En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


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Contenido


81. ¡Padre, perdonadles; pues no saben lo que hacen!

Quién no conoce estas palabras tan significativas, que Jesús Nazareno pronunció cuando pendía en la cruz. Una de las mayores intercesiones que alguna vez han sido pronunciadas. De modo nítido y claro. Sin embargo, se permaneció durante dos milenios delante de esas palabras sin comprenderlas. Han sido interpretadas unilateralmente. Solamente en aquella dirección, que parecía agradable a los seres humanos. ¡No hubo uno siquiera que levantase su voz en favor del verdadero sentido y lo vociferase con toda la clareza a la humanidad, principalmente a los cristianos!

Sin embargo, no solamente eso. Todos los acontecimientos estremecedores en la vida terrena del Hijo de Dios, debido a la unilateralidad en la transmisión, han sido colocados bajo una luz errada. Esos, sin embargo, son errores que no solamente el cristianismo presenta, pero que se encuentran en cada religión.

Cuando discípulos colocan el puramente personal del preceptor y maestro por sobre todo y con mucha evidencia, entonces, lo es comprensible, principalmente cuando ese maestro es arrastrado de modo tan brutal y repentino de su medio, para entonces ser expuesto, en la más completa inocencia, al más penoso sufrimiento, al mismo tiempo al más grosero escarnio y, por último, a la más dolorosa muerte por martirio.

Tal cosa se entalla profundamente en las almas de aquellos que pudieron conocer su preceptor de la manera más ideal en la convivencia en común, y hace con que aquello que es personal se coloque entonces adelante de todos los recuerdos. Algo así es absolutamente natural. ¡Pero la sagrada misión del Hijo de Dios fue su Palabra, fue traer la Verdad desde las alturas luminosas, a fin de así mostrar a la humanidad su camino hacia la Luz, que hasta entonces le estuvo vedado, porque su estado espiritual, en su desenvolvimiento, no le permitía antes seguir aquél camino!

¡El sufrimiento inflingido por la humanidad a ese grande portador de la Verdad queda ahí completamente aparte!

Pero aquello, que en los discípulos era evidente y natural, resultó en la religión posterior en muchos y grandes errores. La objetividad del mensaje de Dios quedó muy en según plan delante del culto de la persona del portador de la Verdad, lo que Cristo jamás quiso.

Por tal motivo, se patentan ahora fallas en el cristianismo, que llevan al peligro de un descalabro, si los errores no sean reconocidos a tiempo y, en confesión abierta, corregidos valientemente.

No es de esperarse de modo diferente, si no que el menor progreso serio habrá que tornar visibles tales lagunas. ¡Entonces, incontestablemente, es mejor no desviarse de ellas, pero atacarlas valientemente! Por que la purificación no habría de partir de la propia dirección, de modo vigoroso y alegre, con la mirada abierta hacia la gran divinidad! ¡Agradecidos, grandes grupos de la humanidad, como que libertos de una opresión hasta ahora tal vez presentida, sin embargo nunca reconocida, siguieron el llamado que los conduce hacia la Luz de jubilosa convicción! —

Al seguir los hábitos de aquellas personas, que se someten a las ciegas al dominio ilimitado de su propio intelecto y estrechan con eso fuertemente su facultad de comprensión, se ha dado a la vida terrena de Cristo valor igual al de su misión. Ahí, se interesaron por cuestiones de familia y por todos los acontecimientos terrenos, incluso más aún de lo que por la finalidad esencial de su venida, que consistía en dar a los espíritus humanos madurados aclaración sobre todo fenómeno real en la Creación, donde, exclusivamente, encontraban la voluntad de Dios, que en ella fue entretejida y, con eso, para ellos garantizada.

El traer de esa Verdad hasta entonces desconocida, únicamente, hizo necesaria la venida de Cristo a la Tierra. Nada más. Pues sin reconocer correctamente la voluntad de Dios en la Creación, ser humano alguno consigue encontrar el camino hacia la escalada al reino luminoso, mucho menos aún seguirlo.

En lugar de aceptar este hecho simplemente como tal, de profundizarse en el mensaje y de vivir de acuerdo con ella, conforme repetida e insistentemente exigía el portador de la Verdad, los fundadores de la religión cristiana e iglesias crearon como lo principal de los fundamentos un culto personal que los obligó a hacer de los sufrimientos de Cristo algo muy diferente de lo que ha sido en realidad.

¡Necesitaban de eso para ese culto! Desde ahí resultó, por fin, muy naturalmente en su evolución, un error grave tras otro, que no dejaba reconocer correctamente el camino cierto.

Solamente la estructuración errada, por falta de objetividad, ha producido la deturpación de todo el acontecer. ¡La naturalidad puramente objetiva tuvo, sí, que sucumbir en el momento en que el culto principal se tornó estrictamente personal! Ahí surgió el impulso de anclar una misión del Hijo de Dios principalmente en la vida terrena. Sí, en la realidad, resulta una necesidad para eso.

Sin embargo, que así se procede erradamente, el propio Cristo probó en todo su modo de ser. Más de una vez rechazó clara e incisivamente lo personal en relación a él. Siempre señalaba hacia Dios-Padre, cuya voluntad cumplía y en cuya fuerza se encontraba y actuaba, en cada palabra y en cada acción. Él explicaba cómo, de ahora en adelante, los seres humanos deberían aprender a mirar hacia Dios-Padre, pero nunca se refirió ahí a si mismo.

¡A la vez que ahí no se obedecía a sus palabras, no podía, por ultimo, dejar de ocurrir que se pasase a considerar el sufrimiento terreno de Cristo como siendo necesario y deseado por Dios, incluso lo rotulase de misión principal de su venida a la Tierra! ¡Según la concepción oriunda de eso, él vino desde las alturas luminosas solamente para sufrir aquí en la Tierra!

Como él mismo no se había cargado con una culpa siquiera, quedó como justificativa nuevamente solamente el único camino: ¡tenían que ser entonces los pecados ajenos, que pusiera por sobre si, a fin de expiarlos por ellos!

Lo qué restaba, entonces, si no seguir a construir de esa manera por sobre la base colocada.

Fuerza que nutre y suelo adecuado dieron entonces incluso la sobre valuación intima, ya no más tan desconocida, y de la cual la humanidad entera padece. La consecuencia de aquél grande pecado original, que ha sido dirigido contra el espíritu, y que ya repetidas veces expliqué minuciosamente. En la evaluación excesiva del intelecto el ser humano solo conoce a si mismo, no a su Dios, hacia lo Cual él ha destruido así todos los puentes. Solamente pocos poseen aún, aquí y Allá, precarios puentes hacia el espiritual, los cuales, sin embargo, también sólo pueden dejar presentir muy poco, pero nunca saber.

Por eso nadie ha llegado al pensamiento correcto y natural de separar totalmente del mensaje de Dios el sufrimiento terreno de Cristo, como acontecimiento aparte. De reconocer todas las hostilidades, persecuciones y torturas como los graves, más brutales crímenes, que realmente han sido. ¡Es un nuevo y gran agravio enaltecerlos como necesidad!

Muy seguramente esos sufrimientos y la muerte torturante en la cruz merecen luz irradiante de la más sublime gloria, porque el Hijo de Dios no se dejó aterrorizar ante tan siniestra acogida por los seres humanos ávidos por dominio y vengativos, lo que, después del pecado original, era de esperarse, pero, a pesar de eso, a causa de los pocos buenos, trajo su tan necesario mensaje del Verdad a la Tierra.

El acto es de evaluarse tanto más elevado, porque realmente se trata solamente de una pequeña parte de la humanidad que desea salvarse de esa manera.

Sin embargo, es nuevo ultraje contra Dios, cuando los crímenes de antaño de esa humanidad deben ser tan atenuados por medio de falsas presuposiciones, como si las criaturas humanas ahí hubiesen sido solamente los instrumentos para una realización necesaria.

¡Debido a esa incorrección surge, por parte de muchas personas que piensan, la incertidumbre con relación a las consecuencias del procedimiento de Judas Iscariote! Con toda la razón. Pues si la muerte de Cristo en la cruz era la necesidad para la humanidad, entonces Judas, con la traición, ha servido de instrumento indispensable para eso, por consiguiente, no debería, en la realidad, estar sujeto a la punición en el sentido espiritual por eso. Pero la verdad sobre el acontecimiento real aleja todas esas discordias, cuyo aparecimiento justificado solamente resulta en la comprobación de que la acepción hasta ahora mantenida tiene que estar realmente errada. Pues dónde existe lo cierto, no hay lugar para tales cuestiones no aclaradas, al contrario, el fenómeno completamente natural puede ser tomado en consideración por cualquier parte, sin deparar ahí con ningún obstáculo.

Se debe, por ultimo, tener ahora el coraje de reconocer en ese enaltecimiento la cobardía mantenida encubierta solamente por la astucia del intelecto atado a la Tierra, del mayor enemigo de todo aquello que puede elevarse por sobre él, conforme siempre se observa nítidamente en cualquier sujeto inferior. ¡O como presunción disfrazada, que se origina del mismo fuente! ¡Es, pues, agradable poder imaginar ser evaluado tan precioso, que una divinidad, luchando para tanto, tome para sí todos los sufrimientos, solamente para poder ofrecer entonces al homúnculo un lugar de honor en el divino reino de la alegría!

¡Así es realmente la acepción fundamental, dicha de forma desnuda y cruda! ¡No hay otro aspecto, apenas cuando se arranque con mano firme las lentejuelas de aquellas formas!

Que tal acepción pueda originarse solamente de la más restricta limitación de comprensión con respecto a todos los fenómenos extraterrenos, seguramente tampoco necesito aún mencionar. Es siempre de nuevo una de las graves consecuencias de la glorificación del intelecto terreno, que impide toda la visión libre y amplia. ¡Después del pecado original, la adoración de ese ídolo intelecto aumentó muy naturalmente de modo constante, hasta desenvolverse, pues, en el anticristo terrenalmente poderoso o, hablando más claramente aún, en todo cuanto sea antiespiritual! Eso, pues, hoy es nítidamente reconocible, para dondequiera que uno mire. Para tanto, uno no más necesita de una visión apurada.

¡Y visto que únicamente el espiritual puede proporcionar el puente hacia la aproximación y hacia la comprensión de todo cuanto es divinal, entonces, la concesión de la soberanía al intelecto terreno, a la cual todas las ciencias hoy se confiesan con orgullo, nada más es de lo que la declaración abierta de lucha contra Dios!

¡Sin embargo, no solamente las ciencias, pero sí toda la humanidad se mueve hoy bajo ese signo! Incluso cada uno, que se denomina serio examinador, lleva consigo ese veneno.

¡Por esa razón, no es antinatural que también la Iglesia deba contener en sí mucho de eso. Ahí es por que se ha inmiscuido tanta cosa en la reproducción y en las interpretaciones de todas las palabras del Salvador, hecho que tiene su origen únicamente en la astucia terrena del intelecto!

¡Esa es también la serpiente que siempre de nuevo tienta el ser humano, de la cual advierte la narración de la Biblia! Únicamente esa serpiente de la astucia del intelecto coloca cada ser humano ante la decisión engañadora: ¿Habría Dios dicho…?”

Apenas cuando esté entregue a ella, por lo tanto, al intelecto exclusivamente, cualquiera decisión, ella elegirá siempre, como también es indicado de modo acertado en la Biblia, lo que es hostil a Dios o alijado de Dios, o puramente terrenal, o muy inferior, al cual el propio intelecto pertenece, como flor de él. Por eso, él no consigue comprender lo que es más elevado.

El ser humano recibió el intelecto a fin de que éste le , para cada vida terrena, en dirección hacia abajo, un contrapeso para el puro espiritual que anhela hacia arriba, con la finalidad de que el ser humano en la Tierra no paire solamente en alturas espirituales, y olvide con eso su misión terrenal. El intelecto debe también servirle para facilitar y para tornar más cómoda toda la vida terrena. Antes todo, sin embargo, para transferir el fuerte impulso por lo que es elevado, puro y perfecto, que reside en el espirito como su constitución más intrínseca, para el restricto ámbito terrenal, y llevarlo hacia la efectuación terrenalmente visible en la materia. ¡Actuando como ayudante del espíritu vivo, como su criado! No como quién decide, tampoco como quién todo conduce. Debe auxiliar a crear posibilidades terrenas, por lo tanto, materiales, para la concretización del impulso espiritual. Debe ser el instrumento y el servo del espíritu.

Si, sin embargo, le sea permitido decidir sólo, como ocurre actualmente, entonces no más sigue como contrapeso, no más como auxiliador, pero coloca en el plato de la balanza de cada decisión solamente su propio peso, y ése tendrá muy naturalmente como consecuencia solamente el hundir, porque él tira hacia abajo. Otra cosa ahí no puede suceder, toda vez que pertenece a la materialidad y a ella permanece fuertemente atado, mientras el espiritual viene desde arriba. En lugar de, entonces, auxiliando, aún extender la mano hacia el espiritual, de modo a fortalecerse y agrandarse, rechaza la mano más fuerte extendida hacia él desde el espiritual y la descarta apenas cuando todo le sea entregado. Él tampoco puede de otro modo, actúa ahí solamente según las leyes de su propia constitución.

¡Pero, fijarse bien, el intelecto terreno solamente es enemigo del espíritu cuando es colocado por encima de éste! No antes. Sin embargo, si esté bajo el dominio del espíritu, conforme está dispuesto por naturaleza, según la voluntad del Criador, entonces él permanece un servo fiel, que se puede apreciar como tal. Si, sin embargo, le es dado, en oposición a las leyes naturales, un lugar de regente, al cual no tiene derecho, entonces él oprime, como consecuencia inmediata, todo lo que pueda perturbarlo, a fin de mantenerse en el trono prestado. Cierra automáticamente los portales que, permaneciendo abiertos, deberían lanzar luz por sobre sus debilidades y su gran limitación.

Uno retrato de aquellos actos de las personas que, en condiciones de vida ordenadas y bajo buena conducción, sienten crecer sus capacitaciones, las sobre evalúan y, en la caída entonces, debido a la incapacidad para algo más elevado, lanzan un pueblo hacia la miseria y hacia la calamidad. Así como éstas jamás pueden alcanzar un comprender, y buscan lanzar siempre toda la culpa de la propia incapacidad solamente por sobre el pasado, ante sí mismas y ante los demás, tampoco el intelecto humano reconocerá que jamás puede actuar en el lugar del espíritu superior, sin provocar los más graves daños y, por último, la ruina. En todo es siempre el mismo cuadro, idéntico suceder en eterna repetición.

Que reflexione el ser humano solamente una vez de modo sereno y claro al respecto de ese fenómeno. Todo a él se le tornará comprensible, debiendo parecer también como lo más útil.

Esa circunstancia ha cerrado también para los fundadores de iglesias y religiones la cortina por sobre la tan gran sencillez de la Verdad divina, ha tendido un velo por sobre cada posibilidad de una comprensión acertada.

La humanidad no hubiera podido sobrecargarse con algo más terrible de lo que con esta restricción voluntaria, la incapacidad de comprensión de todo aquello que se coloca más allá del terrenal, por lo tanto, de la parte mucho mayor de todos los fenómenos. Eso, sin embargo, se halla literalmente por encima de su horizonte tan restricto.

Que luche, pues, una persona contra esa impenetrabilidad de la muralla. ¡A la brevedad habrá que reconocer cómo se confirma la palabra del poeta, que contra la estupidez incluso dioses lucharían en vano!

Esa muralla resistente solamente puede ser rota desde dentro hacia fuera por el propio ser humano individual, por haber sido edificado desde adentro. ¡Pero no lo quieren!

Por eso el fallar está hoy en toda la parte. ¡Para dondequiera que uno mire, hay un cuadro de la más desoladora confusión y de mucha miseria!

Y, por sobre el monte de escombros, se halla vacío, presuntuoso, orgulloso, el causador de la confusión tremenda… el “hombre moderno”, conforme él mismo suele nombrarse de preferencia. ¡El “progresista”, que en la realidad ha retrocedido constantemente! Exigiendo admiración, se auto denomina también incluso de “mero materialista”. —

A uno le duele la cabeza, un asco brota, cuando uno co-vivencia todo eso, cuando uno ve hundir junto tanta cosa buena que, en ambiente apropiado, habría prosperado, cuando uno ve que tantos otros sufren a causa de eso, y fervorosamente se forma la oración: “¡Da Tu un fin en eso, Señor! ¡Nosotros no lo podemos!”

¡Se agregan aún a todo eso las innumerables cisiones, el siempre creciente odio mutuo, a pesar de la uniformidad de la esclavitud voluntaria! ¡Ni el empleador tampoco los empleados tienen culpa de eso, ni el capital tampoco su falta, ni la Iglesia tampoco el Estado, ni las diferentes naciones, pero solamente la sintonización errada de las personas, individualmente, hizo con que todo llegase a tanto!

Incluso los así nombrados examinadores de la Verdad raramente se encuentran ahora en el camino cierto. Nueve decimos de ellos se han convertido meros fariseos, que miran criticando de modo arrogante sus semejantes, se combatiendo ahí aún con afinco. ¡Todo está errado! Habrá que venir primero aún la inevitable consumación de un fin terrible, antes que algunos aún puedan despertar de ese sueño.

El regreso aún es posible. ¡A cada uno! ¡Pero en la brevedad vendrá, finalmente, el “demasiado tarde” para siempre, contrario a todas las esperanzas de tantos fieles, que cultivan las acepciones erróneas de que hay necesidad, sí, de un periodo más o menos largo para la indispensable purificación, dependiendo del propio ser humano, sin embargo, que por fin su camino tiene que conducir, pues, nuevamente rumbo hacia la Luz, hacia la alegría eterna, hacia la felicidad de la proximidad divina!

Ese pensamiento es un consuelo agradable, sin embargo, incorrecto, no correspondiendo a la Verdad. —

Observemos una vez más con calma y lucidez, sin embargo, en rasgos largos, el grande proceso evolutivo de la Creación y de las criaturas humanas, que a ella pertenecen. Prestad atención exactamente a la ley primordial de la igual especie, que frecuentemente he explicado, incluyendo todo cuando ella encierra de inmutables e indispensables consecuencias en el acontecimiento:

La materialidad, cual un gran campo de cultivo, sigue en el gigantesco circular orbital en la orilla más baja de la Creación toda, como la parte más pesada. Desde la semilla primordial, en constante movimiento, se desenvolviendo continuamente, cada vez más se congregando, formando hasta los astros a nosotros visibles, a los cuales pertenece esta Tierra. Por lo tanto, madurando hasta la máxima florescencia y fructificación, que corresponde al nuestro tiempo, para entonces, en la sobre maduración venidera, completamente por si sólo, según las leyes de la Creación, decomponerse nuevamente, disolverse en la semilla primordial que, prosiguiendo, recibe continuamente la oportunidad de atarse y formarse nuevamente. —

Así es el cuadro global, serenamente observado desde arriba.

La materialidad en sí nada más es de lo que la materia, que sirve para el formar, para envoltorios, y que solamente llega a la vida, cuando el enteal no-material, que paira por encima de ella, la prepasa y entonces, a través de la ligazón, la encandece.

La ligazón de esa materia con el enteal no-material forma una base para el desenvolvimiento continuo. Del enteal se forman también todas las almas de animales.

Por sobre esas dos divisiones básicas, del material y también del enteal, se encuentra aún, como división más elevada de la Creación, el espiritual. Es una constitución por sí, conforme mis lectores ya lo saben. Desde ese espiritual parten las semillas que desean constituirse en los espíritus humanos auto concientes.

Solamente en el campo de cultivo de la materialidad es que tal semilla del espíritu alcanza madurar, para tornarse un espíritu humano autoconsciente, igual al grano de trigo que en el campo de cultivo se transforma en una espiga madura.

Su penetración en el campo de cultivo material, sin embargo, sólo es posible cuando éste haya alcanzado cierto grado de desenvolvimiento, que corresponde a la constitución del espiritual, que está situado en el punto más elevado de toda la Creación.

Es aquella época en que la Creación produce el cuerpo animal desenvuelto al máximo, en lo cual un mayor desenvolvimiento a través del alma animal proveniente del enteal no más es posible.

Una pequeña copia, una repetición de ese gran fenómeno universal, por ejemplo, constituye más tarde, siempre de nuevo, también el nacimiento terreno del alma humana, de la misma forma, sin embargo, que en un ser humano, como corona de la Creación, por lo tanto, como la criatura más elevada criada, se refleja todo el fenómeno universal. Una alma humana también solamente puede penetrar en el cuerpo infantil en formación en el vientre materno cuando ese cuerpo haya alcanzado una muy determinada maduración. No antes. Sólo el indispensable estado de maduración abre el alma hacia el camino para la penetración. Ese momento se encuentra en el medio de una gestación.

¡Así, igualmente, en el gran fenómeno universal, la época del desenvolvimiento máximo del cuerpo animal también ocurre en el medio, es decir, en la mitad del circular orbital de toda la materialidad! Que el lector preste mucha atención en eso.

¡Toda vez que en ese punto el enteal del alma animal hubo antaño alcanzado el máximo en el desenvolvimiento del cuerpo de la materialidad, él ha abierto automáticamente en esa circunstancia, entonces, el camino hacia la penetración del espiritual, situado por encima de él!

La semilla espiritual, ahora como el más ínfimo en su igual especie espiritual, por su parte, sólo podría entrar en la obra-prima máxima del enteal situado bajo ella, por lo tanto, en el cuerpo animal desenvuelto al máximo por éste.

En ese penetrar, por su constitución, toma naturalmente pronto en las manos la dirección de todo, y puede entonces conducir el cuerpo por ella habitado, así como todo su ambiente terreno, aún a un desenvolvimiento continuo, lo que el enteal no habría logrado. Con eso se desenvuelve, de modo totalmente natural, concomitantemente también el espiritual.

Así el breve cuadro de todos los fenómenos en la Creación, cuyas minucias exactas aún daré en disertaciones posteriores, incluso en todas las mínimas partes.

Nosotros pertenecemos a la primera de todas las partes de ese circulo de materialidad, nos encontramos como los primeros en el primer plan en la punta de su circular. Antes de nosotros, nada hubo de especie semejante, sin embargo, después de nosotros, será eterno.

Por lo tanto, la parte, a la cual también nosotros pertenecemos, pasa, antes de todas las demás, por todos los acontecimientos por la primera vez. Es por eso, también, que la Tierra tiene un papel especialmente importante, porque en ella, como cuerpo celeste grueso material más maduro, tienen que efectuarse todos los acontecimientos universales incisivos.

No es, por lo tanto, aún ninguna repetición lo que ahora vivenciamos, y lo que aún está delante de nosotros. ¡Tampoco, por acaso, algo ya ocurrido en los acontecimientos universales! —

Volvamos a la primera entrada de los gérmenes de espíritus humanos en esta materialidad, por lo tanto, en la mitad del circular orbital de la materialidad. Los animales de antaño, desenvueltos al máximo, que hoy son erróneamente denominados como seres humanos primitivos, se han extinguido. De ellos, solamente han sido conducidos al perfeccionamiento aquellos cuerpos, en los cuales habían penetrado gérmenes espirituales, en lugar de las almas enteales de animales. Los gérmenes espirituales maduraron en ellos en múltiplas vivencias, elevaron el cuerpo animal hasta el cuerpo humano ahora por nosotros conocido, se dividieron en razas y pueblos. – El grande pecado original había quedado hacia tras. Fue la primera acción de decisión espontánea luego de la auto concientización de los gérmenes espirituales, ha consistido en colocar el intelecto por sobre el espíritu, y dejó crecer el pecado hereditario de graves consecuencias, que muy rápidamente ha producido los frutos huecos del dominio del intelecto, de modo nítido y fácilmente reconocible. El pecado hereditario es también el cerebro unilateralmente desenvuelto, debido a la actividad unilateral del intelecto, que como tal se transmite constantemente por herencia. Ya muchas veces me he referido a ese hecho, *(Disertación Nro 9: Pecado hereditario) y con el tiempo aun hablaré de eso mucho más a minuciosamente. Seguramente, también aún habrá personas que, ante la dirección así señalada, podrán cooperar alegremente en esa gran obra de aclaración.

Incesantemente el circular orbital siguió su trayecto. La humanidad, sin embargo, desviándose, causó la paralización y confusión en el progreso necesario. En medio a la confusión, el pueblo judío cayo bajo el conocido pesado yugo de los egipcios. La aflicción y el fuerte anhelo por la liberación permitieron que las almas madurasen más rápidamente. ¡Por esa razón, ellos tomaron espiritualmente la delantera de todos los demás, porque, debido a esa fuerte conmoción de intuiciones libres de connotación sexual, miraron de manera correcta, sobretodo, hacia dentro de sí mismos y también hacia las almas de sus opresores! Después que intuyeron con clareza que todo cuanto es terrenal y incluso la más aguzada inteligencia del intelecto no más podían ayudar, con lo que reconocieron igualmente el vacío de sus almas, el ojo espiritual aprendió a ver con más nitidez, y lentamente surgió por ultimo un concepto de la divinidad, propiamente, más verdadero y elevado de lo que hasta entonces lo tenían. Y las oraciones prepasadas por el dolor se elevaron nuevamente con más intensidad hacia las alturas.

Por ese motivo, el pueblo judío pudo tornarse el pueblo convocado, lo que se hallaba espiritualmente en la delantera de los demás, por haber tenido una concepción, la más pura hasta entonces, del concepto de la divinidad. Tanto cuanto era posible en aquel tiempo, considerado el grado de madurez del alma humana.

¡Les pido que no confundan madurez espiritual con saber aprendido, pero siempre de nuevo que recuerden que lleno de espíritu corresponde a lleno de alma!

La máxima madurez espiritual de antaño de los judíos, pues, los capacitaba también a recibir por intermedio de Moisés una voluntad clara de Dios bajo la forma de leyes, que significaban el mayor tesoro para el desenvolvimiento continuo, proveyendo el mejor y más fuerte apoyo.

Como el fenómeno universal, de manera muy natural, solamente se concentrará siempre en el lugar de mayor maduración, así él se ha centralizado antaño, poco a poco, en ese pueblo humano judío que espiritualmente maduraba cada vez más. —

Pero aquí, por su parte, el fenómeno universal no debe ser confundido con la historia mundial terrena, que se halla muy lejos del fenómeno universal propiamente, y que reproduce, en la mayoría de las veces, solamente los efectos del libre-arbitrio del espíritu humano, tantas veces aplicado erradamente, y el cual siempre lanza solamente muchas piedras en el verdadero fenómeno y produce con eso muchas veces torsiones transitorias y confusiones terrenas.

El pueblo judío se hallaba, en aquel tempo, en la delantera de los demás en su culto religioso y en su concepción, por lo tanto, también más cerca de la Verdad.

La consecuencia lógica de eso ha sido que, recíprocamente, la anunciación de una encarnación originaria desde la Luz también tenía que venir solamente por ese camino, lo cual, por ser lo más cierto, podía llegar hasta la proximidad más inmediata. Los demás caminos, debido a su mayor distancia de la Verdad, no podían estar libres para tales posibilidades, porque se perdieron en errores.

Por su parte, según la ley de la igual especie, absolutamente indispensable para un actuar, ni era posible de otra manera, sino que un portador de la Verdad, originario desde la Luz, en su encarnación, solamente pudiese seguir aquél camino, que se encuentra absolutamente más cerca de esa Verdad, que viene al máximo hacia el encuentro de ella en su semejanza. Solamente eso provee un apoyo indispensable, atrae, mientras las concepciones falsas rechazan y cierran sistemáticamente uno camino para la penetración y la venida proveniente desde la Luz.

La ley de reciprocidad y la de igual especie tienen que llegar, también aquí, necesariamente al pleno valor. Las leyes primordiales abren o cierran un camino en sus efectos uniformes e inmutables.

La circunstancia provee, al mismo tiempo, naturalmente, la comprobación para el hecho de que el pueblo, en lo cual Cristo ha encarnado, como el gran portador de la Verdad, tenía que tener la visión más pura del divino y de su actuación, que, por lo tanto, todas las demás religiones existentes en aquella época no llegaron tan cerca de la Verdad. El budismo, por ejemplo, no estuvo y no está, por consiguiente, tan cerca de la Verdad, pero se equivoca en muchas cosas. Pues las leyes en la Creación no mienten. En una calma reflexión, cada uno debe, por eso, llegar hacia el camino cierto, siendo pronto sacado de su hesitación. —

Cuando, sin embargo, en ese intervalo, también entre los judíos se inició de nuevo el dominio del intelecto en la religión y crió ambición innoble, auxilió entonces nuevamente el pesado puño de los romanos, para que permaneciese aún un pequeño grupo en legitimo reconocimiento, a fin de que el Verbo pudiese ser cumplido.

Mis auditores se deben empeñar para ocuparse una vez en forma más profunda y amplia con el efecto de las leyes de la necesaria igual especie para la actuación, bien como lo de la reciprocidad y de la gravedad, imaginarlo en todas las direcciones, buscar en ellas todas las minuciosidades. Pronto reconocerán en eso lo que mantiene y comprende todo, bien como lo que es vivo. Equipados con esas llaves, se orientarán rápidamente en cualquier acontecimiento. Ellos deben percibir que es realmente la llave universal, con la cual pueden abrir cualquier portal. No a través de fantasía y mística desnecesarias, pero con el mirar claro del reconocimiento sin lagunas. —

De la misma forma que un germen espiritual, en su especie aún no desenvuelta, sin embargo, siempre más elevada, sólo puede penetrar en una parte del Universo que se encuentra en condiciones adecuadas, jamás, sin embargo, en una demasiado inmatura para eso, tampoco en una demasiado madura para tanto, como lo es hoy nuestra parte del Universo, donde sólo pueden vivir aún almas que ya hayan encarnado varias veces, diferente no es el acontecimiento en la encarnación de un portador de la Verdad, proveniente desde la Luz. Su venida sólo puede ocurrir en la parte de la humanidad más madurada para eso. Las condiciones de todas las leyes tenían que ser cumplidas de la forma más severa en el caso del emisario proveniente del divinal. Sólo podría haber sido encarnado, por lo tanto, en aquellas concepciones que se acercasen al máximo de la Verdad.

¡Así como el germen espiritual solamente puede penetrar en la materialidad después que el enteal haya llegado a su punto supremo en el actuar, donde sin el penetrar del germen espiritual hay que resultar una estagnación y con eso un retroceso, de la misma forma fue alcanzado, antes de la venida de Cristo, un punto aquí en la materia en que el espiritual, en la perdición debido al pecado hereditario, no más podía progresar! ¡El libre arbitrio que reside en el espiritual, en lugar de favorecer todo cuanto existe, había impedido el desenvolvimiento en dirección hacia el alto, deseado en la Creación, ha conducido todas sus facultades, ante elevación del intelecto, unilateralmente solamente para lo que es material. Este era un momento de mayor peligro!

El enteal, sin la pose del libre-arbitrio, había realizado muy naturalmente el desenvolvimiento de la Creación, por lo tanto, con acierto, según la divina voluntad del Criador. El espiritual, sin embargo, con su libre-arbitrio, se tornara incapaz para eso a causa del pecado original, trajo solamente confusión y retraso en el desenvolvimiento continuo de la materia. La utilización errada del poder a él dado para conducir la fuerza criadora divina, como indispensable progreso en la materialidad madurada, tuvo incluso que llevar a la caída, en lugar de al desenvolvimiento máximo. A través del pecado original, el espíritu humano retrasó de modo violento toda verdadera evolución progresiva; ¡pues conquistas técnicas terrenales no son propiamente un progreso en el sentido del fenómeno universal deseado por Dios! ¡Por eso, ha sido necesario el auxilio más urgente, la intervención del propio Criador!

Cada siglo siguiente habría aumentado el mal de tal modo, que una posibilidad de camino para auxilio divino quedaba con el tiempo totalmente excluida, toda vez que el dominio del intelecto habría interceptado, poco a poco, totalmente cualquier comprensión de todo lo que es realmente espiritual y, aún más, de lo que es divinal. ¡Hubiera hecho falta entonces cualquier base de anclaje para una encarnación venida de la Luz!

Por eso, hubo que se actuar rápidamente, porque aún no había llegado el tiempo del Hijo del Hombre, lo cual, en aquella época, ya se hallaba en el desenvolvimiento para su misión.

¡Debido a esa urgencia, se originó el gran misterio divino, que Dios, en favor de la Creación, hizo el sacrificio de enviar a la Tierra una parte de la divinidad, a fin de llevar Luz a los que se perdieron!

¡Esta venida de Cristo aún no estaba prevista en el principio!

¡Solamente la utilización errada del libre-arbitrio por la humanidad en el pecado original y sus consecuencias tornaron necesaria la intervención divina, contraria a Su voluntad original! ¡El enteal en la materia había cumplido su misión en la evolución de la Creación, el espiritual más elevado, sin embargo, falló totalmente a través de los seres humanos! Incluso peor; pues utilizo la fuerza de resolución a él concedida directamente en sentido contrario, y se tornó con eso hostil a la voluntad divina, con Su propia fuerza, entregue al espiritual para utilización. Cuán grande sea la culpa, el propio ser humano puede imaginar.

¡El nacimiento de Cristo no fue, por lo tanto, cumplimiento de las promesas y revelaciones que prometió a los espíritus humanos, como regalo de Dios, el eterno mediador! Pero fue un acto de emergencia divino para toda la Creación, que estaba bajo la amenaza de ser minada por el espíritu humano en perdición.

Eso resulta también que la parte divina, antaño encarnada en Jesús Nazareno, había que reingresar completamente hacia el Padre, hacia el divino, conforme el propio Cristo tantas veces acentuó. Ha que tornarse nuevamente uno sólo con Él. ¡Ese hecho comprueba también que él no puede ser el prometido mediador eterno entre Dios y la Creación, no el Hijo del Hombre, para eso prometido!

Este es el ultimo progreso para la Creación, él es, desde siempre, previsto solamente para el final de la primera parte de la materialidad, cuando entonces la Creación debe moverse de acuerdo, con el Hijo del Hombre en la vanguardia como eterno mediador, lo cual, con eso, es y permanecerá simultáneamente el siervo más elevado de Dios. Cristo, el Hijo de Dios, fue una parte del divino y, por eso, había que reintegrarse totalmente en el divino. El Hijo del Hombre es el siervo ejecutor de Dios, que es enviado desde el divino, sin embargo, que nunca más podrá reintegrarse totalmente en la divinidad, por haber recibido como propiedad inseparable, además del origen divina, también el puro espiritual. Él lo retiene de la constante reintegración en el divino. Solamente con eso se cumple entonces aquella revelación de la promesa del eterno mediador entre Dios y Su Creación, a la cual, pues, la humanidad también pertenece. —

Así lo es el curso de los acontecimientos universales hasta el fin. Uno resulta muy naturalmente del otro. Si el pecado original haya sido comprendido correctamente y, subsecuentemente, esta venida no predeterminada de Cristo haya sido comprendida como un acto de emergencia, entonces no será difícil la comprensión de lo demás, y todas las lagunas se rellenan por si mismas. Las cuestiones no solucionadas son eliminadas.

Solamente a través del mensaje de Cristo es que los portales del Paraíso fueron abiertos a los espíritus humanos madurados. Hasta ahí aún no existía la facultad de comprender con acierto el camino hasta allá. Sin embargo, ella debía perderse nuevamente en caso de tardanza, debido al desvío de los espíritus humanos, caso no tuviese venido auxilio inmediato. ¡El mensaje se destinaba a los seres humanos terrenos, bien como a los fallecidos, como cada mensaje de Dios, cada palabra de la Verdad luminosa!

Las criaturas humanas en ella oyeron, después de la severidad de las leyes, también de un amor, que hasta entonces aún no tenían podido comprender, pero que deberían desde allí por adelante desenvolver en sí. Por ese mensaje de amor, sin embargo, las leyes no fueron derrumbadas, al contrario, solamente ampliadas. Ellas deberían permanecer como aquella base firme, cuyo efecto encerraba en si tal amor. —

Por sobre esa palabra del Hijo de Dios se buscó también edificar más tarde, pero ya señalé en el inicio de mi disertación los errores que ahí se originaron debido a innumerables falsas presuposiciones. —

Contemplemos una vez más la historia cristiana. Uno puede sacar desde ahí las mejores lecciones, y, con eso, como por medio de una antorcha de luz, iluminar todas las religiones. Por toda la parte encontramos los mismos errores.

¡Cada uno de los pequeños y grandes portadores de la Verdad, sin excepción, tuvo que sufrir bajo escarnio y mofa, bien como bajo persecuciones y ataques de los queridos semejantes, los cuales, como también aún hoy, siempre se consideraban demasiado inteligentes y sabios para aceptar, a través de enviados de su Criador, la explicación de la voluntad de Él, principalmente considerando que estos enviados, de hecho, nunca han venido de las escuelas superiores de esa humanidad!

Una explicación de la voluntad divina es en el fundo siempre solamente la interpretación del funcionamiento de Su Creación, en la cual los seres humanos viven, a la cual ellos pertenecen. ¡Conocer la Creación, sin embargo, significa todo! Si el ser humano la conoce, entonces le es muy fácil utilizarse de todo cuanto ella encierra y ofrece. El poder utilizar, por su parte, le proporciona toda la ventaja. De esta forma, también en la brevedad reconocerá y cumplirá la verdadera finalidad de la existencia y, beneficiando todo, ascenderá rumbo a la Luz, para alegría propia y solamente para bendición de su ambiente.

Sin embargo, mofaron de cada mensajero y con eso también del propio mensaje. Ninguna vez se les ocurrió que éste fuese bienvenido, aunque realizase lo mejor. Él siempre ha permanecido un aburrimiento, lo que, evidentemente, se deja fácilmente explicar a causa del intelecto tan hostil a Dios, y que testifica por si la hostilidad a Dios. Cristo ha resumido el acontecimiento nítidamente en la alusión del amo que envió sus siervos para cobrar diezmos de todos sus arrendatarios. Pero, en lugar del pago, sus siervos fueron meramente escarnecidos y fustigados, antes de que fuesen mandados de vuelta con sarcasmo y de manos vacías.

Disfrazando, se nombra eso por su parte de parábola. ¡En apacible comodidad el individuo se coloca siempre al lado de eses hechos, sin jamás los hacer referencia a si propio! O siente la necesidad de declarar que es parte de una distinción de Dios, cuando Sus enviados tienen que sufrir así, en lugar de considerar eso como un crimen de esa humanidad, no deseado por Dios.

Como el intelecto necesita de lantejuelas y bisuterías para tapar su estrechez, que de otro modo se tornaría demasiado visible, se empeña casi que obstinadamente en mirar con absoluto desprecio para la simplicidad de la Verdad, porque ésta se le puede tornar peligrosa. Él propio necesita de cascabeles sonantes en la caperuza que veste. De muchas palabras pomposas, a fin de mantener viva la atención por sobre si. Y hoy más de lo que nunca. Sin embargo, el desprecio a la sencilla simplicidad de la Verdad hace mucho ya se convirtió en miedo. Se cuelga en esa necesaria caperuza multicolor de tontos más y más cencerros sonantes, para que suenen cada vez más alto con las contorciones convulsivas y los saltos, a fin de mantenerse aún algun tiempo en el trono usurpado.

¡Sin embargo, últimamente tales saltos ya se convirtieron en danza del desespero, a punto que se tornen a la brevedad la última danza de la muerte! Los esfuerzos se tornan más grandes, tienen que tornarse más grandes, porque el vacío prepasa cada vez más nítidamente todo aquél ruido. ¡Y con el pulo forzado al máximo, que se prepara, caerá finalmente la caperuza multicolor de la cabeza!

Entonces la corona de la Verdad sencilla se elevará irradiante y tranquilizadora para aquél lugar que sólo a ella le cumple.

Los examinadores sinceros, completamente confundidos por todo aquello que se encuentra tan grotescamente forzado a una altitud difícilmente comprensible, encuentran ahí finalmente, para el mirar, el firme punto de apoyo, un amparo. Podrán asimilar plenamente, sin esfuerzo, toda la Verdad, mientras que hasta ahora era preciso un gran esfuerzo para encontrar solamente una pequeña partícula.

¡Volver a la simplicidad en el pensar! En el contrario, nadie podrá comprender plenamente lo grande, y por eso jamás alcanzarlo. ¡Pensar de forma sencilla como los niños! Reside en eso el sentido de la grande expresión: “¡Si no os tornéis como niños, no podréis llegar hacia el Reino de Dios!”

El camino para tanto jamás podrá ser encontrado con el pensar tan complicado de hoy. Tampoco en las iglesias y en las religiones aún no es diferente. Cuando ahí uno dice que sufrimientos ayudan a acender y que por eso constituyen gracias de Dios, queda con eso así acogido un pequeño granosito de Verdad, pero de manera disfrazada muy desfigurada. ¡Pues Dios no quiere sufrimientos de Su pueblo! ¡Quiere solamente alegría, amor y felicidad! El camino en la Luz tampoco puede ser de otra manera. Y el camino hacia la Luz también sólo presenta piedras cuando la criatura humana antes ahí las coloca.

El granosito de Verdad en la doctrina del sufrimiento es que con el sufrimiento puede ser remida alguna culpa. ¡Pero eso sólo ocurre allá, donde una persona reconoce concientemente tal sufrimiento como merecido! Igual al ladrón que imploró en la cruz.

De modo insensato vive hoy todo el mundo. Incluso aquellos que hablan de manera tan inteligente sobre remisiones de karma. Se engañan en eso, porque es mucho más difícil aún de lo que imaginan esos pretensos sabedores. ¡Pues efectos retroactivos de karma ni siempre constituyen también las remisiones! A eso fije bien cada persona. ¡Al contrario, en ese caso muchas veces se puede decaer aún más profundamente!

Una ascensión depende, a pesar de los efectos retroactivos de culpa, exclusivamente de la disposición interior de cada persona. ¡De como maniobra el grande timón dentro de sí, si hacia arriba, hacia delante o hacia bajo, de esa manera, y no diferentemente, seguirá a pesar de todas las experiencias vivenciales!

Aquí se evidencia que ella no es tampoco puede ser un juguete, pero si tiene que conducir el verdadero camino únicamente por la fuerza de su libre-arbitrio. ¡Ahí ese arbitrio permanece siempre libre hasta el ultimo momento! Aquí cada persona es realmente su libre señor, sin embargo, debe contar incondicionalmente con las... idénticas consecuencias de sus disposiciones, que la conducen hacia arriba o hacia abajo.

Si, sin embargo, maniobra su timón hacia arriba, a través de reconocimiento y firme voluntad, entonces los malos efectos retroactivos la alcanzan cada vez menos, se efectuarán por ultimo en ella hasta solamente de modo simbólico, porque ya fue alijada de los planos inferiores de malos efectos retroactivos, debido a los esfuerzos ascendentes, aunque aún se encuentre en esta Tierra. Pasan por bajo de ella. No es necesario, en absoluto, que una persona tenga que sufrir, cuando se esfuerce rumbo a la Luz.

Por eso, sacad la venda de los ojos, que fue colocada, para no temblar delante del abismo que hace mucho se abrió. Tranquilidad transitoria no es ningún fortalecimiento, significa solamente pierda de tiempo, que jamás podrá ser recuperado.

Hasta ahora nunca se tuvo la explicación y fundamentación acertada para el sufrimiento terreno. Por eso, se presentó paliativos como un narcótico, los cuales, siempre de nuevo, son transmitidos sin reflexionar a los que sufren, con palabras más o menos habilidosas. ¡El gran error unilateral de todas las religiones!

Y cuando alguien que busca de modo totalmente desesperado exige una respuesta demasiado clara, entonces, simplemente se coloca aquello que no se comprende en el reino del divino misterio. Ahí deben desembocar todos los caminos de preguntas no resueltas, como puerto de salvación. ¡Pero así se revelan nítidamente como siendo los caminos errados!

Pues cada camino cierto tiene también un fin claro, no debe conducir a impenetrabilidades. Allá, donde “indesvendables caminos de Dios” deban servir como explicación, ocurre una fuga resultado de inconfundible ignorancia.

Para los seres humanos no es necesario haber misterio en la Creación, no debe haber; pues Dios quiere que Sus leyes, que actúan en la Creación, sean bien conocidas por los seres humanos, a fin de que puedan orientarse de acuerdo con ellas y, por intermedio de ellas, completar y cumplir más fácilmente su trayecto por el mundo, sin perderse en la ignorancia.

¡Una de las concepciones más fatales, sin embargo, sigue siendo el brutal asesinato del Hijo de Dios como uno sacrificio necesario en favor de la humanidad!

¡Pensar que ese brutal asesinato del Hijo deba reconciliar uno Dios!

¡Toda vez que no se puede encontrar lógicamente ninguna aclaración para esa extraña concepción, de esta manera las personas se esconden de modo embarazado nuevamente tras la tan frecuentemente utilizada muralla de protección del divino misterio, por lo tanto, de un fenómeno que no pudiese tornarse comprensible a un ser humano!

Sin embargo, Dios es tan claro en todo lo que hace. ¡La propia clareza! Él crió, pues, la naturaleza a partir de Su voluntad. ¡Por lo tanto, lo que es natural tiene que ser exactamente también lo cierto! Por ser la voluntad de Dios absolutamente perfecta.

Pero el holocausto en la cruz tiene que ser antinatural a cada sensatez, por ser, además de eso, injusto contra el Hijo de Dios inocente. Ahí no hay siquiera un contornar tampoco un esquivarse. ¡Seria, pues, mejor si la criatura humana confesase una vez, de modo sincero, que algo de esa especie es realmente incomprensible! Puede empeñarse como quiera, no llega ahí a ninguna conclusión, y no más puede comprender a su Dios en ese caso. ¡Sin embargo, Dios quiere ser comprendido! Él también lo puede, porque la manifestación de Su voluntad reside claramente en la Creación, nunca se contradiciendo. Son solamente los seres humanos que se empeñan en introducir cosas incomprensibles en sus investigaciones religiosas.

La penosa construcción para el falso pensamiento básico de un holocausto necesario con la muerte en la cruz ya queda deshecha por las palabras del propio Salvador, en la ocasión en que lo crucificaron.

Padre, perdonadles; pues no saben lo que hacen!” ¿Sería, pues, necesaria esa intercesión, si la muerte en la cruz debiese ser un sacrificio necesario para la reconciliación? “¡No saben lo que hacen!” es, pues, una acusación de la más grave especie. Una indicación nítida de que está errado lo que hacen. Que ese acto fue solamente un crimen común.

¿Hubiera Cristo rogado en el Getseman que el cáliz del sufrimiento le fuese desviado, si la muerte en la cruz debiese ser un holocausto necesario? ¡Jamás! ¡Cristo no lo hubiera hecho! Así, sin embargo, sabia que las torturas que lo aguardaban eran solamente una consecuencia del libre-arbitrio humano. Y por eso su ruego.

Ciegamente uno pasó delante eso durante dos milenios y sin reflexionar se aceptó a cambio lo más imposible.

¡De modo doloroso tiene que oírse, muy a menudo, las opiniones de que los preferidos entre los actuales discípulos y discípulas de Jesús son agraciados con sufrimientos corpóreos, como, por ejemplo, estigmas! *(Llagas)

Naturalmente, todo eso resulta solamente de esa falsa interpretación de los sufrimientos terrenos de Cristo. Tampoco puede ser de otro modo. Cuáles sean las pesadas consecuencias personales que eso puede causar, quiero aún mencionar.

¡Cuánta irreflexión se hace menester y qué bajo servilismo, imaginar el Todo-Poderoso Criador del cielo y de la Tierra de un tal modo, que pudiese actuar de esa manera! ¡Es, pues, sin cualquier duda, la más pecaminosa degradación de la sublime divinidad, para cuya imaginación de la esencia lo más bello todavía no pude ser suficientemente bello, lo mejor, solamente muy inferior, para con eso acercarse solamente un poco de la realidad! ¿Y consideran ese gran Dios capaz de exigir que el ser humano, lo cual él crió, tenga que contorcerse en dolores delante de Él, cuando Él o agracia?

¡Cómo podrá seguirse a eso una ascensión!

¡Los seres humanos forman su Dios conforme ellos lo quieren tener, ellos Le dan la dirección de su voluntad! Y ay de Él, si no sea así conforme piensan, entonces, sin más ni menos Él será rechazado, así como son rechazados, combatidos, como una prueba, inmediatamente aquellos que osan ver Dios mucho mayor y más sublime. No hay grandeza en las concepciones humanas de hasta ahora. ¡Por el contrario, atestan solamente la fe inquebrantable en el valor propio, por cuya benevolencia un Dios tiene que mendigar, de cuyas manos sangrientas le fue permitido recibir de vuelta Su Hijo, ridiculizado y escarnecido, martirizado y torturado, que Él antaño había enviado en auxilio con el mensaje salvador!

¿Y aún hoy se pretende sostener que, para Dios, todo eso fue un necesario sacrificio reconciliador? Cuando el propio Cristo, bajo sus tormentos, ya totalmente desesperado delante esa ceguera, clamó: “¡Ellos, pues, no saben lo qué con eso hacen!”

¿Existe, en fin, entonces aún una posibilidad de llevar la humanidad hacia el camino cierto? Incluso los más graves acontecimientos siempre son aún demasiado débiles para tanto. ¡Cuándo, finalmente, el ser humano reconocerá cuan profundamente, en la realidad, él ha hundido! ¡Cuán vacías y huecas son las ilusiones que ha criado para si!

Pero apenas cuando se examine solamente un poco más profundamente, entonces se encuentra el egoísmo encapsulado en la forma más legitima. Aunque se hable ahora por todos los rincones de una búsqueda por Dios con palabras bombásticas, esto es una vez más un grande hipocresía en la usual vanidad, a la cual hace falta totalmente cualquier anhelo realmente sincero por la Verdad pura. Se busca solamente auto-endiosamiento, nada más. ¡Persona alguna se empeña para comprender Dios!

Con sonrisas pretenciosas pronto colocan rápidamente de lado la simplicidad de la Verdad, sin dar atención a ella; pues se consideran demasiado instruidos, demasiado elevados y demasiado importantes para que su Dios aún deba ocuparse con lo que es sencillo. Él tiene que ser mucho más complicado, por honor a ellos. ¡En el contrario, pues, no vale la pena creer en Él! Como se podría, según la acepción de ellos, reconocer aún algo que sea fácilmente comprensible a cada ignorante. Algo así no se puede tachar de grande. Hoy no más debe ocuparse con eso, si no se torna ridículo. Dejad eso a los niños, las mujeres viejas y los ignorantes. No es, pues, para criaturas humanas de intelecto tan instruido, de tal inteligencia, las cuales son ahora encontradas entre las personas cultas. ¡El pueblo que se ocupe con eso! ¡La cultura y la sabiduría sólo pueden ser medidas con la escala de grandeza en la dificultad de las posibilidades de comprensión! —

¡Son ignorantes, sin embargo, los que así piensan! ¡No son dignos siquiera de recibir una sólo gota de agua de las manos del Criador por intermedio de la Creación!

¡Por limitación, se privaron de la posibilidad de reconocer la grandeza deslumbrante en la sencillez de las leyes divinas! Ellos son, en el sentido literal, incapaces para tanto, o, hablando de modo muy claro, demasiado broncos, debido a su cerebro unilateral tan atrofiado, que hasta hoy llevan consigo como un trofeo de las mayores conquistas, ya desde la hora del nacimiento.

Constituye un acto de gracias del Criador, si Él deje que fenezcan en la construcción que irguieron; pues, para donde se mire, todo es hostil a Dios, desfigurado por la mórbida manía de grandeza de todos los seres humanos de intelecto, cuya incapacidad se evidencia poco a poco por toda parte.

¡Y eso ya viene creciendo desde hace milenios! Eso trajo consigo inevitablemente el envenenamiento en las iglesias y en las religiones, toda vez que, como mal corrosivo, ha sido la consecuencia imprescindible de aquél pecado original, donde el ser humano ha decidido irrestrictamente en favor del dominio del intelecto.

¡Y ese falso dominio siempre ha engañado a las criaturas humanas a él esclavizadas, en todo lo que se refiere al divinal! Y incluso en todo el espiritual.

¡Quién no derrumbe dentro de si ese trono y así se liberte, habrá que zozobrar junto con él!

Ya no más se debe decir pobre humanidad; ¡pues ellos son concientemente culpados, como jamás la criatura pudo tornarse culpada! La expresión: “¡Perdonadles; no más saben lo que hacen!” ¡no más es adecuada a la humanidad de hoy! Tuvieron más de una vez la oportunidad para abrir los ojos y los oídos. ¡Actúan plenamente concientes, y todo el efecto retroactivo habrá que alcanzarlos por eso en la medida más completa, integralmente! —

Por lo tanto, cuando se cierre el circulo de todo el acontecer de hasta ahora, sobrevendrá con eso para esta parte del Universo, por la primera vez madurada en toda la Creación, el corte, la cosecha y la separación. Nunca, desde la existencia de toda la materialidad, eso ha ocurrido hasta ahora; ¡pues nuestra parte del Universo antecede a todas las demás en el eterno circular, como la primera que debe pasar por eso!

Por eso también, hace dos mil años, el Hijo de Dios fue encarnado en esta Tierra. Fue un acontecimiento universal, que sucedió en la parte más madurada, en la primera parte de toda la materialidad, pero que nunca vendrá a repetirse; pues en las partes siguientes siempre seguirá se efectuando lo aquí acontecido. Así también acontecerá que esta parte, como primera, entrará en un nuevo acontecimiento, que nunca ha existido antes, pero que, después de nosotros, se repetirá siempre. Es un deshacerse de la materialidad formada, que lleva consigo la sobre maduración en acontecimiento natural. —

¡Está consumado! ¡Mostrado el camino hacia la Luz y, con él, hacia la vida eterna del espiritual personal! Los propios espíritus humanos pueden reflexionar ahora, en la ultima hora para una decisión, cuál el camino que quieren seguir: hacia la condenación eterna o hacia la alegría eterna; ¡pues tienen, conforme la voluntad divina, la libre escoja para eso!

Mensaje del Grial de Abdrushin


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