Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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45. Almas torcidas

¡El ser humano tiene preguntas por sobre preguntas! Apenas yo le ofrezco un nuevo saber, él ya viene con nuevas preguntas, incluso antes de haber asimilado, comprendiendo en sí todo cuanto le ofrecí.

¡Ese es su gran error! Quiere proseguir con apuro. Si yo me orientase por él, entonces él nunca podría alcanzar alguna cosa; pues con sus preguntas permanece siempre solamente en su lugar, así, como un peregrino perezoso que se sienta sosegadamente en la sombra de un bosque y permite que los demás le cuenten sobre su blanco, en lugar de animarse e ir al encuentro del blanco.

A lo largo de su jornada él mismo irá entonces avistar y vivenciar todo aquello, que le gustaría saber por la respuesta a las preguntas, que siempre deja surgir en sí. ¡Él necesita moverse, al contrario no alcanza el blanco!

¡Yo dije en la disertación “Mujer y hombre” que cada ser humano debe sacar desde mis palabras las aplicaciones útiles para su actual existencia terrena! Caso quiera seguir tal consejo, no le resta otra cosa, sino convertir viva dentro de si mismo mi Palabra, así como yo la doy; pues sé exactamente lo que el ser humano necesita para eso, y oriento mis disertaciones siempre en este sentido. Él tiene que seguir las exposiciones, palabra por palabra; pues ellas contienen una secuencia gradual, que conduce su alma cuidadosamente hacia arriba. ¡Un camino, que el alma puede trillar, si apenas quiera!

Sus rápidas preguntas muestran, sin embargo, que él quiere aprender en su habitual manera intelectiva y pone nuevamente al margen el necesario vivenciar. El aprender en nada resulta para el alma; pues lo que fue aprendido queda hacia tras aquí con el cuerpo, ya en el primer paso hacia afuera de esta Tierra. ¡Solamente aquello, que ha sido vivenciado, el alma lleva consigo! ¡Ya lo dije muchas veces, pero a pesar de eso el ser humano terreno se acerca siempre nuevamente de modo errado de la Palabra Sagrada! En eso, él no confía en mí y quiere saberlo mejor, o no quiere de buen grado abandonar su manera habitual.

En la construcción de mis disertaciones existe una conducción sabia, que él no comprende. Tampoco es necesario que él la reconozca en ellas, mientras la siga y no busque anticiparse en su anhelo de querer saber, como los lectores superficiales de un libro, que lo leen a causa de la curiosidad, solamente para llenar horas libres y desviarse de su pensar unilateral sobre sus actividades diarias.

Durante la lectura, no ven que los personajes del libro surgen vivos ante sí, no ponen atención a los respectivos desenvolvimientos, que los personajes en pauta tienen que vivenciar, no ven las nítidas conclusiones que desde ahí se desenvuelven, que son capaces de modificar siempre de nuevo las circunstancias y el ambiente. ¡Nada de eso es observado por ellos, pero, sí, prosiguen a los saltos, solamente para que rápidamente todavía se informen sobre este o aquel punto en la acción! ¡No sacan ningún provecho de los mejores libros, que reproducen un trecho de la existencia terrena, de donde el lector podría agotar mucho para sí, si co-vivenciase todo correctamente en su interior!

Como tales lectores, que en su entusiasmo buscan devorar literalmente todos los libros, pero cuya verdadera finalidad y sentido jamás reconocen, sabiendo solamente distinguir e indicar dos categorías: libros emocionantes y libros monótonos, así son los seres humanos, quienes dejan surgir en sí inmediatamente nuevas preguntas, apenas cuando leen una disertación del saber de la Creación.

¡Deben, antes de todo, con mayor esfuerzo y empleo de energía, buscar agotar aquello, que cada disertación les ofrece!

Cuando algo allí pronto no les parezca totalmente claro, entonces no deben mirar buscando más hacia adelante, pero, sí, tienen que mirar hacia tras en el Mensaje, a fin de investigar dentro de él y en él encontrar la aclaración.

¡Y el ser humano lo encontrará, apenas deje que el Mensaje le surja en el espíritu en imágenes! Encontrará todo, si realmente lo busque. En esa búsqueda necesaria, sin embargo, el Mensaje le convertirá continuamente más claro, más fuerte, más seguro dentro de él. Aprenderá con eso a conocerlo siempre mejor y... ¡a vivenciarlo! Precisamente de esa manera lo fuerzo a hacer algo, que voluntariamente nunca haría en la pereza de espíritu, que en parte todavía paira sobre todos los seres humanos.

Existe en eso una conducción no reconocida por él, que le es un auxilio inestimable para convertir vivo mi Mensaje. Aprende así a reconocer todo, lo que fue pronunciado en el Mensaje, todo cuanto en él existe, de lo que, a pesar de la lectura, hasta ahora no tuvo noción. Él ve cómo puede investigar en ese Mensaje y hace con eso la descubierta, a él cada vez pareciendo nueva, de que realmente encuentra en él todo, que sólo dependía de él mismo, de su manera superficial de buscar, si mucha cosa hasta entonces él no había observado.

¡Las disertaciones actuales y las siguientes son ampliación del Mensaje! Quién quiera comprenderlas también debe conocer el Mensaje. Es un todo, que también debe ser mantenido en la secuencia determinada, si deba convertirse en verdadero saber.

En eso, ni siquiera un punto pude ser evitado. Y para un saber de la Creación, eso no es exigir demasiado. Para quién eso sea demasiado, éste nunca podrá llegar a un fin con eso. Sin embargo, sin tal saber no más hay ascensión y tampoco un permanecer por más tiempo; pues el tiempo del poder existir ignorante a tal respecto pasó.

¡Dios, vuestro Señor y Criador, lo exige ahora de vosotros! ¡Quién se retraiga de eso, de este Dios se retraerá! Y sin las gracias de Dios, el hombre no puede existir. A vosotros no resta ninguna escoja, si queráis continuar a existir; ¡pues Dios ahora impone Sus condiciones a las criaturas!

¡Fijad solamente al vuestro alrededor, pero con mirada límpida, que no esté turbada por alguna idea presuntuosa, entonces tenéis, sí, que reconocer como ahora a los pocos vendrá a oscilar y colapsar todo aquello, que no esté en acuerdo con la voluntad de Dios! ¡Ante las leyes de Dios en la Creación no existe ningún poder que podría, de ahora en adelante, todavía contraponerse a ellas con éxito! ¡Poned atención a éstas mis palabras y reconoced en los acontecimientos actuales y venideros la mano de Dios, que visiblemente interviene en la obra humana! —

Busco os conducir por el mejor camino para vosotros. Sin embargo, vosotros debéis acompañarme con paso firme y no os debéis intentar anticipar siempre como los lectores, cuya superficialidad os mostré como ejemplo.

Igual también es con relación a mi última disertación sobre “Mujer y hombre”. ¡Como conozco a las personas, surgen en eso nuevamente preguntas en sus cerebros, antes que se den al esfuerzo de recibir del Mensaje una respuesta, o de la propia disertación, y, no por ultimo, a través de la observación del prójimo en la actual vida terrena! ¡Precisamente en eso encontraréis la mayor parte, pues que eso, visto desde mi Mensaje, os da abundantemente las confirmaciones de todo cuanto os expliqué! ¡Sin embargo, fijad bien, sólo si lo consideráis con base en el contenido de mi Mensaje!

Eso condiciona que os sintonicéis bien con el Mensaje. ¡Si lo consigáis, entonces podréis todo, pero reconocer todo también de inmediato en vuestro ambiente de forma muy exacta, y con eso os volveréis concientes, os volveréis sabios! Leeréis entonces en la vida terrena, como se le en un libro. ¡Para eso é los fue abierto por el Mensaje!

Inténtalo. ¡Entonces los ojos os serán rápidamente abiertos, y con eso estaréis despiertos! ¡No ahorrad esfuerzos para obtener ese indispensable!

¡No que con eso debéis mirar solamente para los defectos de vuestros prójimos! ¡Esa no es la intención, pero, sí, vosotros debéis reconocer en eso la propia vida con todas sus consecuencias y modificaciones, para lo que mi Mensaje os es y siempre será la guía en inmutable fidelidad! Solamente en la vida o a través de la propia vida reconoceréis todos los valores de mi Mensaje, no ante vuestro querer saber. Y a través del Mensaje podréis, a su vez, ver bien la vida, así, como es de provecho para vosotros. ¡También en eso todo actúa recíprocamente, y el verdadero saber llega solamente en la vivencia!

De esa manera pronto os volveréis un sólo con el Mensaje; él se convertirá en vida para vosotros, porque solamente a partir de esa vida podéis reconocerla; pues él os habla de la vida.

¡Por lo tanto, no debéis buscar reconocer el valor del Mensaje en el propio libro, sino en la observación de la vida! Debéis, ante observaciones cuidadosas y más diligentes de todo cuanto ocurre a vuestro alrededor y en vuestro interior, cooperar para la posibilidad de reencontrar el Mensaje en la vida, a partir de la cual él os habla.

¡Ése es el camino para vosotros hacia el verdadero reconocimiento de mis palabras, que tienen que os traer provecho y por fin la victoria por sobre las tinieblas! Así obtendréis de modo totalmente natural la corona de la vida eterna, que es el eterno poder existir autoconsciente en esta Creación, ante lo que podréis entonces, distribuyendo bendiciones, colaborar en su evolución, para alegría y paz de todas las criaturas. —

¡Y tras mi ultima disertación surgieron, de hecho, nuevamente preguntas en vosotros! Preguntas, que deben resultar incluso una cierta opresión, a pesar de que una respuesta sea fácil de encontrar en el Mensaje; pues en él consta, consoladoramente, que cada consecuencia de una acción errada encierra también en sí la posibilidad de rescate y, con eso, de remisión, apenas el espíritu humano aprenda con ese hecho y reconozca el errado.

Y a pesar de eso existe una cierta inquietud, cuando una persona al saber anticipadamente dice a si propia que es un alma humana torcida, cuando una vez ha sido mujer y otra vez hombre en la Tierra o viceversa. Una presión se abate con eso por sobre su alma.

Eso naturalmente es errado, y nuevamente se tira el niño con el agua del baño; ¡pues lo más evidente en eso es el reconocimiento de que una tal persona había torcido su alma! La torsión de forma alguna necesita todavía persistir. ¡Pues en la realidad solamente cambió con eso el envoltorio, el cuerpo! El propio espíritu, sin embargo, a pesar de todo el cambio, ha permanecido siempre aquello, para lo que se hubiera decidido la primera vez, por ocasión del inicio de sus peregrinaciones a través de la Creación; pues para él, a ese respecto, como en relación a todas las cosas en la Creación, existe también solamente una única y determinante libre decisión, a la cual él entonces queda atado.

La opresión, por lo tanto, resulta solamente como consecuencia de la acogida demasiado superficial del Mensaje; pues por medio de él cada uno tiene que saber que justamente un tal cambio podía ser de provecho para la persona por él alcanzada. Él le da, pues, la posibilidad de enderezar lo que había sido torcido, le lleva a eso, sí, la auxilia de la manera más fuerte a reparar todo nuevamente. El alma puede además fortalecerse en tal vivencia forzada.

Ahora, sin embargo, no debéis de nuevo pensar que aquellos, cuyo camino permaneció recto, han perdido alguna cosa. Tal no es el caso, pero, sí, allá, donde ocurrió una torsión debido al propio querer errado, solamente allá el cambio puede, lleno de gracia, volverse provechoso, a fin de fortalecer esa alma torcida, que con eso había mostrado una debilidad, de tal manera, que ella no lo haga nuevamente. Con eso, naturalmente, también el error se ha desprendido de ella.

¡Ahora mirad una vez al rededor y observad los prójimos! Pronto encontraréis entre ellos mujeres que traen en su ser características masculinas. Precisamente hoy hay de ellas más de lo que nunca. Se puede decir que hoy mucho del femenino incluso parece estar contaminado con eso; pues seguramente no es así tan difícil comprender que en una tal mujer o joven existe algo torcido en su ser, tiene que existir, porque una mujer naturalmente no puede ser hombre, tampoco debe.

Con eso, evidentemente, nunca me refiero al cuerpo; pues éste es casi siempre pronunciadamente femenino, a la excepción de los cuadriles, que en la mayoría de tales casos recuerdan lo masculino por que son estrechos, lo que, por eso, también en la realidad es antifemenino.

Menciono eso a propósito, porque así pronto indico una señal externa. El cuerpo femenino, en lo cual reside un alma masculina torcida, en la mayoría de los casos, tendrá esa señal de los cuadriles estrechos, que se asemejan más a la estructura del cuerpo masculino, se diferenciando de aquellos, cuya alma esté solamente aspirando por una especie cualquier de masculinización, sea en sus opiniones, o en su actividad, de lo que resulta un pendiente, que hace surgir los hilos hacia la próxima encarnación en un cuerpo masculino.

Evidentemente hay en la configuración física de las mujeres también excepciones en degeneraciones por cultivo exagerado, por deporte unilateral de las madres o por actividades físicas erradas de las mismas, cuyas consecuencias se transmiten a los hijos.

Así, también ya designamos los dos grupos principales, que debemos separar uno del otro.

Un grupo de las mujeres y jóvenes terrenas, que ya traen en sí almas masculinas torcidas, y el otro grupo de las que todavía traen en sí almas femeninas, pero que tienden hacia la masculinización debido a conceptos torcidos, que aceptaron espontáneamente o recibieron a través de educación o cultura erradas.

Seguramente no necesito mencionar de modo especial que, en los casos referidos por ultimo, no sólo las propias almas femeninas tienen que soportar las consecuencias, como también son involucrados en los hilos de culpa aquellos, quienes dan motivo a eso.

No queremos, sin embargo, con eso nos desviar mucho, pero, sí, seguir con nuestros dos grupos mientras encontrados. Dejemos de lado mientras tanto los que todavía se hallan en formación; pues se trata de almas femeninas que están en vías de torsión, cuyos cuerpos terrenos naturalmente no más pueden se transformar en la actual existencia terrena, debido a su densidad y a lentitud a eso atada. Eso les queda reservado para la próxima encarnación.

Sin embargo, también antes se les es ofrecida una salvación. ¡Si en esta actual existencia todavía cobran animo y se liberten enérgicamente de lo que es antifemenino! Debido a eso tienen que se formar también inmediatamente nuevos hilos, que conduzcan y tiran a una encarnación femenina, en cuanto los demás no más reciben ninguna provisión de fuerza.

Decisiva es, por fin, entonces la circunstancia, bajo qué estado se encuentra el alma en el momento del traspase, para qué lado ella misma entonces se inclina con más fuerza. Si la voluntad, el pensar y el actuar femenino obtengan en ella hasta allá nuevamente el predominio, entonces su irradiación en el momento del desenlace de la Tierra tenderá principalmente para aquellos hilos y, con eso, vivificará aquellos, los que conducen hacia el femenino, mientras los demás en solamente un breve, ligero vivenciar en el más Allá pueden entonces secar y caer rápidamente, si antes no hayan sido amarrados demasiado fuertes.

También es posible que esos hilos errados, por fuerte querer femenino, ya se deshagan además durante el tiempo terreno y que el alma se liberte nuevamente de ellos, antes de tener que pasar hacia el más Allá. Eso todo depende de la especie y de la fuerza del respectivo querer y si, para el alma encarnada en la Tierra, todavía reste tiempo suficiente antes del traspaso obligatorio; pues la ley tiene que ser cumplida en cualquier caso. O todavía aquí o entonces tras el traspaso hacia el más Allá.

Tomemos, sin embargo, para nuestra consideración de hoy solamente las almas torcidas que, en consecuencia de esta distorsión, ya están encarnadas en un cuerpo terreno correspondiente.

Entre ésos, primeramente la femineidad terrena, en la cual fueron encarnadas almas masculinas débiles, porque en la vida anterior se alejaron demasiado del pensar y del actuar puramente masculino. Eso ya explica que en tales mujeres terrenas sólo puede tratarse de almas masculinas débiles. Por eso, no es nada elogiable cuando una mujer, contrariando la especie femenina, busca evidenciar o incluso mostrar características masculinas.

Una tal mujer no es verdaderamente fuerte en su pensar y en su actuar, en ninguna dirección, ni en la masculina, tampoco en la femenina. Ella también ganaría más para sí, terrenalmente, si buscase reprimir la torsión.

Su vivenciar, sin embargo, la ayuda en el cambio; pues pronto deberá percibir que un verdadero hombre nunca se siente bien en su cercanía. Él no encuentra en sí ninguna comprensión para ella. ¡Menos aún puede surgir una armonía, porque la legitima masculinidad es repelida de todo lo que es falso, así también de la tendencia masculina de una mujer! Un matrimonio entre un verdadero hombre y una verdadera mujer, que trae en sí un alma torcida masculina, puede ocurrir solamente en una base puramente intelectiva. Armonía autentica nunca surgirá en eso.

¡Una tal mujer, sin embargo, de cualquier forma será involuntariamente atraída para aquellos hombres, que traen en sí un alma torcida femenina!

También estos últimos inconscientemente no son llevados en seria por los hombres no torcidos en sí. En ese intuir y actuar inconciente, sin embargo, se encuentra la presión de la verdad, de la realidad.

Todas las consecuencias de las acciones involuntarias, intuitivas, que podemos designar como naturales, actúan, sin embargo, de manera educativa sobre las almas torcidas, que debido a las vivencias dolorosas en sus desilusiones son enderezadas nuevamente hacia la dirección cierta, por lo menos en muchos casos. Eso, sin embargo, no excluye que más tarde siempre de nuevo vengan a caer en eses o semejantes errores. Si no se fortalecen con las experiencias, quedan como los juncos que oscilan al viento. Mucho, mucho, sin embargo, los seres humanos pueden evitar entonces en el futuro para sí a través del volverse conciente de eso. ¡Mucho sufrimiento y mucha pierda de tiempo! Pues hasta ahora un alma no podía convertirse conciente de su torsión.

Precisamente como ocurre con las almas masculinas en los cuerpos femeninos, ocurre con las almas femeninas en los cuerpos masculinos. En ambas las partes son las mismas consecuencias de una ley uniforme, inflexible.

Una cosa irá llamar vuestra atención en las observaciones del vuestro ambiente, que ya mencioné en mi disertación: el modo extraño, por lo cual las almas femeninas en los cuerpos masculinos se sienten atraídas por las almas masculinas en los cuerpos femeninos, y viceversa. Por lo tanto, precisamente la mujer con voluntad intelectiva más fuerte y rasgos predominantemente masculinos se siente, en la mayoría de los casos, inconcientemente atraída para un hombre con rasgos más delicados.

¡En eso, sin embargo, no sólo reside una búsqueda inconciente por equilibrio, pero, sí, actúa aquí la grande ley de atracción de la igual especie!

¡La igual especie reside aquí en la distorsión de las almas! Las almas de ambos son torcidas y poseen en eso una especie igual realmente existente, que se atrae en acuerdo con la ley.

El sentirse atraído del hombre hacia la mujer, excluido de eso el impulso sexual, es consecuencia o efecto de una otra ley, no de aquella de atracción de la igual especie. Para mejor comprensión es oportuno que yo diga aquí alguna cosa sobre la igual especie y explique lo qué se debe entender por igual especie; pues en este caso se encuentra ahí el factor decisivo.

La atracción de la igual especie no es la única manera que aparentemente actúa atrayendo. En los acontecimientos de atracción aparente reside una gran diferencia. La atracción de la igual especie, esta grande ley de la Creación, es, sin embargo, fundamental para todos los deseos de ligazón en la Creación, sea cual sea la manera por la cual se efectúe. Esa grande ley condiciona primeramente todos esos acontecimientos, los provoca y también los regula. Paira sobre todos los acontecimientos y actúa impulsando dentro de ellos y a través de ellos en el tejer de la Creación entera.

Por eso, quiero primeramente separar las especies de atracción conforme la designación de su verdadera actuación, es decir, según su actividad: ¡en la verdadera atracción, y en el deseo de ligazón de partes separadas de una determinada especie, provocado forzosamente por esa grande ley, que todo domina y condiciona!

¡Existen, pues, en la actuación de la Creación una atracción y un deseo de ligazón! El efecto de ambos los fenómenos exteriormente parece idéntico. La fuerza, que desde el interior impulsa a eso, sin embargo, es totalmente diferente.

¡La atracción ocurre entre especies iguales, cerradas en sí, y el deseo de ligazón reside en las separaciones de las especies, que continúan a esforzarse para formar nuevamente una especie!

La frase establecida por los seres humanos, de que los opuestos se tocan, mientras polos iguales se repelen, se encuentra por eso solamente en aparente contradicción con la ley de atracción de la igual especie.

En la realidad no hay ninguna contradicción en eso; pues la frase establecida por los seres humanos es valida y correcta para el fenómeno del deseo de ligazón de diferentes separaciones de especies objetivando una determinada especie, de pleno valor. ¡Pero también únicamente en ese caso! Solamente entre las propias especies cerradas entra entonces en vigor la verdadera ley de atracción de la igual especie, que para eso provoca el efecto impulsador de la búsqueda de ligazón, visando una determinada especie de pleno valor. Esa ley vibra por sobre y dentro de eso.

Lo que el ser humano ha reconocido hasta ahora en su ciencia son solamente los pequeños fenómenos entre las separaciones de especies. Él, además, tampoco ha descubierto la actividad y el efecto de las especies propiamente dichas, porque en la Tierra y en sus cercanías sólo existen separaciones de especies, es decir, partículas, cuyas actuaciones y efectos él logró observar.

¡Así también el espíritu femenino y el espíritu masculino constituyen, cada uno, solamente una separación de especie, que anhelan una a la otra, buscando ligazón, conforme las leyes de la Creación, por lo tanto, partículas solamente, que incluso en su ligazón, hacen, a su vez, solamente una parte de la verdadera especie del espiritual!

Lo aquí mencionado se refiere, a su vez, solamente a la característica principal entre el femenino y el espiritual, mientras los envoltorios del alma y finalmente los envoltorios de la materia gruesa son separaciones de otras especies en partes muy menores, que se efectúan deseando ligazón según la especie básica especial y muestran en eso determinadas consecuencias.

El propio ser humano, por ejemplo, no es una determinada especie, sino solamente una separación, que tiene en sí el deseo de ligazón.

¡Pero su malo pensar o su malo actuar es una determinada especie, que atrae la especie igual y por ella es atraída! Vedes de ahí que desde una separación de especie puede partir una especie lista y no acaso solamente separaciones.

Quiero dar aquí además una indicación: en la atracción de la igual especie se encuentra una muy determinada e inmutable condición. En eso reside también una fuerza mayor, que está anclada en la ley básica. En el deseo de las separaciones de especies, sin embargo, existe mayor libertad de movimiento, provocado por la fuerza reducida. Por ese motivo, las separaciones de especies pueden asociarse de diversas maneras y así, producir efectos y formas variadas.

Hoy puedo presentar nuevamente solamente una imagen restricta, pues todos esos puntos se desdoblan a los millares y no encontraríamos un fin. ¡Si yo no abra para vosotros un camino muy determinado, adaptado a vuestra capacidad humana, jamás podréis obtener una imagen realmente completa de los fenómenos en la Creación!

Por eso también tenéis que seguirme lentamente. No debéis intentar dar un paso adelante, antes que haya asimilado en vosotros de manera cierta, indeleble, todo cuanto por mi ha sido explicado; pues al contrario podréis y tendréis que quedar desamparados durante el trayecto, a pesar de mi conducción. Un seguir inconciente no os trae ningún provecho.

¡Considerad, vosotros me seguís en un camino, por lo cual no volveré nuevamente con vosotros! Nosotros escalamos conjuntamente una escalera, en la cual para vosotros no debe hacer falta un único escalón. Subimos escalón por escalón.

Si no vivenciéis correctamente cada escalón, de modo que se conviertan realmente familiares para vosotros, puede suceder fácilmente que de súbito todavía en el trayecto perdáis el apoyo y hayáis que caer. Si ellos no se han convertidos familiares y propios para vosotros, os veréis un dia, tal vez ya en considerable altura, confusos, y no más podréis proseguir, porque os hace falta el apoyo seguro bajo vuestros pies. Volver tampoco podréis, porque los escalones no se han convertido suficientemente familiares para vosotros, y así habréis que despegar en caída brusca.

No tomad esta advertencia y exhortación de modo negligente; pues dice respecto a vuestra existencia entera en estas ultimas horas terrenas de una época universal.

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