Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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54. Agradecimiento

“¡Gracias! ¡Mil veces gracias!” Estas son palabras, que cada ser humano seguramente ya pudo oír muchas veces. Ellas son pronunciadas con tan diversas entonaciones, que no pueden ser asociadas simplemente a una única determinada clase, como, en la verdad, el sentido de las palabras lo condiciona.

Precisamente aquí el sentido de las palabras solamente interesa en segundo o incluso en tercer lugar. Es mucho más el tono, el timbre, que presta valor a las palabras o que muestra su desvalor.

En muchos casos, incluso en su mayoría, son solamente una expresión de habito superficial en las formas triviales de la cortesía social. Es, por lo tanto, igual como si ni siquiera hubiesen sido pronunciadas, permanecen modos de hablar vacíos, que para todos, a quienes son dirigidas, más constituyen ofensas de lo que reconocimientos. Sólo algunas veces, pero eso muy raramente, se puede oír en ellas una vibración, que testifica una intuición del alma.

No hace falta una audición excepcional, para luego reconocer cuál la intención del ser humano, quien pronuncia estas palabras. Ni siquiera hay siempre algo de bueno en eso; pues las vibraciones de las almas son, en las mismas palabras, muy diversas.

En eso uno puede mostrar el descontentamiento o la decepción, sí, incluso envidia y odio, mentira y alguno malo querer. De todas las maneras, esas bonitas palabras de verdadero agradecimiento son frecuentemente utilizadas de modo abusivo, para encubrir con eso cuidadosamente otra cosa, aún cuando no sean totalmente vacías y son pronunciadas solamente aún para que sean dichas en acuerdo al uso y la costumbre, o por habito.

¡En general, es la expresión de las personas habituadas a recibir, quienes siempre tienen esas palabras en la boca y las mantienen siempre listas para todo, sin reflexión, semejante a la charladuría de las interminables series de muchas formulas de oraciones, que son encontradas frecuentemente, las cuales, sin embargo, en su recitar monótono, desproveído de intuición, son solamente una afrenta a la santidad y grandiosidad de Dios!

¡Iguales a flores maravillosas en suelo árido, sin embargo, lucen en la Creación de manera notable aquellos casos, donde las palabras son usadas efectivamente según aquél sentido, que buscan exprimir, por lo tanto, donde el alma vibra en el tenor de la palabra, donde las palabras formadas permanecen realmente la expresión de puras vibraciones del alma, como siempre debe ser, cuando un ser humano forma palabras!

Si una vez reflexionéis bien, todo cuanto es hablado sin intuición o debe permanecer mero charlar vacío, con lo que el ser humano desperdicia el tiempo, que debía valorizar de manera diferente, o sólo puede contener falso querer, cuando las palabras simulan algo a sus semejantes, que la persona, que habla, no siente. Cosa sana, constructiva, nunca puede surgir desde ahí. Eso impiden las leyes de la Creación.

No es diferente, aunque sea muy triste y muestre nítidamente todo el lodazal, que los seres humanos con su múltipla habladuría amontonan en la región de la fina materia gruesa, que actúa retroactivamente por sobre la existencia terrena, y que cada alma humana tiene que atravesar primero, antes que pueda ingresar en las regiones más ligeras.

Nunca olvidaos de que cada una de vuestras palabras hace surgir una forma, que muestra claramente la contradicción de vuestro intuir con las palabras, no importando si vosotros lo queráis o no. Nada podéis cambiar en eso. Reflexionad sobre eso en todo cuanto habláis. Aunque, para vuestra felicidad, sean solamente configuraciones más ligeras, que pronto evaporan, aún así siempre existe para vosotros el peligro de que las configuraciones reciban repentinamente afluencias de un lado completamente extraño, que las fortalece y comprime bajo la misma especie, y las deja alcanzar así a un actuar, que tiene que convertirse maldición para vosotros.

Por ese motivo, buscad alcanzar además al punto, de hablar solamente aquello, en que vibra vuestra alma.

Juzgáis que eso ni siquiera sería posible en la Tierra, porque al contrario, en relación al actual habito, podríais tener muy poco a os decir y la vida, por eso, amenazaría convertirse monótona y tediosa, principalmente en las horas de convivo social. Hay probablemente muchas personas, que piensan así y que de eso sienten miedo.

Sin embargo, cuando el ser humano haya alcanzado tal punto con su pensar, verá también cuanto de su tiempo terreno de hasta entonces tuvo que quedar completamente sin contenido, sin valor y, con eso, sin finalidad. Luego no más lamentará la perdida de tal falta de contenido de muchas horas y, muy al contrario, temerá a eso en el futuro.

El ser humano, que necesita buscar llenar su tiempo con palabras huecas, solamente para relacionarse socialmente con sus prójimos, es, él mismo, tan vacío cuanto su ambiente. Pero eso él no admitirá a si mismo. Se consolará con el hecho, que no puede hablar siempre solamente cosas serias, que con eso se convertirá tedioso a los demás, en suma, que sólo es culpa de los demás, si no habla de aquello, que tal vez todavía lo sensibilice.

Pero con eso se ilude a si mismo. Pues si sus prójimos son, de hecho, como él juzga, luego eso es una prueba de que él propio tampoco tiene algo diferente a ofrecer, visto que solamente la especie igual, en la atracción, forma su ambiente, con lo cual él se relaciona. O su ambiente lo atrajo debido a la especie igual. Las dos hipótesis vienen a dar en lo mismo. El dicho popular ya está cierto en eso, cuando afirma: “¡Dime, con quién andas, y te diré quién eres!”

Seres humanos vacíos, que no anhelan lograr verdadero contenido para sus vidas, huirán de aquellas personas, quienes llevan en sí valores espirituales.

Valores espirituales nadie puede esconder; pues el espíritu impele naturalmente hacia la actividad en la ley de la Creación del movimiento, en la condición que no esté enterrado en el ser humano, pero, sí, realmente todavía vivo. Busca externarse, de manera irresistible, y una tal persona encontrará también otras, a las cuales ella, en la compensación por medio de su actividad espiritual, pueda dar alguna cosa, con el objetivo de que también ella pueda, a su vez, recibir de ellas, sea solamente a través de un nuevo estimulo o a través de preguntas serias.

¡Es enteramente imposible que, en eso, el tedio además pueda encontrar un lugar! ¡Al contrario, los días son, luego, demasiado cortos, el tiempo pasa aún más deprisa, y no es suficiente para llenarlo con todo aquello, que un espíritu tiene para dar, cuando realmente se mueve!

¡Id hasta vuestros semejantes, escuchad allá lo que, entre las muchas palabras que hablan, tiene contenido digno de ser citado, reconoceréis rápidamente y sin esfuerzo cómo está muerta espiritualmente la humanidad de hoy, la humanidad, que, sin embargo, debería actuar espiritualmente, es decir, de manera substanciosa, constructiva en cada palabra que profiere, porque ella es del espíritu! Vosotros propios robasteis de vuestras palabras toda la sublime fuerza, que ellas debían contener en la ley de la Creación, debido a vuestra aplicación errada de la ultima expresión de vuestro pensar. La habla debe ser para todos los seres humanos poder y espada, para favorecer y proteger la armonía, pero no para diseminar sufrimiento y discordia.

Quién habla impelido por el espíritu, ése no puede formar muchas palabras, en él, sin embargo, también cada palabra se convertirá acción, porque él vibra en su palabra, y ese vibrar lleva realización en la ley de la reciprocidad, que se cumple en la ley de atracción de las especies iguales.

Por eso, el ser humano también nunca debe pronunciar de modo superficial palabras de agradecimiento; ¡pues no constituyen un agradecimiento, si no posean contenido anímico!

No suena, pues, como un cántico jubiloso, cuando desde la boca de una persona, en dichosa intuición, se forman las sencillas palabras: ¡Gracias! ¡Mil veces gracias!

Y es más, en la realidad mucho más; ¡pues tal agradecimiento del alma conmovida es simultáneamente una oración! ¡Un agradecimiento a Dios!

En todos esos casos, las intuiciones de las palabras se elevan imprescindiblemente hacia el alto y, como efecto reciproco, baja entonces la bendición sobre este ser humano o aquellos, quienes provocaron tales intuiciones, por lo tanto, para aquél sitio, al cual son destinadas las palabras de verdadero agradecimiento, hacia el cual fueron dirigidas.

En eso reposa la justa compensación, que se cumple con la bendición, la cual también se forma y tiene que convertirse terrenalmente visible.

Pero... la bendición no logra florecer en toda parte de manera visible; pues el proceso condiciona una cosa: ¡sea lo que sea que haya hecho aquél, a quién son dedicadas las palabras de tal verdadero agradecimiento, él lo debe haber hecho con amor y con la intención de proporcionar alegría al otro! Haya sido un regalo o cualquier acción, o también solamente un consejo realmente bien intencionado a través de una buena palabra.

¡Si esa condición previa no es asegurada por el donador, luego la bendición de la reciprocidad que baja debido al agradecimiento, que se había elevado, no encuentra ningún suelo, en que se pueda anclar, y de esa forma, en todos esos casos, la justa bendición, pese a todo, habrá que faltar, porque aquél que debería recibirla no está apto para la recepción o para el acogimiento!

Se encuentra ahí una justicia, que el ser humano terreno no conoce, que solamente en las leyes de la Creación, actuantes dese modo vivo y espontáneo llevan en sí, las cuales son intorcibles e ininfluenciables.

Así, por ejemplo, una persona, que hace algo con premeditación, con el objetivo de obtener gloria o entonces una buena reputación, jamás podría recibir la verdadera bendición de sus buenas acciones, por no llevar en sí el suelo para la recepción de la misma, condicionado por la ley. Puede, en lo máximo, recibir una ventaja terrena efímera, muerta y por eso solamente pasajera, pero nunca una verdadera recompensa de Dios, que sólo puede recibir aquella persona, quien vive y actúa según el sentido de la voluntad divina en la Creación.

¡Aunque un ser humano donase millones para los pobres o si, según también sucede con frecuencia, los ofreciese para las ciencias, y él, en eso, no tenga el verdadero amor como muelle propulsora, el deseo del alma en auxiliar, luego, tampoco le vendrá ninguna recompensa de Dios, porque no le puede ser dada, una vez que tal ser humano no es capaz de recibirla, de acogerla!

La bendición ya se halla sobre él, enteramente en acuerdo a la ley, como consecuencia de legítimos agradecimientos provenidos desde círculos de beneficiados, ha bajado por sobre él, sin embargo, un tal ser humano, por su propia culpa, no es capaz de participar de ella, porque no ofrece en sí el suelo para la recepción.

En un agradecimiento legitimo, el rescate llega en todos los casos. El grado del efecto, sin embargo, se orienta, por su vez, en la ley, en acuerdo a la especie de la disposición del alma de aquél, para quién la bendición vino en la reciprocidad.

Aquél que debería recibir es, por lo tanto, él mismo culpado, si tal bendición no se pueda formar para él, porque no posee en sí también la capacidad de poder recibirla, según las reglas de la ley primordial de la Creación, porque le hace falta el verdadero calor anímico para tanto.

El abuso de bellas palabras de agradecimiento, sin embargo, no es cometido solamente por uno de los lados, no solamente por los que reciben, sino también por los donadores el concepto de agradecimiento es desviado y deformado por completo.

No son pocos entre los seres humanos, que aparentemente hacen mucha cosa buena y prestan ayuda, solamente para coger para si el agradecimiento.

En ellos hay calculo frío al donar. Actúa solamente la sagacidad del intelecto. ¡Entre ellos también hay algunos, que en dado momento ofrecen auxilio tal vez por sentimiento, más tarde, sin embargo, buscan recordar constantemente esa acción al destinatario de antaño y esperan de él agradecimiento por toda la vida!

Criaturas humanas de tal especie son además peores de lo que los más perniciosos usuarios. No tienen recelo de esperar esclavización vital de aquellos, quienes alguna vez recibieron una ayuda de ellos.

Con eso no solamente destruyen el valor de la ayuda de antaño ante sí y para sí mismos, pero, sí, se engrillan y se sobrecargan con inmensa culpa. Son criaturas despreciables, indignas de respirar siquiera una hora en la Creación, de usufructuar sus gracias, que el Criador les concede de nuevo con cada momento. Son los más infieles de los siervos, que tienen que ser rechazados por culpa propia.

Precisamente éstos, sin embargo, terrenalmente exigen moral y son también apoyados por moralistas de esta Tierra, que siempre buscan fomentar con palabras altisonantes las mismas opiniones erradas sobre el deber de la gratitud y con él cultivan algo, que según las leyes primordiales de la Creación pertenece a la mayor inmoralidad, y que también en la Tierra, a partir de ese momento, debe ser eliminado como tal.

Luego la autentica disposición de auxiliar se habrá instalado en las almas para las reales aflicciones del alma y también terrenas. De la misma forma, también la verdadera intuición de gratitud se encontrará en las palabras de agradecimiento y, con eso, ofrecerá el equilibrio para la armonía en la Creación, deseada por Dios, en la cual debe quedar excluida cualquier unilateralidad, como siendo estorbadora y desorientadora, por lo tanto, perjudicialmente inhibidora.

¡Muchos alaban ahora la gratitud como una virtud, otros, como un deber de honor! Unilateralmente y en la incomprensión son manifestadas y lascivamente diseminadas opiniones, las cuales ya han sido capaces de traer pesados sufrimientos a muchos seres humanos.

Por eso, el ser humano se debe concientizar ahora de lo qué es realmente la gratitud, lo que ella provoca y cómo actúa.

Luego muchas cosas se irán cambiar en eso, y caerán todas las cadenas esclavizantes, que surgieron por opiniones erradas sobre la gratitud. La humanidad finalmente será liberada de eso. ¡No imagináis cuánto dolor, debido a esa mutilación y a los conceptos errados de pura gratitud, que a ella han sido impuestos, se extendió por sobre esta humanidad terrena, cual una mortaja para la dignidad humana y para noble, jubilosa voluntad de ayudar! Incontables familias están particularmente contaminadas con eso y suministran victimas acusadores, desde milenios.

¡Alejad para lejos esa falsa ilusión, que busca arrastrar cada noble acción, que es natural a la dignidad humana, profundamente hacia la mugre, de manera conciente, voluntaria!

¡La gratitud no es una virtud! No debe y no quiere ser contada entre las virtudes. Pues toda virtud es de Dios, y por eso ilimitada.

¡Tampoco la verdadera gratitud debe ser clasificada como un deber! ¡Pues luego no logra desenvolver en si aquella vida, aquel calor de que necesita para recibir, en el efecto reciproco, la bendición de Dios advenida desde la Creación!

¡La gratitud está estrechamente ligada a la alegría! Ella propia es una expresión de la más pura alegría. ¡Donde, por lo tanto, no hay tampoco alegría como base, donde el impulso alegre no es la causa para el agradecimiento, allá la expresión gratitud es falsamente empleada, allá se abusa de ella!

En tales casos ella también nunca será capaz de desencadenar aquellas palancas, que desencadenan la verdadera gratitud de manera espontánea según las leyes de esta Creación, en acuerdo a la voluntad de Dios. La bendición, luego, dejará de venir. En su lugar tiene que ocurrir confusión.

Tal abuso, sin embargo, es encontrado en casi toda parte, donde los seres humanos hoy hablan de gratitud, de agradecimiento.

El agradecimiento realmente intuido es un valor de compensación deseado por Dios, que proporciona a aquél, a quien cabe el agradecimiento, lo equivalente en la ley de la compensación necesaria en esta Creación, que sólo puede ser mantenida y beneficiada por la ley armoniosa, que se encuentra en el cumplimiento de todas las leyes primordiales de la Creación.

Vosotros, seres humanos, sin embargo, causáis enmarañamiento en todos los hilos de las leyes en andamiento. Debido a vuestras utilizaciones erróneas, interpretaciones falsas. Por eso también os dificultáis a alcanzar la verdadera felicidad, la paz. Con vuestras palabras sois hipócritas en la mayoría de los casos. ¿Cómo podéis esperar que a partir de eso florezcan la verdad y la felicidad para vosotros? Pues vosotros debéis cosechar siempre aquello, que sembráis.

¡Incluso todo aquello, que sembráis con vuestras palabras y por vuestra manera de ser, de la forma como empleáis las palabras! Cómo vosotros propios os colocáis en relación a esas vuestras palabras.

¡Nada diferente puede surgir de ahí para vosotros, de eso os debéis acordar siempre en todo cuando habláis!

¡Pensad sobre eso una vez más en cada noche, buscad reconocer el contenido de las palabras que cambiasteis en el curso de un día en vuestras relaciones con vuestros semejantes, quedareis espantados ante el vacío! ¡Ya de la falta de contenido de muchas horas de un único dia solamente! Haced este intento, sin atenuantes para vosotros. ¡Con horror tendréis que ver lo que de eso tiene que formarse también para vosotros en la oficina de la Creación, muy conocida de vosotros a través de mi Mensaje, con los efectos naturales de todo aquello, que emana desde vosotros en el intuir, pensar, hablar y en el actuar!

Examinaos con seriedad y sincero reconocimiento. A partir de esa hora hacia delante os iréis modificar en muchas cosas.

No debéis, por eso, quedarse callados en la vida terrena, para seguir el camino cierto. Pero debéis evitar las superficialidades en el hablar, así como la falta de sinceridad, que se esconde tras de la mayor parte de todas las conversas de esos seres humanos terrenos.

¡Pues así como hacéis con las expresiones de agradecimiento, así actuáis también con todas las vuestras conversas, y, sin embargo, mucho alabáis en vosotros propios aquellos momentos, como serios y sublimes, significantes, en que vosotros dais, con vuestras palabras, simultáneamente también vuestra intuición!

¡Sin embargo, eso sólo ocurre raramente, pero debería ocurrir siempre! Tantos seres humanos se consideran muy sagaces y sabios, incluso espiritualmente muy desenvueltos, cuando saben esconder su intuición y su verdadero querer tras sus palabras, jamás dejando que sus semejantes, a pesar de animadas charlas, les vean el verdadero rostro.

Esa manera es nombrada de diplomática, como expresión tranquilizadora para la mistura especial de habilidad en el logro, en la hipocresía y en la falsedad, en la codicia siempre acechando, para, triunfando, obtener ventajas para sí bajo el costo de las debilidades descubiertas de otros.

En la ley de la Creación, sin embargo, no hay ninguna diferencia, si un ser humano emprende todo eso para si personalmente o solamente en beneficio de un Estado. En tales casos, actuar es actuar, que tiene que desencadenar todos los efectos de esas leyes.

Quien conoce las leyes y sus efectos no necesita ser profeta para reconocer de modo consecuente el fin de todo aquello, que el destino de los pueblos aislados y de la humanidad terrena contiene en sí; ¡pues la humanidad entera no es capaz de dislocar o desviar algo en eso!

Ella solamente podría, a través de oportuno cambio de actuación en el reconocimiento y cumplimiento sincero de las leyes, haber intentado todavía amenizar mucha cosa, con el objetivo de, con eso, aliviar muchas aflicciones para si. ¡Pero para eso ahora es demasiado tarde! Pues todos los efectos de su actuación de hasta ahora ya están en movimiento.

Todas las dificultades en eso, sin embargo, sirven en verdad solamente para bendición. ¡Es una gracia! Lleva purificación allá, donde se encuentra el falso, que condiciona ahora el colapso como ultima consecuencia, sea en el Estado o en la familia, en el propio pueblo o en el relacionamiento con otros, nos encontramos en el grande ajuste final de cuentas, que rige por sobre el poder de medios autoritarios humanos. Nada se puede excluir o se esconder de eso.

Hablan solamente todavía las leyes de Dios, que se efectúan naturalmente con precisión e imperturbabilidad sobre humana en todo cuanto hasta ahora ocurrió; pues penetró en ellas una nueva fuerza venida de la voluntad de Dios, que ahora hace con que ellas se cierren como murallas férreas alrededor de los seres humanos, protegiendo o también aniquilando, conforme la manera como los propios seres humanos se posicionen en relación a ellas.

Ellas permanecerán existiendo, incluso en el futuro, todavía por mucho tiempo, como muros alrededor de todo con la misma fuerza, con el objetivo de que no pueda ocurrir nuevamente tal confusión, como ocurrió hasta ahora. A la brevedad los seres humanos serán forzados por medio de eso a moverse solamente en las formas deseadas por Dios, para su propio bien, para su salvación, mientras ella todavía sea posible, hasta que entonces por si mismos recurran otra vez concientemente los caminos ciertos, que son en acuerdo a la voluntad de Dios.

¡Mirad, por lo tanto, alrededor de vosotros, seres humanos, aprended a vibrar en vuestras palabras, para que nada perdéis!

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