Resonancias del Mensaje del Grial 2

de Abdrushin


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Contenido


4. La palabra humana

¡A vosotros, seres humanos, ha sido regalada por el Criador, como una grande gracia para vuestra maduración en la materia gruesa la capacidad de formar palabras!

Vosotros nunca reconocisteis el verdadero valor de la elevada dádiva, porque no os esforzasteis para eso, y os utilizasteis de ella livianamente. Ahora tenéis que sufrir amargamente bajo todas las consecuencias de vuestro actuar errado.

Vosotros os halláis en este sufrimiento y todavía no conocéis las causas, cuya consecuencia resulta tal sufrimiento.

Con dádivas del Todo-Poderoso nadie debe juguetear, sin que ahí perjudique a si mismo, así lo que quiere la ley, que se encuentra actuando en la Creación, y que jamás se deja confundir.

Y si penséis que ese poder hablar, por lo tanto, vuestra capacidad de formar palabras, las cuales, por el lenguaje, anclan vuestra voluntad en la materia gruesa, constituye una dádiva especialmente grande de vuestro Criador, entonces sabréis también que, con eso, os transcurren obligaciones, y resulta en una gigantesca responsabilidad; ¡pues vosotros debéis actuar en la Creación con y a través del idioma!

Las palabras que formáis, las frases, moldan vuestro destino exterior por sobre esta Tierra. Son como sementeras en un jardín, que cultiváis en vuestro alrededor; pues cada palabra humana pertenece al más vivo, que vosotros podéis hacer en vuestro favor en esta Creación.

Esto yo os doy hoy, advirtiendo, para reflexionar: ¡reside predisposición desencadenadora en cada palabra, porque todas las palabras están fuertemente ancladas en las leyes primordiales de la Creación!

¡Cada palabra, que el ser humano formó, se originó bajo la presión de leyes más elevadas, tiene que, conforme su aplicación, actuar formando en una muy determinada manera!

La utilización está en la mano del ser humano según su libre voluntad, el efecto, sin embargo, él no consigue dominar, éste es conducido con rigurosa justicia en acuerdo a la sagrada ley por un poder hasta entonces por él todavía desconocido.

¡Por eso, ahora, en la prestación de cuentas final, un gran sufrimiento caerá sobre cada criatura humana, que haya abusado de los efectos misteriosos de la palabra!

¡Sin embargo, dónde está la criatura humana, que en eso todavía no haya pecado! Todo el genero humano terreno está profundamente cargado con esta culpa hace miles de años.

¡Cuántos males ya han sido lanzados sobre esta Tierra con la utilización errada de esa dádiva de poder hablar!

Todos los seres humanos sembraron veneno ante charladuría destruidora y liviana. La semilla brotó bien, alcanzó la plena floración y trae ahora los frutos, que vosotros debéis cosechar, queráis o no; ¡pues son todos consecuencias de vuestro actuar, que ahora os serán lanzados en el regazo!

Que ese veneno haya que producir los más repugnantes frutos, no le sorprenderá a nadie, quien conozca las leyes en la Creación, las cuales no se orientan según las opiniones humanas, pero si, prosiguen tranquilamente sus grandes trayectos, irresistiblemente, sin desvío, desde los primordios e inalterablemente también en toda la eternidad.

Mirad al vuestro alrededor, criaturas humanas, de modo claro e imparcial: ¡vosotros tenéis que reconocer, sin más, las espontáneas divinas leyes de la voluntad sacrosanta, que ya tenéis ante vosotros los frutos de vuestra sembradura! Para dónde miréis, allá está en el auge hoy el parloteo altisonante, comandando todo. Esa sementera había que alcanzar rápidamente tal floración, para ahora, madurando, mostrar su verdadero núcleo, con lo que entonces colapsará, por ser imprestable.

Había que madurar bajo la aumentada presión de la Luz, tiene que crecer con rapidez como en una estufa, para, perdiendo en su vacuidad todo el apoyo, cayendo, soterrar todo abajo de si, que, confiando livianamente o esperando egoístamente, imaginó estar abrigado bajo su protección.

¡El tiempo de la cosecha ya inició! Con eso, todas las consecuencias del hablar erróneo recaen ahora sobre cada uno, individualmente, así como sobre las multitudes, que fomentaron tal parloteo.

La maduración para la cosecha también lo trae consigo, naturalmente, y muestra la severa lógica de los efectos de las leyes divinas que los mayores charladores, ahora, en el fin, también hayan que obtener la más fuerte influencia y el mayor poder, como ápice y frutos de este constante empleo errado de la palabra, cuya misteriosa actuación la tonta humanidad no pudo conocer más, porque desde mucho se ha cerrado para el saber al respecto de eso.

Ella no dio oídos a la voz de Jesús, Hijo de Dios, que ya antaño, advirtiendo, dijo:

“¡Vuestra habla sea sí o no; pues lo que va más allá de eso es de lo mal!”

¡Reside en estas palabras más de lo que pensasteis; pues encierran ascensión o decadencia para la humanidad!

Con vuestra inclinación para el hablar demasiado e inútil, elegisteis la decadencia, que ya os alcanzó. Ella os muestra, antes del zozobro general en el Juicio, por fin también todavía muy nítidamente, para facilitar el reconocimiento salvador, todos los frutos, que vosotros mismos forzasteis para vosotros con el empleo erróneo de la palabra.

El poder, actuando recíprocamente, yergue ahora los maestros de vuestros propios pecados al ápice, de modo que sois amenazados de que seáis aplastados por eso, para que, en el reconocimiento, de eso os libertéis o en eso perezcáis.

¡Eso es justicia y al mismo tiempo auxilio, como sólo la voluntad de Dios en su perfección os puede ofrecer!

¡Mirad vuestro alrededor! Tenéis que reconocerlo, si solamente lo queráis. ¡Y aquellos, quienes todavía hesitan en eso, el velo, que ellos propios mantienen ante los ojos, les será además quitado a fuerza por los frutos de su querer, ante sufrimientos todavía mayores de lo que hasta ahora, para que esta Tierra sea purificada del peso de vuestra gran culpa!

La humanidad entera actuó en ese sentido, no algunos aisladamente. Son las flores de todo el actuar errado de los siglos pasados, que hoy, para el Juicio, tuvieron que madurar ahora en estos últimos frutos, a fin de perecer con esa maduración.

El hablar liviano, insensato, irreflexionado, sin embargo, siempre falso, que vibra contra las leyes primordiales de la Creación, tuvo que aumentar hasta la enfermedad generalizada, la cual hoy presenta, y, en temblores febriles como en la tempestad, tiene ahora también que dejar caer los frutos... ellos caerán en el regazo de la humanidad.

Ningún pueblo debe ser lastimado por eso, que ahora tiene que gemir y sufrir; pues son frutos de la propia voluntad, que tienen que ser saboreados, aunque sean podridos y tengan sabor amargo y traigan ruina para muchos, porque de una mies venenosa también puede ser cosechado veneno.

Ya dije en mi Mensaje: ¡Si sembréis cardos, no puede, de eso, surgir trigo!

De la misma forma, nunca podrá resultar cualquier edificación de discursos agitadores, burlas y perjuicios a vuestros prójimos; ¡pues cada manera y especie sólo puede generar la misma cosa, también sólo puede atraer la especie igual! ¡Esta ley de la Creación vosotros no debéis olvidar nunca! ¡Ella se procesa espontáneamente y toda la voluntad humana jamás podrá hacer algo contra eso! ¿Jamás, vosotros lo escuchasteis bien? ¡Grabad eso en vosotros, para que siempre pongáis atención a eso en vuestro pensar, hablar, actuar; pues de eso brota todo y resulta vuestro destino! ¡Por lo tanto, jamás esperéis otra cosa como fruto, sino siempre solamente la misma especie de la sementera!

¡Por fin, eso no es tan difícil y, sin embargo, precisamente en eso erráis siempre de nuevo! La injuria sólo puede traer nuevamente injuria, el odio sólo el odio, el asesino sólo el asesino. Nobleza, sin embargo, paz, luz y alegría sólo pueden, a su vez, originarse desde la noble manera de pensar, nunca de otro modo.

No reside liberación y salvación en el griterío de personas individuales o de multitudes. Un pueblo, que se deja levar por parlanchines, tiene que, infaliblemente, resultar cayendo con razón en una mala fama, en sufrimiento y muerte, en desgracia y en miseria; será lanzado violentamente a la mugre.

Y si el fruto y la cosecha, hasta ahora, muchas veces todavía no se mostraba durante una sólo existencia terrena, pero, si, solamente en posteriores, entonces ahora es distingo; ¡pues el cumplimiento de la sagrada voluntad de Dios fuerza el inmediato rescate de todos los acontecimientos en la Tierra y, con eso, también el cierre de todos los destinos de los seres humanos y de los pueblos! ¡Prestación final de cuentas!

¡Vigilad, por eso, vuestra palabra! Con diligencia poned atención al vuestro hablar; pues también la palabra humana es acción, que, sin embargo, solamente puede criar formas en el plan de la fina materia gruesa, las cuales, efectuándose, penetran en todo lo que es terreno.

Sin embargo, no imagináis que promesas se cumplan y que se tornen acción según el contenido de las palabras, cuando aquél, quien las pronuncia, no lleva en su alma las más puras intenciones, pero, sí, las palabras forman aquello, que vibra simultáneamente con ellas, oriundo del intimo de quien las profiere. ¡Así, la misma palabra puede resultar dos tipos diversos de efectos, y pobre allá, donde ella no vibró verdaderamente en plena pureza!

Retiro el velo de vuestra ignorancia de hasta ahora, para que ahora podáis vivenciar concientemente las consecuencias malas y de ellas extraer provecho para el futuro.

Como auxilio, os doy, por eso, además como nueva ley:

¡Poned atención a vuestra palabra! ¡Vuestra habla sea simple y verdadera! Ella contiene en si, por la sagrada voluntad de dios, una capacidad de formar, construyendo o también destruyendo, según la especie de las palabras y de aquél quien las pronuncia.

No desperdiciéis esas elevadas dádivas, que Dios tan lleno de gracia os concedió, pero, sí, buscad reconocerlas bien en todo su valor. ¡La fuerza de la habla se ha tornado, hasta ahora, maldición para vosotros a través de tales personas, quienes, como servidoras de Lucifer, abusaron de ella en la mala consecuencia del intelecto torcido y unilateralmente cultivado!

Os acautelad, por lo tanto, de personas, que hablan mucho; pues la descomposición las acompaña. ¡Vosotros, sin embargo, os debéis tornar constructores en esta Creación, no parlanchines!

¡Poned atención a vuestra palabra! No habléis, solamente por hablar. ¡Y hablad solamente, cuando, donde y como sea necesario! Debe haber en la palabra humana un reflejo del Verbo de Dios, que es vida y que permanecerá eternamente vida.

¡Vosotros sabéis, la Creación toda vibra en el Verbo del Señor! ¡Eso no os da lo qué pensar! La Creación vibra en él, como también vosotros propios, que sois parte de la Creación; pues ella se originó de él y es sostenida a través de ese Verbo.

Fue claramente revelado a los seres humanos:

“¡En el principio era el Verbo! ¡Y el Verbo estaba junto a Dios! ¡Y Dios era el Verbo!”

En eso reposa para vosotros todo el saber, si vosotros por lo menos lo agotaseis. Pero, al leer, pasáis por encima y no ponéis atención a él. Él os dice nítidamente: ¡El Verbo vino de Dios! Fue, y es una parte de Él. ¡Y este Verbo de Dios, la Palabra Viva de la Creación de Dios-Padre, él es Imanuel!

¡Él no se llama así, pero él es! En él vibra todo lo que tiene permisión de vivir, de él se ha originado también toda la Creación; pues él es también simultáneamente:

¡Hágase la Luz!

¡Un pequeño reflejo del poder del Verbo vivo de Dios, que todo contiene en si, todo alcanza, lo que está fuera del propio Dios, un pequeño reflejo de eso reside también en la palabra humana!

¡En verdad, la palabra humana consigue emitir su efecto solamente hasta las camadas de la materia gruesa fina, pero esto basta para formar aquí en la Tierra, en la acción retroactiva, destinos de criaturas humanas y también de pueblos!

¡Reflexionad en eso! ¡Quién mucho habla se encuentra solamente en el suelo del intelecto torcido unilateralmente cultivado! Eso anda siempre de manos dadas. ¡En eso lo reconoceréis! Y se trata de palabras de los valles terrenos, que nunca son capaces de construir. Sin embargo, la palabra debe edificar según la ley divina. Dónde ella no obedezca a este mandamiento, allá sólo podrá producir lo contrario.

¡Por lo tanto, poned atención siempre a vuestra palabra! ¡Y sostened vuestra palabra! Para eso, el camino cierto además os deberá ser enseñado en la construcción del Reino de Dios aquí en la Tierra.

Debéis, primeramente, aprender a reconocer la fuerza de las palabras que hasta ahora sólo habéis devaluado de modo liviano y desatinado.

Pensad solamente una vez en la más sagrada palabra, que os es dada, en la palabra: ¡DIOS!

Habláis muy frecuentemente en Dios, incluso demasiado, para que en eso todavía pudiese sonar aquella veneración, que deja reconocer que también intuís lo cierto en eso: la veneración, que sólo os permite susurrar la sublime palabra en dedicada devoción, para protegerla cuidadosamente de cualquier especie de profanación.

¡Pero qué hicisteis vosotros, criaturas humanas, del más sagrado de todos los conceptos en la palabra! En lugar de preparar vuestro espíritu para esa más sublime expresión con humildad y alegría, para que él gratamente se abriese a una indecible fuerza de irradiación de la inenteal sublimidad luminosa del verdadero existir, que os permite respirar, bien como a todas las criaturas, osasteis arrastrarlo hacia los valles de vuestro más mesquino pensar, utilizarlo irresponsablemente como una palabra cotidiana, la cual, en vuestros oídos, sólo tuvo que formar con eso un sonido vacío, y, por eso, no logra encontrar entrada en vuestro espíritu.

Es, luego, evidente que esa más sublime de todas las palabras se efectúe de modo diferente de lo que en aquellos, quienes la susurran con legitima veneración y reconocimiento.

Poned atención, por lo tanto, a todas las palabras; pues contienen para vosotros alegría o sufrimiento, construyen o destruyen, llevan clareza, pero también pueden confundir, dependiendo de la manera como son proferidas y empleadas.

¡Os quiero proporcionar en la construcción más tarde también reconocimiento a tal respecto, para que podáis agradecer ante cada palabra, que el Criador ahora todavía os permite proferir! Luego, también deberéis ser terrenalmente felices, la paz reinará aquí en esta Tierra, hasta ahora inquieta.

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