Resonancias del Mensaje del Grial 2

de Abdrushin


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31. ¡Cuando la aflicción esté en el auge, el auxilio de Dios estará más cerca de vosotros!

¡Cuando la aflicción esté en el auge, el auxilio de Dios estará más cerca de vosotros! Ya hace mucho tiempo esta expresión recorre el mundo.

Muchos labios humanos la pronuncian como consuelo, pero lamentablemente, muchas veces, de modo impensado y apenas para que sea dicho algo ante preocupaciones que oprimen a otro.

Esta bella expresión, que encierra una promesa, se tornó una formula vacía de pulidez social.

Quién, sin embargo, no quiere mencionar el nombre de Dios, como existen tantos, por que están impedidos por mil motivos, éste entonces dice: ¡Tras la lluvia viene el sol! O además otras expresiones populares del mismo sentido. Existen muchas de ellas.

Sin embargo, ninguna de ellas encierra la profunda seriedad y también la fuerza, como la expresión:

¡Cuando la aflicción esté en el auge, el auxilio de Dios estará más cerca de vosotros!

La fuerza animadora, que fluye de estas palabras, cada ser humano intuirá cuando, durante graves preocupaciones, en ellas pensar. Hay algo de especial ahí, lo que no es proporcionado por ninguna de las muchas maneras de consuelo. Se destaca como héroe victorioso y vosotros lo intuiréis, sin que os tornéis concientes de aquello que es capaz de lograr la tranquilidad.

Quien, sin embargo, esté integrado en el Mensaje, conoce el poder de la palabra, cuando vibra en las leyes de la Creación. En eso reside el secreto de ese efecto. La sentencia aquí mencionada está bien ligada con las vibraciones de la Luz, transmitiendo, por eso, una fuerza que debe sorprender, apenas caiga en suelo fértil.

Sin embargo, eso es condición fundamental, como, además, en todo: ¡el suelo debe estar preparado para tal!

En las grandes aflicciones, sin embargo, él muchas veces está preparado debido a las conmociones. De esa manera las palabras pueden formar un puente para el auxilio proveniente de la fuerza del Creador, que está a la disposición de cada criatura, porque se halla vibrando en la Creación entera. La criatura necesita solamente elevar la mirada con confianza hacia el Señor, pues la confianza forma siempre el mejor camino para un auxilio proveniente de la fuerza.

El proceso, pues, en la utilización de esa sentencia, es lo siguiente: las palabras “cuando la aflicción esté en el auge, el auxilio de Dios también estará más cerca” despiertan la confianza en el ser humano que cree en Dios.

Con ello esas palabras establecen un puente, pues la confianza surgida por medio de ellas se eleva cual una suplica, como una oración, por que son intuidas por el espíritu humano. De esa forma el espíritu se abre para nueva fuerza, la cual, por su parte, fluye a través de él en dirección hacia los sitios que lo oprimen pesadamente.

Así esos sitios de mala voluntad que se acercan entran en la irradiación de la Luz, la cual vence el mal.

Donde, sin embargo, un ser humano no cree en el auxilio de Dios, tampoco podrá surgir a través de esas palabras aquella confianza, que es necesaria para dejar entrar la sagrada fuerza de la Luz y conducirla a aquellos sitios que producen la aflicción.

No penséis, sin embargo, que debéis retransmitir la fuerza de la Luz que os alcanza, a través de pensamientos egoístas de odio y planes aniquiladores. Serian canales impuros, a través de los cuales la fuerza de la Luz tampoco podría fluir sin turbación.

Y cada turbación provoca debilidad. Con eso, por lo tanto, debilitaríais en sus efectos el auxilio a vosotros destinado. Solamente cuando seáis capaces de asimilar la fuerza, en la pura confianza en Dios, que suplica el auxilio de Dios, dejando a Su sabiduría la manera como Él quiera auxiliar, luego será cierto y posible utilizar de forma límpida la fuerza, para alejar y extinguir el mal.

¡No necesitáis tampoco debéis tener pensamientos propios, cuanto a la manera y a la forma de los efectos! Aguardad con tranquila confianza.

¡Vuestro sufrimiento ya indicará el camino hacia la fuerza! Y así, también el mayor sufrimiento tendrá que alejarse finalmente de vosotros, sin que os sobrecarguéis nuevamente con pensamientos de rabia irreflexionada u odio.

Por eso también os fue dada como advertencia la expresión: ¡A Mi pertenece la venganza, Yo retribuiré!

¡Eso debe servir como indicación para que os comportéis de tal forma, como es de la voluntad de Dios, os encontrando de esa forma en la ley de la Creación, a fin de que entonces la fuerza de la Luz realmente os pueda auxiliar! Sin embargo, tenéis que formar el pasaje para ello.

Para donde miráis, veis auxilios alrededor de vosotros; sois envueltos por auxilios, de manera que tampoco podéis caer, apenas queráis ver. ¡Y ver, es decir, “saber”, solo podéis ante el conocimiento de las leyes de Dios en la Creación, portadoras de aquella voluntad, que os auxilia siempre que entráis en situaciones aflictivas, bajo la condición que vosotros propios no os mantengáis cerrados con relación a la fuerza auxiliadora!

¡Pronto llegará la época en que quedaréis conmovidos ante la grandeza de Dios y ante Su amor, que yace en Su voluntad, actuando a través de ella! Desearéis entonces desaparecer de sufrimiento, al reconocer vuestra falta, vuestra culpa, que no sólo rechazó todos esos auxilios, pero sí pretendió colocarse por sobre ellos, en la presunción proveniente siempre de la pequeñez, pues la grandeza desconoce la presunción, porque siquiera tiene necesidad de además ser presuntuosa.

¡Por eso la presunción es siempre una señal de pequeñez interior y la expresión de la conciencia de que la pequeñez necesita, a través de la presunción, aparentar algo mayor de lo que en verdad lo es! Precisamente la conciencia de la propia pequeñez es el mejor alimento de la presunción.

Vosotros, seres humanos, estáis en la realidad tan involucrados por vuestro Creador, que nada os podría pasar. ¡Sois dirigidos y guiados de manera que nada os puede expulsar del camino cierto, si vosotros propios no lo queréis!

Y a pesar de eso caísteis tanto, os alijasteis de la Luz. Aquello que en toda la simplicidad era imposible, vosotros lo hicisteis y forzasteis con frívola vanidad: ¡el alejamiento del camino cierto, que conducía en línea bien recta hacia arriba!

Quisisteis entrar en el pantano, y vuestra libre resolución de la voluntad os precipitó hacia bajo, cada vez más fondo, justamente aquella que os debería elevar hacia arriba, en el anhelo por la Luz.

¡Aún hoy no conocéis toda la gravedad de vuestra culpa! Sin embargo, de mil maneras ella se levanta ahora contra vosotros, desde todos los lados, cayendo por sobre vosotros, como no seria de esperar de forma diferente.

Los espesos velos se tornarán ahora, de una semana a la otra, cada vez más transparentes, pues debéis reconocer y luego sucumbir, a menos que prefiráis reunir todas las fuerzas, a fin de que os agarréis suplicantes a los últimos auxilios, dispuestos a principiar una vida totalmente nueva, que con humildad se esfuerza para reconocer la grandeza de Dios en la Creación, a fin de, sirviendo, dar atención a Su sagrada voluntad, y dentro de ella emprender la escalada hacia las alturas luminosas.

De esa forma, elevaréis también lentamente vuestro ambiente y seguiréis de modo puro en dirección hacia la perfección de la belleza, que, como expresión de la constitución de vuestro espíritu, resulta de su crecimiento, florecimiento y madurez.

¡Sí, tenéis necesidad urgente de auxilio! Todos, sin excepción. ¡Y por eso clamo hoy una vez más para vosotros, especialmente, que cuando la aflicción esté en el auge, también más cerca de vosotros estará el auxilio de Dios! ¡Sin embargo, tenéis que preparar un suelo adecuado en vosotros, capaz de acoger el auxilio, como es condición en todo lo que proviene de la Luz para vosotros!

No seáis livianos en la confianza en Dios, tampoco superficiales en la creencia, pues sólo entonces, cuando esa confianza esté fuerte y firmemente anclada en vosotros, es que podréis recibir auxilio.

Y a vosotros, portadores de la Cruz, que sea dicho una vez más: ¡cuando sufráis con las tentaciones, que las tinieblas todavía os quieren preparar, no cultivéis durante las aflicciones pensamientos de odio, pero sí permanecéis libres de eso y mirad con confianza solamente hacia arriba, en dirección a la Luz, para Dios, que nunca os abandonará y que os podrá auxiliar en cada aflicción!

¡Entonces recibiréis auxilios que os sorprenderán y que para los seres humanos constituyen milagros, pues Dios entonces mostrará Su sagrada voluntad, palpable y visible a todos los seres humanos quienes Lo quieran ver en los auxilios! ¡Es por medio de Su omnipotencia que Él hablará!

¡Reflexionad, sin embargo, que no debéis jugar con eso! ¡El Hijo de Dios, Jesús, tampoco se precipitó del alto de la muralla, solamente para mostrar a las criaturas humanas como Dios lo protegía! Tomadlo como ejemplo y advertencia.

Cuantas veces embarazáis los planes provenientes desde la Luz, por irresponsabilidad y superficialidad, por la introducción de tanto querer propio errado y por medio de nuevos errores, que continuadamente cometéis.

¡Cuando las consecuencias de ello os alcancen, gritad y clamad por Dios, para que Él os auxilie! A pesar de que vosotros mismos habéis actuado en contra Su voluntad, sólo porque todavía no os profundizasteis lo suficiente en ella y todavía no disteis, de modo suficientemente serio, atención a los avisos, señales y advertencias provenientes desde el reino espiritual. Ellos os fueron ofrecidos en abundancia.

Apenas la observancia literal de las advertencias espirituales debía haber sido suficiente para os preservar la mitad y más aún de las preocupaciones y sufrimientos. ¡Vuestra misión debía ser siempre la de actuar en todas las cosas terrenas solamente de tal forma, que nunca más fuese dada a las tinieblas posibilidad de os poder atacar terrenamente! ¡Vosotros, sin embargo, particularmente disteis muy poco valor a vuestro hablar, igual también a vuestro escribir!

Por lo tanto, hagáis en ello una diferencia. Cuántas veces ya señalé que incluso la mejor voluntad puede traer grandes perjuicios y que también justamente la buena voluntad ya provocó muchos y graves daños, cuando el ser humano se orienta ahí exclusivamente en acuerdo a su propio pensar.

Estáis muy engañados si imaginéis que muchas cosas no podían haber sido de otra manera; no debéis presumir que el Señor no habría encontrado otros caminos sino aquellos imaginados por vosotros, si a Él hubieseis suplicado profundamente. Y es eso lo que todavía os falta. ¡El profundo suplicar infantil!

Cuando queréis servir a Dios, pensáis que Él también debería concordar con todos los caminos que vosotros seguís. Esta es solamente una exigencia injusta y nada tiene que ver con la confianza en Dios.

¡Aprended a orar profundamente! Si necesitéis de una solución, os será concedida de cualquier forma, con absoluta certeza. ¡Pedid, sin embargo, primeramente, que os sea dado proceder de forma cierta, antes de que iniciéis, y no roguéis bueno éxito, tras haber empezado conforme vuestras ideas!

¡Cada uno de vosotros tiene la fuerte conducción del Grial, a ella deberíais pedir auxilio! Raramente, sin embargo, eso vendrá a suceder, porque vosotros pensáis de vuestra conducción, que ella, igual a vosotros propios, también sirve, y que ella, por eso, en el servir, deba ayudar a vosotros.

Os podéis acordarse de ella también muchas veces agradecidos, si un trabajo os se bien sucedido, de cuyo termino vosotros propios no os juzgasteis capaces.

¡Haced una vez un serio examen de conciencia e interrogad vuestro espíritu, sin la delicadeza de la propia deferencia, lo qué realmente sucede! Muchos de vosotros pensarán avergonzados en las muchas negligencias a este respecto.

Sin embargo, a vosotros es mostrado de modo nítido y claro, a través de los relatos de tiempos pasados, en todos los libros que podéis conocer, cómo deben vivir los seres humanos que fueron convocados por la Luz, y cómo tienen que proceder en eso, a fin de obtener éxito.

La finalidad de todo ello ahora poder ser dado a vosotros, no se limita solamente a enriquecer vuestro saber, pero sí mostrar nuevamente al vuestro espíritu los caminos que él tiene que seguir, a fin de que llegue gradualmente al reconocimiento.

A través de la vivencia de otros os es mostrado lo que el Mensaje os anuncia y lo que él exige de vosotros.

Antes de todo, jamás olvidéis que las tinieblas siempre alimentan odio contra la Luz, esperando solamente la oportunidad para perjudicarla, buscando incluso arquitectar posibilidades para tal, si no sea posible de otra manera, sea por la mentira y calumnia, inescrupulosamente, sea incluso por el falso testigo. Cualquier recurso sirve a las tinieblas, como también a sus instrumentos y auxiliares voluntarios, desde que pueda embargar la Luz en su avance.

Por esa razón tenéis que estar doblemente vigilantes, buscando evitar todo donde sea posible formar hábilmente una imagen falsa.

Y allá donde, pese a todo, vengáis a ser acosados, acordaos de la expresión, que el auxilio de Dios estará más cerca de vosotros, cuando la aflicción esté en el auge.

Ni para todos los seres humanos, sin embargo, esa expresión representa la promesa que es. ¡Pues no debe pensar en ella unilateralmente, solamente queriendo recibir, como los seres humanos en la mayoría de las veces lo hacen, pero sí esas palabras imponen también una condición!

Dios es citado en ellas, lo que presupone que son dirigidas a aquellos seres humanos quienes creen en Dios y en Su auxilio, Su poder. ¡Un ateo se excluiría de ese auxilio proveniente desde la Luz!

Observad, pues, la regularidad de la ley que llega a la efectuación en esos acontecimientos. No es difícil reconocerla claramente.

Quién realmente cree en Dios y en Su sacrosanta voluntad, de forma y manera correctas, no actuará de modo mal-intencionado e injurioso contra las leyes de Dios. ¡Luego, para ése siempre estará abierto el camino del auxilio de Dios!

Si a él acometer aflicción terrena, luego la causa para ello solamente puede estar en obras humanas o concepciones humanas, que no siempre vibran en la voluntad de Dios, pero que se originan de cálculos egoístas humanos.

Si atentar contra ésas, el auxilio de Dios no le quedará negado.

¡Existe, muchas veces, una grande diferencia entre aquello que se suele denominar culpa ante la opinión humana y leyes humanas, y aquello que es realmente culpa ante la sagrada Ley de Dios!

En eso, el efecto recíproco en la Creación nunca se deja desconcertar y él no se orienta por el contenido de leyes terrenas, sino actúa únicamente en las vibraciones de la voluntad de Dios.

Si un legislador terreno, en la elaboración de leyes terrenas, no se oriente precisa y cuidadosamente también por la cuestión, si sus leyes están realmente conforme la sacrosanta voluntad de Dios, permanecer vibrando en ella, sin desviarse de ella, luego cada efecto recaerá pesado sobre él y lo mantendrá atado, aunque él sea de opinión que, a su tiempo, solamente fue posible hacer así, y de otra forma siquiera hubiera sido posible aquí en la Tierra.

Alcanza también todos aquellos quienes, actuando dentro de las leyes, oprimen o perjudican sus semejantes.

Todo eso es tan sencillo y tan claro que, en la verdad, tampoco sería necesario hablar sobre eso; pues los seres humanos lo ven siempre de nuevo en toda la historia universal, si presten atención. ¡Pueden encontrar en ella la rápida ascensión de personas individuales y de pueblos enteros que, de una aparente altura, hubieran luego que desaparecer en repentina caída!

Eso, luego, siempre fue la consecuencia del efecto recíproco de acciones erradas y de diversas decisiones que no estaban en acuerdo a la constante, permanentemente inmutable, voluntad sagrada de Dios.

¡Quién, sin embargo, en la elaboración, busca derivar leyes terrenas desde la voluntad de Dios, éste edifica en suelo firme y sus obras también subsistirán en aquella bendición y en aquella paz que ellas traen a todos los seres humanos que deben orientarse por estas leyes!

En eso, no existe diferencia en un efecto, no importa si en los acontecimientos se trata de personas individuales, que buscaron establecer, solamente para si, directrices bien determinadas por su propias decisiones, o si eso valía en dado momento para pueblos enteros, de soberanos que tuvieron el destino de un pueblo en sus manos: ¡cada decisión debe estar firmemente anclada en la voluntad de Dios, si desde ella deba advenir una bendición!

Una determinación no debe partir de la voluntad propia de un ser humano, no importa cuales los objetivos que él persigue con eso. En eso, sus pensamientos deben reposar en la voluntad de Dios; ¡pues solamente Dios es el verdadero Soberano sobre todo!

Cada ser humano queda dependiente de Él, sea él rey o mendigo. ¡Protección, auxilio y bendición estarán con él solamente cuando se oriente por la voluntad de Dios y no por la propia! Eso subsistirá por todos los tiempos y se demostrará, por fin, siempre de nuevo, visiblemente, en los efectos.

Por ese motivo pesad primero cuidadosamente y de modo exacto, en vuestro intimo, todo lo que pretendéis hablar y hacer, para que la reciprocidad os pueda traer solamente bendición.

Es preferible que penséis diez veces a respecto de algo, buscando pesar minuciosamente los pros y los contras, de lo que hablar o hacer algo impensadamente, una sólo vez que sea, o considerar alguna cosa superficialmente.

Pensar diez veces no exige mucho tiempo. Una vez habituados, necesitaréis para eso de pocos segundos apenas, pues vuestra intuición pesará instantáneamente.

¡En el principio, a vosotros costará naturalmente algun esfuerzo, hasta que, por fin, se desenvuelva en un fenómeno natural, en la conciencia de la responsabilidad!

A ese objetivo tienen que llegar todos los seres humanos, poco importando lo que hagan en la Tierra y en qué lugar ellos supieron colocar la actual existencia.

¡Entonces resultará un actuar alegre y uniforme, que siempre constituyó el silencioso anhelo de aquellos seres humanos quienes con la existencia terrena solo buscaron servir a Dios!

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