Resonancias del Mensaje del Grial 2

de Abdrushin


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Contenido


8. Fieles por hábito

Debe haber llamado la atención de los seres humanos que menciono tan frecuentemente, como siendo nefasto, el irrestricto dominio del intelecto y la grande indolencia del espíritu, pero es necesario; pues ambos los fenómenos están inseparablemente ligados y deben ser considerados como los puntos de partida de muchos males, incluso como la verdadera causa, hostil a la Luz, para el retroceso y caída de los desenvueltos.

Hostil a la Luz, porque impide el reconocimiento de todos los acontecimientos de la Luz y auxilio de la Luz, porque el intelecto preso a la Tierra, cuando llega a dominar, corta como primera cosa, actuando recíprocamente, la ligazón para la posibilidad del reconocimiento de la Luz y, con eso, ata el espíritu, que aguarda el desenvolvimiento del reconocimiento en el envoltorio grueso-material, juntamente con este envoltorio, que a él le debía servir.

El proceso es, en su efecto objetivamente en pleno acuerdo a las leyes de la Creación, de especie tan horrible, como el ser humano ni es capaz de hacer una idea correcta; pues al contrario iría tener que colapsar en si por el miedo.

Es precisamente por eso especialmente terrible, porque, en eso, todo tiene que desenvolverse en dirección a la ruina, y ni puede de otro modo, desde cuando el espíritu humano terreno, con pecaminoso querer propio contra la sacrosanta voluntad de Dios, dio a su propio desenvolvimiento la dirección errada, la cual forma toda la desgracia bajo la presión de las leyes auto-actuantes de esta Creación, cuya actuación el ser humano se ha privado de la posibilidad de reconocer.

Cambió liviana y violentamente una clave de desvío en el mecanismo en perfecto funcionamiento de la maravillosa obra de Dios, de tal forma, que, en el curso progresivo de su tren del destino, tuvo que se seguir el descarrilamiento como un acontecimiento inevitable.

Y el acontecimiento, por su vez, que alcanza en primera línea la humanidad terrena, pone, en eso, simultáneamente en máximo peligro también su ambiente, que nada tiene que ver con ese fallar y que, de cualquier forma, siempre tuvo que sufrir con eso y ha sido retenido del desenvolvimiento.

Reflexionad una vez vosotros mismos con toda la serenidad, lo qué tiene que significar si aquél instrumento, el intelecto, que el Creador, lleno de gracia, dio a cada espíritu humano terreno como auxilio para el necesario desenvolvimiento en la materia gruesa, en oposición a su incumbencia, además aleje el espíritu de cualquier posibilidad de ligazón con las corrientes de fuerza ascendientes de la Luz, como consecuencia de vuestra acción, en lugar de, subordinándose, servirlo y propagar la voluntad de la Luz en el ambiente material, lo ennobleciendo cada vez más, para tornarlo en aquel paraíso terreno que debería surgir.

Ese fallar, forzado en el libre querer por codicia y presunción, es tan inaudito, que una tal culpa del perezoso espíritu humano terreno parece luego demasiado grande a cada uno que despierta, para una vez más obtener el perdón en el amor del Omnipotente.

Solamente la condenación a través de la retirada de todas las gracias provenidas desde la Luz y de la descomposición debería ser el merecido destino de los espíritus humanos terrenos, que impulsaron constantemente toda una parte de la Creación hacia la inevitable destrucción, con presuntuosa porfía, si ese amor del Omnipotente no estuviese ligado al mismo tiempo con la perfecta justicia, una vez que ella es amor de Dios, que permanecerá eternamente incomprensible a los espíritus humanos. Y la justicia de Dios no es capaz de abandonar algo totalmente a la ruina, mientras en él ardan centellitas, que no lo merezcan.

A causa de ese muy ínfimo numero de centellitas espirituales, anhelando por la Luz, ha sido traída para esta parte de la Creación, cerca de la desintegración, una vez más la Palabra del Señor, para que puedan salvarse todos aquellos, quienes traen en si la verdadera voluntad para él y quienes realmente se mueven en ese sentido con toda la fuerza, que todavía les restó.

¡Sin embargo, esa voluntad tiene que ser constituida de manera diferente de lo que muchas de las numerosas personas en la Tierra, que creen en Dios, imaginan!

Por eso, escuchad la Palabra, la cual podéis agarrar como cuerda de salvación aún en la ultima hora. ¡Después ella nunca más os será dada en manos, si vosotros, de esta vez, descuidéis el momento para eso!

El dominio del intelecto aísla el espíritu completamente de cualquier posibilidad de su desenvolvimiento necesario. Ese hecho en si no es una maldad del intelecto, sino un efecto completamente natural. ¡Él actúa con eso meramente según su especie, porque no puede de manera diferente de lo que hacer su especie desenvolverse a la florescencia y a la más plena fuerza, si él sea unilateralmente cultivado y colocado en el lugar errado, cuando le someta irrestrictamente toda la existencia terrena!

Y esa su especie es ligada a la Tierra, jamás será diferente, porque él, como producto del cuerpo terreno, también tiene que permanecer dentro de los limites de él, por lo tanto, puro grueso-material terrenal; pues la materia gruesa no puede generar lo que es espiritual.

El error se halla exclusivamente en el propio ser humano y en el hecho de él tener el dominio al intelecto y, con él, también haberse esclavizado a él poco a poco, por lo tanto, atado a la Tierra. Con eso, se perdió para él completamente la verdadera finalidad de la existencia terrena, la posibilidad del reconocimiento espiritual y de la maduración espiritual.

Él simplemente no más lo comprende, porque los canales le están bloqueados. El espíritu se halla en el cuerpo terreno como que en un saco, que arriba está amarrado por el intelecto. Luego, el espíritu tampoco nada más puede ver, nada más oír, con eso, cada camino hasta él está cortado, de la misma manera como su camino hacia fuera.

Que pudiese haber sido tan bien cerrado por el intelecto terreno reside en el hecho de que el atamiento ya se procese antes de la maduración corporal, por lo tanto, para los adolescentes antes de la época, en que el espíritu deba exteriorizarse eficazmente a través del cuerpo, a fin de establecer una ligazón dominante con la materialidad circunyacente, para el fortalecimiento de su querer.

¡A esa época, sin embargo, el intelecto ya fue desenvuelto muy fuertemente de modo unilateral, debido a la escolaridad errada, y ya mantiene el envoltorio de materia gruesa alrededor del espíritu firmemente cerrado, de modo que éste tampoco puede alcanzar el desenvolvimiento o se hacer valer!

¡Unilateralidad perniciosa de la enseñanza, a la cual hizo falta la compensación espiritual! Al espíritu fue solamente impuesto un rígido dogma, que nada le puede dar, que no lo calienta para la convicción propia y libre de todo aquello, que se halla en conexión con Dios, porque a aquello lo que es aprendido hace falta vida y no está en ligazón con la Luz, visto que, en las enseñanzas, el intelecto del ser humano terreno y su presunción ya provocó mucha devastación por toda parte.

La enseñanza de hasta ahora sobre el saber al respecto del Criador estuvo por sobre bases demasiado frágiles, o, mejor dicho, ya debilitadas por los seres humanos, para que pudiese ser capaz de ajustar el paso con el intelecto, que se robustece cada vez más rápidamente por el cultivo unilateral.

La enseñanza, que es destinada al espíritu, por lo tanto, al alma de intensa actividad intuitiva, permaneció siempre rígida y con eso sin vida, también nunca pudo, por eso, ser realmente recibida espiritualmente.

¡Así, todo fue apenas empujado para el aprendizaje, el cual no podía se transformar en vivencia, con lo que también aquello, que se destinaba predominantemente al espíritu, como todo lo demás, tuvo que ser asimilado por el intelecto y quedó retenido por éste, sin poder acercarse del espíritu!

Debido a eso, las gotas de agua viva, en la condición que tales además así existiesen aquí y allá, también tuvieron que desaparecer en la arena.

¡La consecuencia fue y había que ser, que el espíritu nada recibía y el intelecto, todo! Con eso, se alcanzó por último aquel estado en que el espíritu no alcanzaba asimilar absolutamente nada más. Eso trajo la paralización y el inevitable retroceso del germen espiritual, que, sin impulso exterior, de cualquier forma siempre tuvo tendencia hacia la inactividad.

En la inactividad y sin atritos, él se debilitó más y más, hasta presentarse hoy un cuadro deplorable en la Tierra: ¡seres humanos saturados de sagacidad intelectiva, presa a la Tierra, con espíritus completamente entorpecidos y, en gran parte, también ya realmente adormecidos!

En muchos de ellos el sueño ya se transformó en sueño de la muerte. ¡Ellos son los muertos que ahora tienen que despertar para el Juicio!

A ellos se refiere lo que ya fue anunciado: ¡Él vendrá para juzgar los vivos y los muertos! Con eso, se debe entender los espiritualmente vivos y los espiritualmente muertos; pues otros no hay, pues que el cuerpo terreno no puede ser considerado como vivo o muerto. Él propio nunca estuvo vivo, sino solamente vivificado por algun tiempo.

Vosotros, seres humanos, no conocéis en absoluto el peligro, en que os halláis, y cuando ahora tengáis que reconocerlo, para muchos ya será demasiado tarde; pues ellos no más poseen la fuerza, para despertar de ese entorpecimiento, que causó tan horrible desgracia.

Por esa razón, en todos los males de la humanidad, tengo que volver siempre de nuevo a sus causas reales: el dominio del intelecto y de la indolencia del espíritu a eso ligada, que surgió como consecuencia inmediata.

¡También la mayoría de los actuales fieles a Dios hace parte, en primera línea, de los espiritualmente indolentes, que son semejantes a los indiferentes, los cuales deberán ser expelidos durante el Juicio!

Si vosotros, con un poco de voluntad, examinéis una vez ese estado correctamente, y, luego, quisieseis sacar desde él las conclusiones correspondientes, entonces tendríais que ver claramente y poder formar a ese respecto para vosotros el juicio cierto sin cualquier duda. Debéis solamente raciocinar lógicamente, nada más.

¡Mirad alrededor de vosotros cómo los seres humanos reciben hoy la ampliación del saber de la Creación, para ellos necesaria! Solamente de él ya podéis sacar suficientes conclusiones sobre su verdadero estado.

¡Si hoy se hace referencia al Hijo del Hombre, Imanuel, como necesidad para el progreso del saber espiritual, porque para los seres humanos ahora ha llegado el tiempo para eso, oís, luego, toda suerte de cosas como motivos del rechazo de la nueva revelación proveniente desde la Luz!

De esas, no quiero mencionar todas; pues de ellas existen demasiado en sus muy ramificadas variedades y no alcanzarían a un fin, sin embargo, en el verdadero sentido, ellas son todas iguales, porque tienen solamente un origen: ¡indolencia espiritual!

Tomemos de ellas una vez solamente una; pues muchos de los aparentemente bien-intencionados fieles de las iglesias, entre los cristianos, hablan:

“¡La Palabra del Mensaje en si está cierta en muchas cosas, sin embargo, no me dice nada de nuevo!”

Quien así habla, a pesar de su imaginación contraria, no ha comprendido aquello, que juzga ya haber aprendido hasta ahora en su escuela o iglesia, tampoco lo conoce; ¡pues al contrario debería saber que en el Mensaje se encuentran muchas cosas completamente nuevas, lo que, sin embargo, evidentemente, no está en oposición al mensaje, que Jesús trajo, porque ambas se originaron de la misma fuente, de la Verdad viva!

¡Lo que es nuevo, ni siempre corresponde a la negación de lo de hasta ahora, pero, sí, puede vibrar en el antiguo y conducir adelante en la edificación, así, como se une en el verdadero mensaje de Jesús y en el mío!

¡Sin embargo, precisamente por el hecho, de que ahora mi Mensaje esté completamente en acuerdo a las verdaderas palabras de Jesús, tantas personas tienen, en la lectura, la intuición de que en él nada hay de nuevo! ¡Pero solamente porque el mensaje de Jesús y el mío son, en la realidad, uno sólo!

Por ese motivo todo vibra también uniformemente, excepto aquello, que los seres humanos, en su querer ser inteligentes, añadieron a las palabras traídas por Jesús, lo que, en la mayoría de los casos, está errado. Con ese añadido o diferentemente transmitido mis palabras naturalmente no pueden estar en acuerdo. ¡Sin embargo, incondicionalmente con las palabras del propio Jesús!

Y esa intuición del idéntico vibrar proveniente del mismo origen, que el espíritu reconoce, permaneciendo inconciente para el intelecto, haz con que los seres humanos piensen, sin reflexión, que, en él, nada de nuevo hubiera sido dado.

Así es una parte de las criaturas humanas. Otras, sin embargo, aceptan lo nuevo también como ya dado anteriormente y como evidente, por que no conocen correctamente lo antiguo, que juzgaban poseer y, por esa razón, ni saben lo que es lo nuevo, que se halla para ellas en mi Mensaje.

¡No hay, sin embargo, disertación alguna en mi Mensaje, que no traiga realmente algo completamente nuevo para los espíritus humanos, algo a ellas hasta ahora todavía desconocido!

¡Muchas personas, por lo tanto, no conocen tampoco aquello, que juzgan poseer, ni aquello, que yo les traigo! Son también demasiado indolentes para asimilar realmente en si algo de eso.

Para todos aquellos, sin embargo, cuyo espíritu es capaz de percibir por lo menos la vibración uniforme de ambos los Mensajes, precisamente esa circunstancia debía ser una prueba de que ambos los Mensajes provienen de una sola fuente, la más infalible comprobación incluso, de que también yo estoy agotando directamente desde la Verdad.

Pero de eso los indolentes no se tornan concientes. Parlotean simplemente sin pensar y muestran, así, su vacío, de modo que cualquiera, de inmediato, tiene que reconocerlos claramente como espiritualmente indolentes.

¡Otros fieles, por su turno, se oponen a ampliar su saber, en la suposición o miedo de que así puedan hacer algo de errado! Eso, sin embargo, solamente en pocos casos es miedo, pero, sí, exclusivamente presunción, que está arraigada en la estupidez y que, además, sólo alcanza desenvolverse en tal suelo; pues presunción en si ya es estupidez, no se puede separar ambas.

Pero la estupidez, en este caso, se refiere al espiritual, no al terrenal, visto que exactamente tales personas, quienes intelectualmente son consideradas terrenalmente como especialmente fuertes e inteligentes, en la mayoría de los casos son espiritualmente debilitadas y, como criaturas humanas en la Creación, no poseen valor alguno ante Dios; pues fallaron para su verdadera existencia y no son capaces de criar, con su saber intelectivo, cualquier valores para la eternidad, o de utilizar el intelecto para tanto.

Dejemos, sin embargo, aquí todo lo demás al lado, consideremos solamente los fieles entre los cristianos, de los cuales, de cualquier manera, no son muchos los que pueden ser considerados realmente fieles; pues en su mayoría son solamente cristianos de nombre, interiormente vacíos, nada más.

Éstos dicen, en cierto sentido de la misma manera que los primeramente citados, o declaran con una cierta expresión teatral, que deba aparentar respetuoso temor, conforme buscan hacer creer, por lo menos para si propios:

“¡Tenemos nuestro Jesús, nuestro Salvador, a quién no dejamos, y más tampoco necesitamos!”

Más o menos así es el sentido de todas sus palabras, aunque esas palabras suenen de manera diferente, conforme la persona que las pronuncia.

Esas legitimas reproducciones de los fariseos, ya por Jesús tan severa y frecuentemente censurados, son, en la realidad, nada más de lo que espiritualmente indolentes, en ese caso, sin embargo, además de eso, grandes presuntuosos. Ya la manera, a veces tan repugnante, del modo de hablar, los caracteriza más de lo que claramente.

¡Cuando os profundicéis en las personas de tal especie, reconoceréis que ellas no traen en si verdadera convicción, sino solamente un simple y vacío habito desde la juventud! En su indolencia, no más quieren ser perturbadas; pues eso, espiritualmente les podría causar inquietud, si con eso se ocupasen pormenorizadamente. ¡Buscan evitar eso cuidadosamente, sin que se tornen concientes de que así pecan contra la importante ley de Dios del movimiento espiritual, que les ofrece la conservación de su alma, bien como la del cuerpo, en cuya actuación, si cumplida, reside únicamente la ascensión y la capacidad de madurar hacia la perfección!

¡Precisamente aquello, que consideran grandeza y buscan mostrar con orgullo, a fin de que simulen con él a si mismas el apoyo, que absolutamente no traen en si, eso a ellos se les tornará fatalidad y destrucción!

Si, obedeciendo a la ley, ellas se moviesen solamente una vez un poco espiritualmente, deberían reconocer muy rápidamente que su creencia de hasta entonces no ha sido absolutamente tal, sino algo aprendido, que se tornó habito bien-venido, porque además de algunas exterioridades nada exigía de ellas y, por esa razón, fue consideradas por ellas como agradable y cierta.

No deberían, sin embargo, evitar la inquietud, sino deberían agradecerla; pues es la mejor señal para el despertar de su espíritu, al cual, evidentemente, hay que preceder primero una inquietud, antes que la seguridad de verdadera, libre convicción pueda surgir, la cual solamente en el sincero y diligente examinar y en real vivenciar en el espíritu, estrechamente a eso ligado, desenvuelve su fuerza.

Donde surja inquietud, allá es dada, con eso, la prueba irrefutable de que el espíritu ha dormido y quiere alcanzar el despertar; donde, sin embargo, ocurra una recusa con la orgullosa alusión de un derecho de pose personal de Jesús, allá se patenta solamente que ese espíritu humano ya está entregue a la agonía, la cual conduce al sueño de la muerte.

¡Prueba, además, que precisamente esos espíritus, también en la época terrena de Jesús, hubieran rechazado rigurosamente a él y a su Palabra, con igual presunción vacía, agarrándose al hasta entonces ya aprendido, si ella les hubiese sido ofrecida como la nueva revelación en la transición antaño necesaria para elección y decisión propia!

Habrían por el mismo motivo, solamente cómodo, se agarrado al antiguo, al cual tiene que formar el suelo para el progresar, si no deba ocurrir estagnación.

Son negadores de todo cuanto es nuevo, porque no se sienten capaces o suficientemente fuertes, para examinar de manera sincera y libre de prejuicios lo que es incisivo, o porque ya son demasiado indolentes para eso y buscan preferiblemente atarse al habito de hasta entonces.

¡Se supone con certeza que ellos hubieran decididamente rechazado a Jesús, si eso no les hubiese sido enseñado forzosamente, ya desde la niñez!

¡No es diferente tampoco con aquellos, quienes buscan rechazar todo cuanto es nuevo, haciendo referencia a la profecía sobre el aparecimiento de falsos profetas! ¡También en eso, no hay otra cosa, sino una vez más solamente la indolencia del espíritu, pues en esa profecía, a la que ellos se refieren, es concomitantemente también expreso de manera bastante clara que el Cierto, el Prometido, vendrá precisamente en esa época del aparecimiento de los falsos profetas!

¡Cómo piensan, entonces, reconocerlo, si, para su comodidad, buscan simplemente librarse de todo, de modo liviano, con una tal referencia! ¡Esa pregunta fundamental ninguna persona todavía la formuló para si misma! Todos saben de su venida y afirman también creer en eso, pero en esa pregunta todavía no pensaron, pues, además, no quieren esforzarse o saben muy bien que exactamente ese es el punto, de lo cual todos, sin que lo expresen, buscan desviarse... por indolencia del espíritu. ¡Ellos esperan, esperan, hasta que el tiempo haya pasado, entonces verían por fin, como también pasó con Jesús!

De esta vez, sin embargo, es diferente; ¡pues el tiempo no pasará al largo de los negligentes y perezosos, sino los juzgará! ¡Lo aguardar será su sentencia, la condenación!

Ellos propios tienen que encontrar la legitimación en la Palabra de la Verdad, que los seres humanos, excepto poquísimos, tampoco quisieron observar con relación a Jesús, sino esperaban otras pruebas todavía, porque exigieron burlando: “¡Eres tu el Hijo de Dios, baja de la cruz, pues, nosotros queremos creer en ti!”

Su Palabra de la Verdad, que fue la verdadera legitimación, todavía no tenia valor para ellos en aquel tiempo. Indolencia espiritual propia de cada uno, para dondequiera que miréis, y así como antaño, ocurre hoy nuevamente, sólo que incluso mucho peor; pues ahora cada centella espiritual se halla casi que totalmente soterrada.

¡Los fieles de hoy aceptaron todo solamente como doctrina, y sin haber trabajado nada de eso dentro de si o transformado en cosa suya! Espiritualmente son demasiado débiles para intuir que su creencia nada más es de lo que el habito desde la niñez, lo cual ellos nombran ahora, en total ignorancia sobre si propios, de su convicción.

¡También el principal aumento del numero de cristianos ocurrió por la añadidura de la juventud, no por adultos! Y de esa juventud en crecimiento, los que ya fueron bautizados cristianos y los que entonces lo siguen siendo, ochenta por ciento, examinados bajo clara luz, son solamente cristianos por habito, lo que se reconoce por el hecho, que de modo alguno orientan su vida en acuerdo a las palabras de Jesús.

¡Además su comportamiento ante sus prójimos muestra muy nítidamente que ellos no son verdaderos cristianos, sino tan solo supuestos cristianos, sin contenido, espiritualmente indolentes!

Quien además sea capaz de pensar de modo imparcial y no esté espiritualmente esclavizado no intentará contestar ese hecho, que a cada hora es comprobado centenares de veces, de todos los lados siempre de nuevo y que ya fue comprobado en el transcurrir de los siglos pasados.

Esta prueba de falso cristianismo se halla lamentablemente por toda parte y de modo demasiado claro, como también en las propias iglesias, que son, de modo incluso increíble e intolerable, hostiles en palabras y acciones para con todos aquellos, quienes no sirven a su iglesia en actuación puramente terrena.

¡Si los así odiados y tal vez por eso temidos, a pesar de eso, sirven en la realidad a Dios, de modo mucho más verdadero y vivo con todo su ser de lo que los demás, eso, en las opiniones de las iglesias y en su actuar, no desempeña papel alguno! ¡De eso yo me quejo a Dios! ¡Pues tal actuación es contra Su exigencia y Su mandamiento! ¡Para todas las iglesias solamente debería ser lo más importante que Dios fuese servido y no ellas! ¡Servir a Dios, sin embargo, de modo alguno tiene que pasar por las iglesias!

¡Dónde, sin embargo, está escrito en mi Mensaje que un ser humano deba alejarse de Dios o del Hijo de Dios Jesús! ¡Al contrario, yo conduzco, con mis palabras, directamente hacia Dios y también hacia Jesús! Sin embargo de manera más viva, de lo que hasta ahora fue conocido, correspondiendo a la verdad y no como los seres humanos lo moldaron para si en su pendiente por la comodidad espiritual.

¡Llamo la atención para el hecho de que Dios quiere tener espíritus vivos en la Creación, concientes de su propia responsabilidad! ¡Por lo tanto, seres humanos, así, como está en las leyes primordiales de la Creación! Que cada uno haya que responsabilizarse él propio y plenamente por todo lo que piensa, habla y hace, y que eso no podía ser redimido por la humanidad con el asesinato antaño perpetrado contra el Hijo de Dios.

Jesús fue, sí, únicamente por eso asesinado, porque él, con sus idénticas exigencias, fue considerado también incomodo y parecía peligroso a los sacerdotes, que enseñaban de modo diferente, mucho más cómodo, para que, así, tuviesen solamente terrenalmente cada vez mayor aflujo, lo que, al mismo tiempo, debía proporcionar y conservar el aumento de su poder terreno por la creciente influencia terrena.

A eso ellos no querían renunciar. Los seres humanos, no a la comodidad, y los sacerdotes, no a la influencia, a su poder. ¡Los sacerdotes tampoco querían ser instructores y auxiliadores, sino solamente dominadores!

Como verdaderos auxiliadores debían haber educado los seres humanos para una independencia interior, dignidad de espíritu y grandeza espiritual, a fin de que esos seres humanos se encuadrasen en la voluntad de Dios por libre convicción y actuasen alegremente en acuerdo a ella.

Los sacerdotes hicieron el revés y ataron el espíritu, para que ése les permaneciese obediente para sus finalidades terrenas.

¡Dios, sin embargo, exige de los seres humanos perfeccionamiento espiritual en Sus leyes de la Creación! ¡Progreso continuo en la ampliación del saber al respecto de la Creación, para que en ella estén y actúen de modo cierto y no se tornen un estorbo en los vibrantes círculos de movimiento!

Pero quien ahora no quiera proseguir y busca permanecer en aquello, que juzgue ya saber, y rechace, por eso, nuevas revelaciones provenientes de Dios o se oponga hostilmente, éste quedará hacia tras y será lanzado fuera en el Juicio universal, porque ese derrumba cualquier obstáculo, para finalmente, hacer surgir nuevamente clareza en la Creación, la cual beneficia en el futuro el desenvolvimiento progresivo, que se halla en la voluntad de Dios para Su Creación.

Jesús fue, antaño, también una nueva revelación y trajo otras en su Palabra. Para aquella época todo eso era nuevo, así como hoy, mi mensaje sobre Imanuel. Era, antaño, un progreso tan necesario como hoy, en lo cual, sin embargo, no se debía haber parado eternamente. Yo también no derrumbo nada del antiguo, sino añado solamente algo nuevo.

¡También a Jesús, como Hijo de Dios, nunca se debe renunciar debido a mi Mensaje, sino él debe, con toda razón, ser reconocido ahora como tal, no, sin embargo, como el siervo y esclavo de una humanidad podrida, para cargar o redimir el fardo de culpas de ésta, a fin de que sea más cómodo para ella!

¡Y precisamente aquellos, quienes realmente aceptaron Jesús como el Hijo de Dios, no pueden, en absoluto, hacer otra cosa sino solamente saludar con alegre agradecimiento mi Mensaje y las nuevas revelaciones a él ligadas, provenientes desde la gracia de Dios! Tampoco les será difícil comprender correctamente todo lo que yo digo y apropiarse de eso para si.

Quién no lo haga, o no lo pueda, tampoco reconoció el Mensaje y la verdadera existencia del Hijo de Dios, Jesús, sino solamente erigió para si propio algo extraño y errado, por concepción propia y presunción y... no por ultimo... ¡por indolencia de su espíritu comodista, que teme el movimiento determinado por Dios!

¡El sentido y la finalidad del Mensaje proveniente desde la Luz, a través de mi, en el cumplimiento de la sacrosanta voluntad de Dios, es la necesaria ampliación del saber para la humanidad, que desea sobrevivir a la transición, ahora condicionada en acuerdo a las leyes de la Creación, para poder y le ser permitido cooperar en el nuevo Reino de Paz de los Mil Años, deseado por Dios, que la omnipotencia de Dios irá erigir ahora!

Ahí no valen evasivas de los espiritualmente perezosos, tampoco frases de vanidoso farisaísmo, y también las traicioneras calumnias y ataques de los seres humanos ávidos de poder propio habrán que retroceder y sumir como desgrano ante la sagrada justicia del Dios trino; ¡pues nada es mayor y más poderoso de lo que Dios, el Señor, y lo que proviene desde Su voluntad!

¡El espíritu humano terreno tiene que tornarse vivo ahora y fortalecerse en la voluntad de Dios, a Quién le es permitido estar en esta Creación para servir, o él debe sucumbir!

¡El tiempo ha llegado! No más serán tolerados por Dios espíritus esclavizados! Y será rota la voluntad propia de los seres humanos, si ella no quiera encuadrarse en las leyes primordiales de Dios, que Él insertó en la Creación.

A ellas pertenece también la ley del movimiento continuo, que condiciona el progreso sin estorbos en el desenvolvimiento. ¡A eso queda ligada la ampliación del saber!

¡Saber de la Creación, saber espiritual es el verdadero contenido de toda la vida!

Por eso os fueron proporcionadas nuevas revelaciones. Si las rechacéis en la indolencia de vuestro espíritu, y si queréis dejar que éste siga durmiendo tranquilamente como hasta ahora, entonces él despertará en el Juicio, para después desintegrarse en la descomposición.

¡Y ay de todos aquellos, quienes todavía quieran mantener atado el espíritu de los seres humanos! ¡Éstos sufrirán daños diez veces mayores y, en el ultimo momento, demasiado tarde, habrán que reconocer llenos de horror aquello, con que se sobrecargaron, para entonces, sucumbiendo bajo ese fardo, hundir en la pavorosa profundidad!

¡El dia ha llegado! ¡Las tinieblas tienen que desaparecer! ¡Maravillosa Luz de Dios rompe ahora todo cuanto es falso y quema lo que es indolente en esta Creación, a fin de que ella pueda seguir sus cursos solamente en la Luz y en la alegría, para bendición de todas las criaturas, como una jubilosa oración de agradecimiento por todas las gracias de su Creador, para la gloria de Dios, del Único, Todo-Poderoso!

AMÉM.

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