Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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52. Poseído

Prontamente listos están los seres humanos en el pronunciar de una opinión sobre cosas, que no entienden. Este pronunciar, en si, todavía no seria tan malo, si no encontrase tan frecuentemente propagación, para luego súbitamente ser considerado un concepto firme, lo cual es acepto por muchos círculos espiritualmente indolentes como siendo un determinado saber.

Luego, simplemente está ahí, y se mantiene firme con una sorprendente tenacidad, aunque nadie sepa decir cómo surgió.

Cuántas veces declaraciones livianas provocan además grande daño. Pero eso no molesta a los seres humanos, ellos siguen a charlar, porque así les gusta. Charlan sin cesar, por obstinación, por terquedad, liviandad, por descuido, para pasar el tiempo, no raro también por la manía de que sean oídos, o a propósito por malquerer. Siempre puede ser encontrado en eso un motivo malicioso. Uno encuentra solamente pocos seres humanos, quienes se entregan a la asoladora mala costumbre realmente solamente por el placer de charlar.

Incluso esa enfermedad contagiosa de hablar surgió solamente como consecuencia del dominio del intelecto destructivo. ¡Hablar en demasía, sin embargo, suprime la pura facultad de poder intuir, que requiere mayor profundización en sí propio!

No es sin fundamento que un parlanchín desfruta de ninguna confianza, aun cuando es inofensivo, pero solamente aquél, que sabe quedarse callado. Hay tanta cosa en el instintivo temor ante parlanchines, que cada ser humano debía volverse atento, para desde ahí sacar enseñanzas para las propias relaciones con sus prójimos.

Parlanchines en el más verdadero sentido, sin embargo, son, sobretodo, aquellos, quienes tan rápidamente tienen palabras a mano, donde se trata de cosas que no entienden.

Éstos, en su liviandad, son elementos nocivos, quienes causan muchísimo infortunio e indecible sufrimiento.

Tomemos una vez solamente un caso cualquiera. Se le en los periódicos muchas veces relatos sobre las así nombradas apariciones de fantasmas, que surgen de repente en casas donde anteriormente jamás había sucedido algo parecido. Objetos son allí cambiados de lugar o levantados, ollas son arrojadas, y cosas semejantes.

Desde diversas regiones y países provienen tales noticias. En todos los casos, el acontecimiento siempre se reúne alrededor de una muy determinada persona.

Dónde ésta se encuentre, se muestran tales fenómenos.

Inmediatamente aquí y allí es emitida la opinión de que una tal persona debe estar “poseída”. Cualquier otra hipótesi tampoco entra en cogitación, sino simplemente se habla de modo irreflexionado e inescrupuloso de posesión.

Autoridades e iglesias en los diversos países han sido muchas veces consultadas y, cuando se llegaba a la constatación, de que no había fraude de ninguno de los lados, luego se realizaban aquí y allí también exorcismos eclesiásticos. Pero éstos no pueden ayudar mucho, porque se hallan ajenos ante los hechos.

Antiguamente una tal persona, en la mayor parte se trata de niños o chicas jóvenes, habría sido sometida simplemente a un verdadero interrogatorio de brujas extremadamente penoso, hasta que la criatura atormentada declarase todo así, como los jueces y los siervos de la Iglesia lo querían. A continuación, como un espectáculo repugnante, era hecha además la última cosa, para, a través de la muerte en la hoguera de tal supliciada, librar de ella la humanidad devota.

En la realidad todo eso acontecía solamente para entregarse a una pecaminosa manía por poder terreno y para obtener fuerte influencia por sobre los seres humanos terrenos, antaño tan puerilmente crédulos, la cual, así, aumentaba cada vez más. ¡El motivo no estaba en la convicción sincera de, con eso servir a Dios! Ese procedimiento blasfemo contra Dios también sólo hizo surgir miedo en los seres humanos, que suprimió toda la confianza en Dios, y dio plena libertad al vicio de la más baja difamación.

El final sombrío podía, en cada caso, ser previsto seguramente siempre ya en el principio, y podían haber asesinado inmediatamente también sin más ni menos todos los que habían sido livianamente acusados. De esa forma, la culpa de los asesinos además hubiera sido menor de lo que la culpa de los monstruos de aquel tiempo, en vestimentas de siervos de Dios y en togas de jueces.

¡No quiero hacer comparaciones de los tiempos antiguos con los tiempos de hoy, tampoco quiero construir puentes ante explicaciones especiales, pero espiritualmente el acontecimiento causado por charlas irreflexionadas es todavía exactamente el mismo! Sólo es atenuado ahora de modo grueso-material terreno debido a las leyes más modernas. Los seres humanos ignorantes, además de eso, piensan en esa dirección erradamente como antes, y también actuarían en acuerdo, si las leyes no los impidiesen.

En las tribus negras inferiores, tales personas todavía son perseguidas de modo supersticioso, muertas o incluso... veneradas. Los dos contrastes ya siempre se encuentran muy cercanos uno del otro en los procedimientos humanos.

Y en las tribus inferiores e ignorantes, sus hechiceros vienen para expulsar tales espíritus malignos de la cabaña, al torturar el “poseído” a su modo.

Encontramos semejanzas en las cosas por toda la Tierra, entre todos los pueblos. Hechos, que menciono solamente para un mejor poder comprender.

¡Las personas, sin embargo, que de esa manera son consideradas “poseídas”, son en todos esos casos completamente inocentes! No hay ninguna señal de posesión y menos aún de los demonios, que ahí se busca exorcizar. Todo eso es solamente charla pueril, superstición medieval, residuo del tiempo de las brujas. En la realidad, solamente aquellos se cargan de culpa, quienes, por ignorancia, debido a falsos conceptos y juicios livianos, quieren ayudar.

Poseídos son encontrados en los manicomios, más, de lo que los seres humanos suponen. ¡Y éstos son curables! Ellos también serán curados en el Reino de los Mil Años.

Hoy, sin embargo, esas personas dignas de lastima son consideradas simplemente como locas, y no se hace distinción alguna entre los realmente enfermos y los poseídos, porque todavía nada se entiende al respecto.

La incomprensión en eso resulta solamente desde el desconocimiento de la Creación. Hace falta el saber de la Creación, que puede dar la base para el reconocimiento de todos los fenómenos y de las modificaciones, que ocurren dentro y al rededor del ser humano, por consiguiente, que conduce hacia el verdadero saber, hacia aquella futura ciencia, a la que no hará falta palpar en ensayos deplorables, para solamente con eso llegar a una teoría, que, en muchos casos, tras decenios, se comprueba siempre nuevamente como errada.

Aprended a conocer la Creación con las leyes en ella actuantes, seres humanos, y no más necesitaréis palpar y buscar; ¡pues entonces poseeréis todo cuanto necesitáis para os ayudar en los acontecimientos durante vuestra existencia en la Tierra, e incluso muy allá, en toda vuestra existencia!

Luego no más habrán los nombrados cientistas, pues entonces ellos se habrán vuelto sabios, a quienes nada puede venir hacia el encuentro en la existencia de los seres humanos, que les sea extraño.

Una parte sorprendentemente grande de los hoy nombrados como locos incurables, que tienen que pasar su vida enclaustrados en manicomios, no son locos, sino poseídos. Se pasa aquí como es en muchas cosas: no se busca en ese sentido, y por eso también nada se puede descubrir, en el efecto de la expresión de Cristo, que condiciona de manera inequívoca y exige sin cualquier duda: ¡Buscad, y encontraréis!

¡Esta expresión de la Verdad debe ser aplicada a todo en la vida! En cada forma. ¡Por eso, también yo ya indiqué diversas veces para el hecho, que solamente encontrará valores en mi Mensaje aquél ser humano, quien con toda la seriedad busque valores en él!

Ninguno otro; pues la Palabra Viva solamente da, si es tocada por una seria búsqueda oriunda del alma. Solamente entonces ella se abre en rica plenitud. —

¡La palabra “poseído” se oye y se encuentra realmente hasta ahora y también todavía hoy siempre solamente allá, donde ella de modo alguno entra en cuestión!

Y allá, donde ella es apropiada, nadie piensa en ella.

Pero también aquí la expresión acuñada en la palabra de los seres humanos involuntariamente ya ha encontrado lo cierto en el lugar apropiado; pues en los manicomios encontraréis muchos, al respecto de los cuales es dicho, con un encoger de hombros: “¡En lo demás, él se presenta normal y solamente es poseído por una idea fija!”

Involuntariamente los seres humanos encuentran aquí otra vez lo cierto, sin embargo, sin que ellos mismos reflexionen más a ese respecto.

Sin embargo, no sólo los de esa especie deben ser nombrados de poseídos, sino también aquellos, quienes no solamente tienen una idea fija y los así nombrados momentos o horas de lucidez, pero quienes permanentemente hablan cosas confusas, pueden ser poseídos. No siempre son de hecho enfermos. —

Examinemos ahora, sin embargo, como ejemplo, uno de los muchos casos, en que una chica joven es considerada por los circunvecinos como siendo poseída, o por lo menos se sospecha de ella, porque en su presencia ocurren de repente cosas tan extrañas, sobre cuyas causas nada se sabe.

Para eso, sin embargo, existen diversas posibilidades de una aclaración, que corresponde a la realidad, ninguna, sin embargo, es compatible con obsesión.

Un espíritu humano puede, en la respectiva casa, estar preso a la Tierra por cualquier motivo; pues en todos los casos puede tratarse solamente de espíritus humanos ya fallecidos en la Tierra. Demonios o cosas parecidas siquiera entran ahí en cuestión.

Un tal espíritu humano se encuentra tal vez preso a la casa por cualquier acción, o solamente preso al local, al sitio. Por lo tanto, él no necesita necesariamente haber hecho alguna cosa en el tiempo, en que la casa existe, pero puede haber sido también antes, en el sitio o en las cercanías del sitio donde actualmente se encuentra la casa.

Ese espíritu a veces ya está preso allí hace decenios o siglos, a causa de un asesinato o por cualquier negligencia de graves consecuencias, por daño causado a otra persona o también debido a otros acontecimientos, de los cuales existen tantos para el atamiento.

Por lo tanto, él siquiera necesita estar necesariamente ligado con las personas actualmente habitando en la casa. Sin embargo, su constante presencia en la casa nunca tuvo antes alguna posibilidad de hacerse notar de modo grueso material terreno, lo que sólo ahora ocurre a través de la chica joven, debido a su especial, pero también solamente actual peculiaridad.

Esa peculiaridad de la chica joven es algo a parte, que solamente da al espíritu oportunidad para una determinada especie de materialización de su querer. Además, ella nada tiene que ver con el espíritu.

El motivo de esa peculiaridad reside en la respectiva irradiación de la sangre, apenas ésta presente una muy determinada composición. Desde ahí extrae el espíritu humano, sin envoltorio de materia gruesa terrena, la fuerza para la ejecución de sus deseos, de hacerse notar, lo que frecuentemente evoluciona en malos comportamientos molestos.

Cada persona tiene irradiaciones sanguíneas diferentes, al que ya me referí anteriormente, y esa composición se cambia varia veces durante la vida terrena, con lo que también siempre cambia la especie de irradiación de esa sangre. Por ese motivo, el extraño efecto producido por algunas personas para el desencadenamiento de los acontecimientos extraños también ocurre en la mayoría de los casos solamente durante un muy determinado tiempo, por lo tanto, pasajeramente. Casi no existe ningún caso en que eso perdure por toda la existencia terrena. A veces, dura solamente semanas o meses, raramente años.

Cuando, pues, un tal acontecimiento cesa de súbito, entonces eso no prueba que el referido espíritu no más esté presente o haya sido libertado, pero, sí, que él en la mayoría de los casos solamente de repente no más tiene ninguna posibilidad de hacerse notar así groseramente.

Por eso, por lo tanto, él de modo alguno ya está “expulsado” o desaparecido, de la misma forma que él antes ya hace mucho puede haber estado preso en aquel sitio, sin haber sido notado por las personas. En lo más, permanece tan imperceptible a los seres humanos cuanto el permanente ambiente espiritual de ellos. En la verdad, ellos nunca están solos.

Con eso tomé en consideración solamente una posibilidad, en la cual se trata de un espíritu preso a aquél sitio.

Pero también puede ser un espíritu humano, que está preso a una persona, que vive en la casa por un acontecimiento cualquiera, que tantas veces ya fueron mencionados en mi Mensaje. En eso, no es necesario tratarse justamente del niño quien, debido la composición de su sangre, ofrece pasajeramente solamente la posibilidad para la actividad terrena visible. El verdadero motivo puede ser también el padre, la madre, el hermano, la hermana o quienquiera viva en la misma casa, o también solamente la frecuente.

Y también ahí, a su vez, existe además una otra diferencia; pues una culpa puede estar adherida en el ya desencarnado espíritu humano, así como también en una de las personas que viven en la casa, de la vida actual o de una anterior.

Las probabilidades son tantas, y también son tan diversas, que de modo alguno debe presentarse una forma fija, sin resultar en el peligro de, en los casos aislados, provocar y apoyar pensamientos errados en las personas y una sentencia apurada, imprudente.

Menciono solamente todas esas posibilidades de los motivos, con el objetivo de mostrar la multiplicidad en eso existente, y para advertir a través de eso que uno no debe ser precipitado con una expresión liviana; pues con ella muchas veces es proferida una sospecha, que no es justificada.

¡Por consiguiente, sed cautelosos con vuestro decir sobre temas, que no entendéis! ¡Tenéis entera responsabilidad a ese respecto y tal vez también os atéis con una palabra ya por años y decenios! —

Puede, en un tal acontecimiento, el referido espíritu haber sido malo y hallarse preso por una culpa. Él no se cambia tan fácilmente en eso y irá manifestar correspondientemente su odio a personas de su especie, apenas reciba de cualquier parte la fuerza para una ejecución grueso-material terrena. O él mismo ha sido el perjudicado y adhiere espiritualmente en la persona, quien lo perjudicó antaño y quien reside ahora en aquella casa. En todos los casos, sin embargo, él se ata siempre de nuevo con tales acciones malévolas y perturbadoras y se enreda cada vez más, mientras que, con buena voluntad, podría libertarse y acender. En eso, un tal espíritu ruidoso generalmente siempre solamente perjudica a si propio.

La persona, sin embargo, quien a través de la irradiación de su sangre da pasajeramente la oportunidad para eso, no necesita estar en cualquier conexión con tales temas. Naturalmente es posible que esté ligada por una culpa anterior o, de manera inversa, que el espíritu esté ligado a ella. Todo eso no está fuera de cogitación. ¡Posesión, sin embargo, no entra en consideración de modo alguno!

Si un ser humano fuese poseído por un otro espíritu, es decir, si un espíritu extraño usase temporalmente o siempre el cuerpo, que no le pertenece, para actuaciones grueso-materiales terrenas, entonces este cuerpo terreno en cuestión debía, él mismo, ejecutar todo cuanto ocurre, por consiguiente, el arrojar cosas, el golpear, el rayar y el destruir, o como quiera que él se manifieste.

Apenas alguien esté poseído, el referido espíritu extraño actúa siempre directamente a través de aquél cuerpo terreno, con el cual pudo ligarse, de lo cual parcialmente tomó pose y que utiliza para sus objetivos. Pues solamente desde eso surgió la expresión “poseído”, porque un espíritu extraño toma pose del cuerpo de un ser humano terreno, se apodera de él, para entonces poder manejarlo de manera grueso material terrena. Él toma pose también de ese cuerpo terreno que le es extraño. Y ese cuerpo, entonces, está por él “poseído”, o podemos decir también “ocupado”. Él se instala en él, lo ocupa o lo ocupó temporalmente.

Es muy natural que el proceso de la tomada de pose ocurra en primer lugar en los cerebros. Tales seres humanos terrenos, a los cuales eso ocurre, son entonces nombrados como no normales espiritualmente o como locos, porque muchas veces dos espíritus humanos distintos pelean y luchan para utilizar los cerebros.

De ese modo son expresos pensamientos y palabras y acciones que se contradicen, muchas veces en secuencia desordenada y confusión incomprensible, porque se trata de dos espíritus diferentes, que buscan imprimir su querer. El legitimo dueño y el intruso. Eso resulta, naturalmente, también un esfuerzo excesivo de los nervios cerebrales, que así son literalmente sacudidos y mezclados, y, por esa razón, la persona, observando desde afuera, puede constatar solamente una confusión del cerebro, aunque el cerebro en si pueda, además de eso, estar completamente sano. Solamente la lucha y la disputa de los dos espíritus diferentes exprimen la confusión.

También sucede aquí y allí que un espíritu humano extraño, al tomar violentamente pose de un cuerpo terreno, no se sirva solamente totalmente del cerebro, pero lleve la arrogancia además adelante y subyugue también todavía otras partes del cuerpo para sí y sus finalidades, sí, empuje hacia fuera aquella alma, que es la legitima propietaria del cuerpo, excepto una pequeña parte, que él no puede robar, si la vida de ese mismo cuerpo no deba ser puesta en peligro.

En casos así graves ocurre que surgen las vidas dobles de una persona, ya tantas veces mencionadas en relatos, que tanto dolor de cabeza han dado a los cientistas y podían llevar incluso al suicidio las personas así atacadas, por desespero de su manera de ser.

Pero también esos acontecimientos encuentran explicación según las leyes de la Creación. Están siempre rigurosamente ligados a muy determinadas condiciones, que tienen que ser dadas preliminarmente por ambos los lados. El ser humano, sin nada más, no queda a merced de la voluntad del ingreso de un espíritu extraño.

Así, por ejemplo, el espíritu de un tal ser humano, cuyo cuerpo ofrezca la posibilidad de ser explorado de esa manera por un espíritu extraño y más o menos también lo ceda a él, será siempre indolente o débil; pues al contrario su propia defensa natural debería permanecer suficientemente fuerte para impedir eso.

Indolencia o debilidad del espíritu resulta siempre de culpa propia, pero no puede ser reconocida por la humanidad. El estado es, a su vez, una consecuencia del dominio del intelecto, que constriñe y acorrala el espíritu, lo oprime. Por lo tanto, la consecuencia del pecado hereditario, que describí precisamente en mi Mensaje, con todos sus malos efectos, a los cuales se suma también la posibilidad de un quedar poseído.

Una persona de espíritu cansado puede, sin embargo, ser extraordinariamente viva en el pensar, así como en el aprender, porque indolencia del espíritu nada tiene que ver con sagacidad del intelecto, conforme saben los lectores de mi Mensaje.

Muchas veces, precisamente el espíritu de notables cientistas es preso y restricto especialmente fuerte a la Tierra. Como expresión adecuada para eso, se podría decir “imposibilitado de volar espiritualmente”, porque forma mejor el concepto. El espíritu de muchos grandes intelectuales, en la realidad, ya dormita rumbo a la muerte espiritual, mientras tal individuo en la Tierra entre los seres humanos es venerado sobremodo como una celebridad.

Por consiguiente, una tal persona puede ser extraordinariamente intelectual y inteligente y, sin embargo, tener un espíritu cansado, que deja su cuerpo terreno ser disputado parcialmente por otro espíritu humano sin cuerpo.

¡Por eso, seres humanos, convertíos más sabios en las leyes primordiales de la Creación de Dios, y podréis alejar de vosotros muchas desgracias! Libraos de vuestra vacía presunción de saber, que sólo produce obra fragmentaria, mal aprovechable en la menor aflicción.

Para reconocer esas cosas, hace falta conocimiento a la ciencia actual; pues aquello que la ciencia hasta hoy enseña y quiere saber prueba solamente de manera clara e inequívoca que, en la verdad, todavía nada sabe de la Creación. Le hace falta cada grande conexión y, con eso, también la imagen real del verdadero acontecimiento. Ella es solamente miope, restricta y pasó al largo de todas las grandes verdades. ¡Pero es la transición de un tiempo nuevo, que también en eso hará surgir todo nuevo! —

Por consiguiente, no se puede sospechar siempre de un niño o de un adulto, cuando desencadena cosas, tales como el ruido y el arrojamiento de objetos grueso-materiales. El suelo para tales causas es tan variado, que siempre solamente aisladamente en cada caso y en el propio sitio puede ser hecha una verificación por verdaderos conocedores.

Con aquello, que fue dicho aquí, siquiera de lejos están extenuadas todas las posibilidades, sin embargo, una cosa es cierta: ¡posesión está fuera de cuestión en esos casos!

En personas, que hacen posibles tales manifestaciones de un espíritu extraño preso a la Tierra a través de la irradiación momentánea de su sangre, pueden, durante tales acontecimientos, naturalmente también ocurrir convulsiones del cuerpo, fiebre e incluso pierda de conciencia.

Todo eso, sin embargo ocurre solamente porque el espíritu humano extraño se apodera de las respectivas irradiaciones, que le auxilian, las arrebatando formalmente con violencia del cuerpo terreno y, por eso, provoca perturbaciones en la armonía de las irradiaciones normales del cuerpo, lo que naturalmente pronto se hace notar en ese cuerpo.

Se trata, sin embargo, de acontecimientos muy sencillos, que con una buena observación pueden ser fundamentados de manera fácil y lógica, apenas se tenga conocimiento de las verdaderas conexiones.

Charladurías inútiles y suposiciones a tal respecto de nada sirven, sólo pueden resultar perjuicios a una u otra persona, que con todo eso siquiera está ligada.

¡Por lo tanto, acautelaos con vuestras palabras, seres humanos! ¡Porque también éstas os tienen que pujar hacia bajo, pues que todo cuanto es desnecesario es perturbador en la Creación, y todo lo que perturba hunde según la ley de la gravedad!

Si, sin embargo, habláis lo que es verdadero y bueno, luego auxiliareis con eso y en la luz de vuestras palabras os convertiréis más ligeros y seréis elevados, porque también en eso corren y se entrelazan hilos, de la misma forma como en el vuestro pensar y actuar. ¡Y luego, si no más quisiereis hablar cosas inútiles, os convertiréis más callados, más reservados, con lo que en vosotros se cumularán fuerzas, que ja nombré como el poder del silencio!

A vosotros se convertirá natural, apenas queráis hablar lo que es útil, conforme el ser humano ya debería haber hecho siempre desde el principio. Luego apenas llenará, con sus charlas, la tercia parte de aquél tiempo, que todavía hoy emplea para eso.

Lamentablemente, sin embargo, prefiere el charlar liviano a un silencio noble, y con eso se deja arrastrar cada vez más hacia bajo según la ley de la gravedad, que comprime hacia bajo todo cuanto es desnecesario en la Creación y lo deja hundir como imprestable.

¡Por consiguiente, poned atención a vuestras palabras, seres humanos, no consideréis de modo demasiado liviano el mal de la irreflexionada charladuría! Un día, os arrepentiréis amargamente.

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