En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


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Contenido


63. “¡Yo soy la resurrección y la vida; nadie llega al Padre, sino por mi!”

Jesús, venido del divinal, usó con derecho esas palabras, porque podía abarcar todo con la vista y era el único que podía aclarar realmente. Su mensaje, que no se deja separar de él propio, muestra, en medio a la confusión de las falsas concepciones, el camino claro hacia arriba, hacia la Luz. Eso significa para todos los espíritus humanos la posibilidad de que se eleven, o la resurrección de la materia en que ellos están hundidos para el propio desenvolvimiento continuo. ¡Tal resurrección es, para cada uno, vida!

Oigan, por favor, con atención: ¡toda la bajeza y todo el mal, por lo tanto, todo cuanto denominamos de tinieblas, se encuentra solamente en la materialidad, tanto en la gruesa como en la fina! Quién comprende eso acertadamente, éste ya lucró mucho con eso.

Apenas cuando el ser humano piense de modo malo o bajo, él se perjudica a sí propio enormemente. La fuerza principal de su voluntad fluye entonces en dirección a lo que es bajo, como un rayo magnético, enviado, y atrae, en virtud del propio peso, la materia fina más densa, por su parte también más oscura debido a la densidad, por lo que el espíritu humano, de quien se origina la voluntad, es envuelto con esa especie densa de la materialidad. También cuando la índole humana es preponderantemente dirigida solamente para las cosas terrenas como en el encanto de alguna pasión, que no necesita ser solamente inmoralidad, juego o borrachera, pero también puede ser una acentuada predilección por cualquier cosa terrenal, entonces un envoltorio de materia fina, más o menos denso, se cerrará al rededor de su espíritu, por el fenómeno que ya he mencionado.

Ese envoltorio denso, y por eso también oscuro, retiene el espíritu de cualquier posibilidad de escalada y permanece, en cuanto ese espíritu no altere el modo de su querer.

Sólo el querer sincero y un serio esfuerzo por el espiritual elevado pueden aflojar semejante envoltorio y por ultimo soltarlo totalmente, porque entonces no más recibe provisiones de fuerzas de igual especie, pierde a los pocos el apoyo y cae por fin disuelto para, con eso, libertar el espíritu para la escalada.

Por materia fina no debe ser entendido acaso un refinamiento de esa materia gruesa visible, pero es una especie totalmente extraña a esa materia gruesa, de otra constitución, pero que, sin embargo, puede ser llamada de materialidad. Es una transición para la entealidad, de la cual se origina el alma del animal.

Si, sin embargo, los seres humanos permanecen en la materialidad, entonces, de acuerdo con la naturaleza de la cosa, ellos tienen que ser arrastrados un dia hacia la descomposición de todo cuanto es material, que a ella está sujeto, porque ellos, debido a su envoltorio, no más consiguen desligarse de la materialidad en tiempo.

¡Ellos que, por deseo propio, hundieron en la materialidad para su desenvolvimiento, en ella permanecen atados, caso no mantengan el camino cierto! No consiguen realizar una re-emersión desde la misma, que significa una resurrección hacia el encuentro de la Luz. — —

Que a ellos les sirva de explicación más detallada, que todo el desenvolvimiento de un germen espiritual que anhela por la autoconciencia personal condiciona el hundir en la materialidad. Sólo por el vivenciar en la materialidad él puede desenvolverse en ese sentido. Ningún otro camino le queda abierto para tanto. Pero no será acaso forzado a eso, en el contrario, ocurrirá solamente cuando en él despierte el anhelo propio para eso. Su desear lo impulsa entonces hacia el encuentro del necesario proceso evolutivo. Hacia afuera del así llamado Paraíso del inconciente y, con eso, también hacia fuera del irresponsable.

Si las criaturas humanas en la materialidad, a causa de deseos erróneos, pierdan el camino cierto que conduce nuevamente hacia arriba, de vuelta hacia la Luz, permanecerán vagueando en la materialidad.

Ahora intenten una vez mirar para los fenómenos en la materia gruesa. Para el formar y el decomponer en su ambiente más próximo y visible.

Pueden observar en el germinar, crecer, madurar y decomponer el formarse, por lo tanto, la ligazón de los elementos básicos, el madurar y el regresar nuevamente para los elementos básicos ante desagregación, es decir, por la desintegración de lo que es formado en la descomposición. Pueden verlo nítidamente en el agua, también en las piedras por la así llamada erosión, en las plantas y en los cuerpos animales y humanos. Sin embargo, como aquí en las cosas pequeñas, así también ocurre exactamente en las cosas grandes y, por ultimo, de modo igual, en todo fenómeno universal. No solamente en la materia gruesa, que es visible al ser humano terreno, pero también en la materia fina, en el así llamado más Allá, que, sin embargo, aún nada tiene que ver con el Paraíso. — —

Toda la materialidad pende, cual enorme guirnalda, como la parte más baja de la Creación, y se mueve en un circulo enorme, cuyo trayecto abarca muchos millones de años. Por lo tanto, en el fenómeno de la grande Creación, todo gira no sólo al rededor de si mismo, pero, además de eso, el todo se mueve irresistiblemente y de forma especial aún en un circular gigantesco. Así como ese gran trayecto resultó de la primera ligazón hasta la perfección actual, de la misma forma sigue adelante, sin interrupción, hasta comenzar y a efectuarse la descomposición, regresando a la materia original. El circular, entonces, prosigue aún así tranquilamente también con esa materia original para, en la nueva ligazón que entonces se sigue, formar otra vez nuevas partes del Universo, las cuales traen en si energías virginales intactas.

Así es el grande proceso que se repite eternamente, tanto en las cosas mínimas como también en las máximas. Y arriba de ese circular está, firme, la primera Creación puramente espiritual, el así llamado Paraíso. Éste, al contrario de la materialidad formada, no está sujeto a la descomposición.

En ese puro espiritual eterno, que se encuentra resplandeciente arriba del circular, se encuentra el punto de partida del germen espiritual inconciente del ser humano. Es también el espiritual que constituye nuevamente la meta final para el espíritu humano, que en la materialidad se tornó conciente de si y con eso también personal. Sale como germen inconciente e irresponsable. Regresa como personalidad propia y conciente, y con eso también responsable, si... no si pierda en su camino necesario a través de la materialidad y por eso quede atado en ella, pero sí celebre la resurrección de ella como espíritu humano tornado plenamente conciente. Es el alegre re-emerger desde la materialidad, hacia el encuentro de esa parte luminosa y eterna de la Creación.

En cuanto el espíritu humano se encuentra, pues, en la materia, participa con ella de una parte del eterno grande circular, evidentemente, sin que él propio lo perciba. Y así él también llega finalmente un dia hacia aquel limite en que la parte del Universo, donde él se hallaba, va lentamente hacia el encuentro de la descomposición. Entonces, sin embargo, será el ultimo momento para todos los espíritus humanos que aún se encuentren en la materialidad, para que se apuren en tornarse de tal modo, que puedan escalar el puerto seguro y luminoso del reino eterno, es decir, encontrar el camino cierto y sobre todo también lo más corto, a fin de salir del alcance de los peligros que se inician en la materialidad, antes que éstos los puedan agarrar.

¡Si no lo consiga, se tornará para él cada vez más difícil y por ultimo demasiado tarde!

Él será entonces arrastrado, con todo lo demás, hacia la descomposición lenta, siendo ahí destruido su “yo” personal por él adquirido. Bajo miles tormentas se transformará con eso nuevamente en la semilla espiritual inconciente. Lo más horrible que puede suceder a un espíritu que haya se tornado personalmente conciente.

Son todos aquellos que desenvolvieron su personalidad en un rumbo errado. Ellos tienen que perderla por eso de nuevo, por ser inútil y nociva. Fijarse bien, descomposición no significa acaso destrucción. Nada puede ser destruido. Es solamente una retrogradación hacia el estado primitivo. Destruido será, en los así perdidos, el “yo” personal hasta ahora adquirido, lo que ocurre bajo los mayores tormentos.

Tales perdidos o condenados dejan de ser con eso espíritus humanos listos, mientras que otros pudieron entrar como espíritus autoconscientes en el reino eterno de la alegría y de la Luz, usufructuando concientemente todo aquel esplendor. —

Así como una labranza de trigo, luego de una serie de años, produce espigas cada vez peores, y solamente recibe nuevas fuerzas por la mudanza de las sembraduras, diferente no es en toda la materialidad. También ésta queda gastada un dia y debe recibir fuerza nueva a través de la descomposición y nueva ligazón. Tal proceso, sin embargo, requiere millones de años, llega una vez un determinado año como limitación decisiva para una separación necesaria de todo cuanto es útil de lo que es inútil.

Y esa época es ahora alcanzada por nosotros en el grande movimiento circular. El espíritu humano que se encuentra en la materialidad tiene que decidirse finalmente por la ascensión, o la materialidad lo mantiene agarrado para la descomposición venidera... que es la condenación eterna, de donde nunca más será posible una resurrección espiritual de modo personal y autoconsciente y una ascensión para la luminosa y eterna parte de la Creación, que paira arriba de tal descomposición. —

En el desenvolvimiento natural de lo todo, desde hace mucho ya fue quitada cualquier posibilidad de que los gérmenes espirituales que anhelan por la concientización puedan encarnarse en este plano terreno súper madurado, pues llevarían demasiado tiempo para salir aún a tiempo de esta materialidad como espíritus concientes de sí propios. En fenómeno natural, el curso de los gérmenes espirituales sólo encuentra aquellas partes del Universo que en eso tienen una especie igual, donde las necesidades de desenvolvimiento requieran exactamente el mismo tiempo que un germen espiritual necesita para el pleno desenvolvimiento, incluso en los casos más demorados. Solamente especie igual del escalón del desenvolvimiento provee camino libre al germen espiritual, mientras una maduración más adelantada de una parte del Universo establece barreras totalmente inaccesibles a los gérmenes espirituales inmaturos. También en eso queda de todo imposible la censura de una injusticia y de una falla. Cada espíritu humano puede, por consiguiente, con la maduración máxima del ambiente material, en lo cual se mueve, estar concomitantemente madurado en aquel limite donde se encuentra ahora aquella parte de la materialidad que en el presente habitamos.

¡No hay siquiera uno, que no pudiese estar maduro! La desigualdad entre los seres humanos es solamente la consecuencia necesaria de su propia voluntad libre. Entra ahora la materialidad, debido a la súper maduración, en descomposición, yendo con eso, concomitantemente, hacia el encuentro de su renacimiento.

Para el campo de los espíritus humanos llega, sin embargo, la siega, la cosecha, y con ella la separación. Lo que esté madurado será elevado hacia la Luz por los efectos de leyes naturales que permiten que sea quitado poco a poco el envoltorio de materia fina, a fin de que el espíritu liberto de eso se eleve concientemente hacia el reino de la igual especie, de todo cuanto es eterno-espiritual. Lo que no sirva, sin embargo, será retenido en la materialidad, debido a la densidad de su cuerpo de materia fina, por él propio deseada. El destino de éstos es entonces tal que su cuerpo de materia fina queda sujeto a las alteraciones que se inician en la materialidad, debiendo en ella sufrir dolorosísima descomposición por milenios. La amplitud de tal tormento se extiende por ultimo al espíritu humano de tal modo, que éste pierde la autoconciencia. Se desintegra con eso, por su parte también, la forma del imagen de Dios, la forma humana, adquirida a través de la conciencia. Luego de la desintegración total de lo que es material, regresando a la materia original, se torna otra vez libre la partícula espiritual ahora inconciente y se eleva de acuerdo con su especie. Sin embargo, no regresa como espíritu humano conciente, pero como semilla inconciente, que un dia reiniciará todo su trayecto en una nueva parte del Universo, debido a un nuevo anhelo que despierte.

Mirando desde ese alto mirador, por lo tanto, desde arriba hacia abajo, Cristo, como siempre, eligió sus palabras de tal modo y, con eso, describió un proceso absolutamente natural en el resurgir de la materialidad, en la cual la semilla espiritual hundió.

Imaginen solamente una vez se encontrando arriba de la materialidad.

Abajo de vosotros yace extendida, cual un campo de cultivo, la materialidad general en sus muchas especies. Venidas desde arriba, los gérmenes espirituales bajan ahora a la materialidad. Poco a poco, después de largo tiempo, emergen desde ahí, con muchos intervalos, espíritus humanos completos, que se tornaron autoconscientes en el vivenciar en la materia y con el impulso para que se esfuercen hacia arriba, pueden dejar hacia tras todo cuanto es material. ¡Éstos celebran con eso resurrección de la materialidad!

Pero ni todos los gérmenes reaparecen madurados en la superficie. Varios de estos quedan atrás, debiendo parecer inútiles en ella. —

Todo es exactamente así como en una labranza de trigo.

Como en el grano de trigo todo el misterioso verdadero desenvolvimiento se procesa dentro de la tierra para eso necesaria, así en un germen espiritual el principal desenvolvimiento se procesa dentro de la materialidad en general. —

Cristo, por medio de cada una de sus frases, aclara siempre figuradamente algun fenómeno natural en la Creación. — —

Si, pues, dijo: Nadie llega al Padre sino a través de mi mensaje, o a través de mi palabra, o a través de mi, es lo mismo. Quiere decir tanto, como: “Nadie encuentra el camino, sino a través de aquello que digo”. Uno significa lo mismo que el otro. De la misma forma, cuando dice: “Yo traigo a vosotros en mi mensaje la posibilidad de resurrección de la materialidad y, con eso, también la vida” o “Yo, con mi palabra, soy para vosotros la resurrección y la vida”.

Los seres humanos deben comprender el sentido, pero no confundirse siempre de nuevo con palabrería inútil. — — —

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