En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


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Contenido


30. El ser humano y su libre arbitrio

¡Para que se pueda dar un cuadro completo al respecto, es necesario reunir muchos elementos de fuera que ejercen sus influencias mayores o menores sobre el factor principal!

¡El libre arbitrio! Es algo delante lo cual incluso seres humanos eminentes se detienen pensativamente, porque habiendo una responsabilidad, según las leyes de la justicia, también debe haber incondicionalmente una posibilidad de libre resolución.

Adondequiera que se ande, de todos los lados se oye la exclamación: ¿dónde es que existe una voluntad libre en el ser humano, cuando hay de hecho providencia, conducción, determinaciones, influencias astrales y karma? *(Destino) ¡Pues el ser humano es impelido, ajustado y conformado, quiera o no!

Con ahínco los investigadores sinceros se lanzan sobre todo aquello que dice sobre el libre arbitrio, en el reconocimiento muy acertado de que, justamente a ese respecto, se necesita imprescindiblemente de un aclaramiento. Mientras éste hace falta, el ser humano tampoco consigue encuadrarse bien, a fin de imponerse en la gran Creación como aquello que realmente es. Si, sin embargo, no esté sintonizado de manera cierta con referencia a la Creación, habrá que permanecer en ella como un extraño, vagará al acaso, habrá que dejarse empujar, ajustar y moldar, porque le hace falta la conciencia del albo. ¡Así resulta entonces una cosa de la otra, y, como consecuencia natural, el ser humano se ha tornado por fin aquel que él hoy es, pero que, en la verdad, no debe ser!

Su gran defecto es el hecho de que él no sabe dónde realmente se encuentra su libre-arbitrio y como actúa. Tal contingencia muestra también que ha perdido completamente el camino hacia su libre-arbitrio, no sabiendo más como encontrarlo.

El portal del camino para la comprensión no es más reconocible, debido a la arena movediza amontonada. Se disiparon los rastros. La criatura humana, indecisa, corre ahí en círculos, fatigándose, hasta que por fin un viento refrescante abra nuevamente los caminos. Es natural y evidente que anteriormente toda esa arena movediza será arremolinada violentamente y, al desaparecer, aún podrá turbar la vista de muchos que, ansiosos, continúan a buscar la apertura del camino. Por ese motivo, cada uno debe ejercitar el máximo cuidado para conservar la vista libre, hasta que el ultimo granosito de esa arena movediza también se haya disipado. En lo contrario, puede resultar que esté viendo el camino, sin embargo, con la visión ligeramente turbada, pise en falso, tropiece y caiga, para, ya con el camino delante de si, aún ahondar. —

La incomprensión siempre de nuevo manifestada obstinadamente por los seres humanos con relación a la verdadera existencia de un libre-arbitrio se basa principalmente en la no comprensión de lo que el libre-arbitrio realmente es.

La explicación, en la verdad, ya se encuentra en la propia definición, sin embargo, como por toda parte, aquí tampoco se ve la cosa realmente sencilla, a causa de tanta simplicidad, pero sí se busca en lugares errados, no llegando de esa manera a formar una noción del libre-arbitrio.

Por arbitrio, el mayor numero de los seres humanos actualmente entiende aquella sintonización forzada del cerebro terreno, cuando el intelecto, atado a espacio y tiempo, indica y determina alguna determinada dirección para el pensar y el sentir.

¡Ese, sin embargo, no es el libre-arbitrio, pero el arbitrio atado por el intelecto terreno!

Tal equivoco hecho por tantas personas causa grandes errores, yergue las barreras que imposibilitan un reconocimiento y una comprensión. Se admira entonces el ser humano cuando ahí encuentra lagunas, encuentra con contradicciones y no consigue introducir lógica ninguna.

El libre-arbitrio, que sólo actúa tan incisivamente en la verdadera vida, de modo que se extiende hasta lejos en el mundo del más Allá, que imprime su cuño a el alma, siendo capaz de moldarla, es de especie totalmente diferente. Mucho mayor para ser tan terrenal. Por eso no está en ninguna ligazón con el cuerpo terreno de materia gruesa, por lo tanto, tampoco con el cerebro. Se encuentra exclusivamente en el propio espíritu, en el alma del ser humano.

Si el ser humano no otorgase al intelecto, siempre de nuevo, la soberanía ilimitada, podría el libre-arbitrio, con la visión más amplia de su verdadero “yo” espiritual, indicar al cerebro del intelecto la dirección, originaria de la fina intuición. Por ese motivo, la voluntad atada, que es absolutamente necesaria para la realización de todas las finalidades terrenas, ligadas a espacio y tiempo, tendría entonces que encaminarse muchas veces por otro camino, diferente de lo que ocurre ahora. Que con eso también el destino toma otro rumbo es fácil de se explicar, porque el karma, debido a los diferentes caminos tomados, también ata otros hilos, trayendo otro efecto recíproco.

Esa explicación, naturalmente, aún no puede traer una comprensión correcta sobre el libre-arbitrio. Para que sea trazado un cuadro completo de eso, es necesario saber de que forma el libre-arbitrio ya ha actuado. Y de que manera ha ocurrido la trama tantas veces intrincada de un karma ya vigente, que es capaz de, en sus efectos, encubrir el libre-arbitrio de tal forma, que su existencia mal o de forma alguna pueda aún ser reconocida.

Tal explicación, sin embargo, solamente podrá ser dada, por su vez, si es recurrido al proceso evolutivo completo del ser humano espiritual, a fin de partir de aquel momento en que la semilla espiritual del ser humano inmerge por la primera vez en el envoltorio de materia fina, en el limite extremo de la materialidad. —

Vemos entonces que el ser humano no es en absoluto lo que cuida ser. Nunca tiene en el bolsillo el derecho absoluto a la bienaventuranza y a la continuación eterna de una vida personal. *(Disertación Nro. 20: El Juicio Final) ¡La expresión: “Somos todos hijos de Dios”, en el sentido interpretado o imaginado por los seres humanos, es errada! No todo ser humano es un hijo de Dios, sino que solamente cuando para tanto se haya desarrollado.

El ser humano es lanzado en la Creación como un germen espiritual. Ese germen contiene en si todo para poder transformarse en un hijo de Dios, personalmente consciente. Ahí, sin embargo, es presupuesto que para tanto él desenvuelva las correspondientes facultades y las cuide, sin dejar que se atrofien.

Grande y poderoso es el proceso, y, sin embargo, enteramente natural en cada etapa del fenómeno. Nada se encuentra ahí afuera de una evolución lógica; porque la lógica está en todo el actuar divino, por ser éste perfecto y todo cuanto es perfecto no puede dispensar la lógica. Cada uno de esos gérmenes espirituales contiene las mismas facultades en si, visto que emanan de un sólo espíritu, y cada una de esas facultades individuales encierra una promesa, cuyo cumplimiento se realiza incondicionalmente, apenas cuando la facultad es llevada al desenvolvimiento. ¡Pero solamente entonces! Esa es la perspectiva de cada germen en la siembra. ¡Sin embargo...!

Ha salido un sembrador a sembrar: allá donde el divinal, el eterno, paira sobre la Creación, y donde el más etéreo de la materia fina de la Creación toca la entealidad, es el campo para la siembra de los gérmenes espirituales humanos. Pequeñas chispas salen desde el enteal transponiendo el limite y ahondan en el suelo virgen de la parte fino-material de la Creación, tal como en las descargas eléctricas de un temporal. Es como si la mano creadora del espíritu Santo diseminase semillas en la materialidad.

Mientras el siembre se desenvuelve y lentamente madura para la cosecha, muchos granos se pierden. No resultan, es decir, no desenvolvieron sus facultades más elevadas, pero pudrieron o secaron y deben perderse en la materia. Aquellos, sin embargo, que resultaron y sobresalen del suelo, serán examinados rigurosamente por ocasión de la cosecha, las espigas vacías separadas de las espigas llenas. Después de la cosecha, el joyo será una vez más separado cuidadosamente del trigo.

Así es la imagen del proceso en general. Y ahora, a fin de conocer el libre-arbitrio, tenemos que acompañar más detalladamente el proceso evolutivo propiamente dicho del ser humano:

Como lo más elevado, lo más puro, es, en su esplendor, el eterno, el divinal, el punto de partida de todo, el inicio y el fin, rodeado por el luminoso enteal.

Cuando entonces chispas desde el enteal saltan para el campo de la extremidad fino-material de la Creación material, se cierra instantáneamente al rededor de esa chispa un envoltorio gaseoso de idéntica especie de materia de esa más delicada región de la materialidad. Con eso, el germen espiritual del ser humano ha ingresado en la Creación, la cual, como todo lo que es materia, está sujeta a alteraciones y a la descomposición. Él aun está libre de karma y espera las cosas que habrán que venir.

Hasta esas más extremas ramificaciones llegan entonces las vibraciones de las fuertes vivencias que se procesan incesantemente en el medio de la Creación en todo el formar y decomponer.

Aún cuando se trate de los más delicados vislumbres que atraviesan esa materia fina gaseosa como un soplo, son, pues, suficientes para despertar la voluntad sensible en el germen espiritual y llamar su atención. Él quiere “probar” ésta o aquella vibración y seguirla o, caso se quiera expresar de otra forma, dejarse llevar por ella, lo que equivale a un dejarse atraer. Ahí, hay la primera decisión del germen espiritual múltiplemente dotado y que de ahora en adelante será, según su elección, atraído para aquí o allá. Ahí también ya se van atando los primeros hilos más delicados del tejido que más tarde constituirá su tapiz de vida.

Ahora, sin embargo, podrá ese germen, que se desenvuelve rápidamente, utilizarse de cada momento para entregarse a las vibraciones de otras especies que cruzan de modo permanente y múltiplo su camino. Apenas cuando lo realice, es decir, lo desee, modificará así su dirección, siguiendo la especie recién elegida o, expreso de otra forma, dejándose arrastrar por ella.

A través de su deseo él puede cambiar, como que por un timón, el curso en las corrientes, apenas cuando una de ellas no más le guste. Así alcanza “probar” aquí y allá.

En ese probar él madura más y más, recibe lentamente la facultad de discernir y por fin la capacidad de juzgar, hasta que finalmente, tornándose cada vez más conciente y seguro, sigue en una determinada dirección. Su elección de las vibraciones, las cuales está dispuesto a seguir, no queda ahí sin un efecto más profundo sobre él propio. Es solamente una consecuencia muy natural que esas vibraciones, en las cuales él, debido a su libre voluntad, por así decir, fluctúa, influencien en la reciprocidad el germen espiritual en acuerdo con su especie.

¡Pero el propio germen espiritual, sin embargo, posee en si solamente cualidades nobles y puras! Ese es el dote con que debe “crecer excesivamente” en la Creación. Si él entregarse a vibraciones nobles, éstas, en la ley de la reciprocidad, vivificarán, despertarán, fortalecerán y desenvolverán las propiedades latentes en el germen, de modo que éstas con el tiempo producen interés abundantes y distribuyen grandes bendiciones en la Creación. Un ser humano espiritual que de esa forma se desenvuelve se tornará con eso un buen administrador.

Pero, si él se decida predominantemente por vibraciones bajas, éstas pueden con el tiempo influenciarlo tan fuertemente que la especie de ellas queda adherida a él, cubriendo y sofocando las propias facultades puras del germen espiritual, no dejando que lleguen a un verdadero despertar y florecer. Éstas tienen, por fin, que ser consideradas como de hecho “enterradas”, por lo que el respectivo ser humano se tornará un malo administrador del dote a él confiado.

Un germen espiritual no consigue, por lo tanto, ser por si originariamente impuro, porque proviene desde aquello que es puro y trae solamente pureza en si. Puede, sin embargo, después de su inmersión en la materialidad, macular su envoltorio igualmente material por el “probar” de las vibraciones impuras de acuerdo con la propia voluntad, es decir, por medio de tentaciones, puede incluso con eso adquirir anímica y exteriormente cosas impuras, por fuertes sofocaciones de aquello que es noble, con lo que él entonces recibe características impuras, en contraste a las facultades inherentes y heredadas por el espíritu. El alma es solamente el envoltorio fino-material más etéreo, gaseoso, del espíritu, y solamente existente en la Creación material. Después de un eventual regreso para el puro espíritu-enteal, situado más arriba, el alma es dejada hacia tras y solamente existe todavía el espíritu, que de otra forma tampoco podría ultrapasar el limite de la Creación material para regresar al espiritual. Su regreso, su retorno, sin embargo, ocurre entonces de forma viva, conciente, mientras la chispa que ha partido todavía no lo era en el inicio.

¡Cada culpa y todo el karma es solamente de orden material! ¡Solamente dentro del ámbito de la Creación material, no diferentemente! Tampoco puede transferirse para el espíritu, pero solamente adherirse a él. Razón por la cual es posible un lavarse de toda la culpa.

Ese reconocimiento nada derrumba, pero solamente confirma todo lo que la religión y la Iglesia dicen figuradamente. Sobre todo, reconocemos siempre más y más la gran Verdad que Cristo trajo a la humanidad.

Es también evidente que un germen espiritual, que se ha sobrecargado de cosas impuras en la materialidad, no puede más regresar nuevamente con esa carga para el espiritual, pero deberá permanecer en la materia hasta que haya se soltado de ese fardo y podido librarse de él. Habrá así, naturalmente, que permanecer siempre en la región para la cual el peso de su carga lo obliga, siendo para eso factor determinante lo mayor o menor grado de impureza. Caso no alcance libertarse y echar fuera el fardo hasta el dia del Juicio, no conseguirá acender, a pesar de la siempre permaneciente pureza del germen espiritual, que además, por la sobrepujanza de las cosas impuras, no pudo desenvolver correspondientemente sus reales capacidades. El impuro, por su peso, lo retiene y lo arrastra junto para la descomposición de todo cuanto es material.*(Disertación Nro. 20: El Juicio Final)

Cuanto más conciente se torna entonces un germen espiritual en su desenvolvimiento, tanto más el envoltorio exterior irá amoldándose a las características interiores. O aspirará a lo que es noble o a lo que es vil, es decir, al bello o al feo.

Cada mudanza de dirección que él haga, formará un nudo en los hilos, que él va arrastrando tras de si que, en muchos caminos errados, en muchas idas y venidas, pueden resultar formar numerosas meadas como en una red, en la cual él se enmaraña, por lo que o en ella ahonda, porque lo retiene, o habrá que libertarse violentamente. Las vibraciones a las cuales se ha entregado, probando o usufructuando durante sus trayectos, quedan atadas a él y se arrastran tras él como hilos, transmitiéndole, sin embargo, también de esta forma, incesantemente, su especie de vibraciones. Si él entonces mantuviere por largo tiempo la misma dirección, así los hilos anteriores que se encuentran más lejos, bien como los que están más cerca, podrán actuar con intensidad no diminuida. Caso, sin embargo, cambie el rumbo, las vibraciones anteriores poco a poco se irán debilitando en su influencia, a causa de ese cruce, pues habrán que pasar primero por un nudo que actúe sobre ellas de modo embarazoso, porque el enlace en si ya constituye una ligazón y fusión con la nueva y diferente dirección. La nueva dirección de ahí resultante sigue actuando en su especie diferente sobre la anterior, desagregando y disolviendo, caso no pertenezca a una especie semejante a la primera. Y así sigue sucesivamente. Los hilos se van tornando más espesos y más fuertes con el crecimiento del germen espiritual, formando el karma, cuyo efecto ulterior puede, por fin, adquirir tanto poder, que asocia al espíritu éste o aquél “pendiente”, que finalmente es capaz de perjudicar sus libres decisiones, dándoles una dirección ya antes estimable. Con eso el libre-arbitrio está entonces obscurecido, no puede más actuar como tal.

Desde el inicio, por lo tanto, existe el libre-arbitrio, sólo que muchos arbitrios están más tarde de tal forma sobrecargados, que son fuertemente influenciados por la manera ya mencionada, no pudiendo más ser, por lo tanto, ningún libre-arbitrio.

El germen del espíritu, que de esa forma se va desenvolviendo más y más, debe, pues, ir aproximándose cada vez más de la Tierra, visto que desde ahí parten las vibraciones de modo más fuerte y él, direccionando de forma cada vez más conciente, las sigue, o mejor dicho, se deja “atraer” por ellas, a fin de poder probar cada vez más intensamente las especies elegidas según su inclinación. Quiere pasar del picar para el real “probar” y, luego, para el “desfrutar”.

Las vibraciones originarias desde la Tierra son por eso tan fuertes, porque aquí sobreviene algo de nuevo, muy energético: ¡la fuerza sexual corporal de la materia gruesa! *(Disertación Nro. 62: La fuerza sexual en su significación para la ascensión espiritual)

Esa tiene la finalidad y la capacidad de “hacer incandescente” toda la intuición espiritual. El espíritu solamente así obtiene correcta ligazón con la Creación material y puede por lo tanto, solamente así, en ella tornarse activo con plena energía. Incluye entonces todo cuando es necesario para hacerse valer plenamente en la materialidad, a fin de firmarse en ella en todos los sentidos, pudiendo actuar de manera penetrante y dominadora, estando armado contra todo y también protegido de todo.

Desde ahí las colosales olas de fuerza que emanan del vivenciar que se procesa a través de los seres humanos en la Tierra. Alcanzan, sin embargo, siempre solamente tan lejos cuanto la Creación material, sin embargo, en ella vibrando hasta las ramificaciones más delicadas.

Una persona en la Tierra que fuese espiritualmente elevada y noble, y que por eso viniese con elevado amor espiritual a sus prójimos, les permanecería extraña, no pudiendo acercarse interiormente, apenas cuando fuese excluida su fuerza sexual. Así, haría falta un puente para el entendimiento y para el intuir anímico, existiría consecuentemente un abismo.

En el momento, sin embargo, en que tal amor espiritual ingresa en pura ligazón con la fuerza sexual, y se torna incandescente por ésta, el flujo para toda la materialidad recibe una vida muy diferente, se torna en eso terrenalmente más real y consigue así actuar sobre los seres humanos terrenos y sobre toda la materialidad de modo pleno y comprensible. Sólo así él es asimilado y comprendido por ésta y puede traer aquella bendición a la Creación, que el espíritu del ser humano deba traer.

Hay algo gigantesco en esa ligazón. ¡Ése es también el objetivo propiamente dicho, por lo menos la finalidad principal, de ese inmensurable impulso natural, para tantos enigmático, a fin de dejar el espiritual desenvolverse en la materialidad hasta la plena fuerza de actuación! Sin eso él permanecería demasiado extraño a la materialidad, para poder manifestarse bien. La finalidad procreadora sólo viene en segundo lugar. El hecho principal es el impulso hacia arriba que resulta de esa ligazón en el ser humano. Con eso el espíritu humano también recibe su fuerza plena, su calor y su vitalidad, queda, por así decir, listo con este proceso. ¡Por eso principia aquí, pero también solamente ahora, su plena responsabilidad!

La sabida justicia de Dios otorga al ser humano, sin embargo, en ese importante punto de transición, también simultáneamente, no solamente la posibilidad, pero si incluso el impulso natural para desembarazarse fácilmente de todo el karma con lo que hasta entonces ha sobrecargado su libre-arbitrio. De esa forma, el ser humano consigue otra vez libertar el arbitrio completamente, para entonces, estando concientemente de modo poderoso en la Creación, tornarse un hijo de Dios, actuar en Su sentido y subir hacia las alturas en puras y elevadas intuiciones, para donde más tarde será atraído, cuando haya dejado su cuerpo de materia gruesa.

Si el ser humano no hiciere eso, la culpa es suya; pues con el ingreso de la fuerza sexual se manifiesta en él, de modo preponderante, un impulso poderoso hacia arriba, para lo que es ideal, bello y puro. Eso siempre puede ser observado nítidamente en la juventud incorrupta de ambos los sexos. Por eso los entusiasmos de los años de la juventud, lamentablemente muchas veces ridiculizado por los adultos, y que no deben ser confundidos con los de los años de la infancia. Por eso también en eses años las intuiciones inexplicables, ligeramente melancólicas y con un aire de seriedad. No son infundadas las horas en que a un joven o a una joven les parece haber que cargar todo el dolor del mundo, cuando les vienen presentimientos de una profunda seriedad. También el no sentirse comprendido, que tan frecuentemente ocurre, contiene en si, en la realidad, mucho de verdadero. Es el reconocimiento temporal de la conformación errada del mundo alrededor, lo cual no quiere tampoco puede comprender el sagrado inicio de un vuelo puro hacia las alturas, y solamente queda satisfecho cuando esa tan fuerte intuición exhortadota en las almas en madurez es arrastrada hacia bajo, para el “más real” y sensato, que le es más comprensible y que considera más adecuado a la humanidad, juzgando, en su sentido intelectual unilateral, como lo único normal.

A pesar de eso, existen innúmeros materialistas inveterados que, en idéntica época de su vida, intuyeron de la misma forma como una severa advertencia y que, aquí y allá, hablan con placer del tiempo áureo del primero amor con un ligero acceso de cierta sensibilidad, incluso de melancolía, que expresa inconcientemente un dolor por algo perdido, que no es posible describir más pormenorizadamente. ¡Y en eso todos ellos tienen razón! Lo más precioso les fue tomado, o ellos propios lo echaron livianamente, cuando, en el gris dia a dia del trabajo, o bajo el sarcasmo de los así nombrados “amigos” y “amigas”, o por medio de malos libros y ejemplos, enterraron tímidamente la joya, cuyo brillo, a pesar de eso, irrumpe nuevamente durante su vida posterior, una vez aquí y allá, dejando ahí en un instante latir más alto el corazón insatisfecho, en un inexplicable tremor de una enigmática tristeza y nostalgia.

Aun cuando tales intuiciones son siempre de nuevo recalcadas y ridiculizadas rápidamente en amargo auto-escarnio, comprueban aún así la existencia de ese tesoro, y afortunadamente pocos son aquellos que pueden afirmar nunca haber tenido tales intuiciones. Y ésos también solamente serian dignos de lastima; pues nunca vivieron.

Pero incluso tales corrompidos, o digamos dignos de lastima, sienten entonces una nostalgia, cuando se les da la oportunidad de encontrar una persona que utilice esa fuerza propulsora con disposición correcta, y que, por lo tanto, así se ha tornado pura y ya se encuentra en la Tierra interiormente elevada. El efecto de semejante nostalgia en tales personas es, sin embargo, en la mayoría de las veces, primeramente el reconocimiento involuntario de la propia bajeza y negligencia, que acaba transformándose entonces en odio, que puede llegar incluso a una cólera ciega. Tampoco es raro ocurrir que una persona perceptiblemente ya anímicamente elevada atraiga sobre si el odio de masas enteras, sin que ella propia realmente hubiese dado motivo reconocible externamente para tanto. Tales masas entonces no saben nada más sino gritar: “¡crucificadlo, crucificadlo!”. Desde ahí el gran numero de mártires que la historia de la humanidad hay registrado.

La causa es el dolor feroz de ver en otros algo precioso, que ellos propios han perdido. Un dolor que sólo reconocen como odio. En personas con mayor calor interior, que han sido detenidas o arrastradas para la mugre solamente debido a malos ejemplos, la nostalgia de aquello que propiamente no fue conseguido provoca, en un encuentro con una persona interiormente elevada, muchas veces también ilimitado amor y veneración. Dondequiera que se dirija tal persona, hay siempre solamente un pro o un contra en su alrededor. Indiferencia no consigue resistir.

¡La gracia misteriosamente irradiante de una joven incorrupta o de un joven incorrupto otra cosa no es sino el impulso puro de la fuerza sexual que despierta en unión con la fuerza espiritual para cosas más elevadas y más nobles, intuido conjuntamente por su ambiente debido a las fuertes vibraciones! Celosamente, ha cuidado el Creador de que eso sólo ocurre al ser humano en una edad en que pudiese tornarse plenamente conciente de su voluntad y de sus actos. Entonces es llegado el tiempo en lo cual él puede y debería desembarazarse, como que jugando, de todo cuanto pertenece al pasado, en ligazón con la fuerza plena en él ahora existente. Caería incluso por si, caso el ser humano mantuviese su voluntad hacia el bien, al que en esa época se siente impulsado sin cesar. ¡Podría, entonces, como las intuiciones muy correctamente indican, escalar sin esfuerzo hacia aquel escalón al cual él, como ser humano, pertenece! ¡Ved la actitud soñadora de la mocedad incorrupta! Nada más es sino la intuición del impulso hacia arriba, la voluntad de libertarse de todo el mugre, el anhelo ardiente por lo que es ideal. La inquietud impulsionante, sin embargo, es la señal para no perder el tiempo, pero desembarazarse enérgicamente del karma y empezar la escalada del espíritu.

¡Por eso la gran importancia, el gran punto de transición que la Tierra es para la creatura humana!

¡Es algo de esplendido hallarse en esa fuerza concentrada, actuar en ella y con ella! Eso, mientras la dirección que el ser humano ha elegido es buena. Pero tampoco existe nada más miserable de lo que malbaratar esas energías unilateralmente en ciega embriaguez de los sentidos y así resultar en paralizar su espíritu, privándolo de una gran parte del impulso de que tanto necesita para llegar hacia las alturas.

Y, sin embargo, el ser humano, en la mayoría de los casos, pierde esa preciosa época transitoria, dejándose conducir por el ambiente “entendido” para caminos errados, los cuales lo retienen y, lamentablemente, con demasiada frecuencia incluso lo conducen hacia bajo. Debido a eso no consigue libertarse de las turbas vibraciones en él adherentes, las cuales, al contrario, reciben solamente nueva provisión de fuerzas y, así, envuelven más y más su libre-arbitrio, hasta que él no consigue más reconocerlo.

Así ocurre en la primera encarnación en la Tierra. En las consecutivas encarnaciones, que son necesarias, el ser humano llevará consigo un karma mucho más pesado. La posibilidad de desvencijarse, sin embargo, se presenta, a pesar de eso, siempre de nuevo, y ningún karma podría ser más fuerte de lo que el espíritu del ser humano al llegar en la plenitud de su vigor, apenas cuando reciba a través de la fuerza sexual la ligazón sin lagunas con la materialidad, a la cual, sí, el karma pertenece.

Si, sin embargo, el ser humano ha desperdiciado esas épocas para desvencijarse de su karma y para la recuperación a eso atada de su libre-arbitrio, habiendo se enmarañado más aún, habiendo tal vez hasta caído profundamente, a pesar de eso, aún se ofrece a él un poderoso aliado para el combate del karma y para la ascensión. El mayor vencedor que hay, capaz de todo sobrepujar. La sabiduría del Creador dispuso las cosas en la materialidad de tal manera, que los períodos mencionados no son los únicos en que el ser humano puede encontrar la posibilidad de auxilio rápido, en los cuales él consigue encontrar a si mismo, bien como su real valor, recibe incluso para tanto un impulso extraordinariamente fuerte, a fin de que ponga atención a eso.

¡Ese poder mágico, que está a la disposición de cada ser humano durante toda su existencia terrena, en constante prontitud de auxilio, pero que también se origina de la misma unión de la fuerza sexual con la fuerza espiritual, pudiendo provocar la eliminación del karma, es el amor! No el amor ambicioso de la materia gruesa, pero el elevado y puro amor que otra cosa no conoce tampoco desea sino el bien de la persona amada, que nunca piensa en si propio. Él pertenece también a la Creación material y no exige renuncia tampoco penitencia, pero quiere siempre solamente lo mejor para el otro, se preocupa con él, sufre con él, pero divide también con él las alegrías.

Como base, tiene él las intuiciones semejantes de anhelo por el ideal de la juventud incorrupta en el romper de la fuerza sexual, pero también estimula el ser humano responsable, es decir, maduro, para la fuerza plena de toda su capacidad, hasta al heroísmo, de modo que la fuerza productiva y combativa sea concentrada a la máxima intensidad. ¡Aquí, en relación a la edad, no son colocados limites! Apenas cuando una persona provee guarida al amor puro, sea el lo de un hombre por una mujer o vise-versa, o por un amigo, o por una amiga, o por los padres, por los hijos, no importa, si este solamente es puro, traerá como primera dádiva la oportunidad para librarse de todo el karma, que entonces solamente es remido aún de forma puramente “simbólica”, *(Disertación Nro. 37: Simbolismo el destino humano) para el desabrochar del libre y conciente arbitrio, que sólo puede ser conducido hacia arriba. Como consecuencia natural, se inicia entonces la escalada, el rescate de las cadenas indignas que la retienen.

La primera intuición que se manifiesta cuando despierta el amor puro es la de juzgarse indigno ante el ser querido. En otras palabras, se puede describir ese fenómeno como el principio de la modestia y de la humildad, por lo tanto, el recibimiento de dos grandes virtudes. A seguir, se adjunta a eso el impulso de querer mantener la mano sobre el otro, de forma protectora, a fin de que no le ocurra mal algun de ningún lado, pero si que su camino lo conduzca por veredas floridas y con mucho sol. El “querer llevar en las palmas de las manos” no es un dictado hueco, pero sí caracteriza muy acertadamente la intuición que brota. En eso, sin embargo, se encuentra una abdicación de la propia personalidad, una gran voluntad de servir, lo que, por si sólo, podría bastar para eliminar en poco tiempo todo el karma, apenas cuando esa voluntad perdure y no de lugar a impulsos puramente sensuales. Por ultimo, se manifiesta incluso, en el amor puro, el deseo ardiente de poder hacer algo muy grande para el otro ser querido, en el sentido noble, de no lo insultar o herir con ningún gesto, ningún pensamiento, ninguna palabra, mucho menos aún con alguna acción fea. Se torna viva la más delicada consideración.

Se trata, entonces, de agarrar esas puras intuiciones y ponerlas encima de todo lo demás. Nunca alguien, entonces, querrá o hará algo de mal. Simplemente no lo consigue, pero sí, al contrario, tiene en eso la mejor protección, la mayor fuerza, lo más bien-intencionado consejero y auxiliador.

¡Por ese motivo también Cristo, siempre de nuevo, indica para la omnipotencia del amor! Solamente él todo sobrepuja, todo consigue. Sin embargo, presuponiendo siempre que no se trate solamente del amor terreno y codicioso, que contiene en sí el celo y sus vicios análogos.

¡El Creador, en Su sabiduría, ha lanzado con eso un flotador de salvación en la Creación, que no solamente una vez en la vida terrena toca en cada criatura humana, a fin de que en ella se firme y por ella se alce!

Ese auxilio está a la disposición de todos. No hace ninguna diferencia, ni en la edad ni en el sexo, ni en el pobre ni en el rico, tampoco en el noble o humilde. ¡Por esa razón, el amor es también la mayor dadiva de Dios! ¡Quien comprende eso, ése está cierto de la salvación de todas las vicisitudes y de todas las profundidades! Se liberta, recupera así de modo más fácil y más rápido un límpido libre-arbitrio, que lo conduce hacia arriba.

Aun cuando se encuentre en una profundidad, que debe llevarlo al desespero, el amor es capaz de arrancarlo con el impetu de un huracán hacia arriba, hacia el encuentro de la Luz, de Dios, que es el propio amor. Apenas cuando en una persona despierte un amor puro ante cualquier impulso, tiene ella también la más directa ligazón con Dios, el fuente primordial de todo el amor, y con eso también el más fuerte auxilio. Pero si un ser humano poseyera todo y no tuviese el amor, sólo seria un metal sonante o un cascabel, es decir, sin calor, sin vida… ¡nada!

Si viene a sentir, sin embargo, amor verdadero por cualquiera de sus semejantes, lo cual sólo se esfuerza para dar a la persona amada luz y alegría, no a degradar delante codicias insensatas, pero sí erguirla protegiéndola, entonces él sirve a ella, sin tornarse conciente del servir, propiamente, visto que así se torna un desinteresado donador y regalador. ¡Y ése servir lo liberta!

Muchos dirán para sí mismos: ¡Es exactamente eso que hago, o por lo menos ya me esfuerzo! Busco por todos los medios tornar fácil la vida terrena de mi mujer o familia, proporcionarles placeres, empeñándome en conseguir tantos medios para que puedan tener una vida cómoda, agradable y libre de preocupaciones. Millares golpearán en el pecho, sintiéndose elevados y juzgándose por demasiado buenos y nobles. ¡Se engañan! ¡Ése no es el amor vivo! Éste no es tan unilateralmente terreno, pero impulsa al mismo tiempo mucho más fuertemente para lo que es más elevado, más noble e ideal. Claro es que nadie debe impunemente, es decir, sin consecuencias prejudiciales, descuidarse de las necesidades terrenas, no las debe descuidar, pero éstas no deben constituir la finalidad principal del pensar y del actuar. Encima de eso paira, de modo inmenso y fuerte, el desear, tan misterioso para muchos, de poder ser, realmente, ante si mismos, aquello que valen delante aquellos por los cuales son amados. ¡Y ese desear es el camino cierto! Conduce siempre solamente hacia el alto.

El amor verdadero y puro no necesita ser esclarecido aún más detalladamente. Cada ser humano siente perfectamente cómo él es constituido. Busca solamente engañarse con frecuencia a tal respeto, cuando ve ahí sus errores e intuye de modo claro cuan lejos se encuentra todavía realmente de amar de modo verdadero y puro. Pero él debe entonces animarse, no puede parar con hesitación y llegar por fin a faltar; ¡pues para él no existe más un libre-arbitrio sin el verdadero amor!

Cuantas oportunidades son, por lo tanto, proporcionadas al ser humano, a fin de que se animen y se lancen rumbo al alto, sin que las aprovechen. ¡Por eso, en la mayoría, sus lamentos y búsquedas no son legítimos! Tampoco quieren, apenas cuando ellos propios tengan que contribuir con algo, aun que sea solamente una pequeña modificación de sus hábitos y opiniones. ¡En la mayor parte es mentira, auto-ilusión! Dios es que debe venir hasta ellos y soerguirlos hacia Si, sin que necesiten renunciar a la tan querida comodidad y a su auto-adoración. Entonces, también, consentirían en acompañar, pero no sin esperar para tanto aún un agradecimiento todo especial de Dios.

¡Dejad que tales zánganos sigan su camino hacia la ruina! No merecen que alguien se esfuerce por ellos. Dejarán pasar siempre de nuevo, quejándose y rezando, las oportunidades que se les ofrecen. Si una tal persona, sin embargo, se aprovechase de ellas una vez, entonces seguramente las iría privar de su más distinto adorno, de la pureza y altruismo, para arrastrar ese preciosísimo bien hacia el lodo de las pasiones.

¡Investigadores y eruditos deben finalmente animarse y desviarse de esas personas! No deben pensar que están haciendo obra agradable a Dios, cuando ofrecen continuamente Su Palabra y Su voluntad sagrada como mercadería barata y por medio de tentativas de enseñanzas, dando así cuasi la apariencia de que el Creador necesitaría mendingar por intermedio de Sus fieles para ampliar el circulo de los adeptos. Es una maculación, si es ofrecida a esos que con las manos mugrientas la agarran. No se debe olvidar la sentencia que prohíbe “tirar perlas a los cerdos”.

Y otra cosa no se da en tales casos. Desnecesario desperdicio de tiempo, que en tal medida no debe ser más derrochado, sin que, por fin, en la acción retroactiva, se convierta perjudicial. Solamente deben ser ayudados aquellos que buscan.

La inquietud que por toda parte surge en muchas personas, el investigar y el buscar por el paradero del libre-arbitrio son perfectamente justificados y constituyen una señal de que no hay tiempo a perder. Este hecho es reforzado con el presentimiento inconciente de un posible tarde demás para tal. Eso mantiene ahora el buscar constantemente vivo. Pero es en gran parte inútil. ¡Los seres humanos de la actualidad, en su mayor parte, no consiguen más activar el libre-arbitrio, porque se han demasiado enmarañado!

Lo han vendido y lo han comercializado… ¡por nada!

Cuanto a eso no podrán responsabilizar Dios, como se intenta hacer siempre de nuevo tan frecuentemente, ante todo el tipo de interpretaciones, para eximirse del pensamiento de una responsabilidad propia que los espera, pero habrán que acusar a sí mismos. Y aun cuando tal auto-acusación fuera prepasada de la más acerba amargura y del más profundo dolor, aún así no sería suficientemente fuerte para dar una relativa compensación por el valor del bien perdido, que ha sido insensatamente calcado o desperdiciado.

A pesar de eso, el ser humano todavía puede encontrar el camino para conquistarlo nuevamente, apenas cuando se esfuerce seriamente en ese sentido. Sin embargo, siempre solamente cuando él lo desee del más fundo de su intimo. Si ese deseo realmente vivir en él y jamás debilitarse. Debe llevar el más ardiente anhelo para tanto. Y aun cuando debiese empeñar en eso toda su existencia terrena, solamente habría que ganar con eso; ¡pues extremamente seria y necesaria para el ser humano es la recuperación del libre-arbitrio! Podemos en lugar de recuperación decir desenterramiento, o purificación libertadora. Resulta exactamente lo mismo.

Pero mientras el ser humano solamente piense y cavile a tal respecto, no conseguirá nada. El mayor esfuerzo y pertinacia han que faltar ahí, visto que a través de pensamientos y cavilaciones no conseguirá nunca ultrapasar los limites de tiempo y espacio, es decir, jamás llegará hasta dónde se encuentre la solución. Y como actualmente el pensar y el cavilar han sido considerados como el principal camino para todo el investigar, no existe, tampoco, ninguna perspectiva de que se pueda esperar un progreso además de las cosas puramente terrenas. A menos que los seres humanos se cambien en eso fundamentalmente.

¡Aprovechad el tiempo de la existencia terrena! ¡Pensad en el gran punto de transición que lleva consigo la plena responsabilidad!

Por ese motivo, un niño aún no se encuentra espiritualmente capacitado, porque la ligazón entre el espiritual y el material todavía no se ha realizado en ella a través de la fuerza sexual. Solamente en el momento del ingreso de tal fuerza es que sus intuiciones adquirirán aquella energía capaz de prepasar de modo incisivo la Creación material, transformándola y remodelándola, con lo que asumirá, de modo espontáneo, plena y entera responsabilidad. Antes, los efectos retroactivos tampoco son tan fuertes, porque la capacidad de intuición actúa de modo mucho más débil. Por eso, en la primera encarnación *(Ingreso del ser humano en la existencia terrena) en la Tierra, un karma no puede ser tan pesado, pero, cuando mucho, puede influir en la ocasión del nacimiento, determinando el ambiente en que el nacimiento ocurre, a fin de que ayude el espíritu, durante su vida terrena, a libertarse del karma ante el reconocimiento de sus propiedades especificas. Los puntos de atracción de las especies iguales representarían ahí un papel predominante. Todo, sin embargo, solamente en sentido blando. El karma, propiamente dicho, potente e incisivo, solamente se inicia cuando en el ser humano la fuerza sexual se une a su fuerza espiritual, por lo que él se torna en la materia no solamente de pleno valor, pero puede, en todos los sentidos, sobrepujarla ampliamente, caso se sintonice correspondientemente.

Hasta ahí tampoco las tinieblas, el mal, alcanzan llegar directamente al ser humano. De eso un niño se encuentra protegido por la falta de ligazón con el material. Como que separado. Hace falta el puente.

Por eso, a muchos oyentes se tornará también más comprensible por que los niños desfrutan de una protección mucho mayor contra el mal, lo que ya es proverbial. Por el mismo camino, sin embargo, que forma el puente para la fuerza sexual se inicia, y sobre el cual el ser humano puede andar luchando en su pleno vigor, puede llegarle naturalmente también todo lo más, si no esté suficientemente vigilante. Pero en caso alguno eso puede ocurrir antes que posee también la necesaria fuerza defensiva. No existe en momento alguno una desigualdad que permita surgir una excusa.

¡Por esa razón, la responsabilidad de los padres asume proporciones gigantescas! Ay de aquellos que privan los propios hijos de la oportunidad de desembarazarse de su karma y de ascender, sea por burlas inoportunas, sea por educación errada, si no hasta por malos ejemplos, a los cuales pertenecen también las ambiciones exageradas en los más variados sectores. Las tentaciones de la vida terrena, ya por si sólo, atraen en este o en aquel sentido. Y por no ser explicada a los adolescentes su real posición de poder, ellos ni emplean su fuerza o la emplean de modo insuficiente, o la desperdician de la manera más irresponsable, cuando no hacen de ella hasta uso errado y malo.

Por lo tanto, en la ignorancia, se inicia, pues, el inevitable karma con ímpetu cada vez mayor, lanza adelante, influenciando, sus irradiaciones a través de algun pendiente para esto o aquello, y restringe con eso el libre-arbitrio propiamente dicho en las decisiones, de modo que él no es más libre. Ha decorrido de eso también el hecho de la mayoría de la humanidad, actualmente, no más poder activar libre-arbitrio alguno. Ella se ha atado, encadenado, esclavizado por propia culpa. ¡Cuan infantiles e indignos se presentan los seres humanos, cuando buscan repeler el pensamiento de una responsabilidad incondicional, prefiriendo en eso echar al Creador una censura de injusticia! Cuan ridículo suena el pretexto de que incluso ni tendrían ningún libre-arbitrio propio, pero serian conducidos, empurrados, allanados y modelados, sin poder hacer algo en contra.

Si al menos por un momento quisiesen tomar conciencia del misero papel que representan realmente con tal comportamiento. Si, antes de todo lo demás, finalmente quisiesen examinarse de forma verdaderamente critica en relación a la posición de poder que les ha sido concedida, a fin de reconocer como ellos la desperdician, sin reflexión, en niñerías y futilidades transitorias, como en cambio, elevan bagatelas a una posición de importancia despreciable, se sienten grandes en cosas en las cuales, sin embargo, han que parecer tan pequeños en relación a su destino real como seres humanos en la Creación. ¡El ser humano actual es como un hombre al cual fue dado un reino y que prefiere perder su tiempo con los más simple juguetes infantiles!

Es solamente evidente, y no de esperarse diferentemente, que las fuerzas poderosas concedidas al ser humano deban aplastarlo, si no sepa conducirlas.

¡Ha llegado el ultimo momento para finalmente despertar! Debía el ser humano aprovechar plenamente el tiempo y la gracia que le son regalados con cada vida terrena. Todavía no presiente cuan indispensable eso ya lo es. En el momento en que se liberte nuevamente el arbitrio, que actualmente se halla preso, le servirá todo lo que ahora parece muchas veces estar contra él. Incluso las irradiaciones de los astros, temidas por tantos, solamente existen para servirlo y ayudarlo. Poco importa de que naturaleza sean.

¡Y cada cual lo consigue, aun cuando el karma todavía pese pesadamente en él! Aun cuando las irradiaciones de los astros parezcan ser predominantemente desfavorables. Todo eso se realiza de modo pernicioso solamente en el caso de un arbitrio atado. Pero también ahí solamente aparentemente; porque, en la realidad, aún así será para su bien, si no sepa más ayudar a si mismo de otra manera. De ese modo será forzado a defenderse, a despertar y a estar alerta.

El miedo de las irradiaciones de los astros no es, sin embargo, apropiado, porque los fenómenos colaterales que ahí se efectúan son siempre solamente los hilos del karma, que está actuando para la respectiva persona. Las irradiaciones de los astros constituyen solamente canales, para los cuales es conducido todo el karma que, en la ocasión, se encuentra suspenso para una persona, hasta el punto en que éste, en su especie, corresponda a las respectivas irradiaciones de igual especie. Si, por lo tanto, las irradiaciones de los astros son desfavorables, entonces se añadirá en esos canales solamente karma suspenso desfavorable para el ser humano, aquello que corresponde exactamente a la especie de las irradiaciones, nada diferente. Igualmente en los casos de irradiaciones favorables. Conducido así más concentradamente, puede también efectuarse sobre el ser humano siempre de modo más sensible. Pero dónde no hay karma nocivo, las irradiaciones desfavorables de los astros tampoco podrán actuar de modo nocivo. Una cosa no es separable de la otra. También ahí se reconoce más una vez el grande amor del Creador. Los astros controlan o conducen los efectos del karma. ¡Consecuentemente, un karma nocivo no puede actuar sin interrupciones, pero también en este tiempo tiene que dejar al ser humano intervalos para tomar aliento, porque los astros irradian alternadamente y, así, en el periodo de irradiaciones benignas, el malo karma está imposibilitado de actuar! Ha, pues, que interrumpir y esperar hasta que recomiencen las irradiaciones desfavorables, no pudiendo, por consiguiente, oprimir enteramente una persona tan fácilmente. No habiendo, al lado del karma nocivo de la criatura humana, tampoco alguno karma benigno que se efectúe a través de las irradiaciones favorables de los astros, entonces, por las irradiaciones favorables, por lo menos se consigue que el sufrimiento tenga interrupciones durante las épocas de irradiaciones benignas.

Así se engranan también aquí, una el la otra, las ruedas de los acontecimientos. Una cosa resulta en otra, dentro de la más restricta lógica, y la controla simultáneamente, a fin de que no puedan ocurrir irregularidades. Y así prosigue, como en un gigantesco conjunto de engranajes. De todos los lados los dientes de los engranajes se encajan de forma precisa y exacta, moviendo y impulsando todo adelante, para el desenvolvimiento.

En el centro de todo, sin embargo, se encuentra el ser humano con el incalculable poder que le es confiado para dar, por medio de su voluntad, la dirección a ese gigantesco engranaje. ¡Sin embargo, siempre solamente para si propio! Podrá llevarlo hacia arriba o hacia abajo. Únicamente la sintonización es la determinante para el fin.

Pero, el engranaje de la Creación no es constituido de material rígido, pero de formas y seres, todos vivos que, actuando conjuntamente, causan una impresión aún más gigantesca. Pero todo ese maravilloso tejer sirve solamente para ayudar el ser humano, para servirlo, mientras él no interfiera con el poder que a él le fue dado, de modo a embarazarlo por el derroche infantil y empleo errado. Es urgente, por fin, que se encuadre diferentemente para tornarse lo que deba ser. ¡Obedecer otra cosa no significa, en la realidad, sino comprender! Servir es auxiliar. Auxiliar, sin embargo, significa reinar. En poco tiempo cada uno puede libertar su arbitrio conforme debe ser. Y de esa forma todo cambia para él, pues él propio primeramente ha cambiado su intimo.

Pero para millares, centenares de millares, sí, para millones de seres humanos se tornará demasiado tarde, porque no lo quieren diferentemente. Es solamente natural que la fuerza erradamente dirigida destruya la maquina, fuerza que, de otra forma, hubiera le servido para realizar un trabajo bendito.

Cuando sobrevengan los acontecimientos, todos los que hesitan se recordarán de nuevo repentinamente de rezar, pero no podrán encontrar más la manera adecuada, la cual, únicamente, podría proporcionar auxilio. Reconociendo entonces la falta, pasarán pronto, en su desespero, a blasfemar y a afirmar acusadoramente que no podría existir un Dios, si Él permite tales cosas. No quieren creer en la justicia férrea, tampoco que les haya sido dado el poder de cambiar todo aún en tiempo. Y que eso también les hubiera sido dicho con suficiente frecuencia.

Pero ellos exigen para sí, con obstinación infantil, según su modo, un Dios amoroso que todo perdona. ¡Solamente en eso quieren reconocer Su grandeza! ¿Cómo debería ese Dios, según sus ideas, proceder entonces con aquellos que siempre Lo buscaron sinceramente, pero que justamente a causa de ese buscar han sido pisados, escarnecidos y perseguidos por aquellos que esperan perdón?

Necios ésos que, en su ceguera y sordera siempre de nuevo deseadas, corren al encuentro de la ruina, ellos propios crean con fervor su destrucción. Que queden entregues a las tinieblas, al encuentro de las cuales se dirigen porfiadamente, debido a todo lo saber mejor. Solamente ante el propio vivenciar es que aún podrán llegar a la reflexión. Por eso también las tinieblas serán su mejor escuela. Pero llegará el dia, la hora, en que ese camino también será demasiado tarde, porque el tiempo no será mas suficiente para, luego de un reconocimiento final por el vivenciar, aún libertarse de las tinieblas y acender. Por ese motivo, ya es tiempo de, finalmente, ocuparse seriamente con la Verdad.

Mensaje del Grial de Abdrushin


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