Resonancias del Mensaje del Grial 2

de Abdrushin


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29. Gérmenes enteales

Hablé en mi ultima disertación del despertar de los gérmenes espirituales para la conciencia de la existencia.

Así como en el ultimo sedimento de la esfera espiritual existen gérmenes espirituales, igual existe en el enteal, por último, un sedimento de gérmenes enteales inconcientes; y como los gérmenes espirituales bucean en la más delicada capa de la materia fina, igual también bucean los gérmenes enteales en la más delicada capa de la materia gruesa, donde más tarde actúan como auxiliares enteales desenvueltos. También esos gérmenes enteales reciben envoltorios y, tornándose así más pesados, bucean en una capa un poco más densa de la materia gruesa, donde quedan literalmente retenidos.

Antes de pasar a las explicaciones, tengo de presentar algo, de lo que ya hablé cierta vez ligeramente, sin embargo evité a propósito hasta ahora explicaciones más minuciosas, pues el espíritu humano podría fácilmente llegar a ideas confusas, si yo dijera mucha cosa prematuramente.

Mencioné en mi Mensaje que en la Creación, además de las cosas que tomaron forma, fluyen aún corrientes que traspasan la Creación.

Sin embargo, con la expresión “corrientes” también ya tenemos la forma en si, pues de hecho es así: ¡son corrientes, que prepasan la Creación como los ríos prepasan la Tierra, y de la misma forma como las corrientes de aire!

Y como esas dos especies grueso-materiales de corrientes en la Tierra, en su diversidad, igual también tenemos dos especies de corrientes atravesando la Creación: ¡las corrientes enteales y las corrientes espirituales!

Nada existe sin forma en la Creación. Tenemos formas individuales y formas colectivas. A las formas colectivas pertenecen las corrientes especificas que actúan al margen, o mejor, con las formaciones singulares o individuales. Cada una de esas corrientes tiene muy determinadas incumbencias, que corresponden precisamente a su especie. Podemos decir también que se originaron de la especie.

Así una corriente espiritual conduce, entre otros, también los gérmenes espirituales, en cuanto están inconcientes, al camino que los lleva a la posibilidad de desenvolvimiento.

En ese camino tres factores colaboran en favor del germen espiritual: en primer lugar, el impulso interior del germen espiritual hacia la concientización actúa impulsando y empujando, en segundo lugar, el río de la corriente espiritual actúa cargando y, en tercer lugar, la igual especie de los espíritus humanos que ya se están desenvolviendo en la materialidad actúa pujando.

Ahora surgirá, inmediatamente, en ese o en aquél de vosotros nuevamente la pregunta: ¿Cómo era, sin embargo, en la época, en que en la materialidad todavía no actuaban espíritus humanos en desarrollo, por lo tanto, donde la atracción de su igual especie todavía no podía actuar?

En la época en que los primeros gérmenes espirituales se acercaron de aquella parte del Universo, a la cual la materia todavía no era tan densa cuanto hoy, ya que sólo más tarde el querer de la humanidad, desarrollándose de forma errada, produjo mayor densidad y peso, lo que tuvo como consecuencia un mayor alejamiento de la Luz y movimiento más lento y estorbador.

Bastó al germen espiritual, en la ligereza de la materia de antaño, el propio impulso y el hecho de ser cargado por la corriente, para alcanzar el primer blanco del desenvolvimiento. Y también el desenvolvimiento progresivo era más fácil, toda vez que para el camino siguiente ya bastaba una débil tomada de conciencia como impulso, a fin de poder proseguir más un trecho del camino.

Todo eso se tornó mucho más difícil actualmente.

Aquí tengo que intercalar algo nuevamente. El proceso de bajada de los gérmenes espirituales se realiza sin interrupción para la Creación.

Cuando yo dije anteriormente que se hace necesaria una muy determinada madurez de la materia para la recepción de los gérmenes espirituales, y que eso no más se puede repetir con una madurez creciente, no me refería a la Creación entera, sino únicamente a cuerpos celestes aislados, como, por ejemplo, la Tierra.

Para esta, por fin, sólo podían venir almas humanas más viejas, ya encarnadas anteriormente, las cuales tienen que finalizar sus peregrinaciones en el cierre de los círculos, pero no gérmenes espirituales, es decir, almas que nunca estuvieron en la densa materia gruesa.

Partes de la Creación, sin embargo, están siempre listas para poder recibir gérmenes espirituales que ya alcanzaron la conciencia del existir, pero que para que obtengan la autoconciencia necesitan primero desarrollarse en la vivencia.

En cuanto el espíritu humano posea solamente una conciencia del existir, tiene que conservar el nombre de germen espiritual, aunque si su envoltorio ya pueda tener forma humana. ¡Sólo con el desarrollo progresivo para la autoconciencia es que él cesa de ser germen espiritual humano y se torna espíritu humano!

Es necesario decir eso aquí, a fin de evitar interpretaciones falsas o nociones erradas. Por eso ya en mi ultima disertación mencioné que es largo el camino de la conciencia del existir hasta la autoconciencia humana, la cual requiere primero la libre y conciente decisión de la voluntad, pero con eso también la plena responsabilidad.

A medida en que progreso con mis explicaciones tengo que efectuar siempre más rigurosas separaciones de nociones, mientras que hasta ahora podía dejar muchas cosas todavía en nociones genéricas. No se trata, por lo tanto, de ninguna especie de juego de palabras, como no pocas personas astutas, en su indolencia espiritual, estaban listas para designar algunos trechos de mi Mensaje, con lo que, pues, mostraban, muy nítidamente, apenas su completa ignorancia y falta de noción cuanto a la seriedad y grandeza de la cosa, pero sí se trata de una absoluta e inevitable necesidad, si el ser humano quiera incluso penetrar en el movimiento de la Creación.

Ahí no le pueden bastar, para siempre, algunas expresiones terrenas; al contrario, tiene que dignarse a aprender, con el tiempo, límites cada vez más exactos y pesar claramente el verdadero sentido de cada palabra.

Así también tenemos que hacer, si quisiéramos proseguir y no quedarnos detenidos o dejar hacia tras de nosotros campos no aclarados.

¡También en eso tiene que haber movimiento, en lugar del apego rígido y porfiado! Cuando primero aclaro algo en largos trazos, puedo denominarlo de modo diferente de lo que cuando entro en pormenores, habiendo que diferenciar más y más, lo que primero yo podía tomar como noción genérica.

Necesito siempre dar primeramente nociones genéricas, para más tarde entrar en pormenores, cuando la noción genérica haya tomado en vuestra capacidad de comprensión una imagen más o menos clara; de otro modo jamás podríais alcanzar una comprensión, tomando en cuenta la inmensa grandeza de la Creación. Perderíais rápidamente el terreno firme del autentico saber y caeríais en las habituales incoherencias de los seres humanos, que identifican los adeptos de las numerosas sectas y también de las iglesias.

Por eso, dejad tales criaturas humanas hablar con sosiego, pues con eso apenas dan testigo de su propia superficialidad y de su temor ante el esfuerzo de una mayor profundización, y seguidme alegremente, así como os doy. Entonces sólo os advendrá ventaja de ello pues yo no sólo torno todo más fácil al espíritu humano, como, por sobre todo, posibilito la comprensión de lo que es grandioso, por lo menos en aquellas partes con las cuales él se encuentra en ligazón, y de las cuales depende su actividad.

Así como las corrientes espirituales transportan los gérmenes espirituales, de la misma forma las corrientes enteales conducen los gérmenes enteales en sus trayectos. Sobre el punto de partida, las especies y las actuaciones de todas esas corrientes se podrá hablar de manera especial solamente más tarde. Tomemos hoy simplemente, como inicio, la noción de que todas esas corrientes semejantes a las del aire de las aguas de la Tierra son fecundadoras, conservadoras, purificadoras, resumiendo: beneficiadoras en todos los sentidos. Esas corrientes, además, ya eran en parte conocidas de los seres humanos terrenos de antaño; pues a éstas pertenece, por ejemplo, la “Styx”, mencionada en las tradiciones griegas.

Volvamos, sin embargo, tras esas divagaciones a la finalidad de la disertación de hoy.

Los gérmenes enteales son transportados por las corrientes de especie enteal. A pesar de la especie básica enteal de las corrientes, se hallan presentes, sin embargo, muy diversas y incluso múltiples especies individuales, y, por eso, cada vez más ramificaciones laterales se van separando, poco a poco, de la corriente original y principal, en su curso a través de los diversos planes, las cuales buscan un camino propio, pues con su creciente distancia de la Luz las especies individuales aisladas se separan como ramificaciones laterales, que, por fin, encierran en si solamente una muy determinada especie enteal y, obedeciendo a la ley, sólo transportan consigo la respectiva especie igual de gérmenes enteales.

Así tales gérmenes enteales van al encuentro de sus puntos de destino, cumpliendo la ley de la Creación. Ellos están divididos en los gérmenes que se hallan estrechamente ligados a las flores, a otras plantas, así como a la agua, al aire, a la tierra, a las piedras, al fuego y a muchas otras cosas especificas en las materias.

En cada plan aislado y también en cada plan intermediario son siempre depositados por las corrientes en transito los seres que por su especie igual son adecuados al respectivo plan, es decir, permanecen allá donde tienen que actuar, porque es allá que se tornarán concientes. Eso todo ocurre como consecuencia naturalísima y sencilla de las leyes, de tal forma, que siquiera podría ser diferente.

En cada plan intermediario despiertan determinadas especies de enteales para la conciencia, de una forma que siempre corresponde a su fuerza, y empiezan allá a actuar, formando, cuidando y protegiendo.

Por fin, sin embargo, permanecen en las corrientes solamente entes que sólo podrán alcanzar el estado conciente en los astros de las más gruesas materialidades. Y como últimos sedimentos hay también gérmenes enteales, que en la materia gruesa no pueden despertar inmediatamente, sin más ni menos, pero sí necesitan de un desenvolvimiento especial.

Esto, además, es mientras tanto solamente un grande cuadro que os presento y que entenderéis de manera mejor inicialmente como siendo una carta geográfica plana, donde observáis los caminos de los ríos y de los canales con sus muchas ramificaciones y trayectos, aparentemente elegidos por ellos propios.

Sólo después podréis completar el cuadro e imaginar que filones de agua también recorren la parte interna y no solamente la superficie, como también corrientes de aire. Así habréis ganado finalmente la imagen de una parte de los acontecimientos de esa especie en la Creación.

Si los seres humanos terrenos sirviesen correctamente, vibrando en la voluntad de Dios, la Tierra en si seria una copia armoniosa, aunque grosera, de la Creación. Sólo debido a la degeneración de los seres humanos es que no pudo tornarse así hasta ahora.

Hablemos, pues, finalmente de los gérmenes enteales, los cuales habíamos tomado como blanco. ¡Estrechamente relacionadas al germen espiritual en desarrollo están en primer lugar las pequeñas haditas de las flores de la Tierra! Ésas, vistas por vosotros, despiertan en tazas de flores terrestres. Sin embargo, no es ahí conforme suponéis. Ellas se hallan, sí, en los botones de las flores, las cuales les forman su envoltorio más grueso hasta su despertar, sin embargo existe todavía algo más en ello.

En la realidad se hallan suavemente acostadas en una capa para vosotros terrenalmente invisible de fina y delicada materia gruesa. Al mismo tiempo, sin embargo, también en un botón de flor de la Tierra. La delicada capa de materia gruesa, invisible para vosotros, prepasa no sólo los botones, como también toda la Tierra y sus adyacencias.

En esa capa se efectúa el verdadero desarrollo de las haditas de las flores para que se tornen concientes, en cuanto el botón de la flor terrestre queda apenas como protección más gruesa y exterior, y de lo cual las haditas de las flores, a pesar de cierta ligazón, son bastante independientes.

Ellas tampoco fenecen cuando las flores mueren, sino el desenvolvimiento de ellas prosigue a través de los cuidados auxiliares dispensados a las nuevas flores terrestres y en parte también a las nuevas haditas. Su fuerza se intensifica conforme su capacidad.

Así sigue cada vez más, hasta un punto que se las permite erguirse en plena maduración para un nuevo campo de actividad, pues ocurre al germen enteal la misma cosa que al germen espiritual... ¡ambos se hallan bajo una uniforme y actuante ley de Dios, de desarrollo!

Las pequeñas haditas, durante su formación, tampoco se hallan indefensas y abandonadas a los peligros de que sus habitaciones, siendo aún botones, pudiesen ser devoradas por animales o destruidas por la mano humana brutal, conforme parece desde el punto de vista grueso material.

Seguramente, las flores son cuidadas por haditas desenvueltas, pero en cada flor no vive una hadita, sino solamente en aquellas que están especialmente protegidas e inaccesibles a los peligros, hasta cuanto se pueda hablar en inaccesibilidad. Mientras no se hayan tornado concientes, son transportadas inmediatamente al acercarse cualquier peligro.

Menciono primero las haditas de las flores, porque ellas siempre estuvieron y continúan en las vibraciones de la voluntad de Dios. ¡No pueden ser influenciadas por la voluntad humana, pues tejen y respiran siempre en las vibraciones de la Luz!

¡En ese hecho reposa el secreto de que cada flor, incluso la más sencilla, es translúcida de belleza, pues las haditas de las flores se hallan en la Luz! Tiene en su delicadeza formas femeninas y, porque están en la Luz, son de una belleza maravillosa.

Vosotros mismos ya deduciréis, con base en el Mensaje, que también existen elfos que poseen formas masculinas, correspondientes a su actividad.

Son más densos, positivos, porque se ocupan con la materia más dura. El elfo de los árboles posee, por ejemplo, forma masculina.

Según cada actividad, resultan la forma y la espesura.

Igual también los gnomos, en su actividad con la tierra y las piedras, poseen la forma masculina. Son mas densos, mientras las ondinas de las aguas tienen formas femeninas.

Vosotros mismos podéis sacar mayores conclusiones, encontrando con eso siempre el cierto, si toméis el Mensaje como base, en la cual encontráis las leyes de la Creación.

¡Lo que aquí quedó dicho se refiere a los enteales desenvueltos, pertenecientes al vuestro ambiente en a Tierra! Todo lo que es estrechamente ligado a la materia más gruesa, sólo puede contar realmente con éxito rápido y visible en actuación positiva y densidad mayor; ¡por eso el masculino es siempre la parte ejecutora positiva vuelta hacia lo más denso, es decir, hacia lo que está más abajo, mientras el femenino es la parte receptora negativa vuelta hacia e; más delicado, es decir, hacia el más elevado!

¡Igual es la división de la Creación, según la voluntad de Dios, y sólo cuando el ser humano se encuadre y vibre dentro de ella es que le advendrá una verdadera ascensión, que de otra manera no podrá lograr! ¡Pues luego toda su actividad estará vibrando en la Cruz de la Creación, en la cual el positivo y el negativo, actuando activamente y recibiendo pasivamente, se hallan en equilibrio!

¡Y siempre de nuevo es la mujer humana que no cumple su lugar en la Creación!

Si reflexionéis con serenidad sobre todo eso, podréis llegar a conclusiones no imaginadas y a aclaraciones que hasta ahora os parecían insolubles. Pero vuestro raciocinio no se encuadrará tan rápidamente, sino querrá siempre diseminar dudas, a fin de que os confundáis y con eso que os mantengáis en el dominio que él en los últimos siglos pude tener sobre vosotros casi incontestablemente.

Seguramente habrá muchas personas a las cuales ocurre de modo interrogativo el pensamiento: ¿y las furias? ¿No poseen ellas también formas femeninas, y, sin embargo, son de especie bastante positiva en su actuación?

Por eso quiero entrar ya en el tema y explicar a vosotros:

Las furias poseen formas masculinas y femeninas; ambas, sin embargo, a pesar de sus manifestaciones multilaterales, tienen uno sólo objetivo: ¡la destrucción!

Sin embargo, las furias no son enteales. ¡Cosas de ese contenido no promanan de la voluntad de la Luz! Las furias no pasan de productos del malo querer humano. ¡Pertenecen a los demonios que pronto habrán que desaparecer, apenas la voluntad de las criaturas humanas mejore, volviéndose hacia la Luz!

De hecho ellas son muy peligrosas y serán sueltas en el Juicio Final, a fin de que se precipiten por sobre la humanidad entera. Pero solamente lograrán causar daños allá donde puedan inserirse, es decir, donde encuentren en las criaturas humanas una maldosa especie igual o miedo.

Con eso también las furias tienen que servir a la Luz, pues acabarán con los seres humanos terrenos malos, favoreciendo así la grande depuración. Terminada ésta, las furias no más encontrarán alimento y tendrán que desaparecer por si mismas.

¡Pero quien tenga miedo en el Juicio, a ese hace falta la convicción en la Palabra de la Verdad y con ello también la confianza en la omnipotencia de Dios y en Su justicia, que se muestra tantas veces en el amor auxiliador!

Una tal persona se torna entonces con toda la razón una victima de su indiferencia o pereza; ¡deberá ser agarrada y destruida por las furias en el Juicio Final! ¡Por lo tanto, también eso es, por fin, un acontecimiento sencillo, que en su terribilidad tiene que seguir los caminos de la sagrada ley de Dios!

¡Las furias sueltas! Eso quiere decir, ellas no serán retenidas, les será dejado camino completamente libre durante cierto tiempo.

Los seres humanos no serán protegidos en eso, sino abandonados al furor.

Es enteramente natural, sin embargo, que aquellos seres humanos quienes tengan una convicción cierta y sean ligados a la Luz no podrán ser atacados, pues que no se encuentra en el intimo de ellos resonancia alguna, donde las furias puedan agarrarse, a fin de desorientarlos.

Los ligados a la Luz se encuentran durante el furor como en un envoltorio, que no puede ser traspasado, y donde todo el ataque de la voluntad malévola resultará por herir a si mismo. Tal envoltorio se formó automáticamente en las horas de peligro como resultado de la firma confianza en Dios.

Sin embargo, los seres humanos que en su presunción o ilusión se juzgan fieles, y con eso solamente son fieles a la Iglesia, pero no fieles a Dios, lo que los tornaría vivos en si, serán jugados de un lado hacia otro, como hojas secas en la tormenta, y habrán que perecer en el turbión, a no ser que todavía a tiempo alcancen reconocer que estaban vacíos en la rigidez de su creencia y se esfuercen ávidamente en absorber vida de la Luz de la Verdad, la cual resplandece por sobre todas las tempestades.

¡Permaneced vigilantes y fuertes, para que las furias no puedan encontrar apoyo en vosotros! ¡Tornaos en vuestra actuación iguales a los muchos pequeños auxiliares enteales, que son para los seres humanos el ejemplo del servir con fidelidad!

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