En la Luz de la Verdad

Mensaje del Grial de Abdrushin


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Contenido


29. Adoración a Dios

Se puede decir sin recelo que el ser humano todavía no ha comprendido la absoluta naturalidad para él de una adoración a Dios, menos aún la ha practicado. ¡Observad como ha sido hecha hasta hoy la adoración a Dios! ¡Se conoce solamente uno pedir o, mejor dicho, uno mendigar! Solamente aquí y allá también ocurre alguna vez, por fin, que se eleven oraciones de gratitud procedentes realmente desde el corazón. Eso, sin embargo, sólo ocurre, como gran excepción, siempre cuando y dondequiera una persona reciba inesperadamente una dádiva toda especial, o es salva súbitamente de un gran peligro. Para ella se torna necesario que haya ahí el inesperado y el súbito, cuando, en fin, decide hacer una oración de agradecimiento. De la misma forma, los hechos más extraordinarios pueden caerle en el regazo sin merecimiento, sin embargo, jamás o solamente muy raramente llegará a pensar en agradecimiento, apenas cuando todo pase de manera serena y normal. Mientras a ella, bien como a todos que ama, es siempre regalada salud de modo sorprendente, y mientras no tenga preocupaciones terrenas, entonces difícilmente decidirá hacer una sincera oración de agradecimiento. A fin de provocar en si un sentimiento más fuerte, el ser humano necesita siempre, lamentablemente, de un impulso todo especial. Cuando las cosas les resultan bien, nunca se da espontáneamente a ese trabajo. Él la tiene tal vez en la boca, aquí y allá, o también va a la iglesia a fin de, en esa oportunidad, murmurar una oración de agradecimiento, pero ni siquiera le ocurre a su mente estar presente con toda su alma, aunque sea solamente por un único minuto. Solamente cuando una verdadera aflicción a él se le depara es que entonces muy rápidamente se recuerda de que existe alguien capaz de ayudarlo. ¡El miedo lo impele, para finalmente una vez balbucear también una oración! Eso, sin embargo, será siempre solamente un pedir, pero ninguna adoración.

¡Así es el ser humano que todavía se considera bueno, que se tiene en cuenta de religioso! ¡Y ésos son pocos en la Tierra! ¡Excepciones dignas de alabanza!

¡Imaginad ahora una vez ante vuestros ojos el cuadro deplorable! ¡Como éste se presenta a vosotros, seres humanos, en una observación correcta! ¡Cuánto más miserable, sin embargo, se encuentra tal persona ante su Dios! ¡Pero así, lamentablemente, es la realidad! Podéis volveros y revolveros del modo que quisiereis, tales hechos permanecen, apenas cuando os esforcéis en investigar el tema profundamente, excluyendo cualquier disimulación. Habréis que quedar ahí un tanto aprensivos; pues ni el pedir tampoco el agradecimiento pertenecen a la adoración.

¡Adoración es veneración! ¡Y esa, sin embargo, realmente no encontráis por toda esta Tierra! Contemplad una vez las celebraciones o solemnidades que deben servir para alabanza a Dios, donde una vez, excepcionalmente, se deja de pedir y mendigar. ¡Ahí están los oratorios! *(Piezas musicales religiosas) ¡Buscad los cantantes que cantan en adoración a Dios! Fijaos cuando se preparan para tanto en el escenario o en la iglesia. Todos ellos quieren realizar algo, a fin de agradar a los seres humanos. Dios ahí les es bastante indiferente. ¡Justamente Él, a quién, sí, lo debería ser dedicado! ¡Mirad para el maestro de la orquestra! Él exige aplausos, quiere mostrar a los seres humanos de lo que es capaz.

Proseguid, todavía. Contemplad las majestosas edificaciones, iglesias, catedrales que en alabanza a Dios... debían existir. El artista, el arquitecto y el constructor luchan solamente por el reconocimiento terreno, cada ciudad se vanagloria con esas edificaciones... para honor de si misma. Han incluso que servir para atraer extranjeros. ¡Pero no acaso para adoración a Dios, al contrario, para que acuda a la ciudad dinero resultado del movimiento aumentado! ¡Solamente el impulso por las exterioridades terrenas, para donde mires! ¡Y todo eso bajo el pretexto de adoración a Dios!

Aún cuando exista, aquí y allá, una persona cuya alma suele abrirse en la floresta o en las montañas, que hasta se recuerde ahí, temporalmente, también de la grandeza del criador de toda la belleza a su alrededor, pero, de modo bien lejano y en segundo plan. En eso su alma se expande, pero no en un vuelo de jubilo hacia las alturas, pero... ella se expande literalmente en el placer del bien-estar. Eso no debe ser confundido con un vuelo hacia las alturas. No debe ser evaluado de manera diferente que de la satisfacción de un glotón ante una mesa ricamente surtida. Ese tipo de arrebatamiento del alma es tomado erróneamente como adoración; permanece sin contenido, exaltación, sensación de bien-estar propio, que aquél que así intuye considera como un agradecimiento al Criador. Es mero acontecimiento terrenal. También muchos de los entusiastas de la naturaleza consideran exactamente esa embriaguez como siendo adoración correcta a Dios, considerándose también ahí muy encima de cuantos no tienen las posibilidades de desfrutar de esas bellezas de formaciones terrenas. Es un tosco fariseísmo, resultado únicamente de la sensación del propio bien-estar. Lentejuela, a la cual hace falta cualquier valor. Cuando esas personas un dia hubieren que buscar sus tesoros de alma, a fin de utilizarlos para su ascensión, encontrarán el receptáculo dentro de si enteramente vacío; pues el tesoro imaginado era solamente una embriaguez de belleza, nada más. Le hacía falta la verdadera veneración por el Criador. —

¡La verdadera adoración a Dios no se manifiesta en exaltación, tampoco en preces murmuradas o en suplicas, arrodillarse, contorsiones de manos, tampoco en estremecimiento bien-aventurado, pero en alegre acción! ¡En la jubilosa afirmación de esa existencia terrena! ¡Por el usufructo de cada momento! Disfrutar significa aprovechar. ¡Aprovechar, a su vez... vivenciar! ¡No, sin embargo, en juegos y danzas, tampoco en desperdicios de tiempo que perjudican el cuerpo y el alma, los cuales el intelecto busca y necesita como equilibrio y estimulo de su actividad, pero en el mirar vuelto hacia la Luz y para la voluntad de la misma, que estimula, eleva y ennoblece todo cuanto existe en la Creación!

Para tanto es indispensable, sin embargo, como condición básica, el conocimiento exacto de las leyes de Dios en la Creación. ¡Éstas le muestran de que manera él debe vivir, si quiera ser sano de cuerpo y de alma, muestran exactamente el camino que conduce hacia arriba, al reino espiritual, sin embargo, dejan también que él reconozca de modo claro cuales los horrores que han que sobrevenirle cuando se opone a esas leyes!

¡Considerando que las leyes de la Creación actúan de modo autónomo y vivo, inflexible, inabalable, con una fuerza, contra la cual los espíritus humanos son de todo impotentes, entonces, en el fondo, es solamente natural que la necesidad más urgente de cada ser humano tiene que ser la de reconocer irrestrictamente esas leyes, a cuyos efectos él, en cualquier caso, realmente permanece expuesto sin defensa!

¡Y, sin embargo, esa humanidad es tan restricta, que busca pasar inadvertidamente por sobre esa necesidad tan nítida y sencilla, a pesar de no haber algo más evidente! Es notorio que a la humanidad no se le ocurren jamás los pensamientos más sencillos. Ahí cualquier animal es extrañamente más astuto de lo que el ser humano. Se adapta a la Creación y en ella es favorecido, mientras el ser humano no busque impedirlo en eso. El ser humano, sin embargo, quiere dominar aquello, a cuya actuación autónoma está y siempre estará sujeto. ¡Presume, en su vanidad, ya dominar fuerzas, cuando solamente alcanza aprender a utilizarse, para sus fines, de pequeñas derivaciones de irradiaciones, o cuando se utiliza, en escala muy reducida, de los efectos del aire, del agua y del fuego! Ahí no pondera que para esas utilizaciones, relativamente aún muy pequeñas, necesita, antes de nada más, aprender y observar, a fin de utilizarse de las facultades o fuerzas ya existentes, exactamente en acuerdo con sus propiedades especificas. ¡Él tiene que buscar adaptarse ahí, caso deba haber éxito! ¡Él, totalmente sólo! Eso no es ningún dominar, tampoco subjugar, pero un sujetarse, un encuadrarse en las leyes vigentes.

¡El ser humano debería finalmente haber reconocido en eso que solamente un adaptarse aprendiendo le puede traer el provecho! En eso debería proseguir, gratamente. ¡Pero no! Se vanagloria y se comporta cada vez más presuntuosamente de lo que antes. ¡Exactamente ahí donde él se curve, sirviendo a la voluntad divina en la Creación, obteniendo a través de eso inmediatamente, provechos visibles, busca de modo pueril presentar eso de tal forma, como se fuese él un vencedor! ¡Un vencedor de la naturaleza! Esa mentalidad absurda alcanza el apogeo de toda su tontería en el hecho del él pasar, de esa forma, ciegamente por aquello que realmente es grande; pues con una mentalidad correcta seria realmente un vencedor... sobre si mismo y su vanidad, porque él, en la observación lógica de todas las notables conquistas, aprendiendo antes, se ha curvado al ya existente. Solamente así le adviene éxito. Cada inventor, así como todo aquello que es realmente grande, ha adaptado su pensar y su querer a las leyes vigentes de la naturaleza. Lo que quiera oponerse o incluso actuar en sentido contrario será aplastado, triturado, desmenuzado. Es imposible que alguna vez pueda llegar realmente a la vida.

¡Así como las experiencias en escala pequeña, tampoco ocurre diferentemente con toda la existencia del ser humano, ni diferentemente consigo mismo!

¡Él, que tiene que peregrinar no solamente a través del corto período terreno, sino a través de toda la Creación, necesita para tanto, incondicionalmente, del conocimiento de las leyes a que se halla sometida la Creación entera, y no solamente el ambiente visible más cercano de cada ser humano terreno! Si no las conozca, quedará retenido e impedido, herido, dejado para atrás, o incluso triturado, porque en su ignorancia no pudo seguir con las corrientes de fuerza de las leyes, pero sí se ha colocado de manera tan errada, que ellas hubieran que empujarlo hacia bajo en vez de hacia arriba.

¡Un espíritu humano no se presenta grande, digno de admiración, pero que solamente ridículo, siempre cuando se esfuerce por negar ciega y obstinadamente los hechos que tiene que reconocer diariamente en sus efectos por toda parte, apenas cuando deba utilizarlos no solamente en su actividad y en toda la técnica, pero también fundamentalmente para sí y para toda su alma! Él tiene siempre la oportunidad de ver, en su existencia terrena y en su actuar, la absoluta perfección y uniformidad de todos los efectos básicos, apenas cuando no se cierre liviana o incluso malévolamente y duerma.

¡Ahí no hay excepción alguna en la Creación entera, tampoco para un alma humana! ¡Tiene que someterse a las leyes de la Creación, si sus efectos deban ser favorables para ella! Y esa simples evidencia la criatura humana ha ignorado totalmente hasta ahora, de la manera más liviana.

La ha considerado tan sencilla, que precisamente por eso hubo que tornarse lo más difícil que había para ella en el reconocimiento. Cumplir esa tarea difícil se le ha tornado con el tiempo totalmente imposible. ¡Se halla hoy así delante la ruina, del descalabro anímico, que debe destruir conjuntamente todo cuanto ha construido!

Solamente una cosa podrá salvarla: el conocimiento irrestricto de las leyes de Dios en la Creación. Solamente eso podrá impelerla de nuevo hacia delante, hacerla subir y, con ella, todo lo que buscar edificar en el futuro.

No decid que vosotros, como espíritus humanos, no podéis reconocer tan fácilmente las leyes de la Creación, que la Verdad difícilmente se deja diferenciar de las conclusiones engañadoras. ¡Eso no es verdad! Quién hace tales declaraciones intenta con eso solamente encubrir nuevamente la pereza, que trae en si, solamente no quiere dejar reconocible la indiferencia de su alma o busca disculparse ante si mismo para su propia tranquilidad.

Nada, sin embargo, le sirve; ¡pues cada ser humano indiferente, cada indolente, será ahora condenado! Solamente aquél, que congrega todas sus fuerzas para utilizarlas irrestrictamente en la obtención de aquello que es más necesario para su alma, puede aún tener la perspectiva de salvación. Hacer las cosas a medias vale tanto como nada. Igualmente cada hesitar, el prorrogar ya es una total negligencia. A la humanidad no es dejado más tiempo, porque ella ya ha esperado hasta el punto que constituye el ultimo limite.

¡Evidentemente, en esta oportunidad no le será tan facilitado tampoco será tan fácil, considerando que ella misma, a causa de la más despreocupada tibieza de hasta ahora en esas cosas, se ha privado de cualquier facultad, incluso de creer en la profunda seriedad de una necesaria y última resolución! ¡Y éste punto constituye exactamente la mayor debilidad, se tornará la caída infalible de tantos!

¡Durante milenios mucho ha sido hecho a fin de vos tornar clara la voluntad de Dios o la uniformidad de las leyes en la Creación, por lo menos tanto cuanto necesitasteis, para que pudieseis ascender a la Creación primordial desde donde salisteis, para que hallaseis nuevamente el camino hacia allá! No por las así nombradas ciencias terrenas, tampoco por las iglesias, pero por los servos de Dios, los profetas de los tiempos antiguos, así como después por el mensaje del propio Hijo de Dios. ¡A pesar de ésta vos haber sido dada de modo tan sencillo, hacéis solamente referencia a ella, sin embargo, jamás os habéis esforzado seriamente para comprenderla correctamente, menos aún vivir de acuerdo! ¡Eso era, según vuestra concepción indolente, exigir por demasiado de vosotros, aunque fuera vuestra única salvación! ¡Queréis ser salvos, sin que os esforcéis de manera alguna para tanto! Si reflexionéis al respecto, habéis de llegar a ese triste reconocimiento.

¡Hicisteis de cada mensaje de Dios una religión! ¡Para vuestra comodidad! ¡Y eso fue errado! ¡Pues a una religión construisteis un escalón todo especial y elevado, separado de las actividades cotidianas! Y en eso se hallaba el más grande error que pudisteis cometer; ¡pues con eso pusisteis también la voluntad de Dios en separado de la vida cotidiana, o, lo que viene a dar en el mismo, vosotros vos pusisteis en separado de la voluntad de Dios, en vez de os unificareis con ella, de inserirla en el centro de la vida y de la actividad de vuestro dia a dia! ¡De vos tornar una sólo cosa con ella! ¡Debéis asimilar de forma absolutamente natural y practica cada mensaje de Dios, debéis incorporarla a vuestro trabajo, a vuestro pensar, a toda vuestra vida! ¡No debéis hacer de ella algo a ser mantenido a parte, conforme sucede en la actualidad, algo hacia que solamente os conducís para visitas en horas de ocio! Donde por corto espacio de tiempo os buscáis entregarse a la contrición, o al agradecimiento, al descanso. De esa forma, eso no se ha tornado para vosotros algo evidente, que os sea propio como el hambre o el sueño.

Comprended finalmente con acierto: ¡vosotros debéis vivir en esa voluntad de Dios, a fin de que os orientéis correctamente en todos los caminos, los cuales traen el bien para vosotros! ¡Los mensajes de Dios son indicaciones preciosas de las cuales necesitáis, sin cuyo conocimiento y observancia estáis perdidos! ¡Por lo tanto, no debéis colocarlas dentro de una vitrina para contemplarlas con bien-aventurado estremecimiento, como algo sagrado, solamente a los días domingos, o bien para, en la aflicción, en el miedo, ahí os refugiéis en búsqueda de fuerzas! ¡Desventurados, no debéis venerar el Mensaje, pero utilizarla! ¡Debéis tomarla con voluntad, no solamente con trajes de fiesta, pero con las manos callosas de la vida laboriosa, que jamás deshonoran o humillan, pero honoran a cualquiera! ¡La joya brilla en la mano callosa, sucia de sudor y de tierra, de modo mucho más puro, más intenso, de lo que en los dedos bien cuidados de un ocioso indolente, que pasa su tiempo terreno solamente en contemplaciones!

¡Cada mensaje de Dios debía tornarse algo propio en vosotros, es decir, tonarse una parte de vosotros! ¡Debéis buscar comprender el sentido correctamente!

No debíais considerarla como algo a parte, que queda lejano de vosotros, y al cual soléis acercarse con tímida reserva. ¡Asimilad la Palabra de Dios en vuestro íntimo, para que cada uno sepa de que forma tendrá que vivir y conducirse, a fin de alcanzar el Reino de Dios!

¡Por lo tanto, despertad por fin! Aprended a conocer las leyes de la Creación. ¡Para tanto no vos ayudará en nada cualquier inteligencia terrena tampoco el insignificante saber de observaciones técnicas, algo tan mínimo es insuficiente para el camino que vuestra alma debe tomar! Tenéis que elevar la mirada hacia mucho más arriba de la Tierra y reconocer para donde vos conduce el camino después de esta existencia terrena, a fin de que en eso vos llegue simultáneamente la conciencia del porque y para cual finalidad estáis en esta Tierra. Y, a su vez, exactamente así como os encontráis en esta vida, si pobre, si rico, sano o enfermo, en paz o en lucha, alegría o sufrimiento, aprenderéis a reconocer la causa y también la finalidad, y con eso quedaréis alegres y ligeros, agradecidos por el vivenciar que hasta ahora vos ha sido dado. ¡Aprenderéis a apreciar valerosamente cada segundo y, por encima de todo, a aprovecharlo! ¡Aprovecharlo para la escalada rumbo a la existencia llena de alegría, a la felicidad grandiosa y pura!

Y a causa de os hubisteis enmarañado y desorientado demasiado por vosotros propios, vino a vosotros antaño, por intermedio del Hijo de Dios, el mensaje de Dios como salvación, después de que las advertencias transmitidas por los profetas no habían encontrado oídos. ¡El mensaje de Dios a vosotros indicaba el camino, el único para vuestra salvación del pantano que ya a vosotros amenazaba asfixiar! ¡El Hijo de Dios ha buscado vos guiar por medio de parábolas en este camino! Los que querían creer y los examinadores las acogieran con sus oídos, más adelante, sin embargo, ellas no iban. Nunca buscaron vivir de acuerdo.

La religión y la vida cotidiana permanecieron siempre dos cosas distintas para vosotros. ¡Vosotros siempre quedasteis a su borde, en vez de por dentro! ¡Los efectos de las leyes en la Creación explicados en las parábolas permanecieron totalmente incomprendidos por vosotros, porque en ellas no han buscado!

¡Ahora viene en el Mensaje del Grial una vez más la misma interpretación de las leyes en la forma a vosotros más comprensible para la época actual! Son en la realidad exactamente las mismas que Cristo ya ha traído antaño, en la forma adecuada de entonces. ¡Él mostraba como los seres humanos deben pensar, hablar y actuar, a fin de, madurando espiritualmente, conseguir acender en la Creación! Más la humanidad ni necesitaba. Para tanto no hay ninguna laguna en el mensaje de antaño. El Mensaje del Grial trae ahora exactamente la misma cosa, solamente en la forma actual.

Todo aquél que por fin se orienta por ella en su pensar, hablar y actuar, practica con eso la más pura adoración a Dios; ¡pues ésta reposa exclusivamente en la acción!

¡Quién se sintoniza de buen agrado con las leyes actúa siempre con acierto! Con eso prueba su respecto por la sabiduría de Dios, se curva jubiloso a Su voluntad que reside en las leyes. ¡De esa forma viene a ser favorecido y protegido por sus efectos, libertado de todo sufrimiento y elevado hacia el reino del espíritu luminoso, donde, en jubiloso vivenciar, la omnisciencia de Dios se torna visible a cada uno, sin turbación, y donde la adoración a Dios consiste en la propia vida! Donde cada respiración, cada intuición, cada acción es apoyada por la más alegre gratitud y así permanece como un constante placer. ¡Nascido de la felicidad, sembrando felicidad y, por lo tanto, cosechando felicidad! La adoración a Dios en la vida y en el vivenciar reside únicamente en la observancia de las leyes divinas. Solamente así será asegurada la felicidad. ¡Así deberá ser en el reino venidero, el Milenio, que se denominará el Reino de Dios sobre la Tierra! De esa forma, todos los adeptos del Mensaje del Grial deberán tornarse faroleros y indicadores del camino en el medio a la humanidad.

Quién no lo pueda o no lo quiera, éste nuevamente no hay entendido el mensaje. El servicio del Grial debe ser verdadero, viva adoración a Dios. Adoración a Dios es el primer servicio a Dios que no consiste en cosas exteriores, que no se muestra solamente externamente, pero que vive también en cada ser humano en las horas de recogimiento más intimo, y que se muestra en su pensar y en su actuar, como algo evidente.

¡Quién no quiera reconocer eso espontáneamente, éste no presenciará la época próxima del Reino de Dios, será destruido o aún obligado a incondicional sumisión con fuerza divina y poder terreno! ¡Para el bien de toda la humanidad, que está agraciada para finalmente encontrar en ese Reino la paz y la felicidad!

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