En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


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Contenido


82. Dioses – Olimpo – Valhalla

Hace cuánto tiempo que uno ya busca obtener una interpretación correcta y una ligazón a la época actual sobre los conocidos dioses de los tiempos pasados. Convocados y personas eruditas buscan una solución, que traiga aclaración total.

¡Pero eso solamente puede ocurrir si esa solución dé simultáneamente una visión general sin lagunas sobre todos los tiempos! Desde el principio de la humanidad hasta ahora. En el contrario, permanecerá otra vez una obra fragmentaria. No se consigue nada con destacar, simplemente, aquél tiempo en que tuvo su florescencia el culto de los dioses, conocido por todos, de los griegos, de los romanos, y también de los germanos. En cuanto las aclaraciones no abarquen al mismo tiempo también todo el formar y el perecer, por si mismo, como algo totalmente natural, estarán erradas. Los intentos llevados a cabo hasta ahora, a pesar de la sagacidad empeñada, pusieron en evidencia por ultimo, siempre de nuevo, solamente fracaso, no han logrado mantenerse delante el intuir más profundo, quedaron pairando en el aire, sin ligazón con las épocas anteriores y posteriores.

Tampoco es de esperar diferente, cuando uno observa de modo atento la evolución de los seres humanos. —

Los oyentes y lectores de mi Mensaje del Grial deberían poder llegar por si a la conclusión de cómo es el procedimiento en esas cosas, las cuales en parte incluso ya han sido relegadas hacia el reino de las leyendas y de las sagas, o se ha buscado aceptarlas como meras configuraciones de fantasía de concepciones religiosas, formadas, imaginadas desde las observaciones de la naturaleza y en conexión con los acontecimientos diarios.

No debe ser difícil a lo que piensa y examina que encuentre algo más en las antiguas doctrinas de dioses de lo que solamente leyendas de dioses. ¡Él incluso debe ver nítidamente el fenómeno real! Quién lo quiera, que sígame. Yo lo conduciré a la comprensión.

Vuelvo aquí a mi disertación: “Padre, perdonadles; pues no saben lo qué hacen”. *(Disertación Nro 81) Ahí he relatado resumidamente la historia de la humanidad en la Tierra, desde el principio hasta hoy. He dado también una perspectiva del proseguimiento subsecuente. Con eso, se ha mostrado cómo, en el medio de un circular de la Creación, el enteal, situado más abajo de lo que el espiritual, cumplió el máximo de su capacidad dentro del material, localizado aún más abajo, y en ese cumplimiento ha proveído pasaje libre a la penetración del espiritual más elevado, proceso ese que se repite constantemente en la Creación. He aclarado también cómo, en el cuerpo animal desenvuelto al máximo por el enteal, nombrado hombre primitivo, solamente entonces, en su desarrollo máximo, ha sido dada la posibilidad de la penetración de un germen espiritual, lo que también ocurrió, y que, en ese punto del desarrollo de la Creación, también siempre será proveída nuevamente. En el animal de antaño, desenvuelto al máximo, por lo tanto, ha ingresado con eso algo nuevo, el espiritual, que hasta entonces no estaba en él.

Desde ese acontecimiento, sin embargo, no se debe por acaso sacar otra vez precipitadamente la conclusión de que tal fenómeno se repite constantemente en la misma parte del Universo en su desarrollo continuo; ¡pues así no lo es! Pero ocurre solamente una vez en esta misma parte.

La ley de atracción de igual especie, en el desarrollo continuo, pasa aquí igualmente un cerrojo imposible de mover contra una repetición en la misma parte del Universo. Atracción de la igual especie corresponde en ese caso a la permisión durante un muy determinado período evolutivo, en lo cual, debido a cierto estado de semi maduración de la materialidad, semillas espirituales revoloteando en el limite, cual estrellas fugaces, pueden lanzarse en la materialidad, que para tanto se halla en estado de receptividad, a fin de que ahí sean absorbidas, envueltas, es decir, encapsuladas y retenidas por los puntos preparados para la recepción, en ese caso, por los cuerpos animales de antaño, desarrollados al máximo. Igual como en escala menor, como simples reflejo en un proceso químico de combinación, la ligazón de una substancia extraña solamente se torna posible en muy determinada temperatura o grado de calor de la masa receptora, después que esa temperatura o ese calor haya producido, por su parte, también un estado todo especial en esa masa, alcanzable solamente en aquél determinado grado. La mínima alteración ahí torna la unión nuevamente imposible, y las materias se confrontan de modo inaccesible, repeliéndose.

Aquí la igual especie se halla en un determinado grado de maduración mutua, que solamente aparentemente presenta grandes contrastes, porque es mantenida en equilibrio, debido a la diferencia de nivel superior e inferior de ambas las partes que se están conectando. El punto más inferior del espiritual es, en la maduración, semejante al punto más alto del enteal situado abajo de él. Solamente en el punto de ese exacto encuentro es posible una ligazón. Y como la materialidad en su desarrollo se mueve siempre en un grande circular, en el germinar, florecer, madurar y decomponer por la sobremaduración, mientras el espiritual se halle por sobre ella, eso solamente puede ocurrir siempre en un muy determinado punto de ligazón en ignición, durante el circular de la materialidad. Una fecundación espiritual de la materialidad, que, entumecida, viene a su encuentro, preparada para eso por la actuación del enteal.

Si ese punto de una parte del Universo, en su avanzo, haya sido ultrapasado, cesa entonces para ella la posibilidad de fecundación espiritual por gérmenes espirituales, en cuanto la que se sigue llega al lugar de ella, para ella, sin embargo, se inicia una nueva fase, en que espíritus en maduración pueden encontrar acceso, y así por delante. Para desenrollar toda la fenomenologia del Universo, no dispongo de espacio en esta disertación. Pero un investigador sincero podrá imaginar muy bien el proseguimiento. —

Apenas cuando ingresa en la materialidad, el espiritual, en consecuencia de su constitución más elevada, hizo sentir entonces su influencia viva sobre todo lo demás, empezó a dominar con el ingreso en la materialidad, incluso aún en su estado inconciente de entonces. Cómo ese espiritual ha elevado entonces el cuerpo animal, poco a poco, hasta el actual cuerpo humano, no más queda incomprensible, pues, a ningún lector.*(Disertación Nro 7: La creación del ser humano)

Sin embargo, aquellos cuerpos animales de la raza antaño desarrollada al máximo, en los cuales no han penetrado semillas espirituales, estacionaron en su desarrollo, toda vez que en ellos el enteal ya había alcanzado el máximo y, para seguir adelante, les hacia falta la fuerza del espiritual, y con el estacionar ocurrió rápidamente la sobremaduración, al que se siguió el retroceso hacia la descomposición. Existían para esa raza solamente dos posibilidades, o la sobre elevación por el espíritu para el cuerpo humano, o extinción, desintegración. Y, con eso, esa especie animal madura cesó totalmente de existir. —

Sigamos ahora la lenta autoconcientización de este inicialmente inconciente germen espiritual hacia un espíritu humano, y acompañemos en espíritu su gradual penetración en los envoltorios y ambientes que lo envuelven.

Eso no es así tan difícil, porque el proceso evolutivo, exteriormente, se muestra muy nítidamente. Basta con observar las razas humanas que hoy aún se encuentran en la Tierra.

¡El espíritu de los seres humanos más primitivos, por ejemplo, a los cuales deben ser añadidos los así nombrados pueblos salvajes, y también los bosquimanos, los hotentotes, etc., no se encuentran por acaso hace menos tiempo en la materialidad, pero sí no han acompañado el desarrollo, o, después de que ya hayan alcanzado un progreso en el Aquí o en el más Allá, retrocedieron nuevamente tanto, que solamente pudieron ser encarnados en ambiente de esa forma inferior! Por consiguiente, se hallan por su propia culpa, en proceso natural, todavía o nuevamente en escalón muy inferior, por lo que también su visión del ambiente no grueso-material no puede ser exactamente de naturaleza elevada.

El impulso espiritual, de ver más allá del propio escalón, ya se halla en la semilla espiritual, hace parte de su constitución más intrínseca y, debido a eso, ya se efectúa fuertemente en los escalones más bajos del desarrollo. Y ésta es la fuerza impulsora viva en el espíritu, el especial, que hace falta a otras constituciones o especies en la Creación. Pero la posibilidad de ese querer presentir o querer ver solamente es posible siempre hasta un escalón arriba del propio escalón correspondiente, no más. Acontece por ese motivo que esas almas humanas, que se encuentran en escalón inferior, que en su desarrollo han negligenciado o pecado de tal modo, solamente pueden también presentir o ver por clarividencia solamente entes inferiores.

¡Dotados de mediumnidad o clarividentes hay, pues, en todas las razas, no importando a qué escalón pertenezcan!

Quiero aquí una vez más mencionar especialmente que en esta aclaración entiendo por “ver” o “presentir” siempre solamente la verdadera “visión propia” de los clarividentes. Visión propia, sin embargo, de los “videntes” de todos los tiempos constituye, en el máximo, siempre solamente la cuarta parte de aquello que ven. Y eso puede ser, por su parte, solamente un escalón por sobre la propia maduración interior, no más. No es posible diferentemente. Esa circunstancia, sin embargo, significa al mismo tiempo una grande protección natural para cada vidente, conforme diversas veces ya he mencionado. Los oyentes, por lo tanto, no deben necesariamente evaluar los médiums y videntes tan madurados y elevados interiormente como aquello que describen como habiendo sido “visto”; ¡pues las alturas más puras y luminosas, los acontecimientos y los espíritus son mostrados a ellos por guías espirituales y por más elevados solamente en cuadros vivos! Los clarividentes, sin embargo, suponen erróneamente vivenciar todo aquello realmente, y se iluden a si mismos sobre eso. Por eso, surge tantas veces la gran sorpresa por sobre la frecuente mediocridad del carácter de muchos médiums, que describen cosas como vivenciadas y ocurridas, que de forma alguna o muy poco se coadunan con su propio carácter. —

Aquí hablo, por lo tanto, solamente de la reducida extensión de la verdadera visión propia de los médiums y clarividentes. Lo demás no entra en consideración.

Clarividentes y médiums de todos los tiempos deben, en la realidad, servir solamente para, ante sus dones, ayudar la humanidad cada vez más en sentido ascendiente, aunque no como guías, pero sí como instrumentos. Una persona medium jamás podría ser guía, por ser demasiado dependiente de corrientes y de otras cosas. Deben ser temporalmente puertas abiertas para la finalidad de desarrollo continuo. Escalones para la escalera de la ascensión.

Cuando entonces se considera que para las razas, que se hallan en escalón de desarrollo espiritual inferior, solamente es posible una visión por sobre un ambiente inferior semejante, con poco espacio libre hacia arriba, entonces no es difícil comprender que podamos encontrar entre la razas humanas inferiores predominantemente solamente miedo de los demonios y adoración a los demonios. Es aquello, lo que consiguen ver y presentir.

Así la observación superficial. Pero quiero ir más hondo en la explicación, aunque con eso nos desviemos de la clara visión global.

El espíritu no desenvuelto o nuevamente atrofiado de las razas humanas inferiores es, naturalmente, también aún o nuevamente espiritualmente ciego y sordo. Tal criatura humana no consigue ver con los ojos espirituales, lo que, además, incluso hoy lamentablemente aún no se ha tornado posible a persona alguna.

Quién se encuentra todavía en plan inferior tampoco consigue ver con los ojos enteales, tampoco con los de materia fina, pero exclusivamente con los ojos de materia gruesa, que en las selvas se van tornando más y más aguzados, debido a la necesaria lucha personal con sus semejantes, con los animales y los elementos, por lo que ellos, poco a poco, pueden distinguir la materia gruesa fina y la materia gruesa más fina.

¡Perciben con eso primeramente fantasmas! Configuraciones, que solamente han sido formadas por el miedo y por el temor de los seres humanos y también mantenidas por ellos. Tales fantasmas, sin vida propia, dependen enteramente de las intuiciones de las creaturas humanas. Son por ellas atraídos o rechazados. Aquí se efectúa la ley de la atracción de toda igual especie. El miedo siempre atrae esas configuraciones del miedo y del pavor, de modo que, aparentemente, se precipitan literalmente por sobre las personas miedosas.

Toda vez que los fantasmas están atados a los generadores por cordones elásticos que nutren, por lo tanto, a personas que son igualmente muy miedosas, cada miedoso entra siempre indirectamente también en ligazón con la masa de los miedosos y apavorados, recibe de ellos nuevo aflujo, que solamente aumenta aún el miedo y el pavor propio y puede llevarlo por último hacia el desespero, hacia la locura.

Intrepidez, sin embargo, es decir, coraje, rechaza tales fantasmas impreteriblemente de manera natural. Por lo tanto, el intrépido, conforme es suficientemente conocido, lleva siempre ventaja.

¿Es de admirarse entonces, cuando en las razas inferiores se originaron los así nombrados curanderos y hechiceros, cuya casta ha sido fundada por clarividentes, toda vez que éstos eran capaces de observar como era posible “expulsar” esas formas, erróneamente consideradas entes vivos individuales, ante un poco de recogimiento interior, con distracción del miedo por medio de saltos y contorciones, o ante concentración o exorcismos que despiertan el coraje?

Aunque ahí lleguen las ideas para nosotros absurdas, a nosotros pareciendo ridículas, eso en nada altera el hecho de que, para su ámbito de visión y de su capacidad de comprensión, hagan algo muy acertado, siendo nosotros solamente aquellos a quiénes hace falta una comprensión de eso por falta de conocimiento.

En la sucesión de esos hechiceros y curanderos ocurre naturalmente que muchos sucesores no hayan ni don mediúnico, tampoco sean de algun modo clarividentes, principalmente por que se atan al encargo, concomitantemente, influencia y ganancia, para cuya obtención los seres humanos de los escalones más inferiores se empeñan de idéntico modo inescrupuloso cuanto los de la elevada raza blanca. Estos no-videntes imitaron entonces simplemente, sin comprender, todos los actos de sus antecesores, añadiendo incluso aún algunas tonterías, a fin de causar mayor impresión, toda vez que solamente daban valor al reconocimiento de sus semejantes, y se han tornado así los astutos impostores, que ahí sólo visan sus ventajas, sin embargo, sin que tengan ellos propios idea alguna del verdadero significado, y, con base en esos impostores, se busca hoy evaluar y condenar la casta entera.

Así pasa entonces que en las razas humanas inferiores podemos encontrar, en primer lugar, solamente miedo de los demonios y adoración a los demonios. Es eso, lo que ellas consiguen ver, y lo que temen como otra especie. —

Pasemos ahora para escalones de desarrollo algo más elevados, que consiguen ver más hacia adelante, sea a través de clarividentes o también solamente inconcientemente por el presentir, lo que también pertenece a la visión interior. En ésos más desarrollados, otras camadas envoltorio del espíritu encapsulado, que despierta cada vez más, son rotas desde dentro hacia fuera, en dirección hacia el alto.

Por eso, ellos ya ven seres de mejor índole, o saben de ellos a través de presentimiento, y irán perdiendo así, poco a poco, la adoración a los demonios. Así prosigue. Cada vez más alto. Se torna más y más luminoso. El espíritu, en desarrollo normal, avanza cada vez más.

¡Los griegos, romanos, los germanos, por ejemplo veían entonces más aún! Su visión interior ultrapasó la materialidad, hasta el enteal que se encuentra más alto. Ellos pudieron, en su desarrollo continuo, ver por ultimo también los guías de los enteales y de los elementos. Algunas personas mediúnicas, por sus dones, incluso pudieron entrar en contacto más próximo con ellos, porque ellos, como enteales concientes criados, en todo lo caso tienen algo de análogo con aquella entealidad de la cual también el ser humano, además del espiritual, lleva una parte en si.

Ver, sentir y oír los enteales ha sido para el desarrollo de antaño de los pueblos lo máximo que pudieron alcanzar. Es evidente que eses pueblos, entonces, considerasen los poderosos guías de los elementos, en su actividad y especie diferentes, como lo más elevado y los denominaron de dioses. Su elevada sede cual castillo, realmente existente, de Olimpo y Valhalla.

La visión y la audición interior de los seres humanos, sin embargo, cuando son expresas, se atan siempre a su respectiva capacidad personal de comprensión y expresión. Desde ahí resulta que los griegos, romanos y germanos describieron los mismos guías de los elementos y todo el enteal según la forma y el concepto en la respectiva concepción de su ambiente de entonces. ¡Sin embargo, eran siempre los mismos, a pesar de algunas variaciones en las descripciones!

¡Cuando hoy, por ejemplo, se reúnen cinco o más personas clarioyentes realmente competentes y todas reciben, simultáneamente, una determinada frase pronunciada desde el más Allá, entonces, en la transmisión, solamente será uniforme el sentido de lo que ha sido oído, no, sin embargo, la transmisión de las palabras! Cada uno transmitirá las palabras de modo diferente y también las oirá diferentemente, porque en la recepción ya entra mucho del personal en el plato de la balanza, de la misma forma como la música es intuida de modo totalmente diferente por los oyentes, en el fondo, sin embargo, desencadena el mismo sentido. Sobre todos esos fenómenos colaterales de largo alcance en la ligazón del ser humano terreno con el Universo, debo hablar con más detalles solamente con el decorrer del tiempo. Hoy, eso nos desviaría demasiado del tema. —

Cuando entonces, más tarde, pueblos convocados, por lo tanto, los interiormente desarrollados al máximo (desarrollo del intelecto no se considera ahí) pudieron ultrapasar ese limite de la entealidad, madurando por el vivenciar, su visión o presentimiento alcanzó hasta el borde del reino espiritual.

La consecuencia natural fue que, con eso, sus dioses de hasta entonces tuvieron que sucumbir como tales, y algo más elevado se colocó en su lugar. Pero a pesar de eso, lamentablemente, ellos no llegaron hasta el punto de tornarse aptos para ver espiritualmente.

De esa forma les permaneció cerrado el reino espiritual, toda vez que el curso natural de la evolución no más progresó en ese punto, impedido por la presunción del intelecto que se elevaba cada vez más acentuadamente.

¡Solamente pocas excepciones pudieron mantenerse libres de esa estagnación, como, por ejemplo, Buddha y aún otros, que consiguieron, ante renuncia al mundo, seguir su desarrollo de modo normal y también tornarse espiritualmente videntes, hasta cierto grado!

Esa renuncia al mundo, es decir, el mantenerse alejado de criaturas humanas para la finalidad de desarrollo continuo del espíritu, solamente se ha tornado necesaria debido al cultivo en general unilateral del intelecto, enemigo del espíritu, cada vez más dominante. Era una autoprotección natural ante la creciente devaluación espiritual, lo que en el desarrollo general normal no debe ser absolutamente necesario. Por el contrario; pues cuando una persona alcanza un determinado grado en el desarrollo espiritual habrá que, actuando en él, nuevamente fortalecerse, si no surge debilidad, y con eso cesa rápidamente la posibilidad de desarrollo subsecuente. Ocurre una estagnación, de la cual fácilmente se origina el retroceso.

A pesar de que la evolución espiritual de Buddhaa y también de otros solamente ha sido alcanzada hasta un muy determinado grado, es decir, no completamente, incluso así la distancia de los seres humanos se ha tornado grande, de manera que éstos consideraron los así normalmente desarrollados como enviados de Dios, mientras, por el avanzo del espíritu, se originó de modo enteramente natural solamente una nueva concepción.

¡Éstos, que se destacaban de la masa humana, que había estacionado espiritualmente y en parte había retrocedido, se encontraron, sin embargo, siempre solamente delante la puerta abierta del espiritual, consiguieron incluso percibir vagamente algo ahí, sin, sin embargo, ver de modo nítido! Pero presintieron y intuyeron claramente una conducción uniforme, poderosa y conciente que venia desde arriba, de un mundo para lo cual no se tornaron aptos a ver.

¡Cediendo a tal intuición, formaron entonces el Dios único e invisible! Sin saber algo más detallado de eso.

Por eso, es comprensible que imaginasen ese Dios, solamente presentido, como el supremo ser espiritual, porque el espiritual era la nueva región, en cuyo umbral aún se encontraban.

Ocurrió que de esa forma, con esa nueva concepción del Dios invisible, solamente ha sido acertado el hecho en si, pero no el concepto; ¡pues su concepto de eso era errado! ¡Por el espíritu humano nunca ha sido imaginado aquel Dios, que Él realmente es! Lo había imaginado, sin embargo, solamente como un altísimo ser espiritual. ¡Esa debilidad de la falta de desarrollo continuo se evidencia también aún hoy en el hecho de que muchas personas, absolutamente, quieren insistir en llevar en si algo de igual especie de Aquél que intuyen como su Dios!

El error esta en la estagnación del desarrollo espiritual.

¡Si éste hubiese proseguido más, la humanidad en maduración, en la transición de los antiguos dioses provenientes del enteal, no habría pronto imaginado ese Dios único como invisible, pero sí podría haber visto primero nuevamente los primordialmente criados espirituales, que se encuentran por sobre los guías de todos los elementos, denominados dioses, cuya sede es el Burgo del Grial, como el Supremo Burgo del espiritual! Y, por su parte, habrían considerado en el inicio éstos como dioses, hasta que entonces se tornasen en si de tal modo que pudiesen ver los primordialmente criados, las verdaderas imágenes de Dios, no solamente de modo presentido, pero sí oírlos espiritualmente. ¡De éstos, habrían recibido la novedad de la existencia del “Dios Único existente” fuera de la Creación!

¡Conduciendo entonces su intuición de tal manera a ese hecho, habrían finalmente incluso madurado espiritualmente en si para la capacidad de, como desarrollo continuo, recibir con jubilo de un enviado de Dios un mensaje divino, proveniente del legitimo divinal! Por lo tanto, fuera de la Creación, y con eso también fuera de su posibilidad de visión.

¡Ese habría sido el camino normal!

De esta forma, sin embargo, su desarrollo ha estacionado ya al umbral de lo espiritual, habiendo incluso retrocedido rápidamente, debido a los errores de las criaturas humanas.

Con eso surgió el tiempo en que, como acto de emergencia, hubo que ser encarnado un fuerte enviado de Dios en Jesús Nazareno, para conceder auxiliadoramente un mensaje proveniente del divinal para aclaración de la humanidad para eso aún no madurada, a fin de que los que buscan pudiesen, en su inmadurez, sostenerse en ella provisoriamente, por lo menos en la creencia.

Por ese motivo, no restaba otra cosa al hijo de Dios, enviado en auxilio de la humanidad en vías de perderse, si no exigir mientras tanto solamente creencia y confianza en su Palabra.

Una incumbencia desesperadora. Cristo no pudo siquiera decir todo lo que quisiera haber dicho. Por eso no habló de muchas cosas, como de las reencarnaciones terrenas y otros temas. Se encontraba frente a una inmaduración espiritual demasiado grande para tales cosas. Y tristemente él mismo dijo a sus discípulos: “¡Todavía habría muchas cosas a decir a vosotros, pero no las comprederieis!”

Por lo tanto, ni mismo los discípulos, que en muchas cosas lo interpretaron incorrectamente. Y si el propio Cristo, ya durante su existencia terrena, sabia que no era comprendido por sus discípulos, queda en evidencia, pues, que en la retransmisión de su Palabra, más tarde, se originaron muchos errores, a los cuales lamentablemente incluso hoy uno busca apegarse con tenacidad. ¡A pesar que Cristo, a partir de la inmadurez de antaño, haya exigido solamente creencia en su Palabra, exigía, sin embargo, de los que tenían voluntad sincera, que esa creencia inicial también se tornase “viva” en ellos!

Eso significa que en eso llegasen a la convicción. ¡Pues quién siguiese con confianza la Palabra de él, en ese la evolución espiritual proseguiría nuevamente, y él tendría que llegar con eso, en el desarrollo, lentamente de la creencia a la convicción de lo que ha sido dicho por Cristo!

¡Por eso, ahora el Hijo del Hombre, en vez de creencia, exigirá convicción! ¡Incluso de todos aquellos que quieren llevar en sí el mensaje de Cristo, que afirman seguirlo! ¡Pues quien todavía no pueda llevar en sí la convicción de la Verdad del mensaje divino de Cristo, que es uno sólo con el Mensaje del Grial e inseparable de ella, en el lugar de la creencia, tampoco alcanzó la maduración de su espíritu, necesaria para la entrada en el Paraíso! ¡Ése será condenado! ¡De modo totalmente inmutable!

¡Ni mismo la mayor sabiduría intelectual le proporciona ahí cualquier pasaje secreta! Naturalmente tiene que quedar hacia tras y está perdido para siempre. — —

Que la humanidad de esa parte del Universo todavía se encuentre, en su desarrollo, al umbral del reino espiritual, en su mayor parte incluso aún muy abajo de eso, resulta exclusivamente del no querer propio, de la presunción de un querer saber mejor del intelecto. En eso la realización del desarrollo normal había que malograr totalmente, como, en ese intervalo, seguramente ya se ha tornado claro a muchos. —

Los cultos religiosos de la humanidad en sus diversidades no se originan en absoluto de alguna fantasía, por el contrario, muestran sectores de la vida en el así llamado más Allá. Incluso el curandero de una tribu de negros o de indios tiene su profunda razón de ser en el escalón inferior de su pueblo. El hecho de que ahí se mezclan charlatanes e impostores no puede desacreditar la cosa en si.

Demonios, entes de las florestas y del aire, y también los así nombrados dioses antiguos se hallan inalterados incluso hoy en los mismos lugares y en la misma actividad de antes. También el supremo burgo de esos grandes guías de todos los elementos, el Olimpo o , jamás ha sido leyenda, pero sí visto en la realidad. ¡Lo qué, sin embargo, las criaturas humanas que han estacionado en el desarrollo no más pudieron ver son las imágenes de Dios puro espirituales, primordialmente criadas, que igualmente poseen un burgo en el ápice, y lo denominan de Burgo del Grial, el Supremo Burgo en el puro espiritual y con eso también en toda la Creación! Solamente por medio de inspiraciones pudo aún llegar noticia de la existencia de ese Burgo a los seres humanos que se hallan al umbral de todo el espiritual, toda vez que espiritualmente no maduraron tanto para, presintiendo, ver también aquello.

¡Todo es vida! Solamente los seres humanos, que se consideran progresistas, en lugar de progresar, se desviaron, volviendo en dirección hacia las profundidades. —

¡Ahora, uno no debe acaso esperar aún que, con un desarrollo subsecuente, se deba alterar nuevamente el concepto de Dios enseñado por Cristo y por mi Mensaje del Grial! Ese permanece de ahora en adelante, porque algo más no existe. Con un ingreso en el espiritual, que hoy todavía hace falta, y el perfeccionamiento en eso, cada espíritu humano puede acender tanto, que finalmente adquirirá incondicionalmente la convicción de ese hecho en el vivenciar interior. Podría entonces de modo conciente, estando en la fuerza de Dios, realizar lo grandioso, para lo cual ya ha sido convocado desde el principio. Pero entonces nunca más imaginaria llevar en si algo de divino. ¡Esa ilusión es meramente el timbre y el cuño de su inmadurez de hoy!

En el estado conciente correcto, sin embargo, se encontraría entonces la grande humildad, se originaría el servir libertador, lo que por la doctrina pura de Cristo es dado siempre como exigencia.

Solamente cuando los misionarios, los apregoadores y los preceptores, basados en el saber del desarrollo natural en toda la Creación, y con eso también en el conocimiento exacto de las leyes de la voluntad divina, comiencen su actividad, sin saltos y sin dejar lagunas, es que podrán registrar verdaderos éxitos espiritualmente vivos.

Ahora lamentablemente cada religión nada más es de lo que una forma rígida, que conserva penosamente un contenido inerte. ¡Después de la transformación indispensable, sin embargo, ese contenido hasta entonces inerte, al adquirir vida, se torna vigoroso, reventa las frías, muertas y rígidas formas y, bramando, se derrama jubilando por sobre todo el mundo y entre todos los pueblos! —

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