Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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36. En el limite de la materia gruesa

¡Millones de seres humanos terrenos se denominan buscadores, pero no lo son! ¡Entre la búsqueda humilde y la investigación arrogante y vanidosa existe una gran diferencia! Y esos seres humanos no son buscadores, sino quieren ser solamente investigadores sondeadores; pues la humildad, que es necesaria para una búsqueda seria, actualmente ningún ser humano la posee lo suficiente.

Aún así, todos ellos todavía se denominan buscadores de la Verdad, suponen incluso que ya son sabios en el investigar en ese sentido. En el mejor de los casos, allá, donde quieren mostrar modestia a los prójimos, hacen por lo menos cuestión de un saber parcial, pero impreteriblemente un saber mayor de lo que de aquellos que investigan con ellos.

Tal presunción podría simplemente ser clasificada como ridícula y grotesca, si no contuviese tantas veces peligros en si y desde siempre hubiese sido peligrosa. Terrenalmente peligrosa para el mundo contemporáneo, espiritualmente peligrosa para los propios así presuntuosos. Y, sin embargo, no puede ser de forma diferente, mientras el intelecto sea considerado como lo más elevado. Pues investigar, sondar es solamente trabajo del intelecto. Lo qué, sin embargo, puede ese intelecto, que proviene de cerebros de materia gruesa y, por eso, también está sujeto a las leyes primordiales de la Creación de materia gruesa, que él mismo hace parte de la materia gruesa en su más fina forma, lo qué puede ese intelecto investigar de lo que es espiritual, con lo cual en especie nada tiene de análogo. ¡En ese único hecho, enteramente natural, ya malogra todo!

Por ese motivo, todos los seres humanos terrenos, que se llaman buscadores de la verdad y de Dios, muestran, ya por toda su manera de actuar, la completa incapacidad para cualquier querer buscar en el espiritual. Ya el uso de la palabra “buscar” muestra las auto ilusiones. En el verdadero buscar sólo puede haber siempre un encontrar, mejor dicho, en él sólo puede ser llevado en consideración un recibir. Recibir de la sabiduría de Dios, la cual Él puso en la Creación. Un “encontrar” de la ley que formó la Creación y que también la mantiene en movimiento, que, con eso, también la deja subsistir y la fomenta, la impulsa hacia un desarrollo continuo.

¡Llegar hacia un tal “encontrar la ley”, sin embargo, el ser humano no consigue con su voluntad de investigar! Él debe atollarse en eso rápidamente; pues, en todo caso, ya el principio de la materia fina lo detiene. Al llegar hacia el punto extremo de la parte fina de la materia gruesa el ser humano ya no puede proseguir con su voluntad de investigar.

La materia fina es y permanecerá para el intelecto humano una especie extraña, con la cual no puede establecer ligación. Sin ligación, sin embargo, tampoco jamás puede haber una comprensión ni mismo un entrever o un escuchar, menos aún un investigar, examinar o clasificar en los conceptos de materia gruesa, de los cuales el intelecto no puede prescindir como prueba de que se encuentra bajo las leyes de materia gruesa, a las cuales permanece firmemente ligado. Así, cada “buscador” o “investigador espiritual” de hasta entonces ha permanecido siempre estrechamente ligado a la materia gruesa, aunque con gran capacidad real él nunca pudo ir más allá de los limites más finos de ella. La ley primordial de la Creación lo retiene férreamente. No hay para él cualquier posibilidad de proseguir.

Por esta razón, también muchas de las llamadas comisiones examinadoras tuvieron que malograr frecuentemente de modo tan lamentable, las cuales se dignaban o se sentían incumbidas a querer “examinar” propiedades mediunicas y sus resultados cuanto a su legitimidad, a fin de dar un parecer, según lo cual la humanidad debiese orientarse.

Lamentable malogro estuvo siempre al lado de esos examinadores, aún cuando éstos quieren dejar parecer lo contrario y también ellos mismos tal vez crean en su parecer. La consecuencia de las inflexibles leyes de la Creación, sin embargo, prueba el contrario y habla en contra ellos. Y cualquier otra argumentación es contra la inmutabilidad de las leyes divinas, por lo tanto, errada y obra humana equivocada, a la cual la baja vanidad y la presunción de la más estrecha limitación sirven como muelle propulsora.

Por el mismo motivo, también las cortes terrenas se colocan hostilmente ante todos los acontecimientos de materia fina, porque simplemente no están en condiciones de familiarizarse con cosas, que se encuentran tan extremamente distantes de su comprensión.

Esto, sin embargo, es error de ellos propios, como consecuencia de su estrechamiento, que criaron para si debido a la indolencia de su espíritu, lo cual dejan calmamente dormir, mientras consideran el intelecto terreno, que se origina de la materia gruesa, como su espíritu y lo estiman como tal. No son, de manera alguna, siempre errores de aquellos a quienes ellos intiman. ¡Sin embargo, jamás vacilaron en juzgar de modo contrario a las leyes de Dios las cosas, la cuales no comprenden! ¡Más aún, debido a esa incomprensión, muchas veces buscan atribuir a los acontecimientos reales de materia fina y también a los espirituales el propósito de ilusiones concientes, sí, hasta de fraude! Es la misma manera de actuar, como la practicada antaño por las Iglesias y jueces mundanos en los procesos contra la brujería, nada diferente. No es menos repugnante y restricto e infringe del mismo modo como en aquella época todas las leyes primordiales de la Creación.

Excepciones, donde embusteros de verdad buscan explorar una cosa en beneficio propio, son encontradas en todas las especies de actuación de esos seres humanos terrenos, sin que, por eso, siempre de antemano, deba tratarse toda la clase con desconfianza. En cada oficio, como también en cada ciencia, en todos los ramos de las diversas profesiones. Pero esos, por fin, también siempre son reconocibles sin dificultades, pues que la mala intención no puede esconderse permanentemente.

¡Por eso, la extraña hostilidad de las cortes terrenas, aún bien como de todos los seres humanos de intelecto, debe parecer tanto más evidente al observador sereno!

Observando más de cerca, entonces, fácilmente se descubre que solamente la presión de la total incapacidad en relación a esas cosas es el punto de partida del muelle propulsor de ese incondicional antagonismo y de la voluntad de oprimir.

¡Hoy, realmente, ninguna persona hace idea de la grandeza, de la pureza y, al mismo tiempo, de la imponente sencillez y de la realmente muy fácil comprensibilidad de las leyes básicas en la Creación, por las cuales las leyes terrenas y las Iglesias tienen que orientarse, si quieran ser correctas y justas, y con eso también del agrado de Dios! Ellas no pueden y ni deben diferentemente, sin causar daño hacia si mismas y para sus prójimos.

Pues, no existe otra cosa para todas las criaturas, de lo que esas inalterables leyes de Dios en la Creación, de las cuales ellas se originaron y en las cuales también tienen que encuadrarse, si no quieran ser nocivas en la Creación. También el ser humano, como una criatura, tiene que finalmente darse al trabajo de orientarse de acuerdo, si no quiera arruinarse debido a su liviandad, su arrogancia y a la sutileza del intelecto tan estrechamente ligada a eso. Pues el intelecto desempeña solamente un pequeño papel en la gran Creación y sirve solamente para el movimiento en la materialidad más gruesa. Aquello, que se encuentra allá de los limites de ésta, él jamás conseguirá comprender y por esa razón tampoco jamás podrá actuar en eso, aún menos juzgar al su respecto.

¡Todo el saber, que la humanidad terrena posee hoy, de lo cual se muestra orgullosa, se mueve solamente en el reino de la materia gruesa y no va más allá! Eso muestra cuán estrechamente limitado es tal saber; ¡pues la materia gruesa es lo más bajo en todos los círculos de la Creación, lo más denso y lo más pesado y, con eso, en los conceptos también lo más estrechamente limitado en esta Creación posterior!

¡También vuestros pensamientos son solamente de especie grueso-material, como productos del cerebro! Pertenecen a la parte fina de la materia gruesa, de la cual, por lo tanto, también hacen parte todas las formas de pensamientos, las cuales tan frecuentemente pueden ser vistas por los mediums. Éstos, sin embargo, piensan que eso ocurre en el reino de la materia fina o mismo en el espiritual. Ya, anteriormente, me referí en una disertación a las formas de pensamientos, hablé también de las centrales, que se originan de ellas, no, sin embargo, de las regiones o de las especies a que pertenecen. Los pensamientos, así como las formas de pensamientos, son aún de especie grueso-material, aunque pertenezcan a la parte fina de la materia gruesa. No son de materia fina. La materia fina nada tiene que ver con la parte fina de la materia gruesa.

Es una especie totalmente diferente y no puede mezclarse, sino tiene que quedar siempre una al lado de la otra, toda vez que una especie diferente también está sujeta a diferentes formas de leyes. En cada especie de la Creación, las leyes de Dios son, sí, uniformes, prepasan la Creación entera, pero las leyes se presentan, a pesar de su propia uniformidad en cada especie de la Creación, bajo una forma diferente, correspondiente a esa respectiva especie. Por eso, una persona tampoco jamás conseguirá examinar o juzgar con instrumentos de materia gruesa, de los cuales hacen parte el cerebro con el intelecto, algo perteneciente a la materia fina, tampoco cosas, que ocurren en el espiritual, mientras falte la ligación para él, que solamente es alcanzable a través de irradiaciones.

El camino de las irradiaciones hacia fuera de la materia gruesa, sin embargo, aún está vedado a todos aquellos, que se sometieron incondicionalmente al dominio del intelecto, que se encuentra firmemente ligado a la materia gruesa y a sus conceptos. A eses notorios esclavos del intelecto no es posible, en absoluto, emitir irradiaciones para otras regiones, toda vez que ellos propios cerraron para sí los limites y dejaron atrofiar dentro de sí todo lo necesario para tales emisiones.

Los seres humanos solamente se arrastran todavía por el suelo, mientras su fuerza propulsora hacia las alturas ya hace mucho de ellos se ha separado, porque no la utilizaron, no la aprovecharon más, desde que el intelecto, que los ató a la Tierra, ha sido por ellos considerado lo más elevado. Con eso, vosotros teníais que incidir en la ley de la adaptación, que actúa naturalmente en la materia. Pasa con vosotros como con los animales, cuyas asas primero se atrofian lentamente y después desaparecen por completo, cuando nunca son utilizadas, o como con los peces, cuyas ampollas natatorias para la subida y sustentación en agua se pierden con el tiempo, cuando éstos constantemente se mantienen en el fondo, provocado por las correntosas demasiado fuertes de las aguas.

Naturalmente, eso no se efectúa rápidamente de hoy para mañana, pero, solamente a lo largo de siglos y hasta de milenios. Sin embargo, efectuase. ¡Y en el espíritu humano eso ya se efectivó!

Todo lo que no utilices dedicadamente de manera cierta, con el tiempo, tiene que atrofiarse y perderse para vosotros. ¡La adaptación auto-actuante es mera consecuencia de la ley de la Creación del movimiento! Es solamente uno de sus múltiplos efectos. Lo que no se mueve de manera cierta, naturalmente también lo que no se mantiene permanentemente en el movimiento necesario, tiene que atrofiarse y por fin ser alijado totalmente también de cualquier forma de materia gruesa; pues cada forma se molda solamente según la especie del movimiento.

No objetéis, acaso, que a eso se contrapone el saber de la frase de que el espíritu molda el cuerpo. En eso está solamente la confirmación, muestra la inmutabilidad de esa ley; ¡pues cada voluntad de un espíritu es movimiento que, prosiguiendo, genera a su vez movimientos!

Id y buscad en la naturaleza. Observad la propia Creación. Encontraréis peces que no pueden nadar, porque tuvieron dificultad para mantenerse en correntosas fuertes de las aguas y, por eso, preferían permanecer en el fondo. En ellos, se atrofió la ampolla natatoria y se perdió, entonces, con el tiempo también completamente. Tenéis también aves, que no pueden volar. Pensad en los pingüinos, en los avestruces y aún en muchas otras. Se forma y se conserva siempre solamente aquella parte, aquella capacidad, que también sea utilizada, que, por lo tanto, actúa en la ley del movimiento necesario.

¡Vosotros, sin embargo, utilizasteis milenios para os agarrar literalmente con todas las fuerzas al más bajo y limitado reino de la materia gruesa, porque lo considerasteis como siendo todo para vosotros, os enterrasteis en él y ahora no más podéis mirar hacia arriba! ¡Para tanto perdisteis la capacidad, vosotros propios os desacostumbrasteis de ella debido a la indolencia de vuestro espíritu, que no más quiere moverse en sentido ascendente, y hoy en muchos ya no más puede moverse!

Por eso, también ahora se convierte difícil para vosotros comprender la Palabra proveniente desde las alturas máximas, y para muchos será completamente imposible. Quién la quiera medir exclusivamente con el intelecto jamás reconocerá el verdadero valor; pues tendrá, entonces, que arrastrar la Palabra de Dios hacia bajo, hacia la comprensión grueso-material de nivel inferior. ¡Él, que solamente puede pensar aún de modo restricto, disminuirá también la Palabra en su propia comprensión, por lo tanto, no la reconocerá y fácilmente la colocará de lado, por no ver aquello que realmente contiene, por no poder ver!

Sin embargo, en esa su mezquindad le gustará hablar sobre ella y criticarla, tal vez hasta querrá degradarla; pues tales personas hacen precisamente todo aquello, que testifica la estrechez de su querer saber, que habla nítidamente de la incapacidad de un investigar más profundo. Podéis presenciar la misma cosa, a diario, por toda parte, que justamente personas realmente broncas se juzgan especialmente inteligentes y buscan hablar sobre todo aquello, al respecto de lo que una persona sensata se calla. La estupidez es siempre importuna.

Fijad una vez todos aquellos, que a ellos les gustan hablar ostensivamente de acontecimientos de materia fina o hasta de acontecimientos espirituales. Luego percibiréis que nada saben realmente sobre eso. ¡Principalmente aquellos, que muchas veces hablan sobre el karma! Dejad que tales personas os den una vez la explicación sobre el karma. Quedaréis horrorizados ante la desordenada confusión que ahí oiréis.

E incluso quién no narra, pero modestamente pregunta al respecto, a éste mirad primeramente más de cerca, antes de dar respuesta. La mayoría de los que hacen preguntas a ese respecto quiere solamente descubrir en el karma una excusa para sí y para sus debilidades. Están sedientos por eso, a fin de, en la creencia en su karma, conservar calmamente sus debilidades y, a veces, incluso impertinencias con la auto excusa de que la causa es su karma, si les resulte algo desagradable de eso. Con expresión hipócrita, suspiran con placer: “¡Es mi karma, que tengo que rescatar!” ¡Siguen con el suspirar, aunque si con un poco de consideración para el prójimo y un poco de auto educación pudiesen modificar y evitar mucha cosa, con lo que se convierten tiranos del ambiente y destruyen la armonía!

¡No piensan en eso, y tampoco quieren pensar que con eso sólo producen un karma, que los hace retroceder por siglos!

¡Charladuría, nada más que charladuría es todo eso, producto de falta de verdadera buena voluntad y de la vanidad! Es de lamentarse por cada minuto que una criatura humana sacrifica con tales indolentes de espíritu. No os importéis con ellos y tened en serio una cosa: ¡uno realmente sabio jamás hará charladuría!

¡Él no utiliza su saber para charla, tampoco lo ofrecerá para eso! Solamente dará respuesta a una pregunta seria, y aún así, aún con hesitación, hasta que se convenza de que es voluntad realmente sincera la que impele el indagador a eso.

La conversa de las criaturas humanas en este caso es, en la mayor parte, solamente sonido vacío; pues la comprensión de todos los seres humanos terrenos no puede ultrapasar los limites de la materia gruesa, debido a los errores, que cometieron en la Creación, que los mantienen abajo debido a la indolencia de su espíritu, lo cual confundieron con el intelecto terreno, criando así para sí mismos el limite inferior.

¡Dejad, en el futuro, oh criaturas humanas terrenas de la epoca actual, de formar y dar opiniones sobre cosas que no podéis comprender! Demasiado pesada es la culpa, que con eso echad sobre vosotros. No menos pesada de lo que aquella, que antaño los seres humanos echaron sobre si, cuando en tosca ceguera lanzaron innumerables de millares al sufrimiento y a la miseria, también sacaron de muchos la vida terrena con la muerte en el fuego después de días llenos de martirios. ¡Ante la ley del Señor es lo mismo, cuando hoy acusáis tales personas de fraude o también solamente de grosera mistificación!

¡Esforzaos, finalmente, por cumplir vuestros deberes para con vuestro Dios y por reconocer las leyes de Dios, antes de querer juzgar! No tenéis derecho alguno de esperar por perdón. ¡Vosotros mismos ya perdisteis el derecho a eso, debido a vuestra propia ley de que el desconocimiento no puede proteger nadie del castigo! ¡Ojo por ojo, diente por diente, así debe suceder ahora con aquellos seres humanos, quienes no quieran de modo diferente y no observan la ley del Señor! ¡Seres humanos, considerad, vosotros os encontrad en el Juicio!

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