Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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Contenido


12. El niño

Cuando las personas se preguntan cómo pueden educar a sus hijos de manera correcta, ellas deben, entonces, observar en primer lugar el niño, y orientarse correspondientemente. Deseos propios del educador deben ahí ser completamente puestos de lado. El niño debe seguir su camino en la Tierra, no, sin embargo, el camino del educador.

Es bien-intencionado, cuando un educador de buen agrado desee colocar a la disposición de su hijo, para su beneficio, aquellas experiencias que él mismo hubo que cosechar en su vida terrena. Quiere preservar el niño de muchas decepciones, pierdas y dolores. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no alcanza mucho con eso.

Por último, tiene que reconocer que todos sus empeños ahí y su buena voluntad han sido totalmente en vano; pues el niño en desarrollo sigue, en determinado tiempo, repentinamente, de modo inesperado, su propio camino, y, en las decisiones para él importantes, ha olvidado o no ha dado atención a todas las exhortaciones.

La tristeza del educador a tal respecto no se justifica; pues éste, en su buena voluntad, tampoco llevó en consideración que el niño, que él quería educar, no tiene que seguir, en absoluto, un camino idéntico al suyo, si quiera cumplir correctamente la finalidad de su propia existencia en esta Tierra.

Todas las experiencias, que el educador pudo o tuvo que vivenciar en si propio, anteriormente, habían sido destinadas a él y a él eran necesarias, por lo tanto, también trajeron provecho solamente al educador, toda vez que él ha sido capaz de asimilarlas de modo correcto.

Ese vivenciar del educador, sin embargo, no pudo traer el mismo provecho al niño, toda vez que el espíritu de él, por su parte, tiene que vivenciar algo completamente diferente para su propio desarrollo, conforme los hilos del destino que con él están entretejidos.

¡Ni siquiera dos entre los muchos seres humanos en la Tierra tienen un camino idéntico, que pueda favorecerlos para la madurez de su espíritu!

Por lo tanto, las experiencias de una persona no sirven espiritualmente para una segunda. ¡Y si una criatura humana recurre, imitando, exactamente el camino de otro, entonces, lo ha desperdiciado su propio tempo terreno!

Para el niño, hasta su madurez, debéis solamente preparar la herramienta, de la cual necesita para su vida terrena, nada más. Es decir, el cuerpo terreno con todos sus aparatos de materia gruesa.

¡Ahí tenéis que poner atención con todo cuidado, para que no la retorzáis, o incluso por exageración o unilateralidad no la retorzáis resultando completamente imprestable! Al lado de las necesarias prácticas de movimiento físico, el ejercicio para la correcta actividad de sus cerebros representa un papel importante. La primera fase educacional termina con el inicio de la madurez, al que sólo entonces debe seguirse la segunda, la cual debe enseñar el espíritu a dominar correctamente todo el cuerpo.

¡Los hijos de esos seres humanos terrenos, hasta los años de su madurez, cuando entonces el espíritu alcanza el desabrochar, sienten predominantemente solamente de modo enteal! Evidentemente, ya encandecidos interiormente por el espíritu. Por lo tanto, no acaso solamente como un noble animal en su desarrollo máximo, sin embargo, ya mucho más, pero aun así es predominante ahí el enteal y, por lo tanto, determinante. Cada educador tiene que considerarlo incondicionalmente, la base de una educación tiene que ser severamente orientada en ese sentido, si el éxito deba ser perfecto y sin perjuicio para un niño. El niño debe primeramente obtener plena comprensión del gran actuar de todo cuanto es enteal, para lo cual está aún más abierto en esa época de lo que para el espiritual. ¡De esa manera, sus ojos se abrirán llenos de alegría y puros para las bellezas de la naturaleza, que ve a su alrededor!

Las aguas, montañas, florestas, prados, flores, así como también los animales, se tornan, entonces, familiares a cada niño, y él quedará sólidamente anclado en el mundo, lo cual debe ofrecerle el campo de actuación para su existencia terrena. ¡El niño está, entonces, muy seguro y plenamente consciente en la naturaleza, en toda la actuación enteal, con perfecta comprensión, con eso bien equipado y listo para actuar ahora con su espíritu, para elevar y favorecer también aún todo lo que esté en su alrededor como un gran jardín! Solamente así puede tornarse un verdadero jardinero de Dios en la Creación.

De esa forma y no diferente debe estar el niño en desarrollo, cuando el espíritu alcance el desabrochar. ¡Sano de cuerpo y de alma! Alegremente desarrollado y listo en aquél desabrochar terreno, al cual cada niño pertenece. ¡El cerebro no debe ser sobrecargado unilateralmente con cosas, de las cuales ni necesita en la vida terrena, y que le exigen mucho empeño para asimilarlas, con las cuales tuvo que desperdiciar energía, que debilita el cuerpo y el alma!

¡Pero, si la educación preliminar ya consume toda la fuerza, nada más resta a una criatura humana para la verdadera actuación!

Con una educación y preparación correcta para la vida en sí, el trabajo sólo se convertirá en alegría, placer, toda vez que, con eso, todo en la Creación es capaz de vibrar conjuntamente en completa harmonía, y de ese modo apoya favoreciendo y fortaleciendo el desarrollo de la juventud.

¡Cuán insensatamente actúan, sin embargo, los seres humanos para con sus descendientes! ¡De qué crímenes se tornan culpados en relación a ellos!

Precisamente entonces, cuando el espíritu desabrocha en el cuerpo de la joven, para utilizar el instrumento de materia gruesa y lo de materia fina a ella confiados y donados, por lo tanto, para que se convierta verdaderamente criatura humana, se arrastra esta joven femineidad para divertimentos terrenos, a fin de... ¡levarla rápidamente al matrimonio!

El espíritu, el verdadero ser humano, que aún debe venir a ingresar en la actividad terrena, ni alcanza ahí el principio y, debilitado, tiene que presenciar como el intelecto terreno, entrenado de modo exclusivo y errado, sólo se ocupa con lentejuelas brillantes, para, en la falta de verdadero espíritu, aparentar ser espirituoso, como de esa forma es arrastrado para todo tipo de hechos imposibles, requiriendo y desperdiciando con eso toda la energía, que el instrumento puede dar. ¡Por último, se tornan madres, sin que sean antes realmente seres humanos!

Por esa razón, al propio espíritu nada más resta para la actuación. ¡Tampoco hay posibilidad alguna para tanto!

¡Y con el joven tampoco se pasa mucho mejor! Se encuentra ahí exhausto, agotado, debido a la sobrecarga en las escuelas, los nervios sobre excitados. Ofrece al espíritu, en su desabrochar, solamente un suelo enfermo, un cerebro retorcido, sobresaturado de cosas inútiles. De esa manera, el espíritu no puede actuar así como debe, y, por lo tanto, tampoco desarrollarse, pero atrofia, queda completamente aplastado por la carga de basura. Resta solamente aún una nostalgia insatisfecha, que deja presentir la presencia del encarcelado y oprimido espíritu humano. Por último, también esa nostalgia se pierde en el remolino del bullicio y avidez terrena, que en primer lugar debe llenar ese vacío espiritual y, más tarde, se convierte en hábito, en necesidades.

¡De esa forma el ser humano camina actualmente por la existencia terrena! Y la educación errada tiene ahí la mayor parte de la culpa.

¡Si el ser humano quiera encontrarse de modo cierto aquí en la Tierra, entonces, la primera parte de la formación, por lo tanto, de su educación, habrá que ser impreteriblemente cambiada! ¡Dejad entonces que los niños permanezcan realmente niños! ¡Tampoco jamás busquéis compararlos a los adultos, o esperéis que incluso los adultos deban orientarse según los niños! Es un fuerte veneno, que ahí dais a los niños. ¡Pues en los niños el espíritu aún no ha desabrochado, son predominante dominados aún por su especie enteal, y por esa razón tampoco son de pleno valor entre los adultos!

Los niños lo sienten muy bien. Por lo tanto, no los dejad desempeñar un papel, que les saque esa conciencia. ¡Así, los tornaréis infelices! Se volverán inseguros en el suelo firme de su infancia, que les es debido, que les ha sido destinado en la Creación, mientras jamás podrán sentirse familiarizados en el suelo de los adultos, toda vez que todavía falte ahí lo principal, que a eso les da derecho y los capacita: la completa ligazón de su espíritu a través del cuerpo con el mundo exterior.

Vosotros les robáis la verdadera condición de niño, para la cual, según las leyes de la Creación, tienen pleno derecho, de la cual incluso necesitan urgentemente, porque el vivenciar de la infancia pertenece, incondicionalmente, al posterior progresar del espíritu. En lugar de eso, ya frecuentemente los ponéis entre los adultos, donde no pueden sentirse confortables, porque para eso hace falta todo cuanto es necesario. Se tornan inseguros y precoces, lo que a los adultos naturalmente sólo puede parecer repulsivo, por presentarse como enfermizo, perturbando la pura intuición, toda la harmonía; ¡pues un niño precoces es un fruto, en lo cual el núcleo todavía no ha alcanzado la madurez, en cuanto el envoltorio ya empieza a envejecer!

Tened cuidado con eso, padres y educadores; ¡pues es crimen contra las leyes de Dios! ¡Dejad que los niños permanezcan niños! Niños, que saben que necesitan de la protección de todos los adultos.

¡El deber de un adulto es solamente lo de proteger a los niños, lo cual es capaz de hacerlo y también obligado a proporcionar ahí, donde un niño merezca la protección!

¡El niño, en su especie enteal, intuye muy bien que necesita de la protección de los adultos, y por eso les yergue la mirada, ofreciéndoles voluntariamente respecto como retribución, lo que contiene en sí la necesidades de apoyo, si vosotros mismos no destruyan esa ley natural!

¡Y vosotros la destruís, en la mayoría de los casos! ¡Despojad cada niño de sus intuiciones muy naturales, con vuestro modo errado, que empleáis en relación a los niños, muchas veces para satisfacción propia, porque para vosotros el niño en gran parte es un juguete querido, con lo cual vosotros queréis os alegrar, la cual prematuramente buscáis tornar intelectiva, para poder quedarse orgullosos de él!

Todo eso, sin embargo, no favorece al niño, al contrario, solamente lo perjudica. ¡En relación al niño en la fase de adolescencia, que tiene que ser considerada como primera parte de su desarrollo, vosotros tenéis que cumplir obligaciones más serias, ya en los primeros años! ¡Para eso, no deben ser decisivos vuestros deseos, pero sí las leyes de la Creación! ¡Éstas, sin embargo, condicionan que se deje cada niño también ser niño, en todas las cosas!

Un ser humano, que realmente haya sido niño, se mostrará más tarde también de pleno valor como adulto. ¡Pero solamente entonces! Y un niño normal se reconoce ya por el hecho de poseer, ante los adultos, el legítimo respecto en su propio intuir, que ahí corresponde precisamente a la ley natural.

¡Todo eso el niño ya lleva en sí como regalo de Dios! Y se desarrollará, si no lo soterréis. Por consiguiente, dejad los niños alejados, dónde los adultos conversan; ¡pues no es su lugar! También ahí deben saber siempre que son niños, como tales todavía no de pleno valor, todavía no madurados para el actuar terreno. En esos hechos insignificantes hay mucho más, de lo que hoy pensáis. Es el cumplimiento de una ley básica en la Creación a la cual muchas veces no dais atención. ¡Externamente, los niños, que se encuentran todos aun principalmente en el enteal, necesitan de eso como un apoyo! Según la ley del enteal. —

¡Los adultos deben dar protección a los niños! Ahí se encuentra más de lo que dicen solamente las palabras, deben, sin embargo, dar protección también solamente allí, donde el niño merezca. El dar protección no debe realizarse sin una retribución, para que el niño ya aprenda, por la experiencia, que en todo tiene que haber equilibrio, que ahí reside armonía y paz. También en eso condiciona la especie del enteal.

Precisamente ahí, sin embargo, tantos padres y educadores han frecuentemente negligenciado, pese ser condición básica de la educación correcta, si esta debe ser realizada según las leyes primordiales de la Creación. La falta del concepto de equilibrio absoluto lleva cualquiera a vacilar y a caer, indiferente, sea ya más temprano o solamente más tarde. ¡Y la conciencia de la inevitable necesidad de ese concepto debe ser inculcada en el niño ya desde el primer día, para que se torne de tal modo su propiedad y se le insiera completamente en la carne y en la sangre, muy naturalmente, de la misma forma que él aprende el sentido de equilibrio de su cuerpo, lo cual está sujeto a la misma ley básica!

¡Si esa tese fundamental es cuidadosamente puesta en práctica en cada educación, entonces, habrá finalmente seres humanos libres, que son del agrado de Dios!

¡Pero precisamente esa ley básica, la más indispensable y principal en esta Creación, ha sido excluida por las criaturas humanas por toda parte! Con excepción del sentido de equilibrio de su cuerpo terreno, ella no es obedecida tampoco observada en esta Creación, ha sido excluida por las criaturas humanas por toda parte. ¡Eso obliga la unilateralidad de una manera nociva, que hace con que todas las criaturas humanas solamente sigan anímicamente tambaleando a través de la Creación, con constantes tropiezos y quedas!

Es triste que ese sentido de equilibrio sea considerado solamente para el cuerpo terreno como necesidad de todo movimiento, sin embargo, anímica y espiritualmente no es cuidado y muchas veces hace falta totalmente. El niño, desde las primeras semanas, debe ser cuidadosamente ayudado ahí ante el empleo de presión exterior. ¡La omisión resultará, a cada ser humano, terribles consecuencias para toda su existencia en la ley de la reciprocidad!

Mirad, pues, al rededor. ¡En la vida individual así como en la familia, en los gobiernos como en la manera de las iglesias, por toda parte hace falta precisamente eso, solamente eso! ¡Y, sin embargo, encontráis esa ley visiblemente demostrada por toda la parte, apenas la queráis ver! Incluso el cuerpo de materia gruesa la revela para vosotros; vosotros la encontráis en la alimentación y en la eliminación, sí, incluso en las propias especies de alimentación, si el cuerpo deba sentirse bien, en la armonización del trabajo y del descanso, incluso en todas los detalles, sin considerar la ya mencionada ley del equilibrio, que hace que cada cuerpo individual se mueva, y solamente con eso lo torne útil para la misión de la actuación terrena. Ella mantiene y permite existir también todo el Universo; ¡pues solamente en el ajuste del equilibrio pueden los astros, pueden los mundos seguir sus orbitas y mantenerse!

Y vosotros, pequeños seres humanos en la Creación, que no sois más de lo que una partícula de polvo ante el gran Criador, vosotros la derrumbáis, porque no queréis observarla y cumplirla integralmente.

¡Es muy posible que por algún tempo la hubieseis retorcido, ahora, sin embargo, ella vuelve rápidamente a la forma original y, en el regreso rápido, tiene que os alcanzar dolorosamente!

De ese único error se ha originado todo el mal, que hoy alcanza la Creación. ¡También en los países resulta ahí el descontentamiento, la revuelta, allá, donde de un lado hace falta el equilibrio cierto! ¡Sin embargo, es solamente continuación, el aumento de aquellos errores, que el educador comete con la juventud!

¡El nuevo reino, el Reino de Dios sobre la Tierra, creará el equilibrio, y, con eso, una nueva generación! Primeramente, sin embargo, habrá que forzar impiedosamente el verdadero concepto de equilibrio, antes que este alcance ser comprendido. ¡Forzar por la transformación de todo lo retorcido, que ya ahora se procesa, cuando todo el errado, el enfermo, tiene que exhaurirse, impulsado para eso por el invencible poder y fuerza de la Luz! Se seguirá, entonces, la dadiva de la verdadera comprensión de todas las leyes primordiales de la Creación. ¡Os empeñáis vosotros, por reconocerlas bien desde ahora, y estaréis ciertos en esta Creación! Lo que, por su parte, tendrá como consecuencia solamente felicidad y paz para vosotros.

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