Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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Contenido


46. El guía espiritual del ser humano

Tras haber contemplado el ambiente más cercano del ser humano de la Tierra, está preparado el suelo, a fin de que echemos también una mirada por sobre la conducción que se encuentra a su lado y lo auxilia.

Es imperativo también que sea dicho algo a tal respecto; pues precisamente de eso y cuanto a eso se habla mucho disparate por los seres humanos quienes, además, creen en una conducción o de ella saben algo, que a veces uno tendría ganas de reírse, no fuese tan triste.

Eso es triste, porque una vez más muestra nítidamente la constitución del espíritu humano en su extraña tendencia de, a cualquier precio, considerarse extremadamente valioso. No creo que todavía sea necesario presentar ejemplos a tal respecto; pues cada uno de mis oyentes ya debe alguna vez haber trabado conocimiento con tales individuos que hablan de su “elevada” conducción o del propio guía, que quieren intuir nítidamente y... sin embargo, no actúan según su ligera presión.

Esto, en la realidad, ellos no añaden; pero precisamente aquellos, que mucho hablan de la conducción, juzgan relacionarse amigablemente con ella de “ti para ti”, actúan raramente como la conducción a ella le gustaría, o sólo por la mitad, en la mayoría de las veces, sin embargo, de manera alguna. En ese tipo de personas se puede casi que seguramente contar con eso. Les es solamente un agradable entretenimiento, nada más. Se portan más o menos como niños muy regalones, se vanaglorian con eso y tal vez en primer lugar quieran principalmente mostrar cuánto trabajo los de “arriba” se dan a su causa.

Su guía es naturalmente siempre alguien “muy elevado”, cuando no prefieran presentir en él un pariente querido, cariñoso, que se preocupa mucho con ellos. En más de mil casos, sin embargo, debe ser el propio Jesús, que desde la Luz baja hasta ellos, a fin de advertirlos o, alabando, fortalecerlos, sí, que también a veces, cuando interrogado sobre personas, que les son bien conocidas, habla de modo desfavorable o favorable sobre ellas.

Entonces de muy buen grado hablan de eso con temor lleno de veneración, en lo que se puede desde pronto reconocer que esa veneración no se refiere al Hijo de Dios, sino a la circunstancia de que ellos han sido personalmente dignos de un tal cuidado. Usando palabras claras: ¡es veneración de si propios!

¡Cada ser humano, a quien tales individuos hacen confidencia, y ellos insisten en comunicar eso al mayor numero posible de personas puede verificar sin demora la verdad de lo que dije aquí al respecto, si colocar en duda tales comunicaciones! ¡Luego esos parlanchines se muestran sentidos, lo que sólo puede resultar de su vanidad herida!

Para ellos, estáis desprestigiados o “estáis liquidados”, conforme se nombra tan bien la disposición de los así sentidos en el lenguaje popular. Solamente con desdén miran para vosotros.

También es cierto que entonces consultan la conducción al respecto de vosotros, apenas se presente una oportunidad, y con mucha satisfacción acogen la respuesta, que otra no es sino la que ya esperaban; pues ese guía es al mismo tiempo amigo de ellos y, caso no sea el propio Hijo de Dios según su opinión, entonces ven en su guía el más cuidadoso servidor particular, a quién confían todo, porque él ya lo sabe y solamente aguarda oportunidades para confirmar o dar consejos necesarios.

Id e indagad, observad de forma correcta; ¡no tardaréis a ver todo eso confirmado hasta la saturación! Sed, también, una vez muy valientes, para nombrar mucho de eso de tontería; entonces habréis que buscar un abrigo lo más deprisa posible, si no queráis ser apedreados. Aunque eso hoy no pueda suceder de manera grueso-material, ocurrirá con toda seguridad moralmente. De eso podéis estar seguros.

Muy confidencialmente y con mucho cuidado lastimando hipócritamente, pasa entonces de boca en boca, de carta en carta. A las escondidas, pero con mucho ardor y mucha confianza, que demuestra practica, cavan para vosotros una sepultura, para poner fin bien merecido a vuestra inferioridad y también peligrosidad.

Los seres humanos olfatean el peligro, que les amenace la credibilidad. Antes de todo, sin embargo, no quieren dejar escapar las ocasiones que se prestan tan bien para hacer sobresalir el valor de su personalidad. La “elevada” conducción ya constituye prueba de eso, aunque los pobres prójimos todavía no puedan ver nada al respecto. Y a causa de eso luchan por aquello.

Así y no de otra forma es la presunción de esas personas, que se expresa claramente, por el tipo de charladurías al respecto de su conducción. Quieren a través de eso sobresalirse, no acaso ayudar a su prójimo con cariño, quieren ser envidiadas y admiradas.

Para que también quedéis concientes en relación a eso, os quiero de buena voluntad guiar al conocimiento de las leyes, que condicionan las conducciones; ¡pues también éstas no están sujetas a ninguna arbitrariedad, sino están entrelazadas con vosotros en los hilos de vuestro destino!

Todo tiene efecto reciproco en la Creación, y esa ley de la reciprocidad se encuentra también en el secreto de la determinación de vuestras conducciones. No encontraréis ninguna laguna, en ningún sitio un espacio vacío, donde sea posible inserir alguna cosa que, según la ley, no pertenezca imprescindiblemente a ese sitio.

Tras las ultimas disertaciones ya podéis hoy imaginar cuántos hilos corren al rededor de vosotros, que con vosotros están entretejidos, y vosotros con ellos. Pero eso es solamente una pequeña parte de ellos. ¡Y en esa grande trama que os envuelve no existe ninguna hendidura! Nada puede ser intercalado o encajado arbitrariamente, no hay intromisión alguna, tampoco es posible ninguno echarse o desconectarse, sin que haya sido por vosotros redimido, extinguido en acuerdo a la ley.

¡Por eso, tampoco es diferente con vuestra conducción! La conducción, que posees, está firmemente ligada con vosotros, de alguna manera. ¡En muchos casos por la atracción de la igual especie!

Así, muchos guías pueden y deben, por la actividad de la conducción, rescatar para sí acontecimientos, que los aten a la pesada materia gruesa. Eso es nuevo para vosotros, sin embargo fácilmente comprensible. Por el hecho de un guía, por intermedio de su conducción, buscar preservar un ser humano terreno de cometer sobre la Tierra los mismos errores que él propio cometió, a pesar del ciudadano terreno tener inclinación para los mismos, él, por medio de eso, rescata su culpa también en la pesada materialidad, sin que a causa de eso haya que ser especialmente encarnado. Pues el efecto de su conducción se muestra por sobre la Tierra, donde él antaño ha pecado, a través del protegido, quién le es permitido conducir. De ese modo, se cierra determinado circulo de un acontecimiento también para los del más Allá exactamente en aquél punto, donde tiene que cerrarse, sin que lo del más Allá, quién se encuentre preso a los hilos, haya que ser encarnado una vez más sobre la Tierra.

Se trata de un acontecimiento simple, que corresponde a la ley, y además ofrece alivio a aquél, que conduce un ser humano terreno, y simultáneamente también da ventajas a las criaturas humanas terrenas.

Precisamente la ley de atracción de la igual especie trae muchos, quienes quieren conducir, fácilmente hacia cerca de tales seres humanos terrenos, que poseen alguna igual especie en sí, y se encuentran en el peligro de caer en los mismos errores, en que ya ha caído antes quienes ahora los quieren conducir. Y la ley cría entonces los hilos, que atan el guía al protegido.

¡Observad así una vez muy atentamente la gracia que recíprocamente reside en el proceso para ambas las partes, para el guía y para aquél, quien él naturalmente es forzado o, digamos, agraciado a conducir por la reciprocidad en la ley de atracción de la igual especie!

Y todavía son muchas las gracias, que provienen solamente de ese único acontecimiento; pues corren con eso nuevos hilos hacia todos los lados, que nuevamente llevan en sí efectos recíprocos y en varios puntos fortalecen, elevan, favorecen, libertan aquellos, quienes están ligados a esos dos principales involucrados. Pues gracia, amor únicamente se encuentra en los efectos de todas las leyes, que existen en la Creación y las cuales, por fin, ascendiendo, convergen en la única y grande ley fundamental: ¡la ley del amor!

¡Sí, el amor es todo! ¡El amor es justicia y es también pureza! No existe ninguna separación entre los tres. Los tres son una sólo cosa, y en eso, a su vez, reposa perfección. ¡Poned atención en estas mis palabras, las tomad como llave para todo el acontecer en la Creación!

Para vosotros, quienes conocéis mi Mensaje, será evidente que siempre primero puede obtener ligazón aquello, que se encuentre más cercano de vosotros, porque para eso condiciones anticipadas muy determinadas deben ser dadas, que no admitan laguna alguna.

Así, está inserido en la ley de la Creación que un guía, que quiere ser ligado con vosotros, podrá ser ligado solamente cuando él propio todavía posea a su alrededor el envoltorio, es decir, un cuerpo, cuya espécie sea la más cercana de vuestro cuerpo, para que el hilo pueda adherirse, lo cual os debe ligar a él.

Desde ahí debéis sacar la conclusión de que aquél, quien os guía, no puede de modo alguno ser un “espíritu muy elevado”, pues sólo quien se encuentra todavía suficientemente cerca de esta Tierra puede guiar un ser humano terreno, al contrario ya estaría por demasiado ajeno a todo, y no habría sentido, tampoco podría traer a vosotros grande provecho, si ahí existiese un abismo. Ambos entonces no se comprenderían. Ni el guía a su protegido, tampoco éste a su guía.

Un único abismo imposibilitaría la conducción bien sucedida. ¡Pero no existe ningún abismo en la regularidad del acontecer en la Creación! Por lo tanto, tampoco en este caso; pues un único abismo haría colapsar por completo la propia grande obra de la Creación.

Entre el guía y aquél que es guiado existe, por consiguiente, una rígida reciprocidad, que es condicionada por la ley de atracción de la igual especie.

Caso queráis preguntar ahora, cómo es posible que también alguna vez desde un sitio espiritual más elevado llegue algo para el ser guiado en la Tierra, entonces tales excepciones no cambian la ley. Basta que penséis que la misma ley, que os da el guía inmediato, también da a éste un guía, y a éste entonces nuevamente y así sucesivamente. ¡Se trata de una sola ley, que forma una cadena entera, que tiene que vibrar bajo esa ley!

Así, puede suceder que un guía de un sitio más elevado os comunique algo por medio de esa cadena, o mejor, a través de los hilos de esa cadena. Eso, sin embargo, solamente ocurre en se tratando de cosas muy especiales. El desenrollar ocurre, sin embargo, siempre dentro de los límites de las leyes inmutables, pues que tampoco existen otros caminos.

Es una escalera, que tiene que ser usada de escalón en escalón, tanto hacia arriba como hacia abajo, y tampoco existe otra posibilidad. Sobre los acontecimientos en el caso de capacidades mediunicas, doy explicaciones especiales. Éstas no vienen al caso aquí.

Para un ser humano terreno, la gracia de la ley consiste en el hecho de él poseer siempre un guía, que conozca exactamente los errores, bajo los cuales la persona guiada sufre, porque éstos también han sido los de él, y por él ya haber vivenciado todas las consecuencias de esos errores.

Por eso él también consigue aconsejar y ayudar en todos los casos por experiencia propia. Incluso puede proteger a la persona por él así guiada de mucha cosa, presupuesto que ésta fije bien a sus velados llamamientos o advertencias; pues que obligarlo no lo puede. También solamente puede ayudar allá, donde la persona guiada tiene en sí el deseo, el anhelo o el pedido, al contrario, no. Él tiene que dejar al ser humano terreno la decisión de su libre albedrío, y eso también otra vez en acuerdo a la ley, a la cual él propio queda ligado. Ligado, a su vez, debido a una reciprocidad que, además, sólo puede dejarlo intuir algo, cuando vosotros, por medio de vuestra voluntad, apeléis para eso.

Con la irradiación de esa vuestra voluntad se extienden los hilos, que os unen con vuestras conducciones. Solamente por medio de esos hilos vuestro guía intuye con vosotros y solamente en ese camino os puede también apoyar. ¡Él no os puede por si acaso cambiar, sino solamente fortalecer y apoyar! En eso también es condición, que vosotros os ocupéis primero y seriamente con eso. ¡No lo imaginad tan fácil!

En tales acontecimientos reside para el guía también siempre, además de esa grande gracia de la posibilidad de rescate, a veces un castigo, cuando él de ese modo tiene que intuir conjuntamente que vosotros, a pesar de su advertencia, actuáis de modo diferente, de la misma forma como él propio ha actuado antaño. ¡Con eso él vivencia en vosotros una repetición, que lo entristece, pero que también lo fortalece y madura en su propósito de nunca más errar de esa manera!

Tanto mayor, sin embargo, es también su alegría, cuando él intuye conjuntamente el éxito de la conducción en vosotros. Con eso, él también es absuelto de su culpa.

Tras un tal rescate ocurre un cambio de vuestra conducción; pues muchos que están en el más Allá esperan poder guiar un ser humano terreno, para, ayudando, rescatar así sus propias culpas. ¡Sin embargo, el deseo por rescate no debe evidentemente ser el muelle propulsor que impulsa una voluntad de guiar! ¡Si eso deba rescatarlo de una culpa, entonces es necesario que realmente lo quiera por amor a los prójimos, para protegerlos de las consecuencias de caminos terrenos errados! ¡Solamente cuando uno, que se encuentra en el más Allá, esté en esas condiciones, puede, entonces, guiar seres humanos terrenos, y el rescate llega para él como gracia por su buena voluntad! Y esa obligación, así como el posterior consentimiento, se encuentra en los propios efectos de sus hilos del destino, que se orientan según la especie de las irradiaciones de su querer, en la más perfecta justicia.

¡No os debéis olvidar que a excepción de la pesadumbre de la Tierra todo es siempre vivencia! El pensar del intelecto queriendo ser astuto acabó allá. Por esa razón, todo es legitimo. ¡No ocurre que un espíritu humano quiera o pueda actuar allá de manera calculista, pero realmente desfruta todo sin límites! Sin premeditación, exactamente conforme está constituido en su respectiva estado.

Así es, por lo tanto, con una especie de guías. Todavía existen especies, que están ligadas de manera especialmente fuerte con vosotros, y que tal vez ya conocisteis en la Tierra. Parentesco evidentemente no cuenta en eso. Pero el concepto terreno sobre parentesco por consanguinidad ata muchos hilos fuertes, que os mantienen entonces ligados por un tiempo.

Solamente el concepto liga, lo cual vosotros mismos criasteis, no acaso el parentesco, como pensasteis hasta ahora. Vuestro concepto a tal respecto produce los hilos o vuestro amor, vuestro odio, y así sucede que también parientes fallecidos os puedan todavía conducir.

Sin embargo, tienen que estar capacitados para guiar; tienen que tener algo para os dar a través del propio vivenciar; pues del contrario no pueden guiar. Solamente el penderse en vosotros no basta para eso.

Sin embargo, muchas otras cosas también entran ahí en cogitación. Es posible, pues, que alguien en la Tierra de alguna forma os haya educado erradamente. A causa de eso queda atado a vosotros. Si, después de su fallecimiento, ha llegado de algun modo al propio reconocimiento de sus errores en eso, entonces esos hilos lo atraen hacia vosotros. ¡Llamemos a eso en este caso de hilos del arrepentimiento! Solamente cuando entonces os haya conseguido modificar en eso, también quedará liberado, antes, no.

Si, sin embargo, no os libertéis del error que aprendisteis de él, pero lo transmitáis nuevamente a vuestros hijos, entonces él quedará ligado juntamente con vosotros también a esos hijos, y así sucesivamente, hasta que finalmente consiga una vez reparar su error en un hijo.

Así existen muchas maneras, que os traen guías, los cuales, todos, solamente podrán servir para vuestro bien, apenas fijéis en su influencia silenciosa. ¡Ellos, sin embargo, nunca os pueden obligar, pero en su actuación representan para vosotros la “conciencia”, que os advierte y os amonesta!

¡Poned atención en eso! La actuación de los guías forma una parte de vuestra conciencia, cuya origen y también especie nunca pudisteis descubrir bien. Ahora os doy hoy un hilo para eso en las manos.

Decisivo para la especie del guía es, como, además, en toda parte en esta Creación, siempre el respectivo estado del propio espíritu humano que está siendo guiado. Cuanto más el espíritu del ser humano terreno madurar en si, tanto más alto logrará ascender, aunque cuando eso suceda terrenalmente de modo inconsciente, conforme ocurre casi siempre.

Donde, entonces, se encuentre el limite de la propia y firme ascensión del espíritu, allá es el plan del respectivo guía, lo cual se cambia con la madurez del espíritu humano guiado. El guía, en sus propias experiencias, estará siempre medio escalón arriba de la persona, que él puede, o también debe conducir. Sin embargo, las especies en todos los casos difieren tanto, que seria errado si yo quisiese mencionar y explicar determinados casos. Podríais quedar desorientados, porque entonces, con muy determinadas imágenes, solamente os ligáis a concepciones fijas.

Por ese motivo os doy a conocer solamente los propios efectos, sin describir determinadas especies. De ese modo permanecéis enteramente libres e independientes en este saber; pues todo eso irá manifestarse más tarde en múltiplas formas en el propio vivenciar. —

En el caso de convocados para el servicio en el Grial, algunos acontecimientos son un poco diferentes, a pesar de que en eso las leyes actuantes no pueden ser omitidas. En eso, sin embargo, la determinación divina interviene impulsando, la cual está ligada a grandes aumentos de fuerza. Sin embargo, conforme ya fue dicho, también en eso no puede ser omitida una única ley siquiera. Solamente todo será tan acelerado, que para el ser humano llega al milagroso.

En las convocaciones siempre se acerca inmediatamente un nuevo, fuerte guía originario del Grial, y éste actúa con su fuerza pura de modo fortificante por sobre todos los guías, que están en ligazón con el convocado, siempre en aquella dirección que el convocado debe tomar, para alcanzar la meta del cumplimiento de su servir.

Durante el madurar de un convocado son desconectados, en su aparente tiempo de espera, también los guías hasta entonces a él ligados y los demás acompañantes, los cuales con eso también tienen provecho especialmente valioso y pueden sentirse felices.

Por eso, para convocados es necesario muchas veces un largo periodo de preparación; pues en el aparente haber que esperar ocurre la desconexión de todo, que pueda impedir o detener un convocado de alcanzar también en tiempo su meta para el inicio del cumplimiento, por lo tanto, de su verdadero servir.

Sin tener la minima idea de ese grande, muchas veces penoso trabajo de sus guías del Grial, los convocados pasan por su tiempo de preparación, muchas veces aguardando con impaciencia la época que exige el inicio de la verdadera actividad. Sí, ellos ni siquiera intuyen que en ese tiempo necesario ellos deben ser primero purificados de tantas cosas, lo que de otra forma debía exigir centenas de años terrenos para ellos.

¡Ellos tampoco sienten que su alma vivencia todo eso realmente, y cada nueva desconexión, que ahí se muestra también como obstáculos muchas veces de forma simbólica en la Tierra en la materia gruesa, les parece como incomodo desnecesario, en cuanto deberían agradecer jubilosamente, porque en la manera fácil de luchas o preocupaciones terrenas les son quitados hilos del destino, que de otra forma los habrían que alcanzar de modo mucho más severo!

¡No vieron en eso el indescriptible amor y el grande auxilio, pero rezongan, sí, están incluso ofendidos por el hecho de que eso todavía les pudo ocurrir, porque no conocen la correlación, pero esperaban que, luego tras la convocación, serian acostados por sobre rosas, intangibles ante todas las iniquidades de la Tierra!

Sin embargo, con eso les es allanado el camino hacia la salvación y ellos propios son fortalecidos con eso. Ante impaciencia en eso, solamente colocan nuevas piedras en su camino que ellos en primer lugar tendrán que retirar, antes que puedan seguir en la caminata necesaria de sus rescates.

Ya os dije muchas veces que por ocasión de la convocación baja una pared de luz entre vosotros y vuestros hilos hasta ahora tejidos. La pared de luz os protege de los más fuertes efectos de todas las malas especies de vuestros hilos del destino que, acelerados, deben desconectarse en el periodo de las preparaciones. Y en esa aceleración necesaria irían precipitarse devastadoramente por sobre vosotros, si no tuvieseis como escudo la pared de luz.

Si sigáis con confianza el camino, que os será indicado, en alegre anhelo por el servir, que está ante vosotros, entonces nada de serio os acontecerá en los rescates. Si, sin embargo, desalentéis en vuestra impaciencia, o falléis en el aparente tener que esperar, lo que en la realidad no es un esperar, sino, al contrario, actividad febril, entonces esa pared de luz se retirará nuevamente y os dejara expuestos a los ímpetus de los hilos, que impelen hacia un rápido rescate, porque la aceleración no será nuevamente anulada.

En eso, ellos se precipitan entonces con toda fuerza, os alcanzan gravemente en su efecto así acelerado, que no se deja conducir nuevamente a caminos más lentos, tras haber sido estimulado a eso por la fuerza de la Luz. Y en eso os podrá destruir, en acuerdo a la especie del destino, que os aguardaba.

Reside en todo un simples acontecer de los efectos de acuerdo con la ley y parece entonces como un castigo rápido para los que fallan, en cuanto se trata solamente de rescates acelerados del verdadero destino, que parecen así al ignorante, de cuya fuerza, sin embargo, el así alcanzado tendría sido ahorrado por la fuerza de la Luz, si hubiese buscado aspirar a ella.

La divagación de mi aclaración sobre la conducción espiritual de los convocados no tiene nada que ver, sin embargo, con la descripción de un acontecimiento normal en el trayecto de las leyes de esta Creación; pues los convocados son excepciones, para los cuales cada paso es acelerado por la fuerza divina.

Queremos, mientras tanto, además seguir con los tipos generales de conducción. El respectivo guía será siempre alguien más cercano de vosotros en la jerarquía hacia arriba, que al mismo tiempo está ligado con vosotros de alguna forma, aunque sea solamente por una igual especie.

Así que un guía pueda ser desconectado de vosotros, se acerca inmediatamente uno nuevo. En muchos casos son guías, que poseían entonces uno de vuestros errores, diferente de aquél, que el guía anterior pudo rescatar para sí. Por lo tanto, no es dicho que, en el cambio de un guía, el otro que viene haya que estar en plan más elevado de lo que el antecesor.

Un guía más elevado solamente puede venir para vosotros, si también vosotros en ese medio tiempo alcances espiritualmente un escalón más elevado; pues el guía nunca puede estar abajo de vosotros, pero muchas veces lado a lado con vosotros. Solamente a causa de su propia vivencia él es más experimentado de lo que vosotros, no siempre un escalón entero más arriba; ¡pues os necesita además compreender, necesita además intuir con vosotros, mejor dicho, intuir lo que vosotros intuís, y eso condiciona que no puede estar muy lejos de vosotros!

¡Y seguramente ningún ser humano, con algun saber de la regularidad inabalable de las leyes en la Creación, imaginará estar ligado directamente al Hijo de Dios, Jesús, lo que para un espíritu humano de ninguna manera es posible!

¡Pero este privilegio reivindicsan para sí justamente innumeros pequeños mediums, sin saber que ni siquiera podrían soportar la fuerza de una aproximación! Y millares de seres humanos vanidosos se dejaron iludir y atraer por esos errores, porque les son agradables y porque les gustan embalarse con tales auto ilusiones; pues con eso son lisonjeados.

Mis explicaciones nada tienen que ver con las innumeras y confusas charladurías de los pequeños mediums. Hablo solamente de conducciones serias y no de parlanchines, quienes pueden ser encontrados también además entre aquellos fallecidos, que pueblan densamente el ambiente más cercano de esta Tierra de materia gruesa. Eso es un otro capitulo, de lo cual nos ocuparemos oportunamente de forma más minuciosa.

Os doy solamente todo aquello, que puede ser realmente útil y que por eso os conduce hacia arriba. En los sectores, que no necesitéis conocer de cerca, tocaremos solamente ligeramente. Mientras tanto siquiera merecen ser mencionados.

Que a los seres humanos les gustan tanto ocuparse justamente con eso, que prefieren oír hablar sobre eso es solamente una triste señal del actual bajo nivel espiritual. Dejad de lado tales entusiastas, que sólo quieren complacerse o envolverse en presuntuoso bien-estar, donde jamás puede haber una ascensión, tampoco una posibilidad para eso. Parlanchines del más Allá solamente os alejan del actuar serio y del pensar serio; pues es su peculiaridad, visto que también ellos desperdician y malbaratan su tiempo, en lugar de aprovecharlo llenos de gratitud.

Será un grande susto para ellos, cuando de repente, reconociendo, hubieren que resbalar hacia bajo, como imprestables para la nueva época.

Resumiendo, os quiero decir una vez más:

En primer lugar son solamente auxiliares, que debido a la igual especie de vuestros errores pudieron dejarse ligar con vosotros, solamente más tarde, cuando ya no tengáis que cargar errores con vosotros y solamente poseáis la nostalgia de las alturas luminosas, entonces entran en consideración para vosotros guías legítimos, que son ligados debido a la igual especie de vuestros predicados y virtudes.

Solamente éstos, en la verdad, os conducen hacia arriba, al fortalecer vuestras virtudes y actúan en eso por sobre vosotros por medio de su grande fuerza como un poderoso imán.

¡Solamente éstos son entonces los guías, a quienes podéis realmente nombrar de guías! Os aseguran ya ahora firmemente, de manera misteriosa y completamente desconocida por vosotros, porque su fuerza prepasa el Universo. Pero lógicamente aseguran solamente aquellos, quienes todavía llevan vivaces en sí virtudes, que no estén demasiado soterradas.

De estos guías, sin embargo, no podéis hablar todavía aquí en la Tierra, pues para vosotros, en primera línea, los auxiliares además tienen que desenvolver su actividad, a fin de os apoyar, para que podáis limpiar vuestras vestimentas de toda la suciedad que atrajisteis. Todos los auxiliares, sin embargo, todavía tienen, ellos propios, que rescatar lo que les es concedido ante la ayuda a vosotros.

Por sobre todos éstos, además, ya se encuentran los verdaderos guías, os esperando y os asegurando en ese ínterin, para que no caigáis durante vuestra grande purificación y en eso hundáis.

¡También aquí todo se efectúa en acuerdo a la ley de atracción de la igual especie! Son los primordialmente criados, que tan poderosamente actúan.

El primordialmente criado, por ejemplo, que personifica el heroísmo, actúa de esa forma por sobre todos los posteriormente criados, que llevan en sí el heroísmo como virtud, y los demás, a su turno, en su muy determinada especie.

El primordialmente criado en el reino del puro espiritual actúa siempre por sí aisladamente para cada especie. En su irradiación él actúa entonces por sobre grupos de igual especie todavía en el puro espiritual, quienes se encuentran más abajo. Y grupos de todas las especies existen entonces aún más hacia bajo también en el Paraíso, entre los perfectos de los espíritus humanos posteriormente criados, desenvolvidos, y desde allá las irradiaciones se extienden entonces, yendo cada vez más hacia bajo, para toda la Creación posterior, para aquellos, con los cuales ellas todavía pueden obtener ligazón.

¡Así, en el puro espiritual, en el punto más elevado, existe para cada virtud solamente una personificación, la cual en eso es guía para todos los espíritus humanos de la misma especie! Y solamente esos pocos son los verdaderos guías, pero solamente en la más pura, comprensiva objetividad por medio de su irradiación, nunca personalmente.

También esto todo ya ha sido dicho claramente en el Mensaje.

Por lo tanto, ni siquiera un primordialmente criado el ser humano puede designar de su guía personal. Sería errado. Y muchísimo menos Jesús, el Hijo de Dios.

Vosotros, seres humanos, os familiarizad con el hecho de que desde esa grande, verdadera conducción solamente los que están realmente despiertos pueden percibir algo en el verdadero saber, que la convicción proporciona. ¡Y no todos, que de eso se vanaglorian, están realmente despiertos en el espíritu y con eso nacidos de nuevo!

¡Es mucho mejor si primero habléis de auxiliares, que se hallan mucho más cerca de vosotros de lo que los guías, y que os traen gran provecho en el inmenso esfuerzo que despenden por vosotros! ¡Tended a ellos alegremente gratos vuestra mano y poned atención a sus advertencias, que constituyen una parte de vuestra conciencia!

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