Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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Contenido


33. ¡Cómo eres tu, ser humano!

¡Ésta es la pregunta que en el Juicio retumba a tu encuentro! ¡Cómo eres tu, no cómo fuiste tu!

¡Por lo tanto, sé vigilante, si quisieres subsistir en el Juicio! Así clamo ya hace mucho al espíritu humano. Mis advertencias, sin embargo, se han perdido sin ser oídas. ¡Solamente pocos han oído el llamado, lo querían oír! Los demás creían poseer algo mucho mejor en aquello con lo que hasta ahora se daban por satisfechos, sea en las doctrinas de las iglesias, en los programas de muchas sectas o en el completo descreimiento de todo lo que no sea terrenalmente visible, terrenalmente palpable.

Aquellos, sin embargo, quienes quieren oír, son muy poco severos para sí mismos. No son suficientemente sinceros hacia su espíritu. “¡Cómo eres tu, ser humano!” estará de repente ante él, en el efecto de las leyes vivas de esta Creación, justamente cuando él no esté preparado para eso. Pues aunque se haya esforzado durante años para ser de manera tal que pueda resistir a las tormentas, que braman por encima de él con extraordinaria violencia, de nada eso a él le sirve, si en el fin se haya acobardado, aunque sea solamente durante una hora. Si haya llegado su hora para eso, caerá, pese a todo, porque en el momento del acontecimiento no estuvo tan despierto, como debería estar bajo la fuerza de la Luz que le ha sido concedida para eso. ¡Y eso advendrá de la noche hacia el dia!

¡A quién mucho ha sido dado, de éste mucho será exigido! ¡La máxima vivacidad en el espíritu y en el cuerpo es ley inexorable en todo el desarrollo hacia la ascensión y para el servicio en la Luz! ¡La fuerza se volverá fatal, si no la aprovechareis, continuamente, en aquél sentido, en que os ha sido dada! ¡Ella os eleva u os oprime, os fortalece u os aplasta, precisamente de acuerdo con la manera como vosotros propios sois dentro de vosotros!

¡Un medio termino en la fuerza de la Luz es imposible! ¡La inactividad, bien como también el indolente aguardar en la buena voluntad, produce el mismo efecto que el empleo errado, es decir, la caída!

¡La voluntad tiene que haberse convertido en acción, cuando ahora os alcanzaren las olas, que ya han sido previstas en la ocasión del nacimiento para cada uno individualmente!

Cada ser humano de la Tierra tiene ahora su tiempo para purificación o destrucción. Éste a él sobreviene en acuerdo con la ley, y solamente él tiene, ahí, también su destino en las manos.

¡No ocurre en la misma hora en toda parte, sino alcanza cada uno de la forma que le está previsto! ¡Esto representa la ultima selección para el Juicio!

¡Sólo quien es capaz de pasar victoriosamente por la selección natural, éste entonces está, con eso, elegido para la acción! Para la edificación en el Reino de los Mil Años. ¡Y todo eso él propio tiene en las manos!

Si él no ha tomado muy en serio para si las advertencias, que tantas veces he dado, como debían ser tomadas por cada uno individualmente, entonces, él lleva ahora hacia si propio las consecuencias perjudiciales en la más implacable justicia; pues como él es, así él será alcanzado. Precisamente conforme la realidad. ¡No, por acaso, como él imagina ser!

En eso se comprobará quién utilizó totalmente la fuerza en su anhelo por el cumplimiento de la convocación, o quién solamente ha jugado con ella en arrebatos de vanidad, aunque ella sea insignificante. Se mostrará quién ha tomado en serio la voluntad de servir, o quién solamente quería estar presente, para nada perder.

¡Ay de aquél, en lo cual se pudo acurrucar una presunción o una falsa ambición, de modo que la verdadera humildad no más haya encontrado lugar! Se manifestará de forma asustadora y tirará al lado aquél que se ha dejado envenenar con eso.

¡Os digo a vosotros, será pesado y medido todo, lo que se manifiesta en vosotros, hasta lo más ínfimo, incluso aquello que vosotros propios imagináis hallarse sepultado, si no haya de hecho se arrancado de vosotros!—

Yo temo por vosotros; ¡pues tenéis, ahora, que luchar solos hasta vencer el ultimo, a fin de subsistir o perecer!

¡Sin embargo, quiero hoy aún aclarar que alcanzará con seguridad las debilidades, las grandes y las pequeñas, a fin de que sean cauterizadas y de ahora en adelante no más estorben un actuar puro en alegre servir! Nada de eso restará. Atravesáis ahora por el fuego de un proceso de purificación, que tendréis que vencer si no quisiereis en él perecer. —

¡Quién, sin embargo, esté cierto y verdadero, en la seriedad de la humilde voluntad de servir, éste será solamente fortalecido en esas olas y por ellas elevado en su gran fuerza potencial, lo que trae para él el último impulso hacia arriba, lo cual sólo entonces lo deja listo para el cumplimiento de su misión en el servicio del Grial! —

Cada ser humano de toda la Tierra tendrá que pasar por eso. Nadie será salvado de eso.

Os quiero explicar a vosotros también como es el acontecimiento, que se procesará en vosotros, a fin de que podáis pasar concientes a través de las semanas. ¡Acordaos, sin embargo, que ese saber también aumenta vuestra responsabilidad!

Para cada ser humano, que vive hoy en esta Tierra, está trazado su camino ya desde el nacimiento, de tal modo que estará sujeto en esa época, que se encuentra ahora cerca de él, bajo determinadas irradiaciones, que actuarán preparando para el Juicio Final, como última selección, decisiva para su destino. Ese espacio de tiempo dura meses para cada uno. No podrá ser vivido sólo en horas o días. Tampoco nadie a él se le podrá escapar. ¡No podrá ser detenido ni desviado, tampoco retrasado por siquiera un único segundo!

A eso se añade ahora desde arriba una presión de la Luz, que desencadena y fortalece los efectos. Tan poderosa, que a esa presión de la Luz ninguna resistencia puede ser ofrecida, por más fuerte y tenaz que sea.

De esa forma, el ser humano se halla durante un determinado espacio de tiempo como que bajo una ducha, proveniente de todos los lados, y a la cual es obligado a resistir incondicionalmente. No puede huir, no puede ahí ir ni hacia adelante, ni hacia tras, ni hacia los lados, tampoco puede protegerse o esconderse.

¡Todo eso es una vivencia indispensable! Se podría comparar ese proceso a un ensayo de compresión, aunque tal imagen no reproduce el acontecimiento con exactitud. No se trata aquí solamente de una presión muy determinada, que cada ser humano tiene que ser capaz de soportar, si no quisiere sucumbir bajo ella, pero esa presión tiene vida, torna vivo también todo lo demás, lo despierta hacia el movimiento o lo obliga, para que tenga que mover todo lo que se halle hacia bajo de ella, incluso aquello que está dormitando.

De esa forma, como el acontecimiento ocurre en toda la Creación durante su purificación, ocurre también ahora simultáneamente dentro del ser humano individual, que no puede ser excluido de eso, que incluso tiene que ser alcanzado de manera más severa. Lo que de ese modo fue despierto o estimulado será todavía fortalecido, indiferente, si eso, entonces, es bueno o malo. ¡Aumenta ese fortalecimiento!

El mal, sin embargo, siendo de otra especie, se opone a esa presión de la Luz, fortalece en el crecimiento también su resistencia, la cual, sin embargo, sólo deberá resultarle sufrimientos, porque la poderosa presión de la Luz no cede siquiera por el espesor de un pelo. De ese modo, el mal es obligado a literalmente quebrar la propia cabeza para, destruido, colapsar.

Con eso, en la verdad, a vosotros os presento solamente una imagen. Se trata, sin embargo, de uno acontecimiento real; pues el mal es obligado a aniquilarse en todas las partes y en su propio movimiento, que es empujado tan fuertemente por la presión de la Luz. También todos los errores y todas las falsas concepciones están entregues a la autodestrucción, por no poder tener ninguna conexión benéfica con la Luz.

Imaginad ahora un ser humano, que lleva en si muchas debilidades y también defectos, y que no esté, con toda fuerza, dispuesto a abandonarlos. Para él ocurre infaliblemente como consecuencia que también su cuerpo terreno no es capaz de soportar el inmenso choque y perece conjuntamente, es decir, también tiene que destrozarse, mientras que, se tratando de defectos menos persistentes, el cuerpo terreno es afectado más levemente.

Naturalmente, también alcanza el cuerpo siempre allá, donde puntos flacos ofrecen lugares de ataque o donde existe alguna enfermedad. No está excluido que, en muchos seres humanos, las células del cerebro irán ofrecer los puntos de agresión, lo que lleva a la perturbación del espíritu. ¡En la realidad, es solamente el intelecto que está sujeto a la perturbación, nunca el espíritu! Únicamente la actividad del cerebro terreno sufre el disturbio, porque perturbación del espíritu ni existe.

Con el abandono de un cuerpo por la muerte terrena, estará también extinta sin más ni menos la perturbación malsana de tal enfermo.

Precisamente en los disturbios de la actividad cerebral se evidencia el pecado de muchas escuelas, que sobrecargan el cerebro anterior de los jóvenes con cosas de las cuales ellos siquiera necesitan durante su existencia terrena para uso practico. La vanidad en eso se ha convertido en desgracia y crimen; pues de ese modo no quedó fuerza tampoco tiempo para aquello, que habría sido más necesario y que es indispensable a todo el ser humano: ¡reconocer la voluntad de Dios en la Creación!

El ataque al cuerpo reside en el rechazo del errado, que se revuelta, y en los esfuerzos que tienen que resultar de la intensificación violenta y repentina por presión de la Luz. ¡La propia Luz nada ataca, pero únicamente es y existe! Sin embargo, igual que una muralla inabalable, se acerca cada vez más la pared de Luz, estrechando continuamente el espacio, dentro de lo cual el errado tiene que agotarse, hasta que ahí se triture totalmente.

Así ocurre con aquellos seres humanos quienes no están ciertos en relación a la Luz, y por esa razón tampoco vibran en las leyes. Esas irradiaciones deberán elevar el ser humano, que está de modo cierto en la Creación, muy hacia arriba, hasta el limite donde él se encuentre fuera del peligro de ser arrastrado hacia la venidera descomposición. Ellas cauterizan en él todo aquello que no esté enteramente en acuerdo con las leyes de esta Creación. Pero también solamente cuando el ser humano ofrezca las posibilidades para tal, por la abnegación férrea y sin piedad para con si mismo en el reconocimiento de sus errores y peculiaridades erradas. Poder hacer esto a él le es muy facilitado, porque, debido a esas irradiaciones, todo el errado fortalecido se torna visible en él. La visualización de tales errores, sin embargo, no ocurre acaso por medio de imágenes cómodas, como el ser humano tal vez de nuevo espera erróneamente, según la especie indolente de su espíritu, pero él tiene que esforzarse para tal, del contrario no se le advendrá ninguna recompensa y ninguna ayuda. ¡Él mismo podrá fijarlo, si, poseído por un deseo sincero, abra los ojos para eso! Entonces, verá pronto con lo que topa y se choca con sus prójimos. Con un poco de esfuerzo ya podrá reconocerlo en la conducta de sus prójimos para con él; ¡pues si él realmente desea acender, entonces, en todas las cosas, tanto en los livianos como en los pesados choques y discordias, en cada perturbación de una armonía, no más buscará tampoco presumirá encontrar los errores en los demás, pero, sí, en uno mismo! De ese modo reconocerá, aún en tiempo, todo lo que le hace falta. ¡Por lo tanto, solamente en la vivencia! No existe otro modo de reconocimiento para él.

¡Si mira de esa manera a su alrededor, entonces, ya habrá dado el paso más difícil en su lucha, lo que lo conducirá hacia la victoria! ¡En ese primer paso reside lo fundamental para él! Si no pone atención a él, nunca vencerá, pero habrá que caer, aunque tenga mucha buena voluntad. Sin embargo, en la omisión de ese paso, tampoco posee la voluntad cierta, pero se ha engañado a si mismo, se ha iludido por vanidad o comodidad, y los frutos de tales ilusiones recaerán por sobre él.

Totalmente distinto, sin embargo, ocurre con las personas que realmente llevan en si la voluntad sincera, que siempre hace surgir la acción y no queda solamente en la voluntad.

Éstas reciben, por la presión de la Luz, refuerzo inesperado, poderoso, de su anhelo bueno, puro, que las eleva hacia el alto, hacia alén del limite determinado para el Juicio, que les concede seguridad, apenas se desencadene la tormenta que arrastrará todos los demás hacia la región de la descomposición, que es equivalente a la condenación eterna.

¡Despertad, oh espíritus humanos! ¡Ni un dia siquiera tenéis para desperdiciar!

Ya antaño el Hijo de Dios ha clamado por vosotros, advirtiendo: ¡perdonad al prójimo! ¿Sabéis lo qué reside en eso? Pensáis en todo de modo demasiado superficial, no os queréis profundizar en la Palabra, que contiene tales tesoros inestimables.

¡El perdón al prójimo tiene su inicio y fin en el hecho de no os preocupar con sus errores! ¡De dejar de buscar errores en él! ¡Es decir que os debéis preocupar en eso exclusivamente con vosotros! Que debéis primeramente buscar vuestros errores y os liberar de ellos, antes de os esforzar en reprender vuestro vecino por los errores de ellos.

Jesús sabía muy bien que tenéis que llenar totalmente el tiempo de vuestra existencia terrena, si quisiereis cuidar suficientemente de vosotros mismos, para progresar y madurar así, como debéis.

¡Investigad primeramente en vosotros, solamente entonces comprenderéis vuestro prójimo! En la comprensión, sin embargo, reside perdón.

¡Sin embargo, cuántos seres humanos existen en la Tierra que actúan de esa forma! Ninguno ha acogido la Palabra del Hijo de Dios en si de ese modo. Ni esta única sentencia y mucho menos aún toda la doctrina. ¡Precisamente en la inobservancia de esta exigencia reside vuestro mayor error! ¡Es en eso que pecáis al máximo y... en eso desperdiciáis al máximo, sí, perdéis de esa forma toda vuestra existencia! ¡Y pese a eso tenéis la esperanza de subsistir!

“¡Cómo eres tu, ser humano!” ¡No es una pregunta, sino una exigencia! ¡En ella os habréis que destrozar, si no os definir rápidamente! ¡A vosotros os advierto! ¡Tantos ya se encuentran al borde del abismo y caerán, si no retrocedan con toda la energía en el ultimo momento! ¡No más buscad en los demás los errores, pero, sí, solamente en vosotros!

¡No tirad fuera el ultimo apoyo, que a vosotros os puedo ofrecer en el momento de extremado peligro!

Ya tantas veces no lo observasteis, a pesar que el Hijo de Dios los haya ofrecido en cada frase. También cuando a vosotros os dijo a vosotros: “¡Ama a tu prójimo como a ti mismo!”

Así, también aquí el sentido es el mismo. ¡Siempre de nuevo él os dio el mismo consejo, con el cual podríais progresar vigorosamente, si realmente quisieseis! ¡Para eso, sin embargo, vosotros mismos también habíais que pensar conjuntamente, actuar conjuntamente, y eso ha sido exigir demasiado! ¡Eso se vengará amarga, amargamente en vosotros!

¡Sed, por eso, finalmente vigilantes y no más soñad con el pasado, no más con el futuro, pero vivenciad el momento, el presente! ¡Únicamente eso aún a vosotros os podrá traer provecho!

“¡Cómo eres tu, ser humano!”Así exige la ley de la Creación en el Juicio!—

¡Quiero, por eso, hacer una advertencia más, antes que la grave y pesada exigencia os haya que despertar de la falsa ilusión!

¡No os preocupéis con lo que ya fuisteis antaño aquí en la Tierra! Tal saber en nada os podrá auxiliar en el Juicio; ¡pues no vale! ¡Solamente más tarde, cuando estuviereis más maduros para eso, podrá a vosotros deciros muchas cosas! Podréis, entonces, sacar enseñanzas de eso, que a vosotros traerán mucho provecho para el presente, si sintonizareis correctamente vuestro modo de pensar.

La curiosidad solamente, o también la vanidad, hace con que muchos entre vosotros preguntáis por eso tan insistentemente. Sin embargo, no cosecháis aquello, que ya hoy podríais, deberíais cosechar desde el saber: contentamiento y gratitud por vuestra existencia; ¡pues todo pudisteis ahora experimentar en la Tierra! No hay siquiera uno que ya no haya sido terrenamente rico o haya ocupado una posición dominante cualquiera. Ninguno, quien ya no haya experimentado todas las alegrías de esta Tierra. ¡Por eso, no tenéis derecho ni motivo para envidiar los que hoy reinan, tampoco los que tienen poses, los cuales tal vez durante vuestro buen tiempo ya tuvieron que sufrir necesidades y privaciones bajo vuestro dominio!

Debíais aprender, con eso, que os encontréis precisamente ahora en una tal situación, que aún os es necesaria, experimentarla, para en ella madurar, o para reparar el mal que antaño causasteis. ¡Ambos los casos solo pueden generar gratitud por la merced, que os concede eso en la actuación de leyes inamovibles, que jamás pueden ser injustas, que jamás se equivocan en su perfección intangible, que, ajustadas en mayor precisión, siempre llevan al ser humano, como fruto, aquél que él mismo sembró en esta Creación con las decisiones de su libre arbitrio!

¡El sufrimiento, que lo alcanza, es su propia acción, como también la alegría, que a él le es regalada por la ley! Y cuando le es dado sufrir o pasar necesidades, entonces, él sabe perfectamente que eso lo conduce a su liberación de las consecuencias de una acción, que él propio ha cometido, y, con eso, es auxilio hacia la ascensión, que únicamente puede conducirlo a los reinos luminosos de pura alegría. Caso viva en la riqueza o incluso como soberano, entonces, aquello, que ha vivenciado hasta ahora, debe ser una exhortación para que administre todo eso correctamente en el sentido de las leyes divinas, a fines de que resulte en bendiciones para sus prójimos, y no lo conduzca una vez más hacia bajo y lo ate a una futura existencia en sufrimiento en esta Tierra, pero, sí, lo tenga que elevar por la gratitud de aquellos que, gracias a su actividad, pudieron encontrar paz y felicidad.

Únicamente para eso os debe servir en el futuro el saber. Hoy en día, sin embargo, solamente en vanidosa presunción jugáis con el pensamiento de lo que ya fuisteis antaño, y incluso os vanagloriáis con eso, como si hoy a vosotros pudiese ser de alguna utilidad.

Os digo a vosotros, si vosotros mismos no sois capaces de sacar provecho de eso para vuestro presente, en el sentido por mi indicado, entonces, no tendrá valor y solamente puede resultar en perjuicio. Lo que eso vale ante la ley en esta Creación, si antaño fuisteis en la Tierra imperador o rey, apóstalo o papa: “¡Cómo eres tu, ser humano!” ¡habrá que reconocer cada uno en la vivencia! ¡Y vuestra respuesta se encuentra en la existencia actual, en vuestro modo de ser, exclusivamente!

¡Y ese momento grave está ante vosotros! ¡Vigilad!

¡Se podrá presentar a cualquier hora!

¡No ocurrirá al mismo tiempo para todos ahora, pero solamente para un tras el otro! Para cada uno de manera nueva. Sus debilidades condicionan la manera.

Si él, entonces, implorar fuerza en el sentido correcto, ella a él será concedida. ¡La fuerza también lo auxilia a vencer, mientras que reconozca y busque seriamente vencer aquellos errores, que él mismo lleva en si!

Nadie, por lo tanto, mire al otro; ¡pues nadie es tan puro, que él mismo no tenga que luchar!

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