Resonancias del Mensaje del Grial 2

de Abdrushin


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34. Alma

¡Muchas personas, que asimilaron muy bien mi Mensaje, todavía no están, a pesar de ello, suficientemente aclaradas al respecto de la expresión “alma”! Pero es indispensable que también reine claridad a ese respecto.

Precisamente sobre el alma la humanidad siempre habló demasiado, y luego formó una imagen común que, en su superficialidad, se convirtió en un concepto genérico, que nada trae en si.

Cuando se profiere la palabra alma surge delante de los seres humanos una pintura desteñida y raída. Descolorida y vacía, pasa por ellos sin nada decir. Nada puede decir a la persona individualmente, porque fue usada de modo excesivo.

Sin embargo, precisamente por el hecho de que ella nada más puede decir, de ella se apropiaron de buen agrado aquellos seres humanos, quienes, con vacía elocuencia, quieren hacer brillar su luz ilusoria por sobre campos que no pudieron ser abiertos al saber humano, porque la criatura humana de hoy se conserva cerrada delante de eso.

También hacen parte de ellos aquellos seres humanos quienes afirman ocuparse seriamente con eso. Se conservan cerrados debido a su falsa voluntad de buscar, que no es una búsqueda, porque inician tales trabajos con opiniones preconcebidas y demasiado limitadas, las cuales quieren comprimir en la concepción del raciocinio preso a la Tierra, que jamás puede obtener la posibilidad de asimilar por si algo de ello.

Dad a un ojo présbita una lente que haya sido lapidada para miopía... veréis que aquel ojo nada puede distinguir con ella.

No diferentemente se pasa con esos que buscan, pues intentan ejecutar sus actividades partiendo de principios errados. Si ahí, además, algo pueda ser encontrado, aparecerá solamente manchado y desfigurado, de cualquier forma no como corresponde a los hechos.

Y en lo desconocido, aparentemente turbado y pareciendo siempre destorcido, debido a los medios auxiliares insuficientes, fue también empujada la expresión “alma”, pero de tal manera, como si hubiese a ese respecto un firme saber.

Hubo esa osadía porque cada uno decía a si propio que no existiría nadie que pudiese contestar tal afirmativa.

Pero todo eso se arraigó tan firmemente, que ahora nadie quiere abandonar, porque aquella imagen inconsistente y sin delimitación se muestra siempre de nuevo con la palabra alma.

Piensa ahí el ser humano, seguramente, que al se dejar una imagen lo más incluyente posible, no se puede errar tan fácilmente, de lo que cuando los limites son firmemente trazados.

Aquello que es muy incluyente, sin embargo, al mismo tiempo nada expresa de determinado, es indistinguible, sino inconsistente y turbo, como en el presente caso. Nada os da, porque no es propiamente lo cierto.

Por ese motivo quiero expresar una vez más con palabras claras lo que el alma realmente es, a fin de que, finalmente, veáis ahí bien claramente y no seguís a utilizar, de modo tan inconsistente, expresiones cuyo verdadero sentido siquiera conocéis.

Que tanto se haya hablado sobre el alma resulta también del hecho de que el espíritu del ser humano no se haya movido lo suficiente, para mostrar que él también existe.

¡Que se haya hablado siempre solamente del alma e imaginado preferentemente el espíritu como un producto del raciocinio preso a la Tierra, fue de hecho el mejor y más elocuente testigo del real y triste estado de todos los seres humanos en la época actual!

El alma fue considerada como el más profundo, como el más intimo; más allá no se iba, porque el espíritu realmente duerme o es demasiado débil e indolente para poder hacerse notar como tal. Por eso representaba con aparente derecho el papel secundario. Él, el espíritu, que propiamente es todo y también el único que realmente vive en el ser humano o, mejor dicho, que debía vivir, pero lamentablemente duerme.

Que el espíritu tuviese que satisfacer con un papel secundario uno concluye bien nítidamente de las muchas denominaciones conocidas. Bajo espíritus se entiende, por ejemplo, en primera línea, los fantasmas; se dice que “hacen apariciones” por ahí.

Por toda parte donde en la voz del pueblo es utilizada la expresión “espíritu”, siempre se asocia algo que, o no es bienvenido y se gustaría evitar, o es algo dudoso, no bien limpio o incluso malévolo, en suma, que se muestra y efectúa de manera inferior. A menos que la expresión “espíritu” se relacione con el raciocinio.

En esos casos, cuando la expresión es relacionada con el raciocinio, se encuentra ahí incluso una especie de respecto. Tan torcido es lo querer saber en esos dominios. Necesitáis solamente reflexionar en la interpretación, según los conceptos actuales, de las dos expresiones:

¡Espiritualizado y lleno de alma!

Sin reflexionar, colocareis también aquí, según la vieja costumbre, la expresión “espiritualizado” más cerca de la actuación terrena, y, en la verdad, de la actividad masculina, particularmente del saber intelectual; y la expresión “lleno de alma” la sentiréis más femenina, más elevada y al mismo tiempo, sin embargo, también más confusa, difícil de ser articulada en palabras, siendo menos terrena. Por lo tanto, con otras palabras: más interiorizada, sin embargo, incierta, es decir, sin limites fijos, extraterrenal. ¡Experimentad apenas, e ya encontraréis la confirmación dentro de vosotros!

¡Esos son los frutos de las concepciones tan erradas de hasta ahora de los seres humanos, que tenían que producir conceptos errados, porque la ligazón del espíritu con la patria espiritual fue cortada, y con eso también los suministros de fuerza provenientes de la Luz!

Sí, él hubo que fenecer y también caer en el olvido, porque permaneció aquí en la Tierra enclaustrado en los cuerpos y así tenían, evidentemente, que alterarse todas las concepciones de modo correspondiente.

Una persona que desaparece por toda su vida en la prisión pronto es olvidada por el publico, en cuanto que todos los que no convivieron con ella directamente nada saben a su respecto.

¡Diferente no es con el espíritu durante el tiempo de su prisión en la Tierra!

¡A través del Mensaje, sin embargo, ya sabéis que solamente ese espíritu hace del ser humano un ser humano, que el ser humano solamente a través de él puede tornarse ser humano!

¡Eso, por su parte, os da la prueba de que hoy todas las criaturas terrenas que mantienen preso el espíritu tampoco pueden ser consideradas por la Luz como seres humanos!

El animal nada tiene del espíritu, por eso también nunca puede tornarse ser humano. ¡Y el ser humano que entierra su espíritu, lo impidiendo de actuar, exactamente aquello que lo convierte en un ser humano, él, en la realidad, no es un ser humano!

Aquí llegamos al hecho que todavía no ha sido suficientemente observado: yo digo que el espíritu acuña el ser humano, lo tornando un ser humano. ¡En la expresión “tornar ser humano” se encuentra la indicación de que solamente en su actuación el espíritu transforma la criatura en ser humano!

¡No basta, por lo tanto, solamente traer dentro de si el espíritu para ser un ser humano, pero sí una criatura sólo se torna ser humano, cuando deja actuar dentro de si el espíritu como tal!

¡Tomad eso hoy como base para vuestra existencia terrena! ¡Transformad eso en el concepto básico para la vida futura aquí en la Tierra! Afuera de la materia gruesa eso se mostrará entonces por si mismo, apenas cuando no más tengáis vuestro cuerpo terreno.

Quien, sin embargo, deja que su espíritu actúe dentro de si como tal, ese también nunca podrá dejar resurgir lo que es de las tinieblas, tampoco se dejaría agarrar por las tinieblas.

¡A vosotros os fue permitido reconocer y también tenéis que ver el fin para donde todo lleva, cuando el espíritu en los seres humanos no puede llegar a la actuación, por que está amordazado y alejado de todo y cualquier suministro de fuerza proveniente de la sacrosanta Luz de Dios!

¡Como por la Luz es considerado como ser humano apenas aquél quien deja actuar dentro de si el espíritu, igual también deberá ser en el futuro aquí en esta Tierra! ¡Ésa es la base para la ascensión y para la paz!

Pues quien deja el espíritu llegar a la actuación dentro de si, sólo puede seguir el camino hacia la Luz, que cada vez más lo ennoblece y lo eleva, de modo que, por fin, difunde bendiciones a su alrededor, dondequiera que llegue.

Quiero ahora, una vez más, decir lo que es el alma, a fin de que dejéis caer todas las antiguas concepciones y, en el futuro, tengáis en eso un firme apoyo.

El mejor es si digáis primeramente a vosotros propios que el espíritu torna el ser humano un ser humano ante las criaturas de materia gruesa en la Tierra.

Del mismo modo, sin embargo, y con razón, podemos declarar que el espíritu es el propio ser humano, que tiene que desarrollarse en diversos envoltorios, desde el germen hasta la perfección, porque trae constantemente dentro de si el impulso para ello.

El punto más alejado de su desenvolvimiento, que también es aquel punto más lejos de la Luz, donde el espíritu bajo la presión del envoltorio más pesado, más denso, tiene que desarrollar su propia voluntad con la máxima intensidad, pudiendo y debiendo con eso alcanzar también la incandescencia, a fin de que luego pueda subir de nuevo hacia más cerca de la Luz, es, en Efeso, la materia gruesa de esta Tierra.

¡Debido a eso la estada en la Tierra se torna el punto decisivo de todas las peregrinaciones! Es, por lo tanto, de importancia toda especial.

Y exactamente en la Tierra, debido a la voluntad errada, el espíritu fue esposado y amurallado por los propios seres humanos, bajo la influencia de las tinieblas rastreras, de modo que él, en aquel sitio donde había que alcanzar la máxima incandescencia ante actividad más viva y más fuerte, fue de antemano obligado a la inactividad, lo que resultó el fallar de la humanidad.

Y por eso es que también en ese punto decisivo, tan importante para el espíritu humano, la actividad de las tinieblas es la más viva, y por eso será aquí trabada la lucha, cuyo fin tiene que causar la total derrota y destrucción de las tinieblas, si todavía una vez deba ser dada ayuda a la humanidad terrena, para que no sucumba totalmente.

La actividad de las tinieblas fue, por lo tanto, siempre más activa aquí en la Tierra, porque aquí es el punto decisivo de la peregrinación del espíritu humano, y porque, en segundo lugar, exactamente aquí las tinieblas se tornaron capaces de intervenir de modo más inmediato, pues que aquí el ser humano se encuentra más lejos del punto de partida de la fuerza auxiliadora proveniente de la Luz, pudiendo, por eso, tornarse más fácilmente accesible a otras influencias.

Sin embargo, eso no es ninguna excusa para el decadente espíritu humano, pues este necesitaría solamente querer en sincera oración, a fin de lograr inmediatamente una ligazón pura con la fuerza de la Luz. Además, también el cuerpo de materia gruesa, debido a su densidad, es una protección toda especial contra influencias de especie diferente de aquellas que él propio busca atraer a través de sus deseos.

Todo eso, sin embargo, ya os es conocido a través del Mensaje, si lo quieras encontrar en él.

Imaginad, por lo tanto, el espíritu como siendo la legitima especie humana, lo cual, como núcleo, viste varios envoltorios para fines de evolución y desarrollo de la propia fuerza, que tiene que aumentar hasta la más alta prueba de resistencia por intermedio del cuerpo de materia gruesa, a fin de que pueda alcanzar el victorioso perfeccionamiento.

Al mismo tiempo, sin embargo, esas pruebas de resistencia cada vez más crecientes son, recíprocamente, también los beneficiadores escalones de desenvolvimiento, y la Tierra, de esa forma, el extremo plan decisivo.

Digamos, por lo tanto, tranquilamente, el espíritu es el propio ser humano, todo lo demás son solamente envoltorios, ante los cuales él se fortalece y, con la creciente obligación de moverse, encandece cada vez más.

La incandescencia que el espíritu adquiere de esa forma no se borra cuando deja los envoltorios, sino ella conduce el espíritu, elevándolo hacia el alto, hacia el reino espiritual.

Pues precisamente en la obligación de moverse, bajo el peso de sus envoltorios, él se ha vuelto por fin tan fuerte, que puede entonces soportar concientemente la presión más fuerte en el reino espiritual, lo que no lograría como germen espiritual.

Ese es el curso de su desenvolvimiento, que se procesó a causa del espíritu. Los propios envoltorios deben ser considerados en eso solamente como medio para el fin.

Por eso también nada se altera, cuando el ser humano terreno deja el cuerpo de materia gruesa. Es, luego, todavía el mismo ser humano, apenas sin envoltorio de materia gruesa, con lo cual queda también lo así nombrado manto astral, que fue necesario para la formación del cuerpo terreno de materia gruesa, y lo cual se origina de la materia gruesa mediana.

Apenas cuando el pesado cuerpo terreno esté desprendido junto con el cuerpo astral, el espíritu sigue envuelto solamente con los envoltorios más delicados. ¡En este estado el espíritu es luego nombrado “alma”, para diferenciación del ser humano terreno en carne y sangre!

En la progresiva ascensión el ser humano también abandona, poco a poco, todos los envoltorios, hasta que por fin conserve solamente el cuerpo espiritual, con un envoltorio espiritual, y luego entra como espíritu sin envoltorios de otras especies en el reino del espíritu.

Eso es un acontecimiento evidente, pues que entonces ningún otro envoltorio extraño es capaz de retenerlo, y, por eso, él tiene que ser conducido hacia arriba, de modo natural, debido a la especie de su propia constitución.

Esa es, por lo tanto, la diferencia, que muchas veces os produce dificultades en la voluntad de comprender, porque no tuvisteis claridad, y la imagen de ello por esa razón permaneció turba.

En la realidad, en el ser humano solamente entra en cogitación el espíritu. Todas las otras denominaciones se orientan simplemente en acuerdo a los envoltorios que él trae.

El espíritu es todo, es lo esencial; por lo tanto, el ser humano. Trayendo con otros envoltorios también el envoltorio terreno, entonces se nombra ser humano terreno; abandonando el envoltorio terreno es considerado entonces por los seres humanos terrenos como alma; abandonando todavía los envoltorios delicados, entonces él permanece únicamente espíritu, que siempre ha sido en su especie.

Las diversas denominaciones se orientan, por lo tanto, simplemente en acuerdo a la especie de los envoltorios, los cuales nada podrían ser sin el espíritu que los encandece.

¡En los animales es un poco diferente, pues éstos tienen en si algo de enteal como alma, cuya especie los seres humanos no poseen!

Tal vez por eso se hayan originado tantos errores, porque piensan los seres humanos que los animales también tienen un alma, la cual les permite actuar. Por esa razón, en el ser humano, que además del alma tiene espíritu, espíritu y alma habían que ser algo distinto y tal vez incluso puedan actuar separadamente.

Eso, sin embargo, es errado, pues de la especie del alma animal el ser humano nada tiene en si. En el ser humano únicamente el espíritu encandece todos los envoltorios, incluso cuando está emparedado y atado. En el esposar del espíritu por el raciocinio, el calor vivificador del espíritu es dirigido para los senderos errados, que el espíritu no deformado jamás elegiría, se le hubiese sido dejada mano libre.

Pero por sobre todas las torsiones y errores de los seres humanos el Mensaje da aclaración nítida; antes de todo, sobre como el ser humano tiene que pensar y proceder, si quiera alcanzar las alturas luminosas.

Hoy solamente se hace necesario aclarar una vez más la expresión “alma”, para que el pensar errado sobre eso pueda llegar a un fin.

Lo mejor para vosotros, seres humanos, sería si yo prosiguiese en eso un paso más, os diciendo que solamente el animal tiene un alma, que lo conduce. ¡El ser humano, sin embargo, tiene espíritu!

Con eso la diferencia queda exactamente marcada y de manera cierta.

Si hasta ahora todavía utilicé la expresión alma, fue sólo porque ella esta arraigada en vosotros tan firmemente, que tan rápido no podéis dejarla.

Ahora, sin embargo, veo que eso solamente hace con que los errores sigan, si yo no haga un profundo corte de separación en eso. Por lo tanto, gravad firmemente en vosotros como base para todos los tiempos:

¡El animal tiene alma, pero el ser humano tiene espíritu!

Está cierto así, aunque ahora os parezca extraño, porque decantasteis el alma tantas veces. Pero, creédmelo, es solamente el hecho de que estáis amarrados a la expresión conocida que os hace surgir un sentimiento elevado ante la palabra alma, como consecuencia de los cánticos que siempre buscasteis tejer alrededor de la expresión alma.

En lugar de eso decantad, pues, el espíritu, y pronto esa expresión surgirá resplandecientemente ante vosotros, mucho más clara y más pura de lo que la expresión alma jamás podría transmitir.

¡Acostumbraos a eso y luego también habréis avanzado un paso más en el saber que conduce a la Verdad!

Sin embargo, únicamente como base para vuestro pensar, debéis traer ahora esa diferencia concientemente dentro de vosotros. En lo demás, podréis seguir con la expresión alma también para los seres humanos, toda vez que para vosotros sería muy difícil, de otro modo, mantener correctamente separados los escalones indispensables al desenvolvimiento.

El alma es el espíritu ya desconectado de la materia gruesa, con envoltorios fino-materiales y también enteales.

Él tiene que permanecer para vuestra conceptuación tanto tiempo alma, hasta que saque de si el ultimo envoltorio y esté apto a ingresar, como siendo solamente espiritual, en el reino espiritual.

Si tenéis eso así dentro de vosotros, entonces la expresión alma también puede ser utilizada y mantenida en relación a los seres humanos.

Mejor sería si colocaseis el curso evolutivo del germen espiritual en las tres divisiones:

¡Ser humano terreno – Alma humana – espíritu humano!

Mientras tengas el concepto cierto de eso, puede pasar, del contrario, sin embargo, no seria aconsejable, porque de hecho solamente el animal tiene un “alma” en el más verdadero sentido. ¡Un alma que es algo por si solo! El ser humano, sin embargo, no tiene, además del espíritu, un alma autónoma por si.

Pero, con relación a los seres humanos, no queda bien decir, en lugar de alma: el espíritu con envoltorios, tampoco el espíritu envuelto o, más tarde, el espíritu sin envoltorio, el espíritu descubierto.

Eso en si seria cierto, pero demasiado complicado para la formación de un concepto.

Por eso conservemos lo de hasta ahora, como también ya lo hice Jesús, cuando hablaba de alma. Comprenderéis ahora mucho mejor aún su indicación de que el alma tiene que desconectarse, pues desconectar el alma otra cosa no quiere decir de lo que abandonar los envoltorios todavía existentes, que retienen el espíritu y, así, liberarlo del peso de ellos, para que el espíritu pueda, luego liberado de eso, proseguir en la ascensión.

Sin embargo, para los seres humanos terrenos de antaño él no podía hablar así intelectivamente, tenia que expresarse más simplemente y por eso conservar la manera y el modo habituales.

También hoy todavía puede permanecer así, bajo la condición que sepáis exactamente los verdaderos hechos.

Gravad bien en vosotros:

¡El animal tiene alma, pero el ser humano tiene espíritu!

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