En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


1.LIBRO ◄ ► 2.LIBRO
Deutsch
English
Francais
Português
Русский
Український
Magyar
Česky
Slovensky
Contenido


34. Lanzad sobre él toda la culpa

Esta frase, tan frecuentemente empleada, es uno de los principales tranquilizantes de todos cuantos se nombram cristianos fieles. Pero, el calmante es una toxina que produce embriaguez. Como muchas toxinas que son utilizadas en enfermedades solamente para entorpecer dolores físicas, resultando así una tranquilidad aparente, igual ocurre en relación espiritual con las palabras: “¡Lanzad sobre él toda la culpa; pues él nos ha libertado y a través de sus heridas estamos curados!”

Toda vez que esto es considerado por los fieles como una de las columnas básicas de las doctrinas eclesiásticas cristianas, actúa entre ellos aún más devastadoramente. Edifican sobre ella toda su sintonización interior. Por lo tanto, sin embargo, ingresan en un lío mortal de una creencia ciega, en lo cual consiguen ver todo lo más solamente aún muy turbado, hasta que por fin toda la imagen se disloca y sobre la Verdad baja un velo gris, de modo que sólo pueden encontrar aún un apoyo en la construcción artificial de teorías desfiguradoras, que habrá que caerse con ellas, en el dia del reconocimiento.

“¡Lanzad sobre él toda la culpa...!” ¡Vana ilusión! ¡Como fuego pasará la Verdad por entre las legiones de doctrinadores falsos y de los fieles indolentes y, inflamando, quemará todo lo inverídico! Cómodamente, masas aún hoy se complacen en la creencia de que todo cuanto el Salvador hizo y sofrió ha sido a causa de ellas. En la indolencia de su pensar, lo denominan osado, ultrajante por parte de cada persona que presume que también tiene que contribuir personalmente con algo para poder entrar en el cielo. A tal respecto muchos disponen de una admirable modestia y humildad, que en otros aspectos en vano se puede procurar en ellos. Según su opinión, equivaldría a una blasfemia dar lugar, aunque muy atenuada y tímidamente, al pensamiento de que la bajada del Salvador a la Tierra y los sufrimientos y la muerte, que así ha tomado para si, aun no pudiesen bastar para borrar los pecados de todos aquellos seres humanos que no más dudan de su existencia terrena de antaño.

“Lanzad sobre él toda la culpa...” piensan ellos con fervorosa devoción y no saben lo qué realmente hacen. ¡Duermen, pero su despertar un dia será horrible! Su creencia aparentemente humilde nada más es sino vanidad e ilimitada soberbia, al suponer que un Hijo de Dios baje, a fin de prepararles servilmente el camino, en lo cual entonces podarán trotar como toscos, directamente hacia el reino del cielo. En la realidad, cualquiera debería reconocer inmediatamente y sin más tardanza tal vacuidad. ¡Ella solamente puede haber surgido del más indescriptible comodísimo e irresponsabilidad, si no fuese porque la astucia la haya criado como artificio para fines de ventajas terrenas!

La humanidad se ha perdido en millares de caminos errados, iludiéndose a si misma con su creencia vana. Que degradación de Dios hay ahí. Qué es el ser humano para osar esperar que un Dios enviase Su Hijo Primogénito, es decir, una parte de Su propia vitalidad inenteal, para que los seres humanos pudiesen echarle el lastre de sus pecados, solamente para que ellos mismos no necesitasen esforzarse en lavar sus vestes sucias y redimir la situación oscura con que se sobrecargaron. ¡Ay de los que hubieren que prestar cuentas un dia por tales pensamientos! ¡Es la más atrevida macula a la sublime divinidad! La misión de Cristo no fue así banal, pero sí elevada, apuntando de modo exigente hacia el Padre.

Ya una vez me réferi a la grande obra de redención del Hijo de Dios. *(Disertación Nro. 14: El Redentor) Su grande obra de amor brotó en el Aquí y en el más Allá, y trajo frutos de toda especie. En ese intervalo, sin embargo, personas convocadas solamente por seres humanos buscaban muchas veces pasar por convocadas por Dios, tomaban con manos profanas las puras enseñanzas y, las obscureciendo, las arrastraban hacia su dirección, hacia bajo. La humanidad, que en ellas confiaba sin examinar seriamente la palabra que enseñaban, cayó junto. El núcleo elevado de la Verdad divina fue envuelto con estrechezas terrenas, de modo que la forma talvez haya se conservado, sin embargo, todo el fulgor ha sucumbido en el deseo por el poder y ventajas terrenas. Solamente un pálido crepúsculo reina allí donde podía existir el más claro resplandor de vida espiritual. De la humanidad suplicante ha sido robada la joya que Cristo Jesús trajo para todos cuantos anhelan por eso. Desfigurado por el envoltorio de deseos egoístas, a los que buscan es apuntado un camino errado, lo cual no solamente hace con que ellos pierdan tiempo precioso, sino incluso los impele muchas veces hacia los brazos de las tinieblas.

Rápidamente, doctrinas erradas tomaron vida. Sofocaron la sencillez, la Verdad, y la cubrieron con un manto centelleante de cuya pujanza de colores, sin embargo, emanan peligros como en las plantas venenosas, entorpeciendo todo lo que se les acerca, con lo que la vigilancia de los fieles sobre si mismos debilita, por fin, se apaga. ¡Con eso se pierde también toda la posibilidad de ascensión para la verdadera Luz! Una vez más resonará el grande llamado de la Verdad por todos los países. Entonces, sin embargo, vendrá el ajuste de cuentas para cada uno, por el destino que ha tejido para si mismo. Los seres humanos, finalmente, recibirán aquello que hasta ahí han defendido con persistencia. Habrán que vivenciar todos los errores que establecieron en sus deseos o pensamientos atrevidos, o a los cuales buscaron seguir. Para muchos, la consecuencia será un aullar salvaje, y empezará un chocar de dientes, causado por el miedo, por la rabia y por el desespero.

Los así pesadamente alcanzados por el mal y condenados en el Juicio intuirán entonces, de inmediato, como siendo injusticia y dureza, apenas cuando sean empujados hacia aquella realidad, la cual ellos, en su vida terrena, hasta entonces querían reconocer como siendo la única verdadera, con la cual también continuadamente proveyeron sus semejantes. ¡Entonces aquel Dios aún debe ayudar, a Quién ellos confrontaban con tan ilimitada arrogancia! A Él implorarán, llamarán por Él, también esperarán que Él, en Su divinidad, perdone fácilmente también las peores cosas a los homúnculos “ignorantes”. Él, súbitamente, será demasiado “grande”, según su suposición, para poder tener rencor de tal cosa. ¡Él, lo Cual ellos hasta ahora tanto vilipendiaron!

¡Sin embargo, Él no les dará oídos, no más les ayudará, porque antes no quisieron oír Su Palabra, que Él les ha enviado! Y ahí hay justicia, que nunca puede ser separada de Su gran amor.

Era deber de los seres humanos examinar la propia Palabra, que Él les dio. Aunque si no quisiesen reconocer Sus mensajeros como tales. A ellos resonará, por lo tanto, de forma retumbante: “¡Vosotros no lo quisisteis! ¡Por lo tanto, seáis ahora exterminados y borrados del Libro de la Vida!”

Mensaje del Grial de Abdrushin


Contenido

[Mensaje del Grial de Abdrushin]  [Resonancias del Mensaje del Grial] 

contacto