En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


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Contenido


La vida

El concepto del ser humano sobre la vida estaba errado hasta ahora. Todo cuanto él denominaba vida nada más es de lo que un movimiento impulsado, que debe ser considerado solamente como efecto natural de la verdadera vida.

En toda la Creación es, por lo tanto, formador, madurador, conservador y desintegrador solamente el efecto posterior del movimiento más o menos fuerte. El intelecto humano investigó ese movimiento como si fuera lo más elevado y encontró allí su limite. No puede ir más allá en sus investigaciones, por ser él mismo un producto de ese movimiento. Por eso, lo denominó, por ser el máximo de su reconocimiento, simplemente de “fuerza” o “fuerza viva”, o lo denominó también de “vida”.

Sin embargo, no es ni fuerza tampoco vida, pero solamente un efecto natural e inevitable de eso; pues fuerza existe solamente en la propia vida, es una sólo cosa con ella, inseparable. Toda vez, pues, que la fuerza y la vida son inseparables, la Creación, sin embargo, es solamente formada, conservada y nuevamente desintegrada por el movimiento, tampoco se puede hablar de fuerza o de vida dentro de la Creación.

Quién, por lo tanto, quiera hablar de descubrimiento de la fuerza primordial o incluso en aprovechamiento de la fuerza primordial por medio de maquinas está equivocado, porque tampoco podrá encontrar esa fuerza dentro de la Creación. Considera como tal algo diferente y solamente lo nombra, según su acepción, erróneamente como “fuerza”. Una tal persona prueba con eso, sin embargo, no tener idea alguna de los fenómenos en la Creación o de esa propia Creación, por lo que, sin embargo, no puede ser censurada; pues co-participa de esa ignorancia con todos sus semejantes, instruidos o no instruidos.

Por eso, desde el principio, hablé en mi Mensaje de una “fuerza” que perfluye la Creación, porque solamente de esa manera yo podía tornar muchas cosas comprensibles a los seres humanos.

Por el contrario, tampoco tendrían comprendido mis explicaciones. Pero ahora puede proseguir y dar un imagen, que refleja de forma realística los acontecimientos de todos los fenómenos. Esta descripción es nueva, pero no altera nada de mis aclaraciones hasta aquí dadas, sin embargo todo permanece exactamente así como yo dijo y es real. El nuevo en mi actual presentación es solamente aparente, porque de esta vez yo lo ilumino de manera diferente.

Doy con eso una base firme, una gran copa, en la cual la persona puede colocar todo lo que fue dicho en el presente Mensaje como un contenido burbujeante en continuo movimiento, con lo que entonces hace un todo, algo que forma incondicionalmente un conjunto, algo que confluye. Así, el ser humano gana una visión global, para él inagotable, armonizando en todo, del grande fenómeno hasta entonces desconocido por él, lo cual contiene en si su propio evolucionar y existir.

Que busquen el oyente y el lector, pues, conceptuar en imágenes lo que yo les desenvuelvo:

Vida, vida real es algo completamente autónomo, completamente independiente. Del contrario, no debería ser denominado de “vida”. ¡Esa, sin embargo, sólo se encuentra en Dios! Y toda vez que ha sido de Dios nada es realmente “vivo”, también sólo Él tiene la fuerza, que reside en la vida. ¡Únicamente Él, por lo tanto, es la frecuentemente llamada fuerza primordial o, por otra parte, “la fuerza”! ¡Y en la fuerza, a su vez, reside la Luz! La expresión “Luz primordial” para eso es tan errada cuanto la expresión “fuerza primordial”; pues existe simplemente solamente aquella pura Luz y aquella pura fuerza: ¡Dios!

¡La existencia de Dios, de la Fuerza, de la Luz, por lo tanto, de la Vida, ya por si sólo condiciona las Creaciones! Pues la Luz viva, la fuerza viva no puede evitar irradiaciones. Y esas irradiaciones, pues, contienen todo lo necesario para la Creación.

¡La irradiación, sin embargo, no es la propia Luz!

¡Por lo tanto, todo lo que existe fuera de Dios tiene su origen exclusivamente en la irradiación de Dios! Esa irradiación, sin embargo, es para la Luz un efecto evidente. Y en ese efecto siempre ha existido, desde la eternidad.

La intensidad de la irradiación es, pues, en la cercanía de la Luz, naturalmente la más fuerte, de manera que en eso no puede haber ningún otro movimiento excepto el más absoluto y riguroso movimiento hacia delante, que reside en la irradiación. Así emana de Dios para lejos, para distancias legendarias, cuya extensión un espíritu humano no consigue imaginar.

Allá, sin embargo, donde ese incondicional impeler hacia adelante, que corresponde a una presión descomunal continua, por ultimo, disminuye un poco, el movimiento hasta entonces solamente impulsador pasa para un modo circular. Ese modo circular es provocado por el hecho de que la atracción simultáneamente actuante de la fuerza viva atrae nuevamente todo lo que ha sido lanzado hacia más allá del limite de la irradiación integral, hasta el punto donde predomina el movimiento que solamente impele hacia frente. Se originan así los movimientos circulares en forma elíptica, por no ser un movimiento propio, pero solamente producido por el lanzamiento para allá de cierto punto y la subsecuente retracción provocada por la atracción que reside en la fuerza, por lo tanto, en el propio Dios.

En eses movimientos circulares, pues, donde la descomunal presión de la irradiación directa disminuye, se origina naturalmente también un ligero resfriamiento y de ahí, por su parte, una determinada sedimentación.

La sedimentación baja más, o se aleja más de la más fuerte irradiación original, es, sin embargo, siempre aún sostenida por la atracción de la fuerza que todo prepasa, contiene, sin embargo, simultáneamente siempre aún suficiente fuerza propulsora de la irradiación, por lo que, por su parte, surgen nuevos movimientos circulares, que permanecen dentro de limites siempre diferentes, sin embargo, muy determinados. De esa forma ocurre sedimentación tras sedimentación, se forma en eso un plan de movimiento elípticamente circular tras otro, que producen aglomeraciones y, por ultimo, formas cada vez más firmes, más y más distantes de la irradiación original y de su colosal presión propulsora.

Las gradaciones que desde ahí se originan constituyen planes, donde se congregan y se mantienen determinadas especies, conforme el grado de su resfriamiento. Eses planes o especies ya he descrito en mi Mensaje, como siendo los grandes planes básicos del espiritual, en el lugar más elevado de la Creación, siguiéndose después el enteal, la materia fina y por ultimo la materia gruesa con sus muchas gradaciones. Que con eso todas las especies más perfectas estén más en el alto, más próximas del punto de origen, por más asemejarse con él, es natural, toda vez que por sobre éstos la atracción de la fuerza viva tiene que actuar de modo más fuerte. — —

Conforme ya dije, siempre ha existido esa irradiación de la Luz de efecto tan inconcebible, desde la eternidad.

Sin embargo, Dios no ha dejado esa irradiación actuar e ir más allá de lo que hasta el limite, en que la corriente que impulsa incondicionalmente aún formaba una línea recta, de manera que la irradiación divina pura, sin resfriamiento y sin los sedimentos de ahí resultantes, aún permaneciese resplandeciente en toda la clareza. ¡Eso constituya, con el propio Dios, la esfera divina eterna! En esa clareza jamás pudo surgir turbación, por consiguiente tampoco ningún desvío, ninguna alteración. Solamente armonía completa con el origen, la propia Luz, era posible. Y ella se encuentra inseparablemente atada a Dios, porque esa irradiación de la fuerza viva, como su efecto natural, no puede ser evitada.

A esa esfera divina que se encuentra bajo la presión, inconcebible al espíritu humano, de la máxima proximidad de la fuerza viva, pertenece, como extremo punto de delimitación y anclaje, el Burgo del Grial propiamente dicho, a imaginarse también como el extremo polo opuesto terminal. Él se encuentra, por consiguiente, aún en el circulo del divinal y existe por eso desde toda la eternidad, y permanecerá inalterado por toda la eternidad, aunque la Creación un dia tuviese que reducirse a escombros.

De esa forma ha sido desde toda la eternidad. Algo no comprensible para el espíritu humano.

Solamente cuando Dios, en Su voluntad, emitió la gran expresión: “¡Hágase la Luz!”, las irradiaciones se lanzaron, más allá del limite hasta entonces deseado, para el espacio sin Luz, trayendo movimiento, calor. Y de esa forma tuvo inicio la Creación que, generando el espíritu humano, pudo tornarse su patria.

Dios, la Luz, no necesita de esta Creación. Si Él limitar la irradiación nuevamente hasta el punto del inevitable, de modo a sobrar solamente una esfera de la pureza divina, donde jamás pudo ocurrir una turbación, como ya ha sido antes, entonces, ha llegado el fin para todo lo demás. ¡Pero con eso terminaría también la existencia de la criatura humana, que sólo en ella puede estar conciente! —

La irradiación inmediata de la Luz sólo puede generar algo perfecto. En las alteraciones de esa primera presión, sin embargo, que se originan resultado de las distancias cada vez mayores, esa perfección original disminuye, porque en el resfriamiento progresivo se separan continuamente partes individuales y quedan hacia tras. Pureza en la perfección condiciona la presión de la irradiación divina en su más alta potencia, como solamente es posible en la proximidad de Dios. La presión genera movimiento, resultando ahí calentamiento, calor e incandescencia. La presión, a su vez, es solamente el efecto de la fuerza, no la propia fuerza; como también las irradiaciones se originan solamente bajo la presión de la fuerza, pero no son la propia fuerza. Por eso, las irradiaciones en la Creación son también solamente la consecuencia de un movimiento correspondiente que, a su vez, tiene que orientarse por la respectiva presión. Donde, por lo tanto, no haya irradiaciones en la Creación, tampoco hay movimiento o, conforme dicen las personas erróneamente, ninguna “vida”. Pues cada movimiento irradia, y la paralización es la nada, la inmovilidad, nombrada de muerte por las criaturas humanas. Así, también el gran Juicio sólo se realizará por intermedio de la aumentada presión de un rayo divino, intermediado por un enviado de Dios encarnado en la materia gruesa, al cual Dios ha dado una chispa de Su fuerza viva. ¡Solamente podrá resistir a la presión de esa chispa de fuerza viva, que naturalmente no puede ser tan fuerte como la poderosa presión de la fuerza viva en el propio Dios-Padre, todo aquello que vibre correctamente en las leyes del efecto de la fuerza de Dios! De esa forma, es fortalecido, pero no transformado en incandescencia blanca, porque para eso no basta la irradiación de la fuerza de la chispa. Todo lo que es perturbador, sin embargo, será extraído, impelido hacia fuera de sus falsos movimientos, destruido y desintegrado, para lo que la irradiación de la fuerza de la chispa es completamente suficiente. Así, el gran Juicio de Dios se procesa de forma totalmente natural y no queda, por acaso, sujeto a una arbitrariedad del enviado de Dios. Ocurre simplemente basado en la ley de irradiaciones, que hubo que formarse como consecuencia de la irradiación de la fuerza de Dios; pues todo lo que se mueve correctamente en el pensar y en el actuar irradia en la materia gruesa el color violeta.

Pero, lo que es de las tinieblas, del mal, o se inclina hacia él, sea en el pensar o en el desear, presenta uno amarillo turbo. ¡Esos dos colores son ahora fundamentales para el Juicio! Según la fuerza de una voluntad o de una acción, las irradiaciones son también débiles o fuertes. ¡Con el enviado de Dios viene para la Creación un rayo de Luz divina de modo inalterado, con eso, también aquí para la Tierra! La Luz divina fortalece y eleva el bien, por lo tanto, todo cuanto tenga el color violeta terrena, mientras que el amarillo turbado terreno es desintegrado y destruido por ella.

Conforme la especie y la fuerza de una voluntad o de una acción, es más fuerte o más débil la irradiación. ¡Y, de acuerdo con eso, se forman, entonces, también la especie y la fuerza del efecto juzgador del rayo de Luz divina, en inmutable justicia!

Puede muy bien ser dicho que la Creación se halla envuelta y prepasada por una gigantesca red de irradiaciones multicolores. Esas irradiaciones, sin embargo, son solamente la expresión de los diversos movimientos, que tienen su origen en la presión de la fuerza viva en Dios. Con otras palabras: Dios en Su fuerza viva mantiene la Creación. Todo eso es cierto, poco importando cual la forma de expresión elegida para tanto, debe solamente ser conocida con exactitud el origen cierto y el progresivo curso evolutivo, caso quiera hacer algo con eso.

¡Como, pues, el grado máximo de calor hace encandecer hasta el blanco, así también ocurre en la esfera divina, en cuanto que, con la disminución de los grados, surgen poco a poco otros colores y, con el resfriamiento, todo se convierte más y más denso!

Para proseguir aclarando en esos conceptos terrenos, quiero decir que el espíritu humano jamás puede tornarse blanco-incandescente, porque se originó en un plan, donde la presión se hallaba en declive, no más siendo capaz de producir aquel grado máximo de calor. Así, en su origen, él es de una especie que no más puede soportar concientemente ese grado máximo de fuerza. O se puede decir igualmente: solamente con un muy determinado resfriamiento surge lo que es espiritual y puede tornarse conciente. También la especie, de la cual se origina el “espíritu”, es solamente aún un sedimento proveniente de la esfera divina, que había que formarse debido al ligero resfriamiento, y así por delante.

Sin embargo, ahora eso gradualmente aún se amplia más. El primer sedimento de la esfera divina forma el puro espiritual, desde onde se originan los primordialmente criados. Y solamente el sedimento de éstos produce la especie, de la cual pueden desarrollarse los espíritus humanos. El sedimento de esa especie, por su vez, produce el enteal, de lo cual se sedimenta la materia fina que, a su vez, produce como ultimo lo que es de materia gruesa. Sin embargo, existen ahí aun muchísimos escalones intermediarios de cada una de las especies básicas aquí mencionadas, incluso en el divinal, los cuales, como transiciones, deben tornar posible la ligazón.

El primer sedimento proveniente de la esfera divina es, como fácilmente se comprende, también el de contenido más rico, pudo, por eso, tornarse inmediatamente autoconsciente, y formó los así nombrados primordialmente creados, mientras que el sedimento subsecuente y proveniente de ese primer sedimento no más es tan fuerte y se debe desarrollar primero poco a poco para una concientización. Desde ese se originan los espíritus humanos.

Debido al contenido más rico de su especie, los primordialmente criados se encuentran, por eso, en el lugar supremo de la Creación, porque constituyen el primer sedimento proveniente de la esfera divina, mientras los espíritus humanos sólo se originaron del sedimento subsecuente y, naturalmente, aunque con plena madurez, no pueden llegar hacia la altura de los primordialmente criados, por la especie, más ricos en contenido, debiendo, sin embargo, permanecer en la altura de su propia especie. Para escalar más alto aún les hace falta algo, que no es posible complementar. A no ser que les fuese proporcionado algo directamente de la fuerza viva de Dios, lo que, sin embargo, no puede ocurrir por el camino natural de transición, pero sí habría que provenir de una parte viva de Dios, transferida para la Creación, toda vez que con ella, como fuerza propia, realmente viva, queda neutralizado el resfriamiento de la irradiación, que al contrario ocurriría imprescindiblemente en la transición. Sólo ella está, por lo tanto, en condiciones de juntar algo a un espíritu humano a través de su directa irradiación propia, lo que le posibilita pasar el limite de la región de los primordialmente criados.

Luego del lanzamiento de las irradiaciones para más allá de los limites de la esfera divina, es decir, en el principio de la Creación, se originó un anexo al eterno Burgo del Grial, que se encuentra en el limite extremo, en el otro lado, por lo tanto, en la parte más espiritualizada de la Creación, de modo que también los primordialmente criados, de su lado, puedan visitar la parte nueva del Burgo en el espiritual, hasta el limite superior determinado por su especie. Un paso hacia arriba, es decir, hacia la esfera divina, significaría para ellos un inmediato desmayo, un consumirse en la incandescencia blanca, si... pudiesen dar ese paso. Pero eso es imposible, porque serian simplemente rechazados por la presión mucho más fuerte de la esfera divina, a la que no están acostumbrados, o, dicho de otra forma, esa presión no les deja entrar. De modo totalmente natural les impide el ingreso, sin que ahí necesite acontecer algo más.

De modo análogo ocurre a los espíritus humanos desarrollados en relación a los primordialmente criados, y de la planicie existencial de ellos.

Así, el Burgo del Grial con su anexo espiritual se encuentra hoy como mediador entre el divinal y la Creación. A través de él tienen que pasar todas las irradiaciones necesarias a la Creación, y el Hijo del Hombre, como Rey del Grial, es el único mediador que puede ultrapasar el limite de la Creación hacia el divinal, debido a su especie de origen, que ata el divinal con el espiritual. Por ese motivo había que acontecer el misterio de esa ligazón.

Sólo muy abajo de ese Burgo del Grial y de la región de los primordialmente criados se encuentra el Paraíso, como punto más alto y más bello para los espíritus humanos que, para la plena madurez en la voluntad divina, se sometieron a las leyes de sus irradiaciones. — —

No quiero entrar aquí en detalles, a fin de que el imagen del fenómeno en si no sea extendida excesivamente. Sobre eso aún editaré libros para la ciencia terrena, destinados al estudio de los procesos aislados como, por ejemplo, el desarrollo en los diversos planes, su interactuar y así por delante. Nada debe ser omitido, en el contrario resulta en una laguna, que pronto provoca una estagnación del saber humano.

Regresando, pues, un espíritu humano terreno en su madurez después de larga peregrinación, a los limites determinados a su especie, por lo tanto, al inicio de una presión más fuerte, no podrá encandecerse más aún de lo que su plena madurez ya le permite encandecer. La presión aumentada de una fuerza aún más intensificada debía hacer derretir y quemar la especie de su constitución, transformarlo para el grado de calor más elevado, con lo que su yo se pierde. Entonces no más podría subsistir como espíritu humano y habría que quemar, deshaciéndose en la Luz blanca, mientras que él ya desfallecería en la región de los primordialmente criados, debido a la presión más elevada ahí reinante.

La Luz blanca, es decir, la irradiación de Dios, donde solamente lo que es divinal puede mantenerse conciente, contiene, por lo tanto, en si todos los componentes fundamentales de la Creación, los cuales, en el resfriamiento lento, sedimentan hacia bajo, se forman en el movimiento y, formados, se congregan, sin embargo, no más se absorben recíprocamente, toda vez que les hace falta la presión correspondiente para tanto. En cada grado de resfriamiento se forma un determinado sedimento y queda hacia tras. Primero el divinal, después el espiritual, y en seguida el enteal, hasta que finalmente solamente la materia fina y la materia gruesa continúan bajando.

De esa forma la Creación es, en la verdad, la sedimentación del progresivo resfriamiento de la Luz blanca, de la irradiación de la Luz viva. El espiritual, bien como el enteal, sólo pueden formarse y concientizarse en un muy determinado grado de resfriamiento, lo que corresponde a la disminución de la presión de la irradiación de Dios.

Cuando hablo aquí de un derretir o ser disuelto del espíritu humano, bajo una presión excesiva de la irradiación de la Luz, entonces, en ese limite no es de considerarse acaso el nirvana de los budistas, como éstos tal vez quieran de buen agrado interpretar mi aclaración. Mi actual aclaración trata solamente del fenómeno en la dirección de la Luz hacia bajo, mientras el nirvana seria el punto culminante para el camino hacia arriba.

Ahí seria pasado un cerrojo; pues, para llegar de esta Tierra hasta el reino espiritual, el Paraíso, en cuyo supremo limite se debe buscar este punto, cada espíritu humano, en estado “autoconsciente”, ya debe haber alcanzado la máxima madurez. Madurez según la voluntad divina, y no acaso según la opinión humana. Si no, no podrá entrar en ese reino. Se esté, sin embargo, como espíritu conciente de si, madurado hasta ese punto, será rigurosamente detenido, rechazado en el limite por la aumentada presión de la esfera divina. ¡No puede ir adelante! Y tampoco lo quiere. En la esfera divina jamás conseguiría deleitarse con las alegrías, toda vez que allá no más puede ser espíritu humano, pero seria fundido, mientras que, en el reino espiritual, en el Paraíso, encuentra alegrías eternas y, con gratitud, ni más piensa en querer ser disuelto totalmente.

Además, en su plena madurez, él es necesario para la elevación y el perfeccionamiento de los planes que quedan bajo él, que, en nuevos sedimentos, son solamente capaces de resistir a una presión aún menos fuerte de lo que él propio. Allá él, el espíritu humano, es el mayor, porque resiste a una presión más fuerte, hasta necesita de ella. — — —

La misión del espíritu humano, pues, en esas camadas inferiores es, con la fuerza en él inherente, abrir todo lo que este abajo él, tanto cuanto es posible, a la influencia de las irradiaciones puras de la Luz, y así poder actuar como mediador, a través de lo cual puede penetrar presión más fuerte, proporcionando bendiciones para todo lo demás, porque puede recibir esa presión más elevada y, compartiendo, transmitirla, la cual, purificando, desintegra todo lo que es impuro.

Lamentablemente, en eso la criatura humana procedió mal. ¡Bueno que, en las Creaciones, se desarrolló todo lo que debía desarrollarse hasta ahora, siguiendo la presión o el impulso, sin embargo, de modo errado, porque aquí la criatura humana no solamente faltó, pero de modo engañador incluso ha conducido hacia bajo, en lugar de hacia el alto! Por ese motivo se originaron solamente feas caricaturas de todo, en lugar de belleza natural.

Ser natural, sin embargo, significa subir, esforzarse en dirección hacia el alto, siguiendo la atracción de la fuerza viva. Pues en la naturalidad todo se esfuerza solamente hacia arriba, como cada hierba, cada flor, cada árbol. De esa forma, lamentablemente, aquello que la voluntad humana ha conducido sólo aún exteriormente presenta semejanza con lo que ella debía impulsar.

Una rica vida interior, por ejemplo, en la observación superficial puede ser muchas veces confundida exteriormente con el vacío que se muestra en el esnobismo. Veneración pura de toda belleza es, en sus manifestaciones, en el principio, también semejante a la baja codicia; pues ambas presentan cierto grado de entusiasmo, sin embargo, solamente una es legitima, la otra es falsa y sirve solamente como medio a la finalidad. Así, la verdadera gracia es substituida por la vanidad, el verdadero servir, simulado por la ambición. De esa manera prosigue en todo lo que el ser humano ha criado. Solamente raramente sus caminos conducen a la Luz. Casi todo inclina hacia las tinieblas.

¡Eso tiene que ser extirpado, para que de esa Sodoma y Gomorra venga, ahora, el Reino de Dios en la Tierra! ¡Todo finalmente hacia el encuentro de la Luz, para lo que el ser humano es el mediador!

— — —

De la propia Luz, de Dios, no hablo aquí. ¡Me es demasiado sagrado! ¡Además, el ser humano jamás podría comprenderlo, tiene que contentarse por toda la eternidad de que Dios es!

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