En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


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Contenido


70. Aprendizaje del ocultismo, alimentación de carne o alimentación vegetal

Las tendencias, tanto del aprendizaje del ocultismo como de la así llamada reforma de la vida, eligieron un elevado albo, alcanzarlo significa una nueva etapa en el desenvolvimiento de la humanidad. El tiempo de la concretización de esos valiosos albos también vendrá. Los esfuerzos que ahora surgen para ese fin solamente hacen parte del proceso de fermentación de esa nueva era.

¡Sin embargo, mientras los lideres de las tendencias ocultistas, imbuidos de la mejor intención, tomaron un camino totalmente errado en el terreno a ellos mismos desconocido, que no consigue nada más sino abrir libre pasaje hacia las tinieblas y exponer la humanidad a peligros aumentados en el más Allá, los así nombrados reformadores de la vida, para conseguir su albo digno de alabanza, van mucho más allá del mismo, en relación a la época actual! Las actividades de ambas las partes deben ser emprendidas diferentemente. Los ejercicios espirituales exigen, desde la base, una manera más elevada de lo que hasta ahora practicados. Debe ser tomado ahí un camino totalmente diferente, a fin de poder llegar hacia las alturas. El actual camino lleva únicamente al pajonal inferior del más Allá, donde la mayor parte de los seguidores es enteramente enlazada por las tinieblas y arrastrada hacia bajo.

El camino cierto tiene que conducir hacia el alto ya desde el inicio, y no debe perderse primero en ambientes inferiores y, en lo máximo, de nivel idéntico. Los dos caminos no tienen ninguna semejanza, ya son completamente diferentes en su especie básica. El camino cierto pronto eleva interiormente, sigue, por lo tanto, ya desde el inicio hacia arriba, sin tocar antes en el ambiente de materia fina equivalente, mucho menos aún en lo más inferior; pues eso es desnecesario, una vez que en el sentido normal sólo debe haber un anhelar desde la Tierra hacia arriba. Por eso, sea una vez más advertido con relación a toda la acrobacia del espíritu.

Durante su existencia terrena, el espíritu necesita para el pleno cumplimiento de su finalidad de existir, imprescindiblemente, de un cuerpo sano y robusto, terrenalmente en estado normal. En alterarse ese estado del cuerpo, tal alteración perturba la armonía urgentemente necesaria entre el cuerpo y el espíritu. Solamente ésa provee un desenvolvimiento sano y fuerte del espíritu, que no admite excrecencias malsanas.

El cuerpo sano y no oprimido, debido a su estado normal, armonizará siempre con el espíritu de modo absolutamente natural, brindándole así una base firme en la materialidad, en la cual el espíritu no se encuentra sin finalidad, y proveyéndole, con eso, el mejor auxilio para cumplir de modo integral esa su finalidad de auto desenvolvimiento y concomitante beneficio de la Creación.

Cada cuerpo genera determinadas irradiaciones que el espíritu necesita impreteriblemente para su actividad en la materialidad. Es esa, antes de todo, la tan misteriosa fuerza sexual, que permanece independiente del impulso sexual. En el caso de una alteración de la armonía entre el cuerpo y el espíritu, esa fuerza que actúa traspasando e irradiando es tirada hacia otra dirección y, con eso, debilitada en su finalidad real. Eso causa un estorbo o una paralización del cumplimiento en la existencia del espíritu en la materialidad. La consecuencia de eso es que también el espíritu no puede llegar a un desenvolvimiento normal y, por esa razón, incondicionalmente, tendrá que regresar extenuado en algun punto ulterior de su anhelada escalada, a fin de, por la naturaleza de la cosa, una vez más recuperar una gran parte de su curso evolutivo. Pues lo que él negligencia en la materia gruesa no lo puede recuperar en la materia fina, porque allá le hacen falta para tanto las irradiaciones del cuerpo de materia gruesa. Tendrá que volver, para llenar esa laguna.

También en esos acontecimientos se encuentra una tan nítida objetividad, un fenómeno tan natural y sencillo, que ni puede ser diferente. Cualquier niño no tendrá dudas sobre eso, y lo encontrará lógico, una vez que haya comprendido acertadamente las leyes básicas. Exige a mi aún toda una serie de disertaciones, para traer la Creación grandiosa tan cerca de la humanidad, para que ella pueda abarcar con la vista, aunque regresiva y progresivamente, todos los fenómenos en sus consecuencias más naturales en la incomparable y maravillosa conformidad de leyes.

Ese desvío de la fuerza sexual, necesaria al espíritu en la materialidad, puede ocurrir de diversas maneras. Por exceso de las practicas sexuales o solamente por su excitamiento. También como por el aprendizaje del ocultismo o por los falsos ejercicios espirituales, cuando el espíritu se apodera violentamente de esa fuerza del cuerpo madurado para desperdiciarla en esa especie de actividad errada e inútil. En ambos los casos una utilización errada que, con el tiempo, deberá resultar también la debilidad del cuerpo. El cuerpo debilitado, por su vez, no puede producir más irradiaciones tan fuertes como el espíritu realmente de ellas necesita, y así uno enferma debido al otro, más y más. Se llega de ese modo a una unilateralidad que siempre se procesa en detrimento de la finalidad correcta, produciendo por eso daños. No quiero entrar aquí en pormenores sobre otros desvíos, donde el espíritu, idénticamente, necesita demasiado de la fuerza sexual para finalidades erradas, no disponiendo por eso del suficiente para la finalidad principal, como en la absurda lectura de libros que dejan surgir en la fantasía un falso mundo y otras cosas más.

En todos esos casos el espíritu llega inmaturo al mundo de materia fina y lleva consigo también un cuerpo de materia fina débil. Las consecuencias de tales pecados terrenos intervienen en todo el ser de materia tan incisiva, que cada ser humano tendrá que pagar por eso con peso múltiplo. Tal negligencia, tal actuación errada durante el tiempo terreno, se adhiere entonces a él de modo inhibidor, y se torna para él cada vez más pesada, hasta que él, como ya fue dicho, en un cierto punto de su escalada, no puede más proseguir, y entonces tiene que regresas hacia allá, donde su actuación errada se inició. Es hasta el limite, donde aún poseía su armonía.

La fuerza de un espíritu desenvolvió por el aprendizaje del ocultismo, con perjuicio del cuerpo, es también solamente aparente. El espíritu entonces no es fuerte, pero si como una planta de invernadero, que mal puede resistir al viento, mucho menos aún a las tempestades. Un tal espíritu es malsano, y no evoluído. El estado corresponde a una fiebre producida artificialmente. También el enfermo febril puede disponer temporalmente de energías extraordinarias, para entonces recaer aún más en la debilidad. Pero lo que para el enfermo febril representa solamente segundos y minutos, para el espíritu corresponde a decenios y siglos. Llegará el momento en que todo eso se vengará amargamente. ¡Por eso, advierto una vez más! —

Por toda la parte la armonía es la única cosa cierta. Y únicamente el camino del medio proporciona armonía en todo. La belleza y la fuerza de la armonía son, pues, tan frecuentemente cantadas. ¿Por qué no se quiere dejarla valer aquí, pero destruirla absolutamente?

Todos los aprendizajes del ocultismo en el modo de ser de hasta ahora son errados, aunque el albo sea elevado y necesario. —

Totalmente diferente es con los guías y los adeptos de las así nombradas reformas de la vida. El camino aquí es cierto, si, pero se quiera hacer ya hoy aquello que solamente será adecuado para desde aquí a generaciones, y por esa razón es hoy, en el efecto final, no menos peligroso para la mayoría de los seres humanos. Hace falta la transición necesaria. ¡La época para el inicio está ahí! ¡Sin embargo, no se debe sin más ni menos saltar hacia adentro de ella con los dos pies, al contrario, se debe conducir la humanidad lentamente a través de ella. Para eso decenios no bastan! Conforme se practica actualmente, ocurre, en la realidad, aunque con aparente bien-estar del cuerpo, una debilidad debido a la velocidad de la transición. ¡Y el cuerpo así debilitado jamás conseguirá fortalecerse de nuevo!

¡Alimentación vegetal! Produce, muy acertadamente, el refinamiento del cuerpo humano, un ennoblecimiento, también el fortalecimiento y grande saneamiento. Con eso también el espíritu es aún más elevado. Sin embargo, todo eso no es ya para la humanidad de hoy. Se siente la falta de una dirección ponderada en esas tendencias y luchas. Para el cuerpo de hoy no basta, en circunstancia alguna, una alimentación vegetal así de inmediato, como se intenta tan frecuentemente. Es muy bueno, cuando empleada temporalmente, y tal vez durante años en enfermos, indispensable incluso, para curar algo o, fortaleciendo unilateralmente, ayudar en alguna parte, esto, sin embargo, no es para durar mucho tiempo. Deberá entonces ser reiniciada lentamente la alimentación a que hoy los seres humanos están tan acostumbrados, acaso si el cuerpo deba mantener su plena fuerza. La apariencia de bien-estar engaña. Seguramente es muy bueno cuando también los sanos una vez se utilizan durante algun tiempo exclusivamente de la alimentación vegetal. Sin duda se sentirán bien con eso y, igualmente, sentirán un libre impulso de su espíritu. Pero eso es causado por el cambio, como cualquier cambio refresca, también espiritualmente.

Si, sin embargo, mantengan la alimentación unilateral repentinamente para siempre, no notarán entonces que, en la realidad, también se tornan más débiles y para muchas cosas más sensibles. La serenidad y el estado de equilibrio, en la mayoría de los casos, no constituyen fuerza alguna, pero antes una debilidad de bien determinada especie. Se presenta de manera agradable y no opresiva, por no tener su origen en una enfermedad.

El equilibrio es semejante al equilibrio de la vejez aún sana, con excepción del cuerpo quedando más débil. Está, por lo menos, mucho mas próximo de esa especie de debilitad, de lo que de la debilitad de una enfermedad. El cuerpo no puede ahí, por la falta repentina de aquello a que está acostumbrado desde milenios, reunir aquella fuerza sexual de la cual el espíritu necesita para el pleno cumplimiento de su finalidad en la materialidad. —

Muchos fervorosos vegetarianos lo perciben por la leve moderación del impulso sexual, lo que saludan alegremente como progreso. Eso, sin embargo, no es de modo alguno la señal del ennoblecimiento de su espíritu a través de la alimentación vegetal, pero si la disminución de la fuerza sexual, que debe causar igualmente la disminución de su elevación espiritual en la materialidad.

Existen ahí errores por sobre errores, porque el ser humano casi siempre sólo ve ante si el más próximo. Seguramente es de saludarse y constituye un progreso cuando, por el ennoblecimiento del espíritu, el impulso sexual inferior se torna mucho más moderado de lo que es hoy. Cierto también es que ingerir carne aumenta el impulso sexual inferior, pero no debemos medir ahí por la humanidad de hoy; pues en ella el impulso sexual ha sido cultivado de modo unilateral y malsano, siendo hoy de todo antinatural. Eso, sin embargo, no se debe coeditar exclusivamente al uso de la carne.

La moderación del impulso sexual tampoco depende en absoluto de la disminución de la fuerza sexual. Al contrario, ésta es capaz de amparar, favoreciendo, el espíritu humano, lo liberando de la dependencia hoy pronunciada del impulso grueso. La fuerza sexual es incluso el mejor medio para eso. —

Los lideres de las actuales reformas de vida ya deben ser vistos, en sus esfuerzos, como pioneros de la grande época venidera de desenvolvimiento de la humanidad, que pasará bajo todas las circunstancias e impele hacia delante de modo incesante, victorioso, aunque si todo el antiguo oprimido haya de oponerse, luchando desesperadamente. ¡Sin embargo, esos pioneros deben antes tornarse lideres! Un líder no puede ignorar sin cuidados algo existente de la época actual. Él debe simultáneamente mirar hacia adelante hacia el futuro, también aún más Allá de todo lo que es grueso-material. Y entonces él reconocerá que, de la manera actualmente adoptada, debería quedar constantemente una laguna, que siempre será perceptible y, en el final, aunque con la mejor construcción, forzará un desmoronamiento. ¡Hace falta el puente! Para que los cuerpos de la humanidad de hoy también puedan acompañar, sin perjuicio para la actividad del espíritu.

La transición, como primero escalón, es la limitación exclusiva a la carne blanca. Es decir: aves, vitela, cordero y otras, al lado de la alimentación vegetal aumentada. Solamente así puede venir de a poco un paso tras el otro. Hasta que en el final, en calma transición, el cuerpo sea de tal modo preparado que pueda conservar la fuerza plena con la alimentación vegetal.

“¡No descuidad vosotros de vuestro cuerpo”, quiero clamar, advirtiendo, para un grupo! Para otro grupo, el contrario: “¡Pensad en el espíritu!” Entonces, lo que este cierto aún madurará de las confusiones de la época actual.

Sobre opiniones, que ningún animal deba ser muerto, ni entraré en pormenores ahora; pues también la planta posee un alma. Muestra solamente retraso, cuando se piensa de esa manera, y un no profundamiento en los secretos de hasta ahora de la Creación. —

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