Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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59. Pascua 1934

Así, como en la primavera muchas veces soplan las tempestades, anunciando un nuevo renacer de la naturaleza, así la Pascua de este año os debe ahora anunciar el vuestro renacer y lo de la humanidad del sueño espiritual, que duró muchos milenios. Debe anunciar el renacimiento del vuestro espíritu, que hasta ahora estaba esclavizado por el intelecto preso a la Tierra.

Con tempestades y en sufrimientos nacerá la nueva era, una inmensa fiebre universal provoca la purificación y agita, sacude también el cuerpo enfermo de esta Tierra, que él presume perecer, mientras, en la realidad, el acontecimiento conduce al saneamiento.

Lo viejo será arrancado, estrujado y expelido, porque ha sido errado y perturbador en la vibración de esta Creación, habrá que perecer, será chamuscado, quemado, y, desde las cenizas, florecerá, entonces, por la gracia de Dios algo nuevo, que se somete a las leyes, en ellas, creciendo, desabrocha para la plena belleza, y produce entonces frutos en abundancia, los cuales, en excelencia, ofrecen el máximo, de lo que el espíritu humano es capaz.

¡Antes, sin embargo, habrán que venir las pesadas tormentas, los temblores febriles depuradores habrán primero que penetrar en todo, para eliminar lo viejo, antes que lo nuevo pueda renacer, y vosotros, quienes os debéis tornar capaces de salir de eso, necesitáis de la gracia de Dios, para que os podéis re erguir, cuando luego, tras todas las tormentas, el nuevo sol os llame para la nueva vida!

Sentiréis algo maravilloso en vuestra alma. Cansados a punto de un perecer bien-aventurado y, a pesar de eso, vigorosamente fortalecidos con inenarrable fuerza. Tímidos, y al mismo tiempo valientes, tristes y, sin embargo, llenos de alegría. ¡Así como, tras las violentas tormentas, postreras gotas fulguran brillando cuales magníficos cristales por sobre las flores y las hierbas, de la misma forma lagrimas ardientes de las almas, que lloran en la amargura, de repente, cuales diamantes refulgentes, se tornarán el adorno de la más pura alegría y de la más profunda gratitud!

¡Jubilaréis llorando, y, temblando, os erguiréis en el fulgor resplandeciente del amor de vuestro Dios! Así os sentiréis tras el Juicio. —

¡Fidelidad inmutable, sin embargo, es para vosotros el camino hacia eso, sagrada fe la llave del portal para la nueva vida, y en el amor desprendido reside la fuerza, de que necesitáis!

Luego un día oiréis también aquellas campanas de Pascua, que anuncian paz a todos los seres humanos, los cuales, semejantes a convalecientes tras larga enfermedad, encontraron espiritualmente el camino hacia casa, hacia el Señor, cuya sagrada ira tuvieron que sentir, antes de reconocerLo, para que, llenos de gratitud y acogidos, finalmente percibiesen en eso Su gran amor.

Campanas de la Pascua irán un dia también anunciar alegría a un pueblo, que, en sus errados y presuntuosos caminos, forzó para si los peores dolores y sólo de esa manera aprendió a erguir su mirada, para finalmente alcanzar aquella madurez, que le permitirá tornarse convocado, para, iluminando, preceder toda la humanidad terrena en el servicio del Señor.

Y, por fin, serán también campanas de la Pascua, que harán anunciar la consumación en los países, de que las tinieblas se alejaron totalmente de la Tierra y que ella pueda bañarse en nueva Luz, que le será donada, hasta que pueda desprenderse, para desintegrarse al estado primitivo, de lo cual antaño se ha formado.

¡Ahora, sin embargo, esas campanas doblan para el Juicio! Cada ser humano tiene que pasar por la espada juzgadora, cuyo rayo lo alcanza. No simultáneamente, sino en un muy determinado momento, que para el numero de criaturas humanas es relativamente corto.

¡Y solamente una vez cada ser humano tiene para si la oportunidad de intuir la ultima gracia de Dios en la Palabra! Ella pasa por él de alguna manera, de tal modo, que él pueda reconocerla, apenas quiera. Si, luego, no se agarre a ella con toda fuerza y aproveche ese instante, ella jamás volverá para él y él deberá perderse.

Es solamente una pequeña parte de esos seres humanos, los cuales todavía reconocerán la gracia y también la aprovecharán para si. Los demás perderán su tiempo, la oportunidad que sólo una vez se acerca. Juzgan que, como hasta ahora, seguirán capaces de recurrir a ella a cualquier hora, si no sea posible de forma diferente. Se tornará, sin embargo, un terrible reconocer, cuando tengan que percibir que, con eso, todo ya se perdió para ellos, irremediablemente, y que sus nombres ya han sido borrados del Libro de la Vida, de la permisión de vivir en la Creación.

Para muchos ese reconocimiento no más alcanza aquí en la Tierra, pero, sí, solamente cuando hayan que dejar el cuerpo carnal. ¡Sin embargo, ellos antes ya fueron destinados a la muerte, a la eterna, de la cual no existe un despertar para ellos tras los inenarrables tormentos de la descomposición de la autoconciencia personal, que les fue permitida! —

Solamente una vez, seres humanos, pasa la gracia silenciosamente por vosotros, sin os llamar; pues sois vosotros que tenéis que buscarla, ansiosamente, la aguardando velando, abiertos al rayo, que viene de las alturas luminosas. ¡Solamente una vez cada cual entre vosotros, seres humanos, todavía será tocado por él durante el Juicio! No sobornando o seduciendo, sino objetivamente, indiferente a quien lo agarra o a quien lo deja pasar. ¡Es de la voluntad de Dios, que vosotros mismos os esforcéis para tanto!

Miedo, pavor ilimitado debería apoderarse de la humanidad, si ella solamente tuviese una noción de la magnificencia de Dios, Quién en omnipotencia inenteal, reina radiante en inalcanzables distancias. ¡Inalcanzable incluso a cada uno de los más puros arcángeles en el divino!

¡Y muchos espíritus humanos tienen la pretensión de que son ellos mismos, en parte, divinos de origen, o de que se tornan divinos en ultimo y supremo perfeccionamiento, aún más, de que constituyen entonces ellos mismos, tal vez, una parte de Dios!

¡Ellos, como las criaturas de una irradiación apenas, que solamente en sus postreras ramificaciones pueden alcanzar la conciencia, porque de otra forma son demasiado débiles para soportar la presión de la Luz ya muchas veces enfriada, ellos pretenden llevar en si centellas divinas y ni siquiera poseen una idea de la Creación de Dios, mucho menos aún de Dios!

Revuélvense solamente en configuraciones fantásticas, que tienen su punto de partida en el pantano sofocador de los propios deseos, los cuales adoran y veneran el querido “yo”. ¡Su humildad es una sórdida blasfemia de la santidad pura del Señor! Con su arrogante vanidad y disimulada hipocresía son las más repugnantes criaturas de esta Tierra.

Precisamente esas criaturas humanas osan despreciar la voluntad de Dios en la Creación e imponer la propia como única determinante para ellas y sirviendo como directriz para su pensar y su actuar.

El veneno penetró en todo, que existe en la Tierra. ¡Nada ocurre ahí en acuerdo a la verdadera voluntad de Dios, sino todo en acuerdo a la voluntad de los seres humanos, los cuales incluso moldaron la voluntad de Dios solamente en acuerdo a sus deseos y, luego, en atrevimiento, afirmaron que la voluntad de Dios sólo puede ser de esta y nunca de otra forma, porque ellos así lo piensan! ¡Su pensar, sin embargo, se orienta por sus deseos!

Ultraje pecaminoso, blasfemo por toda parte. Hasta dónde el ser humano llegó, él diseminó el veneno. Dondequiera que él actúe con su pensar, que como punto central, como núcleo de todo el ser y actuar, es capaz de ver siempre solamente el propio ser humano, allá él colocó su voluntad en contra la voluntad de Dios y torció todo con la porfía nociva.

Con repugnante evidencia se arroga, de modo porfiado, también el derecho a la determinación sobre mucha cosa, que ni siquiera le corresponde según las sagradas leyes de Dios, que están firmemente ancladas en la Creación y a las cuales debía haberse curvado, si él quiera tener paz.

¡Pero esto él no lo quiere! Dios le debe servir, solamente en el sentido de la palabra, ante terceros, como punto de apoyo de su presunción; ¡pues él se atreve, diariamente, muchas veces a toda hora, a designar los propios pensamientos y las palabras, como también las acciones, como deseados por Dios, invocando Dios como testigo para su derecho!

¡Derecho deberá recibir ahora cada uno, sagrado derecho, sin embargo, diferente de lo que piensa! ¡Y vosotros, quienes, creyentes, os curváis, vosotros debéis ser testigos de eso en la época venidera!

Es errado, sea lo que sea que el ser humano terreno haga, por haber él mismo se alejado de Dios. Desde la base, primeramente todo habrá que tornarse nuevo, antes que él pueda nuevamente encontrar gracia ante Dios.

¡Ya el concepto, que el ser humano formó de Dios, es errado! Porque incluso en eso se puede, sin más, reconocer fácilmente mucha cosa como producto de la presunción humana, tan enraizada ella está en el cerebro humano. Y sobre eso se basa la falsa construcción de todo el pensar y también del actuar. ¡El ser humano no más conoce su Dios, pero, sí, hizo de Él solamente un ídolo cómodo para si! Sobre tal base errada no se puede erguir una construcción sólida. Todo lo que se halla sobre ella tiene que colapsar.

Aunque con buena voluntad, el ser humano no más merece ser auxiliado. ¡Solamente el inconcebible amor de Dios es capaz de, aún así, enviar la oportunidad para un auxilio más!

Pero de esta vez será dada a los seres humanos solamente la oportunidad, nada más. Como se pasa a alguien, a punto de ahogarse, a quien solo puede ser lanzado un salvavidas, mientras otras posibilidades son impracticables.

¡Así se pasa con vosotros, oh seres humanos! ¡Vosotros tenéis que luchar desesperadamente por vosotros propios, vosotros tenéis que intentar agarrar ese salvavidas además en tiempo, al contrario, estaréis destinados a la muerte eterna, a la cual os entregasteis por vosotros mismos!

Este salvavidas os fue lanzado en la Palabra de Dios. ¡Solamente aquél quien, suplicando, se agarra en él, será salvo, y todo lo demás habrá que sucumbir!

¡Seres humanos, luchad por eso por vuestra existencia con vuestra mejor buena voluntad, al contrario a la brevedad las olas se abatirán sobre vosotros! —

Yo sé que grande parte de esos seres humanos irá y deberá perderse ahora, porque, al contrario, no podrá venir restablecimiento para el mundo.

Dios tolerará solamente además criaturas, que se someten a Su voluntad, solamente ante la cual pudieron surgir. Nada de diferente deberá además desfrutar de las bendiciones de las Creaciones. Deberá haber clareza por toda parte. Lo que perturba debe ser cortado y debe desintegrarse sin aprovisionamiento de fuerza; pues existe solamente una fuerza mantenedora, que procede de Dios. ¡Y ésta, en el futuro, no más será proporcionada a perturbadores tampoco a porfiados!

¡La sagrada espada de Dios vibra purificando en el rayo de la más elevada Luz ahora también por sobre esta Tierra, para que nada permanezca en ella, que no quiera reconocer la Verdad y orientarse con jubilo por ella!

¡Por la justicia de Dios será destruido todo, lo que la humanidad crió para si como caricaturas de justicias deformadas, imaginadas por el intelecto corrompido, que sirve solamente a la más baja codicia de poder! — —

“¡Basta! ¡Aquí y no más!” dice el Señor, y ¡Su ira sagrada destruye todo, lo que no sea digno de Sus bendiciones!

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