Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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5. Mártires voluntarios, fanáticos religiosos

¡Repugnantes son las personas, que voluntariamente imponen a sí dolores físicas y privaciones, para así tornarse agradables a Dios! ¡Todas ellas jamás alcanzarán el reino del cielo!

En lugar de alegrarse con la bella Creación, como agradecimiento por su existencia, martirizan y torturan de la manera más criminosa el cuerpo muchas veces anteriormente sano, o lo perjudican con una carga intencional de múltiplas privaciones, renuncias, solamente... para que ahí parezcan grandes delante los seres humanos o ante si mismas, para satisfacción propia y enaltecimiento propio, en la ilusoria conciencia de una acción toda especial.

¡Todo eso es, pues, solamente una mala y repugnante excrecencia de una gran presunción de la más baja especie! ¡El deseo de sobresalirse a todo costo! Se trata ahí, casi siempre, de personas que están convencidas de que de otro modo jamás conseguirán colocarse en evidencia. Que, por lo tanto, intuyen perfectamente que son incapaces de realizar algo grande y, con eso, sobresalirse. Son las convictas de la propia pequeñez.

¡Engañándose a si mismas, imaginan la convicción de su pequeñez como siendo humildad! Pero no lo es; pues pronto lo comprueban por el deseo de evidenciarse. Solamente la presunción y la vanidad las impulsan para cosas tan repugnantes. ¡No son devotas, o humildes servidoras de Dios, no se debe considerarlas como santas, pero sí solamente como pecadoras intencionales! ¡Como tales, que aún esperan admiración por sus pecados, recompensa por su pereza de trabajar!

Aunque ese gran pecado ni siquiera alcance la conciencia de muchas de ellas, porque, para su propio “enaltecimiento”, ellas no quieren considerarlo como pecado delante si mismas, eso nada altera en el hecho de que en el efecto permanece siempre solamente aquello, que realmente es, no, sin embargo, como el ser humano pretende hacer creer a si mismo y a otro.

Los seres humanos son delante de Dios solamente pecadores, toda vez que se oponen a Sus leyes primordiales de la Creación, con el procedimiento intencional o porfiado, porque no alimentan tampoco tratan los cuerpos a ellos confiados, así como es necesario, para que en los cuerpos desarrolle aquella fuerza, que los torne aptos a proporcionar al espíritu una base fuerte en la Tierra, un instrumento sano y vigoroso para la defensa y la asimilación, para, como escudo y espada, poder al mismo tiempo servir poderosamente al espíritu.

Es solamente una consecuencia de la enfermedad de los cerebros querer arremeter contra las leyes de la naturaleza, para de este modo destacarse, evidenciarse; pues una persona sana jamás imaginará ser capaz de poder desviar, siquiera por la espesura de un pelo, o mejorar la voluntad de Dios en las leyes primordiales de la Creación, sin perjuicio a si misma.

¡Cómo parece tonto, infantil y caprichoso, o ridículo, cuando una persona se instala por todo su tiempo de vida en un árbol hueco o deja endurecer completamente un miembro del cuerpo, se dilacera o se sucia!

¡El ser humano puede empeñarse como quiera para descubrir un motivo, que resulte en una justificativa o aún en solamente un sentido para eso, es y permanecerá un crimen contra el cuerpo a él confiado, y con eso un crimen contra la voluntad de Dios!

¡A eso pertenecen también los innumerables mártires de la vanidad y de la moda!

¡No prestad más atención a tales personas! Veréis como se cambian rápido, cuán poco profunda es la convicción.

¡Un fanático perece por su propia obstinación! No vale la pena entristecerse por él; pues tal espíritu humano jamás tiene valores a presentar.

¡Y como millares de esa manera pecan gravemente contra su cuerpo terreno y se vuelven con eso criminosamente contra la voluntad de Dios, exactamente así es procedido millares de veces también contra el alma!

Grande es, por ejemplo, el numero de aquellos que viven permanentemente bajo el constreñimiento, por ellos mismos criado, de que son los despreciados en el mundo. Desertados de la felicidad, desconsiderados por sus semejantes, y tantas cosas más. Ahí, sin embargo, ellos propios presentan pretensiones totalmente injustas a sus próximos, actúan llenos de envidia de modo destructivo sobre su ambiente, y se cargan con eso solamente de culpa sobre culpa, como pesado fardo. Constituyen los vermes, que tienen que ser aplastados en el Juicio, para que entre los seres humanos pueda habitar por fin paz serena, alegría y felicidad.

Sin embargo, no sólo torturan sus próximos con sus caprichos, pero sí hieren con eso sus propios cuerpos del alma, de la misma forma como los fanáticos religiosos causan daños a su cuerpo de materia gruesa. De esa forma, infringen especialmente la ley divina, cuando hieren, sin consideración, todos los envoltorios indispensables confiados a su espíritu, de manera que ellos no pueden ser utilizados por el espíritu con salud vigorosa y fuerza plena.

¡Lejos van, pues, las consecuencias de tal actuación de los que violan sus cuerpos terrenos o anímicos! Alcanzan los espíritus, los tullendo, perjudicando su improrrogables e indispensables desarrollos, pudiendo incluso levar a la descomposición eterna, a la condenación. ¡Pero todos ellos, incluso en la queda, todavía tendrán la ilusión de con eso sufrir una injusticia!

¡En el fondo, sin embargo, son solamente criaturas depreciables, indignas de poder alegarse!

Por lo tanto, no les prestad atención y los evitad; ¡pues no merecen siquiera una buena palabra!

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