Resonancias del Mensaje del Grial 2

de Abdrushin


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17. Los planes espirituales VII

En la ultima vez hablé de la Isla de las Rosas, de la Isla de los Lirios y de la Isla de los Cisnes.

Queremos nombrar esos tres grandes puntos de apoyo en el cuarto plan de la Creación primordial de islas, islas en un mar de luz resplandeciente, sin embargo, ellas no son así como los seres humanos imaginan islas. Tal vez proporcione una imagen más clara, cuando digo, esos puntos de apoyo son como tres brillantes piedras preciosas en un aro de oro, caso comparemos todo el plan del cuarto escalón a un aro o a una cinta de oro, donde las tres piedras preciosas se encuentran admirablemente engastadas.

Naturalmente aún existe más vida en ese escalón, como también en todos los otros planes, sin embargo menciono primeramente los puntos de apoyo más brillantes, que se destacan para las creaciones, principalmente para los espíritus humanos, que son de efecto incisivo y particularmente decisivo para los espíritus humanos.

Así también es en el siguiente, en el quinto escalón de la Creación primordial. Si los escalones de hasta ahora han sido planes fundamentales de salida de todas las fuerzas de irradiación para todo lo demás, el quinto escalón es la región o plan de las preparaciones, de los preparativos de los auxilios para todo cuanto se halla abajo de la Creación primordial. ¡En ese quinto escalón actúan los preparadores fuertes, quienes conducen todos los auxilios al genero humano!

A mí me entenderán mejor si yo os mencione un nombre desde ahí: ¡Is-ma-el!

Aquí él vive, desde aquí parte su actuación. Is-ma-el, quien ya antaño educó Abdruschin en esta Tierra, que a causa de él se encarnó en la Tierra, que después también como Juan, el Bautista, anunció Jesús y quien había que preparar todas las siete partes del Universo para la venida de la sagrada voluntad de Dios, para Parsival – ¡Imanuel!

Él es el superior en ese escalón, rodeado de numerosos auxiliares, y él recibió los Mensajes de la Luz para su gran y extensa actuación, que siempre cumplió fielmente, y que también de esta vez irá cumplir fielmente con fuerza no imaginada, por ser sin límites su amor por los Hijos de Dios. Él dio a los seres humanos también la grande revelación de los acontecimientos actuales, que se tornó conocida en general como Apocalipsis de Juan.

Con esa gran actuación preparatoria de todos los acontecimientos incisivos de la Luz para las Creaciones, ese quinto escalón está lleno y transbordador de vida flamante.

El sexto escalón, que es el siguiente, muestra, por su parte, también para los seres humanos, un punto fuerte y brillante, especialmente saliente: ¡el Castillo Blanco!

El Castillo Blanco no debe ser imaginado según las nociones terrenas. Tiene esa denominación porque es el hogar protector de los dos recipientes puros. En él se hallan, bajo vigilancia fiel, los dos recipientes puro-espirituales femeninos de las más sagradas realizaciones de la Luz en la Tierra.

Son los dos recipientes puro-espirituales para las madres terrenas de Jesús y Abd-ru-shin.

Solamente dos; pues el recipiente puro-espiritual para Abd-ru-shin, que fue designado para preparar el camino hacia la voluntad de Dios hasta la materia gruesa, ya estuvo dos veces aquí en la Tierra. La primera vez en la mujer terrena Dijanitra y la segunda vez en la mujer terrena, que dio a la Tierra la voluntad de Dios para el Juicio.

Y el recipiente puro-espiritual, que había que traer el amor de Dios para esta Tierra, también estuvo dos veces en el cuerpo de una mujer terrena.

La primera vez que ya estuvo en el cuerpo de la madre terrena de Kassandra, que dio a la Tierra una parte del amor de Dios, la segunda vez en María de Nazaret.

Ambos los recipientes puro-espirituales necesitaban, sin embargo, además de un envoltorio espiritual, sin lo cual no podrían haber cumplido su misión en la Tierra. Esa parte espiritual de la Creación posterior fue la respectiva mujer terrena, y ésta también fue la que por ocasión de los nacimientos terrenos del amor de Dios siempre oscureció, acumuló en si debilidades humanas, que no dejaban brillar el recipiente puro-espiritual en la Tierra de aquél modo como era de se esperar.

Por esa razón, el amor de Dios en la Tierra, extrañamente, no pudo tener el apoyo que debería haber recibido de las madres terrenas, al contrario, muchas veces incluso tuvo que sufrir con ello.

Es una prueba triste y clara para el hecho de que seres humanos terrenos, en su decadencia, ni siquiera más pueden intuir tampoco comprender el puro amor de Dios, tampoco incluso soportar; pues ellos siempre se revuelven conciente o inconcientemente contra él.

Y cuando ahora, por la tercera y ultima vez, el recipiente puro-espiritual tuvo que traer nuevamente para estas materialidades gruesas una parte del amor de Dios para la época del sagrado Juicio y de la subsecuente construcción, el recipiente fue recogido inmediatamente después del nacimiento terreno del amor de la Luz, para que, por el eventual fallar del envoltorio espiritual escogido, no pudiese desenvolverse una nueva ligazón obstructiva; pues también por la tercera vez tuvo que ser designada una vez más, para el nacimiento terreno del amor de Dios, un nuevo envoltorio espiritual de una madre terrena, pues las dos primeras todavía estaban atadas por los obstáculos que se habían impuesto, hallándose, por eso, muy alejadas.

¡Cada envoltorio espiritual es ahí una criatura humana por si, por lo tanto una mujer terrena autoconsciente, con la cual la mujer puro-espiritual escogida tiene que ser primero ligada, cada vez, para un nacimiento terreno de la Luz de Dios!

Un tal nacimiento terreno de la Luz necesita de los mayores y más extensos preparativos desde arriba hacia abajo, y muchas veces, tras esfuerzos de siglos puede un tan mezquino espíritu humano terreno, a través de sus debilidades, tornar necesarias nuevamente modificaciones, aún en el ultimo momento.

Cuando yo hablo de un recipiente puro-espiritual y de un recipiente espiritual, o de un envoltorio, luego eso se refiere cada vez a una mujer por si. Los dos recipientes puro-espirituales son dos mujeres escogidas para eso en la Creación primordial, quienes, ante determinada conducción superior, pudieron desenvolverse desde el puro espiritual, concientes de su meta y siempre permanecieron bajo los más fieles cuidados en el Castillo Blanco.

Los recipientes o envoltorios espirituales son las almas de aquellas mujeres terrenas que pudieron ser escogidas y también preparadas para eso, a fin de que se uniesen íntimamente con aquellos envoltorios o mujeres de la Creación primordial para el fin de la más sagrada realización.

Aquella madre terrena que fue escogida para la ultima encarnación en la Tierra del amor de Dios, pudo, después del nacimiento terreno del niño, dejar la Tierra, como un acto de gracia de la Luz, y la niña María llegó a aquellas manos que, tras examen, fueron designadas y, como espiritualmente libres, tampoco pudieron perjudicar el recipiente puro-espiritual, obstruyendo.

La sabia providencia, que ya tantas veces, principalmente con relación al amor de Dios, tuvo que experimentar una deficiencia de los espíritus humanos terrenos en la fidelidad por ocasión de realizaciones de la Luz, colocó de esta vez una traba ante la posibilidad de repetición de obstrucciones terrenas perjudiciales para el recipiente puro-espiritual-femenino, lo cual, como tal, siempre cumplió su misión en la más pura lealtad, ante rápida disolución de la ligazón espiritual-terrena inmediatamente después del nacimiento. María creció, por esa razón, como niña en manos extrañas, sin embargo, cariñosas.

En acuerdo a las leyes primordiales de la Creación, es indispensable que aquél espiritual que, en la existencia terrena, se envolvió con tinieblas, debe volver para esta Tierra hasta que los obstáculos se disuelvan, para que el espíritu, libre, pueda acender para permanecer en las alturas luminosas.

Como, pues, en el caso del recipiente puro-espiritual, que sirvió al amor de Dios, el primero envoltorio espiritual no estaba purificado en el momento de la segunda realización en la Tierra, él recibió para eso un nuevo envoltorio espiritual que, en grande parte, falló nuevamente.

La consecuencia fue que, ahora en el Juicio Final, ambos los envoltorios espirituales, por lo tanto, ambos los recipientes espirituales deben estar encarnados una vez más en la Tierra para que rediman los errores o sucumban.

Se trata en eso, por lo tanto, de los envoltorios espirituales humanos de la Creación posterior, de la parte espiritual humana, no del recipiente puro-espiritual de la Creación primordial que, en su pureza, pudo permanecer completamente para si.

Éste fue retenido en la más fiel protección, hasta que fuese decidido, si una completa separación a través de un acto de gracia del Altísimo se tornaría necesaria, para que ese recipiente puro-espiritual femenino no tuviese que sufrir junto con el fallar del envoltorio espiritual, o si ese envoltorio espiritual podría elevarse una vez más purificado para que, por la perfección creciente, no formase un obstáculo por el peso.

Ahora, sin embargo, el núcleo luminoso de ese recipiente puro-espiritual, por la gracia de Dios, está completamente libre de aquella una parte espiritual que pertenecía a María de Nazaret y que ahora, en el Juicio, debido a su fallar, debe ir al encuentro de la descomposición. No más puede ser alcanzada por ese dolor.

Tras un largo período de espera forzada, este núcleo volvió nuevamente al Castillo Blanco del sexto escalón en la Creación primordial, para ahora vivir y actuar allá en felicidad y alegría.

De modo diferente fue con aquél recipiente puro-espiritual que sirvió a la voluntad de Dios. Aquí el envoltorio necesario del espíritu humano se adaptó al recipiente puro-espiritual, en ambas las veces, no siendo necesario un regreso para cualquier remisión. Solamente fue concedido a Dijanitra, como recompensa, que ella, para la segunda vida terrena del antaño hijo Abd-ru-shin, pudiese también permanecer nuevamente en la Tierra para, al reconocerlo como Imanuel, servir entonces a la Luz.

También aquí se trata solamente del espiritual-humano, no de la parte puro-espiritual. Por lo tanto, encarnó solamente el envoltorio espiritual, y no para redimir, sino en cumplimiento de una gracia de la Luz.

Diferente era la misión de los recipientes terrenos-femeninos. Los recipientes para Jesús y Kassandra pudieron ser iniciados, para los envíos de los niños, de modo que conocían el origen de los mismos.

Si, luego, las madres terrenas no más se mantuvieron firmes en la convicción, oscureciendo cada vez más en dudas y dando lugar también a las debilidades humanas, como egoísmo o falta de esfuerzo para la comprensión, propensión para prestigio terreno y diversión, entonces eso fue un fallar solamente de la parte espiritual y de sus deseos, de la cual el puro espiritual está ahora separado.

El recipiente terreno para Parsival – Imanuel (Abd-ru-shin), sin embargo, no podía tener conocimiento del origen de su hijo y de su misión, tampoco todos los otros seres humanos, porque Parsival tuvo que recorrer primero el camino del sufrimiento del reconocimiento del ser humano en la Tierra, lo que pudo ocurrir solamente por el compadecer conjunto en el propio vivenciar de todos los errores humanos, para lo que era indispensablemente necesario que siquiera él tampoco nadie de las cercanías supiese de su origen.

Así esa madre terrena pasó por su existencia terrena sin tener conocimiento de ello. Solamente al dejar su cuerpo grueso-material, ella se tornó conciente de su grande misión que había cumplido en la Tierra a servicio para la Luz. En eso, ella estuvo siempre en envoltorios cenizos, los cuales, sin embargo, pudieron disolverse inmediatamente debido al amor por el hijo en el reconocimiento.

El envoltorio espiritual, que también de esta vez era Dijanitra, pudo encarnar nuevamente en la Tierra, para recibir la gracia que antaño le fue prometida.

En el Castillo Blanco, sin embargo, ya hace mucho vive nuevamente, conciente, el recipiente puro-espiritual, lleno de alegría en el puro servir a la Luz. En el Castillo, que en el sexto escalón del puro espiritual guardia los dos recipientes femeninos que fueron elegidos para las sagradas realizaciones en la Tierra.

Quiero una vez más resumir lo que es difícil para vosotros, a fin de que se os torne bien claro:

En el Castillo Blanco, que forma en el sexto escalón del puro espiritual el punto máximo, están dos mujeres elegidas, las cuales traen hacia abajo todos los nacidos de la Luz, que en cumplimiento de promesas divinas bucean en las materias; la finalidad de ellas es que se unan a una mujer terrena, ya que esa transición en las encarnaciones terrenas de los nacidos de la Luz se torna necesaria, porque no es posible cualquiera laguna en la actuación de las leyes primordiales divinas de la Creación.

Las dos mujeres traen nombres que se hallan en la ley: María, vibrando en el amor, y Therese, vibrando en la voluntad. ¡Así María, en la ley del numero y en su especie, es destinada siempre para el amor de Dios, y Therese, para la voluntad de Dios! Para el nacimiento terreno ellas han sido ligadas íntimamente, en cada caso con una mujer terrena, con su espíritu, como escalón subsecuente.

Esa mujer humana terrena naturalmente tenía que ser semejante en el vibrar. Para el nacimiento del amor fue necesario un espíritu humano terreno vibrando en el amor; para el nacimiento de la voluntad, sin embargo, fue necesario un espíritu humano terreno vibrando principalmente en la voluntad.

Sin embargo, el vibrar de un espíritu humano en el cuerpo terreno grueso-material está siendo expresado de modo muy terrenal y, por eso, el amor es más blando, más condescendiente de lo que es en el puro espiritual.

Solamente por eso pudo también pasar, que la mujer terrena que vibraba en el amor, en la oscuridad del terrenal, que en aquella época ya había progresado mucho en el medio de conceptos torcidos, no pudo oponer aquella resistencia reñida, que desenvolvió la mujer terrena que vibraba en la voluntad. Y así se tornó victima, a pesar del saber, de dudas, también de vanidades y del anhelo de poder.

Bien que podría y debería haber sido diferente; pues la fuerza para la resistencia fue dada también a ella en la más alta extensión a través de los fuertes auxilios que siempre estuvieron a su lado como a ningún otro ser humano, pero solamente así pudo ser encontrada una explicación para el temporario fallar de aquella mujer terrena, a la cual fue permitido cargar el amor.

Fue, sin embargo, solamente el espíritu humano terreno que se sobrecargó con eso no María del Castillo Blanco en el puro espiritual. Pero, a pesar de eso, esa parte tuvo que sufrir con eso, porque todavía estaba ligada a la otra a través de hilos, y cuyo peso la detuvo, mientras no hubiese una separación forzada.

Therese no fue sobrecargada por el espíritu humano terreno que vibraba con ella, porque éste, encontrándose en la voluntad, era suficientemente severo para rechazar enérgicamente todo lo que es falso y torcido y en eso no conocía condescendencia.

Las mujeres terrenas que cada vez tenían que traer los nacidos de la Luz para la materia gruesa se encuentran ligadas solamente a los recipientes puro-espirituales, a través de hilos, no, sin embargo, con los propios enviados de la Luz.

¡En eso necesitáis poner mucha atención, a fin de que comprendáis bien todo el proceso!

El espíritu de las madres terrenas se halla ligado, por lo tanto, solamente indirectamente a los enviados de la Luz, a través de los recipientes puro-espirituales, con los cuales ellas son ligadas temporalmente de modo directo, a través de hilos cuidadosamente tejidos.

Los recipientes puro-espirituales traen hacia abajo los enviados de la Luz, para las madres terrenas, y se ligan a éstas solamente en la época de la encarnación, permaneciendo entonces ligados hasta cuarenta días tras el nacimiento terreno.

Durante esa época también ocurre a través del recipiente puro-espiritual una ligazón continua de la Luz con el espíritu de las madres terrenas; después, sin embargo, esa ligazón continua es nuevamente deshecha, cuando el recipiente puro-espiritual se separa y se retira, con lo que permanece ligado con la mujer terrena a través de algunos hilos, apenas a una distancia mayor.

Con eso el espíritu humano terreno femenino queda entregue nuevamente más a si mismo, pues que no existe ligazón directa con el núcleo de Luz de su hijo. Por eso también la posibilidad de la vacilación y del fallar de las madres terrenas tras el nacimiento.

Todo es tan sencillo y natural, sin embargo aún difícil de condensar en palabras terrenas, a fin de traerlo a la comprensión en la materia gruesa.

¡El ultimo escalón de la Creación primordial, el séptimo, muestra la Isla de los Elegidos!

Para este lugar son elevados de las Creaciones posteriores todos aquellos, a los cuales fue permitido servir a los Hijos de Dios en la Tierra y a los cuales ellos sirvieron con fidelidad. Aquí ellos siguen sirviendo, llenos de alegría, tras la muerte terrena para toda la eternidad. Y en determinadas épocas se amplia su visión, ellos ven Parsival, María e Irmingard en el Templo, en eso, no intuyen la distancia, sino presumen estar presentes allá conjuntamente con los primordialmente criados.

Sobre eso no tengo mucho que decir en esta disertación, pues ya os basta el nombre: ¡Patmos!

De esa isla de los agraciados mucho ya fue hablado y mucho todavía será hablado, pues ella es al mismo tiempo la isla de las promesas o la montaña de las sagradas anunciaciones.

Igual al Supremo Templo del Grial, que se yergue en el divino, en el límite extremo, teniendo al mismo tiempo una copia como ápice en la Creación primordial, así también es Patmos, en el límite extremo del puro espiritual, teniendo una copia en el punto más alto del espiritual contiguo; y como imagen reflexionada se puede ver en el espiritual lo que se pasa en Patmos en el puro espiritual. De esa forma en ambos los reinos, pese la separación, resulta siempre en una vivencia en común y se da la ligazón.

Tal vez podamos volver más tarde con más pormenores además sobre eso, pues hoy pasaría sobremanera la finalidad de la disertación. Por eso quiero solamente concluir todavía el grande reino de la Creación primordial en línea recta descendiente.

Al ultimo escalón de la Creación primordial, el séptimo, se sigue un envoltorio protector, que actúa como una capa de separación entre el puro espiritual y la parte de la Creación espiritual contigua, que, en su extensión, para el sentido humano terreno, no es menos inmensa de lo que el puro espiritual.

También en ese envoltorio protector constituye un plan por si, de grande extensión. No es acaso deshabitado, pero sí poblado por muchos entes; sólo no es habitación permanente de espíritus autoconscientes.

Él forma la limitación intraspasable e inquebrantable del puro espiritual, de la Creación primordial, y al mismo tiempo también un pasaje.

Pero para atravesarla desde arriba hacia abajo o también desde abajo hacia arriba, el espiritual necesita de una escolta de entes que pueblan ese plan, los cuales, en su actuación, se asemejan nuevamente a un envoltorio protector en relación al transeúnte, como su plan en relación a la Creación primordial entera.

Y tal escolta, a través del plan de protección, esos entes pueden conceder, por su parte, solamente bajo bien determinadas condiciones, que vibran de modo inmutable en las leyes de la Creación. Por lo tanto, solamente con el cumplimiento de determinaciones bien definidas se torna posible atravesar el plan de protección. El cumplimiento de las condiciones, que se halla en parte en la especie y en parte también en la calidad de esa especie, es decir, en el respectivo estado de madurez, resulta, por su parte, como consecuencia necesaria y natural, en el atravesar; lo provoca automáticamente.

Así, por toda la parte existe un movimiento precisamente articulado, como en un engranaje increíblemente bien trabajada y artísticamente compuesta, que es mantenida en continuación por leyes vivas y actuantes.

Aquello que en ello conserva derecho su camino, será lapidado y purificado, empujado y elevado, pero siempre hacia una altitud de una capacidad pura; sin embargo, aquello que se desvía del camino cierto y livianamente o incluso malévolamente se coloca al lado del engranaje, será golpeado y herido, hasta que esté nuevamente en su camino cierto y pueda entonces vibrar conjuntamente sin fricciones, o hasta que sea triturado y molido entre las ruedas en constante movimiento.

¡Adaptaos, por eso, oh seres humanos, al engranaje inalterable de la grande obra-prima de esta Creación, inaprensible para vosotros, y en el vibrar uniforme seréis felices por toda la eternidad!

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