Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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51. ¡Evitad los fariseos!

Portadores de la Cruz del Grial, evitad los fariseos, que ahora querrán acercarse de vosotros; ¡pues no deben recibir auxilio en la Palabra!

La expresión fariseo se ha vuelto un concepto, que nada tiene de bueno encierra en si, pero, sí, significa una asociación de vanidad espiritual, hipocresía, astucia y a veces también perfidia.

Seres humanos, quienes merecen esa denominación, vosotros os halláis hoy por toda parte, en todos los países y en todos los círculos. Eso nada tiene que ver con raza o nación, y hay de ellos hoy mucho más de lo que antiguamente. Cada profesión presenta sus fariseos. Más frecuentemente, sin embargo, además son encontrados ahí, donde también antiguamente ya siempre podían ser encontrados en grande numero: entre los servos y los representantes de los templos y de las iglesias.

Además extraño: dondequiera que algun mensajero de la Luz tuvo que anunciar la Verdad, según la voluntad de Dios, él fue atacado, mancillado, calumniado y perseguido en primer lugar por los representantes y servidores de los cultos religiosos vigentes, que alegaban servir a Dios, y por aquellos seres humanos, quienes incluso se atrevían a querer ser representantes de la voluntad divina.

Esto siempre ha sido así, desde el más simple curandero y hechicero hasta los más altos sacerdotes. Todos, sin excepción, se sintieron siempre amenazados por la Verdad y agitaban por eso a las escondidas o instigaban abiertamente contra cada ser humano, que hubiera sido designado, agraciado o enviado por Dios, para traer Luz a esos seres humanos terrenos.

En contra la incontestabilidad de ese hecho no resulta cualquier negación, cualquier deturpación, cualquier atenuación; ¡pues la historia del mundo testifica eso! De manera clara, inequívoca e inextinguible ella testifica que eso nunca ha sido diferente, y que en ningún de los muchos casos hubo una excepción. Siempre, pero siempre fueron precisamente los sacerdotes los más duros adversarios de la Luz y, con eso, enemigos de Dios, cuya voluntad no querían respetar, al contrario, siempre combatieron, y a la cual opusieron su propio querer.

De qué sirve, si después, a veces, viniese el reconocimiento, frecuentemente sólo cuando para mucha cosa ya se hubiera convertido demasiado tarde.

Eso, al contrario, solamente prueba que exactamente los sacerdotes nunca estuvieron en condiciones de reconocer la Verdad y la Luz en el debido tiempo.

El reconocimiento se hallaba siempre solamente con algunos de entre el pueblo, pero no con los sacerdotes o con aquellos, quienes se ocupaban de manera puramente profesional con el querer reconocer a Dios.

Y esas pocas personas del pueblo se mantenían firmes en eso, hasta que entonces más tarde también los sacerdotes juzgaban más prudente seguir conforme la manera de ellas, con el objetivo de que no perdiesen la supremacía. Los servidores y los representantes de una creencia en Dios nunca recibieron de buen grado y con alegría un mensajero de Dios. ¡Significativo es el hecho de que ni siquiera tales mensajeros tampoco el Hijo de Dios pudieron salir de sus hileras! Y es de extrañarse que ningún ser humano reflexione que el propio Dios en eso siempre pronunció Su sentencia y mostró con eso nítidamente Su voluntad.

Experiencias milenares confirman siempre y siempre de nuevo que los sacerdotes nunca fueron capaces de reconocer la Verdad de Dios, pero en su presunción siempre se cerraron ante ella, a veces también por miedo o por indolente comodidad. También confirmaron eso siempre de nuevo, porque siempre combatieron cada mensajero de Dios con los medios más sórdidos, que un ser humano es capaz de aplicar. Cuanto a eso siquiera se puede discutir; ¡pues los propios acontecimientos del pasado dan la más irrefutable prueba!

De todas las maneras, e incluso con el Hijo de Dios. ¡Tampoco ha sido amor por la humanidad que incitó los sacerdotes a eso, sino envidia profesional, nada más! La Verdad los molestaba, porque hasta entonces jamás enseñaron de forma fiel a la Verdad, la cual ellos propios no conocían.

Y para admitir, que ellos mucho todavía no sabían y que por esa razón diseminaban concepciones erradas en muchas cosas, para eso eran humanamente muy débiles y también incapaces en la preocupación de que su prestigio viniese a ser abalado con eso.

Profundizaos una vez investigando seriamente en la historia mundial y verificaréis que nunca ha sido diferente. Pero todavía ningún ser humano quiso sacar de eso una lección. Nadie deja que eso le sirva de advertencia, porque el hecho, siempre constante, se muestra continuamente en una forma nueva, de manera que el ser humano piensa, también nuevamente por comodidad, que precisamente ahora, en su época, sea diferente. Pero conforme se ha dado antes, así todavía lo es hoy. El presente no muestra cualquier diferencia con relación al pasado. ¡En eso nada se ha cambiado, pero, en el máximo, además se agravó!

Id y preguntad a las criaturas humanas sinceras, quienes sirven a la Iglesia, y quienes a pesar de eso todavía tienen coraje de confesar abiertamente sus sentimientos íntimos, quienes no tienen recelo de ser honestas para consigo mismas... ¡todas tendrán que confesar a vosotros que la Iglesia también aún hoy querrá arrasar cada criatura humana e intrigar en contra ella, si pueda poner en peligro los dogmas rígidos que apoyan las Iglesias! ¡Incluso si Jesús Cristo, nuevamente como ser humano terreno con la misma apariencia de antaño, caminase ahora de súbito entre ellas! ¡Si él no admita que ellas en su manera poseen la única concepción cierta, lo tratarían sin más como enemigo y no hesitarían en acusarlo otra vez de blasfemia contra Dios! Le lanzarían inmundicias y no dejarían hacer falta torpes difamaciones.

¡Así lo es, y no de otra forma! ¡El motivo de tal actuación errada no es, sin embargo, el anhelo de honrar a Dios, el Todo-Poderoso, pero, sí, la lucha por la influencia humana, poder terreno y sustento terreno! —

Vosotros, seres humanos, sin embargo, no sacáis cualquier conclusiones útiles de esos muchos hechos para vosotros mismos y para vuestro buscar, los cuales, sin embargo, son tan fácilmente reconocibles ya por las peleas de todas las Iglesias entre si. Livianamente os conformáis con eso.

¡Sólo no presumís que también Dios en Sus sagradas leyes lo deja pasar así para vosotros! Seréis despiertos de súbito y rudamente de esa pereza irresponsable. —

En el segundo circulo de los enemigos de la Verdad están los espiritualmente presuntuosos entre aquellos, quienes no pertenecen a la casta sacerdotal.

Son los vanidosos por cualquier motivo. Uno ser humano, según su índole, tal vez haya tenido una experiencia vivencial intima, no importa por qué motivo. No necesita siempre haber sido sufrimiento. A veces también puede ser alegría, alguno cuadro, alguna fiesta, en suma, estímulos para eso existen muchos.

A ese único hecho, que pudo conmoverlo tanto, él se agarra entonces, no percibiendo que tal vivencia muy probablemente ha surgido de si mismo y, por consiguiente, tampoco hubiera sido una vivencia verdadera. Sin embargo, él entonces rápidamente busca erguirse por sobre sus prójimos con la auto tranquilidad: “¡Tuve mi vivencia y por eso sé que me encuentro en el verdadero reconocimiento de Dios!”

Misero ser humano. ¡El vivenciar de un espíritu humano tiene que ocurrir miles de veces, si éste realmente quiera madurar para un reconocimiento más elevado! Y un tal espíritu humano terreno indolente, que se tiene en gran estima, guarda firmemente en sí, como que en un relicario, una única vivencia y busca no dejarla, porque piensa que con eso ya aconteció todo y que él ya hizo lo suficiente en favor de su vida. Los tontos, que así actúan, llegarán ahora a un terrible despertar; pues tienen que percibir que de esa manera durmieron.

Es cierto, sí, si alguna vez un ser humano tiene en si una vivencia, pero con eso todavía no ha sido hecho lo suficiente. No debe quedarse parado ahí, pero, sí, tiene que seguir caminando constantemente, tiene que permanecer activo en el espíritu. Entonces, él, en ese camino, ya tendría constatado muy pronto que su vivencia ha sido solamente una transición, con el objetivo de despertar para el reconocimiento verdadero.

Así, sin embargo, alcanza florecer en él la presunción espiritual, en la cual él se juzga superior a los demás, que no siguen su camino y pertenecen a otra creencia. La presunción lo derrumba y no lo deja subsistir en el Juicio.

El ser humano tiene que ir adelante, adelante en su camino a través de la Creación, siempre adelante también en el reconocimiento de todo, cuanto él encuentra en la Creación. Nunca debe sentirse seguro y deleitarse en una vivencia, que lo alcanzó una vez. Seguir, seguir siempre adelante, con toda la fuerza. Quedar parado es quedarse hacia tras. Y a los que quedan hacia tras amenaza peligro. En la ascensión, sin embargo, los peligros están siempre tras cada espíritu humano, nunca adelante, de eso él debe estar conciente.

Por consiguiente, dejad calmamente de lado aquellos seres humanos quienes, tan convencidos, buscan hablar de sí propios. ¡Son indignos de la Palabra Sagrada! Prestad atención en su actuación, en su modo de ser, y pronto reconoceréis con quién estáis lidiando. Muchos, muchos son los que pertenecen a ese circulo. Son frutos estériles que tienen que ser echados afuera; pues no asimilan nada más, porque en su presunción juzgan ya poseer todo. —

En el tercer grande circulo de imprestables están los fantasistas y los entusiastas, quienes, fácilmente inflamables para el nuevo, perjudican todo lo que es realmente bueno. Quieren siempre conquistar pronto el mundo, sin embargo desaniman rápidamente, cuando es necesario mostrar fuerza en la perseverancia, trabajar continuamente en si propios.

Como conquistadores se prestarían algunas veces, cuando la resistencia no tarda mucho, y cuando se trata de investir contra los prójimos, queriendo doctrinar, sin mismo ya poseer para sí la base firme. Fuegos artificiales, que deprisa se inflaman y pronto apagan. Pertenecen a los livianos, que no poseen mucho valor.

¡A ese circulo se junta entonces uno más, que trae aquellos seres humanos, quienes no pueden dejar de ligar pensamientos propios a cosas a ellos dadas, con el objetivo de que logren, ellos propios, en la divulgación de una gota de verdad, que tuvieron deseo de recibir, obtener alguno brillo para sí! No pueden dejar de entretejer sus propias opiniones en cosas que leen o escuchan, y de seguir a fiar todo, así, como surge en su fantasía.

Por suerte tales seres humanos no son numerosos, sin embargo, tanto más peligrosos, porque desde un granosito de la Verdad crían y diseminan falsas enseñanzas. Son muchos nocivos, no sólo a sí propios, sino también a muchos de sus semejantes, en la alternante configuración de su actividad. Tomemos aquí un pequeño ejemplo, que todos conocen. Romances y novelas fantásticas. ¡Cuanta cosa no está siendo criminosamente producida ahí, basada en aparentes granositos de la Verdad o, mejor dicho, a cuanta cosa no se atreven incluso en eso algunos seres humanos sobrecargados de fantasías!

No se puede admitir siempre como motivo que el escritor con eso solamente quiera ganar dinero, cuando va hacia el encuentro de las fantasías enfermas de sus prójimos y les ofrece los más increíbles cuentos, con los cuales ellos, estremeciendo, pueden regalarse. El motivo para eso se encuentra, en la mayoría de las veces, más profundo. Tales seres humanos quieren principalmente brillar con los trabajos y revelaciones. Quieren que su espíritu brille ante los demás, intentan proporcionar perspectivas para las investigaciones y estímulos para un actuar extraordinario.

¡Sin embargo, cuanto disparate viene ahí muchas veces a la luz del dia! ¡Examinemos una vez algunas de las narrativas fantásticas, que fueron escritas e impresas sobre marcianos! Cada línea a ese respecto demuestra incomprensión ante las leyes de Dios en la Creación. Y, por fin, tenemos que incluir Marte, como todo lo demás, en la Creación.

Son descritas ahí criaturas, que realmente se originan de una fantasía enferma, enraizada en la idea de que los seres humanos, allá, deban ser constituidos completamente diferentes de lo que aquí en la Tierra, porque Marte es un otro planeta.

Las aclaraciones a tal respecto surgen dentro del periodo del Reino de los Mil Años a través del aprender a conocer las leyes de la Creación. Ese conocimiento de las leyes abre entonces a los cientistas y a los técnicos perspectivas muy diferentes, con bases exactas, y trae con eso también progresos y éxitos muy diferentes en todos los campos. ¡Todo eso es reservado al Reino de los Mil Años!

Yo ya afirmé muchas veces que no hay razón para imaginar algo diferente en la Creación, porque se encuentra más distante de la Tierra o porque no puede ser visto con ojos de materia gruesa. La Creación surgió a partir de leyes homogéneas, es igualmente homogénea en su desenvolvimiento y es también del mismo modo mantenida homogénea. Es errado permitir la fantasía enferma correr libremente a tal respecto, o incluso darle atención.

Cada ser humano de la Creación posterior es una copia de las imágenes primordialmente criadas de Dios. Por eso, en toda la Creación los seres humanos traen solamente la única forma determinada a ellos como ser humano, más o menos ennoblecida. Pero la forma en sí es siempre reconocible, y no puede tener, por acaso, tres piernas o, de modo general, solamente un ojo en el medio de la cabeza, a menos que se trate de una deformación de nacimiento que, aisladamente, ocurra aquí o allí. Pero en eso no hay nada de fundamental.

Aquello, que no tiene la forma básica humana, no puede ser nombrado de ser humano. Un germen espiritual, por ejemplo, en sus respectivos escalones de desenvolvimiento, todavía no es un ser humano, pero, a pesar de eso, no tendría formas tan divergentes como las que son descritas por los nocivos fantasistas.

En la materia gruesa mediana y fina de los planes oscuros y más oscuros pueden ser encontradas formas fantásticas con rostros humanos, que se asemejan a animales, las cuales corresponden siempre a las especies, en las cuales un espíritu humano pensó y actuó en la Tierra, pero esas formas son producidas generalmente solamente por el pensar humano. Tienen temporalmente el rostro de aquel ser humano, quien las generó, porque descienden de él como productos de su mente.

Y si un ser humano alcanzó incluso a tal punto, que queda literalmente absorbido por el odio o por la envidia y otras pasiones nocivas, le pasa entonces que, afuera de la gravedad terrestre, se forma un tal cuerpo alrededor de su espíritu. Con eso, sin embargo, perdió también todos los derechos de ser una criatura humana, por lo que no debe tampoco puede tener semejanza con la forma de las copias de las imágenes de Dios. En la verdad, él incluso no más es un ser humano, pero ha caído para algo, que todavía es desconocido del ser humano terreno y, por eso, tampoco todavía pudo ser designado nominalmente. —

Sin embargo, falsas imaginaciones del cerebro de seres humanos fantasistas pronto dejarán de ser diseminadas, porque está próximo el tiempo en que el saber de las leyes de Dios en la Creación ya tendrá demasiadamente progresado, con lo que tales cosas inverídicas desaparecerán por si mismas. Entonces los seres humanos reirán, cuando miren retrospectivamente hacia el tiempo actual, que en tantas cosas deja reconocer nítidamente su ignorancia. —

Cuando estos cuatro círculos mencionados estén excluidos ahora en la grande selección venidera, y ellos serán excluidos en su mayor parte, porque no se puede ayudar a tales seres humanos, luego será mucho más fácil para los demás; pues muchos obstáculos han caído juntamente con esos seres humanos, mucha cosa perturbadora y engañadora. Solamente entonces también los que buscan seriamente podrán de hecho respirar libremente. —

Vosotros, sin embargo, quienes sabéis al respecto de la Verdad, evitad todos aquellos, quienes son enemigos de la Verdad; ¡pues todos aquellos, que alguna vez lucharon contra enviados de Dios, que los persiguieron y, con eso, se mostraron como enemigos de aquello, que es enviado por Dios, ellos se encuentran en esta época ahora aquí en la Tierra para el grande ajuste de cuentas que ahora deben prestar por eso!

La mayoría de ellos no se ha cambiado, pero son todavía hoy como antaño. Alejad de ellos; ¡pues quien no se cambió en eso y tampoco quiera cambiarse, éste tampoco debe ser ayudado, para que deguste totalmente su camino errado, como pecador, que actuó contra el espíritu con querer egoísta o maldoso!

La Palabra Sagrada debe quedar lejos de él, para que no la ensucie una vez más. Con eso también permanece lejos de él la posibilidad de la salvación, de la cual él no es digno, la cual él ya ha perdido hace mucho tiempo.

¡Repeled ahora los seres humanos de esa especie y no más buscad enseñarlos con amor o compasión, para que vosotros propios os podáis convertir libres! Es solamente pierda de tiempo ocuparse con ellos, y vosotros siquiera no más tenéis ninguna hora para desperdiciar.

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