Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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Contenido


38. El reconocimiento de Dios

Aunque también ya haya explicado que un ser humano nunca podrá realmente ver a Dios, porque su especie no posee absolutamente la capacidad para eso, aún así él lleva en sí el don para reconocer a Dios en Sus obras.

Eso no se pasa, sin embargo, de la noche para el dia, tampoco a él le es dado durante el sueño, pero, sí, cuesta serio esfuerzo, grande, fuerte voluntad, que no puede dispensar la pureza.

A vosotros, criaturas humanas, es dada la insaciable nostalgia por el reconocimiento de Dios, ella está inculcada en vosotros, para que no podáis encontrar sosiego en vuestras peregrinaciones a través de la Creación posterior, que a vosotros os son permitidas emprender con la finalidad de vuestro desarrollo, a fin de que, convirtiéndose concientes, aprendáis, llenos de gratitud, a desfrutar las bendiciones, que los mundos encierran en sí y ofrecen a vosotros.

Si encontraseis sosiego en vosotros durante esas peregrinaciones, ese sosiego os traería a vosotros, entonces, como consecuencia, la paralización, que encierra en si la debilidad y decadencia para vuestro espíritu, por fin, también inevitable desintegración, toda vez que así no obedece a la ley primordial del movimiento necesario. Sin embargo, el engranaje de las leyes naturales en la Creación es para el espíritu humano como una correa en movimiento, que lo transporta sin interrupción, en la cual, sin embargo, cada uno que no sepa mantener el equilibrio, resbalando, alcanza tropezar y caer.

Mantener el equilibrio es en este caso lo mismo que, por la observación de las leyes de la Creación, no perturbar la armonía de la Creación. Quién tropieza y cae, quién en ella no puede mantenerse parado será arrastrado junto, porque a su causa el engranaje no para un segundo siquiera. Ser arrastrado junto, sin embargo, hiere. Y, poder levantarse nuevamente, exige, entonces, redoblado esfuerzo, mayor esfuerzo aún la recuperación del indispensable equilibrio. Con ese constante movimiento del ambiente, eso no es tan fácil. Si no lo consigue, el ser humano será lanzado totalmente hacia fuera de la ruta, entremedio a las ruedas del engranaje, y luego triturado.

Por eso, sedes agradecidas, oh criaturas humanas, que la nostalgia por el reconocimiento de Dios no os dé sosiego a vosotros en vuestras peregrinaciones. De esa forma, escapáis, sin que lo sepa, de múltiplos peligros en el engranaje universal. ¡Sin embargo, no comprendisteis la nostalgia que reside dentro de vosotros, también esta vosotros torcisteis y hicisteis de ella solamente una inquietud innoble!

La inquietud, nuevamente de modo errado, vosotros buscáis entonces aturdir o satisfacer con cualquiera. Como para tanto solo empleáis el intelecto, extendéis naturalmente también la mano a deseos terrenos, en la correría del trabajo o en divertimientos para os distraer, en la comodidad debilitante y, cuando mucho, tal vez en una especie pura de amor terreno por una mujer.

Sin embargo, todo eso no os trae provecho a vosotros, tampoco os auxilia a progresar. Podrá aturdir la nostalgia, que convertisteis en inquietud, tal vez por corto tiempo, no consigue, sin embargo, borrarla para siempre, pero solamente reprimirla aquí y allá. La nostalgia por vosotros no reconocida impulsa el alma humana siempre de nuevo y acosa la criatura humana terrena, si ella, por fin, no busque comprender el sentido de la misma, a través de muchas vidas terrenas, sin que con eso madure, a fin de, como es deseado, poder acender a las regiones livianas, más luminosas y más bellas de esta Creación posterior.

El error es del propio ser humano, que da poquísima o ninguna atención a todos los auxilios que le son regalados, en la ilusión del propio querer poder, a causa de los enmarañados del intelecto, que él ató alrededor de sus alas espirituales.

¡Ahora, finalmente, está en el fin de sus fuerzas! Agotado debido a ser azuzado por fuerzas por él todavía no reconocidas, a cuyos auxilios obstinadamente se cerró, en el pueril querer saber mejor y también querer poder mejor de su porfiado comportamiento, que se evidencia como consecuencia del cerebro violentamente atrofiado por él mismo.

Y, todavía, cada ser humano habría tenido tanta facilidad, si tuviese solamente dejado madurar simple y modestamente dentro de sí todos los dones, que el Criador a él le dio para su peregrinación a través de todos los planes de la Creación posterior, peregrinación tal, que el espíritu humano necesita tan indispensablemente para su propio desarrollo. Con eso, se hubiera vuelto grande, mucho mayor y mucho más sabio de lo que jamás soñó. ¡Pero sin humildad y modestia tales dones no pueden desabrochar desde él en capacitaciones!

¡Vuestra sabiduría, de la cual tanto os vanagloriéis, es un juguete pueril! ¡Una partícula de polvo en comparación con aquello, que podríais saber y, antes de todo, que podríais realizar, que también ya hoy deberíais realizar! ¡Qué sabéis vosotros, seres humanos terrenos, de la maravillosa Creación, que se os presenta a vosotros por toda parte en su respectiva especie y belleza, principalmente, sin embargo, intangible en sus leyes! Apáticos, os encontráis vosotros ante toda esa grandeza. ¡Buscad, finalmente, el reconocimiento de vuestro Dios en la Creación, oh criaturas humanas, cuya menor parte sois de aquella especie que, por la gracia de su Criador, puede desarrollarse hacia la autoconciencia como realización de su anhelo, que ella lleva en sí!

¡No busquéis satisfacer en eso solamente vuestras vanidades, conforme hasta ahora habéis hecho como esclavos del vuestro intelecto! ¡Con eso, estáis en el fin! Estáis cerca del colapso de vuestro pequeño querer poder. Y de la verdadera capacidad os encontráis muy lejos.

Cuán pequeños ignorantes fuisteis, se muestrearán ahora las consecuencias de vuestro propio actuar, que, como pesadas olas, siguiendo las leyes de Dios en la Creación, regresan a los causadores, los elevando hacia el alto o los sepultando abajo de sí con todas sus obras. En eso, se evidenciará infaliblemente lo que fue cierto o errado. ¡Lo que vosotros en los últimos tiempos ya podíais haber visto suficientemente claro, si solamente hubieseis deseado ver, el malogro de todos los esfuerzos por toda parte para desviar la decadencia ya en andamiento, eso a vosotros os debía haber advertido, para regresar aún en tiempo! Y, co el pensar, hacer finalmente un examen de conciencia en vosotros mismos.

Las criaturas humanas, sin embargo, no oyen y no ven; el desespero las impele solamente aún más frenéticamente hacia la creencia en el auxilio a través de la capacidad humana.

Yo, sin embargo, os digo a vosotros: ¡quién no esté actuando en las leyes de Dios, ahora no tendrá más ningún auxilio proveniente de la Luz! ¡El conocimiento de las leyes de Dios en la Creación es de aquí por delante exigencia! ¡Y, sin auxilio proveniente de la Luz, la construcción verdadera es hoy totalmente imposible!

La creencia de una persona en la propia misión y la creencia de aquellos, que la siguen, de nada le sirven a una criatura humana terrena. Todo colapsara junto con ella, precisamente en aquél lugar, donde los efectos de las leyes de Dios en la Creación la toquen.

¡Y cada criatura humana será colocada de ahora en delante de ese efecto, según la sagrada ley de Dios! ¡En eso reside el Juicio temido por todos los fieles!

¡Los fieles! ¡Vosotros todos, que os tenéis en la cuenta de fieles a Dios, examinaos una vez, si vuestra fe, que lleváis en vosotros, es realmente la cierta! ¡No me refiero con eso a la forma, en la cual creéis, si como católico o como protestante, si como budista o mahometano, o de cualquier otra forma, yo me refiero a vuestra manera de creer, hasta que punto ésta es viva!

¡Pues Dios es Dios! ¡Y como vosotros os aproximáis de Él en vuestro intimo, eso únicamente es determinante para la fuerza y la legitimidad de vuestra fe!

Así, pues, examinaos una vez cuidadosamente. Yo quiero mostrar a vosotros como podéis encontrar el camino, a fin de obtener una orientación a ese respecto.

Id conmigo, en espíritu, una vez a África, a cualquier tribu de negros. Familiarizaos con la capacidad de comprensión de tales seres humanos. Esforzaos en ver su vida interior y su curso de pensamientos nítidamente ante vosotros.

Esas criaturas humanas creían en demonios y en todo cuanto era posible; tenían ídolos toscamente entallados en madera, y , entonces, vinieron hasta ellos los misionarios cristianos. Éstos hablaron, enseñaron al respecto de aquel gran, invisible Dios de su religión.

¡Imaginadlo y preguntad a vosotros propios, con cuales intuiciones esos seres humanos primitivos, después de su bautismo, orarían al Dios cristiano, nuevo para ellos! ¡No muy diferente de lo que oraban antes a sus ídolos entallados en madera! La mayoría de ellos coloca, simplemente, el nuevo Dios en el lugar del ídolo de hasta entonces. Esa es toda la diferencia. Sus intuiciones, ellos no cambiaron ahí, ateniéndose en los casos más favorables meramente a la doctrina. El vivenciar real, sin embargo, hace falta. Eso ni puede ser de otra forma en esas criaturas humanas ignorantes.

La aceptación de la doctrina en sí no las convierte sabedoras; toda vez que esa aceptación de la fe se apoya solamente en un querer saber ajeno ofrecido. ¡Hace falta ahí la provechosa vivencia interior y, con eso, el verdadero apoyo! Así es siempre y en toda la parte. Los misionarios y convertidores se lanzan sobre los seres humanos y quieren convertirlos al cristianismo sin ninguna transición.

También en la enseñanza de los niños ocurre actualmente la misma cosa, y, sin embargo, los niños, interiormente, no son diferentes de los paganos; pues el bautismo no las tornó más sabedoras.

¡Si el ser humano, sin embargo, no siga ordenadamente los escalones, que son indicados en la Creación, que la propia Creación a él les ofrece en las leyes primordiales naturales, toda vez que ella se compuso de eses escalones, él jamás podrá alcanzar el verdadero reconocimiento de Dios! E incluso buenas doctrinas de nada le servirán ahí, al contrario, solamente complicarán sus caminos.

Desde ahí padece todo el trabajo misionario de hasta ahora. No puede alcanzar un efecto que traiga realmente vida en sí, por no seguir los caminos de acuerdo con las leyes de la Creación. La ley de la evolución en esta Creación no admite saltos, caso si deba llegar a una verdadera maduración. Y el ser humano jamás conseguirá elevarse por encima de esta Creación, a la cual pertenece, con la cual se halla íntimamente atado por innumerosos hilos, y de la cual deberá ahora convertirse el más precioso de los frutos.

¡Si él, sin embargo, también quiera convertirse el fruto, que esta Creación es capaz de producir en la fuerza pura del Señor, entonces, ninguna interrupción deberá haber en su curso de maduración! Precisamente como se da en la actuación enteal con relación a la fruta del árbol. Dónde ocurra una interrupción o una interferencia cualquiera en el proceso evolutivo de maduración, sea por una helada prematura, por un vendaval demasiado fuerte o por la nociva arbitrariedad de una persona, allá el fruto jamás podrá llegar a plena maduración y, con eso, no a su verdadera perfección.

No es diferente con el ser humano terreno, que es un fruto de la actuación espiritual.

Nada debe hacer falta en su curso evolutivo, ni siquiera un único escalón, pues del contrario quedaría una laguna, un abismo, que no permitiría, incluso imposibilitaría el proseguimiento de una construcción viva y, con eso, el proseguimiento de una ascensión rumbo a las Alturas. Dónde hace falta solamente un escalón o sea imperfecto, hay que sobrevenir un colapso, una caída. El ser humano puede ahí volver y revolverse como quiera, él tiene que someterse a eso, y la perspicaz sutileza del intelecto es aquello que menos puede a él construir un puente substituto, que le ayude a proseguir.

Y el propio ser humano emprendió una intervención prejudicial por el cultivo excesivo y unilateral de su intelecto terreno, que ahora lo engrilla con fuerte presión y como que con tenaces de acero solamente a la materia gruesa, de la cual se origina el intelecto.

¡De ese modo, surgió la laguna, la cual una creencia en el elevado espiritual y en el divino, aprendida, no puede transponer!

Y así el fruto humano de la Creación posterior tiene que atrofiarse en el camino de su maduración, por culpa propia.

Por eso, ocurre que muchas personas, también aún hoy, pierden totalmente la fe aprendida en su niñez, después de salir de la escuela y ingresar en la vida, aunque luchen valientemente en favor de eso, para que tarde o temprano hayan que construir totalmente de nuevo, desde la base, cuando se traten de serios buscadores de la Verdad.

El entusiasmo de las masas y el arrebatamiento no tienen valor algun para el individuo. Jamás le dan el suelo firme, de lo cual necesita para la escalada, y él tampoco consigue encontrar ahí el indispensable apoyo en sí propio. Aquél apoyo, lo cual únicamente a él le permita quedarse firme para siempre.

Así, actualmente, también cualquier enseñanza religiosa dada a los adolescentes todavía no está cierta. ¡Por eso, hace falta por toda la parte aquella fe, que conduce al verdadero reconocimiento de Dios, lo cual, únicamente, concede real felicidad y también paz!

Actualmente, la enseñanza es errada y sin vida. El apoyo, que algunos juzgan tener, es ilusión. Es solamente una fe aparente, en la cual todos se agarran. El sosiego y seguridad son artificiales, en los cuales buscan embalarse, muchas veces, solamente para exteriormente no chocar a alguien, a veces, para desfrutar de ventajas terrenas o para ser de algun modo considerado. Jamás es legitimo, no puede serlo, porque para tanto aún hacen falta las bases de acuerdo con las leyes de la Creación. Y sin ellas simplemente no es posible.

Retrocedamos una vez en el tiempo y consideremos las conversiones de antaño en tierras germánicas. ¡Quién reflexiona, quién no se deja llevar junto con la indolente masa mediana también tiene que reconocer en eso todo solamente la forma vacía e inútil para todo lo que es interior, la cual fue criada en aquella época, la cual no podía proporcionar un reconocimiento de Dios!

En cada pueblo, incluso en cada ser humano, también en las criaturas humanas de esta época actual, tiene que existir primero la base para asimilación de los elevados reconocimientos de Dios, que se hallan en la doctrina de Cristo. Solamente a partir de una base madura para eso, el espíritu humano puede y tiene que ser conducido, entonces, a todas las posibilidades de un reconocimiento de Dios a través de la doctrina de Cristo.

¡Así lo es, y así permanecerá por toda la eternidad!

Si pudiese ser diferente, entonces, Dios también ya se habría antes dejado revelar a los pueblos terrenos. ¡No lo hizo!

¡Solamente cuando un pueblo, en el desarrollo, hubiese llegado al punto, que conociese la actuación de todo cuanto es enteal, entonces, podía tomar conocimiento del espiritual, del puro espiritual, del divinal y, por ultimo, también de Dios!

Sin embargo, siempre solamente de un modo, que lo condujese comprensivamente a un entendimiento más elevado, por profetas para eso convocados, los cuales, en eso, nunca derribaron el antiguo. ¡Ellos edificaron! Exactamente como también el propio Cristo Jesús lo hizo y frecuentemente acentuó en su palabra, lo que hasta ahora solamente no quisisteis comprender.

Las iglesias cristianas, sin embargo, en las conversiones, quieren derrumbar mucho del antiguo y declararlo falso o por lo menos excluirlo con indiferencia, en lugar de cuidadosamente proseguir edificando por sobre eso y observar ahí las indispensables transiciones. Ellas esperan y exigen que el espíritu humano dé inmediatamente un salto hacia esa elevadísima doctrina de Cristo.

Por lo tanto, ahí no se respecta las leyes de Dios, aunque, frecuentemente se desee el bien.

También los germanos antaño eran estrechamente atados a los enteales. Muchos de ellos eran capaces de verlos, vivenciarlos, de manera que duda alguna podría restarles al respecto de su real existencia, tampoco de su actuación. Los veían y por eso sabían de ellos.

Eso era para ellos la más pura convicción, por eso sagrado.

¡Y ese santuario de antaño estremeció Bonifacio con rudo puño! Quería negar a los germanos la verdad de tal saber y declararlo falso. En su lugar, quería imponerles las formas de su doctrina cristiana. Tal manera ignorante, ya de antemano, tenía que causar dudas a los germanos sobre la veracidad de aquél, que él les predicaba, tenía que les sacar toda la confianza en eso.

¡Él debía les haber confirmado la verdad de su saber y, a seguir, clarificando, conducirlos adelante hacia reconocimientos más elevados! Pero ahí hacia falta a él propio el saber de la Creación. Mostró esa ignorancia sobre el tejer en la Creación muy claramente, cuando denominó Wotan y los demás enteales, considerados por los germanos como dioses actuantes, de creencia falsa y como no existentes. Aunque no sean dioses, sin embargo, ellos existen por la fuerza de Dios y actúan en la Creación.

Sin la actuación de los enteales, el espiritual no podría anclarse en la materialidad, por lo tanto, no podría hacer nada en la materialidad. ¡El espiritual, desde onde se origina el espíritu humano, por lo tanto, necesita de la cooperación del enteal en la materialidad para su propio curso evolutivo!

En esto, un fanatismo religioso jamás podrá substituir el saber.

El error, sin embargo, que Bonifacio y todos los que querían convertir cometieron, aún hoy es mantenido vivo.

Se habla y se enseña sobre las leyendas de dioses griegos. No eran, sin embargo, leyendas, pero, sí, saber real, que hace falta a los seres humanos de hoy. Desgraciadamente, también las iglesias no conocen a los efectos de la sagrada voluntad de Dios en la Creación, la cual, sin embargo, permanece la patria de todos los espíritus humanos. Pasan a las ciegas al margen de todos los acontecimientos de hasta ahora y no consiguen, por eso, conducir nadie al verdadero y vivo reconocimiento de Dios. No pueden, aún con la mejor buena voluntad.

Solamente en las propias leyes de la Creación, que Dios dio, puede el espíritu humano llegar hacia el reconocimiento de Dios. ¡Y él necesita impreteriblemente de ese reconocimiento para su ascensión! ¡Sólo en eso obtendrá aquél apoyo, que a él le permite trillar inexorablemente su camino prescrito, útil a él para el perfeccionamiento! ¡No diferente!

Quién quiera omitir la actuación de los enteales, de los cuales los pueblos antiguos tenían exacto conocimiento, jamás alcanzará el verdadero reconocimiento de Dios. Ese saber exacto es un escalón inevitable hacia el reconocimiento, porque el espíritu humano tiene que esforzarse desde abajo hacia arriba. Jamás podrá aprender a presentir el puro espiritual y el divino, que se hallan encima de su capacidad de comprensión, si antes, como fundamento para eso, no conozca con precisión a los escalones inferiores de la Creación, que a éstos pertenecen. Eso es inevitablemente necesario como preparo para la posibilidad de reconocimientos más elevados.

Conforme ya dije, el conocimiento de Dios fue dado también siempre solamente a aquellos pueblos, que poseían el saber de la actuación de los enteales, jamás de otro modo. Pues antes ni es dada una posibilidad de imaginación para eso. En eso, todo el genero humano fue cuidadosamente conducido por la Luz.

Una criatura humana, que con pureza se halla y vive de acuerdo solamente en el enteal, es de ser considerada en la Creación más elevada de lo que otra, que vive solamente en la creencia cristiana aprendida y sonríe sobre el enteal, lo considerando como leyenda o cuento de hadas, que por lo tanto, es ignorante a ese respecto y debido a eso nunca consigue verdadero apoyo, mientras que la otra todavía tiene sus plenas posibilidades de ascensión en el fuerte, límpido y no soterrado anhelo por la ascensión.

Puede, con buena voluntad, dentro de pocos días, penetrar de modo vivo en los reconocimientos espirituales y en el vivenciar espiritual, porque no perdió el suelo firme por debajo de sí.

Conducid, por eso, en el futuro, también en todos los trabajos misionarios, en todas las enseñanzas en las escuelas el saber al respecto de Dios a través del saber de las fuerzas enteales convertidas formas y de su actuación, solo entonces podrá se desarrollar desde ahí el reconocimiento más elevado del espiritual y del puro espiritual, finalmente también del divinal y de Dios.

¡El saber total de la Creación es necesario, para se llegar por fin a un presentimiento de la grandeza de Dios y con eso, finalmente, también al verdadero reconocimiento de Dios! ¡La actual fe cristiana no puede tener nada de vivo en sí, porque le hace falta todo eso! Lo necesario para eso es siempre omitido y el abismo no puede ser transpuesto con otra cosa, sino con aquello dado por Dios en esta Creación posterior para ese fin.

Nadie, sin embargo, en observación serena de todo el desarrollo de hasta ahora de los seres humanos aquí en la Tierra, aprendió lo más importante: ¡que todos los escalones, que los seres humanos hubieron que vivenciar en eso, fueron necesarios, y por esa razón también hoy no pueden ser omitidos o saltados! ¡Pues la Creación entera os da a vosotros el cuadro nítido y todas las bases para la realización de eso!

Escuchad, por eso, lo que os digo a vosotros: el niño de hoy, hasta su maduración, está directamente atado solamente estrechamente al enteal. ¡Durante ese tiempo, él debe aprender a conocer minuciosamente el enteal en el vivenciar! Solamente con la maduración pasa, entonces, para la ligazón espiritual, ascendiendo de modo constructivo en su desarrollo. Sin embargo, tiene que basarse en eso firme y concientemente en el enteal, como fundamento, no debe acaso cortar la ligazón, conforme hace la humanidad hoy, cuando ni lo despierta hacia la vida en los niños, pero, sí, al contrario, cuando lo reprime con toda la fuerza, en irresponsable presunción. Para la ascensión, sin embargo, ambos quieren y tienen que estar concientemente atados.

¡El ser humano de hoy, como fruto de la Creación, debe estar madurado de tal manera, que traiga reunido en sí todo el producto del desarrollo humano de hasta ahora!

Por eso, aquello, que hoy es para cada uno solamente la niñez, ha sido anteriormente en todo el desarrollo de la Creación una grande época de la humanidad como desarrollo global.

¡Observad bien en lo que digo con esto!

¡El primer desarrollo durante millones de años ahora se comprime, en las criaturas humanas del actual escalón de desarrollo de la Creación, en los años de la niñez!

Quién no es capaz de acompañar eso, tiene que atribuirlo a su propia culpa, quedará hacia tras y, por fin, tendrá que desintegrarse. El desarrollo de la Creación no se deja detener por la indolencia de los seres humanos, pero prosigue irresistiblemente según las leyes en ella inseridas, que traen en sí la voluntad de Dios.

Antiguamente el escalón de la Creación era de tal manera, que las criaturas humanas durante muchas vidas terrenas tenían que quedar interiormente de tal forma, como son hoy los niños. Estaban directamente atadas solamente con la actuación del enteal, en lento desarrollo a través de vivencias, lo que, únicamente, lleva al saber y reconocimiento.

Ya hace mucho que, sin embargo, la Creación, evolucionando permanentemente, llegó a tal punto, que los primeros escalones de desarrollo de los millones de años, en los frutos humanos, hoy se comprimen aquí en la Tierra en el periodo de la edad infantil. Debe y puede la época antigua de la humanidad ser ahora recorrida interiormente en estos pocos años terrenos, porque las experiencias de las vidas anteriores dormitan, listas, en el espíritu.

Sin embargo, deben ser despiertas y, con eso, llegar hacia la conciencia; pues no pueden permanecer dormitando o incluso ser alejadas, conforme ocurre hoy. Todo tiene que tornarse y permanecer vivo por medio de sabios educadores y maestros, para que el niño adquiera la base firme y el apoyo en enteal, de lo cual él necesita para el reconocimiento de Dios en el espiritual. Un escalón siempre solo se desarrolla a partir del otro, cuando éste esté concluido, no antes, y el anterior tampoco debe ser retirado, si la escalera deba ser mantenida y no deba colapsar.

Solo con la maduración corporal del niño se manifiesta la ligazón con el espiritual. El impulso para eso, sin embargo, solamente puede ocurrir de manera viva cuando él concientemente se apoya en enteal. Ahí no resultan ni leyendas tampoco cuento de hadas, pero solamente vivencia, que hasta el inicio de la madurez deberá estar terminada y concluida. Tiene también que permanecer enteramente viva, para dejar que el espiritual se convierta concientemente vivo. ¡Eso es condición inabalable de la Creación, que todos vosotros debíais haber aprendido en observaciones del pasado!

¡Ahora necesitáis de eso, o no podéis proseguir junto y debéis perecer! Sin un claro saber de la actuación enteal, jamás habrá reconocimiento espiritual. ¡Sin un claro saber del espiritual y de su actuación, no puede surgir el reconocimiento de Dios! ¡Todo cuanto se halla fuera de esa conformidad con la ley es presuntuosa imaginación y arrogancia, muchas veces también mentira muy conciente!

Preguntad al vuestro prójimo algo al respecto de las irrefutables leyes de Dios en la Creación. ¡Si él no os pueda dar a vosotros una respuesta cierta, entonces, él no pasará de un hipócrita, que se engaña a sí propio, cuando habla de reconocimiento de Dios y de verdadera fe en Dios!

¡Pues, según las inmutables leyes de Dios, él no puede tenerlo, porque, de otra forma, esto le permanece inaccesible!

¡Todo en la Creación progresa sin interrupción, uniformemente, según la ley inmoble! ¡Solamente vosotros, criaturas humanas, aún no seguís junto, en vuestra ceguera, vuestra ridícula presunción de saber, que carece de humilde observación!

¡Los niños y los adultos de los tiempos de hoy, en el reconocimiento de Dios, andan como que sobre zancos! Ellos luchan por eso, sí, sin embargo, pairan alto en el aire, no tienen ligazón viva alguna con el suelo, indispensablemente necesaria para apoyo. ¡Entre su voluntad y la base, de la cual la edificación necesita, hay madera muerta, sin capacidad de intuición, como se pasa con los zancos!

La madera muerta de los zancos es la creencia aprendida, para la cual hace falta completamente la movilidad y la vitalidad. ¡El ser humano tiene, sí, la voluntad, pero ninguna base firme y ningún apoyo cierto, que residen solamente en el saber del desarrollo de hasta ahora de la Creación, a la cual el espíritu humano pertenece inseparablemente para siempre! ¡Razón por que él está y también quedará siempre estrechamente atado a esta Creación, jamás puede ir más allá de ella!

¡Criaturas humanas, despertad! Recuperad lo perdido. ¡Una vez más a vosotros os apunto vuestro camino! ¡Colocad por fin vida y movimiento en la voluntad rígida que tenéis, entonces, encontraréis el gran reconocimiento de Dios, que ya debíais poseer hace mucho, si no tuvieseis quedado hacia tras en el progreso del desarrollo de las grandes Creaciones!

¡Apuraos, es llegada la época de la ultima transición, donde debéis comprobar y demostrar si podéis seguir también aún más hacia el alto, o si, quedando hacia tras, os debéis perderse!

Observad, nada debéis excluir de lo que toda la humanidad aquí en la Tierra ya tuvo que vivenciar; pues ella vivenció siempre aquello, que le ha sido necesario. ¡Y si en eso anduvo errada, según la propia voluntad, sobrevino la destrucción. Así también será ahora! ¡No paséis más una vez broncos al margen, cuando el gran llamado os llegar en el sufrimiento! Es el ultimo que os alcanza. ¡Despertad por eso y mantened firme el equilibrio, o vosotros seréis derrumbados y lanzados hacia fuera! La Creación avanza sin interrupción hacia adelante y, de ahora en adelante, se libra de todos los frutos podridos.

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