialmente apenas perturbador, surgió un destructor en todo lo que piensa y hace, dondequiera que esté.

Con eso se colocó abajo de toda la criatura.

¡Aprended primeramente a conocer profundamente la naturaleza, de la cual os alejasteis ya hace mucho, luego será posible que os tornéis nuevamente criaturas humanas, que viven en la voluntad criadora de Dios, cogiendo así salud a través de la naturaleza, para actividad alegre y constructiva en la Tierra, lo que solamente puede ayudar benéficamente el espíritu en su necesaria madurez!

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