En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


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87. El Maestro del Universo

El Maestro del Universo es el Hijo del Hombre. No es, por acaso, llamado de Maestro del Universo porque deba instruir el Universo, tal vez fundar una religión que venga a unificar el Universo, en sentido más restricto, la Tierra, o, aún mejor, la humanidad de la Tierra, o que domine la Tierra, pero es llamado Maestro del Universo porque aclara el “Universo”, lleva enseñanzas sobre el Universo. ¡Aquello que el ser humano realmente necesita saber! ¡Él enseña a reconocer el “Universo” en su actuación natural, para que el ser humano terreno pueda orientarse de acuerdo y, así, se le torne posible la ascensión de forma conciente, en el reconocimiento de las verdaderas leyes del Universo!

Se trata, por lo tanto, de una doctrina del Universo, de enseñanzas sobre el Universo, de la Creación.

¡Tras ese legitimo Maestro del Universo se encuentra radiante, como antaño pasó con Cristo, visible a los videntes puros, la grande Cruz del Redentor! ¡Se puede decir también “Él porta la Cruz”! Sin embargo, esto nada tiene que ver con sufrimiento y martirio.

¡Ésa será una de las señales que, “reluciendo de forma viva”, ningún charlatán o mago, incluso lo más habilidoso, consigue imitar, y ante la cual puede ser reconocida la absoluta legitimidad de su misión!

Ese fenómeno extraterreno no es acaso desconecto, solamente arbitrario, por lo tanto, no anti-natural. Se comprende inmediatamente la conexión, apenas cuando se conozca el real sentido de la verdadera “Cruz del Redentor”. La Cruz del Redentor no tiene la misma significación de la cruz del sufrimiento de Cristo, por medio de la cual la humanidad tampoco podía ser salva, conforme describo detalladamente en la disertación “Muerte en la cruz” *(Disertación Nro 55) y tantas veces repetí. ¡Se trata de ago muy diferente, a su vez aparentemente sencillo, y, sin embargo, gigantesco!

La Cruz, pues, ya era conocida antes del tiempo terreno de Cristo. ¡Es la señal de la Verdad divina! No solamente la señal, pero la forma viva de ella. ¡Y como Cristo fue el portador de la Verdad divina, de la autentica, y emanó desde la Verdad, estaba en conexión directa con ella, traía en si una parte de ella, ella adhirió también vivamente en él y a él! ¡Ella es visible en la Cruz viva, por lo tanto, luminosa y por si naturalmente radiante! Se puede decir que ella es la propia Cruz. Allá donde se encuentra esa Cruz radiante, se encuentra, por consiguiente, también la Verdad, porque esa Cruz no puede ser separada de la Verdad, por que son una sólo cosa, porque esa Cruz muestra la forma visible de la Verdad.

¡La Cruz que emana rayos, o la Cruz radiante es, por lo tanto, la Verdad en su forma intrínseca. Y como solamente por intermedio de la Verdad el ser humano puede acender y no de otra forma, luego, el espíritu humano también sólo encuentra la verdadera redención en el reconocimiento o conocimiento de la Verdad divina!

¡Y como, a su vez, solamente en la Verdad se encuentra la redención, se concluye desde ahí que la Cruz, es decir, la Verdad, es la Cruz redentora, o la Cruz del Redentor!

¡Es la Cruz del Redentor! ¡El Redentor, sin embargo, es la Verdad para la humanidad! Solamente el conocimiento de la Verdad y la utilización que transcurre de lo que reside en la Verdad, o del camino indicado por la Verdad, puede conducir el espíritu humano hacia fuera de su actual alienación mental y extravío, hacia arriba, rumbo a la Luz, libertarlo, salvarlo de la situación actual. Y como el enviado Hijo de Dios y el Hijo del Hombre, que ahora está por venir, son los únicos portadores de la Verdad límpida, la traen en sí, ambos también tienen que traer la Cruz, en si y adherida a si, de modo natural e inseparable, por lo tanto, ser portadores de la Cruz radiante, portadores de la Verdad, portadores de la redención, que reside en la Verdad para los seres humanos. Ellos traen la redención en la Verdad para cuantos la acojan, es decir, para los que sigan el camino indicado. – ¿Qué vale, comparado a eso, toda la palabrería astuta de los seres humanos? Se desvanecerá en la hora de la aflicción.

¡Por eso, el Hijo de Dios dijo a los seres humanos que tomasen la Cruz y lo siguiesen, esto significa, por lo tanto, que asimilasen la Verdad y viviesen en acuerdo con ella! Que se adaptasen a las leyes de la Creación, aprendiesen a comprenderlas bien y las utilizasen en sus efectos naturales solamente para el bien.

¡Pero qué la restricta mente humana hizo nuevamente de ese hecho sencillo y natural! ¡Una doctrina de sufrimiento no deseada por Dios tampoco por el Hijo de Dios, su enviado! Y con eso ha sido enveredado un camino falso, que no está en consentimiento con el camino señalado, pero sí se aleja para muy lejos de la voluntad de Dios, a la cual sólo desea conducir hacia la alegría y o hacia el sufrimiento.

¡Es naturalmente un símbolo terrible para la humanidad, que el Hijo de Dios antaño haya sido clavado por ella justamente bajo la forma terrenamente reproducida de la configuración de la Verdad y martirizado hasta la muerte, por lo tanto, sucumbió terrenamente en el símbolo de la Verdad, que él trajo! ¡La cruz del sufrimiento de las iglesias, sin embargo, no es la Cruz del Redentor!

Se dice del Hijo de Dios que es “aquél que se encuentra en la fuerza y en la Verdad”. La fuerza es la Voluntad de Dios, el Espíritu Santo. Su forma visible es la Paloma. La forma visible de la Verdad es la Cruz por si irradiante. Ambas eran visibles vivas en el Hijo de Dios, porque él se encontraba en ellas. Se trataba en él, por lo tanto, de un fenómeno natural y evidente.

¡Lo mismo se verá también en el Hijo del Hombre! La Paloma por sobre él, la Cruz del Redentor tras él; ¡pues él está, a su vez, inseparablemente conectado a eso, como el portador de la Verdad, “que se encuentra en la fuerza y en la Verdad”! Son las señales infalibles de su legitima misión, para el cumplimiento de las profecías. ¡Las señales, que nunca pueden ser imitadas, que son indestructibles, advirtiendo y, pese la terrible severidad, también prometiendo! ¡Ante ellas, únicamente, todas las tinieblas tienen que desaparecer!

¡Erguid la mirada! ¡Así que los inexorables presagios de su venida hayan se anunciado, que le desembarazan el camino de los impedimentos que la presunción humana allí amontona, caerá la venda de los ojos de muchos, que son agraciados en reconocerlo de esa manera! Y en altas voces habrán que dar testigo, impelidos por la fuerza de la Luz.

Nadie de los innumerables falsos profetas y guías de hoy podrán subsistir delante él; pues en ambos los altos signos, que nadie puede portar, sino el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre, el propio Dios habla en favor de Sus servos, y toda la astucia humana tendrá que se callar ante eso. —

Prestad atención a la hora, estará más próxima de lo que todos piensan.

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