Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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Contenido


13. La misión de la femineidad humana

Una gran opresión paira por sobre toda la femineidad terrena, desde que ha sido difundida la ilusión de que el destino principal de una mujer sea la maternidad. Con falsa compasión y frecuentemente incluso con disfrazada alegría maliciosa, fijan muchas personas para las jóvenes, que no se casan, e igualmente para las mujeres, que en el matrimonio no han tenido hijos. La expresión “solterona”, o “tía”, que en la realidad es un titulo honroso, es muchas veces pronunciada con ligera mofa, con un pesaroso encoger de hombros, como si para la mujer terrena el matrimonio fuese el más elevado de sus albos, sí, incluso su finalidad.

Que ese falso concepto se haya difundido y alojado por milenios, de modo tan nocivo, hace parte de las principales conquistas de Lucifer, que ahí ha visado la degradación de la femineidad, empleó el golpe más duro a la verdadera humanidad. ¡Pues, mirad al rededor! ¡Las dañosas excrecencias de la conceptuación falsa orientaron, de antemano, la manera de pensar de los padres y de las jóvenes en línea muy recta para el sustento terreno por medio de un matrimonio! Todo converge hacia eso. Incluso la educación, todo el pensar, hablar, actuar, desde los días de la infancia de cada joven hasta la madurez. ¡Entonces, la oportunidad es buscada, proporcionada, o, donde esa no es alcanzada, incluso aun traída a la fuerza, para que relaciones puedan ser trabadas con el objetivo final de un matrimonio!

¡Es literalmente inculcado en la joven que ella pasará por la vida sin alegría, si no pueda caminar al lado de un hombre! ¡Que, de otro modo, jamás será tomada en serio! ¡Para dondequiera que una chiquilla mire, ella ve las glorificaciones del amor terreno como el albo supremo de una felicidad materna! ¡Así se forma la idea artificialmente impuesta, de que cada joven, que no puede tenerla, es digna de lastima y tiene, en parte, su existencia terrena perdida! Todo el pensar y querer es orientado en ese sentido, literalmente inoculado en la carne y en la sangre desde el momento del nacimiento. Todo eso, sin embargo, es una obra muy hábil de Lucifer, que objetiva la degradación de la femineidad humana.

¡Y ese encanto tiene que ser quitado ahora de esa femineidad terrena, si es que ella deba elevarse! ¡Solamente de los escombros de esa ilusión de hasta ahora puede resultar el elevado, el puro! La noble femineidad, deseada por Dios, no logró desarrollarse bajo ese más astucioso asalto de Lucifer contra los espíritus humanos, los cuales todos podrían, desde el inicio, haberse empeñado únicamente rumbo a la Luz, si hubiesen seguido firmemente las leyes primordiales de la Creación, dejándose conducir por ellas.

Tornaos por ultimo espirituales, ó criaturas humanas; ¡pues sois del espíritu! ¡Reconoced y sed también suficientemente fuertes para asimilar que la felicidad maternal, considerada como el supremo albo de la feminidad terrena y su destino más sagrado, tiene sus raíces solamente en el enteal! ¡La destinación más sagrada de la mujer humana, sin embargo, se halla mucho más alto, reside en el espíritu!

¡Ni siquiera una vez os ha venido a la mente que todo aquello, que hasta ahora enaltecisteis, pertenecía exclusivamente a la Tierra, a la vida terrena en su limitación! Pues matrimonio y procreación existen solamente en la parte de materia gruesa de esta Creación posterior. ¡Femineidad, sin embargo, existe en toda la Creación! ¡Esto, pues, os debería dar motivo para una reflexión! Pero no, era esperar demasiado de vosotros.

De la misma forma como se busca conducir los animales libres, poco a poco, para un pasillo poco perceptible, previamente construido con cuidado, lo cual ellos no pueden distinguir de la libre y bella floresta, que, sin embargo, conduce al cautiverio, de la misma forma siempre impelisteis vuestras hijas solamente hacia la dirección de aquél único albo... ¡del hombre! ¡Como si esa fuese su destino principal!

La ilusión de esa falsa conceptuación se asemeja a tabiques, puestos a la derecha y a la izquierda, que, por ultimo, tampoco dejaban los pobres niños pensar de modo diferente, sino en la misma dirección. De este modo, muchas jóvenes, entonces, aún “se salvaron” a todo costo con un salto hacia un matrimonio, que a ellas propias ha costado sacrificio, solamente para en la vejez no sufrir miserablemente las consecuencias de esa falsa manera de ver, las cuales, como espadas amenazadoras, penden por sobre cada joven e incluso hoy aún existen.

Es también solamente una protesta intima, que despierta de modo completamente inconciente, una revuelta del hasta entonces tan subyugado espíritu, cuando, en el proceso inicial de fermentación de una nueva época, la juventud quiso huir de ese estado enfermizo, sin embargo no reconocido, con lo que, lamentablemente, ha caído en algo aún muy peor, en la idea de compañerismos libres y, con eso, también en el matrimonio de compañerismo. En el fondo, es aún la misma excrecencia de la idea luciferina, que lleva en si la devaluación de las mujeres, sólo que de otra forma. Pues algo de puro no podía originarse, toda vez que la opresión de las tinieblas paira siniestramente sobre todas, las segura firmemente enlazadas y las mantiene todas de nuca curvada bajo este yugo.

Tenia que permanecer el errado, aunque la forma fuese modificada. ¡El golpe para la liberación de la verdadera femineidad ahora sólo puede venir aún desde arriba! La humanidad, por si, no alcanza hacerlo, toda vez que se ha enmarañado y se esclavizado demasiado.

Ahí no más ayudan leyes o formas nuevas. La salvación está solamente en la comprensión de todas las leyes primordiales de la Creación. Debéis por ultimo aceptar la Verdad, según ella realmente es, no como la juzguéis, a causa de haber sido tan accesible a las insuflaciones de Lucifer.

¡Yo quiebro ese encanto, que tan funestamente ha pairado hasta hoy por sobre la femineidad terrena! Yo envío un rayo de Luz para las tinieblas, que, os confundiendo, aún os mantienen presos.

¡Con la idea de que la femineidad humana debiese buscar la finalidad principal de la existencia en la maternidad, el femenino ha sido devaluado y deshonrado! ¡Pues con eso ella ha sido rebajada, atada al enteal! ¡Lucifer nada más necesitó hacer sino lanzar la idea en el mundo, que ha sido acogida tornándose, después, lentamente, concepto sólido, que aún hoy domina el modo de pensar humano, lo obliga en aquella única dirección, que impele un vuelo del espíritu hacia las alturas límpidas y luminosas!

Puños mugrientos de los gregarios de Lucifer se han puesto ahí sobre la femineidad humana, doblando sus nucas. ¡Afuera con eso! ¡Libertaos ahora de esas garras, que os prenden abajo! Pues ese concepto, solamente, trajo en sus consecuencias todo cuanto tiene que deshonrar la mujer. La manta bonita de la sagrada maternidad, las canciones en alabanza del amor materno jamás alcanzarán aliviar la opresión de los puños oscuros, tampoco tornarán luminosos esos puños negros.

Escuchad mi palabra: ¡con ese concepto se hizo de la mujer humana un animal materno! ¡Despertad, chicas, mujeres, hombres, para reconocer por ultimo toda lo terrible de esa idea! ¡Se trata ahí de un derecho sagrado para vosotros!

¡Lucifer pudo enorgullecerse de esa conquista! ¡Yo la arranco de las manos de sus gregarios! ¡La tiro destrozada a sus pies!

Ya dije una vez que Lucifer, en toda la femineidad, buscó lanzar el golpe más pesado contra la verdadera humanidad y, lamentablemente... ¡también lo pudo lanzar demasiado bien!

Seguid vosotros mismos el pensamiento, que él, con gran astucia y malicia, ha lanzado entre vosotros: ¡os ha lisonjeado hipócritamente con el idea de una maternidad como misión suprema de la mujer! Sin embargo, a la maternidad pertenece el instinto terreno, y para este él quiso construir con la idea una base más elevada, para que él se tornase dominante y obligase todo el pensar de esa humanidad terrena para aquella única dirección. ¡Un plano diseñado con admirable astucia! Cautelosamente, jugó ahí con vuestros sentimientos como un artista de primera clase toca su instrumento, al presentar seductoramente la maternidad y el amor materno ante vuestros ojos como escudo para sus intentos, a fin de que no pudieseis reconocer lo que espiaba por detrás de eso. Y lo logró integralmente.

¡Oísteis el sonido seductor, que ha resonado en vosotros de modo límpido, sin embargo, no fijasteis en las manos sucias, ávidamente crispadas, que produjeron la melodía! ¡El supremo albo y sagrada destinación! Eso pairaba delante de vosotros, vosotros lo avistasteis de modo claro y luminoso. ¡Pero a pesar de la claridad es, sin embargo, también la más pura irradiación del enteal, no del espíritu! ¡El animal encandece en ella hasta su punto máximo, se realiza ahí y se entrega por completo, porque él mismo se origina del reino del enteal! ¡Se torna grande ahí, luminoso y claro! En el ser humano, sin embargo, existe aún algo más fuerte, que debe y tiene que estar encima, si él quiera ser integralmente ser humano... ¡el espíritu!

¡Como tal, él no puede y no debe permanecer en el enteal, no debe establecer como el más alto de sus albos algo, que pertenece absolutamente al enteal y que también tiene que permanecer siempre en él, según las leyes primordiales de la Creación! De esa forma, Lucifer ha armado la trampa con extraordinaria habilidad, que forzó el espíritu humano para el enteal, lo mantuvo preso ahí, lo que logró tanto más fácilmente, porque el ser humano ha visto ahí el bello y luminoso, que lleva en sí todo lo que es puro, por lo tanto, también la más alta irradiación del enteal.

Sí, sagrada es la maternidad, sin duda, y su corona el amor materno, pero ella no es, a pesar de eso, la misión suprema de la feminidad humana, no es la destinación, que tiene en la Creación. La maternidad está enraizada en el enteal, solamente es encandecida por voluntad pura, sin embargo, en las criaturas humanas, no sea en todos los casos. En los animales, sin embargo, seguramente siempre lo es.

Permanece, a pesar de eso, en la más elevada irradiación del enteal, que sólo puede atarse directamente con lo que es material. Pero solamente quién haya estudiado minuciosamente el Mensaje del Grial y la haya asimilado podrá comprenderme también ahí por completo.

Lo que Lucifer quiso con eso, se realizó; pues él conocía muy bien las consecuencias del desvio de las leyes primordiales deseadas por Dios, lo que él, así, hizo ejecutar por los propios seres humanos. Les ha demarcado solamente un albo errado, que correspondía bien a la pereza espiritual y a sus debilidades, y todo el pensar e intuir ha sido sintonizado ahí, con lo que hubieron que seguir por caminos errados.

Por lo tanto, él cambió ahí solamente la palanca, con lo que tuvo que ocurrir la catástrofe del descarrilamiento. ¡Lucifer sólo había adulado el instinto de modo hipócrita, con eso, sin embargo, lo ha elevado a enorme poder y fuerza!

Además de eso, él sabia perfectamente que el crecimiento del intelecto en la criatura humana había que tornarse aún un fuerte apoyo para ese poder del instinto, debido al correspondiente efecto de los pensamientos, que pudo hacer aumentar el deseo pernicioso hasta un estado febril. ¡Y, con él, el ser humano, por último, estaba totalmente esclavizado dentro de si mismo, lo que nunca pudo ocurrir a un animal!

El bello nombre “maternidad” ha permanecido siempre solamente el escudo engañador, con lo cual, él os pudo iludir. Sin embargo, la intensificación del instinto como la consecuencia absoluta era su objetivo. Ésta ha llegado, por último, al estado enfermizo, tal como él había previsto con exactitud, ha esclavizado la manera de pensar de todos los seres humanos de ambos los sexos y se ha tornado para muchos la esfinge enigmática, como se presenta hoy el instinto enfermizo, con lo cual la criatura humana tantas veces lucha, rebelándose inútilmente.

La raíz y la solución del enigma, sin embargo, está exclusivamente en esa idea luciferina, la cual a vosotros, criaturas humanas, ha sido lanzada como escarnio contra las leyes, que la voluntad de Dios ha colocado en la Creación para vuestra bendición, os debiendo favorecer. ¡Y vosotros la tomasteis, os enganchasteis en ella como el pez hambriento al anzuelo, sólo porque vosotros propios tuvisteis placer ahí! ¡En el sexo masculino eso se ha efectuado como una grave e incurable epidemia!

Asimilad en vosotros realmente el concepto de la pura y elevada femineidad, entonces, estaréis libres de esas pesadas cadenas, que os han causado indecibles sufrimientos y muchos tormentos del alma. Con esa idea luciferina toda la femineidad terrena ha sido robada del más noble, se ha tornado juguete y caza de criaturas masculinas perversas y un querido animal maternal hasta para el hombre serio. La convicción errada quedó pairando, entonces, en el aire, como se suele decir popularmente, en la realidad, ella se ha tornado viva y ha sido plasmada en el mundo de materia fina, flotando continuamente alrededor de vosotros, os influenciando ininterrumpidamente, hasta que vosotros propios nada más pudisteis hacer, sino aceptarla.

Yo corto ese lazo perjudicial; ¡pues es falso!

¡La mujer se halla espiritualmente en el lugar más alto, cuando, antes, haya se tornado verdaderamente conciente de su femineidad! ¡Y su misión no es consagrada en primero lugar a la maternidad! ¡Como ya lo dije, ésta existe solamente para vuestro cuerpo terreno, y eso es todo! ¡Y, sin embargo, la femineidad se halla en todos los planes, incluso en el puro espiritual, entre los primordialmente criados, en el lugar más alto! ¡Pero es legitima femineidad, en su elevada, intangible dignidad!

¡Aparentemente yo quito mucho de vosotros, cuando ahora afirmo que la maternidad pertenece solamente al reino del enteal! Es un corte profundo, que soy obligado a proceder ahora, si es que os deba ayudar. La maternidad permanece en la región del enteal, en él se desenrolla. Si fuese la más elevada finalidad de las mujeres, entonces ellas estarían en muy mala situación.

Observad, pues, el animal, él es en la realidad totalmente instintivo, muchas veces más fuerte en el amor materno de lo que jamás lo consigue el ser humano; pues es integro en todo lo que hace, porque sólo hace aquello, a que es impulsado por su sentimiento, sin desconfiar al respecto. Así, también muere por sus pequeños y no teme ningún enemigo. La misma base para el amor materno también está condicionada en el ser humano en acuerdo a la ley de la naturaleza, si no lo oprimir ante su pensar intelectivo. Él permanece, sin embargo, atado al cuerpo, y éste es enteal, con todas sus irradiaciones, nada más.

Así aún cuando una u otra persona también presentirán lo correcto. No es en vano que ya se dice hoy que solamente aquella es verdadera madre, quién en tiempo cierto puede convertirse también amiga de sus hijos.

¡Cuanta sabiduría hay ahí! ¡Cuando una madre puede convertirse amiga de la hija adolescente! Es decir, apenas cuando la joven deja la infancia hacia tras, que también ella tiene que alterar o abandonar su condición de madre de hasta entonces, si quiera seguir junto a su hija, en la cual el espíritu alcanza el desabrochar en la madurez, según ya aclare nítidamente en mi disertación sobre la fuerza sexual.

Hasta allá, predomina exclusivamente el enteal en el niño, lo cual ha sido lleno integralmente por el amor materno original. El espíritu que desabrocha, sin embargo, exige entonces más de lo que solamente el amor maternal de hasta entonces. Con éste, él también no tiene mucho que ver, porque una herencia espiritual jamás puede ocurrir, por el hecho de cada espíritu en el cuerpo infantil ser extraño también para la madre, y él únicamente puede sentir una ligazón a través de especies iguales.

¡Lo demás, que entonces el espíritu exige, sólo puede ser dado a una joven por aquella madre, que al mismo tiempo se torna su amiga! Que, por lo tanto, con ella se ata espiritualmente. Este es un proceso, que en el nacimiento y en la infancia aún no era posible, pero que sólo se desarrolla con el irrumpir del espíritu en la madurez, no ofreciendo conexión con la maternidad y con el amor materno. Sólo entonces ocurre, en tales casos, la ligazón espiritual, que es más elevada de lo que el amor materno, que solamente tiene raíces en el enteal.

Si una tal ligazón espiritual no pueda realizarse, entonces, será segura una separación después de la madurez, como se pasa con los animales. En los seres humanos, sin embargo, ella permanece en el interior y raramente se torna visible, porque exteriormente las contingencias y la cultura mantienen un puente aparente, que no se percibe en los animales.

¡La misión suprema en la existencia de la femineidad en la Tierra es la misma, que desde siempre ha existido en las regiones más elevadas: ennoblecimiento de su ambiente y constante provisión de la Luz, que sólo la femineidad, en la delicadeza de su intuición, puede ofrecer! ¡Ennoblecimiento, sin embargo, resulta incondicional ascensión rumbo a las alturas luminosas! ¡Eso es la ley del espíritu! Por lo tanto, solamente la existencia de la legitima femineidad condiciona de modo inamovible también la ascensión, el ennoblecimiento y la conservación de la pureza de toda la Creación.

Lucifer lo sabía, porque está en las leyes de la Creación, y buscó impedir el proceso natural en su desarrollo por la perjudicial y falsa idea básica, que presentaba seductoramente el instinto del cuerpo terreno y el efecto de lo mismo como lo más elevado. ¡Con eso, él goteó el veneno en toda la verdadera humanidad, la cual, producto de eso, para su propio perjuicio, ha retorcido, sin presentir, el movimiento ascendente de los caminos rectos de esas leyes primordiales de la Creación, de manera que ellos tuvieron que causar paralización y conducir después hacia bajo, por lo tanto, llevando daños a todos los espíritus humanos, en lugar de bendiciones!

Él sabía lo que con eso hacia. Sumergiendo en el enteal, perdiéndose, la femineidad humana tampoco pudo desarrollarse, tuvo que quedar confusa cuanto a si y su finalidad principal y trajo, con eso, confusión incluso a ese enteal, porque ella no pertenece a él.

¡El ennoblecimiento de su ambiente es, por lo tanto, la misión principal de una mujer aquí en la Tierra, en la materialidad! Habiendo venido desde arriba, manteniéndose arriba con su delicada intuición, conduciendo con eso nuevamente hacia arriba, ella es el anclaje del hombre en la Luz, el apoyo, de que él necesita en su actuación en la Creación. Para eso, sin embargo, no es necesario ningún matrimonio, tampoco conocimiento o encontró personal. Únicamente la existencia de la mujer en la Tierra ya trae la realización.

El hombre se halla en la Creación con la frente hacia fuera, a fin de luchar, la mujer, sin embargo, protegiéndole la espalda, mantiene la ligazón con la Luz y forma así el núcleo, el suministro de fuerza y el fortalecimiento. ¡Donde, sin embargo, la podredumbre puede inmiscuirse en el núcleo, también la frente está perdida! Mantened eso siempre delante de los ojos. Nada más adelanta, entonces, si la mujer busca colocarse adelante, al lado del hombre, donde no es su lugar. ¡En tal lucha solamente endurece su intuición delicada, agotándose, con eso, la más alta capacidad y fuerza, que antaño le fueran dadas como algo propio, y todo tiene que acabar en escombros!

Es, sin embargo, conocido por todos que hombres, aun cuando en las regiones más retiradas de esta Tierra, inmediatamente se aploman más, buscan incluso comportarse de modo más bien educado, apenas cuando se le acerca una criatura femenina, con la cual no necesitan trocar siquiera una palabra.

¡Sólo la existencia y el ingreso de una mujer ya producen ese efecto! Ahí se evidencian muy nítidamente, aunque también solamente aún atrofiados, el misterio femenino y el poder, el apoyo, que de ella promanan según las leyes de la Creación, los cuales nada tienen que ver directamente con la procreación en la Tierra. La procreación es, en gran parte, de especie enteal.

¡Vosotros, jóvenes chicas, y vosotros, señoras, acordad vosotros antes de todo de que sois las portadoras de las más altas misiones en esta Creación, que Dios a vosotros confió! ¡Ni el matrimonio, tampoco la maternidad son vuestra más alta finalidad, por más sagrados que también sean! Sois responsables por vosotros propias y estaréis firmes, apenas actuares de forma correcta.

Cuanto ridícula y repulsiva a vosotros parecerá la locura de la moda, a la cual siempre vos sometisteis voluntariamente y incluso de modo incondicional. ¡Lo que haya sido lanzado en el mercado por los fabricantes de la moda, de manera insensata para fines lucrativos, vosotros lo aceptasteis como bichos, a los cuales son tiradas golosinas!

Reconoceréis aún la vergüenza, que ahí había, ya en la aceptación de las aberraciones, a veces bastante dudosas, de los conceptos de belleza autentica. De pureza, tampoco ahí se puede hablar. Ahí, ella ya siempre ha sido maculada de una manera, que descaradamente no más podía ser superada. ¡Después de años aún subirá el rubor de la vergüenza en vuestras faces, cuando aprendéis a reconocer cuan profundamente habíais hundido en eso!

Peor todavía es la exhibición conciente e intencional del cuerpo, que a cada uno debe ser sagrado, la cual tantas veces estuvo de moda. Solamente la vanidad más baja podría permitir una caída de la femineidad a tal profundidad. Y esa vanidad, que proverbialmente ya desde hace mucho hace parte de la mujer, es el imagen vergonzosa da aquello, de como la femineidad debería realmente actuar según las leyes divinas.

¡Ahí, sin embargo, el hombre es tan culpable como la mujer! Necesitaba, sí, solamente despreciar tales cosas, pronto la femineidad quedaría hacia al lado, aislada y envergonzada, aunque hubiese antes surgido en ella una rabia injusta. Así, sin embargo, él saludó la caída de la mujer, pues, con eso, ella correspondía mejor a las debilidades y a los deseos, que él ya traía en si aumentados de modo enfermizo a causa de la idea luciferina.

¡No con la vanidad, que siempre condiciona falta de pudor, puede la femineidad cumplir su misión en la Tierra, pero con la gracia, que como la más bella dádiva del espíritu solamente a ella ha sido concedida! ¡Cada expresión del rostro, cada movimiento, cada palabra debe llevar, en la femineidad, el cuño de su nobleza de alma! ¡Ahí reside su misión, también su poder y su grandeza!

¡Instruíos ahí, dejaos que se torne legitimo, lo que ahora buscáis sustituir por la baja vanidad! La gracia es terrenalmente vuestro poder, la cual debéis cultivar y utilizar. ¡Pero gracia no puede ser concebida sin pureza! ¡Ya el nombre en si dirige en el concepto los pensamientos y la mente rumbo a la pureza y a las alturas, actúa de modo dominante, intangible y sublime! ¡La gracia hace la mujer! ¡Solamente ella lleva en si la verdadera belleza para cada edad, para cada forma corpórea; pues torna todo bello, toda vez ser la manifestación de un espíritu puro, en lo cual se encuentra su origen! Gracia no debe ser confundida, por eso, con flexibilidad, que se origina del enteal.

¡De esa forma debéis y tenéis que vos encontrar en la Creación! ¡Tornaos, por eso, espiritualmente libres en vosotros, señoras y jóvenes! ¡La mujer, que solamente quiera vivir como madre en su existencia terrena, erró su verdadera finalidad y su misión!

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