Resonancias del Mensaje del Grial 2

de Abdrushin


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30. Preparadores del camino

Cuando os sobrevenga el reconocimiento de toda vuestra culpa ante Dios, luego mal podréis tener aún esperanza por misericordia o piedad; pues vosotros seguramente no la merecéis.

Mientras más la vista se extiende por sobre el pasado, tanto más amenazadoramente surgen para vosotros, oriundas de milenios pasados, sucesivas acusaciones que, sin intersticios, se unen en un circulo compacto, que, tornándose cada vez más estrecho, se cierra alrededor de vosotros.

Por ultimo ese circulo caerá por sobre vosotros, de modo destruidor, si no agarréis, aún en la ultima hora, llenos de gratitud la cuerda de salvación que os suspenda de ese cerco que encierra la ruina, el fin de vuestra culpa, lo que al mismo tiempo también resultará ahora vuestro fin.

¡Despertad, pues, seres humanos, animaos! ¡Para vuestro auxilio serán quitados por la Luz todos los velos del pasado, la cual con eso os deja reconocer lo que perdisteis y como procedisteis siempre erradamente!

No podéis alegar que en el pasado fueron otras las personas que se cargaran de culpa y que vosotros, en todo eso, no tenéis ninguna participación. ¡Es un gran error, pues fuisteis vosotros mismos, uno aquí, otro allá, ni siempre en el mismo tiempo y en el mismo lugar, pero de alguna manera los hilos ya os ligaban con todo el suceder! Aunque hasta ahora todavía no os habéis tornado concientes de ello.

En vuestra decadencia terrenal no hacéis una idea siquiera de los muchos auxilios que la Luz siempre de nuevo os concedió, a cada hora y sin interrupción, para que no salisteis del camino cierto... ¡vuestro espíritu, sin embargo, ese sabe de eso, porque de eso tantas veces participó!

Solamente vuestra profunda caída, debido a la esclavitud del raciocinio que aceptasteis voluntariamente, logró que nada más de eso podéis intuir, y vuestro espíritu, por su parte, no es capaz, por si mismo, de penetrar hasta vuestra conciencia diurna, porque lo mantenéis encarcelado en el peso contemporáneo de la Tierra.

Además de eso, no le dais ninguna oportunidad para que pueda manifestarse, porque elevasteis de modo criminoso, como guía, en el lugar de vuestro espíritu, su instrumento, vuestro raciocinio preso a la Tierra.

De esa manera os fueran cerrados automáticamente todos los caminos provenientes desde las alturas luminosas. ¡Vosotros mismos mantenéis alejado obstinadamente todo lo que pueda perturbar ese estado enfermo de soñolencia espiritual, sólo para que no necesitéis despertar súbitamente de la complaciente comodidad del propio querer saber mejor, que fue cultivado por la presunción resultado de la falsa súper valuación del valor propio!

¡Cómo habrá que tornarse terrible, pues, el verdadero reconocimiento para tales seres humanos!

¡Eso es también lo que, en primer lugar, impide a muchos de acoger la Verdad proveniente de la Luz! ¡Son el temor y el miedo que, aunque todavía bien escondidos, buscan ocultarse, pero que ya dejan percibir sus ligeros escalofríos, sólo que a muchos seres humanos de modo completamente inconciente, hasta que repentinamente golpes cortantes de la Luz los obliguen inexorablemente al despertar involuntario!

¡Sí, temor y miedo de cada irradiación de la cristalina y fría Luz, que trae consigo la Verdad y que, de modo incorruptible, deja fácilmente reconocibles los errores y fallas de esos seres humanos terrenos, éste es el motivo por qué muchos hesitan, livianamente, en colocarse ahora bravamente dentro de la irradiación luminosa!

Ellos todos no quieren renunciar tan fácilmente al bien estar de la propia ilusión que se amolda, tan lisonjeramente, en acuerdo a sus deseos propios. Por eso, también prefieren viejos hábitos a la inquietud, que mi Palabra tiene que producirles primeramente, hasta que en ella encuentren, poco a poco, la verdadera paz, resurgiendo espiritualmente como nuevos seres humanos, que vibran alegres y concientes en las leyes de Dios.

Ellos intuirán la sagrada voluntad de Dios apenas todavía como algo bendito, auxiliador y estimulador, pero nunca de modo duro o como presión, así como les deba parecer todavía hoy, debido a su sintonización errada.

¡Ya es, en si, una señal cierta de sintonización errada y prueba de que andan por caminos erróneos, cuando aquellos seres humanos se chocan con la Palabra de la Verdad, porque a ellos ella no agrada!

El “no agradar” es, además, una de las mejores expresiones para el rechazo de aquellas personas, que juzgan poder elegir la Verdad, necesitando retirar de la misma solamente lo que a ellos les agrada, o, como también dicen: ¡“conviene”! ¡Por esa denominación vosotros mismos veis qué condenable vanidad y qué arrogante presunción reside en eso, ya en toda la manera como se acercan de la Palabra, si es que quieren dignarse a eso alguna vez!

No hay en eso la debida seriedad, menos aún la necesaria humildad para encontrar de más a más algo en ella, pues la Verdad nunca se impone.

¡Yo, sin embargo, os digo que los seres humanos no poseen ninguna elección, pero sí tienen que curvarse ahora y bajar del trueno de su autoglorificación de una existencia erradamente imaginada!

Si los seres humanos no hubiesen actuado siempre así, en el transcurrir de los milenios, como proceden aún hoy, si no hubiesen torcido siempre todo lo que les debería haber auxiliado, para adaptarlo al sentido humano y a sus deseos terrenos, luego habría aquí en la Tierra ahora solamente una única doctrina, proveniente de la voluntad de Dios. No estarían en curso tantas especies de confesiones.

Todo lo que de doctrinas hasta ahora vino para la Tierra, unido, no formaría sino una escalera hacia el pedestal que la Verdad tiene que ocupar, conforme la sagrada voluntad de Dios, como fue anunciado a los seres humanos tantas veces, en múltiples promesas.

¡No habría diversidad en las concepciones, menos aún en las propias doctrinas!

Pues todas las doctrinas estaban, antaño, en acuerdo a la voluntad de Dios, adaptadas precisamente a cada pueblo y a cada país, y moldadas enteramente en acuerdo a las respectivas madurezas espirituales y receptibilidad.

Ellas todas conducían originalmente en línea recta hacia la Palabra Sagrada de Dios de la Verdad que encontráis en el Mensaje. ¡Ya en aquel tiempo todo convergía en dirección a la época del Juicio Final, que hoy es! Los portadores de cada una de las doctrinas, con excepción de aquella venida de la propia Luz a esta Tierra, eran los preparadores del camino para la propia Palabra de la Verdad.

Y esos preparadores del camino se esforzaron, muchas veces en ardua lucha intima, para cumplir fielmente su misión, a pesar de todos los obstáculos que los seres humanos, siempre de nuevo, buscaban interponerles en el camino.

Pero la humanidad, ya antaño, como siempre, falló totalmente, en cada caso, a medida que torce siempre las palabras de los anunciadores, preparadores del camino, inmediatamente tras su fallecimiento, o al dejar afuera totalmente aquello que no podía comprender derecho, reteniéndolo de la posteridad.

¡Sin embargo, precisamente aquello que buscaron retener, porque no podían comprenderlo en aquel tiempo, era lo más importante de todo!

Como esas anunciaciones más importantes, naturalmente, siempre trataban de lo más elevado de cada doctrina, lo que siempre había sido accesible apenas a un circulo bien restricto, porque el pueblo en general no las hubiera comprendido de ninguna manera, no fue difícil y también fue comprensible retenerlas primeramente, razón por qué, con el tiempo, fueron olvidadas completamente.

Sin embargo, una sabia providencia no las dejó desaparecer totalmente, y tiempo vendrá, además ya está cerca, en que llegarán noticias de todos los países al respecto de escritos que hablan de esas eras antiguas, surgiendo como testigos contra desvirtuaciones hechas por una humanidad presuntuosa.

¡Se demostrará luego que los posteriores adeptos de las doctrinas, hoy, no más poseen contacto alguno con la propia doctrina originaria, la cual era muy distinta de la forma como hoy es presentada y enseñada! Pues hasta la propia Verdad, traída por Jesús, fue torcida en la expresión y en el sentido.

Lamentablemente, muchos esfuerzos y también mucha buena voluntad fueran por eso despendidos por tantos fieles en los errores que se constituyeron en el transcurrir de los milenios, y, así, vemos hoy también las doctrinas de todos aquellos sabios, que ya eran preparadores del camino para la propia Palabra de la Verdad, como Krischna, Lao-Tse, Buddha y Zoroaster, presentadas en una forma completamente extraña y, de esa manera, también de contenido diverso de aquel como fue dado antaño por los propios anunciadores. Así también las descripciones de sus vidas terrenas fueran desfiguradas en el transcurrir del tiempo. No corresponden a la realidad.

Milenios, sí, centenares de milenios de años terrenos ya fueron penosamente gastos por la Luz, con indecible paciencia e inconcebible bondad, a fin de os formar y preparar para la época en que os tendréis que juzgar, para que sucumbáis ahí o podáis acender espléndidamente hacia los jardines luminosos de la alegría eterna.

¡Y toda vez que ahora despuntó la época que siempre fue anunciada, los seres humanos se encuentran más alejados de la Verdad que nunca! ¡Con obstinación, apenas corren atrás de las configuraciones de su querer saber propio, se precipitando así en los abismos de la descomposición con el ultimo golpe de espada de la separación purificadora, deseada por Dios!

¿Lo qué imagináis, seres humanos, que ahora vendrá para vosotros? ¡No más daré ninguna indicación, a la brevedad iréis, pues, vivenciarlo!

Sin embargo, todavía en esta época de las más desesperadoras confusiones, la Luz, auxiliando, distribuye siempre de nuevo, de manos llenas, nuevas gracias desde el manantial de su omnisciencia inagotable, que además habrán que desenvolverse automáticamente en el cierre del circulo de todo el suceder, palpables por todos aquellos quienes reconocen su valor y utilizan los auxilios agradecidos.

La Luz quita una vez más los velos que fueron tejidos por el sentido humano alrededor de todo, y que tuvieron que producir con eso la actual confusión.

La Luz os da en el Juicio nuevamente la Verdad y, con ello, también el reconocimiento de las conexiones en la grande conducción que quería llevar la humanidad, de escalón en escalón y con cuidado, al reconocimiento de la Luz, y para lo que todas esas doctrinas deberían servir.

¡Solamente por el mezquino sentido humano y por las vanidades humanas surgió cosa tan diversa, y a veces incluso contradictoria, de aquello que originariamente era siempre una sólo cosa y que jamás debería conducir a la dispersión!

También en eso las tinieblas reconocieron muy hábilmente las debilidades de los seres humanos terrenos y las utilizaron para si a fin de que alcanzasen las metas hostiles a la Luz.

¡Y esos seres humanos terrenos, a los cuales siempre y siempre de nuevo fueron concedidos tantos auxilios de la Luz, siguieron todos los artificios de las tinieblas más de lo que dispuestos, e incluso con alegría, debido a la vanidad y a la presunción!

Y entre esos seres humanos estuvisteis también vosotros, antaño, vosotros que hoy nada queréis saber de tal culpa y, si posible, buscáis descargarla por sobre otro.

¡Cada uno de los seres humanos encarnados actualmente por sobre la Tierra tuvo una vez, y en la mayoría de los casos incluso varias veces, oportunidad de seguir fielmente al llamado de la Luz! Una vez por lo menos recibió de forma legitima la doctrina de un preparador del camino.

¡Sin embargo, a pesar de la humanidad pecar en eso siempre de nuevo, la Luz da con el Juicio y los consecuentes cierres de los círculos de todos los acontecimientos, también en eso, una vez más, la oportunidad para el reconocimiento de todo aquello que hasta ahora hizo para la humanidad, a fin de preservarla de la caída definitiva!

Con esos cierres de los círculos se presentan una vez más las vivencias de todos los preparadores del camino, su evolucionar y también su actuar en la irradiación de la Luz, así como fue, a fin de con eso enderezar lo que fue torcido y resguardarlo, para todo el futuro, de los pecados de aquellos ambiciosos que todo pretenden saber mejor.

Las vidas terrenas y las actuaciones de los conocidos preparadores del camino, a comenzar por Hjalfdar hasta Krishna, Lao-Tse, Buddha y Zoroaster, y además algunos otros más, reviven, visto que ahora cada principio hay que unirse al fin, en el movimiento circular, a fin de así se juzgar, para elevarse o caer.

En las historias de todos veréis, una vez más, nítidamente, la grande y uniforme conducción proveniente de la Luz, pero también la lucha repugnante de las tinieblas contra cada auxilio que debía ser dado a las criaturas humanas.

El ser humano, hasta ahora, podía decidir cuanto a aceptar o rechazar el auxilio. ¡Con la torsión de doctrinas puras a través de su querer saber mejor, sin embargo, sirvió él solamente a las tinieblas, no a la Luz! Produjo de ese modo confusión y enemistades, como consecuencia de aquellas doctrinas, que en la realidad deberían unificar, si en aquél tiempo hubiesen permanecidos puras, tan puras y cristalinas como fueran dadas.

¡Sin embargo, que dichas consecuencias funestas pudiesen surgir, solamente prueba que tiene que tratarse de obra humana en las formas actuales, pues lo que proviene de Dios o lo que es hecho legítimamente por Su orden, no conoce odio tampoco enemistad!

¡Esa Verdad debéis tomar como piedra de toque para todo! ¡Siempre que encontráis intolerancia y odiosidad o incluso enemistad, provocaciones contra quien no sea de la misma creencia, donde se intenta perjudicar los adeptos de credos diferentes, ahí la doctrina no es de Dios o es falsificada! ¡Y tales seres humanos sirven solamente a las tinieblas, nunca a la Luz!

La doctrina que permite tal cosa tiene que ser torcida, poco importando como es denominada, pues una doctrina que todavía no es torcida vibrará también, de modo puro, en las leyes de Dios. ¡No educa criaturas que quieran perjudicar el prójimo!

Existen, naturalmente, también seres humanos que se sirven de una doctrina pura, sin embargo abusan de ella, la utilizando para fines propios, como lo encontráis frecuentemente en la Historia Universal y en la de algunos pueblos aislados, que, por eso, finalmente son conducidos siempre a la ruina, aunque parezcan también elevarse a veces, aquí o allá.

Llama la atención que los que así proceden son comprobadamente siempre los propios servidores de tales doctrinas, que desde los tiempos antiguos siempre se denominaban sacerdotes o servidores de Dios. Y ellos preparaban las doctrinas de tal forma, que las interpretaciones sirviesen a las realizaciones de sus propios deseos. ¡De esa forma el sentido de las doctrinas ya era torcido y los adeptos y fieles servían, sin que lo supiesen, solamente a los templos y a las iglesias, pero no realmente a Dios!

Y esos así nombrados servidores de Dios vigilaban siempre, celosos, por la manutención de su influencia terrena por sobre los crédulos seres humanos y buscaban extenderla siempre más, pues significaba y era para ellos, al mismo tiempo, un poder y... ¡su ganancia, su subsistencia!

Y de esa manera surgió una lucha en la cual se utilizaban de todos los medios; ¡una lucha, sin embargo, por la subsistencia, para el que cualquier medio les parecía cierto! ¡Incluso hoy y por toda parte podéis reconocer muy fácilmente ese hecho!

De eso resultó por fin, de modo totalmente natural, odio y enemistad, intolerancia y provocaciones con relación al prójimo. ¡Así, sin embargo, nadie sirve a Dios, pues Dios prohíbe esas cosas malas, que, además, aunque consideradas solamente de modo puramente terreno y examinadas con justicia, demuestra solamente el pensar impuro de aquél que es capaz de actuar de tal manera, no pudiendo, sin embargo, perjudicar la persona visada, delante seres humanos que todavía poseen índole correcta!

Hay en eso, por lo tanto, dos cosas como punto de partida del falso: o la propia doctrina fue torcida por la mano y por el sentido humano, o sus servidores buscan utilizarla en el sentido errado, para fines principalmente terrenos, egoístas. Su practica está, luego, torcida y aprovechada para fines propios.

Una cosa es tan condenable cuanto la otra. Utilizar, sin embargo, una doctrina pura predominantemente para fines propios es además peor de lo que cuando una doctrina es torcida por ignorancia.

¡Todo eso se demostrará ahora en el Juicio! Pero en los propios seres humanos, que así pecaron contra el espíritu, lo cual dio a todos, siempre de nuevo, como concepto básico de la existencia, deseada por Dios en esta Creación, solamente la única doctrina: ¡ama tu prójimo, es decir, respetadlo como tal! En eso se encuentra el mandamiento férreo: ¡que nunca deberás perjudicar al prójimo concientemente, ni a su cuerpo, ni a su alma, tampoco a sus bienes terrenos o su reputación!

¡Quien no considera eso y procede de modo diferente, no sirve a Dios, pero sí a las tinieblas, a las cuales se entrega como instrumento!

Ese también no conoce a Dios, ni a Su santísima voluntad, que se encuentra en Su Palabra. ¡Tampoco conoce, por consiguiente, la Palabra de Dios en su verdadero sentido! ¡Y eso cada cual prueba claramente por su modo de actuar, es decir, en el hablar y en el actuar! ¡Por ahí veis inmediatamente quién sirve realmente a Dios o solamente a las tinieblas!

Aceptad eso como guía para la lucha que debéis vencer contra todo lo que sirve a las tinieblas y a ellas pertenece.

¡Si estéis firmes en la Palabra, no será difícil que salgáis siempre vencedores, pues la Luz es eternamente más fuerte de lo que las tinieblas, y con vosotros está la omnipotencia de Dios, si servís fielmente!

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