En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


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Contenido


31. Moderna ciencia del espíritu

¡Moderna ciencia del espíritu! ¡Cuánto se halla reunido bajo esa bandera! ¡Lo que se encuentra ahí, y lo que también se combate ahí! Se trata de una arena de serias investigaciones, de poca sabiduría, grandes planes, vanidad, estupidez y muchas veces también de una vacía fanfarronería y incluso además de intereses comerciales los más inescrupulosos. No raro florecen desde ese alboroto la envidia y el odio sin limite, redundando por fin en pérfidas venganzas de la más baja especie.

En tales circunstancias naturalmente no es de extrañar cuando muchas personas se esquivan de todo ese pandemonio, con un recelo como si ellos fuesen envenenarse, caso entrasen en contacto con eso. Éstas no dejan de tener cierta razón; pues innumerables adeptos de la ciencia del espíritu no muestran en su conducta realmente nada que seduzca, mucho menos que atraiga, sino antes todo en ellos advierte cada ser humano para que tenga la máxima cautela.

Es curioso que todo el dominio de la nombrada ciencia del espíritu, confundida muchas veces, por los maléficos o por los ignorantes, con la ciencia de los espíritus, constituya aún hoy una especie de terreno libre, donde cualquiera pueda hacer lo que bien entiende desobstruida, sí, desenfrenada e impunemente.

Así se lo admite. ¡Sin embargo, las experiencias ya enseñaron muy frecuentemente que no lo es así!

Innumeros pioneros en ese terreno, que han sido lo suficiente irresponsables para osar avanzar algunos pasos solamente con conocimientos imaginarios, se tornaron victimas indefensas de su imprudencia. ¡Solamente lamentable ahí es que todas esas victimas hayan caído, sin que con eso pudiese ser proporcionado lo mínimo lucro para la humanidad!

Cada uno de esos casos, en la verdad, debería haber sido una prueba de que el camino tomado no es el cierto, una vez que solamente ocasiona maleficios e incluso destrucción, pero ninguna bendición. Sin embargo, con una porfía característica son mantenidos esos falsos caminos y hechas siempre nuevas victimas; ante cada granosito de cualquiera evidencia reconocida en la gigantesca Creación, es alzada enorme gritería y son escritas innumeras disertaciones, que deben desestimular muchos investigadores sinceros, porque el palpar incierto ahí se convierte nítidamente perceptible.

Todo el investigar de hasta el momento, en la realidad, puede ser llamado de un juego peligroso con hondo de buena intención.

El campo de la ciencia del espíritu, considerado como campo libre, nunca podrá ser pisado impunemente, mientras previamente no se sepa tomar en cuenta las leyes espirituales en toda su amplitud. Toda y cualquier oposición conciente o inconciente, es decir, la “no-observancia” de las mismas, lo que equivale a una transgresión, habrá que alcanzar, por el inevitable efecto de retorno, el osado, el frívolo o el liviano que no las considera o no consigue observarlas de forma exacta.

Querer recorrer el extraterreno con medios y posibilidades terrenas, otra cosa no es, sino colocar y dejar un niño aún no desenvuelto, aún no familiarizado con los peligros terrenos, sólo en una mata virgen, donde solamente un adulto, con correspondiente equipos, en su fuerza plena y con toda la cautela, podrá tener probabilidades de transponerla incólume.

No es diferente con relación a los modernos cientistas del espíritu en su actual modo de trabajar, aún que juzguen llevarlo extremamente en serio y que realmente sólo osen muchas cosas debido al saber, a fin de, así, ayudar los seres humanos a avanzar para transponer un borde donde hace mucho esperan, golpeando en la puerta.

Como niños esos investigadores aún se quedan allí, desamparados, palpando, desconociendo los peligros que a cualquier momento les pueden sobrevenir o a través de ellos irrumpir sobre otras personas, apenas cuando con sus experiencias inciertas caven una brecha o abran una puerta en la muralla de natural protección que, para muchos, seria mejor si quedase cerrada.

Todo eso sólo puede tener la designación de liviandad, y no de osadía, mientras los que quieran avanzar así no sepan exactamente si son capaces de dominar inmediatamente, de modo total, todos los peligros que posiblemente se presenten, no solamente para ellos propios, pero también para otros.

De manera la más irresponsable actúan aquellos “investigadores” que se ocupan con experiencias. Sobre el crimen de la hipnosis *(Disertación Nro. 35: El crimen de la hipnosis) varias veces ya ha sido hecha referencia. Los investigadores que aún emprenden experiencias de otra especie cometen, en la mayoría de los casos, el lamentable error, que ellos, en nada sabiendo al respecto – pues del contrario seguramente no lo harían -, ponen otras personas muy sensibles o mediúnicas en sueño magnético o incluso hipnótico, a fin de con eso acercarlas de las influencias corpóreamente invisibles del mundo del “más Allá”, en la esperanza de poder así oír u observar algo, que en estado de completa conciencia diurna de las respectivas personas en experiencia no sería posible.

En lo mínimo, en noventa y cinco de cien casos exponen tales personas a grandes peligros, a los cuales aún no son capaces de contraponerse; pues todo el tipo de ayuda artificial para el profundizar constituye un atamiento del alma, debido al cual ella ingresa en un estado de sensibilidad que va más Allá de lo que lo permitiría su desenvolvimiento natural.

La consecuencia es que tal victima de las experiencias se halle de súbito anímicamente en un campo donde esté privada de su protección natural debito a la ayuda artificial, o para lo cual no posee su protección natural, que solamente puede surgir por el propio y sano desenvolvimiento interior.

Se debe imaginar figuradamente tal persona, digna de lastima, como se fuese atada desnuda en un pilar e impelida como chamariz hacia una región peligrosa, a fin de atraer e incluso dejar actuar sobre si la vida y actuación aún desconocida, para poder proveer un relato, o para que diversos efectos se vuelvan visibles también a otros, ante su cooperación, poniendo disponibles ciertos elementos terrenos de su cuerpo.

Tal persona sometida a la experiencia consigue así, temporalmente, a través de la ligazón que su alma impelida necesita mantener con el cuerpo terreno, transmitir a los espectadores todo lo que ocurre, como que por medio de un teléfono.

Si con eso, sin embargo, el centinela, dispuesto así artificialmente en área avanzada, sufra cualquier ataque, no conseguirá defenderse por falta de protección natural, está expuesto de forma desamparada porque, a través de la cooperación de otro, ha sido impelido solamente artificialmente para un campo, a lo cual, según su propio desenvolvimiento, él aún no pertenece, o no pertenece en absoluto. Tampoco el así nombrado investigador que lo empujó hacia ahí, por avidez de conocimiento, podrá ayudarlo, una vez que él propio es extraño e inexperiente Allá de donde viene el peligro, no pudiendo por lo tanto hacer nada en favor de cualquier protección.

Así ocurre que los investigadores involuntariamente se conviertan criminosos y sin que puedan ser llevados a la justicia terrena. Eso no excluye, sin embargo, que las leyes espirituales ejerzan sus efectos retroactivos con toda la severidad y encadenen el investigador a su victima.

Varias personas sometidas a experiencias sufren agresiones de materia fina cuyo efecto, con el tiempo, muchas veces también rápida o inmediatamente, también se hace sentir físicamente en la materia gruesa, evolucionando para una enfermedad terrena o la muerte, con lo que, sin embargo, el daño anímico aún no estará reparado.

Sin embargo, los observadores que se nombran investigadores, que empujan sus victimas para regiones desconocidas, permanecen durante tales peligrosas experiencias, en la mayoría de los casos, muy abrigados terrenamente, bajo la protección de sus cuerpos y de la conciencia diurna.

Raro es el caso de que tomen parte simultáneamente en los peligros a que las personas son sometidas en las experiencias, y que tales peligros, por lo tanto, se extienden inmediatamente sobre ellos. Pero con su muerte terrena, con el traspase para el mundo de materia fina, debido al atamiento a sus victimas, habrán que seguir en todo el caso hacia ahí, para dondequiera que éstas hayan sido arrastradas, sólo pudiendo, en conjunto con ellas, elevarse lentamente de nuevo.

El empujar artificial de un alma hacia otro campo no debe ser entendido siempre como si tal alma abandonase el cuerpo y flotase hacia una otra región. En la mayor parte de los casos ella permanece tranquilamente en el cuerpo. Solamente es sensibilizada por el sueño magnético o hipnótico de manera anómala, de modo a captar corrientes e influencias muchísimos más finas de lo que sería posible en estado natural. Es evidente que en ese estado anormal no existe la fuerza plena de la cual, al contrario, dispondría si hubiese llegado hacia ese punto por si propia, a través del desenvolvimiento interior, y así se mantendría firme y segura en ese terreno nuevo y mucho más sutil, contraponiendo a todas esas influencias la misma fuerza. Debido a esa falta de fuerza plena y sana, resulta por la artificialidad una desigualdad, que hay que causar perturbaciones. La consecuencia de eso es la absoluta turbación en todas las intuiciones, resultando deformaciones de la realidad.

La causa de los falsos relatos y de los innumerables errores es dada siempre de nuevo solamente por los propios investigadores a través de su ayuda perjudicial. Proviene desde ahí, también, que en los muchos asuntos ya “investigados” del campo oculto, ya existentes, mucha cosa no se deja armonizar con la lógica severa. Se hallan ahí innumerables errores que hasta hoy no pudieron ser reconocidos como tales.

Por esos caminos visiblemente errados, no será alcanzado ni siquiera lo mínimo que pudiera tener algo de útil o benéfico para los seres humanos.

De provecho para los seres humanos puede ser en la realidad solamente algo que los ayude hacia arriba o que, por lo menos, muestre un camino para tanto. ¡Pero todo eso es de antemano y para siempre totalmente imposible en esas experiencias! Ante ayuda artificial podrá, a veces, un investigador conseguir por fin empujar una persona de sensibilidad más apurada o mediúnica hacia fuera del cuerpo de materia gruesa terrena, hacia el mundo de materia fina que se halla más cerca de ella, jamás, sin embargo, más alto ni siquiera un milímetro de lo que el nivel al cual, de todas las maneras, ella pertenezca por su conformación interior. Al contrario, por medio de ayuda artificial tampoco conseguirá elevarla hacia allá, pero siempre solamente hacia el ambiente más próximo de todo cuanto es terrenal.

Ese ambiente más próximo del terrenal, sin embargo, solamente puede contener del más Allá todo aquello que aún se halla estrechamente ligado a la Tierra y que, debido a su mediocridad, vicios y pasiones, permanece encadenado a ella.

Naturalmente, también alguna cosa más adelantada estará, aquí y Allá, de modo transitorio en ese ambiente. Eso, sin embargo, no es de esperarse siempre. Algo elevado no puede encontrarse ahí, por motivos absolutamente de acuerdo con las leyes naturales. Seria más fácil el mundo salir de sus ejes o... ¡seria necesario que hubiese en una persona una base para anclaje de la Luz!

No es admisible, sin embargo, que eso se de en una persona que se somete a la experiencia o en un investigador que así palpa. Por lo tanto, permanecen el peligro y la inutilidad de todas esas experiencias.

Es cierto también que algo realmente más elevado no puede aproximarse de un medium sin la presencia de una persona más desenvuelta, purificando todo lo que es más grueso, menos aún hablar a través del medium. Materializaciones *(Corporificaciones en la materia gruesa) de círculos más elevados no entran en absoluto en consideración, y mucho menos aún los pasatiempos graciosos y populares de sonidos, movimiento de objetos y así por delante. El abismo para tanto es demasiado grande, para que pueda ser transpuesto sin más ni menos.

A pesar de la presencia de un medium, todas estas cosas solamente pueden ser efectuadas por aquellos del más Allá que aún estén muy estrechamente ligados a la materia. Si fuese posible de otro modo, es decir, que algo elevado pudiese colocarse tan fácilmente en contacto con la humanidad, entonces no habría habido necesidad de Cristo tornarse ser humano, al contrario, podría haber cumplido su misión sin ese sacrificio. *(Disertación Nro. 14: El Redentor) Los seres humanos de actualmente, sin embargo, seguramente no se hallan más desenvueltos anímicamente de lo que en la época terrena de Jesús, no siendo, por consiguiente, de suponer que una ligazón con la Luz sea más fácil de establecerse de lo que en aquella época.

Ahora los adeptos de la ciencia del espíritu, sin embargo, alegan que visan en primero lugar averiguar la vida en el más Allá, es decir, la continuación de la vida después de la muerte terrena, y que, a causa del escepticismo dominante actualmente de un modo general, es necesaria la utilización de armas fuertes y gruesas, es decir, pruebas terrenas concretas, a fin de abrir una brecha en la resistencia de los adversarios.

¡Tal argumentación no justifica, sin embargo, que almas humanas sean siempre y siempre de nuevo expuestas a riesgos, así tan irresponsablemente! ¡Además, no hay ninguna necesidad premente para que se quiera convencer a todo costo los adversarios malévolos! Es notorio, y también ya expreso en las palabras de Cristo, que éstos no estarían propensos a acreditar, aunque un ángel bajase directamente desde el cielo para les anunciar la Verdad. Apenas cuando el ángel se fuese, estarían listos para declarar que todo no pasara de una ilusión colectiva, pero no de un ángel, o entonces arreglarían otra excusa. Y si alguna cosa o persona fuese traída, que siga en la materia, es decir, no desapareciendo otra vez tampoco se volviendo invisible, entonces existen nuevamente otras excusas, justamente porque para los que no propenden a acreditar en un mundo del más Allá eso seria también demasiado terreno. No retrocederían en clasificar como fraude semejante prueba, de apuntar tal ser humano como lunático, un fantasista o incluso como un impostor. Sea demasiado terrenal o extraterrenal o las dos cosas juntas, siempre tendrán algo para criticar o dudar. Y no habiendo más al qué recurrir, lanzan entonces inmundicias, pasando también a ataques más fuertes, no recelando emplear actos de violencia.

¡Para convencer esos tales, pues, no es adecuado recurrir a sacrificios! Y aún menos para muchos de los así nombrados adeptos. Éstos juzgan, debido a una singular especie de arrogancia y a una creencia en la vida del más Allá, creencia en la mayoría de los casos algo confusa y fantástica, tener el derecho de presentar determinadas exigencias para, a su turno, “ver” o “vivenciar” algo. Esperan de sus guías señales del más Allá, como recompensa por su buen comportamiento. Se tornan, muchas veces, hasta ridículas las expectativas evidentes que viven exponiendo, así como la sonrisa de perdón benevolente con aires de sabiduría con que dejan trasparecer la propia ignorancia. Es veneno querer proveer también aún espectáculos a esas masas; pues, a causa de juzgarse muy sabios, tales experiencias son consideradas por ellos en lo máximo como horas de divertimiento bien merecido, para lo que los del más Allá deben concurrir como artistas de circo.

Abandonemos, sin embargo, ahora una vez las experiencias de grande porte y examinemos las menores, como el movimiento de mesas. ¡Éstas no son en absoluto tan inofensivas conforme se piensa, al contrario, constituyen por la increíble facilidad de propagación un peligro muy serio!

¡De eso cada cual debería ser advertido! Los entendidos deben alejarse con horror, cuando ven con que irresponsabilidad se opera con tales cosas. Cuántos adeptos buscan mostrar su “sabiduría” en diversas ruedas, proponiendo experiencias ante movimiento de mesas, o entonces presentan en familias, sea sonriendo, sea bajo susurros misteriosos, las experiencias con letras y vasos u otros recursos, experiencias esas más parecidas con juegos, donde, ante el leve toque de mano por encima del vaso, éste se mueve o es atraído en dirección a diferentes letras, formando palabras. Con rapidez sinistra todo eso se desenvolvió a categoría de divertimientos sociales, donde son practicados bajo sonrisas, escarnio y a veces agradables escalofrios.

Diariamente se reúnen entonces, en familia, señoras mayores y jóvenes al rededor de una mesa, o incluso aisladamente, ante letras dibujadas en un cartón y que, siempre que posible, deben estar dispuestas de modo bien determinado, para que no le hagan falta ostentaciones místicas, incitando a la fantasía que, además, es ahí absolutamente dispensable; pues todo resultaría aún sin eso, cuando la respectiva persona posee alguna propensión para tanto. ¡Y de éstas hay innumeras!

Los modernos cientistas del espíritu y los dirigentes de los círculos de ocultismo se alegran ante el hecho de formarse ahí palabras y frases reales sin el influjo mental conciente o inconciente del practicante. Él debe, con eso, ser convencido, aumentando así el numero de adeptos del “oculto”.

¡Los escritos de orientación ocultista indican para eso, los oradores intervienen en favor, medios auxiliares son fabricados y vendidos, facilitando así todo ese abuso, y de esa forma cuasi todo el mundo del ocultismo se presenta como servidero servo de las tinieblas, en la sincera convicción de ser con eso sacerdotes de la Luz!

¡Esos acontecimientos por si sólo ya comprueban la completa ignorancia que reina en las tendencias ocultistas de este tipo! ¡Muestran que ningún de los que a eso pertenecen es de hecho vidente! No debe servir contraprueba, si alguno buen medium se ha desenvuelto aquí y allí de tales orígenes, o, al contrario, lo que es más cierto, si un buen medium, en el principio, fue atraído temporalmente para eso.

Las pocas personas que de antemano son predestinadas a eso tienen en su propio desenvolvimiento natural una protección vigilante y cuidadosa de especie enteramente diversa y que se extiende de escalón en escalón, protección ésta que los otros no disfrutan. ¡Dicha protección actúa, sin embargo, también sólo en un desenvolvimiento propio natural, sin ninguna ayuda artificial! Y eso exactamente porque solamente en todo cuando es natural es que reposa una protección como algo evidente.

Apenas cuando surja en eso la menor ayuda, sea por los ejercicios de la propia persona o advenga de otra parte por sueño magnético o por hipnosis, deja así de ser natural y de ese modo ya no más se ajusta totalmente a las leyes naturales, las únicas facultadas a ofrecer protección. Si a eso juntarse aún la ignorancia existente ahora por toda parte, entonces la fatalidad está ahí. El sólo querer jamás sustituirá la facultad cuando se trata de actuar. Nadie, sin embargo, debe ultrapasar la propia capacitación.

Evidentemente no está excluido que, entre los cientos de milles, que se dedican a eses juegos peligrosos, aquí y allí una persona escape impune y esté bien protegida. Del mismo modo, muchas otras solamente serán perjudicadas de una forma aún no perceptible terrenamente, de modo que solamente después de su desenlace habrán que reconocer, repentinamente, qué tonterías de hecho cometieron. Sin embargo, también existen muchas que son alcanzadas por daños ya terrenamente visibles, aún que durante su existencia terrena tampoco nunca lleguen al reconocimiento de la verdadera causa.

Por esa razón, hay que ser explicado una vez el fenómeno de materia fina y espiritual durante estos juegos. Es del mismo modo sencillo, como todo en la Creación, y de forma alguna tan complejo, sin embargo, también mucho más grave de lo que muchos imaginan.

De la manera como la Tierra se presenta actualmente, las tinieblas ganaron supremacía sobre toda la materia, debido a la voluntad de la humanidad. Ellas se hallan, por lo tanto, en todas las cosas materiales, por así decir, como que en terreno propio y familiar a ellas, pudiendo, debido a eso, también actuar plenamente en la materia. Se hallan, por lo tanto, en su elemento, combaten en un terreno que bien conocen. Por ese motivo, en la actualidad, ellas se muestran superiores a la Luz en todo cuanto es material, es decir, de materia gruesa.

La consecuencia de eso es que en toda la materia la fuerza de las tinieblas es más fuerte de lo que la de la Luz. Sin embargo, en tales divertimientos, como el movimiento de mesas, etc., la Luz, es decir, algo elevado, no entra en absoluto en consideración. Podemos hablar en lo máximo de algo malo, por lo tanto, oscuro, y de algo mejor, por lo tanto, más claro.

Sirviéndose entonces una persona de una mesa o de un vaso, o, además, de cualquier objeto grueso-material, se coloca así en un terreno de lucha familiar a las tinieblas. Un terreno que todas las tinieblas consideran como suyo. Ella, así, les cede de antemano una fuerza, contra la cual no puede oponer ninguna protección eficiente.

Observemos, una vez, una actividad espirita o también cualquier divertimiento social con la mesa y sigamos ahí los fenómenos espirituales, mejor dicho, los de materia fina.

Cuando una o más personas se disponen al rededor de una mesa con la intención de entrar en contacto con los del más Allá, siendo que éstes se manifiesten a través de golpes, o a través de movimiento de la mesa, lo que es más común, a fin de a través de estos señales poder formar palabras, desde luego ese contacto material resulta atraer principalmente las tinieblas, que pasan a encargarse de los mensajes. Con gran habilidad se utilizan de palabras no raro pomposas, buscan contestar los pensamientos de las personas, fáciles de leer para ellos, en la forma deseada, sin embargo, las conducen siempre por veredas falsas en temas serios, y buscan, si eso ocurre frecuentemente, colocarlas poco a poco bajo su influencia siempre creciente, y así, lenta, mas, seguramente, arrastrarlas hacia bajo. Con eso, de forma muy astuta, dejan los desencaminados en la creencia de que están subiendo.

Caso, sin embargo, apenas de inicio o también en cualquier otra ocasión aparezca y se manifieste algun pariente fallecido o amigo, llegando a expresarse por intermedio de la mesa, hecho que ocurre frecuentemente, entonces el embuste aún se vuelve más fácilmente realizable. Las personas reconocen que debe ser realmente un determinado amigo que se manifiesta y por eso creen que es siempre él, cuando a través de la mesa lleguen cualquier comunicaciones, se mencionando como autor el nombre de aquél conocido.

¡Pero tal no es el caso! No solamente las tinieblas siempre atentas utilizan hábilmente el nombre, a fin de dar a los mensajes engañadores un aspecto lo más creíble posible, adquiriendo así la confianza de las personas indagadoras, pero va incluso hacia al punto de un elemento oscuro involucrarse en una frase iniciada por el amigo real, la terminando intencionalmente de modo falso. Ocurre entonces el hecho poco conocido de en la transmisión de una frase sencilla e ininterrupta haber dos involucrados. Primero, el autentico amigo, talvez bien claro, por lo tanto, más puro, y después uno más oscuro, mal intencionado, sin que el indagador lo perciba algo de eso.

Las consecuencias de eso son fáciles de imaginar. El que confía es iludido y abalado en su fe. El adversario se utiliza del acontecimiento para el fortalecimiento de sus burlas y de sus dudas, a veces para fuertes ataques contra la causa toda. En realidad, sin embargo, ambos están sin razón, debiendo todo ser atribuido a la ignorancia que predomina sobre todo ese campo.

El fenómeno, sin embargo, se desenrolla con toda su naturalidad: caso esté en la mesa un amigo más claro y verdadero, que se manifiesta a fin de satisfacer el deseo de aquél que formula las preguntas, y se entromete un espíritu oscuro, tendrá lo más claro que retroceder, pues lo más oscuro puede desenvolver una fuerza más fuerte, a través de la materia mediadora de la mesa, porque actualmente toda la materia es el campo de las tinieblas propiamente dicho.

Tal error comete el ser humano que elige cosas materiales, creando así de antemano un terreno desigual. Lo que es espeso, pesado, por lo tanto, oscuro, ya se encuentra en densidad más próximo de la materia gruesa de lo que aquél que es luminoso, puro y más liviano, y así, debido a la ligazón más estrecha, desenvuelve mayor fuerza.

Pero por su turno, lo que es más claro, y que aún puede manifestarse a través de la materia, dispone igualmente aún de una densidad hasta cierto grado contigua, pues del contrario tampoco seria más posible una ligazón con la materia para cualquier comunicación. Eso presupone una contigüidad con la materia, la cual lleva consigo, por su vez, la posibilidad de una macula, apenas cuando, a través de la materia, se realice la ligazón con las tinieblas. Para que no resulte en ese peligro, no resta otra cosa al más claro de lo que retirarse deprisa de la materia, es decir, de la mesa o de otros medios auxiliares, apenas cuando uno más oscuro se les apropie, para desconectar el aro intermediario, que constituiría un puente sobre el natural abismo separador y, con eso, protector.

No podrá ser evitado del lado del más Allá, entonces, que en tales casos la persona que se entrega a tales experiencias, se sirviendo de la mesa, haya que ser expuesta a las influencias bajas. Ha sido ella quien tampoco quiso otra cosa, por su propio modo de actuar; pues el desconocimiento de las leyes tampoco consigue protegerla aquí.

¡Con esos acontecimientos quedará aclarado para muchas personas mucho de lo que hasta ahora era inexplicable, innumerables contradicciones enigmáticas encuentran su solución, y ojala que ahora también muchas personas pongan de lado tales divertimientos tan peligrosos!

Del mismo modo minucioso, podrían entonces ser descritos también los peligros de todas las demás experiencias que son mucho mayores y más fuertes. Sin embargo, limitémonos mientras tanto a eses temas más usuales y diseminados.

Solamente un otro peligro debe aún ser mencionado. A causa de ese tipo de preguntas y de la exigencia de respuestas y consejos, las personas terminan se volviendo indecisas y dependientes. Lo contrario de aquello que la existencia terrena tiene por finalidad.

¡El camino es errado sea cual sea su dirección! Sólo resulta en daños, ninguna ventaja. Es un arrastrarse por el suelo, donde hay el peligro de encontrar siempre de nuevo gusanos repugnantes, de desperdiciar sus fuerzas y, por fin, quedar extenuado en el recorrido... ¡por nada!

¡Con esa “ansia de investigar”, sin embargo, resultan también grandes daños a los que se hallan en al más Allá!

A muchos oscuros es dada así la oportunidad, son con eso incluso directamente llevados a la tentación de practicar el mal, cargándose con nueva culpa, lo que, del contrario, no les sería tan fácil. Otros, sin embargo, debido al constante atamiento a deseos y pensamientos, son impedidos en sus esfuerzos para acender. Por la observación clara de estos métodos de investigación se hacen patentes cuanto todo eso, muchas veces, es infantilmente porfiado, prepasado del más desconsiderado egoísmo sin consideración y al mismo tiempo tan tonto, que se llega a menear la cabeza y preguntar como es posible, a final, que haya quién quiera abrir para la colectividad en general un territorio del cual él propio realmente no conoce siquiera un paso.

Es errado también que la investigación toda se desenrolle ante el publico en general. Con eso se crea pista libre para los fantasistas y embusteros, *(Charlatanes, estafadores) y se hace difícil a la humanidad para adquirir confianza.

En ningún otro campo ya ha ocurrido eso. Y toda investigación, de la cual el pleno suceso hoy es reconocido, tuvo antes, en la fase de investigaciónn, numerables malogros. ¡Pero no se permitía al publico coparticipar tanto! Él se cansa de eso y, con el tiempo, pierde cualquier interese. La consecuencia es que, al encontrar finalmente la Verdad, la fuerza principal de un entusiasmo transformador y eficaz tuvo antes que perderse. La humanidad ya no consigue más cobrar animo para una alegría jubilosa que todo arrastra de forma convencedora.

¡Los reveses en el reconocimiento de caminos errados se tornan armas afiladas en las manos de muchos enemigos, los cuales pueden con el tiempo inculcar en cientos de milles de seres humanos una desconfianza tal, que esos dignos de lastima, por ocasión del surgimiento de la Verdad, no más desearán examinarla seriamente, por grande recelo de nueva ilusión! Taparán sus oídos, que de otra forma habrían abierto, perdiendo así el ultimo lapso de tiempo que aún podía darles el deseo de escalar rumbo la Luz. ¡Con eso las tinieblas obtuvieron entonces una nueva vitoria! ¡Pueden agradecer a los investigadores que les extendieron las manos para eso y que de prestimosos y orgullosos atribuyen a si el titulo de dirigentes de las modernas ciencias del espíritu!

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