Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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14. El Reino de los Mil Años

¡Legendariamente fluctúa él en el pensamiento de muchos seres humanos, que tienen conocimiento de la promesa, sin embargo, sin concepto, sin forma, porque a su respecto nadie sabe hacer una idea correcta!

¡El Reino de los Mil Años! Pretensos conocedores siempre de nuevo se han empeñado en presentar una aclaración sobre la manera de la realización de la grande época de la paz y de la alegría, que ahí deba existir. ¡Sin embargo, todavía nunca ha sido posible acercarse de la verdad! Todos anduvieron errados, porque ahí reservaron a los seres humanos un papel demasiado preponderante, como siempre ocurre con todo lo que piensan las criaturas humanas. Dejaron valer, además de eso, concepciones anteriores, edificaron por encima de ellas, y por esa razón cada una de esas edificaciones tenia que ser considerada ya de antemano como errada, no importando como había sido constituida.

¡Y, entonces, el ser humano ha olvidado ahí el esencial! ¡El no contó con la condición igualmente prometida, de que antes del reino de paz de los mil años todo tiene que convertirse en nuevo en el Juicio! Esta es la condición básica indispensable para el nuevo reino. ¡En el suelo existente hasta ahora él no puede ser levantado! ¡Antes, todo lo que es antiguo tiene que convertirse en nuevo!

¡Eso, sin embargo, no significa que el antiguo deba tonificarse en la misma forma de hasta entonces, pero, sí, la expresión “nuevo” condiciona una modificación, una alteración del antiguo!

En su desconfiar, el ser humano ha dejado de reflexionar sobre esto, por esa razón, jamás ha progresado en su imaginación.

¡Seguid en espíritu, para que aprendéis a comprender; pues el cumplimiento de la promesa se inicia!

Aquello, que más tiene que modificarse antes en el Juicio, es el propio ser humano, porque ha sido únicamente él que trajo la confusión a la Creación posterior. Desde él, por su querer erróneo, ha partido la desgracia para el mundo.

La belleza, la pureza y la salud originales, que siempre son la consecuencia de una vibración en las leyes primordiales de la Creación, han sido poco a poco deformadas y desfiguradas por el querer erróneo de esta humanidad. ¡Solo pudieron formarse aún caricaturas en el desarrollo imparable, en lugar de madurez sana rumbo a la perfección!

Imaginad una vez el alfarero, sentado ante el torno y la arcilla, que en su flexibilidad se deja aplastar en todas las formas. El torno, sin embargo, no es movido por el propio alfarero, y sí por una correa de transmisión, la cual, por su parte, la fuerza de una maquina no deja cesar.

Ante la presión de los dedos, la arcilla se forma ahora bajo la continua rotación que la piedra ejecuta, por sobre la cual ha sido colocada la arcilla. De la manera como presiona el dedo, así se va aplastando la forma, pudiendo ser bonita, fea, horrible.

De idéntica manera actúa también el espíritu del ser humano en este mundo, en la Creación posterior. Él ejecuta la conducción según su voluntad, es decir, la presión, como espíritu sobre todo el enteal, que forma la materia fina y también la gruesa. El enteal es para el espíritu el dedo, que ejerce la presión conforme su voluntad. La arcilla es la materia fina y la materia gruesa, sin embargo, el movimiento, que se da independiente del espíritu humano, son los movimientos espontáneos de las leyes primordiales de la Creación, que, semejantes a corrientes, impelen sin interrupción hacia el desarrollo de todo, lo que el ser humano forma con su voluntad.

Así, la voluntad del espíritu humano es plenamente responsable por todo lo que se desarrolla en la Creación posterior; pues él ejerce como espíritu la presión, que determina la especie de la forma. ¡Él nada puede querer sin simultáneamente formar! ¡Sea lo que sea! ¡Por eso, tampoco jamás puede huir a la responsabilidad por todo cuanto por él ha sido formado; pues su voluntad es la causa de todo lo que existe en esta Creación posterior! ¡Su querer, su pensar, y su actuar! Todo toma forma en el engranaje de este mundo. Que el ser humano no lo supiera o tampoco no lo quisiera saber, queda por su cuenta, es su culpa. Su ignorancia no altera el efecto.

¡Así, retuvo ante su querer erróneo, su obstinación y su presunción no solamente todo y cualquier desabrochar verdadero, pero ha deteriorado la Creación posterior y, en lugar de actuar benéficamente, actuó solamente de modo nocivo!

¡Advertencias a través de los profetas, después por el propio Hijo de Dios, no han sido suficientes para cambiarlo, para que tomase el camino correcto! Él no quiso y nutria cada vez más su presunción de dominador del mundo, en la cual ya se ocultaba el germen de su ruina imprescindible, que ha crecido con la presunción, que ha preparado las catástrofes, que ahora deben desencadenarse según la ley sempiterna en la Creación, la cual el ser humano ha dejado de reconocer, porque su presunción señorial ahí lo ha impedido.

¡Los horrores venideros tienen su causa únicamente en la deformación de las leyes primordiales divinas, debido a su querer erróneo de eses espíritus humanos en la Creación posterior! Pues ese querer erróneo ha llevado todas las corrientes de fuerza, que se efectúan naturalmente, hacia la confusión. Pero el curso de las mismas no puede ser alterado impunemente, toda vez que ellas, así enmarañadas y enredadas, se despliegan entonces violentamente en dado momento. El despliegue y el desenredo se muestran en los efectos, a que nombramos de catástrofes. Poco importando, si ocurren en organizaciones estatales, en las familias, en personas individuales o pueblos enteros, o en las fuerzas de la naturaleza.

Con eso, se colapsa por si mismo todo cuanto es errado, tomando en cuenta la fuerza, que hay en las corrientes, las cuales han sido conducidas erradamente por la presunción de la humanidad, de modo diferente del deseado por Dios; pues esas corrientes pueden producir solamente bendiciones, cuando andan por aquellos caminos, que les son previstos por las leyes primordiales, es decir, que han sido determinados por el Criador. Jamás de otra forma.

Por eso, el fin también podía ser previsto ya hace millares de años, porque, con la sintonización erradamente deseada del ser humano, tampoco podía pasar de forma diferente, visto que el efecto final de todo y cualquier acontecimiento permanece siempre rigurosamente atado a las leyes primordiales.

Los seres humanos nunca han dado atención a advertencias, ahora se hallan delante aquél colapso, que se procesa según la ley natural. En este punto del desarrollo natural, nos encontramos hoy.

Ya que los espíritus humanos demostraron la absoluta incapacidad de reconocer su misión en esta Creación, toda vez que ellos mismos han dado prueba de su no querer cumplirla ante rechazo e interpretación errada de todas las advertencias de convocados y de los profetas, incluso de las del propio Hijo de Dios, y sellaron su hostilidad a través de la crucifixión, interviene Dios ahora poderosamente.

¡Por eso, el Reino de los Mil Años!

Solamente por la fuerza puede ser todavía ayudada la Creación posterior, así como la humanidad, que ha probado que con voluntad libre nunca se ha dejado persuadir a tomar el camino correcto, que debe recorrer en la Creación, a fin de en ella estar conforme la voluntad de Dios, y también llevando bendiciones como aquella criatura, que ella, siendo espiritual, realmente es.

¡Por ese motivo, quedará la humanidad ahora en el Juicio privada de sus derechos, será desheredada del derecho de hasta ahora, que la voluntad humana, conduciendo y formando, domine esta Creación posterior! Desheredada por mil años, para que por ultimo pueda haber paz y esfuerzos en dirección hacia la Luz, según las leyes primordiales en la Creación, delante las cuales hasta ahora el ser humano se ha colocado hostilmente.

¡La posibilidad y la garantía del reino de paz hace mucho anhelado es dada, por lo tanto, únicamente por desheredar todos los actuales derechos de la humanidad en la Creación posterior! ¡Así se encuentra el ser humano ante su Dios! Por eso, debe él ahora prestar cuentas. Éste es el sentido y la necesidad del Reino de Dios de los mil años aquí en a Tierra. ¡Una triste verdad, que más vergonzosa no puede ser para esta humanidad!

¡En lugar de eso, en su megalomanía desenfrenada, ella se enorgullece de las promesas! ¡Ese desheredar será llevado a efecto de la manera más simples, cuando una voluntad, que está arriba de toda voluntad humana, entre en esta Creación posterior, por Dios para eso enviada! ¡Ese hecho por si es suficiente, para atar, según la ley natural, todos los derechos de la humanidad en la Creación! Así, la propia voluntad de Dios ha sido enviada en carne y sangre, a la cual todo el querer de la humanidad no puede contraponerse eficazmente, la cual, únicamente por su existencia, permanece dominando y conduciendo en la Creación, porque, conforme las leyes primordiales de la Creación, todo tiene que orientarse por ella, porque a través de ella pudo originarse antaño, de ella depende y dependerá.

¡La propia Voluntad de Dios, por lo tanto, estará siempre entre los seres humanos durante el Juicio, ella irá desencadenar naturalmente el Juicio para un rápido final, y gobernará, entonces, ella misma, también su nueva estructuración, como debe ser para la bendición de todas las criaturas, de toda la Creación, para que la humanidad aprenda con eso en el vivenciar!

¡Así, el Reino de los Mil Años será una escuela para la humanidad, donde deberá aprender cómo tiene que portarse en esta Creación posterior, de qué manera pensar y actuar, para cumplir correctamente la misión que a él le compete y así ella propia ser feliz!

¡Para esta finalidad, la voluntad humana queda ahora impedida en su función dominadora en la Creación posterior por mil años, después que en el Juicio haya sido destruido lo que ella ha sembrado y conducido erróneamente!

¡Durante los mil años, imperará solamente la voluntad de Dios, a la cual todo espíritu humano tiene que someterse, apenas cuando él consiga subsistir en el Juicio!

Sin embargo, la propia Voluntad de Dios no permanecerá por mil años aquí en le Tierra en carne y sangre, pero sube, entonces, después de la estructuración realizada, para el Burgo del Grial. En su lugar, sin embargo, gobernará en la Tierra, entonces, durante estos mil años siempre un portador de su voluntad, que esté directamente atado con él. Siempre es un primordialmente criado, puro-espiritual que, ya por su especie, se halla en saber y poder mucho encima de los espíritus humanos de esta Creación posterior, los cuales pertenecen todos solamente a los desarrollados. Él es cada vez un cabalero del Burgo del Santo Grial, donde él es preliminarmente preparado para ser portador de la espada de Imanuel, de la Voluntad de Dios.

Portador de la Espada él siempre será nombrado, porque, en su misión, cumple la palabra de Imanuel, la Palabra, que espiritualmente es designada como la Espada. Él gobernará en la Tierra, entonces, en nombre de su Señor. Y cada nuevo regente en la Tierra durante el Reino de los mil años será siempre solamente uno primordialmente criado, enviado del Grial. Jamás de otra forma. Ahí reside la garantía de que ese período, determinado por Dios, también permanezca así, como es de la voluntad de Dios.

Después que pasen esos mil años, no será enviado uno nuevo primordialmente criado y, con eso, estará restituida a la humanidad su herencia de un liderazgo en la Creación posterior. En ese período, ella debe haber aprendido a orientarse estrictamente de acuerdo con las leyes primordiales de la Creación, para finalmente actuar benéficamente en la Creación posterior, a la cual ella pertenece y pertenecerá, para ella propia encontrar ahí su verdadera felicidad.

¡Caso, sin embargo, venga después todavía un faltar como hasta ahora, entonces la humanidad tiene que contar con la aniquilación total!

¡Así es el Reino de los Mil Años y su finalidad! La humanidad, en su presunción y en la ilusión de la propia importancia, lo ha imaginado de forma muy diferente. ¡Pero aprenderá y tendrá que vivenciar como realmente es!

¡También ahí reside solamente una gracia de Dios para ayudar aquellos, que realmente son de voluntad pura! ¡En el contrario ellos estarían perdidos juntamente con los condenados! ¡Porque, después de este Juicio, no más podrá existir nadie, que no vibre correctamente en las leyes primordiales de la Creación, por lo tanto, que no viva de acuerdo con la voluntad de Dios!

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