Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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47. ¡Hilos de Luz por sobre vosotros!

Juntad ahora una vez las disertaciones, que he dado en las ultimas semanas al respecto del enteal y del ambiente más cercano del ser humano terreno, en las cuales hablé del ondular y tejer, por lo cual estáis constantemente rodeados, y buscad contemplar los acontecimientos en ellas mencionados, reunidos, como uno sólo cuadro.

No es siquiera tan difícil así. Muy rápida y fácilmente podréis reconocer en eso las conexiones entre sí y con vosotros propios. Colocad ahora, una vez, como en un juego de montar, todo en movimiento en vuestra capacidad de imaginación, primero en los efectos aislados en diversas direcciones, uno tras el otro, y por fin actuando conjuntamente uno dentro del otro, y veréis con qué clareza con el tiempo el cuadro se desenvolverá de modo vivo ante vosotros.

Buscad ver ahí cómo cada malo pensar o querer corre como sombra a través del tejer, turbando con mayor o menor intensidad lo que es claro y destruyendo aquí y allí la belleza, mientras todo puro y bueno pensar o querer atraviesa iluminando los hilos, diseminando belleza y brillo a lo largo de los caminos, que recorre.

El mecanismo pronto se tornará tan familiar a vosotros, que constituirá para vosotros un apoyo, que os hace pensar o querer solamente el bien y, por fin, también actuar.

No ahorréis esfuerzos para tanto, a vosotros advendrá rica recompensa de eso, que nadie os podrá disminuir. Y cuando al final tengáis el cuadro móvil ante vosotros, entonces añadid además algo, que le de un remate y un marco, que sea digno al cuadro.

Imaginad en el lugar de un techo solamente hilos luminosos y delicados, que penden como un velo extremamente delicado por sobre el “tejer al vuestro alrededor”, de lo cual emana un perfume delicioso, que sabe fortalecer y vivificar de manera singular, apenas cuando una persona se convierta capaz de percibirlo y le dé atención.

Son incontables hilos, que llevan en sí múltiplas posibilidades de aprovechamiento y que se hallan siempre prontos a bajar por sobre aquellos lugares, que muestran anhelo por ellos.

Caso en el movimiento más abajo encandezca una pequeña centellita en cualquier lugar, que haga entonces surgir un anhelo, un pedido o un fuerte deseo, entonces los hilos de una especie igual se estiran inmediatamente en dirección hacia esa centellita, se unen magnéticamente a ella y la fortalecen para que pueda tornarse más luminosa y clara e, con eso, aleja de su alrededor rápidamente todo lo que es más oscuro y turbo. Y cuando se inflame intensamente, quema todos los lugares que además ligan aquel cordón con algo oscuro o malo, en que esta centella buscó desenvolverse. De esa manera ese cordón es rápidamente libertado de todo que lo aseguraba abajo.

Pero solamente deseos o pedidos luminosos y puros pueden obtener ligazón con los hilos luminosos, que están continuamente suspensos por sobre el movimiento, que envuelve constantemente un alma humana o una criatura humana terrena. Deseos oscuros jamás encontrarán un apoyo ahí, porque no pueden establecer ninguna ligazón con ellos.

La ligazón de esos hilos, que provienen del enteal, se efectúa para cada ser humano terreno a través del envoltorio o cuerpo de materia gruesa mediana, que se suele nombrar de cuerpo astral. Éste es correspondientemente irradiado por el alma en cada una de sus manifestaciones. Si las manifestaciones del alma son de especie oscura, los hilos luminosos, que penden disponibles, no encuentran ningún pasaje hacia el auxilio. Solamente por ocasión de manifestaciones luminosas puede el cuerpo astral irradiar de tal forma, que se abre de forma totalmente espontánea para aquellos hilos venidos desde arriba, que son de igual especie que las respectivas manifestaciones del alma.

Así, pues, ese cuerpo astral de materia gruesa mediana es la verdadera puerta de ingreso y de salida del alma. En la realidad, los mencionados hilos actúan, pues, en el plan de materia gruesa mediana, que nombramos de astral, y actúan por su intermedio, conforme la especie de su incandescencia.

Imaginad todo eso. Es tan simple y al mismo tiempo tan seguro y justo, que nunca es posible que cualquier pensamiento o querer hacia el bien pudiese quedar sin auxilio. Siempre es tan facilitado al espíritu humano. Demasiado facilitado para que él, en su manera extraña, además sepa apreciar debidamente el valor, que esos acontecimientos merezcan y que en sí encierran.

Sin embargo, para que en vuestra capacidad de imaginación no quede ninguna laguna, quiero mostrar a vosotros también el origen de esos hilos, al contrario para vosotros ellos todavía quedan colgados en el aire, lo que es imposible, porque todo posee un muy determinado punto de partida en esta Creación, tiene que poseer, y sin uno tal no podría existir.

Los hilos son las irradiaciones de muchos mediadores enteales, quienes, en su actividad, todavía no se convirtieron muy familiares para vosotros, pero quienes ya eran muy conocidos de pueblos antiguos.

Así como vosotros, como espíritus humanos, debíais en la Tierra ser colectores y luego mediadores para retransmisión de todas las irradiaciones de aquellos espíritus humanos que, más madurados que vosotros, se encuentran en planes más elevados de la Creación, y quienes, a su vez, hacen la misma cosa en ligazón con espíritus humanos todavía más elevados y más luminosos, más madurados, hasta que, finalmente, a través de eso se efectúe la ligazón con el Paraíso, donde los espíritus humanos perfectos y completamente desenvueltos de esta Creación posterior viven en alegre actividad y que, de la misma forma, tienen contacto a través de una cadena de mediadores hasta el alto con los más perfectos de los primordialmente criados en el puro espiritual, de la misma forma y en secuencia igual ocurre también con todos los enteales, quienes actúan con vosotros auxiliando en la Creación entera, sin embargo siempre medio escalón arriba de vosotros.

Lo que desde ahí desenvuelve la actividad alrededor o abajo de vosotros, está, en parte, también ligado a vosotros, sin embargo no de esa manera. Atengamonos primeramente a aquellos hilos, que yo mencioné.

Los hilos son de variedad tan grande, que nada existe, donde el ser humano terreno y también el alma ya alejada de la Tierra no pudiesen encontrar y recibir ayuda, fortalecimiento, consuelo y apoyo en el momento en que su anhelar o rogar por eso alcance una muy determinada fuerza en el verdadero querer. No antes; pues palabras formadas, solas, jamás son suficientes para establecer la ligazón. Y tampoco ningún pensamiento fugaz.

Tiene que ser un ardiente, legitimo, verdadero anhelo o deseo, sin calculo intelectual, sin espera de recompensa, sin cualquier cosa aprendida que, sin embargo, nunca puede venir realmente desde el corazón o del alma; pues para eso la palabra terrena formada ya ata demasiado fuerte. La palabra terrena solamente puede dar el rumbo al querer de un alma, formar una carretera hacia el camino, por donde la intuición quiere seguir, no puede, sin embargo, nunca ser todo.

¡Cuando el ser humano no puede reunir los dos, la palabra con su querer, cuando tiene que pensar sobremanera en la correcta formación de sus palabras, entonces será mejor solamente orar y agradecer o rogar con la intuición, sin palabras! ¡Entonces, seguramente es puro! La palabra firmemente formada turba demasiado fácil y restringe cada intuición.

¡Será más bello y también más fuerte, si podáis abandonar vuestras palabras y dejéis surgir en su lugar espiritualmente solamente una imagen, en la cual podéis derramar la intuición de forma plena y pura! Vosotros debéis experimentar lo que a vosotros es más fácil y lo que no os restrinja.

Entonces es vuestra alma, que habla, apenas cuando podáis abandonar las palabras terrenas. El alma, tal como ella hablará, cuando esté separada de esta Tierra y también de todos los planes de la materia gruesa; pues entonces la palabra formada quedará hacia tras.

Probablemente ahora ya preguntaréis de nuevo, íntimamente, cómo entonces ocurre que almas de la materia fina todavía puedan hablar a través de seres humanos, que poseen facultades mediunicas, o que seres humanos mediunicos oigan tales almas hablar, lo asimilan y lo retransmitan, por la escrita o verbalmente. Sé que muchas preguntas de ese contenido surgen pronto en vosotros.

Si, sin embargo, investiguéis con profundidad en mi Mensaje, entonces ya encontraréis la respuesta a todas esas indagaciones, que nada más son de lo que dudas de vuestro intelecto. Apenas aceptéis de modo correcto lo que yo os digo, entonces también podréis vosotros propios construir todo tan lógicamente, que no más surgirán dudas.

Ya os expliqué, hace tiempos, la función del cerebro terreno, que dividimos en cerebro posterior y cerebro anterior. El cerebro posterior es impresionado por intuiciones. Sólo recibe imágenes del querer intuitivo y las transmite al cerebro anterior, para él preparadas. El cerebro anterior, a su vez, lo recibe y lo convierte más terreno, al recomponer todo nuevamente y, de acuerdo a su capacidad diferente de irradiación, lo condensa y lo transforma en materia terrena más gruesa. Con eso es prensado en una forma aún más estrecha, más firmemente estructurada y nuevamente acuñado para la expresión de la palabra terrena.

Así es la actividad de los cerebros de ese envoltorio terreno de cada ser humano terreno. Los cerebros constituyen una oficina ampliamente ramificada, que son una obra milagrosa repleta de la más intensa actividad. Y como el cerebro anterior ejecuta el así nombrado trabajo pesado, es decir, transforma todas las impresiones a él transmitidas por el cerebro posterior en formas más pesadas, más densas, las cuales, debido a su mayor densidad, son mucho más delimitadas, con el objetivo de que se conviertan nítidas a la comprensión terrena, por eso también el cerebro anterior se cansa y necesita de sueño, mientras el cerebro posterior no necesita compartir de ese sueño y sigue trabajando serenamente. También el propio cuerpo no necesitaría de ese sueño, pero sí solamente de reposo, de descanso.

¡El sueño es una necesidad solamente del cerebro anterior!

Sin embargo, también esto es fácil de entender y comprensible para vosotros.

Necesitáis solamente reflexionar con calma y lógicamente sobre todo eso. Pensad, por lo tanto: mientras el cuerpo descansa, podéis permanecer despiertos y no necesitéis dormir. Eso vosotros ya tenéis presenciado frecuentemente en vosotros mismos. Si, sin embargo, el cerebro anterior reposa, lo cual os proporciona el pensar, es decir, que efectúa la transformación de las impresiones intuitivas en formas más gruesas y más delimitadas y en densidad más pesada, si ese cerebro necesita reposar una vez, entonces naturalmente cesa también el pensar. No lograréis, evidentemente, pensar en alguna cosa durante ese reposo del cerebro anterior.

Y solamente el poder pensar nombráis aquí en la Tierra de estar despierto, el no poder pensar de sueño o inconciencia. Se trata ahí siempre solamente del llamado estado de conciencia diurna, que es exclusivamente actividad del cerebro anterior. El cerebro posterior está siempre despierto. —

Tras esta divagación volvamos nuevamente al lenguaje de las almas, en las cuales las palabras estrechamente formadas desaparecen y donde sólo subsisten las imágenes, que tienen que formar el concepto. Esas imágenes de la voluntad o de la vivencia de almas fallecidas se imprimen de la misma manera en los cerebros posteriores de las criaturas humanas terrenas, cuando a ellas comunican algo, como su propio querer, y, correspondiendo a su especie, el cerebro posterior transmite esas imágenes recibidas, inmediatamente adaptadas, al cerebro anterior, que, a su vez, de acuerdo a su especie, comprime las imágenes recibidas y las deja llegar a la expresión el pensar, en la palabra o en la escrita.

Para muchas personas mediunicas eso naturalmente parece así, como si oyesen esas palabras perfectamente, originado nuevamente por el efecto del cerebro anterior, el cual también está ligado al oído y asimila las impresiones de éste, con el objetivo de convertirlas correspondientemente.

En estos casos aquí mencionados, sin embargo, cuando se trata de la llamada “clariaudición” de la materia fina, el cerebro anterior, durante la transformación en densidad mayor, irradia las imágenes intuitivas recibidas del cerebro posterior en camino inverso también para el oído, lo cual, entonces, al moldar las palabras durante su formación, es llevado a vibrar conjuntamente, visto existir la ligazón y también estar siempre receptible.

Debido a ese camino inverso rumbo al oído de materia gruesa, eso naturalmente suena entonces un poco diferente al individuo mediunico, porque la especie de las vibraciones difiere de aquellas, que generan las olas sonoras de la materia gruesa y que alcanzan el oído del cuerpo terreno pesado, que las retransmite para el cerebro anterior.

En ese proceso de clariaudición, sin embargo, no entra en consideración la materia gruesa externa más pesada al oído, pero, sí, la materia gruesa más fina. Desde ahí podéis hacer una idea; pues la materia externa y más pesada es demasiado gruesa y rígida para responder a las vibraciones más delicadas venidas desde el cerebro. En tal caso vibra solamente la materia gruesa más fina, que tiene la misma especie de las vibraciones del cerebro anterior.

Los puntos de recepción o de captación del oído externo son alcanzados y accionados eficazmente solamente por las olas sonoras más gruesas venidas desde hacia fuera.

Pienso que pudisteis seguirme fácilmente en esas consideraciones, por eso me he vuelto también un poco más pormenorizado, para a vosotros hacer todo muy comprensible. Así es, por lo tanto, el proceso de las transmisiones por medio de imágenes en lugar de palabras, conforme las emplean las almas de la materia fina para formar en los seres humanos terrenos la noción de su querer.

¡Así, también el “oír” de las almas, que se convirtieron más luminosas y ligeras, allá, es desde dentro hacia fuera! El proceso sigue el camino inverso que en la materia gruesa con el envoltorio protector debido a su densidad, pero incluso inhibidor, cuya protección en la materia fina no más es necesaria.

Con eso podéis explicar también más fácilmente la circunstancia de que las almas, que no se abren interiormente, son sordas allá, así como ciegas; pues que el verdadero ver es un ver desde el espíritu, yo ya he aclarado en una disertación anterior.

Muchos individuos astutos, particularmente intelectivos, quienes, sin embargo, pueden ser mejor calificados como presos al cerebro terreno, aquí tal vez resbalarán con el hecho de que el modo de expresión de diversas almas fallecidas a través de un mismo medium frecuentemente también es de todo diferente, a pesar de usar el mismo cerebro como instrumento.

La circunstancia debería, en la realidad, indicar más para el hecho de que ellas, a pesar de eso, usan además un idioma en la expresión de la palabra para que se hagan comprender, sobre todo porque algunas veces tales manifestaciones son hechas también en idiomas, que el medium ignora por completo, como ingles o frances, latín, japonés, turco y otros más.

Pero eso no es convincente, porque tales manifestaciones provienen siempre solamente desde planes que todavía pertenecen a la materia gruesa, que alcanza muchos planes. Allá, el proceso todavía se asemeja a la materia gruesa pesada de la Tierra.

Solamente en la materia fina, que es de especie totalmente diferente de la materia gruesa, se modifica con esa especie también la forma de expresión de las mismas leyes de la Creación, sobre lo que varias veces ya me referí en el Mensaje.

¡No debéis cometer el error de querer comprimir mi Mensaje, que alcanza toda la obra de la Creación y va además mucho más allá, tal como él es, en vuestro pequeño mundo de pensamientos! Con eso no iríais muy lejos; pues muchas veces yo comprimí amplitudes inmensas en una única frase pequeña, con el objetivo de dar a vosotros, por lo menos para vuestra comprensión, una posible imagen básica completa, en la cual encontráis un apoyo, para no haber que seguir a vagar sin albo en un campo, que ni siquiera alcanza la minima parte del vuestro ambiente más cercano. ¡Para comprender correctamente mi Mensaje, tenéis que asimilarla!

¡Mientras tanto quiero dar a vosotros solamente conexiones, no los pormenores! Solamente cuando hayáis fijado la grande correlación, entonces podréis ingresar de modo consecuente también en los pormenores, sin ahí haber que perder la relación del conjunto.

Mientras más alto alcancéis, tanto menos esto se deja expresar con palabras, por fin todo para vosotros será solamente irradiación, ahí todo lo demás termina.

¡Para vosotros, acentúo especialmente, por lo tanto, para el espíritu humano terreno, para el espíritu convertido forma de la Creación posterior! Todo lo demás, que no esté abajo o al lado de vosotros, jamás podréis comprender.

Aquello que para vosotros se convierte irradiación es, para lo que está por sobre vosotros, todavía visible, palpable y formado. De esa forma continua, cada vez más alto, hasta que por fin solamente todavía el divino puede reconocer todo formado en el divino, excepto el propio Dios, que aunque por los divinos no pueda ser reconocido en Su inentealidad, a excepción de Sus Hijos, que se originan de Él propio y no solamente de Su irradiación.

¡Os acordéis de eso siempre de nuevo y aprovechad aquello que doy a vosotros, siempre solamente asimilado por vosotros con vistas al presente y al vuestro ambiente más cercano! No subid de manera fantasiosa con el querer saber a aquellas alturas, donde siquiera podríais actuar, tampoco reconocer. ¡Sin embargo saber las correlaciones con eso a vosotros es indispensable, si quisiereis caminar correcto, donde tenéis que permanecer conforme la ley! ¡Y para tal fin os quiero transmitir las correlaciones!

Volvamos, pues, nuevamente a nuestros hilos, que penden por arriba de la tejedura, que alrededor de vosotros está en constante movimiento. Se trata de irradiaciones de mediadores enteales, que se encuentran en la grande corriente que baja desde encima. Venidas desde arriba hacia abajo, eso no debéis olvidar, al contrario perderéis la correlación. Anteriormente, lo expliqué solamente en escala ascendiente, porque entonces me hallaba en las extremidades de los hilos pendientes, con el objetivo de completar el imagen, que hicimos surgir ante nosotros.

Son, por lo tanto, especies muy diversas de esos hilos. Ellos tienen su origen en la irradiación de los respectivos entes, que acogieron la fuerza retransmitida por el mediador, que se halla respectivamente más elevado, y nuevamente la transmiten, en lo que sucede una modificación en el prepasar, por lo que la irradiación es adaptada a aquella especie, que ella entonces alcanza como subsecuente en su ruta descendiente.

¡Desde esos hilos los seres humanos terrenos pueden recibir fortalecimientos para cada virtud y para cada buena voluntad! A cualquier hora; pues tales hilos penden siempre por sobre vosotros, listos y a la espera de que tengáis anhelo por ellos.

Os quiero relatar solamente de una especie, para que sepáis cómo esos procesos suceden en exacto cumplimiento de las leyes primordiales de la Creación, a través de sus propios efectos.

Elizabeth, la Reina primordial de la femineidad, alcanza en su perfección todas las virtudes y predicados.

Desde ella parten entonces las irradiaciones correspondientes a su especie, bajan por la región del divino y salen también hacia fuera, hacia el reino del puro espiritual, donde se hallan las muchas gradaciones de todos los primordialmente criados.

En cada escalón hacia bajo, las irradiaciones se separan en especies de componentes individuales, que se personifican pronto en el enteal como copias de su origen, es decir, como copias de Elizabeth, el punto de partida de esas irradiaciones. Eso sucede en el y en el espiritual, visto que desde la Reina primordial promanan ambas las especies de irradiaciones, que ella mantiene reunidas en si.

Sus formas se constituyen exactamente según la respectiva y muy determinada especie individual de las irradiaciones, que ellas personifican y que ellas propias son. Con eso aparecen naturalmente también diversas variaciones en el aspecto o en la apariencia de las copias, que siempre exprimen de manera clara e inequívoca aquello, que la referida especie de irradiación contiene y efectúa.

Así aumenta por fin cada vez más el numero de las especies individuales, que se muestran personificadas. Fueron nombradas antaño de diosas y dioses por los pueblos antiguos, porque esos seres humanos en aquél tiempo no podían ver más lejos y imaginaban las mediadoras de esas irradiaciones ya como los verdaderos puntos de origen y las consideraban por eso como las más elevadas, que existían.

Por eso, partiendo de los espíritus humanos, imaginado una vez en sentido inverso ahora hacia arriba, encontramos muchas de esas mediadoras, y también mediadores, en el enteal. Por intermedio de ellos, cada ser humano terreno puede obtener todo, si apenas anhele con pureza por alguna cosa. La castidad, que, además, es totalmente diferente de lo que los seres humanos imaginaron, la fidelidad, la fertilidad, la veracidad, la gracia, la modestia, la diligencia (vibrando en la ley del movimiento) y mucho más. Para cada una es personificada una mediadora para todo el femenino, así como también existen mediadores para todo el masculino, por ejemplo, para la fuerza, el coraje, la intrepidez, destreza, verdadera y pura hidalguía y todo lo demás, que aquí no es necesario citar, porque solamente os quiero desenvolver un cuadro aproximado para mejor comprensión de aquello, que estoy ofreciendo hoy.

Desde cada uno de esos mediadores, quienes a través de las separaciones de las partes individuales se han convertidos necesarios, parten los hilos, que os describo. Y cada uno de esos mediadores tienen, por su turno, también muchos auxiliares, que se encuentran alrededor de él y actúan dentro de las irradiaciones. ¡Es un alegre fluctuar, que hay en toda esa actividad!

Sin embargo, si miréis hoy, en los tiempos actuales, para esos hilos, se abrirá a vuestros ojos un cuadro desolador; pues muchos de esos hilos, sí, la mayor parte de ellos, penden sin encontrar ligazones con los seres humanos terrenos. Revolotean al ocio para allá y para acá, enteramente no aprovechados, sin ser recibidos por los lugares, a los cuales han sido destinados en amor auxiliador.

¡Esos hilos así suspensos muestran vuestra culpa, oh seres humanos terrenos, así como mucha cosa más ya clama vuestra culpa hacia fuera, para la Creación, y hacia arriba, al Creador, que hasta ahora tanto os ha cumulado con Su amor, y que en las sagradas leyes tanto facilitó a vosotros para que reconocieseis exactamente los caminos, que debieseis recorrer!

¡Cómo habréis que os avergonzar, cuando entonces el reconocimiento os alcance! Vosotros, seres humanos, sois aquellos y los únicos, que no transmiten correctamente lo recibido, y que en este caso también fallaron completamente como mediadores, porque en eso ya hace mucho tiempo que no sois más capaces de recibir.

A tal respecto ya no hay más mucha cosa a decir. Tristes se hallan todos los mediadores en el enteal, que están en ligazón con vosotros, oh seres humanos. Acusadoramente levantan los hilos, que también a ellos, a través de la utilización por los seres humanos terrenos, deberían llevar corrientes reciprocas, las cuales vivifican, con lo más bello colorido, la unilateralidad del solamente irradiar, la dejando de esa manera que se fortalezca y brille de modo aún más poderoso y benéfico. Ellos secaron en las extremidades y atrofiaron.

Solamente aquellos mediadores, quienes se hallan en ligazón con animales, plantas y piedras, todavía se mantienen firmes y alegres; pues sus hilos de irradiación son estirados en el circular de la reciprocidad, a través del dar y del recibir, que también en eso tiene que residir, obedeciendo alegremente a la ley de la Creación, gratos por haber sido dada la posibilidad para eso en el amor universal de Dios, que en eso se revela.

Así, a través del pensar erróneo, que cultivasteis, abristeis una hendidura fea y prejudicial en el cuadro, que muestra aquella parte del tejer de la Creación que está muy estrechamente ligada con vosotros. Disemináis cosas feas alrededor de vosotros, seres humanos, por dondequiera que andéis y estéis. Hasta donde vuestros pensamientos lograron alcanzar, allá destruisteis la armonía, con eso la belleza y también el poder madurar conforme las leyes. ¡Mucho tenéis que responder y también que expiar!

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