Resonancias del Mensaje del Grial 1

de Abdrushin


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Contenido


2. En el país de la penumbra

¡Déjate conducir, alma humana, a uno paso hacia dentro del reino de la materia fina! El país de las sombras vamos a recorrer sin tardanza; pues de él ya he hablado. Es aquél país, donde han que permanecer aquellos, quienes son todavía demasiado toscos para utilizarse correctamente de su cuerpo de materia fina. Precisamente todos aquellos, que aquí en la Tierra se consideraban excepcionalmente sagaces. En el reino de la materia fina son mudos, ciegos y sordos, porque el intelecto terreno, como producto de su cuerpo de materia gruesa, no pudo venir con él hasta aquí, pero sí ha permanecido en los limites restrictos, que él, a causa de estar atado a la Tierra, jamás pudo transponer.

La primera consecuencia de su gran engaño se convertirá evidente a un alma humana en seguida a su muerte terrena, por encontrarse inepto en el reino de la materia fina, desamparado y débil, mucho peor de lo que un niño recién-nacido en la Tierra de materia gruesa. Por lo tanto, son nombradas de sombras. Almas, que todavía intuyen su existencia, pero no consiguen quedar concientes de eso.

Dejemos ahora hacia tras estos tontos, que en esta Tierra, queriendo saber todo mejor, charlando el suficiente sobre cosas insignificantes y ahora tienen que quedar callados. ¡Entramos en la planicie de la penumbra! Un susurro alcanza nuestro oído, muy en complicidad con la pálida luz de la penumbra, que nos rodea y deja reconocer, de modo impreciso, contornos de colinas, prados y arbustos. Todo aquí está coherentemente sintonizado a la penumbra, lo que puede resultar en uno despertar. ¡Pero solamente puede, no acaso debe!

Aquí no es posible ninguno sonido libre y alegre, ninguna visión clara. Solamente el despertar parcial o el quedarse reprimido, en concordancia con el estado de las almas, que aquí se encuentran. Todas ellas tienen un movimiento lánguido, deslizando cansadas, apáticas, excepto por un indefinido impeler hacia aquella dirección, donde, lejos, parece emerger un tenue rosado, que, anunciando luz, actúa como dulce encantamiento sobre las almas aparentemente tan cansadas. Almas solamente aparentemente cansadas; pues son perezosas en el espíritu, por lo tanto, sus cuerpos de materia fina son débiles. —

¡El vislumbre rosado a larga distancia saluda de modo prometedor! Despertando esperanzas, estimula el movimiento más activo. Con el deseo de alcanzar ese vislumbre, los cuerpos de materia fina se aploman más y más, en sus ojos surge la expresión de una concientización más fuerte y, cada vez más firmes, siguen en aquella dirección. —

Nosotros caminamos junto. El numero de almas a nuestro alrededor aumenta, todo se vuelve más móvil y más nítido, el hablar se torna un poco más alto, se transforma en un fuerte murmullo, de cuyas palabras entendemos que los que avanzan profieren oraciones, incesantemente, de modo apurado, como que en estado febril. Las masas se tornan cada vez más densas, el avanzar se convierte en empujar, grupos estancan ante nosotros, son compelidos hacia tras por los precedentes, para nuevamente presionar hacia delante. ¡De esa forma, pasa uno ondear sobre las masas en aglomeración, de las oraciones se levantan gritos de desespero, palabras de miedo suplicante, de tímida exigencia, y, aquí y allí también sofocado lamento de la mayor desesperanza! —

Pasamos rápidamente por encima de la lucha de millones de almas y vemos que ante ellas está, de modo rígido y frío, un obstáculo al proseguimiento, contra lo cual avanzan en vano, que lavan inútilmente con las lagrimas.

¡Barras grandes y fuertes, muy próximas unas de las otras, imponen de modo inexorable parada a su avanzo! —

Y más fuerte encandece a lo lejos el rosado vislumbre, más ansiosos se abren los ojos de aquellos, que lo eligieron como albo. ¡Suplicantes son extendidas las manos, que convulsivamente todavía se agarran a los rosarios, dejando correr las cuentas por entre los dedos, una tras otra, balbuceando! ¡Las barras, sin embargo, permanecen inabalable, rígidas, separando del bello albo!

Pasamos a lo largo de las densas hileras. Es como si no tuviesen fin. ¡No centenares de millares, no, millones! Son todos aquellos, que en la Tierra se consideraban como “fieles” serios. ¡Cuán diferente habían imaginado todo! Creían que serian alegremente aguardados, que les sería dada respetosamente la bien-venida.

Les gritad: “¡Qué os sirve, oh fieles, vuestra oración, si no dejasteis la Palabra del Señor convertirse en acción, evidencia en vosotros mismos!

¡El vislumbre rosado a lo lejos es la nostalgia por el Reino de Dios, que arde dentro de vosotros! ¡Dentro de vosotros lo echáis de menos, pero obstruisteis el camino hacia allá con formas rígidas de concepciones erradas, las cuales vedes ahora ante vosotros como barras que impiden, como rejillas! ¡Dejad caer aquello que asimilasteis de concepciones erradas durante la existencia terrena, aquello que construisteis para vosotros propios en ese sentido! ¡Arrojad fuera todo y osad levantar el pie libremente en favor de la Verdad, como ella es en su gran y sencilla naturalidad! ¡Entonces estaréis libres para el albo de vuestra nostalgia!

¡Pero ved, no lo osad, en el constante miedo de que podría tal vez estar errado aquello, que así lo hacéis, porque hasta ahora has pensado diferente! ¡Con eso, vosotros propios os tullís y tenéis que permanecer donde estáis, hasta que sea demasiado tarde para el proseguimiento y habréis que sucumbir junto en la destrucción! ¡No os podrá ser auxiliado ahí, si vosotros propios no empezáis a dejar el errado hacia tras de vosotros!”

¡Gritad, pues! ¡Gritad a esas almas el camino hacia la salvación! Veréis que es totalmente en vano; pues solamente más fuerte recrudece al ruido de las interminables oraciones, e impide que esos rogadores escuchen cualquier palabra que les podría permitir caminar hacia delante, hacia el encuentro del vislumbre rosado y de la luz. De esa forma, tienen que estar perdidas ahora, pese alguna buena voluntad, como victimas de su indolencia, que no las ha dejado reconocer más, tampoco ha dejado asimilar más de lo que las exterioridades de sus iglesias, templos y mezquitas. —

Entristecidos, vamos proseguir. — Pero allí, ante nosotros, está un alma de mujer, en cuya cara se explaya súbitamente una serenidad llena de paz, un nuevo brillo surge en sus ojos, que hasta ahora miraban cavilando y en temerosa reflexión, volviéndose más conciente, ella se aploma, se torna más clara... fuerte anhelo de la más pura esperanza hace con que levante el pie... ¡y, respirando aliviada, se encuentre más allá de las barras! Para esa alma de mujer las barras no más constituyan cualquier impedimento, pues en la profunda reflexión, intuyendo con sensibilidad, ha llegado a la convicción de que todo aquello que hasta ahora imaginaba había que ser errado, y, sin recelo, en la alegre fe en el amor de Dios, sacó de si ese error.

Sorprendida, ve ahora cuán fácil ha sido. En agradecimiento, levanta sus brazos, y una inenarrable sensación de felicidad quiere manifestarse en jubilo, sin embargo, eso le sobrevino demasiado fuerte, demasiado poderoso, los labios permanecen mudos, su cabeza se inclina con ligero temblor, los ojos se cierran y pesadas lagrimas corren lentamente por sus fases, en cuanto sus manos se juntan para una oración. ¡Para una oración diferente de lo que hasta entonces! ¡Para un agradecimiento! ¡Para una gran intercesión en favor de todos aquellos, que todavía se encuentran tras de esas rígidas barras! ¡A causa de la propia concepción, que no quieren abandonar como siendo errada!

Uno suspiro de profunda conmiseración le llena el pecho, y, con eso, se desprende de ella como una ultima esposa. ¡Está ahora libre, libre para el camino rumbo al albo por ella interiormente anhelado!

¡Elevando la mirada, ve ante si un guía, y alegremente le sigue los pasos hacia el nuevo y desconocido país, hacia el encuentro del vislumbre rosado, que cada vez se torna más intenso! —

De esa forma, otras almas se sueltan todavía de aquellas masas que, tras las barras de las concepciones erradas, tienen que esperar por su propia decisión, por su propia resolución, que puede conducirlas adelante, o retenerlas hasta la hora de la destrucción de todo aquello, que no puede cobrar animo para abandonar el errado antiguo. ¡Solamente pocas aún se salvarán de los vínculos de las concepciones erradas! Están demasiado embarazadas en ellas. Tan rígidas como su agarrar a eso también son esas barras, que les impiden un proseguimiento hacia la ascensión. Tirarles las manos para vencer ese impedimento es imposible, porque para eso incondicionalmente es necesaria la decisión propia de las almas. El propio vivenciar en su interior, que proporcionaba movimiento a sus miembros. De ese modo, pesada maldición recae sobre todos aquellos, que enseñan ideas erradas a las criaturas humanas sobre la voluntad de Dios en la Creación, la cual antaño podía ser encontrada en la Palabra del Salvador, pero que no permaneció pura en el texto de la Biblia, menos aún el las aclaraciones terrenas.

Las dejad en su obstinación seguir a recitar monótonamente oraciones, en la ilusión de que la cantidad de ellas les pueda y deba ayudar, porque la Iglesia así lo enseñó, como se la voluntad de Dios se dejase mercadear.

Proseguimos por el país de la penumbra. Interminable parece el baluarte de esas barras, tras el cual, a perderse de vista, se empujan los retenidos por él. —

Son, sin embargo, otros. Grupos que, en lugar de rosarios, aseguran Biblias en las manos y en ellas buscan desesperadamente. Se aglomeran al rededor de algunas almas que, doctrinando, quieren dar informaciones, al leer, siempre de nuevo, trechos de la Biblia. Exigiendo, varias almas exhiben aquí y allá sus Biblias, de rodillas, ellas son elevadas muchas veces como en oración... las barras, sin embargo, persisten, las impidiendo de proseguir.

¡Muchas almas insisten en su conocimiento de la Biblia, algunas, en su derecho de entrar en el reino del cielo! ¡Pero las barras no oscilan!

Entonces una alma de hombre, sonriendo, abre pasaje entre la hileras. Victorioso, saluda con la mano.

“Tontos”, grita, “¿por qué no quisisteis oír? Ya he gasto la mitad de mi existencia terrena estudiando el más Allá, por lo tanto, para nosotros ahora el Aquí. Las barras, que vedes ante vosotros, desaparecerán rápido por un acto de voluntad, ellas son creadas por la ilusión. ¡Apenas seguid a mi, yo os guío! ¡Todo eso ya es familiar para mi!”

Las almas en su rededor le dieran pasaje. Él avanza hacia las barras, como si no existiesen. Con uno grito de dolor, sin embargo, tambaleando retrocede súbitamente. El golpe fue demasiado duro y lo convenció muy rápidamente de la existencia de las barras. Con ambas las manos él comprime su frente. Las barras ante él siguen inabalable. Con un acceso de cólera, él las agarra y las sacude impetuosamente. Y grita con rabia:

“¡Entonces he sido engañado por el medium! ¡Y he perdido año tras año en eso!”

No reflexiona que ha sido él quién ha producido los errores y los propaló por la palabra y por la escrita, después de haber interpretado las imágenes, dadas por el medium, según sus acepciones, sin primeramente estudiar las leyes de Dios en la Creación.

No buscad ayudar ese hombre u otro; pues todos se hallan tan convencidos de si, que tampoco quieren oír algo distinto de lo que el propio intuir. Primero habrán que cansarse de eso, conocer o reconocer la inutilidad, donde únicamente está anclada la posibilidad de aún escapar de ese enmarañado de convicciones erradas, después de largo vaguear por el país de la penumbra.

Ellas no más son personas, pero si tales, que pura y sencillamente se aferraron solamente a concepciones erradas en su buscar, o que han sido demasiado perezosas para meditar profundamente sobre todo, en lugar de examinar con la más cuidadosa intuición, si aquello, que ha sido recibido, puede ser considerado como cierto o si contienen lagunas, que en una sana reflexión intuitiva no son más capaces de mantenerse como naturales. ¡Dejad, por lo tanto, caer las vacías exterioridades!

Todo cuanto es místico, el espíritu humano aleja de si, toda vez que jamás le puede traer uno provecho. Solamente lo que él mismo intuye de modo nítido, levando así al propio vivenciar dentro de si, le será de provecho en la madurez de su espíritu.

La palabra “Despertad!”, que Cristo empleó con frecuencia, quiere decir: “Vivenciad!”. No pases durmiendo o soñando por la existencia terrena. “Ora y trabaja” significa: “¡Haced de tu trabajo una oración!” ¡Espiritualizad aquello que criáis con tus manos! ¡Cada trabajo, en su ejecución, debe tornarse una adoración llena de respecto a Dios, como agradecimiento por lo que te es dado por Dios, de realizar algo de extraordinario entre todas las criaturas de esta Creación posterior, bastando que solamente lo quieras!

Empezad a tiempo con el despertar, con el propio vivenciar interior de todo, lo que corresponde al conciente intuir, también de lo que lees y oyes, para que no tengas que permanecer en el país de la penumbra, de lo cual hoy aclaré solamente una muy pequeña parte.

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