Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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9. La mujer de la Creación posterior

Con estas palabras es tocado el punto más delicado en la Creación posterior. Aquél punto, que necesita de la mayor modificación, de la depuración más radical.

Si el hombre de la Creación posterior se ha convertido en esclavo de su propio intelecto, entonces, la mujer ha pecado mucho más.

Proveída con la mayor delicadeza de las intuiciones, ella debía, sin el mínimo esfuerzo, elevarse a la limpidez de las alturas luminosas y formar el puente para la toda la humanidad rumbo al Paraíso. ¡La mujer! Olas de Luz la debían atravesar. Toda su conformación física, de materia gruesa, está equipada para eso. ¡La mujer solamente necesita querer con sinceridad, y todos los descendientes de sus entrañas habrán que ser fuertemente protegidos y rodeados por la fuerza de la Luz ya antes de su nacimiento! ¡Tampoco podía ser posible de otra forma, porque cada mujer, en su riqueza de intuición, puede casi sola condicionar la especie del esporito de la prole! ¡Por lo tanto ella, en primer lugar, permanece responsable por todos los descendientes!

Es también, además de eso, aún ricamente regalada con ilimitadas posibilidades de influencia sobre todo el pueblo, sí, sobre toda la Creación posterior. ¡El punto de partida de su más fuerte poder es, para ella, la casa y el hogar! ¡Solamente allí reside su fuerza, su ilimitado poder, no, sin embargo, en la vida publica! En el hogar y en la familia se torna reina, debido a sus capacitaciones, en la tribuna, sin embargo, será una caricatura. Del hogar silencioso e intimo se extiende su incisiva influencia sobre todo el pueblo del presente y del futuro, interviene en todo.

Nada existe donde su influencia no pueda hacerse sentir incondicionalmente, bajo la condición que ella permanezca allá, donde las capacitaciones femeninas en ella inherentes desabrochan en toda la plenitud. Sin embargo, solamente cuando la mujer es realmente femenina, ella cumple la misión que le ha sido designada por el Criador. Entonces ella es completamente aquello, lo que puede y debe ser. Y solamente la verdadera femineidad educa silenciosamente el hombre, que puede conquistar los cielos, apoyado por esa serena actuación, que contiene poder inimaginable. Y éste, entonces, movido por intima naturalidad, buscará proteger de buen agrado y alegremente la legitima femineidad, apenas cuando ella se muestre verdadera.

Sin embargo, el mundo femenino de hoy pisotea su verdadero poder y su alta misión con los pies, pasa ciegamente por ellos, destruye criminosamente todas las cosas sagradas que lleva en si y, en lugar de actuar de modo constructivo, actúa destruyendo, como el peor de todos los venenos en la Creación posterior. Empuja el hombre y también los niños consigo hacia el abismo.

¡Fijad en la mujer de hoy! Dejad una vez caer sobre ella un rayo de luz con toda la inexorabilidad y lucidez, que constituyen siempre las condiciones complementares de la pureza.

Difícilmente reconoceréis todavía los altos valores de la autentica femineidad, en los cuales se puede desarrollar aquél poder puro, que sólo es dado a la sensibilidad más fina de la femineidad, para que sea utilizado solamente para bendición.

Un hombre jamás podrá desarrollar aquella manera eficaz de actuar. El tejer sereno de aquella fuerza invisible, que el Criador deja perfluir el Universo, alcanza en primer lugar y plenamente la mujer con su intuición más delicada. El hombre la recibe solamente parcialmente y la transforma en acciones.

Y así como la fuerza viva del Criador permanece invisible a todas las criaturas humanas, mientras, sin embargo, sostiene, nutre, mueve e impulsa todo el Universo, así es deseado el tejer de toda verdadera femineidad; ¡para eso ella ha sido criada, ésa es su elevada, pura y maravillosa finalidad!

¡La reina de la Creación primordial es la mujer! Madre primordial también es nombrada. El elevado ideal de la verdadera femineidad.

La expresión “mujer débil” es ridícula de ser dicha; porque anímicamente la mujer es más fuerte de lo que un hombre. No en si, propiamente, pero a causa de su ligazón más estrecha con la fuerza de la Creación, que le concede la más delicada capacidad de intuición.

Y esto, sin embargo, es exactamente aquello, que la mujer hoy busca esconder; ella se empeña por tonarlo tosco o suprimirlo totalmente. En ilimitada vanidad y estupidez, renuncia a lo más bello y valioso, que le ha sido dado. Se convierte por eso en una criatura expulsa por la Luz, para la cual el camino de regreso permanecerá cerrado.

¡En qué se han transformado, entonces, a causa de eso, esas intuiciones de una femineidad regia! Con horror se debe desviar de ellas. Dónde es que se observa en la mujer de hoy todavía el verdadero pudor, como siendo la intuición más delicada de la noble femineidad. Está tan toscamente desfigurado, que tiene que ser expuesto al ridículo.

La mujer de hoy se avergüenza, sí, de usar un vestido largo, si la moda le exige uno corto, pero no se avergüenza de, en fiestas, desnudar cerca de tres cuartos de su cuerpo, lo exponiendo a las miradas de todos. ¡Y ahí evidentemente no solamente a la mirada, pero, durante el baile, inevitablemente también a las manos! ¡Y, sin hesitar, ella expondría incluso aún más, si la moda lo exigiese, probablemente también todo, según las experiencias actuales!

Esto no es exagero. Hasta ahora, de eso tuvimos cosas innobles suficientes. No ha sido una expresión falsa, pero lamentablemente muy verídica, cuando uno dice: “¡La mujer empieza a vestirse cuando se va a dormir!”

¡Delicadas intuiciones condicionan, además de eso, también sentido de belleza! Indubitablemente. Si actualmente aún se quiera juzgar las delicadezas de las intuiciones femeninas según eso, las cosas van mal. El tipo de las vestes divulga con mucha frecuencia y mucho alarde lo contrario, y esas piernas cubiertas con finas medias de una mujer o incluso de una madre, difícilmente se coadunan con dignidad femenina. ¡El corte del pelo a la moda masculina, el moderno deporte femenino, desfiguran no menos la legitima femineidad! La vanidad es la inevitable acompañante de las futilidades de la moda, que realmente nada dejan a desear en peligros para el cuerpo y para el alma, no por ultimo también, para la sencilla felicidad de la familia. Cuántas mujeres existen, que prefieren muchas veces adulaciones groseras y en la verdad injuriosas de un individuo al acaso, de lo que el actuar fiel del esposo.

¡Se podría presentarse mucho, muchísimo más, como testigo visible de que una mujer de hoy está perdida para su verdadera misión en esta Creación posterior! Y con eso también todos los altos valores, que le han sido confiados y de los cuales ella ahora tiene que presar cuentas. ¡Maldición sobre esas criaturas ocas! No son acaso victimas de las circunstancias, por el contrario, han forzado tales circunstancias.

Las grandes conferencias sobre progreso en nada alteran el hecho de que los propagadores de ese tal progreso, conjuntamente con sus fieles seguidores, solamente ahondan cada vez más y más. Todos ellos ya enterraron sus verdaderos valores. ¡La mayor parte del mundo femenino ya no merece más usar el nombre honrado de mujer! Y ellas nunca podrán representar tampoco tornarse hombres, de modo que por fin permanecen solamente abejones en la Creación posterior, que deben ser extirpados, según las leyes indesviables de la naturaleza.

¡La mujer de la Creación posterior, entre todas las criaturas, es la que menos se encuentra en el lugar, en lo cual debía estar! ¡Se ha convertido, en su especie, en la figura más triste de todas las criaturas! Tuvo, sí, que pudrir en el alma, por estar sacrificando livianamente su más noble intuición, su fuerza más pura a la vanidad exterior y ridícula, con eso mofa, riéndose, de la determinación de su Creador. En una tal superficialidad, la salvación es denegada; pues palabras las mujeres rechazarían o tampoco más podrían entender y asimilar.

¡De esa forma, en primer lugar habrá que surgir de los horrores la nueva y verdadera mujer, la cual deberá tornarse la medianera y, ahí, también formar la base para una nueva vida deseada por Dios y actuación humana en la Creación posterior, que se ha tornado libre del veneno y de la putrefacción!

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