En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


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Contenido


45. El misterio Lucifer

Un velo grisáceo paira sobre todo lo que se relaciona con Lucifer. Es como si todo tuviese miedo de erguir la punta de ese velo. El retroceder asustado es en la realidad solamente la incapacidad de penetrar en el reino de las tinieblas. La incapacidad yace, a su vez, en la naturaleza de la cosa, porque también en ese caso el espíritu humano no consigue penetrar tan lejos, por serle puesta una limitación, debido a su constitución. Igual como no consigue ir hasta la altura máxima, de la misma forma tampoco puede penetrar hasta la profundidad más baja, además, jamás lo conseguirá.

Así, la fantasía ha criado substitutivos para lo que hacía falta, es decir, seres de varias formas. Se habla del diablo bajo las más extravagantes formas, del arcángel decaído y expulsado, de la corporificación del malo principio, *(Conducta, ley básica) y lo que aún más exista. De la verdadera naturaleza de Lucifer nada se comprende, a pesar de el espíritu humano ser alcanzado por él y, por lo tanto, muchas veces lanzado en el medio de una enorme discordia, que puede ser denominada de lucha.

Aquellos que hablan de un arcángel decaído, y también los que se refieren a la corporificación del malo principio son los que más se acercan del hecho. Solamente que también aquí hay una concepción errónea que confiere a todo una imagen errada. Una corporificación del malo principio lleva a pensar en el punto culminante, en la meta final, la encarnación viva de todo el mal, por lo tanto, la coronación, el final absoluto. Lucifer, sin embargo, al contrario, constituye el origen del principio errado, el punto de partida y la fuerza propulsora. Aquello que él provoca, tampoco se debería denominar de malo principio, pero sí de principio errado. Errado, entendido como el concepto de incorrecto, y no de injusto. El ámbito de acción de ese principio erróneo es la Creación material. Únicamente en la materialidad es que se encuentran los efectos de lo que es luminoso y los efectos de lo que es de las tinieblas, es decir, los dos principios opuestos, y en ella actúan constantemente sobre el alma humana, mientras ésta recorre la materialidad para su desenvolvimiento. Ahora bien, a cual principio el alma humana más se entrega, según su propio deseo, es decisivo para su ascensión hacia la Luz o bajada hacia las tinieblas.

Enorme es el abismo que existe entre la Luz y las tinieblas. Él es rellenado por la obra de la Creación de la materialidad, que se encuentra sujeta a la transitoriedad de las formas, es decir, a la descomposición de las respectivas formas existentes y a un nuevo formar.

Visto que un circuito, en acuerdo con las leyes que la voluntad de Dios-Padre coloca en la Creación, solamente puede ser considerado concluido y cumplido cuando su final vuelva al origen, así también el curso de un espíritu humano solamente puede ser tomado como cumplido cuando regresa al espíritu-enteal, que se encuentra más cerca de la Luz primordial, porque su semilla ha salido de ese espíritu-enteal. Dejándose desviar en dirección a las tinieblas, él resultará en el peligro de ser arrastrado hacia allá del circulo más externo de su curso normal, hacia las profundidades, de donde entonces no más podrá reencontrar la escalada. Él, sin embargo, tampoco consigue, a partir de las tinieblas fino-materiales más densas y profundas, ir aún más fundo, allá del limite extremo de las mismas, hacia afuera de la materialidad, como podría hacerlo hacia arriba, en dirección al reino espíritu-enteal, por ser éste su punto de partida, y, por ese motivo, será continuamente arrastrado junto en el poderoso circular de la Creación material, hasta, por ultimo, hacia la descomposición, porque su oscura vestimenta de materia fina, por lo tanto, densa y pesada, denominada también cuerpo del más Allá, lo retiene. La descomposición deshace entonces su personalidad espiritual como tal, adquirida durante la peregrinación por la Creación, de modo que sufre la muerte espiritual y será pulverizado a la semilla espiritual original.

El propio Lucifer se encuentra afuera de la Creación material, por lo tanto, no será arrastrado juntamente hacia la descomposición, como se da con las victimas de su principio; pues Lucifer es eterno. Se origina de una parte del divino-enteal. La discordia empezó después del comienzo de la formación de todo lo que es materia. Enviado para amparar el espíritu-enteal en la materia y favorecerlo en el desenvolvimiento, no cumplió esa su incumbencia en el sentido de la voluntad criadora de Dios-Padre, al contrario, eligió otros caminos de los que le fueran indicados por esa voluntad criadora, debido a un querer saber mejor, que le vino durante su actuación en la materialidad.

Haciendo malo uso de la fuerza que le fue concedida, ha introducido el principio de las tentaciones, en el lugar del principio del auxilio amparador, que equivale al amor servidero. Amor servidero en la acepción divina, que nada tiene en común con el servir esclavo, pero solamente visa la ascensión espiritual y con eso la felicidad eterna del próximo, actuando como corresponda.

El principio de la tentación, sin embargo, equivale a la colocación de trampas, en las cuales las criaturas humanas no suficiente firmes pronto tropiezan, caen y se pierden, mientras otras, al contrario, se fortalecen con eso en vigilancia y vigor, para entonces florecer poderosamente en dirección a las alturas espirituales. Todo lo que es débil, sin embargo, es de antemano entregue irremediablemente a la destrucción. El principio no conoce ni bondad, ni misericordia; le hace falta el amor de Dios-Padre, con eso, sin embargo, también la más poderosa fuerza propulsora y el más fuerte apoyo que existe.

La tentación en el Paraíso, narrada en la Biblia, muestra el efecto de la introducción del principio de Lucifer, al describir figuradamente como éste, ante tentación, busca probar la fuerza y la perseverancia de la pareja humana, a fin de, ante la menor vacilación, pronto lanzarla sin piedad en el camino de la destrucción.

La perseverancia hubiera sido equivalente a un someterse jubilosamente a la voluntad divina, que se encuentra en las leyes sencillas de la naturaleza o de la Creación. Y esa voluntad, el mandamiento divino, era de pleno conocimiento de la pareja humana. No vacilar sería al mismo tiempo un reconocimiento y un cumplimento de esas leyes, con lo que el ser humano puede beneficiarse de ellas, de modo cierto e irrestricto, y así tornarse el verdadero “señor de la Creación”, porque “sigue con ellas”. Entonces todas las fuerzas se encontrarán a su servicio, si no se oponga, y trabajarán naturalmente a su favor. Ahí consiste, entonces, el cumplimiento de los mandamientos del Criador, que nada más visan de lo que la manutención y el cultivo puro y libre de todas las posibilidades de desenvolvimiento que residen en Su obra maravillosa. Esa simple observancia es, alcanzando más lejos, a su vez, un conciente co-actuar en el sano desenvolvimiento ulterior de la Creación o del mundo material.

Quién no hace eso es un estorbo que, o tiene que dejarse lapidar para alcanzar la forma correcta, o será aplastado por las engranajes del mecanismo universal, es decir, por las leyes de la Creación. Quien no quiera curvarse tendrá que quebrar, porque no puede haber paralización.

Lucifer no quiere aguardar con bondad la madurez y el fortalecimiento graduales, no quiere ser, como debería, un jardinero amoroso que apara, protege y cuida de las plantas a él confiadas, al contrario, con él, literalmente, “el chivo se ha tornado jardinero”. Visa la destrucción de todo cuanto es débil y, en ese sentido, trabaja sin piedad.

En la verdad, él desprecia las victimas que se rinden a sus tentaciones y trampas, y quiere que perezcan en su debilidad.

Él también tiene asco de la bajeza y de la vileza que éstas victimas decaídas ponen en los efectos de su principio; pues solamente los seres humanos los transforman en la depravación repugnante en que se presentan, instigando Lucifer con eso más aún a ver en ellos criaturas que únicamente merecen destrucción, no amor y amparo.

Y para la realización de esa destrucción contribuye, no poco, el principio del vivir hasta agotarse, que se asocia al principio de la tentación, como consecuencia natural. El vivir hasta agotarse se procesa en las regiones inferiores de las tinieblas y ya es empleado terrenamente en la nombrada psicoanálisis *(Investigación del alma) por diversos practicantes, en la suposición de que también en la Tierra el vivir hasta agotarse madura y liberta.

¡Sin embargo, qué terrible miseria no debe resultar la practica de ese principio en la Tierra! Que desgracia debe causar, toda vez que en la Tierra, al contrario de las regiones de las tinieblas, donde solamente se junta aquello que es de igual especie, aún vive junto y lado a lado lo que es más oscuro como lo que es más luminoso. Basta que se piense solamente en la vida sexual y cosas análogas. Si un tal principio, en su practica, esté suelto sobre la humanidad, debe haber por fin solamente una Sodoma y Gomorra, de la cual no hay escapatoria, pero donde solamente el pavor de la peor especie puede traer un fin.

Pero, sin tomarlo en consideración, ya son vistas hoy innumeras victimas de doctrinas análogas, vagando por ahí inseguras, cuya diminuta autoconciencia, además, todo el pensar personal, terminó siendo deshojado totalmente y aniquilado allá, donde ellas, llenas de confianza, esperaban ayuda. Se encuentran ahí como personas, de cuyos cuerpos fueran arrancadas sistemáticamente todas las ropas, para que sean obligadas entonces a vestirse con nuevas ropas a ellas ofrecidas. Las así desnudas, sin embargo, en la mayoría de los casos, lamentablemente, no más pueden comprender porque todavía deben vertirse con nuevos trajes. Por la sistemática intromisión en sus asuntos y derechos, los más personales, han perdido con el tiempo también la intuición del pudor, conservador de la autoconciencia personal, sin lo cual no puede existir nada de personal y lo cual constituye propiamente una parte de lo que es personal.

En terreno así revuelto, pues, no se puede erigir ninguna nueva y firme construcción. Esas personas, con raras excepciones, permanecen dependientes, llegando incluso al desamparo temporario, visto que también les fue tomado lo poco apoyo que antes aún tenían.

Ambos los principios, lo de vivir hasta agotarse y lo de la tentación, están tan estrechamente atados uno al otro, que la tentación debe preceder incondicionalmente el vivir hasta agotarse. Es, por lo tanto, el efectivo cumplimiento y la diseminación del principio de Lucifer.

Para el verdadero medico de alma no hay necesidad de destruir. Éste cura primero y, entonces, continua edificando. ¡El verdadero principio proporciona una modificación de deseos errados a través de reconocimiento espiritual!

La practica de ese principio destituido de amor, sin embargo, tenia que, evidentemente, separar Lucifer, por la naturaleza de la cosa, cada vez más de la voluntad llena de amor del Criador omnipotente, lo que resulto la propia separación o expulsión de la Luz y, con eso, la caída cada vez más profunda de Lucifer. Lucifer es uno “que se ha separado por si propio de la Luz”, que equivale a un expulsado.

La expulsión tenia que procesarse también de acuerdo con las leyes primordiales vigentes, la inamovible sagrada voluntad de Dios-Padre, porque un otro fenómeno no es posible.

Como, sin embargo, únicamente la voluntad de Dios-Padre, del Criador de todas las cosas, es omnipotente, la cual también está firmemente arraigada en la Creación material y en su desenvolvimiento, Lucifer consigue, sí, introducir su principio en la materialidad, pero sus efectos podrán siempre moverse solamente dentro de las leyes primordiales instituidas por Dios-Padre y tendrán que formarse en la dirección de ellas.

Así Lucifer incluso puede, con el proseguimiento de su principio erróneo, dar un impulso a caminos peligrosos para la humanidad, sin embargo, no consigue forzar los seres humanos para cualquier cosa, en cuanto éstos voluntariamente no se decidan a eso.

De hecho, Lucifer solamente puede intentar. La criatura humana, como tal, se encuentra, sin embargo, más firme de lo que él en la Creación material y, por consiguiente, mucho más segura y más vigorosa, de lo que la influencia de Lucifer jamás podrá alcanzarla. Así, cada persona se halla de tal modo protegida, que es para ella una vergüenza diez veces mayor cuando se permite atraerse por una fuerza comparativamente más débil de lo que la de la suya. Debe considerar que el propio Lucifer se encuentra afuera de la materialidad, mientras ella se encuentre enraizada con los pies firmes en un terreno y en un suelo que le es totalmente familiar. Lucifer se ve obligado, para aplicar su principio, a servirse de sus tropas auxiliares, constituidas de espíritus humanos decaídos por las tentaciones.

A éstos, sin embargo, a su vez, cada espíritu humano que se esfuerza hacia el alto, no solamente está plenamente igualado, sino las supera ampliamente en fuerza. Un único y sincero acto de voluntad es suficiente para hacer desaparecer un ejercito de ellos, sin dejar vestigio. Entendido que éstos, con sus tentaciones, no encuentren ningún eco o resonancia donde puedan agarrarse.

Además, Lucifer seria impotente, si la humanidad se esforzase por reconocer y seguir las leyes primordiales introducidas por el Criador. Lamentablemente, sin embargo, las criaturas humanas cada vez más apoyan su principio ante su actual manera de ser y por lo tanto también tendrán que sucumbir en la mayor parte.

Imposible es que alguno espíritu humano pueda trabar una lucha con el propio Lucifer, por la simple razón de no poder llegar hasta él, debido a constitución diferente. El espíritu humano solamente puede entrar en contacto con los que sucumbieron al principio errado, que en el fondo tienen la misma especie que él.

El origen de Lucifer condiciona que solamente puede acercarse de él y enfrentarlo personalmente quien tenga origen idéntica; pues solamente éste es capaz de llegar hasta él. Tendrá que ser un emisario de Dios, venido y relleno del divino-inenteal, proveido de la sacrosanta seriedad de su misión y confiando en el origen de todas las fuerzas, en el propio Dios-Padre.

Esa misión está reservada al anunciado Hijo del Hombre.

La lucha es personal, frente a frente, y no solamente simbólica de modo general, conforme muchos investigadores quieren deducir de profecías. Es la realización de la promesa en Parsival. Lucifer empleo mal la “Lanza sagrada”, el poder, y , a través de su principio, ha abierto una herida dolorosa en el espíritu-enteal y, con eso, en la humanidad, como chispa y extremidad de éste. Pero en esa lucha ella le será tomada. Después, ya en la “mano cierta”, es decir, en la realización del legitimo principio del Grial del amor puro y severo, curará la herida que ha abierto antes por la mano impropia, es decir, por la utilización errada.

¡A causa del principio de Lucifer, es decir, a causa de la utilización errada del poder divino, equivalente a la “Lanza sagrada” en mano impropia, es conferida una herida en el espíritu-enteal, que no puede cerrarse! Es reproducido figuradamente con ese pensamiento de modo acertado en la leyenda; pues ese fenómeno se asemeja realmente a una herida abierta que no se cierra.

Reflexiona que los espíritus humanos, como semillas espirituales inconcientes o chispas, fluyen o saltan de la extremidad más baja del espíritu-enteal hacia la Creación de la materialidad, en la esperanza de que esas partículas emanadas, después de su recurrido a través de la materialidad, despiertas y desenvueltas para la conciencia personal, vuelvan nuevamente, en la conclusión del ciclo, hacia el espíritu-enteal. ¡Semejante a la circulación de la sangre en el cuerpo de materia gruesa! Sin embargo, el principio de Lucifer desvía una gran parte de esa corriente circulatoria espiritual, con lo que mucho del espíritu-enteal se pierde. Por ese motivo el necesario ciclo no puede ser cerrado y efectuase como el constante sangrar debilitador de una herida abierta.

Sin embargo, si pasar ahora la “Lanza sagrada”, es decir, el poder divino, para la mano cierta, que se encuentra en la voluntad del Criador, indicando el camino cierto al espíritu-enteal que recorre la materialidad como un factor vivificante, camino éste que lo conduce hacia arriba, a su punto de partida, al luminoso Reino de Dios-Padre, entonces él no más se perderá, pero fluye de vuelta a su origen, como la sangre al corazón, con lo que será cerrada la herida que hasta ahora vertía debilitadoramente en el espíritu-enteal. La cura, pues, solamente puede ocurrir por intermedio de la misma Lanza que ha causado la herida.

¡Para tanto, sin embargo, antes, la Lanza tiene que ser arrancada de Lucifer, pasando para la mano cierta, lo que se realiza en la lucha personal del Hijo del Hombre con Lucifer!

Las luchas siguientes, que se traban aún en la materia fina y en la materia gruesa, son solamente repercusiones de esa grande lucha, que debe traer el prometido encadenamiento de Lucifer, que anuncia el comienzo del Reino del Milenio. Significan la extirpación de las consecuencias del principio de Lucifer.

Éste se opone al actuar del amor divino, cuyas bendiciones son concedidas a las criaturas humanas en su recorrido por la materialidad. Si, por lo tanto, la humanidad se esfuerce simplemente en el sentido de ese amor divino, estaría pronto protegida completamente contra cualquiera tentación de Lucifer, y éste sería despojado de todos los horrores que el espíritu humano teje en su alrededor.

También resultan de la fantasía variada del cerebro humano esas formas horrendas y feas que erróneamente se busca atribuir a Lucifer. En la realidad, tampoco ningún ojo de criatura humana ha alcanzado verlo todavía, por el simple motivo de la diferente naturaleza de especie, ni siquiera el ojo espiritual que, muchas veces ya durante la vida terrena, es capaz de reconocer la materia fina del más Allá.

Al contrario de todas las concepciones, Lucifer puede ser llamado de altivo y bello, de una belleza sobrenatural, de majestad sombría, con ojos claros, grandes, azules, pero que dan testigo de la gélida expresión de la falta de amor. Él no es solamente un concepto, como generalmente se intenta presentarlo después de otras frustradas interpretaciones, sino que es personal.

La humanidad debe aprender a comprender que también para ella son trazados limites, debido a su propia especie, los cuales jamás podrá transponer, evidentemente ni siquiera en el pensar y que, además de esos limites, mensajes solamente podrán advenir por el camino de la gracia. Todavía, no a través de médiums, que tampoco pueden alterar su especie a través de condiciones extraterrenas, tampoco a través de la ciencia. Justamente ésta tiene, sí, a través de la química, la oportunidad de verificar que la heterogeneidad de las especies puede establecer barreras intransponibles. Esas leyes, sin embargo, parten del origen y no son encontradas solamente en la obra de la Creación.

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