RESONANCIAS







DEL

MENSAJE DEL GRIAL

DE

ABDRUSHIN























Volumen I.






















¡La sabiduría
de Dios gobierna el Universo!
¡Luchad, criaturas humanas,
para presentir en el reconocimiento
su grandiosidad!


1. La Palabra Sagrada

¡Sagrada es la Palabra! ¡Tan sagrada, que tengo ganas de sacarla nuevamente de la humanidad terrena, porque le hace falta toda la noción, sí, incluso un presentir de la grandeza de esa Palabra! Me siento impulsado a, protegiéndola, ocultar la Palabra, para que jamás entre en contacto con la presunción injuriosa o también con la indiferencia de esas almas humanas que, en su pereza espiritual, se han vuelto tan increíble y estrechamente limitadas y, por lo tanto, en su interior desproveídas de saber.

¡Qué saben ellas todavía sobre la santidad! ¡De la santidad de Dios y también de Su Palabra! ¡Es deplorable! A uno le daría ganas de desesperarse y desanimar ante ese reconocer. ¡Me siento impulsado a eligir solamente algunos entre todos los seres humanos, a quienes todavía sigo a anunciar la Palabra, diez o veinte solamente, pero tampoco esos pocos alcanzarían un concepto de la verdadera santidad y, de esa forma, tampoco una sintonización correcta en relación a la grandiosidad y al valor de mi Palabra!

Dar la Palabra Sagrada a estos seres humanos es, para mi, el más difícil que tengo que cumplir.

¡Qué eso significa, qué yace en estas palabras, eso vosotros nuevamente no podéis abarcar! De esa forma me encuentro ante vosotros, sabedor de que también los mejores entre vosotros aquí en la Tierra jamás me comprenderán correctamente, tampoco asimilarán la décima parte de lo que les e dado con mi Palabra. ¡Vosotros la oís y la tenéis en manos, sin embargo, no utilizáis su valor para vosotros! Veo como pasan desapercibidos los altos valores, las indecibles fuerzas, mientras vosotros tiráis las manos a cosas que, en relación a la Palabra que posees, no pueden ser consideradas siquiera lo más ínfimo grano de polvo.

Con este saber me encuentro ante vosotros. Cada vez resistiendo espiritualmente, doy a vosotros acceso a las elevadas Solemnidades del Grial, cuyo significado, cuya seriedad y purísima fuerza, sin embargo, vosotros jamás comprenderéis. ¡Muchos siquiera se esfuerzan sinceramente para al menos imaginar su sentido de modo cierto! ¡Además, los elevados actos del Selamento y de la Cena! ¡El Selamento! ¡Vosotros, temblando, os tiraríeis al suelo, si pudieseis reconocer, ver concientemente una ínfima parte de la inconmensurable vivacidad en esos actos!

Tal vez alguna alma humana sea tocada, ahí, por un intuir bien-aventurado a ella desconocido, que hace presentir la fuerza de la Luz de la proximidad de Dios. Sin embargo, rápidamente todo eso se borra nuevamente con la afluencia de las pequeñas preocupaciones cotidianas, alegrías cotidianas y placeres.

Solamente cuando la alma humana penetra en el reino de la materia fina, entonces a ella le adviene, poco a poco, un nuevo reconocimiento de todo aquello, que pudo co vivenciar aquí en la Tierra.

¡A pesar de que eso sea también solamente una sombra de la vigorosa grandeza del verdadero acontecimiento, es suficiente para sacudir cada alma humana del modo más profundo! Mal puede creer que le ha sido permitido vivenciar todo aquello, tal es la gracia de Dios que ahí se manifiesta a ella. Tomada de eso, a ella le gustaría sacudir, despertar esos seres humanos terrenos, a fin de que rompan con la superficialidad y se empeñen para ya ahora intuir esas gracias más intensamente de lo que hasta entonces.

¡Sin embargo, esfuerzo inútil! El ser humano terreno, por si propio, se ha tornado demasiado embotado para eso. Se ha tornado incapaz de eso, por haber hecho los mas asiduos esfuerzos en sus caminos falsos. Por lo tanto, con el corazón sangrando, cada alma despierta en el reino de la materia fina se aleja nuevamente, sabiendo con profundo remordimiento que ella propia no ha sido diferente aquí en la Tierra, y seguramente tampoco podrá esperar más de los que todavía se encuentran aquí en la Tierra.

Así, también en mi todo ahora se opone, cuando pienso que tengo que permitir la divulgación de este sagrado Mensaje a través de mis discípulos; ¡pues yo sé que siquiera un único entre los seres humanos jamás sabrá realmente lo qué recibe con eso, cuan inmensa y elevada gracia de Dios reside en el hecho de les ser permitido oír ese Mensaje! ¡A esa ignorancia, a esa indiferencia, a ese querer saber mejor de tales seres humanos, debo mandar ofrecer algo que, en pureza, viene de los escalones del trono de Dios! ¡Me cuesta una lucha, me cuesta un gran esfuerzo! ¡A cada hora nuevamente!

¡Ahí, sin embargo, algo me consola! Es satisfacción en cada burla, en cada mofa, en cada observación despectiva o en cada señal de indolente indiferencia de los seres humanos: mi saber, que cada uno de esos seres humanos, por su actuar y pensar, encuentra su juicio en la Palabra, cuya grandeza él no quiere ver, por la cual todavía pasa sin atención. ¡Me es consuelo saber que el ser humano, con cada palabra que pronuncia sobre mi Mensaje, se da a sí, él mismo, su propia condena, que lleva en si destrucción o vida para él!

¡Este saber me permite soportar todo, superar todo! Ninguna alma podrá ahora huir de él. ¡Como tal espada que juzga lanzo ahora la Palabra para vosotros en los cumplimientos del Juicio Final! ¡Eso hace la tristeza desprenderse de mi! Que los seres humanos resbalen en ella como quieran, ellos se hieren solamente a si propios, que burlen, mofen o sacudan la cabeza... ¡todo alcanzará a ellos mismos en la más rápida reciprocidad!

Años han pasado, cuando por la primera vez sentí horror al observar los espíritus humanos, y ver mi conclusión sobre el destino para ellos de acuerdo con la ley primordial de la Creación.

Sentí horror, porque he visto que era imposible auxiliar los seres humanos aún de otra forma, sino mostrarles aquél camino que ellos tienen que seguir, para escapar a la destrucción.

Eso me ha dejado indeciblemente triste; pues en el actual estado de la humanidad sólo puede haber un fin: ¡la certeza de que la mayor parte de toda la humanidad tendrá que perecer incondicionalmente, en cuanto le es dejada la libre decisión para cada decisión!

¡El libre-arbitrio de la decisión, sin embargo, según la ley en la Creación, nunca puede ser sacado del espíritu humano! Eso reside en la especie del espíritu! ¡Y por este motivo, es decir, por si propias, las grandes masas irán, en lo sucesivo, sucumbir en el presente Juicio!

Cada decisión individual del ser humano le traza los caminos, que tendrá que recurrir en la Creación, también aquí en la Tierra. Las pequeñas cosas de su profesión y de la necesaria vida cotidiana constituyen ahí solamente cosas secundarias, que muchas veces aún resultan de consecuencias de decisiones muy remotas y voluntarias. ¡Sin embargo, solamente la decisión es libre para un espíritu humano! ¡Con la decisión empieza a actuar la palanca automática que provoca la actuación de las leyes de Dios en la Creación, de acuerdo con la especie de decisión! ¡Así es el libre arbitrio, de que dispone el espíritu humano! Él reside solamente en la libertad incondicional de la decisión. La decisión espiritual, sin embargo, desencadena inmediatamente una hasta entonces misteriosa y espontánea actuación en la Creación que, sin que el espíritu humano sepa, sigue a desarrollar la especie del querer inherente a la decisión, hasta la madurez y, con eso, a un rescate final, que algun dia súbitamente se presenta, de acuerdo con la fuerza de la decisión original y de la nutrición que tal especie incluso recibió a través de la especie igual durante su trayecto por la Creación.

Los efectos de cada una de sus decisiones el ser humano debe entonces soportar. Eso él no puede y no debe sentir como injusto; pues, en el último efecto, es siempre solamente lo que estaba inserido en la decisión. Sin embargo, en el efecto final alcanza siempre exclusivamente el autor de la decisión, aunque esta haya sido destinada o otro. Muchas veces, por ocasión de un efecto final, la decisión original ya ha sido olvidada hace mucho tiempo por su autor, su querer y sus decisiones son tal vez en esa época ya completamente diferentes o incluso el contrario que antes, pero las consecuencias de las decisiones de antaño, aunque sin su conocimiento, siguen tranquilamente su curso natural hasta el fin, de acuerdo con la ley.

El ser humano se encuentra siempre en el medio de las consecuencias de todas sus decisiones, muchas de las cuales él ni más reconoce y en las cuales no más piensa, y por eso entonces siente frecuentemente como injusticia, cuando eso o aquello lo alcanza inesperadamente como último efecto. Cuanto a eso, sin embargo, puede estar tranquilo. ¡Nada lo alcanzará, sino aquello para lo que él mismo, un dia, haya dado el motivo, aquello, que él mismo, por cualquier decisión, alguna vez haya literalmente criado, por lo tanto, que haya “sometido” bajo las leyes en la Creación para realización! ¡Que sea a través del pensar, hablar o actuar! Para tanto, él ha movido la palanca. ¡Para todo es necesario, originalmente, su querer, y cada querer es una decisión!

¡Sin embargo, por el no reconocimiento de las leyes de la Creación, los seres humanos siempre gritan en relación a la injusticia y preguntan donde estaría el tan famoso libre-arbitrio del ser humano! ¡Eruditos escriben y hablan al respecto, mientras, en la realidad, todo es tan sencillo! En cualquier hipótesis, un libre-arbitrio sólo puede existir en la capacidad de libre decisión, nunca diferente. Y esta es y siempre será mantenida al espíritu humano en la Creación para su camino. Sin embargo, él olvida o no se da cuenta siempre solamente de un hecho importante: ¡que, a pesar de todo, él es y permanece solamente una criatura, un fruto de esta Creación posterior, que ha surgido de sus leyes eternas e inmutables y por lo tanto también jamás podrá desviarse de esas leyes o despreciarlas! Ellas se realizan, quiera él o no, le parezca conveniente o no. Ahí él es un nada, es como un niño que, de paseo sólo, puede enveredar por sus caminos de acuerdo con su voluntad, y en seguida, sin embargo, queda sujeta a la especie del camino, no importando si es fácil o difícil recurrir, si conduce a un albo bello o a uno abismo.

Con cada nueva decisión de una persona surge, por lo tanto, un nuevo camino y, con eso, uno nuevo hilo en la alfombra de su destino. Sin embargo, los caminos antiguos, hasta entonces todavía no resueltos, siguen, y a pesar de eso, adelante de los más nuevos, hasta que sean completamente recurridos. Por lo tanto, con uno nuevo camino, ellos aún no están cortados, pero si tienen que ser vivenciados y recorridos aún hasta el fin. Ahí se cruzan también, a veces, antiguos con nuevos caminos, provocando, con eso, nuevos rumbos.

¡Todo eso el ser humano tendrá que rescatar en la vivencia, y ahí se admira muchas veces de como le puede advenir esto o aquello, porque no quedó conciente de sus decisiones anteriores, mientras está sujeto a las respectivas consecuencias, hasta que se hayan agotado y, con eso, “extinto”! No es posible eliminarlas del mundo de otra forma, que no sea por el propio generador. Él no puede desviarse de ellas, toda vez que permanecen firmemente ancladas en él hasta el completo rescate.

Es necesario, por lo tanto, que todas las consecuencias de cada una de las decisiones, hasta su termino, alcancen el rescate, sólo entonces se sueltan del generador y dejan de existir. Si, sin embargo, los hilos de nuevas y buenas decisiones se cruzan con rastros de antiguas y malas decisiones aún pendientes, entonces, a causa del cruce con las nuevas y buenas, los efectos de esas consecuencias antiguas y malas serán correspondientemente debilitados y podrán incluso, caso esas nuevas y buenas decisiones sean muy fuertes, ser completamente disueltas, de tal forma, que las consecuencias malas deben ser rescatadas solamente aún simbólicamente en la materia grosera. También eso está totalmente de acuerdo con la ley, según la voluntad de Dios en la Creación.

Todo actúa de forma viva en la Creación, sin que el ser humano alguna vez consiga alterar algo ahí; pues esa es una actuación alrededor y por sobre él. De esa forma él se encuentra dentro y bajo la ley de la Creación.

¡En mi Mensaje encontraréis el camino para llegar con seguridad a las alturas luminosas a través de ese laberinto de las consecuencias de vuestras decisiones!

¡Un grave obstáculo, sin embargo, se antepone a vosotros en el camino! Es el obstáculo que a mi me ha infundido el horror: porque vosotros propios tenéis que realizar todo eso, cada uno sólo, por si propio.

¡Esa condición también reside en la ley de vuestro libre-arbitrio de decisión, y en la consecuente actuación natural de los acontecimientos en la Creación y en vosotros propios!

El querer en la decisión forma uno camino que, conforme la especie del querer, conduce hacia arriba o hacia abajo. El querer de los seres humanos en la actualidad, sin embargo, os conduce predominantemente sólo hacia bajo, y con la bajada, que vosotros propios tampoco podéis percibir, disminuye y se restringe, paralelamente, la capacidad de vuestra comprensión. Los limites de la comprensión, es decir, de vuestro horizonte, se tornan de esa forma más restrictos, y por ese motivo imagináis, a pesar de eso, estar aún en las alturas, como antes; ¡pues ese limite es para vosotros, realmente, también la respectiva altura final! No conseguís seguir hasta un limite más amplio, no podéis comprender lo que está encima de vuestro propio limite, y rechazáis todo eso, sacudiendo la cabeza o hasta os exaltando, como siendo falso o incluso inexistente.

¡Por eso tampoco abandonáis vuestros errores tan fácilmente! Vosotros bien los observáis en otros, pero no en vosotros. Aunque que yo os aclare ese hecho, no lo relacionáis con vosotros. Acreditáis en todo cuanto digo, mientras eso se refiera a los demás. ¡Sin embargo, lo que tengo a censurar en vosotros, lo que tantas veces me desespera, eso no podéis comprender, porque para tanto todos los limites alrededor del querido “yo” se volvieron demasiado angostos! Ved aquí el punto, donde tanto fracasa, donde no os puede auxiliar; pues vosotros propios tenéis que romper eses limites, desde dentro hacia fuera, con la incondicional fe en la misión que yo tengo que cumplir.

Y eso no es tan fácil, como imagináis. Con fisonomía preocupada os encontráis muchas veces ante mi, con amor en el corazón para la gran misión, y por eso entristecidos con relación a todos aquellos, que no quieren o que no pueden reconocer sus errores, y yo, yo sé que muchos de esos errores, que censuráis severamente en los demás, por cuyas acciones os desespereis, están anclados en mucho mayor grado en vosotros propios. ¡Eso es el más terrible de todo! Y eso está anclado también en el libre-arbitrio de la decisión, que tiene que quedar con vosotros, por estar anclado en el espiritual. ¡Yo incluso os puedo rechazar o aceptar, os puedo elevar o derrumbar por la fuerza de la Luz, dependiendo de como vosotros propios lo queráis sinceramente, sin embargo, nunca podré forzar alguien a enveredar por un camino en dirección a las alturas luminosas! Eso está únicamente en las propias manos de cada ser humano.

Por lo tanto muestro, advirtiendo, una vez más este acontecimiento: ¡con cada paso en dirección hacia bajo, se estrechan cada vez más los limites de vuestra capacidad de comprensión, sin que eso alcance vuestra conciencia! Por esa razón tampoco nunca lo creerían, si yo lo dijese a vosotros, porque no podéis comprenderlo y a causa de eso tampoco puedo auxiliar allí, donde no brote una nueva, grande y espontánea decisión en ese sentido, traída por el anhelo o por la fe.

¡Allá, únicamente, puedo conceder la fuerza para la victoria! La victoria sobre vosotros mismos, con lo que las paredes y los angostos limites serán rápidamente rotos por el espíritu redivivo, que quiere elevarse hacia las alturas. Yo os muestro el camino a vosotros y, habiendo un querer verdadero, os doy a vosotros también la fuerza necesaria para eso. De esa manera puedo auxiliar allá, donde existe legitimo querer, legitimo pedir.

Pero nuevamente se encuentra el ser humano ante un obstáculo en el camino. ¡Este consiste en el hecho de que la fuerza solamente podrá traerle provecho, cuando él no apenas la asimile, pero sí la utilice de la manera cierta! Él propio tiene que utilizarla de modo cierto, no permitiendo que en él permanezca inactiva, sino ella se aleja de él nuevamente, regresando al punto de partida de esa fuerza. ¡De esa forma, surge un impedimento tras otro, cuando un ser humano no quiere sinceramente con toda la fuerza! Muy pocos son capaces de vencer estos impedimentos. ¡La humanidad ya se ha tornado espiritualmente demasiado floja, en cuanto una ascensión sólo podrá ser alcanzada con continua actividad y vigilancia!

Este acontecimiento es natural, sencillo y grandioso. En él está anclada justicia maravillosamente perfecta, la cual ahora también desencadena el Juicio.

¡Ahí, sin embargo, poder ser salvo sin humildad es imposible a uno espíritu humano! Su presunción de saber se encuentra, impidiendo, en el camino de la verdadera humildad. La presunción de un saber, que no es saber ninguno; pues, en relación a las facultades, el ser humano debe ser designado, en la realidad, como la más tosca entre todas las criaturas de esta Creación posterior, por ser él demasiado presuntuoso para aceptar algo con humildad.

Sobre eso no hay qué discutir, pues de hecho es así. El ser humano, sin embargo, no lo reconoce, no quiere creer en eso, también como consecuencia de su ilimitada presunción, la cual es siempre solamente el producto cierto de la estupidez. Solamente la estupidez genera presunción; pues donde existe verdadero saber no hay lugar para presunción. Esta sólo puede originarse dentro de los limites angostos de una imaginación inferior, en ninguna otra parte.

Donde empieza el saber, termina la presunción. Y como la mayoría de la humanidad hoy vive solamente en la presunción, el saber no existe.

¡El ser humano ha perdido, además, la noción del verdadero saber! ¡No sabe más lo qué es saber! No es sin motivo que vive en el lenguaje del pueblo como sabiduría el conocido dicho: “¡Solamente en el mayor saber de un ser humano surge la sabiduría de la convicción del hecho, que él nada sabe!”

¡Ahí reside verdad! Si un ser humano, sin embargo, haya alcanzado esta convicción, entonces se extingue en él la presunción, la recepción del verdadero saber puede empezar.

¡Todo el aprendizaje adquirido por medio de estudios nada tiene que ver con saber! Un estudioso diligente puede tornarse un erudito, está sin embargo, todavía lejos de poder ser designado como sabio. Por eso también es errada la expresión ciencia, de la forma como hoy todavía es utilizada. ¡Precisamente el ser humano actual incluso puede hablar de erudición, no, sin embargo, de saber! ¡Lo que él aprende en las universidades es exclusivamente erudición, como perfeccionamiento y coronación del estudio! ¡Es algo adquirido, no algo propio! ¡Sólo lo que es propio, sin embargo, es saber! El saber sólo se puede originar de la vivencia, no del estudio!

De esa forma, en mi Mensaje, indico solamente el camino, a fin de que el ser humano, que lo recurre, alcance en él a obtener vivencias, que le brinden el saber. El ser humano también necesita en primer lugar “vivenciar” la Creación, si él quiera realmente saber de ella. ¡La posibilidad para el vivenciar, le doy a través de mi saber, ya que yo mismo vivencio continuamente la Creación!

En el futuro tendremos, por lo tanto, eruditos y sabios. ¡Los eruditos pueden y deben aprender con los sabios!

¡La presunción no más existirá en el nuevo Reino, en la próxima generación! ¡Ella es el mayor obstáculo para la ascensión, tira ahora hacia la destrucción miles de seres humanos, que no quieren o no pueden abandonarla! Sin embargo, de esa forma es bueno; pues con eso la Creación será purificada de las criaturas imprestables, que sólo ocupan lugar y alimento de los otros y que ocupan mucho espacio, sin producir lo mínimo provecho. ¡Habrá, entonces, aire fresco para los espíritus humanos útiles!


2. En el país de la penumbra

¡Déjate conducir, alma humana, a uno paso hacia dentro del reino de la materia fina! El país de las sombras vamos a recorrer sin tardanza; pues de él ya he hablado. Es aquél país, donde han que permanecer aquellos, quienes son todavía demasiado toscos para utilizarse correctamente de su cuerpo de materia fina. Precisamente todos aquellos, que aquí en la Tierra se consideraban excepcionalmente sagaces. En el reino de la materia fina son mudos, ciegos y sordos, porque el intelecto terreno, como producto de su cuerpo de materia gruesa, no pudo venir con él hasta aquí, pero sí ha permanecido en los limites restrictos, que él, a causa de estar atado a la Tierra, jamás pudo transponer.

La primera consecuencia de su gran engaño se convertirá evidente a un alma humana en seguida a su muerte terrena, por encontrarse inepto en el reino de la materia fina, desamparado y débil, mucho peor de lo que un niño recién-nacido en la Tierra de materia gruesa. Por lo tanto, son nombradas de sombras. Almas, que todavía intuyen su existencia, pero no consiguen quedar concientes de eso.

Dejemos ahora hacia tras estos tontos, que en esta Tierra, queriendo saber todo mejor, charlando el suficiente sobre cosas insignificantes y ahora tienen que quedar callados. ¡Entramos en la planicie de la penumbra! Un susurro alcanza nuestro oído, muy en complicidad con la pálida luz de la penumbra, que nos rodea y deja reconocer, de modo impreciso, contornos de colinas, prados y arbustos. Todo aquí está coherentemente sintonizado a la penumbra, lo que puede resultar en uno despertar. ¡Pero solamente puede, no acaso debe!

Aquí no es posible ninguno sonido libre y alegre, ninguna visión clara. Solamente el despertar parcial o el quedarse reprimido, en concordancia con el estado de las almas, que aquí se encuentran. Todas ellas tienen un movimiento lánguido, deslizando cansadas, apáticas, excepto por un indefinido impeler hacia aquella dirección, donde, lejos, parece emerger un tenue rosado, que, anunciando luz, actúa como dulce encantamiento sobre las almas aparentemente tan cansadas. Almas solamente aparentemente cansadas; pues son perezosas en el espíritu, por lo tanto, sus cuerpos de materia fina son débiles. —

¡El vislumbre rosado a larga distancia saluda de modo prometedor! Despertando esperanzas, estimula el movimiento más activo. Con el deseo de alcanzar ese vislumbre, los cuerpos de materia fina se aploman más y más, en sus ojos surge la expresión de una concientización más fuerte y, cada vez más firmes, siguen en aquella dirección. —

Nosotros caminamos junto. El numero de almas a nuestro alrededor aumenta, todo se vuelve más móvil y más nítido, el hablar se torna un poco más alto, se transforma en un fuerte murmullo, de cuyas palabras entendemos que los que avanzan profieren oraciones, incesantemente, de modo apurado, como que en estado febril. Las masas se tornan cada vez más densas, el avanzar se convierte en empujar, grupos estancan ante nosotros, son compelidos hacia tras por los precedentes, para nuevamente presionar hacia delante. ¡De esa forma, pasa uno ondear sobre las masas en aglomeración, de las oraciones se levantan gritos de desespero, palabras de miedo suplicante, de tímida exigencia, y, aquí y allí también sofocado lamento de la mayor desesperanza! —

Pasamos rápidamente por encima de la lucha de millones de almas y vemos que ante ellas está, de modo rígido y frío, un obstáculo al proseguimiento, contra lo cual avanzan en vano, que lavan inútilmente con las lagrimas.

¡Barras grandes y fuertes, muy próximas unas de las otras, imponen de modo inexorable parada a su avanzo! —

Y más fuerte encandece a lo lejos el rosado vislumbre, más ansiosos se abren los ojos de aquellos, que lo eligieron como albo. ¡Suplicantes son extendidas las manos, que convulsivamente todavía se agarran a los rosarios, dejando correr las cuentas por entre los dedos, una tras otra, balbuceando! ¡Las barras, sin embargo, permanecen inabalable, rígidas, separando del bello albo!

Pasamos a lo largo de las densas hileras. Es como si no tuviesen fin. ¡No centenares de millares, no, millones! Son todos aquellos, que en la Tierra se consideraban como “fieles” serios. ¡Cuán diferente habían imaginado todo! Creían que serian alegremente aguardados, que les sería dada respetosamente la bien-venida.

Les gritad: “¡Qué os sirve, oh fieles, vuestra oración, si no dejasteis la Palabra del Señor convertirse en acción, evidencia en vosotros mismos!

¡El vislumbre rosado a lo lejos es la nostalgia por el Reino de Dios, que arde dentro de vosotros! ¡Dentro de vosotros lo echáis de menos, pero obstruisteis el camino hacia allá con formas rígidas de concepciones erradas, las cuales vedes ahora ante vosotros como barras que impiden, como rejillas! ¡Dejad caer aquello que asimilasteis de concepciones erradas durante la existencia terrena, aquello que construisteis para vosotros propios en ese sentido! ¡Arrojad fuera todo y osad levantar el pie libremente en favor de la Verdad, como ella es en su gran y sencilla naturalidad! ¡Entonces estaréis libres para el albo de vuestra nostalgia!

¡Pero ved, no lo osad, en el constante miedo de que podría tal vez estar errado aquello, que así lo hacéis, porque hasta ahora has pensado diferente! ¡Con eso, vosotros propios os tullís y tenéis que permanecer donde estáis, hasta que sea demasiado tarde para el proseguimiento y habréis que sucumbir junto en la destrucción! ¡No os podrá ser auxiliado ahí, si vosotros propios no empezáis a dejar el errado hacia tras de vosotros!”

¡Gritad, pues! ¡Gritad a esas almas el camino hacia la salvación! Veréis que es totalmente en vano; pues solamente más fuerte recrudece al ruido de las interminables oraciones, e impide que esos rogadores escuchen cualquier palabra que les podría permitir caminar hacia delante, hacia el encuentro del vislumbre rosado y de la luz. De esa forma, tienen que estar perdidas ahora, pese alguna buena voluntad, como victimas de su indolencia, que no las ha dejado reconocer más, tampoco ha dejado asimilar más de lo que las exterioridades de sus iglesias, templos y mezquitas. —

Entristecidos, vamos proseguir. — Pero allí, ante nosotros, está un alma de mujer, en cuya cara se explaya súbitamente una serenidad llena de paz, un nuevo brillo surge en sus ojos, que hasta ahora miraban cavilando y en temerosa reflexión, volviéndose más conciente, ella se aploma, se torna más clara... fuerte anhelo de la más pura esperanza hace con que levante el pie... ¡y, respirando aliviada, se encuentre más allá de las barras! Para esa alma de mujer las barras no más constituyan cualquier impedimento, pues en la profunda reflexión, intuyendo con sensibilidad, ha llegado a la convicción de que todo aquello que hasta ahora imaginaba había que ser errado, y, sin recelo, en la alegre fe en el amor de Dios, sacó de si ese error.

Sorprendida, ve ahora cuán fácil ha sido. En agradecimiento, levanta sus brazos, y una inenarrable sensación de felicidad quiere manifestarse en jubilo, sin embargo, eso le sobrevino demasiado fuerte, demasiado poderoso, los labios permanecen mudos, su cabeza se inclina con ligero temblor, los ojos se cierran y pesadas lagrimas corren lentamente por sus fases, en cuanto sus manos se juntan para una oración. ¡Para una oración diferente de lo que hasta entonces! ¡Para un agradecimiento! ¡Para una gran intercesión en favor de todos aquellos, que todavía se encuentran tras de esas rígidas barras! ¡A causa de la propia concepción, que no quieren abandonar como siendo errada!

Uno suspiro de profunda conmiseración le llena el pecho, y, con eso, se desprende de ella como una ultima esposa. ¡Está ahora libre, libre para el camino rumbo al albo por ella interiormente anhelado!

¡Elevando la mirada, ve ante si un guía, y alegremente le sigue los pasos hacia el nuevo y desconocido país, hacia el encuentro del vislumbre rosado, que cada vez se torna más intenso! —

De esa forma, otras almas se sueltan todavía de aquellas masas que, tras las barras de las concepciones erradas, tienen que esperar por su propia decisión, por su propia resolución, que puede conducirlas adelante, o retenerlas hasta la hora de la destrucción de todo aquello, que no puede cobrar animo para abandonar el errado antiguo. ¡Solamente pocas aún se salvarán de los vínculos de las concepciones erradas! Están demasiado embarazadas en ellas. Tan rígidas como su agarrar a eso también son esas barras, que les impiden un proseguimiento hacia la ascensión. Tirarles las manos para vencer ese impedimento es imposible, porque para eso incondicionalmente es necesaria la decisión propia de las almas. El propio vivenciar en su interior, que proporcionaba movimiento a sus miembros. De ese modo, pesada maldición recae sobre todos aquellos, que enseñan ideas erradas a las criaturas humanas sobre la voluntad de Dios en la Creación, la cual antaño podía ser encontrada en la Palabra del Salvador, pero que no permaneció pura en el texto de la Biblia, menos aún el las aclaraciones terrenas.

Las dejad en su obstinación seguir a recitar monótonamente oraciones, en la ilusión de que la cantidad de ellas les pueda y deba ayudar, porque la Iglesia así lo enseñó, como se la voluntad de Dios se dejase mercadear.

Proseguimos por el país de la penumbra. Interminable parece el baluarte de esas barras, tras el cual, a perderse de vista, se empujan los retenidos por él. —

Son, sin embargo, otros. Grupos que, en lugar de rosarios, aseguran Biblias en las manos y en ellas buscan desesperadamente. Se aglomeran al rededor de algunas almas que, doctrinando, quieren dar informaciones, al leer, siempre de nuevo, trechos de la Biblia. Exigiendo, varias almas exhiben aquí y allá sus Biblias, de rodillas, ellas son elevadas muchas veces como en oración... las barras, sin embargo, persisten, las impidiendo de proseguir.

¡Muchas almas insisten en su conocimiento de la Biblia, algunas, en su derecho de entrar en el reino del cielo! ¡Pero las barras no oscilan!

Entonces una alma de hombre, sonriendo, abre pasaje entre la hileras. Victorioso, saluda con la mano.

“Tontos”, grita, “¿por qué no quisisteis oír? Ya he gasto la mitad de mi existencia terrena estudiando el más Allá, por lo tanto, para nosotros ahora el Aquí. Las barras, que vedes ante vosotros, desaparecerán rápido por un acto de voluntad, ellas son creadas por la ilusión. ¡Apenas seguid a mi, yo os guío! ¡Todo eso ya es familiar para mi!”

Las almas en su rededor le dieran pasaje. Él avanza hacia las barras, como si no existiesen. Con uno grito de dolor, sin embargo, tambaleando retrocede súbitamente. El golpe fue demasiado duro y lo convenció muy rápidamente de la existencia de las barras. Con ambas las manos él comprime su frente. Las barras ante él siguen inabalable. Con un acceso de cólera, él las agarra y las sacude impetuosamente. Y grita con rabia:

“¡Entonces he sido engañado por el medium! ¡Y he perdido año tras año en eso!”

No reflexiona que ha sido él quién ha producido los errores y los propaló por la palabra y por la escrita, después de haber interpretado las imágenes, dadas por el medium, según sus acepciones, sin primeramente estudiar las leyes de Dios en la Creación.

No buscad ayudar ese hombre u otro; pues todos se hallan tan convencidos de si, que tampoco quieren oír algo distinto de lo que el propio intuir. Primero habrán que cansarse de eso, conocer o reconocer la inutilidad, donde únicamente está anclada la posibilidad de aún escapar de ese enmarañado de convicciones erradas, después de largo vaguear por el país de la penumbra.

Ellas no más son personas, pero si tales, que pura y sencillamente se aferraron solamente a concepciones erradas en su buscar, o que han sido demasiado perezosas para meditar profundamente sobre todo, en lugar de examinar con la más cuidadosa intuición, si aquello, que ha sido recibido, puede ser considerado como cierto o si contienen lagunas, que en una sana reflexión intuitiva no son más capaces de mantenerse como naturales. ¡Dejad, por lo tanto, caer las vacías exterioridades!

Todo cuanto es místico, el espíritu humano aleja de si, toda vez que jamás le puede traer uno provecho. Solamente lo que él mismo intuye de modo nítido, levando así al propio vivenciar dentro de si, le será de provecho en la madurez de su espíritu.

La palabra “Despertad!”, que Cristo empleó con frecuencia, quiere decir: “Vivenciad!”. No pases durmiendo o soñando por la existencia terrena. “Ora y trabaja” significa: “¡Haced de tu trabajo una oración!” ¡Espiritualizad aquello que criáis con tus manos! ¡Cada trabajo, en su ejecución, debe tornarse una adoración llena de respecto a Dios, como agradecimiento por lo que te es dado por Dios, de realizar algo de extraordinario entre todas las criaturas de esta Creación posterior, bastando que solamente lo quieras!

Empezad a tiempo con el despertar, con el propio vivenciar interior de todo, lo que corresponde al conciente intuir, también de lo que lees y oyes, para que no tengas que permanecer en el país de la penumbra, de lo cual hoy aclaré solamente una muy pequeña parte.


3. ¡Mañana de Resurrección!

¡Mañana de resurrección! De estas palabras irradia un encanto, que toca todas las almas de modo singular. ¡El espíritu intuye, ahí, sol por sobre campiñas repletas de flores, riachuelos murmurantes, lejano badajear de campanas, paz por toda parte! ¡Un alegre y libre respirar en la naturaleza! — —

Y mañana de resurrección deberá ser para aquellas almas humanas, que ahora son consideradas dignas de vivenciar el Reino de Dios aquí en la Tierra. ¡Las otras quedan hacia tras en las tinieblas, que hoy todavía envuelven la Tierra, y con las tinieblas serán arrojadas a la trayectoria que conduce a la descomposición inevitable, a la muerte espiritual!

¡El alba ya sonroja el firmamento de la materia fina, como señal de que el dia se acerca ahora!

¡Despertad, almas, que esperáis por la liberación, que esperáis de manera cierta! Corto es el tiempo hasta aquella hora, que ahora os debe encontrar preparadas. ¡No os dejad sorprender todavía durmiendo en el ultimo instante!

Terrible es la oscuridad, que envuelve la Tierra en la materia fina. Seria imposible a cualquier alma humana todavía transponerla ahora. — — —

Si, desde el naciente hasta el poniente, un rayo ofuscador de Verdad divina no atraviese con fuerza la noche sofocante del espiritual, entonces, el espíritu humano dormido estará perdido en esta Creación posterior.

¡Pues toda la sabiduría traída por convocados, destinada a preparar para los seres humanos terrenos la posibilidad de ascensión del espíritu hacia las alturas luminosas, fue predominantemente aprovechada por los adeptos de esos convocados para finalidades terrenas! Ella no se conservó como era, libre y natural, destinada a traer provecho a todos los seres humanos, pero si la retocaron de todos los lados con muy adiestrada astucia humana, hasta que nada más ha restado de la verdadera forma en su simplicidad.

Los reformadores vanidosos habían realizado con eso una presuntuosa obra de desgracia, en la cual millones de almas humanas se han enmarañado.

Todo se ha tornado comercio, de lo cual poco a poco ha surgido el anhelo por el poder. Bajo la orientación del intelecto, que como fruto de Lucifer ha dado excelente resultado, aparecieron solamente caricaturas de aquello, que la verdadera sabiduría debería dejar surgir. La tinieblas, astutamente, se aprovecharon de eso, de modo que las victimas incautas hubieron que caer ciegamente en sus brazos, en la ilusión, proveniente de la pereza espiritual, de que siguen rumbo a la Luz.

No ha ocurrido de otra manera tampoco con la Verdad luminosa, traída a la Tierra por el Hijo de Dios, a fin de, ahí, finalmente desenredar para los seres humanos el camino hacia la necesaria ascensión al Reino de Dios, para liberarlos en definitivo de los enmarañados de las tinieblas, que surgieron de deformaciones de las sabidurías de hasta entonces.

¡Cristo exigió vivacidad del espíritu de cada uno individualmente en el saber, que él les ha dado, y con eso adoración al Supremo por la acción!

El ser humano debía saber todo, lo que la Creación contiene, para reconocer las leyes fundamentales en ella actuantes, que portan la voluntad de Dios; pues solamente a través de ese saber el ser humano puede integrarse así, como Dios lo exige. Viviendo de esa forma, podrá entonces favorecer, alegrando todo lo que lo circunda, lo que también le lleva en la reciprocidad ascensión y aquella madurez que él, como ser humano, puede y debe encontrar, conforme la voluntad de Dios, si quiera “subsistir”. “Subsistir” ante Dios, sin embargo, significa no tener que caer en la descomposición.

¡Todas las leyes de Dios están sintonizadas solamente en el sentido de llevar edificación e impulso! A través de Cristo ha sido dada a la humanidad entera la posibilidad de finalmente liberarse en el espíritu. — —

Sin embargo, surgieron iglesias, y ellas se empeñaron en retallar la Palabra del Señor tras los muros de los conventos, en parte también ocultarla, dando a conocer solamente aquello lo que habían interpretado de acuerdo con sus propias explicaciones, de tal modo, como correspondía a sus objetivos y a su pensar.

Con eso, el ser humano individual fue nuevamente privado de la mayor parte del bien que Dios le había enviado, logrando que esos seres humanos no se tornasen suficiente activos en el espíritu, no demasiado libres. ¡Precisamente el contrario de aquello, que Cristo deseaba!

Las iglesias buscaban adeptos, riqueza y poder. ¡Para esa finalidad, ser humano alguno debería saber que él, completamente sólo, sin ayuda de la iglesia, podría llegar al Reino de su Dios! No debería llegar al pensamiento de que Dios no necesita de una iglesia entre Él y Su criatura, la cual Él también ha criado sin la iglesia.

¡Y lo lograron. Lentamente, pero con confianza, la iglesia ahora se ha entremetido con sus deseos de forma separadora entre el anhelo por la Luz de los seres humanos y su Dios! ¡Para aumentar el numero de sus adeptos, ofreció, como artificio, la comodidad al indolente espíritu humano! Llegó incluso a tal punto, que se podía, por dinero, mandar proferir oraciones en las iglesias, para éste o aquél fin. Ante remuneración, la iglesia se ha encargado de tales trabajos, devaluó ahí también la oración, la única forma por la cual el espíritu humano debe acercarse de su Dios. Sin embargo, individuo alguno se apercibió de la insensatez y de la degradación de tales imposibilidades. Era cómodo, el numero de los “fieles” aumentaba con eso.

Con el crecimiento, la iglesia se ha convertido más agresiva, dejando incluso, por fin, caer en parte la mascara. Actuando contra todas las leyes de Dios, minó todo lo cuanto no quisiese declararse a su favor, incitó y calumnió, si, asesinó donde no fuese posible de otra manera. Inicialmente a las ocultas, con el aumento de su poder terreno, sin embargo, también abiertamente. Ella no hesitó en colocar el nombre de Dios como escudo a su frente.

¡Aquí ningún ser humano puede hablar de un equivoco, una tal actuación lleva, demasiado nítido, el cuño de la más baja oscuridad! ¡Se encuentra en la más nítida oposición a todo, que Jesús ha enseñado! ¡Son golpes hostiles, que, con eso, han dado a cada palabra por él pronunciada. ¡No existe nada en toda la Tierra, que osó colocarse más contra Cristo y su Palabra, de lo que la organización eclesiástica, ya desde el inicio!

¡Ninguna otra cosa, sin embargo, podría también ser tan peligrosa! ¡Precisamente por la apariencia de querer servir a Dios es que el efecto ha sido terrible para la humanidad! Lucifer no podría tener mejores colaboradores para su obra hostil a Dios. ¡Aquí su habilidosa indicación para el intelecto terreno ha conquistado su mayor victoria! ¡Ha producido una engañadora falsificación de todo aquello, que en la realidad debía surgir, deseado por Dios! La simulación de la legitimidad ha sido lograda. ¡Lo más valioso, que debería conducir hacia Dios, él hizo desviar para el opuesto que se presentaban como servidores de Dios y que muchas veces también se consideraban como tal, hizo con que se tornase un impedimento para los seres humanos, que debía impedirlos de caminar alegremente hacia el encuentro de la Luz anhelada! Una jugada arrojada sin precedentes. —

¡Y de esa forma, la oscuridad envolvió la Tierra, se ha convertido la noche más profunda de las almas! — —

¡Ahora, sin embargo, ha sido dado un fin al mal! ¡Abruptamente, todos los seres humanos serán despiertos de la falsa ilusión! ¡Para la liberación, pocos, para la destrucción, muchos! ¡El ajuste de cuentas para el Gólgota ha llegado! ¡En sentido diferente, sin embargo, de lo que los seres humanos hasta ahora imaginaron! —

Tal como, en la atmosfera sofocante de una noche de verano, los hongos brotan de la tierra, falsos profetas surgirán ahora de las masas, como fue prometido, para que cumplan por si mismos la Palabra y puedan ser juzgados; ¡pues el mundo debe tornarse limpio de ellos!

¡Sin embargo, dejad las cosas tumultuarse, las dejad retumbar, pequeño grupo! ¡Antes de una mañana de primavera tiene que soplar fuertes tormentas! ¡Dejad que sean arrastrados millones de seres humanos, es bueno así y de acuerdo con la voluntad inflexible del Altísimo! ¡Cada cual recibirá aquello, que merece! La hipocresía, la ilusión de la sabiduría humana y la seducción necesitan tener un fin.

¡A la brevedad, las palabras graves: “¡Está consumado!”, repitiéndose, vibrarán sonoras y llenas de jubilo a través de los mundos!

¡Romperá entonces la mañana de resurrección y, radiante, el sol os traerá un nuevo dia! ¡El Señor y Dios regala a Sus criaturas, quienes se inclinan ante Su voluntad, con una nueva era!

¡Entonces, el grande, libre suspiro de alivio prepasará por cada alma que, como un agradecimiento, como una oración, se elevará al trono del Altísimo, como uno juramento de servirLo de la manera como ÉL lo quiere! ¡Así sea!


4. Desconfiados

El ser humano, que pasa sus días terrenos cavilando sobre si, jamás puede ascender, pero permanece retenido.

Tantos seres humanos, sin embargo, viven en la opinión de que precisamente ese cavilar y observarse sea algo extraordinariamente grande, con lo que progresan rumbo al alto. Emplean muchas palabras para eso, las cuales esconden el verdadero núcleo. Uno cavilla en el arrepentimiento, el otro, en la humildad. Todavía existen aquellos, que en intenso cavilar buscan descubrir sus defectos y el camino para evitarlos, y así por delante. Permanece un constante cavilar, que raramente o jamás les permite llegar a la verdadera alegría.

De esa forma no es lo deseado. El camino es errado, no conduce nunca hacia el alto, hacia los reinos luminosos, libres. ¡Pues con el cavilar el ser humano se ata! ¡Mantiene la mirada forzosamente dirigida solamente hacia si, en lugar volverla hacia uno albo elevado, puro y luminoso!

Una sonrisa alegre, afable, es el mayor adversario de las tinieblas. ¡Sólo no debe ser el reírse de una alegría maliciosa!

Al contrario, el cavilar deprime. Sólo ahí reside una aclaración que él retiene abajo y también tira hacia bajo. —

¡El verdadero núcleo del cavilar constante tampoco es un buen querer, pero solamente la vanidad, ambición y presunción! ¡No es nostalgia pura de la Luz, pero sí manía de auto presunción, que da el motivo para el cavilar, lo incentiva siempre de nuevo y lo nutre continuamente!

Con auto suplicio un tal ser humano medita siempre y siempre de nuevo sobre si, observa con ahínco los pros y contras, que se alternan en el proceso de su alma, se irrita, se consuela, para finalmente, con un profundo suspiro de reposada auto satisfacción, él mismo verificar que una vez más “ha superado” algo, y avanzó más un paso. Digo aquí intencionalmente, “verificar él mismo”; pues en la verdad solamente él verifica la mayor parte, y esas verificaciones propias son siempre solamente auto ilusiones. En la realidad no ha progresado ni siquiera un paso, al contrario, comete siempre de nuevo los mismos errores, a pesar de considerar que no más sean los mismos. Pero son ellos, siempre los antiguos, solamente la forma se altera.

De esa forma, tal ser humano jamás progresa. Sin embargo, en la auto observación considera superar un error tras el otro. Ahí gira siempre en circulo al rededor de si propio, en cuanto el mal fundamental, en él inherente, permanentemente cría solamente nuevas formas.

Un ser humano, que siempre se observa y cavilla sobre si mismo, es la personificación del luchador contra la serpiente de nueve cabezas, en la cual cada cabeza crece de nuevo, apenas cuando sea descepada, por lo que la lucha no llega a un fin y tampoco se verifica progreso alguno del lado del luchador.

De esa forma es realmente también aquello que sucede en la materia fina en la actuación del desconfiado, lo que, en la antigüedad más reciente, las personas aún podían ver, cuando antaño consideraban todo que no fuese de materia gruesa como dioses, semi dioses o otras especies de entidades. —

Solamente quién, libre, con voluntad alegre, visa un albo elevado, por lo tanto, conduce la mirada hacia el albo, sin embargo, sin mantenerlos vueltos siempre hacia si mismo, ése progresa y asciende rumbo a las alturas luminosas. Ningún niño aprende a caminar sin sufrir muchas caídas, pero casi siempre se levanta nuevamente sonriendo, hasta adquirir firmeza en los pasos. De esa forma hay que ser el ser humano en el camino a través del mundo. No debe desanimar o quejarse lamentando, si caerse alguna vez. ¡Levantarse con coraje y experimentar de nuevo! Apropiarse al mismo tiempo de la enseñanza de la caída, sin embargo, en la intuición, y no con el pensar observador. Entonces llegará un dia, totalmente repentino, también el momento en que para él no mas teme cualquier caída, por haber asimilado todo lo que así lo ha aprendido.

Asimilar, sin embargo, él sólo puede en el propio vivenciar. No en el observar. Un desconfiado jamás llega al vivenciar; pues por la observación se coloca siempre fuera de cada vivencia, y mira disecando y decomponiendo hacia si mismo como para un extraño, en lugar de intuir plenamente para si mismo. Pero si él mira hacia si, tiene que quedarse al lado del intuir; eso ya está en la expresión: ¡mirar hacia si, observarse!

Con eso, también está explicado que él solamente sirve al intelecto, lo cual no solamente tulle, pero sí excluye completamente todo verdadero vivenciar en la intuición. Él no permite que el efecto de cada fenómeno externo de la materia siga más allá de lo que hasta el cerebro anterior, que lo recibe primero. Allí es retenido, es presuntuosamente disecado y decompuesto, de modo que no alcanza el cerebro de la intuición, solamente a través de lo cual el espíritu podría asimilarlo para el vivenciar.

Por lo tanto, poned atención a mis palabras: así como el espíritu humano tiene que canalizar su actividad desde dentro hacia fuera, de modo lógico, a través del cerebro de la intuición hacia el cerebro del intelecto, de la misma forma, fenómenos externos solamente pueden actuar retroactivamente por el mismo camino, si hayan que ser recibidos por el espíritu humano como vivencia. La impresión de fenómenos externos, provenientes de la materia, debe pasar, por lo tanto, siempre desde afuera, por el cerebro anterior del intelecto, a través del cerebro posterior de la intuición, hacia el espíritu. No diferente. Mientras la actuación del espíritu tiene que seguir el mismo trayecto en sentido inverso, en dirección hacia fuera, porque solamente el cerebro de la intuición posee la facultad para la recepción de las impresiones espirituales. El desconfiado, sin embargo, retiene obstinadamente la impresión del fenómeno externo en el cerebro anterior del intelecto, lo diseca y lo decompone allí, y no lo retransmite integralmente al cerebro de la intuición, pero solamente parcialmente, y esas partes solamente aún desfiguradas por la actividad mental forzada, por lo tanto, no tan real, como era.

Por eso, tampoco le puede advenir ningún progreso, ninguna madurez espiritual, que solamente el verdadero vivenciar de fenómenos exteriores provee.

¡Sed, ahí, como los niños! Asimilad integralmente, y lo vivenciad en vosotros, instantáneamente. Entonces refluye por su parte de vuelta a través del cerebro de la intuición para el cerebro del intelecto, y desde ahí puede o salir transformando para una eficaz y vigorosa defensa, o actuar para una aumentada capacidad de recepción, según la especie de los fenómenos externos, cuyas irradiaciones se nombran influencias o impresiones externas.

Para el aprendizaje ahí servirá también aquí, entonces, el Reino del Milenio, que deberá ser el reino de la paz y de la alegría, el Reino de Dios en la Tierra. Con eso, los seres humanos entienden en sus exigentes deseos nuevamente algo errado porque, debido a su presunción, nada más puede formarse de modo cierto y sano. Con la expresión Reino de Dios en la Tierra surge un alegre temblor por las hileras de todos los que aguardan por él. Imaginan con eso, realmente, una dádiva de alegría y de felicidad, que corresponda plenamente a su anhelo por un tranquilo querer desfrutar. ¡Se tornará, sin embargo, la época de absoluta obediencia para toda la humanidad!

¡Hoy nadie quiere admitir que haya ahí una exigencia! ¡La expresión “Reino de Dios en la Tierra” no debe ser comprendida de otra forma, sino que en él reine solamente la voluntad de Dios, totalmente incondicional e inmutable! ¡Que la voluntad de los seres humanos y su desear tengan, finalmente, que orientarse completamente de acuerdo con la voluntad de Dios!

Y surgirá paz, alegría, porque todo cuanto perturba será removido de la Tierra a fuerza y mantenido alejado en el futuro. A eso pertenece actualmente, en primera línea, la criatura humana. Pues únicamente ella ha traído la perturbación para la Creación y para la Tierra. Pero de determinada hora en adelante un perturbador no más logrará vivir en esta Tierra.

Eso será realizado por el cambio de las irradiaciones, que llegará a efectuarse a través del Hijo del Hombre y de su estrella. ¡La paz será impuesta, no regalada, y la manutención de la paz, entonces, exigida de modo riguroso e implacable!

De esa forma será el reino de la paz y de la alegría, el Reino de Dios en la Tierra, en lo cual el ser humano tendrá que ser destituido del dominio de su voluntad, que hasta ahora le ha sido concedido, toda vez que él, como espiritual entre los desarrollados en esta Tierra, también tiene que dominar como criatura más elevada, correspondiendo incondicionalmente a las leyes primordiales de la Creación. Con la manifestación de la voluntad de Dios en la Creación posterior, sin embargo, será excluido naturalmente el predominio de la voluntad de los seres humanos.

¡Solamente aquél ser humano aún podrá subsistir en el futuro, y toda la criatura, que voluntariamente orientarse por la voluntad de Dios! ¡Por lo tanto, el que vive, piensa y actúa según esa voluntad! ¡Eso, únicamente, ofrece las condiciones de vida en el venidero Reino del Milenio!

Grabad eso una vez más en vosotros, lo más claro que podéis. ¡Es el fundamento para todo, sí, para todo el vuestro existir! ¡Para que vosotros, pequeño grupo, ya desde el inicio os encontréis firmes sobre este nuevo suelo!


5. Mártires voluntarios, fanáticos religiosos

¡Repugnantes son las personas, que voluntariamente imponen a sí dolores físicas y privaciones, para así tornarse agradables a Dios! ¡Todas ellas jamás alcanzarán el reino del cielo!

En lugar de alegrarse con la bella Creación, como agradecimiento por su existencia, martirizan y torturan de la manera más criminosa el cuerpo muchas veces anteriormente sano, o lo perjudican con una carga intencional de múltiplas privaciones, renuncias, solamente... para que ahí parezcan grandes delante los seres humanos o ante si mismas, para satisfacción propia y enaltecimiento propio, en la ilusoria conciencia de una acción toda especial.

¡Todo eso es, pues, solamente una mala y repugnante excrecencia de una gran presunción de la más baja especie! ¡El deseo de sobresalirse a todo costo! Se trata ahí, casi siempre, de personas que están convencidas de que de otro modo jamás conseguirán colocarse en evidencia. Que, por lo tanto, intuyen perfectamente que son incapaces de realizar algo grande y, con eso, sobresalirse. Son las convictas de la propia pequeñez.

¡Engañándose a si mismas, imaginan la convicción de su pequeñez como siendo humildad! Pero no lo es; pues pronto lo comprueban por el deseo de evidenciarse. Solamente la presunción y la vanidad las impulsan para cosas tan repugnantes. ¡No son devotas, o humildes servidoras de Dios, no se debe considerarlas como santas, pero sí solamente como pecadoras intencionales! ¡Como tales, que aún esperan admiración por sus pecados, recompensa por su pereza de trabajar!

Aunque ese gran pecado ni siquiera alcance la conciencia de muchas de ellas, porque, para su propio “enaltecimiento”, ellas no quieren considerarlo como pecado delante si mismas, eso nada altera en el hecho de que en el efecto permanece siempre solamente aquello, que realmente es, no, sin embargo, como el ser humano pretende hacer creer a si mismo y a otro.

Los seres humanos son delante de Dios solamente pecadores, toda vez que se oponen a Sus leyes primordiales de la Creación, con el procedimiento intencional o porfiado, porque no alimentan tampoco tratan los cuerpos a ellos confiados, así como es necesario, para que en los cuerpos desarrolle aquella fuerza, que los torne aptos a proporcionar al espíritu una base fuerte en la Tierra, un instrumento sano y vigoroso para la defensa y la asimilación, para, como escudo y espada, poder al mismo tiempo servir poderosamente al espíritu.

Es solamente una consecuencia de la enfermedad de los cerebros querer arremeter contra las leyes de la naturaleza, para de este modo destacarse, evidenciarse; pues una persona sana jamás imaginará ser capaz de poder desviar, siquiera por la espesura de un pelo, o mejorar la voluntad de Dios en las leyes primordiales de la Creación, sin perjuicio a si misma.

¡Cómo parece tonto, infantil y caprichoso, o ridículo, cuando una persona se instala por todo su tiempo de vida en un árbol hueco o deja endurecer completamente un miembro del cuerpo, se dilacera o se sucia!

¡El ser humano puede empeñarse como quiera para descubrir un motivo, que resulte en una justificativa o aún en solamente un sentido para eso, es y permanecerá un crimen contra el cuerpo a él confiado, y con eso un crimen contra la voluntad de Dios!

¡A eso pertenecen también los innumerables mártires de la vanidad y de la moda!

¡No prestad más atención a tales personas! Veréis como se cambian rápido, cuán poco profunda es la convicción.

¡Un fanático perece por su propia obstinación! No vale la pena entristecerse por él; pues tal espíritu humano jamás tiene valores a presentar.

¡Y como millares de esa manera pecan gravemente contra su cuerpo terreno y se vuelven con eso criminosamente contra la voluntad de Dios, exactamente así es procedido millares de veces también contra el alma!

Grande es, por ejemplo, el numero de aquellos que viven permanentemente bajo el constreñimiento, por ellos mismos criado, de que son los despreciados en el mundo. Desertados de la felicidad, desconsiderados por sus semejantes, y tantas cosas más. Ahí, sin embargo, ellos propios presentan pretensiones totalmente injustas a sus próximos, actúan llenos de envidia de modo destructivo sobre su ambiente, y se cargan con eso solamente de culpa sobre culpa, como pesado fardo. Constituyen los vermes, que tienen que ser aplastados en el Juicio, para que entre los seres humanos pueda habitar por fin paz serena, alegría y felicidad.

Sin embargo, no sólo torturan sus próximos con sus caprichos, pero sí hieren con eso sus propios cuerpos del alma, de la misma forma como los fanáticos religiosos causan daños a su cuerpo de materia gruesa. De esa forma, infringen especialmente la ley divina, cuando hieren, sin consideración, todos los envoltorios indispensables confiados a su espíritu, de manera que ellos no pueden ser utilizados por el espíritu con salud vigorosa y fuerza plena.

¡Lejos van, pues, las consecuencias de tal actuación de los que violan sus cuerpos terrenos o anímicos! Alcanzan los espíritus, los tullendo, perjudicando su improrrogables e indispensables desarrollos, pudiendo incluso levar a la descomposición eterna, a la condenación. ¡Pero todos ellos, incluso en la queda, todavía tendrán la ilusión de con eso sufrir una injusticia!

¡En el fondo, sin embargo, son solamente criaturas depreciables, indignas de poder alegarse!

Por lo tanto, no les prestad atención y los evitad; ¡pues no merecen siquiera una buena palabra!


6. Servidores de Dios

De modo completamente infundado, muchas personas han supuesto hasta ahora que los servidores de las iglesias, templos, además, de todas las practicas religiosas, también deban ser considerados idénticos a servidores de Dios.

Ese concepto ha sido sembrado antaño, en la época del inicio y de la formación de cultos de todas las especies, por los servidores de esos propios cultos, que así se empeñaron en conseguir un prestigio que, personalmente, difícilmente podrían haber producido. ¡Y él ha sido conservado, sin que alguien hubiese ahí buscado comprender que en eso había daño en lugar de provecho para la humanidad, y, lo que es el principal, un desconocimiento de Dios!

¡Una persona, que esté con espíritu despierto en la Creación, que no se mantenga cerrada al sutil vibrar intuitivo de su alma, jamás conseguirá reconocer como verdad que se pueda servir realmente al gran y vivo Dios por el ejercicio de cultos, por el mendigar, que los seres humanos llaman de “orar”, o por las mortificaciones! ¡Con eso, sin embargo, nada dais a vuestro Dios! ¡Con eso, a Él nada ofrecéis! ¿Qué pretendéis, además, con eso? Vosotros mismos no sabréis contestar, cuando estuviereis ante el trono del juicio de Dios. Habréis que quedarse callados; ¡pues hicisteis todo eso solamente para vosotros! Para vuestra tranquilidad intima y para enaltecimiento, o en el desespero, en la aflicción.

Yo os digo: solamente aquél ser humano, que se encuentre de modo correcto en la Creación de su Dios, reconociéndose como una parte de la Creación y viviendo de acuerdo, ese es el verdadero servidor de Dios, poco importando de qué manera él trabaja para su indispensable sustento terreno. Se empeñará ahí siempre, como parte de la Creación, para adaptarse también a aquellas leyes, que actúan en la Creación de modo benéfico. ¡De esa forma, él favorece la propia Creación y sirve así a su Dios de la única manera correcta, porque por la adaptación correcta pueden originarse solamente felicidad y alegría, así como desarrollo progresivo!

Pero, para tanto, evidentemente, tiene que aprender a conocer la Creación.

¡Y eso a vosotros es necesario! Reconocer la voluntad de Dios, que reposa en la Creación y en ella se efectúa continua y espontáneamente. Exactamente con eso, sin embargo, jamás os ocupasteis hasta ahora de modo cierto. Sin embargo, con todos vosotros no ocurre de manera diferente de lo que como se estuvieses dentro de una gigantesca engranaje, en ella os debiendo mover, sin jamás poder alterar o mejorar algo ahí.

Pero si no estéis y no andéis correctamente en ella, entonces a vosotros os amenaza peligro por toda parte, os habréis que chocarse, podéis también caer y ser dilacerados. Precisamente como en una gigantesca casa de maquinas donde innumerables cadenas en continuo movimiento, perturbando la visión, deslizan entretejiéndose, las cuales amenazan gravemente cada laico, por toda parte, a cada paso, al entendido, sin embargo, solamente le sirven y son útiles. ¡Diferente no es con el ser humano en la Creación!

¡Aprended por fín a conocer correctamente ese engranaje, podéis y debéis utilizarlo entonces para vuestra felicidad! ¡Pero para eso tenéis que ser antes aprendices, como en toda parte! Y ahí, la mayor de todas las obras, esta Creación, no constituye ninguna excepción, pero es precisamente como en las obras humanas. Incluso el automóvil sólo da placer al que lo conoce. ¡A aquél que no sabe conducirlo, sin embargo, trae la muerte!

¡Tenéis, además, de modo palpable, millares de ejemplos ante vosotros en pequeñas cosas! ¿Por qué todavía no aprendisteis con ellos?

¡Todo eso, pues, puede ser reconocido de modo sencillo y natural! ¡Pero precisamente ahí estáis como que ante un muro! Broncos, indiferentes, con una porfía, que no es posible comprender. ¡Está en juego, por fin, vuestra vida, toda vuestra existencia, justamente aquí!

¡Solamente el propio constructor puede explicar a vosotros un mecanismo, o aquél a quién él ha instruido! ¡Así es aquí en la Tierra y no diferentemente en la Creación! Pero precisamente ahí quieren los seres humanos, que propiamente son solamente una parte de la Creación, saber por si todo mejor de lo que el Maestro, no quieren cualquier instrucción para la utilización del engranaje, al contrario, ellos mismos quieren enseñar las leyes básicas, las cuales buscan definir solamente por observación superficial de muy débiles derivaciones de aquello que es grande, verdadero, para cuyo presentir siempre se mantuvieron cerrados; por lo tanto, de un saber, jamás se puede hablar.

Y, sin embargo, ya por diversas veces ya os ha sido ofrecida a vosotros, llena de amor, la posibilidad de un reconocer, primero en trazos nítidos a través de las leyes, que Moisés pudo transmitir, después incluso por el Hijo de Dios, que busco transmitirlas para vosotros en parábolas e imágenes.

El contenido, sin embargo, no ha sido reconocido, pero si muy desfigurado, obscurecido y torcido por el mejor querer saber humano.

¡Ahora es dada, por la tercera y última vez, nuevamente la oportunidad, a través del Mensaje del Grial, de ver claramente las leyes de Dios en la Creación, para que los seres humanos puedan tornarse verdaderos servidores de Dios, de modo plenamente conciente, en alegre y jubilosa acción, conforme exige el verdadero servicio a Dios!

Alegría y felicidad pueden existir en toda la Creación. Miseria y aflicción, enfermedad y crimen, vosotros, seres humanos, sólos los criáis, porque hasta hoy no quisisteis reconocer donde se encuentra la inconmensurable fuerza, que a vosotros ha sido dada para el camino a través de todos los mundos, que tenéis que peregrinar para el desarrollo, por vuestro propio deseo.

¡Apenas cuándo os sintonicéis correctamente, entonces la fuerza os traerá a vosotros, obligatoriamente, luz del sol y felicidad! Así, sin embargo, os encontráis desamparados y minúsculos en ese engranaje que todo contiene, sin embargo, siempre aún os vanagloriáis, con pomposas palabras, de vosotros mismos y de vuestro saber, hasta que por último tendréis que caer debido a eses vuestros errores, que sólo se han originado de la ignorancia y del no querer aprender.

¡Despertad por fin! Tornados primero aprendices para recibir el saber, pues del contrario jamás lo alcanzareis.

Pues ante el Criador sois ahora mucho menos que un insecto. ¡Éste cumple fielmente la finalidad que tiene que cumplir, mientras vosotros, como espíritu humano, faltáis! Vosotros faltáis, debido al vuestro vanidoso querer saber, que no es saber alguno. ¡Las escuelas, que erigisteis, construidas por sobre ese falso saber, son cadenas, que os mantienen encadenados, que sufocan cualquier ascensión espiritual ya en el intento, porque vuestros maestros no pueden, ellos mismos, seguirlas!

¡Agradeced al Señor por os sacar ahora a la fuerza la posibilidad de seguir una existencia tan vacía y solamente perjudicial a todo, del contrario jamás podéis llegar al reconocimiento de la indignidad, que hoy os circunda a vosotros por toda parte y tiene que os hacer parecer ridículos en toda la Creación, como muñecos vacíos y grotescamente adornados, que llevan en si espíritus dormidos!


7. Instinto de los animales

Muchas veces las personas quedan admiradas ante los actos instintivos de los animales. Atribuyen a los animales un sentido especial, que a los seres humanos hace falta por completo o que dejaron atrofiar.

A los seres humanos es inexplicable, cuando, por ejemplo, observan que un caballo, un perro o cualquier otro animal, en un trayecto habitual, tal vez diariamente recorrido, de repente, en determinado lugar, se recuse a seguir, y cuando después ellos saben que poco después, exactamente en aquél lugar, ha ocurrido un accidente.

Ya muchas veces ha sido salva de ese modo la vida de una o más personas. Hay tantos de esos casos, que fueron divulgados para conocimiento común, que no es especialmente necesario entrar aquí en detalles.

La humanidad nombró esas cualidades del animal de instinto, presentimiento inconciente. Apenas cuando ella tenga un nombre para una cosa, en general ya se da por satisfecha, forma cualquier idea al respecto y se contenta con eso, poco importando si su pensar sobre eso sea cierto o no. Así también es aquí.

El motivo para tales acciones del animal es, sin embargo, totalmente otro. ¡El animal no posee la propiedad y tampoco la capacidad de aquello, que el ser humano entiende por instinto! En esos acontecimientos obedece solamente a una advertencia, que a él le es dada. Esas advertencias, el animal consigue ver muy bien, mientras ellas solamente por pocas personas pueden ser observadas.

Conforme ya he aclarado en una disertación anterior, el alma animal no proviene del espiritual, como en la criatura humana, pero sí del enteal. De la parte enteal de la Creación se originan también los seres elementares: gnomos, elfos, ondinas, etc., que tienen su actuación en aquella parte, que los seres humanos en general nombran de naturaleza, por lo tanto, agua, aire, tierra, fuego. Del mismo modo aquellos, quienes se ocupan con el desarrollo y el crecimiento de las piedras, plantas y otras cosas más. Esos todos, sin embargo, se originan de una otra parte del enteal, diferente de aquella de las almas animales. Sin embargo, su mutua afinidad en la igual especie de origen resulta en la mayor posibilidad de reconocimiento recíproco, de forma que un animal tiene que reconocer absolutamente mejor esas criaturas enteales, de lo que puede el ser humano cuya origen se encuentra en el espiritual.

Los seres elementares saben, pues, exactamente donde y cuando ocurrirá una alteración en la naturaleza, tales como desmoronamientos, avalanchas, caída de un árbol, el ceder del suelo a causa de acción erosiva de aguas, ruptura de diques, irrupción de aguas, erupciones volcánicas, mareas altas, terremotos y todo lo que a eso pertenezca, toda vez que ellos mismos se ocupan con eso y preparan y provocan tales alteraciones, las cuales los seres humanos nombran de accidentes y catástrofes.

Si un tal acontecimiento es inminente, puede suceder que un animal o una persona, que se acerca, sea advertida por esos seres elementares. Se anteponen en el camino y buscan, por medio de gritos y gesticulaciones inducirlo al retorno; el animal ve esas formas más o menos nítidamente, se asusta, eriza los pellos o se recusa enérgicamente a proseguir, contrariando completamente su costumbre normal, de modo que, muchas veces, incluso el animal más bien adestrado recusa, excepcionalmente, obediencia a su dueño. Por ese motivo el raro comportamiento del animal en tales casos. El ser humano, sin embargo, no ve eses seres elementares, y por eso va muchas veces hacia el encuentro del peligro, en lo cual perece o queda gravemente herido.

Por eso, el ser humano debía observar más los animales, a fin de aprender a comprenderlos. El animal se tornará entonces realmente un amigo de la criatura humana; pues consigue ocupar lagunas y con eso tornarse incluso mucho más útil al ser humano de lo que hasta ahora.


8. El beso de amistad

Mucho se ha hablado de eso en todo en mundo. En poesías, el beso de amistad fue embelezado y elevado muy alto en los mundos de los pensamientos. Todo eso, sin embargo, es solamente una configuración de fantasía, que se aleja mucho del suelo de la naturalidad.

Es un pequeño manto bonito, que el propio ser humano terreno, como en tantas cosas, ha hecho para si, para en él admirar a si o a otro. Sin embargo, admiración es totalmente inadecuada; pues en la realidad es hipocresía, nada más. ¡Un intento vergonzoso de alterar las leyes de la Creación, de desviarlas, privarlas de su maravillosa y sencilla naturalidad de modo deformador!

¡Seguramente es muchas veces diversa la intención de un beso, eso, sin embargo, no cambia en nada el hecho de que cada beso es siempre un beso, por lo tanto, un contacto de especie corporal, que, según la ley natural, desencadena un sentimiento, que jamás podrá ser diferente de lo que solamente corporal! Quién conoce mi Mensaje ya lo sabe. ¡El ser humano no debe siempre encubrirse de esa forma de cobardía, querer negar lo que realmente hace, pero debe siempre estar conciente de eso de modo muy claro! ¡Un hipócrita es todavía peor de que un malhechor!

La expresión “beso de amistad” ya presupone, muy determinantemente, la edad madurada.

¡El beso entre dos sexos, sin embargo, en la edad madurada, aunque con intencionada pureza, está bajo las vibrantes leyes primordiales de la Creación! Las evasivas ahí son ridículas. La criatura humana sabe muy bien que las leyes de la naturaleza no indagan por su opinión. El beso del amigo, del hermano, del padre a una joven o a una mujer, sigue siempre, a pesar de la más fuerte auto-ilusión, el beso entre dos sexos, no diferentemente cada beso de la madre en el hijo, apenas cuando este tenga edad madurada. ¡Las leyes de la naturaleza no conocen tampoco conceden ahí cualquier distinción. ¡Por eso, cada persona debe conservar mucho mayor reserva!

Sólo la manía del ser humano, de querer adaptar las leyes de la naturaleza a sus deseos, forma ideas tan contrarias a las leyes naturales como los besos de amistad, como las caricias entre parientes y los innumerables excesos que hay ahí. ¡Bajo los mantos de la mayor hipocresía, el ser humano busca pecar muchas veces incluso intencionalmente!

¡Nada se altera en este hecho de tales contrariedades a las leyes de la naturaleza, porque muchas personas se consideran realmente inocentes en esas transgresiones, y imaginan estar ahí totalmente puras! ¡Es y sigue siendo una desfiguración de las más puras leyes de la naturaleza, cuando éstas deben ser desnudas de su bella simplicidad por interpretación errónea! ¡Y ahí siempre sólo resulta algo enfermizo, porque cada abuso y cada desvío sólo devalúa, macula y rebaja el originalmente sano, que se encuentra en la ley!

¡Arrancad, por lo tanto, esa hipocresía! ¡Honrad por fin las leyes de la naturaleza en su sencilla y por lo tanto sublime grandiosidad así como ellas realmente son! ¡Os sintonizad vosotros simplemente en ellas y vivid de acuerdo con las mismas, conducid ahí también vuestro pensar, vuestro actuar, vuestras costumbres, dentro y fuera de vuestras familias, os tornad vosotros, por lo tanto, naturales en lo más puro sentido, entonces seréis también felices y ahí agradables a Dios! La vida enfermiza huirá entonces de vosotros. ¡Habrá sinceridad conjunta y recíproca entre vosotros, y muchas inútiles luchas de alma os serán evitadas, toda vez que sólo son consecuencia de tales ilusiones erróneas, para, muchas veces atormentando, os importunar a vosotros toda la vida terrena!

El enfermizo de eses juegos nocivos, de esas caricias falsas, que presentan, sin excepción, solamente bases puramente grueso-materiales, vosotros propios veis de modo más nítido en niños inmaturos e ingenuos de tierna edad. Niños que son excesivamente cubiertos de caricias por los parientes, digamos tranquilamente “importunados”, tienen siempre aspecto enfermizo. ¡También, casi todo niño manifiesta, intuitivamente, una aversión por tales cariños importunos, jamás voluntad, porque el niño es en la realidad “naturalmente ingenuo”! ¡Desde el principio, necesita siempre ser educado para soportar y corresponder a los cariños! ¡Ese educar para tal es, sin embargo, solamente deseo de los adultos que, debido a la madurez de su cuerpo de materia gruesa, sienten de modo instintivo la necesidad para tal! ¡El niño, no! ¡Todo eso dice muy claro de la peligrosa violación bajo la cual un niño es criminosamente sometido! ¡Sin embargo, poco a poco, él por fin se habitúa a eso y, por habito, siente entonces necesidad de eso, hasta que el propio cuerpo, en madurez, despierte en el instinto!

¡Es vergonzoso que la humanidad busque cubrir repetidamente las codicias y sus propias debilidades con hipocresías! O que cometa ahí actos impensados.

¡El ser humano debe saber que el legitimo amor, además, sólo es anímico! ¡Y todo lo demás es solamente instinto! El amor del alma, sin embargo, no tiene nada que ver con el cuerpo de materia gruesa, tampoco pide por eso, toda vez que la separación de todas las especies de la Creación permanece siempre perfecta. ¡Espiritual es espiritual, anímico es anímico, y corporal es y permanece siempre solamente corporal!

Con la muerte del cuerpo, no morirá una sólo partícula del alma. Eso muestra con toda la simplicidad que cada uno existe por si sólo, y que no ocurre ninguna mezcla.

Un beso lleno de alma, por ejemplo, existe solamente en la imaginación, porque cualquier beso es y permanece exclusivamente un acto grueso material. Lo que la persona anímicamente ahí intuye, es algo completamente a parte. El amor del alma sigue al lado del instinto corporal, no con él o incluso dentro de él.

Cualquier otra idea es una gruesa auto-ilusión, por no corresponder a las leyes de la naturaleza. Solamente el intelecto inventó ahí diversidades para su propia excusa, y para visar una nueva caricatura para mutilación de la Verdad, que en forma pura debía llevar las criaturas humanas hacia el despertar, al reconocimiento, con eso a la pureza y a la veracidad de sus conceptos, por fin, a la ascensión en dirección a la Luz.

¡Ser humano, ten por fin coraje de ser verdadero en todo cuanto lo hagas! También en el beso. ¡Rompe las configuraciones engañadoras, que tu vanidad y sensualidad te han creado! ¡Despierta!


9. La mujer de la Creación posterior

Con estas palabras es tocado el punto más delicado en la Creación posterior. Aquél punto, que necesita de la mayor modificación, de la depuración más radical.

Si el hombre de la Creación posterior se ha convertido en esclavo de su propio intelecto, entonces, la mujer ha pecado mucho más.

Proveída con la mayor delicadeza de las intuiciones, ella debía, sin el mínimo esfuerzo, elevarse a la limpidez de las alturas luminosas y formar el puente para la toda la humanidad rumbo al Paraíso. ¡La mujer! Olas de Luz la debían atravesar. Toda su conformación física, de materia gruesa, está equipada para eso. ¡La mujer solamente necesita querer con sinceridad, y todos los descendientes de sus entrañas habrán que ser fuertemente protegidos y rodeados por la fuerza de la Luz ya antes de su nacimiento! ¡Tampoco podía ser posible de otra forma, porque cada mujer, en su riqueza de intuición, puede casi sola condicionar la especie del esporito de la prole! ¡Por lo tanto ella, en primer lugar, permanece responsable por todos los descendientes!

Es también, además de eso, aún ricamente regalada con ilimitadas posibilidades de influencia sobre todo el pueblo, sí, sobre toda la Creación posterior. ¡El punto de partida de su más fuerte poder es, para ella, la casa y el hogar! ¡Solamente allí reside su fuerza, su ilimitado poder, no, sin embargo, en la vida publica! En el hogar y en la familia se torna reina, debido a sus capacitaciones, en la tribuna, sin embargo, será una caricatura. Del hogar silencioso e intimo se extiende su incisiva influencia sobre todo el pueblo del presente y del futuro, interviene en todo.

Nada existe donde su influencia no pueda hacerse sentir incondicionalmente, bajo la condición que ella permanezca allá, donde las capacitaciones femeninas en ella inherentes desabrochan en toda la plenitud. Sin embargo, solamente cuando la mujer es realmente femenina, ella cumple la misión que le ha sido designada por el Criador. Entonces ella es completamente aquello, lo que puede y debe ser. Y solamente la verdadera femineidad educa silenciosamente el hombre, que puede conquistar los cielos, apoyado por esa serena actuación, que contiene poder inimaginable. Y éste, entonces, movido por intima naturalidad, buscará proteger de buen agrado y alegremente la legitima femineidad, apenas cuando ella se muestre verdadera.

Sin embargo, el mundo femenino de hoy pisotea su verdadero poder y su alta misión con los pies, pasa ciegamente por ellos, destruye criminosamente todas las cosas sagradas que lleva en si y, en lugar de actuar de modo constructivo, actúa destruyendo, como el peor de todos los venenos en la Creación posterior. Empuja el hombre y también los niños consigo hacia el abismo.

¡Fijad en la mujer de hoy! Dejad una vez caer sobre ella un rayo de luz con toda la inexorabilidad y lucidez, que constituyen siempre las condiciones complementares de la pureza.

Difícilmente reconoceréis todavía los altos valores de la autentica femineidad, en los cuales se puede desarrollar aquél poder puro, que sólo es dado a la sensibilidad más fina de la femineidad, para que sea utilizado solamente para bendición.

Un hombre jamás podrá desarrollar aquella manera eficaz de actuar. El tejer sereno de aquella fuerza invisible, que el Criador deja perfluir el Universo, alcanza en primer lugar y plenamente la mujer con su intuición más delicada. El hombre la recibe solamente parcialmente y la transforma en acciones.

Y así como la fuerza viva del Criador permanece invisible a todas las criaturas humanas, mientras, sin embargo, sostiene, nutre, mueve e impulsa todo el Universo, así es deseado el tejer de toda verdadera femineidad; ¡para eso ella ha sido criada, ésa es su elevada, pura y maravillosa finalidad!

¡La reina de la Creación primordial es la mujer! Madre primordial también es nombrada. El elevado ideal de la verdadera femineidad.

La expresión “mujer débil” es ridícula de ser dicha; porque anímicamente la mujer es más fuerte de lo que un hombre. No en si, propiamente, pero a causa de su ligazón más estrecha con la fuerza de la Creación, que le concede la más delicada capacidad de intuición.

Y esto, sin embargo, es exactamente aquello, que la mujer hoy busca esconder; ella se empeña por tonarlo tosco o suprimirlo totalmente. En ilimitada vanidad y estupidez, renuncia a lo más bello y valioso, que le ha sido dado. Se convierte por eso en una criatura expulsa por la Luz, para la cual el camino de regreso permanecerá cerrado.

¡En qué se han transformado, entonces, a causa de eso, esas intuiciones de una femineidad regia! Con horror se debe desviar de ellas. Dónde es que se observa en la mujer de hoy todavía el verdadero pudor, como siendo la intuición más delicada de la noble femineidad. Está tan toscamente desfigurado, que tiene que ser expuesto al ridículo.

La mujer de hoy se avergüenza, sí, de usar un vestido largo, si la moda le exige uno corto, pero no se avergüenza de, en fiestas, desnudar cerca de tres cuartos de su cuerpo, lo exponiendo a las miradas de todos. ¡Y ahí evidentemente no solamente a la mirada, pero, durante el baile, inevitablemente también a las manos! ¡Y, sin hesitar, ella expondría incluso aún más, si la moda lo exigiese, probablemente también todo, según las experiencias actuales!

Esto no es exagero. Hasta ahora, de eso tuvimos cosas innobles suficientes. No ha sido una expresión falsa, pero lamentablemente muy verídica, cuando uno dice: “¡La mujer empieza a vestirse cuando se va a dormir!”

¡Delicadas intuiciones condicionan, además de eso, también sentido de belleza! Indubitablemente. Si actualmente aún se quiera juzgar las delicadezas de las intuiciones femeninas según eso, las cosas van mal. El tipo de las vestes divulga con mucha frecuencia y mucho alarde lo contrario, y esas piernas cubiertas con finas medias de una mujer o incluso de una madre, difícilmente se coadunan con dignidad femenina. ¡El corte del pelo a la moda masculina, el moderno deporte femenino, desfiguran no menos la legitima femineidad! La vanidad es la inevitable acompañante de las futilidades de la moda, que realmente nada dejan a desear en peligros para el cuerpo y para el alma, no por ultimo también, para la sencilla felicidad de la familia. Cuántas mujeres existen, que prefieren muchas veces adulaciones groseras y en la verdad injuriosas de un individuo al acaso, de lo que el actuar fiel del esposo.

¡Se podría presentarse mucho, muchísimo más, como testigo visible de que una mujer de hoy está perdida para su verdadera misión en esta Creación posterior! Y con eso también todos los altos valores, que le han sido confiados y de los cuales ella ahora tiene que presar cuentas. ¡Maldición sobre esas criaturas ocas! No son acaso victimas de las circunstancias, por el contrario, han forzado tales circunstancias.

Las grandes conferencias sobre progreso en nada alteran el hecho de que los propagadores de ese tal progreso, conjuntamente con sus fieles seguidores, solamente ahondan cada vez más y más. Todos ellos ya enterraron sus verdaderos valores. ¡La mayor parte del mundo femenino ya no merece más usar el nombre honrado de mujer! Y ellas nunca podrán representar tampoco tornarse hombres, de modo que por fin permanecen solamente abejones en la Creación posterior, que deben ser extirpados, según las leyes indesviables de la naturaleza.

¡La mujer de la Creación posterior, entre todas las criaturas, es la que menos se encuentra en el lugar, en lo cual debía estar! ¡Se ha convertido, en su especie, en la figura más triste de todas las criaturas! Tuvo, sí, que pudrir en el alma, por estar sacrificando livianamente su más noble intuición, su fuerza más pura a la vanidad exterior y ridícula, con eso mofa, riéndose, de la determinación de su Creador. En una tal superficialidad, la salvación es denegada; pues palabras las mujeres rechazarían o tampoco más podrían entender y asimilar.

¡De esa forma, en primer lugar habrá que surgir de los horrores la nueva y verdadera mujer, la cual deberá tornarse la medianera y, ahí, también formar la base para una nueva vida deseada por Dios y actuación humana en la Creación posterior, que se ha tornado libre del veneno y de la putrefacción!


10. La herramienta torcida

¡El mayor fardo del alma humana, con lo cual se ha cargado y que le impedirá cualquier posibilidad de ascensión, es la vanidad! Trajo desgracia para toda la Creación. La vanidad se ha convertido en el más fuerte veneno del alma, porque el ser humano terminó apreciándola como escudo y manta para todas sus faltas.

Como un narcótico, ella ayuda a pasar siempre de nuevo fácilmente por las conmociones del alma. Que solamente es ilusión, eso para los seres humano terrenos no desempeña papel alguno, bajo la condición de que ahí solamente sientan satisfacción y alcancen, entonces, un albo terreno, aunque muchas veces sean solamente pocos minutos de ridícula vanidad. No necesita ser legitima, la apariencia basta al ser humano.

Se habla de esa vanidad, de la presunción, de la arrogancia espiritual, de la alegría maliciosa y de tantas propiedades de todos los seres humanos terrenos de modo benevolente, atenuante, como siendo trampas del principio de Lucifer. Todo eso, sin embargo es solamente una débil auto excusa. Lucifer tampoco necesitaba empeñarse tanto. Le bastaba haber levado los seres humanos al cultivo unilateral del intelecto terreno, en la tentación de que se deleiten con el fruto del “árbol del conocimiento”, por lo tanto, de que se entreguen al placer del conocimiento. Lo qué sucedió después de eso, el propio ser humano lo hizo.

Como la mayor excrecencia del intelecto preso a la Tierra y obteniendo predominancia, debe ser considerada la vanidad, que lleva en su sequito tantos males, como la envidia y el odio, la difamación, la ansia por placeres terrenos y bienes de toda la especie. Todo cuanto es feo en este mundo, en la verdad, está anclado en la vanidad, que se presenta de tantas maneras.

¡El deseo por la apariencia externa ha creado la “caricatura del ser humano” hoy predominante! El fantoche, que tampoco merece ser llamado de “ser humano”, porque en su vanidad, a causa de la apariencia, ha aplastado la posibilidad para la indispensable ascensión espiritual, ha obstaculizado obstinadamente todos los caminos naturales de ligazón, que le han sido dados para actuación y la madurez de su espíritu los soterrando completamente, afrontando la voluntad de su Criador.

Solamente el hecho de elevar el intelecto, atado a la Tierra, a ídolo ha sido el suficiente para cambiar todo el camino del ser humano, que el Criador le ha designado en Su Creación.

Lucifer registró para si el triunfo de que el alma del ser humano terreno haya osado una intervención en el cuerpo terreno de materia gruesa, que tornó totalmente imposible su actuación deseada en la Creación. A fin de aguzar el intelecto, entró en actividad febril el cultivo unilateral de aquella parte del cerebro, que sólo debe actuar para la materia gruesa: el cerebro anterior. Por si sólo, la parte espiritualmente receptiva del cerebro humano quedó de esa manera reprimida e impedida en su actividad. Con eso, también era dificultada cualquier comprensión del espiritual y, a través de milenios, incluso un comprender espiritual completamente perdido para el ser humano terreno. Este, pues, se encuentra con eso solitario e imprestable en la Creación. ¡Desligado de la posibilidad de un reconocer espiritual y de una ascensión y, ahí, desligado también de Dios!

Ésa es la obra de Lucifer. Aún más, él no necesitaba hacer. Podía entonces dejar el ser humano terreno entregue a si mismo y verlo caer de escalón en escalón, alejándose así cada vez más de Dios, en consecuencia de ese único paso.

Observar eso, pues, no es difícil para las personas que se empeñan sinceramente, por lo menos una vez, en pensar objetivamente. Que la actividad del intelecto también contiene en si un querer saber mejor, la obstinada persistencia en todo, que una tal actividad considera cierto, es fácilmente comprensible; pues, con eso, la persona “ha pensado” lo que era capaz de pensar. Alcanzó su limite supremo en el pensar.

Que ese limite es bajo, debido al hecho de que el cerebro anterior esté preso a la Tierra, que , por eso, el ser humano no puede ir más allá con el intelecto, él no consigue saber, y por ese motivo siempre pensará y afirmará haber alcanzado con su limite también lo cierto. Si alguna vez oír algo diferente, colocará entonces siempre en lugar más elevado aquél por él pensado, lo considerando cierto. Esa es la característica de cada intelecto y, con eso, de cada criatura humana de intelecto.

Conforme yo ya he dicho una vez, cabe a una parte de la masa cerebral la tarea de captar lo que es espiritual, como una antena, mientras la otra parte, que produce el intelecto, transforma entonces el captado para utilización en la materia gruesa. De la misma forma, en sentido inverso, debe el cerebro anterior, que produce el intelecto, captar de la materia gruesa todas las impresiones, transformarlas para la posibilidad de recepción del cerebro posterior, a fin de que las impresiones de este puedan servir para el desarrollo posterior y madurez del espíritu. Ambas las partes, sin embargo, deben hacer trabajo en común. Así está en las determinaciones del Criador.

Como, sin embargo, a causa de la intervención de los cultivos unilaterales del cerebro anterior, éste terminó convirtiéndose demasiado dominante en su actividad, perturbó así la armonía indispensable del trabajo conjunto de ambos los cerebros y, con eso, el actuar sano en la Creación. La parte receptora del espiritual quedó hacia tras en el desarrollo, mientras el cerebro anterior, en su actividad cada vez más aumentada debido al aprendizaje, ya hace mucho no recibe más las vibraciones puras de las alturas luminosas a través del cerebro posterior para su trabajo y para la retransmisión a la materia gruesa, pero absorbe lo material para su actividad, en la mayor parte solamente del ambiente material y de las formas de pensamientos, para retransmitirlas, transformadas, como producto propio.

Son solamente pocas aún las criaturas humanas, en quién la parte receptora del cerebro se encuentra más o menos en colaboración harmoniosa con el cerebro anterior. Esas personas sobresalen del padrón común, se destacan por grandes invenciones o por impresionante seguridad en su capacidad intuitiva, que permite captar rápidamente mucha cosa, a que otras sólo pueden alcanzar ante penosos estudios.

Son aquellas, de las cuales se dice, con envidia, que ellas “reciben durante el sueño”, que constituyen la confirmación del dicho: “¡A los Suyos el Señor regala durante el sueño!”

Se entiende como los “Suyos” personas que aún utilizan sus herramientas de tal manera como deben trabajar según la determinación del Criador, por lo tanto, que aún están de acuerdo con Su voluntad y que, como las vírgenes prudentes, conservaron en orden el aceite de sus lamparillas; pues sólo esas pueden “reconocer” el novio cuando él venga. Solamente esas están realmente “acordadas”. Todas las demás “duermen” en su auto-restricción, se han convertido incapaces para el “reconocer”, porque no mantuvieron en orden las “herramientas” necesarias para eso. Cual una lamparilla sin aceite es el cerebro anterior sin la colaboración harmoniosa de la parte receptora del espiritual.

No se debe incluir entre ésas, sin más ni menos, las personas dotadas de facultades mediúnicas. Seguramente también en éstas la parte receptora del cerebro debe trabajar más o menos bien, sin embargo, en las personas mediúnicas el cerebro anterior, destinado a la retransmisión terrena, se cansa durante la recepción, porque el proceso, debido a determinada voluntad de alguien del más Allá, presiona el cerebro receptor de modo especialmente fuerte y, por lo tanto, es necesario ahí un mayor dispendio de contrapresión de éste. Eso sustrae muy naturalmente sangre del cerebro anterior, es decir, calor de movimiento, por lo que éste, por su parte, se torna inactivo parcial o totalmente. Colabora solamente con pereza o de manera ninguna. Esa substracción de sangre no sería necesaria si el cerebro receptor no hubiese sido tan debilitado por la opresión.

Este es el motivo porque la retransmisión de un medium por la palabra o por la escrita no se evidencia moldada a la comprensión terrena de tal manera, como habría que ser, caso deba ser comprendida exactamente con nociones terrenas y calculo de espacio y tiempo.

Ahí reside también el motivo por lo cual los médiums tantas veces divisan acontecimientos que se aproximan de la Tierra, catástrofes o algo semejante, y sobre eso hablan o escriben, sin embargo, raramente logran éxito en corresponder correctamente su época terrena.

Un medium recibe la impresión fino-material y la retransmite por escrito o verbalmente, poco o siquiera transformada para la materia gruesa. Eso debe entonces resultar errores para aquellas personas, que ahí cuentan exclusivamente con la materia gruesa. La impresión fino-material es diferente del efecto grueso-material, que se presenta después. Pues en la materia fina los contrastes se muestran más nítidos, más substanciales y se realizan también correspondientemente. Sin embargo, ocurre con frecuencia el hecho de médiums que describen inalteradamente solamente lo que es de materia fina, porque ahí el cerebro anterior, en su actividad transformadora, no puede acompañar y queda inactivo. Entonces, tanto la imagen de un acontecimiento como las épocas son diferentes, toda vez que también los conceptos fino-materiales de tiempo son diferentes de los de la Tierra.

De esa forma, las descripciones y las previsiones de un mismo hecho serán interpretadas de forma diferente por casi cada una de las personas mediúnicas, de acuerdo con la menor o también mayor colaboración posible de su cerebro anterior, que solamente en los casos más raros puede proporcionar una transformación completa para conceptos terrenos.

Cuando, sin embargo, los del más Allá ahora se empeñan en restablecer la ligazón entre la materia fina y la materia gruesa, interrumpida por los seres humanos terrenos, no debe más ser tolerada ninguna exigencia y ningún ridículo querer juzgar de ignorantes y de personas de intelecto, al contrario eses trabajos exigen absoluta seriedad, para que sea restablecido lo que por presuntuosa vanidad ha sido roto.

También, deben ser excluidos de ese trabajo conjunto también todos los fantasistas, fanáticos y místicos, que en la realidad son aún más nocivos ahí de lo que las personas de intelecto.

Si ambas las partes del cerebro de los seres humanos terrenos pudiesen trabajar juntas, de modo harmonioso, conforme está en las determinaciones del Criador, las transmisiones de los médiums serian entonces dadas en conceptos de tiempo adecuados a la materia gruesa. Así, sin embargo, debido a mayor o menor substracción de sangre del cerebro anterior, ocurren alteraciones y desfiguraciones. Para corregírselas, se torna necesario un cuidadoso estudio en la observación, no merecen, sin embargo, ser hechas ridículas o incluso que sean alegados motivos deshonestos, según sucede con predilección por parte de personas espiritualmente indolentes.

Naturalmente, habrá también ahí, como en todas las cosas, siempre personas que, dándose por entendidas, flotan en esas cosas con una sensación de bien estar tornándose así realmente ridículas, así como aquellas, que visan pretensiones deshonestas. Eso, sin embargo, se encuentra por toda parte y no hay justificativa alguna para, por esa razón, mancillar de manera tan visible el hecho en si, o aquellos, quienes sinceramente con eso se ocupan.

Esa conducta de mancillación de todo aquél, que todavía no puede ser comprendido, es, por su parte, solamente una expresión de ridícula vanidad, una señal de irresponsable estupidez, que se ha instalado entre eses seres humanos. ¡No existe, además, nada de grande, nada de sublime, que en el principio no haya sido hostilizado por la humanidad terrena! Incluso con aquello, que Cristo Jesús dijo antaño, y con él propio, no se ha pasado, pues, de manera diferente.

Tales mofadores solamente muestran con eso, muy nítidamente, que caminan a las ciegas por la vida o entonces con visible mediocridad.

¡Miremos al nuestro rededor: quién hoy trota su camino, mofando de las anunciaciones y previsiones de acontecimientos terribles, que aumentan por toda parte, que no quiere ver que mucho de aquello ya está se realizando y que de semana para semana aumentan las catástrofes naturales, ese es ignorante, o por algun miedo nada quiere reconocer todavía!

¡Son mediocres o cobardes, que no osan encarar los hechos! En todos los casos, sin embargo, nocivos.

Y aquél, que aún no quiere reconocer como siendo un sinistro golpe del destino la inmensa calamidad económica que aumenta irresistiblemente en todos los países de esta Tierra, y la confusión y el desamparo de ahí resultante, sólo porque él tal vez aún disponga de lo suficiente para comer y beber, tal ser humano no merece más ser llamado de ser humano; pues debe estar corrompido por dentro, embotado ante el sufrimiento ajeno.

“¡Todo eso ya ha ocurrido!” es su comentario imprudente. ¡Sin duda, todo ya ocurrió aisladamente! ¡Pero no en las circunstancias de hoy, no con ese saber de que hoy se vanagloria, no con los recursos de que hoy se puede lanzar mano! ¡Esa es una diferencia como el dia y la noche!

Sobre todo, sin embargo, jamás hubo los acúmulos de los acontecimientos. Anteriormente, se pasaban años entre los fenómenos naturales, se hablaba y se escribía durante meses sobre tales acontecimientos que alborotaban todos los pueblos civilizados, mientras hoy ya después de horas todo es olvidado en la danza y charlas cotidianas. ¡Es una diferencia, que no se quiere ver debido al miedo, lo cual se muestra en la imprudencia! En un criminoso no querer comprender.

“¡La humanidad no debe inquietarse!” es el orden del dia. ¡No, sin embargo, por amor a la humanidad, al contrario, solamente por miedo de que las criaturas humanas pudiesen presentar exigencias, las cuales nadie más seria capaz de enfrentar!

Muchas veces, sí, los intentos de tranquilización son toscos, de forma que solamente una humanidad apática puede oírlo silenciosamente en una insensibilidad como hoy impera. Que eso, sin embargo, sea un trabajo hostil contra la excelsa voluntad de Dios, nadie se empeña por reconocer y decir.

¡Dios quiere que los seres humanos reconozcan esas advertencias que, hablando claramente, se encuentran en los acontecimientos en desenvolvimiento! Ellos deben despertarse de su imprudente siesta espiritual, a fin de que, reflexionando, tomen aún en tiempo el camino de regreso, antes de tornarse necesario que todo el sufrimiento, que actualmente aún pueden ver en su próximo, haya que alcanzarlos también. ¡Es revuelta contra Dios por parte de todos aquellos, que quieren impedirlo ante pronunciamientos tranquilizadores!

Lamentablemente, sin embargo, la humanidad es demasiado susceptible a cada palabra, que dispense de la propia actividad del espíritu, y de buen agrado permita, por eso, que se le diga las más extrañas cosas, las acepta crédulamente, sí, las quiere tener, incluso las divulga y defiende, solamente para que no sea despierta de sobresalto de su sosiego y comodísimo.

Y la querida vanidad da su compaso, es la mejor favorecedora de toda aquella maleza que, igual que ella, crece como fruto del dominio del intelecto hostil a Dios.

La vanidad jamás quiere que se reconozca la Verdad, poco importando dónde ella se encuentre. Lo que ahí ella se permite, muestra la actitud de esa humanidad terrena ya en relación a la existencia terrena del Hijo de Dios, que en su verdadera y gran simplicidad no basta al vanidoso sentido humano. ¡El fiel quiere tener “su” Salvador solamente según su interpretación! Por lo tanto, adorna el camino terreno del Hijo de Dios, Cristo Jesús, con acontecimientos imaginados.

Solamente por “humildad” ante todo lo que es divino ese Salvador tiene que ser, según el sentido humano, como Hijo de Dios, también incondicionalmente “sobrenatural”. No reflexionan ahí que el propio Dios es la perfección del natural, y que la Creación se desarrolló de esa Su naturalidad perfecta, a través de Su voluntad. Perfección, sin embargo, también lleva en si inmutabilidad. Si fuese posible una excepción en las leyes de la Creación, que son de acuerdo con la voluntad de Dios, debería haber ahí una laguna, habría hecho falta perfección.

La humildad humana, sin embargo, se eleva por sobre todo eso; pues espera, sí, exige en una existencia terrena del Hijo de Dios alteraciones de las leyes vigentes en la Creación, por lo tanto, violación. ¡Precisamente de aquél, pues, que vino para cumplir todas las leyes de su Padre, conforme él mismo ha declarado! Espera de él cosas, que tienen que ser simplemente imposibles según las leyes de la evolución natural. ¡Y precisamente con eso debe presentarse su divinidad, el divino, que de modo vivo lleva en si la base de las leyes de la naturaleza!

Sí, la humildad humana es capaz de mucha cosa. Pero su cara autentica es exigencia, y no verdadera humildad. ¡La máxima arrogancia, la peor presunción espiritual! La querida vanidad pone sobre eso solamente un pequeño manto, que se asemeja a la humildad.

Es solamente triste que también tantas veces personas realmente bien- intencionadas, inicialmente con legitima humildad, inconcientemente se excedan en su entusiasmo hasta las cosas más imposibles, como Lorber pudo vivenciar en tan gran extensión en si propio y tantos otros con él.

Han surgido imaginaciones, cuya transmisión trajo grandes daños.

De esa forma, ya el niño Jesús habría que haber hecho las mayores maravillas. Incluso en los juegos más infantiles, que hacía como todo niño, cuando sana y espiritualmente atento. Los pequeños pájaros que, jugando, moldaba en pura arcilla, se tornaban vivos y volaban cantando alegremente por el aire, y muchas otras cosas semejantes. ¡Son procesos simplemente imposibles, porque contradicen todas las leyes de Dios en la Creación!

¡Entonces Dios-Patre podría haber colocado Su Hijo ya listo en la Tierra! ¡Para qué era necesaria una madre humana! ¡Los trastornos del nacimiento! ¿No pueden los seres humanos por lo menos una vez raciocinar de modo sencillo? Dejan de hacerlo por vanidad propia. Según su opinión, el trayecto terreno del Hijo de Dios tiene que ser diferente. Ellos lo quieren así, para que “su” Salvador, “su” Redentor no estuviese de forma alguna sometido bajo a las leyes de Dios en la Creación. ¡Además, eso de hecho, según su pensar, no habría sido demasiado pequeño para él, el Hijo de Dios, pero para todos aquellos, que quieren reconocer en él su Redentor! ¡Vanidad humana, y nada más!

No raciocinan que para Jesús ha sido aún mucho más grandioso el hecho de haberse sometido voluntariamente a esas leyes a través de su encarnación, solamente para llevar la Verdad en la Palabra para aquellas criaturas humanas que, injuriando, debido al retorcimiento de su instrumento terreno, habían se convertido incapaces de todavía asimilar la Verdad por si propias, de reconocerla. Eran demasiado vanidosas para ver como cumplida la misión de Cristo en la propia Palabra. ¡Para ellos, vanidosos seres humanos, había que ocurrir algo más grandioso!

¡Y cuando el Hijo de Dios sufrió la muerte terrena en la cruz y murió, como cualquier persona en la cruz tiene que morir, por corresponder de esa forma a las leyes de Dios en la Creación, cuando el cuerpo humano no pudo simplemente bajar de la cruz, ileso, entonces, para la vanidad, no ha restado otra cosa sino la suposición de que el Hijo de Dios tuvo que morir así, no quiso bajar de la cruz, para a través de eso sacar los pecados de los pobres hombrecitos, a fin de que éstos entonces fuesen recibidos alegremente en el reino de los cielos!

Y así se ha creado el fundamento para la ulterior concepción de la necesidad de la muerte en la cruz, lo que trajo el triste y grande engaño entre los cristianos de hoy, producto solamente de la vanidad humana.

Si ninguna persona más quiera llegar al reconocimiento de que tal pensamiento sólo es capaz de brotar de la desvergonzada presunción, para desfrute de Lucifer, que ha dado al ser humano la vanidad para su destrucción, entonces, la humanidad tampoco puede más ser ayudada y todo queda en vano, incluso las mayores y más fuertes advertencias de la naturaleza no pueden despertarla del sueño espiritual. ¡Por qué el ser humano no piensa más lejos!

Si Cristo pudiese haber resucitado carnalmente, sería también absolutamente lógico esperar que él tuviese la posibilidad de también bajar de allá a esta Tierra ya listo en carne, para donde él, en la resurrección, habría subido carnalmente. Que eso, sin embargo, no haya ocurrido, que él, por el contrario, desde el principio, tuvo que vivenciar los caminos como cualquier cuerpo humano a partir del nacimiento, con todas las pequeñas y grandes penurias, habla, junto con muchas otras necesidades de su existencia terrena, muy claramente contra eso, sin considerarse que sólo así podía ser y no de otro modo, toda vez que también el Hijo de Dios había que adaptarse a las leyes perfectas de su Padre en la Creación.

Quién quiera llegar hasta la Creación, hasta la Tierra, está sujeto a las leyes inmutables de la Creación.

El contrario es imaginación, formada por el entusiasmo de los propios seres humanos y después legada como verdad. Lo mismo se pasó con todas las tradiciones, poco importando si éstas tuvieron su transmisión oral o por escrito. La vanidad humana desempeña ahí un gran papel importante. Raramente sale algo de una mano humana o de una boca humana, incluso del cerebro humano, sin que sea agregado algo. Notas de segunda mano jamás constituyen pruebas, en las cuales una posteridad debiese basarse. El ser humano necesita solamente observar bien en el presente. Tomemos solamente uno ejemplo, que se ha tornado conocido en todo el mundo.

¡Los periódicos de muchos países noticiaron sobre el misterioso “castillo” de Vomperberg, cuyo propietario seria yo! ¡Me nombraron “El Mesías del Tirol”, o también “El Profeta de Vomperberg”! Con titulares de gran destaque, incluso en los mayores periódicos, que pretenden ser levados en serio. Había reportajes de especie tan estarrecedoramente misteriosa sobre innumerables pasajes subterráneas, templos, caballeros en armaduras negras, bien como de plata, un culto inaudito, también sobre vastos parques, automóviles, cabalarías, y todo lo más que pertenece a un cerebro enfermo, capaz de relatar tales cosas. Y han sido mencionadas particularidades, a veces fantásticamente bellas, a veces sin embargo, asquerosas de tan inaudita inmundicia, que cada uno, reflexionando un poco, habría pronto que ver ahí la mentira, la intención maldosa. —

¡Y en todo no había una palabra verdadera!

Pero si de aquí a siglos o, más fácil, a milenios, una persona venga a leer tal artigo tendencioso... quién podrá condenarla, si quiera creer en eso y dice: “¡Pero aquí está relatado e impreso! ¡Uniformemente, en casi todos los periódicos e idiomas!”

¡Y todo eso nada más fue de lo que solamente un reflejo de los cerebros corrompidos de esa época! Con sus propias obras aplicaron a si mismos los timbres como prueba de la perversión. ¡Al venidero Juicio, ya!

¡Tal se pasó, por lo tanto, aún hoy, a pesar de los medios de conseguirse rápidamente y sin esfuerzos una ratificación antes de la publicación! ¡Como debe haber sido entonces, antaño, en la época de la existencia terrena de Jesús, cuando todo sólo podía correr de boca en boca! Cuán fuertemente una reproducción está, de esa forma, sujeta a alteraciones. Incluso en escritos y cartas. Se hincha cuál avalancha. En el principio, en parte ya erróneamente comprendido, surge en tal camino siempre algo distinto de lo que fue. Cuánta cosa oída ha sido escrita solamente por segunda, tercera, décima mano, y que hoy se considera como base. ¡Los seres humanos, sin embargo, debían conocer los seres humanos!

Cuando no pueden utilizar las estructuras de su propio intelecto, como ocurre en cada verdad a causa de la gran simplicidad, no es lo suficiente para ellos. La rechazan o la cambian de un modo que corresponda a la querida vanidad.

Por esa razón, se prefiere también lo “místico” a la Verdad simple. El grande anhelo por el “místico”, por el misterioso, que reside en cada criatura humana, es vanidad, no, sin embargo, anhelo por la Verdad, como se busca muchas veces presentar. La presunción construyó el camino insalubre, donde bandos de fanáticos vanidosos pueden deleitarse, y tantos indolentes de espíritu se permiten cómodamente arrastrar.

¡En todas esas cosas, la vanidad de la criatura humana desempeña un papel totalmente devastador y sinistro, que la arrastra hacia el descalabro, irremediable y tenazmente, porque ella se le tornó querida!

Pavor se apoderaría de ella, si una vez pudiese superarse a si misma para reflexionar sobre eso, objetivamente, sin presunción. Pero ahí ya existe nuevamente aquél obstáculo: ¡sin presunción, ella nada consigue! ¡Por consiguiente, seguramente habrá que permanecer así para muchas personas, hasta que ahora sucumban en eso!

¡El hecho, en toda su tristeza, es el producto, de que el impedimento del desarrollo armonioso del cerebro del cuerpo terreno, a él confiado, tuvo que resultar en su consecuencia debido al pecado original! El torcer de la herramienta necesaria en esta materia gruesa, por el excesivo cultivo unilateral, se ha vengado con eso. Ahora el ser humano se encuentra, con su herramienta de materia gruesa, su cuerpo terreno, de modo desarmonizo en la Creación, incapaz para la misión que en ella debe cumplir, imprestable por si propio para eso.

¡Sin embargo, para extirpar nuevamente esa raíz de todo el mal, es necesaria una intervención de Dios! Cualquier otra fuerza y poder, por mayor que sea, es insuficiente para eso. Es la mayor y también la más devastadora contaminación en el falso querer de la humanidad, que ya encontró entrada en esta Creación. ¡Todo, en esta Tierra, tendría que sucumbir, antes que pueda surgir una mejora ahí, toda vez que nada existe, que ya no esté irremediablemente impregnado de eso!


11. ¡Debe ser despierto todo cuanto es muerto en la Creación, para que se juzgue!

¡Juicio Final! Cada promesa, que esté atada a eso, anuncia la resurrección de todos los muertos por el Juicio Final. En el sentido de tal expresión, sin embargo, ha sido inserido por los seres humanos más una vez un equivoco; pues esto no debe significar: ¡resurrección de todos los muertos, y sí resurrección de todo cuanto esté muerto! Es decir: ¡vivificación de todo aquello que se halla sin movimiento en la Creación, para que se torne vivo para el Juicio de Dios, que, en la activación, sea elevado o exterminado!

Nada permanece inmóvil ahora; pues la fuerza viva, que ahora fluye fortalecida a través de toda la Creación, impulsa y prime, obliga todo al movimiento. Ahí es fortalecido también aquello, que hasta entonces reposaba o dormía. Es despierto, fortificado, y así tiene que actuar, con el despertar de la actividad es prácticamente arrastrado hacia la Luz, aunque quiera esconderse. ¡Se puede decir también, todo viene por si hacia la Luz, y tiene que mostrarse, no puede seguir dormido, dondequiera que se encuentre. En palabras populares: ¡Emerge!

¡Todo se convierte en vida, actividad en toda esta Creación, debido a la nueva penetración de la Luz! La Luz atrae con eso poderosamente... con o sin la voluntad de aquello que está en reposo en la Creación, tal vez incluso escondiéndose, y entra por último también en contacto con esa Luz, no puede huir de ella, aunque tenga las alas del alba, lugar ningún de toda la Creación puede darle abrigo de eso. Nada queda sin ser iluminado.

En el movimiento producto de esa atracción, sin embargo, habrá que destrozarse y quemar en esa Luz aquello, que no suporte la irradiación, por lo tanto, aquello, que ya en si mismo no anhela por esa Luz. ¡Lo que esté sintonizado con la Luz, sin embargo, florecerá y se fortalecerá en la pureza de su querer!

¡Así pasa también con todas las propiedades de las almas de esos seres humanos terrenos. Lo que hasta entonces parecía reposar muerto, lo que dormía, muchas veces desconocido de los propios seres humanos, despertará bajo la fuerza y será fortalecido, se transformará en pensamiento y en acción, para que, en la actuación según su especie, juzgue a si propio en la Luz! ¡Observad, será vivificado todo lo que este reposando en vosotros! ¡Ahí se encuentra resurrección de todo cuanto es muerto! ¡Juicio vivo! ¡Juicio Final!

Ahí, tenéis que ser capaces de superar todo en vosotros, tenéis que os purificar, o desapareceréis junto con el mal, si pueda tornarse predominante en vosotros. Entonces él os prende, se abate sobre vuestras cabezas con silbar espumante, para os arrastrar consigo hacia el abismo de la descomposición; ¡pues él no podrá seguir subsistiendo en el esplendor de la fuerza divina! — —

¡Yo os he dado a vosotros ahora la Palabra, que muestra el camino, que en el despertar de esta Creación os conduce seguramente hacia las alturas luminosas, que no os deja caer, ocurra lo que ocurrir y lo que busque encenderse dentro de vosotros! Si tenéis la mirada vuelta hacia la Luz, con fiel convicción, si tenéis comprendido correctamente mi Palabra, acogiéndola en vuestras almas, entonces, saldréis del caos tranquilamente rumbo a las alturas, purificados y clarificados, libres de todo, que antaño podría os haber estorbado el ingreso en el Paraíso.

¡Por lo tanto, velad y orad, para que no os permitís turbar la clara visión por la vanidad y por la presunción, que son las peores trampas para estos seres humanos terrenos! ¡Acautelaos! ¡Conforme haya preparado ahora el terreno dentro de vosotros, así os sucederá! —


12. El niño

Cuando las personas se preguntan cómo pueden educar a sus hijos de manera correcta, ellas deben, entonces, observar en primer lugar el niño, y orientarse correspondientemente. Deseos propios del educador deben ahí ser completamente puestos de lado. El niño debe seguir su camino en la Tierra, no, sin embargo, el camino del educador.

Es bien-intencionado, cuando un educador de buen agrado desee colocar a la disposición de su hijo, para su beneficio, aquellas experiencias que él mismo hubo que cosechar en su vida terrena. Quiere preservar el niño de muchas decepciones, pierdas y dolores. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no alcanza mucho con eso.

Por último, tiene que reconocer que todos sus empeños ahí y su buena voluntad han sido totalmente en vano; pues el niño en desarrollo sigue, en determinado tiempo, repentinamente, de modo inesperado, su propio camino, y, en las decisiones para él importantes, ha olvidado o no ha dado atención a todas las exhortaciones.

La tristeza del educador a tal respecto no se justifica; pues éste, en su buena voluntad, tampoco llevó en consideración que el niño, que él quería educar, no tiene que seguir, en absoluto, un camino idéntico al suyo, si quiera cumplir correctamente la finalidad de su propia existencia en esta Tierra.

Todas las experiencias, que el educador pudo o tuvo que vivenciar en si propio, anteriormente, habían sido destinadas a él y a él eran necesarias, por lo tanto, también trajeron provecho solamente al educador, toda vez que él ha sido capaz de asimilarlas de modo correcto.

Ese vivenciar del educador, sin embargo, no pudo traer el mismo provecho al niño, toda vez que el espíritu de él, por su parte, tiene que vivenciar algo completamente diferente para su propio desarrollo, conforme los hilos del destino que con él están entretejidos.

¡Ni siquiera dos entre los muchos seres humanos en la Tierra tienen un camino idéntico, que pueda favorecerlos para la madurez de su espíritu!

Por lo tanto, las experiencias de una persona no sirven espiritualmente para una segunda. ¡Y si una criatura humana recurre, imitando, exactamente el camino de otro, entonces, lo ha desperdiciado su propio tempo terreno!

Para el niño, hasta su madurez, debéis solamente preparar la herramienta, de la cual necesita para su vida terrena, nada más. Es decir, el cuerpo terreno con todos sus aparatos de materia gruesa.

¡Ahí tenéis que poner atención con todo cuidado, para que no la retorzáis, o incluso por exageración o unilateralidad no la retorzáis resultando completamente imprestable! Al lado de las necesarias prácticas de movimiento físico, el ejercicio para la correcta actividad de sus cerebros representa un papel importante. La primera fase educacional termina con el inicio de la madurez, al que sólo entonces debe seguirse la segunda, la cual debe enseñar el espíritu a dominar correctamente todo el cuerpo.

¡Los hijos de esos seres humanos terrenos, hasta los años de su madurez, cuando entonces el espíritu alcanza el desabrochar, sienten predominantemente solamente de modo enteal! Evidentemente, ya encandecidos interiormente por el espíritu. Por lo tanto, no acaso solamente como un noble animal en su desarrollo máximo, sin embargo, ya mucho más, pero aun así es predominante ahí el enteal y, por lo tanto, determinante. Cada educador tiene que considerarlo incondicionalmente, la base de una educación tiene que ser severamente orientada en ese sentido, si el éxito deba ser perfecto y sin perjuicio para un niño. El niño debe primeramente obtener plena comprensión del gran actuar de todo cuanto es enteal, para lo cual está aún más abierto en esa época de lo que para el espiritual. ¡De esa manera, sus ojos se abrirán llenos de alegría y puros para las bellezas de la naturaleza, que ve a su alrededor!

Las aguas, montañas, florestas, prados, flores, así como también los animales, se tornan, entonces, familiares a cada niño, y él quedará sólidamente anclado en el mundo, lo cual debe ofrecerle el campo de actuación para su existencia terrena. ¡El niño está, entonces, muy seguro y plenamente consciente en la naturaleza, en toda la actuación enteal, con perfecta comprensión, con eso bien equipado y listo para actuar ahora con su espíritu, para elevar y favorecer también aún todo lo que esté en su alrededor como un gran jardín! Solamente así puede tornarse un verdadero jardinero de Dios en la Creación.

De esa forma y no diferente debe estar el niño en desarrollo, cuando el espíritu alcance el desabrochar. ¡Sano de cuerpo y de alma! Alegremente desarrollado y listo en aquél desabrochar terreno, al cual cada niño pertenece. ¡El cerebro no debe ser sobrecargado unilateralmente con cosas, de las cuales ni necesita en la vida terrena, y que le exigen mucho empeño para asimilarlas, con las cuales tuvo que desperdiciar energía, que debilita el cuerpo y el alma!

¡Pero, si la educación preliminar ya consume toda la fuerza, nada más resta a una criatura humana para la verdadera actuación!

Con una educación y preparación correcta para la vida en sí, el trabajo sólo se convertirá en alegría, placer, toda vez que, con eso, todo en la Creación es capaz de vibrar conjuntamente en completa harmonía, y de ese modo apoya favoreciendo y fortaleciendo el desarrollo de la juventud.

¡Cuán insensatamente actúan, sin embargo, los seres humanos para con sus descendientes! ¡De qué crímenes se tornan culpados en relación a ellos!

Precisamente entonces, cuando el espíritu desabrocha en el cuerpo de la joven, para utilizar el instrumento de materia gruesa y lo de materia fina a ella confiados y donados, por lo tanto, para que se convierta verdaderamente criatura humana, se arrastra esta joven femineidad para divertimentos terrenos, a fin de... ¡levarla rápidamente al matrimonio!

El espíritu, el verdadero ser humano, que aún debe venir a ingresar en la actividad terrena, ni alcanza ahí el principio y, debilitado, tiene que presenciar como el intelecto terreno, entrenado de modo exclusivo y errado, sólo se ocupa con lentejuelas brillantes, para, en la falta de verdadero espíritu, aparentar ser espirituoso, como de esa forma es arrastrado para todo tipo de hechos imposibles, requiriendo y desperdiciando con eso toda la energía, que el instrumento puede dar. ¡Por último, se tornan madres, sin que sean antes realmente seres humanos!

Por esa razón, al propio espíritu nada más resta para la actuación. ¡Tampoco hay posibilidad alguna para tanto!

¡Y con el joven tampoco se pasa mucho mejor! Se encuentra ahí exhausto, agotado, debido a la sobrecarga en las escuelas, los nervios sobre excitados. Ofrece al espíritu, en su desabrochar, solamente un suelo enfermo, un cerebro retorcido, sobresaturado de cosas inútiles. De esa manera, el espíritu no puede actuar así como debe, y, por lo tanto, tampoco desarrollarse, pero atrofia, queda completamente aplastado por la carga de basura. Resta solamente aún una nostalgia insatisfecha, que deja presentir la presencia del encarcelado y oprimido espíritu humano. Por último, también esa nostalgia se pierde en el remolino del bullicio y avidez terrena, que en primer lugar debe llenar ese vacío espiritual y, más tarde, se convierte en hábito, en necesidades.

¡De esa forma el ser humano camina actualmente por la existencia terrena! Y la educación errada tiene ahí la mayor parte de la culpa.

¡Si el ser humano quiera encontrarse de modo cierto aquí en la Tierra, entonces, la primera parte de la formación, por lo tanto, de su educación, habrá que ser impreteriblemente cambiada! ¡Dejad entonces que los niños permanezcan realmente niños! ¡Tampoco jamás busquéis compararlos a los adultos, o esperéis que incluso los adultos deban orientarse según los niños! Es un fuerte veneno, que ahí dais a los niños. ¡Pues en los niños el espíritu aún no ha desabrochado, son predominante dominados aún por su especie enteal, y por esa razón tampoco son de pleno valor entre los adultos!

Los niños lo sienten muy bien. Por lo tanto, no los dejad desempeñar un papel, que les saque esa conciencia. ¡Así, los tornaréis infelices! Se volverán inseguros en el suelo firme de su infancia, que les es debido, que les ha sido destinado en la Creación, mientras jamás podrán sentirse familiarizados en el suelo de los adultos, toda vez que todavía falte ahí lo principal, que a eso les da derecho y los capacita: la completa ligazón de su espíritu a través del cuerpo con el mundo exterior.

Vosotros les robáis la verdadera condición de niño, para la cual, según las leyes de la Creación, tienen pleno derecho, de la cual incluso necesitan urgentemente, porque el vivenciar de la infancia pertenece, incondicionalmente, al posterior progresar del espíritu. En lugar de eso, ya frecuentemente los ponéis entre los adultos, donde no pueden sentirse confortables, porque para eso hace falta todo cuanto es necesario. Se tornan inseguros y precoces, lo que a los adultos naturalmente sólo puede parecer repulsivo, por presentarse como enfermizo, perturbando la pura intuición, toda la harmonía; ¡pues un niño precoces es un fruto, en lo cual el núcleo todavía no ha alcanzado la madurez, en cuanto el envoltorio ya empieza a envejecer!

Tened cuidado con eso, padres y educadores; ¡pues es crimen contra las leyes de Dios! ¡Dejad que los niños permanezcan niños! Niños, que saben que necesitan de la protección de todos los adultos.

¡El deber de un adulto es solamente lo de proteger a los niños, lo cual es capaz de hacerlo y también obligado a proporcionar ahí, donde un niño merezca la protección!

¡El niño, en su especie enteal, intuye muy bien que necesita de la protección de los adultos, y por eso les yergue la mirada, ofreciéndoles voluntariamente respecto como retribución, lo que contiene en sí la necesidades de apoyo, si vosotros mismos no destruyan esa ley natural!

¡Y vosotros la destruís, en la mayoría de los casos! ¡Despojad cada niño de sus intuiciones muy naturales, con vuestro modo errado, que empleáis en relación a los niños, muchas veces para satisfacción propia, porque para vosotros el niño en gran parte es un juguete querido, con lo cual vosotros queréis os alegrar, la cual prematuramente buscáis tornar intelectiva, para poder quedarse orgullosos de él!

Todo eso, sin embargo, no favorece al niño, al contrario, solamente lo perjudica. ¡En relación al niño en la fase de adolescencia, que tiene que ser considerada como primera parte de su desarrollo, vosotros tenéis que cumplir obligaciones más serias, ya en los primeros años! ¡Para eso, no deben ser decisivos vuestros deseos, pero sí las leyes de la Creación! ¡Éstas, sin embargo, condicionan que se deje cada niño también ser niño, en todas las cosas!

Un ser humano, que realmente haya sido niño, se mostrará más tarde también de pleno valor como adulto. ¡Pero solamente entonces! Y un niño normal se reconoce ya por el hecho de poseer, ante los adultos, el legítimo respecto en su propio intuir, que ahí corresponde precisamente a la ley natural.

¡Todo eso el niño ya lleva en sí como regalo de Dios! Y se desarrollará, si no lo soterréis. Por consiguiente, dejad los niños alejados, dónde los adultos conversan; ¡pues no es su lugar! También ahí deben saber siempre que son niños, como tales todavía no de pleno valor, todavía no madurados para el actuar terreno. En esos hechos insignificantes hay mucho más, de lo que hoy pensáis. Es el cumplimiento de una ley básica en la Creación a la cual muchas veces no dais atención. ¡Externamente, los niños, que se encuentran todos aun principalmente en el enteal, necesitan de eso como un apoyo! Según la ley del enteal. —

¡Los adultos deben dar protección a los niños! Ahí se encuentra más de lo que dicen solamente las palabras, deben, sin embargo, dar protección también solamente allí, donde el niño merezca. El dar protección no debe realizarse sin una retribución, para que el niño ya aprenda, por la experiencia, que en todo tiene que haber equilibrio, que ahí reside armonía y paz. También en eso condiciona la especie del enteal.

Precisamente ahí, sin embargo, tantos padres y educadores han frecuentemente negligenciado, pese ser condición básica de la educación correcta, si esta debe ser realizada según las leyes primordiales de la Creación. La falta del concepto de equilibrio absoluto lleva cualquiera a vacilar y a caer, indiferente, sea ya más temprano o solamente más tarde. ¡Y la conciencia de la inevitable necesidad de ese concepto debe ser inculcada en el niño ya desde el primer día, para que se torne de tal modo su propiedad y se le insiera completamente en la carne y en la sangre, muy naturalmente, de la misma forma que él aprende el sentido de equilibrio de su cuerpo, lo cual está sujeto a la misma ley básica!

¡Si esa tese fundamental es cuidadosamente puesta en práctica en cada educación, entonces, habrá finalmente seres humanos libres, que son del agrado de Dios!

¡Pero precisamente esa ley básica, la más indispensable y principal en esta Creación, ha sido excluida por las criaturas humanas por toda parte! Con excepción del sentido de equilibrio de su cuerpo terreno, ella no es obedecida tampoco observada en esta Creación, ha sido excluida por las criaturas humanas por toda parte. ¡Eso obliga la unilateralidad de una manera nociva, que hace con que todas las criaturas humanas solamente sigan anímicamente tambaleando a través de la Creación, con constantes tropiezos y quedas!

Es triste que ese sentido de equilibrio sea considerado solamente para el cuerpo terreno como necesidad de todo movimiento, sin embargo, anímica y espiritualmente no es cuidado y muchas veces hace falta totalmente. El niño, desde las primeras semanas, debe ser cuidadosamente ayudado ahí ante el empleo de presión exterior. ¡La omisión resultará, a cada ser humano, terribles consecuencias para toda su existencia en la ley de la reciprocidad!

Mirad, pues, al rededor. ¡En la vida individual así como en la familia, en los gobiernos como en la manera de las iglesias, por toda parte hace falta precisamente eso, solamente eso! ¡Y, sin embargo, encontráis esa ley visiblemente demostrada por toda la parte, apenas la queráis ver! Incluso el cuerpo de materia gruesa la revela para vosotros; vosotros la encontráis en la alimentación y en la eliminación, sí, incluso en las propias especies de alimentación, si el cuerpo deba sentirse bien, en la armonización del trabajo y del descanso, incluso en todas los detalles, sin considerar la ya mencionada ley del equilibrio, que hace que cada cuerpo individual se mueva, y solamente con eso lo torne útil para la misión de la actuación terrena. Ella mantiene y permite existir también todo el Universo; ¡pues solamente en el ajuste del equilibrio pueden los astros, pueden los mundos seguir sus orbitas y mantenerse!

Y vosotros, pequeños seres humanos en la Creación, que no sois más de lo que una partícula de polvo ante el gran Criador, vosotros la derrumbáis, porque no queréis observarla y cumplirla integralmente.

¡Es muy posible que por algún tempo la hubieseis retorcido, ahora, sin embargo, ella vuelve rápidamente a la forma original y, en el regreso rápido, tiene que os alcanzar dolorosamente!

De ese único error se ha originado todo el mal, que hoy alcanza la Creación. ¡También en los países resulta ahí el descontentamiento, la revuelta, allá, donde de un lado hace falta el equilibrio cierto! ¡Sin embargo, es solamente continuación, el aumento de aquellos errores, que el educador comete con la juventud!

¡El nuevo reino, el Reino de Dios sobre la Tierra, creará el equilibrio, y, con eso, una nueva generación! Primeramente, sin embargo, habrá que forzar impiedosamente el verdadero concepto de equilibrio, antes que este alcance ser comprendido. ¡Forzar por la transformación de todo lo retorcido, que ya ahora se procesa, cuando todo el errado, el enfermo, tiene que exhaurirse, impulsado para eso por el invencible poder y fuerza de la Luz! Se seguirá, entonces, la dadiva de la verdadera comprensión de todas las leyes primordiales de la Creación. ¡Os empeñáis vosotros, por reconocerlas bien desde ahora, y estaréis ciertos en esta Creación! Lo que, por su parte, tendrá como consecuencia solamente felicidad y paz para vosotros.


13. La misión de la femineidad humana

Una gran opresión paira por sobre toda la femineidad terrena, desde que ha sido difundida la ilusión de que el destino principal de una mujer sea la maternidad. Con falsa compasión y frecuentemente incluso con disfrazada alegría maliciosa, fijan muchas personas para las jóvenes, que no se casan, e igualmente para las mujeres, que en el matrimonio no han tenido hijos. La expresión “solterona”, o “tía”, que en la realidad es un titulo honroso, es muchas veces pronunciada con ligera mofa, con un pesaroso encoger de hombros, como si para la mujer terrena el matrimonio fuese el más elevado de sus albos, sí, incluso su finalidad.

Que ese falso concepto se haya difundido y alojado por milenios, de modo tan nocivo, hace parte de las principales conquistas de Lucifer, que ahí ha visado la degradación de la femineidad, empleó el golpe más duro a la verdadera humanidad. ¡Pues, mirad al rededor! ¡Las dañosas excrecencias de la conceptuación falsa orientaron, de antemano, la manera de pensar de los padres y de las jóvenes en línea muy recta para el sustento terreno por medio de un matrimonio! Todo converge hacia eso. Incluso la educación, todo el pensar, hablar, actuar, desde los días de la infancia de cada joven hasta la madurez. ¡Entonces, la oportunidad es buscada, proporcionada, o, donde esa no es alcanzada, incluso aun traída a la fuerza, para que relaciones puedan ser trabadas con el objetivo final de un matrimonio!

¡Es literalmente inculcado en la joven que ella pasará por la vida sin alegría, si no pueda caminar al lado de un hombre! ¡Que, de otro modo, jamás será tomada en serio! ¡Para dondequiera que una chiquilla mire, ella ve las glorificaciones del amor terreno como el albo supremo de una felicidad materna! ¡Así se forma la idea artificialmente impuesta, de que cada joven, que no puede tenerla, es digna de lastima y tiene, en parte, su existencia terrena perdida! Todo el pensar y querer es orientado en ese sentido, literalmente inoculado en la carne y en la sangre desde el momento del nacimiento. Todo eso, sin embargo, es una obra muy hábil de Lucifer, que objetiva la degradación de la femineidad humana.

¡Y ese encanto tiene que ser quitado ahora de esa femineidad terrena, si es que ella deba elevarse! ¡Solamente de los escombros de esa ilusión de hasta ahora puede resultar el elevado, el puro! La noble femineidad, deseada por Dios, no logró desarrollarse bajo ese más astucioso asalto de Lucifer contra los espíritus humanos, los cuales todos podrían, desde el inicio, haberse empeñado únicamente rumbo a la Luz, si hubiesen seguido firmemente las leyes primordiales de la Creación, dejándose conducir por ellas.

Tornaos por ultimo espirituales, ó criaturas humanas; ¡pues sois del espíritu! ¡Reconoced y sed también suficientemente fuertes para asimilar que la felicidad maternal, considerada como el supremo albo de la feminidad terrena y su destino más sagrado, tiene sus raíces solamente en el enteal! ¡La destinación más sagrada de la mujer humana, sin embargo, se halla mucho más alto, reside en el espíritu!

¡Ni siquiera una vez os ha venido a la mente que todo aquello, que hasta ahora enaltecisteis, pertenecía exclusivamente a la Tierra, a la vida terrena en su limitación! Pues matrimonio y procreación existen solamente en la parte de materia gruesa de esta Creación posterior. ¡Femineidad, sin embargo, existe en toda la Creación! ¡Esto, pues, os debería dar motivo para una reflexión! Pero no, era esperar demasiado de vosotros.

De la misma forma como se busca conducir los animales libres, poco a poco, para un pasillo poco perceptible, previamente construido con cuidado, lo cual ellos no pueden distinguir de la libre y bella floresta, que, sin embargo, conduce al cautiverio, de la misma forma siempre impelisteis vuestras hijas solamente hacia la dirección de aquél único albo... ¡del hombre! ¡Como si esa fuese su destino principal!

La ilusión de esa falsa conceptuación se asemeja a tabiques, puestos a la derecha y a la izquierda, que, por ultimo, tampoco dejaban los pobres niños pensar de modo diferente, sino en la misma dirección. De este modo, muchas jóvenes, entonces, aún “se salvaron” a todo costo con un salto hacia un matrimonio, que a ellas propias ha costado sacrificio, solamente para en la vejez no sufrir miserablemente las consecuencias de esa falsa manera de ver, las cuales, como espadas amenazadoras, penden por sobre cada joven e incluso hoy aún existen.

Es también solamente una protesta intima, que despierta de modo completamente inconciente, una revuelta del hasta entonces tan subyugado espíritu, cuando, en el proceso inicial de fermentación de una nueva época, la juventud quiso huir de ese estado enfermizo, sin embargo no reconocido, con lo que, lamentablemente, ha caído en algo aún muy peor, en la idea de compañerismos libres y, con eso, también en el matrimonio de compañerismo. En el fondo, es aún la misma excrecencia de la idea luciferina, que lleva en si la devaluación de las mujeres, sólo que de otra forma. Pues algo de puro no podía originarse, toda vez que la opresión de las tinieblas paira siniestramente sobre todas, las segura firmemente enlazadas y las mantiene todas de nuca curvada bajo este yugo.

Tenia que permanecer el errado, aunque la forma fuese modificada. ¡El golpe para la liberación de la verdadera femineidad ahora sólo puede venir aún desde arriba! La humanidad, por si, no alcanza hacerlo, toda vez que se ha enmarañado y se esclavizado demasiado.

Ahí no más ayudan leyes o formas nuevas. La salvación está solamente en la comprensión de todas las leyes primordiales de la Creación. Debéis por ultimo aceptar la Verdad, según ella realmente es, no como la juzguéis, a causa de haber sido tan accesible a las insuflaciones de Lucifer.

¡Yo quiebro ese encanto, que tan funestamente ha pairado hasta hoy por sobre la femineidad terrena! Yo envío un rayo de Luz para las tinieblas, que, os confundiendo, aún os mantienen presos.

¡Con la idea de que la femineidad humana debiese buscar la finalidad principal de la existencia en la maternidad, el femenino ha sido devaluado y deshonrado! ¡Pues con eso ella ha sido rebajada, atada al enteal! ¡Lucifer nada más necesitó hacer sino lanzar la idea en el mundo, que ha sido acogida tornándose, después, lentamente, concepto sólido, que aún hoy domina el modo de pensar humano, lo obliga en aquella única dirección, que impele un vuelo del espíritu hacia las alturas límpidas y luminosas!

Puños mugrientos de los gregarios de Lucifer se han puesto ahí sobre la femineidad humana, doblando sus nucas. ¡Afuera con eso! ¡Libertaos ahora de esas garras, que os prenden abajo! Pues ese concepto, solamente, trajo en sus consecuencias todo cuanto tiene que deshonrar la mujer. La manta bonita de la sagrada maternidad, las canciones en alabanza del amor materno jamás alcanzarán aliviar la opresión de los puños oscuros, tampoco tornarán luminosos esos puños negros.

Escuchad mi palabra: ¡con ese concepto se hizo de la mujer humana un animal materno! ¡Despertad, chicas, mujeres, hombres, para reconocer por ultimo toda lo terrible de esa idea! ¡Se trata ahí de un derecho sagrado para vosotros!

¡Lucifer pudo enorgullecerse de esa conquista! ¡Yo la arranco de las manos de sus gregarios! ¡La tiro destrozada a sus pies!

Ya dije una vez que Lucifer, en toda la femineidad, buscó lanzar el golpe más pesado contra la verdadera humanidad y, lamentablemente... ¡también lo pudo lanzar demasiado bien!

Seguid vosotros mismos el pensamiento, que él, con gran astucia y malicia, ha lanzado entre vosotros: ¡os ha lisonjeado hipócritamente con el idea de una maternidad como misión suprema de la mujer! Sin embargo, a la maternidad pertenece el instinto terreno, y para este él quiso construir con la idea una base más elevada, para que él se tornase dominante y obligase todo el pensar de esa humanidad terrena para aquella única dirección. ¡Un plano diseñado con admirable astucia! Cautelosamente, jugó ahí con vuestros sentimientos como un artista de primera clase toca su instrumento, al presentar seductoramente la maternidad y el amor materno ante vuestros ojos como escudo para sus intentos, a fin de que no pudieseis reconocer lo que espiaba por detrás de eso. Y lo logró integralmente.

¡Oísteis el sonido seductor, que ha resonado en vosotros de modo límpido, sin embargo, no fijasteis en las manos sucias, ávidamente crispadas, que produjeron la melodía! ¡El supremo albo y sagrada destinación! Eso pairaba delante de vosotros, vosotros lo avistasteis de modo claro y luminoso. ¡Pero a pesar de la claridad es, sin embargo, también la más pura irradiación del enteal, no del espíritu! ¡El animal encandece en ella hasta su punto máximo, se realiza ahí y se entrega por completo, porque él mismo se origina del reino del enteal! ¡Se torna grande ahí, luminoso y claro! En el ser humano, sin embargo, existe aún algo más fuerte, que debe y tiene que estar encima, si él quiera ser integralmente ser humano... ¡el espíritu!

¡Como tal, él no puede y no debe permanecer en el enteal, no debe establecer como el más alto de sus albos algo, que pertenece absolutamente al enteal y que también tiene que permanecer siempre en él, según las leyes primordiales de la Creación! De esa forma, Lucifer ha armado la trampa con extraordinaria habilidad, que forzó el espíritu humano para el enteal, lo mantuvo preso ahí, lo que logró tanto más fácilmente, porque el ser humano ha visto ahí el bello y luminoso, que lleva en sí todo lo que es puro, por lo tanto, también la más alta irradiación del enteal.

Sí, sagrada es la maternidad, sin duda, y su corona el amor materno, pero ella no es, a pesar de eso, la misión suprema de la feminidad humana, no es la destinación, que tiene en la Creación. La maternidad está enraizada en el enteal, solamente es encandecida por voluntad pura, sin embargo, en las criaturas humanas, no sea en todos los casos. En los animales, sin embargo, seguramente siempre lo es.

Permanece, a pesar de eso, en la más elevada irradiación del enteal, que sólo puede atarse directamente con lo que es material. Pero solamente quién haya estudiado minuciosamente el Mensaje del Grial y la haya asimilado podrá comprenderme también ahí por completo.

Lo que Lucifer quiso con eso, se realizó; pues él conocía muy bien las consecuencias del desvio de las leyes primordiales deseadas por Dios, lo que él, así, hizo ejecutar por los propios seres humanos. Les ha demarcado solamente un albo errado, que correspondía bien a la pereza espiritual y a sus debilidades, y todo el pensar e intuir ha sido sintonizado ahí, con lo que hubieron que seguir por caminos errados.

Por lo tanto, él cambió ahí solamente la palanca, con lo que tuvo que ocurrir la catástrofe del descarrilamiento. ¡Lucifer sólo había adulado el instinto de modo hipócrita, con eso, sin embargo, lo ha elevado a enorme poder y fuerza!

Además de eso, él sabia perfectamente que el crecimiento del intelecto en la criatura humana había que tornarse aún un fuerte apoyo para ese poder del instinto, debido al correspondiente efecto de los pensamientos, que pudo hacer aumentar el deseo pernicioso hasta un estado febril. ¡Y, con él, el ser humano, por último, estaba totalmente esclavizado dentro de si mismo, lo que nunca pudo ocurrir a un animal!

El bello nombre “maternidad” ha permanecido siempre solamente el escudo engañador, con lo cual, él os pudo iludir. Sin embargo, la intensificación del instinto como la consecuencia absoluta era su objetivo. Ésta ha llegado, por último, al estado enfermizo, tal como él había previsto con exactitud, ha esclavizado la manera de pensar de todos los seres humanos de ambos los sexos y se ha tornado para muchos la esfinge enigmática, como se presenta hoy el instinto enfermizo, con lo cual la criatura humana tantas veces lucha, rebelándose inútilmente.

La raíz y la solución del enigma, sin embargo, está exclusivamente en esa idea luciferina, la cual a vosotros, criaturas humanas, ha sido lanzada como escarnio contra las leyes, que la voluntad de Dios ha colocado en la Creación para vuestra bendición, os debiendo favorecer. ¡Y vosotros la tomasteis, os enganchasteis en ella como el pez hambriento al anzuelo, sólo porque vosotros propios tuvisteis placer ahí! ¡En el sexo masculino eso se ha efectuado como una grave e incurable epidemia!

Asimilad en vosotros realmente el concepto de la pura y elevada femineidad, entonces, estaréis libres de esas pesadas cadenas, que os han causado indecibles sufrimientos y muchos tormentos del alma. Con esa idea luciferina toda la femineidad terrena ha sido robada del más noble, se ha tornado juguete y caza de criaturas masculinas perversas y un querido animal maternal hasta para el hombre serio. La convicción errada quedó pairando, entonces, en el aire, como se suele decir popularmente, en la realidad, ella se ha tornado viva y ha sido plasmada en el mundo de materia fina, flotando continuamente alrededor de vosotros, os influenciando ininterrumpidamente, hasta que vosotros propios nada más pudisteis hacer, sino aceptarla.

Yo corto ese lazo perjudicial; ¡pues es falso!

¡La mujer se halla espiritualmente en el lugar más alto, cuando, antes, haya se tornado verdaderamente conciente de su femineidad! ¡Y su misión no es consagrada en primero lugar a la maternidad! ¡Como ya lo dije, ésta existe solamente para vuestro cuerpo terreno, y eso es todo! ¡Y, sin embargo, la femineidad se halla en todos los planes, incluso en el puro espiritual, entre los primordialmente criados, en el lugar más alto! ¡Pero es legitima femineidad, en su elevada, intangible dignidad!

¡Aparentemente yo quito mucho de vosotros, cuando ahora afirmo que la maternidad pertenece solamente al reino del enteal! Es un corte profundo, que soy obligado a proceder ahora, si es que os deba ayudar. La maternidad permanece en la región del enteal, en él se desenrolla. Si fuese la más elevada finalidad de las mujeres, entonces ellas estarían en muy mala situación.

Observad, pues, el animal, él es en la realidad totalmente instintivo, muchas veces más fuerte en el amor materno de lo que jamás lo consigue el ser humano; pues es integro en todo lo que hace, porque sólo hace aquello, a que es impulsado por su sentimiento, sin desconfiar al respecto. Así, también muere por sus pequeños y no teme ningún enemigo. La misma base para el amor materno también está condicionada en el ser humano en acuerdo a la ley de la naturaleza, si no lo oprimir ante su pensar intelectivo. Él permanece, sin embargo, atado al cuerpo, y éste es enteal, con todas sus irradiaciones, nada más.

Así aún cuando una u otra persona también presentirán lo correcto. No es en vano que ya se dice hoy que solamente aquella es verdadera madre, quién en tiempo cierto puede convertirse también amiga de sus hijos.

¡Cuanta sabiduría hay ahí! ¡Cuando una madre puede convertirse amiga de la hija adolescente! Es decir, apenas cuando la joven deja la infancia hacia tras, que también ella tiene que alterar o abandonar su condición de madre de hasta entonces, si quiera seguir junto a su hija, en la cual el espíritu alcanza el desabrochar en la madurez, según ya aclare nítidamente en mi disertación sobre la fuerza sexual.

Hasta allá, predomina exclusivamente el enteal en el niño, lo cual ha sido lleno integralmente por el amor materno original. El espíritu que desabrocha, sin embargo, exige entonces más de lo que solamente el amor maternal de hasta entonces. Con éste, él también no tiene mucho que ver, porque una herencia espiritual jamás puede ocurrir, por el hecho de cada espíritu en el cuerpo infantil ser extraño también para la madre, y él únicamente puede sentir una ligazón a través de especies iguales.

¡Lo demás, que entonces el espíritu exige, sólo puede ser dado a una joven por aquella madre, que al mismo tiempo se torna su amiga! Que, por lo tanto, con ella se ata espiritualmente. Este es un proceso, que en el nacimiento y en la infancia aún no era posible, pero que sólo se desarrolla con el irrumpir del espíritu en la madurez, no ofreciendo conexión con la maternidad y con el amor materno. Sólo entonces ocurre, en tales casos, la ligazón espiritual, que es más elevada de lo que el amor materno, que solamente tiene raíces en el enteal.

Si una tal ligazón espiritual no pueda realizarse, entonces, será segura una separación después de la madurez, como se pasa con los animales. En los seres humanos, sin embargo, ella permanece en el interior y raramente se torna visible, porque exteriormente las contingencias y la cultura mantienen un puente aparente, que no se percibe en los animales.

¡La misión suprema en la existencia de la femineidad en la Tierra es la misma, que desde siempre ha existido en las regiones más elevadas: ennoblecimiento de su ambiente y constante provisión de la Luz, que sólo la femineidad, en la delicadeza de su intuición, puede ofrecer! ¡Ennoblecimiento, sin embargo, resulta incondicional ascensión rumbo a las alturas luminosas! ¡Eso es la ley del espíritu! Por lo tanto, solamente la existencia de la legitima femineidad condiciona de modo inamovible también la ascensión, el ennoblecimiento y la conservación de la pureza de toda la Creación.

Lucifer lo sabía, porque está en las leyes de la Creación, y buscó impedir el proceso natural en su desarrollo por la perjudicial y falsa idea básica, que presentaba seductoramente el instinto del cuerpo terreno y el efecto de lo mismo como lo más elevado. ¡Con eso, él goteó el veneno en toda la verdadera humanidad, la cual, producto de eso, para su propio perjuicio, ha retorcido, sin presentir, el movimiento ascendente de los caminos rectos de esas leyes primordiales de la Creación, de manera que ellos tuvieron que causar paralización y conducir después hacia bajo, por lo tanto, llevando daños a todos los espíritus humanos, en lugar de bendiciones!

Él sabía lo que con eso hacia. Sumergiendo en el enteal, perdiéndose, la femineidad humana tampoco pudo desarrollarse, tuvo que quedar confusa cuanto a si y su finalidad principal y trajo, con eso, confusión incluso a ese enteal, porque ella no pertenece a él.

¡El ennoblecimiento de su ambiente es, por lo tanto, la misión principal de una mujer aquí en la Tierra, en la materialidad! Habiendo venido desde arriba, manteniéndose arriba con su delicada intuición, conduciendo con eso nuevamente hacia arriba, ella es el anclaje del hombre en la Luz, el apoyo, de que él necesita en su actuación en la Creación. Para eso, sin embargo, no es necesario ningún matrimonio, tampoco conocimiento o encontró personal. Únicamente la existencia de la mujer en la Tierra ya trae la realización.

El hombre se halla en la Creación con la frente hacia fuera, a fin de luchar, la mujer, sin embargo, protegiéndole la espalda, mantiene la ligazón con la Luz y forma así el núcleo, el suministro de fuerza y el fortalecimiento. ¡Donde, sin embargo, la podredumbre puede inmiscuirse en el núcleo, también la frente está perdida! Mantened eso siempre delante de los ojos. Nada más adelanta, entonces, si la mujer busca colocarse adelante, al lado del hombre, donde no es su lugar. ¡En tal lucha solamente endurece su intuición delicada, agotándose, con eso, la más alta capacidad y fuerza, que antaño le fueran dadas como algo propio, y todo tiene que acabar en escombros!

Es, sin embargo, conocido por todos que hombres, aun cuando en las regiones más retiradas de esta Tierra, inmediatamente se aploman más, buscan incluso comportarse de modo más bien educado, apenas cuando se le acerca una criatura femenina, con la cual no necesitan trocar siquiera una palabra.

¡Sólo la existencia y el ingreso de una mujer ya producen ese efecto! Ahí se evidencian muy nítidamente, aunque también solamente aún atrofiados, el misterio femenino y el poder, el apoyo, que de ella promanan según las leyes de la Creación, los cuales nada tienen que ver directamente con la procreación en la Tierra. La procreación es, en gran parte, de especie enteal.

¡Vosotros, jóvenes chicas, y vosotros, señoras, acordad vosotros antes de todo de que sois las portadoras de las más altas misiones en esta Creación, que Dios a vosotros confió! ¡Ni el matrimonio, tampoco la maternidad son vuestra más alta finalidad, por más sagrados que también sean! Sois responsables por vosotros propias y estaréis firmes, apenas actuares de forma correcta.

Cuanto ridícula y repulsiva a vosotros parecerá la locura de la moda, a la cual siempre vos sometisteis voluntariamente y incluso de modo incondicional. ¡Lo que haya sido lanzado en el mercado por los fabricantes de la moda, de manera insensata para fines lucrativos, vosotros lo aceptasteis como bichos, a los cuales son tiradas golosinas!

Reconoceréis aún la vergüenza, que ahí había, ya en la aceptación de las aberraciones, a veces bastante dudosas, de los conceptos de belleza autentica. De pureza, tampoco ahí se puede hablar. Ahí, ella ya siempre ha sido maculada de una manera, que descaradamente no más podía ser superada. ¡Después de años aún subirá el rubor de la vergüenza en vuestras faces, cuando aprendéis a reconocer cuan profundamente habíais hundido en eso!

Peor todavía es la exhibición conciente e intencional del cuerpo, que a cada uno debe ser sagrado, la cual tantas veces estuvo de moda. Solamente la vanidad más baja podría permitir una caída de la femineidad a tal profundidad. Y esa vanidad, que proverbialmente ya desde hace mucho hace parte de la mujer, es el imagen vergonzosa da aquello, de como la femineidad debería realmente actuar según las leyes divinas.

¡Ahí, sin embargo, el hombre es tan culpable como la mujer! Necesitaba, sí, solamente despreciar tales cosas, pronto la femineidad quedaría hacia al lado, aislada y envergonzada, aunque hubiese antes surgido en ella una rabia injusta. Así, sin embargo, él saludó la caída de la mujer, pues, con eso, ella correspondía mejor a las debilidades y a los deseos, que él ya traía en si aumentados de modo enfermizo a causa de la idea luciferina.

¡No con la vanidad, que siempre condiciona falta de pudor, puede la femineidad cumplir su misión en la Tierra, pero con la gracia, que como la más bella dádiva del espíritu solamente a ella ha sido concedida! ¡Cada expresión del rostro, cada movimiento, cada palabra debe llevar, en la femineidad, el cuño de su nobleza de alma! ¡Ahí reside su misión, también su poder y su grandeza!

¡Instruíos ahí, dejaos que se torne legitimo, lo que ahora buscáis sustituir por la baja vanidad! La gracia es terrenalmente vuestro poder, la cual debéis cultivar y utilizar. ¡Pero gracia no puede ser concebida sin pureza! ¡Ya el nombre en si dirige en el concepto los pensamientos y la mente rumbo a la pureza y a las alturas, actúa de modo dominante, intangible y sublime! ¡La gracia hace la mujer! ¡Solamente ella lleva en si la verdadera belleza para cada edad, para cada forma corpórea; pues torna todo bello, toda vez ser la manifestación de un espíritu puro, en lo cual se encuentra su origen! Gracia no debe ser confundida, por eso, con flexibilidad, que se origina del enteal.

¡De esa forma debéis y tenéis que vos encontrar en la Creación! ¡Tornaos, por eso, espiritualmente libres en vosotros, señoras y jóvenes! ¡La mujer, que solamente quiera vivir como madre en su existencia terrena, erró su verdadera finalidad y su misión!


14. El Reino de los Mil Años

¡Legendariamente fluctúa él en el pensamiento de muchos seres humanos, que tienen conocimiento de la promesa, sin embargo, sin concepto, sin forma, porque a su respecto nadie sabe hacer una idea correcta!

¡El Reino de los Mil Años! Pretensos conocedores siempre de nuevo se han empeñado en presentar una aclaración sobre la manera de la realización de la grande época de la paz y de la alegría, que ahí deba existir. ¡Sin embargo, todavía nunca ha sido posible acercarse de la verdad! Todos anduvieron errados, porque ahí reservaron a los seres humanos un papel demasiado preponderante, como siempre ocurre con todo lo que piensan las criaturas humanas. Dejaron valer, además de eso, concepciones anteriores, edificaron por encima de ellas, y por esa razón cada una de esas edificaciones tenia que ser considerada ya de antemano como errada, no importando como había sido constituida.

¡Y, entonces, el ser humano ha olvidado ahí el esencial! ¡El no contó con la condición igualmente prometida, de que antes del reino de paz de los mil años todo tiene que convertirse en nuevo en el Juicio! Esta es la condición básica indispensable para el nuevo reino. ¡En el suelo existente hasta ahora él no puede ser levantado! ¡Antes, todo lo que es antiguo tiene que convertirse en nuevo!

¡Eso, sin embargo, no significa que el antiguo deba tonificarse en la misma forma de hasta entonces, pero, sí, la expresión “nuevo” condiciona una modificación, una alteración del antiguo!

En su desconfiar, el ser humano ha dejado de reflexionar sobre esto, por esa razón, jamás ha progresado en su imaginación.

¡Seguid en espíritu, para que aprendéis a comprender; pues el cumplimiento de la promesa se inicia!

Aquello, que más tiene que modificarse antes en el Juicio, es el propio ser humano, porque ha sido únicamente él que trajo la confusión a la Creación posterior. Desde él, por su querer erróneo, ha partido la desgracia para el mundo.

La belleza, la pureza y la salud originales, que siempre son la consecuencia de una vibración en las leyes primordiales de la Creación, han sido poco a poco deformadas y desfiguradas por el querer erróneo de esta humanidad. ¡Solo pudieron formarse aún caricaturas en el desarrollo imparable, en lugar de madurez sana rumbo a la perfección!

Imaginad una vez el alfarero, sentado ante el torno y la arcilla, que en su flexibilidad se deja aplastar en todas las formas. El torno, sin embargo, no es movido por el propio alfarero, y sí por una correa de transmisión, la cual, por su parte, la fuerza de una maquina no deja cesar.

Ante la presión de los dedos, la arcilla se forma ahora bajo la continua rotación que la piedra ejecuta, por sobre la cual ha sido colocada la arcilla. De la manera como presiona el dedo, así se va aplastando la forma, pudiendo ser bonita, fea, horrible.

De idéntica manera actúa también el espíritu del ser humano en este mundo, en la Creación posterior. Él ejecuta la conducción según su voluntad, es decir, la presión, como espíritu sobre todo el enteal, que forma la materia fina y también la gruesa. El enteal es para el espíritu el dedo, que ejerce la presión conforme su voluntad. La arcilla es la materia fina y la materia gruesa, sin embargo, el movimiento, que se da independiente del espíritu humano, son los movimientos espontáneos de las leyes primordiales de la Creación, que, semejantes a corrientes, impelen sin interrupción hacia el desarrollo de todo, lo que el ser humano forma con su voluntad.

Así, la voluntad del espíritu humano es plenamente responsable por todo lo que se desarrolla en la Creación posterior; pues él ejerce como espíritu la presión, que determina la especie de la forma. ¡Él nada puede querer sin simultáneamente formar! ¡Sea lo que sea! ¡Por eso, tampoco jamás puede huir a la responsabilidad por todo cuanto por él ha sido formado; pues su voluntad es la causa de todo lo que existe en esta Creación posterior! ¡Su querer, su pensar, y su actuar! Todo toma forma en el engranaje de este mundo. Que el ser humano no lo supiera o tampoco no lo quisiera saber, queda por su cuenta, es su culpa. Su ignorancia no altera el efecto.

¡Así, retuvo ante su querer erróneo, su obstinación y su presunción no solamente todo y cualquier desabrochar verdadero, pero ha deteriorado la Creación posterior y, en lugar de actuar benéficamente, actuó solamente de modo nocivo!

¡Advertencias a través de los profetas, después por el propio Hijo de Dios, no han sido suficientes para cambiarlo, para que tomase el camino correcto! Él no quiso y nutria cada vez más su presunción de dominador del mundo, en la cual ya se ocultaba el germen de su ruina imprescindible, que ha crecido con la presunción, que ha preparado las catástrofes, que ahora deben desencadenarse según la ley sempiterna en la Creación, la cual el ser humano ha dejado de reconocer, porque su presunción señorial ahí lo ha impedido.

¡Los horrores venideros tienen su causa únicamente en la deformación de las leyes primordiales divinas, debido a su querer erróneo de eses espíritus humanos en la Creación posterior! Pues ese querer erróneo ha llevado todas las corrientes de fuerza, que se efectúan naturalmente, hacia la confusión. Pero el curso de las mismas no puede ser alterado impunemente, toda vez que ellas, así enmarañadas y enredadas, se despliegan entonces violentamente en dado momento. El despliegue y el desenredo se muestran en los efectos, a que nombramos de catástrofes. Poco importando, si ocurren en organizaciones estatales, en las familias, en personas individuales o pueblos enteros, o en las fuerzas de la naturaleza.

Con eso, se colapsa por si mismo todo cuanto es errado, tomando en cuenta la fuerza, que hay en las corrientes, las cuales han sido conducidas erradamente por la presunción de la humanidad, de modo diferente del deseado por Dios; pues esas corrientes pueden producir solamente bendiciones, cuando andan por aquellos caminos, que les son previstos por las leyes primordiales, es decir, que han sido determinados por el Criador. Jamás de otra forma.

Por eso, el fin también podía ser previsto ya hace millares de años, porque, con la sintonización erradamente deseada del ser humano, tampoco podía pasar de forma diferente, visto que el efecto final de todo y cualquier acontecimiento permanece siempre rigurosamente atado a las leyes primordiales.

Los seres humanos nunca han dado atención a advertencias, ahora se hallan delante aquél colapso, que se procesa según la ley natural. En este punto del desarrollo natural, nos encontramos hoy.

Ya que los espíritus humanos demostraron la absoluta incapacidad de reconocer su misión en esta Creación, toda vez que ellos mismos han dado prueba de su no querer cumplirla ante rechazo e interpretación errada de todas las advertencias de convocados y de los profetas, incluso de las del propio Hijo de Dios, y sellaron su hostilidad a través de la crucifixión, interviene Dios ahora poderosamente.

¡Por eso, el Reino de los Mil Años!

Solamente por la fuerza puede ser todavía ayudada la Creación posterior, así como la humanidad, que ha probado que con voluntad libre nunca se ha dejado persuadir a tomar el camino correcto, que debe recorrer en la Creación, a fin de en ella estar conforme la voluntad de Dios, y también llevando bendiciones como aquella criatura, que ella, siendo espiritual, realmente es.

¡Por ese motivo, quedará la humanidad ahora en el Juicio privada de sus derechos, será desheredada del derecho de hasta ahora, que la voluntad humana, conduciendo y formando, domine esta Creación posterior! Desheredada por mil años, para que por ultimo pueda haber paz y esfuerzos en dirección hacia la Luz, según las leyes primordiales en la Creación, delante las cuales hasta ahora el ser humano se ha colocado hostilmente.

¡La posibilidad y la garantía del reino de paz hace mucho anhelado es dada, por lo tanto, únicamente por desheredar todos los actuales derechos de la humanidad en la Creación posterior! ¡Así se encuentra el ser humano ante su Dios! Por eso, debe él ahora prestar cuentas. Éste es el sentido y la necesidad del Reino de Dios de los mil años aquí en a Tierra. ¡Una triste verdad, que más vergonzosa no puede ser para esta humanidad!

¡En lugar de eso, en su megalomanía desenfrenada, ella se enorgullece de las promesas! ¡Ese desheredar será llevado a efecto de la manera más simples, cuando una voluntad, que está arriba de toda voluntad humana, entre en esta Creación posterior, por Dios para eso enviada! ¡Ese hecho por si es suficiente, para atar, según la ley natural, todos los derechos de la humanidad en la Creación! Así, la propia voluntad de Dios ha sido enviada en carne y sangre, a la cual todo el querer de la humanidad no puede contraponerse eficazmente, la cual, únicamente por su existencia, permanece dominando y conduciendo en la Creación, porque, conforme las leyes primordiales de la Creación, todo tiene que orientarse por ella, porque a través de ella pudo originarse antaño, de ella depende y dependerá.

¡La propia Voluntad de Dios, por lo tanto, estará siempre entre los seres humanos durante el Juicio, ella irá desencadenar naturalmente el Juicio para un rápido final, y gobernará, entonces, ella misma, también su nueva estructuración, como debe ser para la bendición de todas las criaturas, de toda la Creación, para que la humanidad aprenda con eso en el vivenciar!

¡Así, el Reino de los Mil Años será una escuela para la humanidad, donde deberá aprender cómo tiene que portarse en esta Creación posterior, de qué manera pensar y actuar, para cumplir correctamente la misión que a él le compete y así ella propia ser feliz!

¡Para esta finalidad, la voluntad humana queda ahora impedida en su función dominadora en la Creación posterior por mil años, después que en el Juicio haya sido destruido lo que ella ha sembrado y conducido erróneamente!

¡Durante los mil años, imperará solamente la voluntad de Dios, a la cual todo espíritu humano tiene que someterse, apenas cuando él consiga subsistir en el Juicio!

Sin embargo, la propia Voluntad de Dios no permanecerá por mil años aquí en le Tierra en carne y sangre, pero sube, entonces, después de la estructuración realizada, para el Burgo del Grial. En su lugar, sin embargo, gobernará en la Tierra, entonces, durante estos mil años siempre un portador de su voluntad, que esté directamente atado con él. Siempre es un primordialmente criado, puro-espiritual que, ya por su especie, se halla en saber y poder mucho encima de los espíritus humanos de esta Creación posterior, los cuales pertenecen todos solamente a los desarrollados. Él es cada vez un cabalero del Burgo del Santo Grial, donde él es preliminarmente preparado para ser portador de la espada de Imanuel, de la Voluntad de Dios.

Portador de la Espada él siempre será nombrado, porque, en su misión, cumple la palabra de Imanuel, la Palabra, que espiritualmente es designada como la Espada. Él gobernará en la Tierra, entonces, en nombre de su Señor. Y cada nuevo regente en la Tierra durante el Reino de los mil años será siempre solamente uno primordialmente criado, enviado del Grial. Jamás de otra forma. Ahí reside la garantía de que ese período, determinado por Dios, también permanezca así, como es de la voluntad de Dios.

Después que pasen esos mil años, no será enviado uno nuevo primordialmente criado y, con eso, estará restituida a la humanidad su herencia de un liderazgo en la Creación posterior. En ese período, ella debe haber aprendido a orientarse estrictamente de acuerdo con las leyes primordiales de la Creación, para finalmente actuar benéficamente en la Creación posterior, a la cual ella pertenece y pertenecerá, para ella propia encontrar ahí su verdadera felicidad.

¡Caso, sin embargo, venga después todavía un faltar como hasta ahora, entonces la humanidad tiene que contar con la aniquilación total!

¡Así es el Reino de los Mil Años y su finalidad! La humanidad, en su presunción y en la ilusión de la propia importancia, lo ha imaginado de forma muy diferente. ¡Pero aprenderá y tendrá que vivenciar como realmente es!

¡También ahí reside solamente una gracia de Dios para ayudar aquellos, que realmente son de voluntad pura! ¡En el contrario ellos estarían perdidos juntamente con los condenados! ¡Porque, después de este Juicio, no más podrá existir nadie, que no vibre correctamente en las leyes primordiales de la Creación, por lo tanto, que no viva de acuerdo con la voluntad de Dios!


15. El equilibrio necesario

Debe ahora, aquí en la Tierra, finalmente ser cumplida rigurosamente, en el sentido correcto, también la ley primordial de la Creación del equilibrio, deseada por Dios para la salvación de la humanidad, la cual hasta ahora no solamente ha pasado desapercibida, sino incluso ha sido designada, con vanidosa ceguera, de anticristiana e vil.

La humanidad, con conceptos exclusivamente terrenos, buscó mejorar, ahí, una vez más la perfección de la voluntad de su Criador, también pronto encontró para esa pretensión una manta centelleante. ¡Compasión fue su denominación! Compasión, que nada tiene que ver con la misericordia del samaritano, que antaño Jesús Cristo ha enseñado en la parábola.

¡Misericordia es grandeza de espíritu, compasión es fariseísmo!

La compasión ha sido criada por el intelecto como una caricatura de la misericordia. En la compasión, el ser humano, que la concede, se aplace, se admira, o usa ahí la sagacidad.

El receptor, sin embargo, la exige o espera en muchos casos como algo natural por comodidad y envidia, que puede intensificarse hasta el odio.

¡Todo eso, sin embargo, es contra la ley férrea de Dios, según la cual solamente en el dar puede haber un recibir! ¡Debe haber ahí eterno equilibrio, lo cual, únicamente, produce movimiento, mantiene con eso la salud y el vigor y condiciona el progreso en constante desarrollo, lleva en el verdadero sentido la ascensión y plena armonía! ¡Solamente donde el dar y el recibir se mantengan en completo equilibrio, allá habrá también paz y felicidad! Así es la ley de Dios, que sostiene y beneficia toda la Creación.

Toda disonancia ahí por modificación de esta ley habrá que causar la indolencia del movimiento necesario, inmovilización, retroceso y paralización de todo lo que se encuentra en esta Creación. ¡Con eso, la discordia, la enfermedad, la muerte! Ahí, por su parte, se originan la envidia, el odio, el robo, el asesinato y todo el mal, que se presenta hoy y que aumentará hasta el colapso de toda la esperanza, de todo el anhelo.

¡Ahí tiene que ser procesado, inexorablemente, un cambio de acuerdo con la voluntad de Dios! ¡Exclusivamente el dar condiciona el recibir! ¡Quién no está dispuesto a dar, tampoco debe tener el derecho de recibir, es decir, tampoco le debe ser dado de regalo! ¡Tampoco la Palabra, ésta quiere ser conquistada! En el contrario, es enfermizo y jamás podrá traer bendición, aunque terrenamente pueda parecerlo; ¡pues es contra la ley primordial de la Creación de Dios!

Severo, duro a vosotros os parecerá en el primer momento. Pero es justamente ese el mayor auxilio, que el espíritu humano puede recibir, porque lo obliga aquella actividad, que le es exigida, así como a cada criatura en la Creación. Solamente por la actividad él se desarrolla de acuerdo con la ley, beneficia también el ambiente y se fortalece. En lugar de eso, sin embargo, él ha cultivado hasta hoy, en tantos puntos, solamente la indolencia, que paraliza el espíritu.

¡Por lo tanto, en el futuro nada deberá ser dado, donde no sea ofrecido un valor recíproco, aunque sea solamente a través de una alegría realmente pura! ¡Exclusivamente ahí se encuentra el despertar de todos los espíritus humanos aquí en la Tierra, los cuales, para el restablecimiento y fortalecimiento, necesitan del movimiento correcto, así como los cuerpos grueso-materiales y como todo en la Creación! ¡Sin movimiento constante dentro de la presión ejercida por la Creación en la fuerza de Dios, no hay ningún progreso verdadero, ninguna alegría por la ascensión y ninguna afirmación bendita de toda la existencia!

“¡La Creación en su belleza yace extendida ante ti, ser humano, pero muévete tu también por ti mismo en ella, conquista lo que quieres poseer de ella!”

De esa forma retumba advirtiendo poderosamente de la Luz, como una ley motriz bajo alta presión. Y esta presión será ahora aumentada en el Juicio. ¡Quién no esté completamente dispuesto a emplearla provechosamente, para su bendición y de otros, en actividad infatigable, quién no quiera seguir junto con esa fuerte presión será desmenuzado y triturado por ella, como obstáculo y como perturbador inútil!

Esa ley de la incesante necesidad de movimiento se halla ya desde el inicio en este Universo. El ser humano, sin embargo, en su vanidad, ha introducido la compasión, a fin de que él pudiese ser admirado como donador, y también, por el deber de gratitud, ha criado para si esclavos indignos de la humanidad.

De esa forma, muchos quedaron inertes en la indolencia creciente, convirtiéndose en lisiados de espíritu, que solamente todavía saben envidiar y odiar todo lo que los demás adquirieron. Muévete, finalmente, por ti mismo en el espíritu y sobre la Tierra, ser humano, a fin de que adquieras lo que necesites, que quieras poseer. ¡Toda la facilitación ahí es veneno para ti! ¡A tí te convierte en débil y flaco, conduce para la comodidad acompañado de deseos enfermizos, y, finalmente, para la enfermedad física, para la decadencia espiritual!

¡Movimiento en el equilibrio entre el dar y el recibir se convertirá en mandamiento inexorable del futuro, según la voluntad de Dios! ¡Valle para todas las situaciones en la vida!

¡No hay ningún equilibrio, cuando, a través de algunas determinaciones o leyes, son tomadas las poses de alguien, a fin de, con eso, dar a otros! Es demasiado unilateral y enfermizo, hace falta ahí la vida, porque no vibra en la ley de la Creación. Los gobiernos jamás deben dificultar la propiedad particular, pero, sí, deben favorecerla y protegerla. Tampoco deben, en situaciones difíciles, socorrerse y meter la mano forzosamente en los bolsillos de sus ciudadanos, y disponer de la propiedad ajena, solamente para facilitar el trabajo para si mismos. Pues hace parte de la finalidad principal de un Estado, en primer lugar, la garantía de la propiedad libre y tranquila de sus ciudadanos.

Por si mismos, con sus capacidades, ellos tienen que encontrar el auxilio en las emergencias. Gobiernos y ciudadanos jamás deben ser fundidos en uno sólo, pues son dos cosas distintas, de las cuales cada una tiene que permanecer saludable en si misma, las cuales, sin embargo, tienen que quedar siempre lado a lado, en plena armonía, soportándose mutuamente.

¡Tienen que ser como mujer y hombre en un matrimonio perfectamente saludable, o como la actuación de todo el enteal y espiritual en la administración de la casa de la Creación!

Los ciudadanos de un Estado, ante su manera de vivir, deben celar por la paz, por el bien-estar y florecimiento interno de la casa, los gobiernos deben ejecutar las actividades hacia fuera, para el desarrollo del florecimiento interno y mantenimiento de la paz, ante conexiones con otros Estados y pueblos.

Cada parte, por si, tiene que absorberse plenamente en su actividad, entonces, tampoco se estorbarán mutuamente, pero, sí, se apoyarán.

Si los gobiernos desarrollaran su actuación predominantemente hacia fuera y supieran realmente algo en ese sentido, por lo tanto, también estén capacitados para eso, entonces, como consecuencia de eso, sobrevendrá la paz en el país por si sola.

Para eso, sin embargo, es condición que en los seres humanos se procese una transformación en el espíritu. Así, como ellos han sido hasta ahora y aún hoy son, jamás podrá realizarse el equilibrio saludable, que vibra en las leyes primordiales de la Creación, donde exclusivamente se encuentran la prosperidad y la paz; pues toda la humanidad, con solamente pocas excepciones, se encuentra todavía de modo ignorante ante esas leyes inflexibles, razón por la cual esas leyes no pueden actuar en su beneficio, pero, si, toda la Creación se pone contra ella. La humanidad, sin embargo, es ahí la parte más débil e inevitablemente perdedora, hasta que por ultimo se someta, porque tiene que someterse. Hasta allá, sin embargo, no habrá un verdadero suceso.

Entonces, naturalmente tampoco se puede esperar otra cosa, sino que, dentro del equilibrio, para cada dar debe ser prestada también una compensación de alguna forma. Nadie debe considerar como natural que ese o aquél próximo ejecute algo para él por gentileza, sin que haya que dar por lo menos una palabra buena en cambio. ¡Una palabra, que contiene un valor también para el otro! Que no signifique solamente formalidad.

Estableced orden ahí, seres humanos, y sólo así criaréis un suelo saludable para vosotros, que soportará una buena edificación.

También los así nombrados cargos honorarios son nocivos. Con pocas excepciones son solamente pretexto y puentes para baja ambición, para la manía de dominio y para todos los esfuerzos en el sentido de llamar atención y ser valorizado. No, eso no es lo cierto y tampoco es deseado para la vida comunitaria terrena, toda vez que hace surgir y fomenta solamente cosas enfermizas. Solamente a causa de las pocas excepciones, sin embargo, no deben ser mantenidas tantas cosas, que atraen el mal.

También ahí la ley de Dios debe constituir la base, inalterada, sin primero ajustarla a los deseos de la humanidad y a sus vanidades o debilidades, como siempre ha pasado hasta ahora.

No es amor, ayudar de aquella manera, la cual se ha elegido hasta ahora en la Tierra; pues el amor busca hacer solamente aquello, que constituye verdadero auxilio a los demás.

Dejad soplar vientos frescos, de modo fuerte y puro, a fin de que lo que es blando y tapado sea soplado, y no deis atención si muchas personas enfermamente mal acostumbradas se resfríen fuertemente en el principio.


16. Jesús e Imanuel

¡El Hijo de Dios, Jesús, bien como el Hijo del Hombre, Imanuel, se originan de Dios! El Hijo de Dios, lo cual debe ser nombrado de el Intragenito, se halla, después de su regreso de la Creación, nuevamente junto a Dios-Padre, o en Dios-Padre, por eso “intragenito” en la propia Divinidad, en cuanto el Hijo del Hombre puede ser nombrado de el “Extragenito” proveniente de Dios, quien, para el bien de la existencia de todos los espíritus humanos, permanece con una parte de si separado de Dios, nascido hacia fuera, hacia la Creación primordial.

La expresión Hijo de Dios e Hijo del Hombre, sin embargo, jamás ha sido comprendida correctamente por los seres humanos, y hasta hoy todavía de manera incompleta por aquellos, que conocen mi Mensaje. El ser humano se acostumbró a pensar solamente a partir de su punto de vista y cree, por eso, que todo debe ser considerado también desde su punto de vista. Ese es el error. En este caso, él solamente debe intentar, partiendo desde arriba, encontrar una comprensión; pues la denominación hijo de Dios y Hijo del Hombre se originan de Dios, no de los seres humanos. A éstos sólo ha sido anunciada de esa forma. Por ese motivo, también el concepto tiene que ser intuido a partir de arriba, no a partir de los seres humanos.

Por lo tanto, existen en la realidad: Jesús, el Hijo intragenito, e Imanuel, el Hijo extragenito. Ambos son Hijos de Dios y, conforme conceptos humanos, hermanos.

En el divino, la denominación Hijo de Dios e Hijo del Hombre es imaginada en sentido descendiente, vuelta hacia la Creación, con lo que surge inmediatamente un concepto diferente, o alias, solamente entonces llega a la comprensión. El Hijo de Dios es el Hijo de Dios junto a Dios, el Hijo del Hombre es el Hijo de Dios enviado para los seres humanos.

¡El Hijo de Dios no ha sido dado a los seres humanos, los cuales, como muchos devotos todavía piensan, podían sacrificarlo a Dios-Padre para remisión de sus pecados! ¡Jesús, alias, jamás les ha sido dado! Él solo quería traer la Palabra, y volvió, entonces, poco a poco, después de que los seres humanos lo habían asesinado, nuevamente para Dios-Padre, como él propio ha declarado varias veces. Incluso sin ser asesinado, habría vuelto nuevamente a Dios-Padre, porque jamás hubiera estado realmente atado al mundo.

¡Sin embargo, Imanuel, el Hijo del Hombre, ha sido dado a la humanidad por Dios, para que esta pudiese existir a través de él y poseyese en él un eterno mediador, a través de cuya existencia los espíritus humanos sintonizados correctamente también pudiesen permanecer eternamente concientes de si propios!

¡Dios ha dado un Hijo para esa finalidad, sin nuevamente exigirlo integralmente de vuelta hacia Si! Éste es el gran sacrificio que Él hizo, ésta es Su dádiva. ¡Éste es Su sacrificio del Hijo prometido para la humanidad! Él no lo exige tampoco lo tira de vuelta hacia la Divinidad.

El gran sacrificio de Dios nada tiene que ver con la crucifixión y con el Hijo de Dios, Jesús. ¡Pues la crucifixión no ha sido un sacrificio, tampoco un sacrificio de Dios ni de la humanidad! ¡Pero precisamente porque los seres humanos dieron, como auto excusa, falsas interpretaciones a ese acto arbitrario cometido contra el Hijo de Dios, jamás pudieron comprender el genuino concepto de la expresión Hijo del Hombre, jamás pudieron reconocer el verdadero sacrificio de Dios como tal, que se halla en la deseada separación de Dios, necesaria para la humanidad, de Su Hijo nacido hacia fuera, hacia la Creación, cuya colosal grandiosidad jamás será y tampoco jamás podrá ser comprendida por la humanidad!

Que el Hijo del Hombre, a causa de la viva ley de la Luz, no pueda ser otra cosa sino el Rey en la Creación, representante de la trinidad de Dios, a vosotros no será demasiado difícil comprender. Colocado por Dios-Padre en la Creación, a causa de los espíritus humanos, es él, pues, el único en toda la Creación, que proviene de Dios.

La realeza es determinada por la simple y natural consecuencia del efecto de la ley de la Luz, que, debido a la existencia del Hijo del Hombre, sólo puede manifestarse de esa forma y no diferentemente. —

Ese acontecimiento, en su consumación, lleva para toda la humanidad tanto alivio, como ella propia sólo podrá comprender después de pasados decenios.

Los espíritus humanos de todas las partes de la Creación tendrán, a partir de la hora en que ahora el Hijo del Hombre comience plenamente su actuación, que es la hora de la anunciación, un auxilio mucho mayor y mucho más fuerte de lo que tuvieron hasta ahora, desde el principio primordial de la Creación. — Y por eso debe y tiene que establecerse la paz por toda la parte, la ascensión será mucho más fácil de alcanzar, pero también los castigos se efectuarán con mucho más rapidez de lo que ha pasado hasta ahora en aquellos, quienes quieren oponerse a la Luz.

¡Pasará una transformación en los acontecimientos de toda la especie, llegará ahora con el Hijo del Hombre también la transición universal! ¡Este es el motivo, porque todo, lo que aún quiera subsistir, tiene que tornarse nuevo, y no puede permanecer nada del antiguo, a menos que ya ahora conduzca sus esfuerzos de acuerdo con la ley de la Luz! ¡Entonces, podrá permanecer y solamente será purificado, para brillar igual a todo el nuevo! ¡Los seres humanos, sin embargo, no saben cuán gratos deberían ser por todo aquello, que se realiza en esta época! — —

¡Dios hizo el gran sacrificio a toda la humanidad y a la Creación, exclusivamente a través del Hijo del Hombre! ¡A mi, como Imanuel, no es debido ahí ningún agradecimiento pues estoy lleno de la mayor alegría por poder servir a Dios en Su sublime voluntad! ¡Sólo yo, puedo intuir jubilosamente Su grandeza, Su magnificencia y sabiduría, Su pureza, Su poder! ¡Qué significa, ante ese elevado saber y ante esa intuición, toda la Creación! ¡Nada! ¡Tampoco siento que estoy aquí a causa de los deseos de estos seres humanos, no, mirando hacia arriba, vivo agraciado exclusivamente para el cumplimiento de la sagrada voluntad de mi Padre Sempiterno, del único Dios y Señor!

¡Por esa razón, no os engañéis, será totalmente diferente de lo que vosotros, seres humanos, imagináis! Ante muchas cosas os encontraréis solamente maravillados, y mucho sólo comprenderéis totalmente después de años. ¡Solamente en el futuro captaréis el sentido elevado y puro de todo, de lo cual hasta ahora pudisteis vivenciar solamente caricaturas! ¡La maldición, que tenia que caer sobre la ostentación de hasta ahora, debido al pensar errado de los seres humanos, será alejada, esplendor en la forma pura se tornará belleza, y todos los tesoros de este mundo brillarán, entonces, en pureza para honor de Dios, sirven en el jubilo también a la adoración de la gran bondad, que hizo surgir todo eso y lo dio a esta humanidad para utilización! — — —

El Hijo de Dios dijo varias veces en la Tierra: “¡Mi reino no es de este mundo!” ¡Con eso, no se refería solamente a este reino terreno, pero, sí, a todo el Universo, a la Creación! ¡Él ha vuelto hacia Dios! Y en su alrededor se encuentra el reino divino, que él rige en nombre de su Padre. Su reino, por lo tanto, no era de este mundo, pero, sí, era y es el Reino de Dios. Esto significa, el reino en el divino, que existía eternamente con Dios y eternamente con Él permanecerá.

¡El reino del Hijo del Hombre, sin embargo, es el Universo, la Creación! Dios llamó de intragenito el Hijo de Dios, pues éste actúa en el reino divino; que es mucho mayor de lo que toda la Creación. Colocó el extragenito en la Creación, lo poniendo así encima de los espíritus humanos, lo ha prometido, por eso, a esta humanidad como siendo el Hijo del Hombre. Aquél Hijo, que Él separó de Si para estos seres humanos, para que él los gobierne. Por esa razón, a los agraciados, a los cuales es permitido ver imágenes del divino, será mostrado en la brevedad y con frecuencia el Trígono Divino, en cuya punta se halla el Ojo de Dios, a la derecha, Jesús, el Hijo de Dios, y entonces, desde la consumación, ahora Imanuel, el hijo del Hombre, a Su izquierda. La imagen demuestra a los videntes la actividad, en la manera como está anclada en la sagrada voluntad de Dios. Dos rayos parten de Dios, formando el Trígono en dirección descendiente. Uno de ellos va en dirección al Hijo de Dios en su actividad, el otro en dirección al Hijo del Hombre. Y la consumada ligazón, pues, del Hijo de Dios con el Hijo del Hombre establece entre ellos el rayo de conexión, que al mismo tiempo constituye el trazo de ligazón desde abajo, que cierra ahora ese Trígono.

De esa forma a vosotros interpreto ya hoy la imagen del Trígono Divino, como en la brevedad muchos de los agraciados podrán ver, apenas cuando el propio Dios haga anunciar al mundo la existencia terrena del Hijo del Hombre. Naturalmente, serán solamente imágenes mostradas por guías espirituales, toda vez que espíritus humanos jamás serán capaces de ver algo divino.


17. ¡Navidad!

¡Noche sagrada! ¡La Solemnidad de la Estrella Radiante! ¡Ambas las solemnidades son en la realidad solamente una! ¡Es el dia de la Estrella Radiante, la cual, enviada por Dios a esta parte del Universo, saludó antaño con su brillo el Hijo de Dios, cuando él despertó aquí en la Tierra, y ahora brillará para el Hijo del Hombre, a partir del dia de su despertar terreno, de la hora, en que el poder de la Luz se ancla en la materia gruesa! —

“¡Paz en la Tierra para la alegría de la humanidad!” fue el saludo de la Luz por ocasión del nacimiento terreno del Hijo de Dios, que aún hoy es celebrado con la fiesta de Navidad. Los gritos de escarnio de la humanidad: “¡Crucificadlo, crucificadlo!” ¡hacían eco ya después de pocos años de modo provocador como respuesta hasta el trono de Dios!

En el mismo momento, sin embargo, bajaba en el camino de ese escarnio... ¡el Juicio! No esperó, acaso, hasta ahora. Vosotros, seres humanos terrenos, desde el dia del asesinato, ya os encontréis en los efectos de la reciprocidad. ¡Lo que ahora pasa es solamente el fin del Juicio, es decir, el Juicio Final!

¡Estuvisteis separados de Dios desde aquél dia, en que la cortina sagrada ante el Santísimo rasgó! No deberíais más poseer el Santísimo a partir de aquella hora aquí en la Tierra. Quedasteis confusos, aislados a partir de aquél momento. ¡No más había para vosotros ninguna ligazón con Dios! La humanidad la rasgó con la crucifixión destruyendo la antigua alianza. El emisario de Dios, que hizo con que la cortina rasgase, expuso de esa forma también la Arca de la Alianza, toda vez que había perdido el sentido y el valor original. La alianza entre Dios y la humanidad no más podía subsistir después del asesinato.

Únicamente la Palabra ha permanecido con vosotros como cuerda de salvación para la persona individual, si ésta penosamente quisiese escalar por ella, a fin de alcanzar las alturas más luminosas. Solamente pocos lo alcanzaron con grandes esfuerzos. ¡Allá, sin embargo, aún tuvieron que aguardar hasta el dia del Juicio Final! Y ése trae el Hijo del Hombre, que también tendrá que hacer la nueva alianza, para la cual, ya ahora, los serios buscadores han sido sellados.

Sin una nueva alianza tampoco hay más una nueva ligazón con Dios para esa humanidad terrena, después que ella ha sido interrumpida por la crucifixión.

Desde entonces, hace falta el aro más fuerte de esa ligazón necesaria, con lo que se ha abierto un abismo, que no más era transponible, sino por el propio Dios. La humanidad, sin embargo, en su ceguera, ha ampliado ese abismo cada vez más.

Por esa razón suena ahora el saludo de la Estrella: “¡Lucha contra la humanidad y Juicio, hasta la completa sumisión, lo que es equivalente a la purificación y a la paz!” —

¡Empeñaos vosotros en mirar con nitidez para toda esa correría de la humanidad en la época de la Navidad! ¡Sin embargo, no bajo aquél punto de vista, que a vosotros ha sido enseñado, pero sí, visto por la Luz!

El Hijo de Dios vino hasta la humanidad en la Tierra, a fin de mostrar con su Palabra el camino, que tiene que llevar a la humanidad hacia las alturas, hacia los paramos bien-aventurados. Él quería traer con eso paz, felicidad y alegría. Quería abrir un portal del Paraíso para los espíritus humanos perdidos. ¡La humanidad quedó sorpresa, escuchando! ¡Sentía algo de grande!

Pero rápidamente despertaron con eso simultáneamente como primera cosa sus deseos terrenos, los cuales, como de costumbre, ellos buscaron juntar inmediatamente, a fin de verlos satisfechos en esa oportunidad. Ellos tampoco pensaban en aceptar, agradecidos, una gran dádiva de Dios, así como ella es, pero, sí, primeramente habrían que ser satisfechos por el Hijo de Dios sus deseos terrenos. Entonces, tal vez, ellos también se empeñarían en realizar un trabajo en si mismos. ¡Sin embargo, si fuesen satisfechos en primer lugar sus deseos terrenos, ellos quedarían después demasiado acomodados, para todavía hacer otra cosa!

¡De esa forma, con su falsa disposición, querían hacer de Cristo su criado, en lugar de saludarlo como el Señor!

¡No es diferente la disposición de los seres humanos todavía hoy ante Dios! ¡Todos ellos solamente conocen el pedir, que Él satisfaga acertadamente sus deseos! Solamente con pedidos, los cuales denominan oración, pero que es un mendigar, buscan acercarse de su Dios. ¡No diferentemente! ¡Ó vosotros hipócritas, tontos, criados inútiles! Vuestros pedir es en la realidad solamente un exigir egoísta! Solamente vosotros y siempre de nuevo vosotros. Penséis únicamente en vuestro bien-estar.

¿Qué, sin embargo, ofrecéis como agradecimiento a Dios, que a vosotros ha dado la Creación para vuestro desarrollo?

¡Vosotros la envenenasteis y deshonrasteis, porque ni os preocupasteis con ella, vosotros la manchasteis, cuando buscasteis utilizarla solamente para satisfacción de las más bajas codicias! ¡E incluso por la ocasión de la fiesta de Navidad vuestros albos más elevados consisten solamente en regalos mutuos!

¡De esa forma también esta Tierra aquí se ha tornado un establo a vuestra causa, en lugar de un Templo de Dios!

¡Las palabras de Cristo, vosotros jamás las reconocisteis en su elevado valor que encierran, que está por sobre todos los tesoros terrenos! En pereza espiritual los seres humanos, ya en la época terrena de Cristo, pasaban por ellas toscos, estúpidos, restrictos, como los seres humanos todavía hoy lo hacen. Por ultimo, ellos incluso se sentían engañados por la no-realización de todos sus deseos terrenos y persiguieron aquél, que quería darles mucho más, todo lo que el espíritu humano necesita para alcanzar la verdadera felicidad, la verdadera vida. ¡Lo persiguieron con su odio, hasta conseguir que fuese clavado en la cruz, para que no más necesitasen molestarse con él!

Profundados vosotros en las intuiciones del Hijo de Dios. Cuan indignos, cuan miserables, él tuvo que ver los seres humanos ante si. ¡Él, que no había temido tan grandes sacrificios, para venir de la Luz hasta esta Tierra, que sabia, que valores él daba con su Palabra a la humanidad! Valores, que solamente aún podían salvar los seres humanos tan cargados de culpa ante Dios, de los caminos errados, que ellos mismos habían criado con su actuación errada, su pensamiento fallo.

Con sus parábolas y sus preelecciones, él señalaba, nítidamente reconocible, la dirección cierta en la Creación, que no era difícil de ser tomada, muy fácil de ser seguida para cualquiera que la examinase correctamente.

¡Él les ha ofrecido la salvación, les ha ofrecido la vida! Ya en aquél tiempo él ha visto que ellos habrían que perderse para siempre, si no cambiasen el camino.

¡Y mientras él, entonces, con indulgencia, con grande amor y paciencia, enfrentaba con su saber la baja estupidez de esos seres humanos terrenos, solamente para ayudar, ellos se le acercaban de modo exigente, solamente con sus deseos terrenos! De él esperaban, arrogantes, precisamente aquello, que ya se les había tornado muchas veces tan nefasto, ya que la realización de sus deseos terrenos siempre había extenuado el espíritu, lo convirtiendo incapaz para una verdadera ascensión. ¡Diariamente y a cada hora había que reconocer como lanzaba perlas valiosas a los cerdos! ¡Y él había bajado desde la Luz para los seres humanos!

Comprendéis, entonces, por qué él no dijo más ninguna palabra en los interrogatorios y por su condenación. ¡Tuvo asco de la humanidad de la Tierra! ¡El asco hizo con que se callase! Los seres humanos no eran dignos de ninguna palabra. ¡Imaginad, pues, seriamente, cuan estúpida había que parecer al Hijo de Dios cada palabra de los acusadores y jueces, él quién agotaba sabiduría, quién era incluso una parte de la sabiduría! Lo que tenia que intuir, cuando las personas lo designaban de blasfemador de Dios, solamente porque no podía presentar a esa humanidad terrena, de cerebro restricto, una prueba de su misión divina, de forma como ellos la hubiesen entendido. ¡Pruebas él había dado suficientemente, pero los seres humanos eran incapaces de reconocer sus pruebas como tales en toda la grandeza a ellas inherente!

¡Y, por esta su propia incapacidad, ellos se responsabilizaron por ultimo el Hijo de Dios! ¡Lo juzgaron, porque no podían comprenderlo! ¡Justamente él, que solamente conocía a Dios-Padre! Horrorizados os encontréis vosotros ante el sufrimiento del alma, que al Hijo de Dios fue impuesto por la humanidad n la más desesperada atrocidad. —

No diferentemente ha pasado también, de esta vez, con el Hijo del Hombre, excepto que, según las leyes de hoy, no ha sido posible llevarlo a la muerte. ¡Por eso, él varias veces ha sido acusado de fraude, por no poder presentar ninguna prueba terrena de ser el Hijo del Hombre, enviado por Dios!

Tampoco de esta vez han dado atención a la grandeza de su Mensaje, ni buscaron encontrar en éste un único valor, pero, sí, lo pusieron de lado, sin dar atención insistiendo obstinadamente con ilimitado odio solamente en aquél único sentido: “¡Él visa solamente ventajas terrenas con tal afirmación!” Todo lo que hacia, según la opinión de los seres humanos, sólo podía ser con la intención de obtener ventajas propias. ¡Consideraban todo exclusivamente bajo ese punto de vista!

¡El motivo para esa concepción malévola, sin embargo, no se halla en su actuación, pero, sí, nuevamente, como también antaño con relación al Hijo de Dios, en la ilimitada estupidez y restricción espiritual de eses seres humanos terrenos, que ni más son capaces de pensar diferentemente de lo que de la manera como ellos mismos son en su intimo! ¡El ser humano juzga y condena según la propia especie! Los seres humanos no son más capaces de acepciones más elevadas en su voluntad malévola, su alejamiento de Dios.

¡Así, él fue cazado e instigado de la misma forma, consiguió solamente con esfuerzo y constantes aburrimientos cumplir su misión, preparar la Palabra para la época, que solamente ahora vendrá! ¡Pues, si quisiese comenzar solamente ahora, seria demasiado tarde para toda la humanidad!

No sería él quien hubiera tenido perjuicio con eso, si, cansado, lleno de asco, hubiese abandonado todos los preparativos; ¡pues él mismo solamente ha sido enviado a la Tierra por Dios-Padre, a su propio pedido!

¡Cuando, antaño, Cristo habló de su venida, entonces se refería a su venida para el Juicio! Para el Juicio, sin embargo, no era necesario que viniese hasta aquí abajo hasta este cuerpo terreno. ¡Viniendo por las nubes, estando por sobre esta Tierra, podría haber cumplido su misión! El sufrimiento terreno, el odio humano a él le habría sido totalmente preservado con eso. Solamente a través de Juan, ha sido entonces anunciada su venida a la Tierra, proveniente de la Luz, después de haber sido atendido su pedido, poco después del asesinato del Hijo de Dios.

¡De esa forma ocurre que, ahora en el Juicio, la Tierra no se destrozará bajo la maldición que pesa sobre ella! ¡Ese era su verdadero destino! ¡Ahora, sin embargo, ella será solamente purificada, permanece conservada! —

¡Ahora, fijad una vez las fiestas navideñas bajo aquél punto de vista, como ellas actúan sobre vosotros en su manera de hasta ahora!

Que presunción de las personas reside ahí. En cada palabra de las canciones y cánticos. Hace falta la verdadera humildad. ¡Solamente auto-enaltecimiento en las vanidosas quimeras del valor propio! ¡Se trata de escoria, que a ella le gustaría llegar a la Luz, sin embargo, tiene que quemarse en ella!

¡La fiesta de Navidad, los seres humanos han conmemorado hasta ahora solamente para si! ¡Para su alegría terrena, pero no para la alegría del espíritu! Ahora, sin embargo, deberá tornarse diferente. ¡La Solemnidad de la Estrella trae aquellos, quienes anhelan humilde y seriamente la Luz, liberación de los errores de los presuntuosos cerebros humanos; pues Imanuel, la espada de Dios, destruye todo lo que es falso! — —

Su encarnación, por lo tanto, no estaba prevista desde el inicio. Solamente bajo su pedido le fue concedido poder ir a la Tierra para el ajuste de cuentas. Con el consentimiento de ese pedido, ha cambiado el destino de esta Tierra; ¡ella será preservada de la aniquilación total! Después de terrible purificación, podrá ser elevada para la región, donde no alcance la destrucción. — —

Cuando, entonces, al Hijo del Hombre ha sido concedido antaño el pedido, esa noticia bajó jubilosamente para las partes de la Creación, y muchos espíritus humanos de los diversos planos enviaron ardientes suplicas en dirección a Dios, para que les fuese concedido, lleno de gracia, poder ayudar al Hijo del Hombre en el cumplimiento de su misión aquí en la Tierra con todo su ser.

Esto a muchos también ha sido concedido, y sagrado juramento los unió de esa forma al cumplimiento de esa misión. Para esa finalidad, exclusivamente, fueron, entonces, encarnados en tiempo cierto en la Tierra. Sin embargo, muchos de ellos se perdieron en su actual existencia terrena, debido a la caza a la felicidad terrena y gloria terrena, u otras vanidades.

Entre ellos existen también todavía espíritus humanos, que estaban sobrecargados con una pesada culpa, que, en desespero y miedo, imploraron poder cooperar, toda vez que sólo ahí podrían obtener liberación. Del contrario, los esperaría la destrucción certera.

Ahora, sin embargo, ha llegado el tiempo, en que de todos los así comprometidos caerá la venda de su saber hasta ahora oculto. Entonces, algunos reconocerán, con alegría y gratitud, que les es permitido cumplir lo que antaño anhelaron, debido a largos esfuerzos y a una conducción llena de amor por parte de la Luz. Muchos, sin embargo, verán ante si, horrorizados, que perdieron también la ultima posibilidad de rescatar su culpa, que, debido a su fallar, añadieron incluso otras nefastas cargas, que les torna totalmente imposible cualquier salvación. Que ellos incluso difamaron aquél y buscaron obstruir su camino, camino ese, que antaño habían jurado allanar. ¡De estos existen muchísimos! Solamente a ellos les llegará el despertar, cuando sean lanzados hacia bajo, hacia las regiones de la destrucción, de modo que no sobrará más ningún tiempo para un nuevo pedido. —

Desde el dia de la crucifixión hasta el dia del Juicio, el Universo quedó parado en su gran y superior desarrollo, como tiempo de espera, en que los espíritus humanos habían que ver crecer sus propias siembras, que maduraron en la vibración de esta Creación hasta la sobre maduración, y, entonces, hasta la inevitable desintegración de acuerdo con las leyes de la Creación, a no ser que continúen siendo mantenidas por la voluntad de Dios.

La obra humana proveniente del intelecto está siempre sujeta a la desintegración, en cuanto no traiga en si la voluntad de Dios, es decir, no esté de acuerdo con la voluntad de Dios. ¡Esa es la espada, que constantemente pende sobre todo los actos de los seres humanos! Que los obliga a obedecer a las leyes de Dios. Por eso, ahora, todo está por colapsar en si mismo, y después... ¡viene el Juicio de Dios! ¡La separación de todos los espíritus! ¡Después de haber sido, anteriormente, obligados a vivenciar el colapso de todas sus falsas obras!

Y, en la gran confusión en toda la Creación, para participar de la formación de un fuerte puente, que firme la Tierra, muchos de vosotros estarán ahora encarnados en la Tierra para esa época, en el cumplimiento de los propios pedidos.

¡Por esa razón, reflejad sobre eso, vosotros ayudáis a mantener la Tierra, a fin de que ella no perezca! A través de vuestra voluntad más pura es propiciada para millones de seres humanos la oportunidad de madurar aún por un tiempo y, entonces, aún ingresar en el Reino de Dios, que ya estaba perdido para ellos. Por esa razón, no lo toméis demasiado fácil.

¡Vosotros, elegidos y convocados! Se inicia para vosotros el cumplimiento de vuestro juramento. ¡Yo os alerto para eso!


18. ¡Omnipresencia!

¡Dios es omnipresente! ¡Eso ya es enseñado a los niños en las escuelas! Es tan familiar y tan evidente a aquellos seres humanos, quienes, por ultimo, todavía creen en Dios, que no juzgan necesario reflexionar bien sobre eso, si también realmente saben lo qué con eso dicen.

Cuando, sin embargo, se exige una vez una aclaración de cómo lo imaginan, entonces, la sabiduría pronto termina y ellos mismos reconocen que en la palabra “omnipresente” todavía no se halla el saber de su significado.

Las criaturas humanas poseen, sí, la palabra, pero no la comprensión. Y eso, finalmente, es el principal en todas las cosas. ¡Y tampoco el saber sirve para nada donde falta la comprensión! El significado de la denominación “omnipresente”, el ser humano conoce. Pero, conocer el significado todavía no es comprender, no es entender el sentido.

De esa forma, señalo para mi disertación: “La vida”. ¡Dios es la vida! ¡Únicamente Él! Todo lo demás es solamente consecuencia del movimiento, que sólo se origina por la presión de la irradiación de la vida.

La criatura humana, que en la más intima oración busca implorar por algo, recibe, a través de su sintonización, ligazón con el lugar desde donde puede advenirle auxilio. Eso yo ya he dicho una vez en mis aclaraciones sobre el efecto de la oración. ¡Bajo oración, sin embargo, no se debe imaginar el pedir, pero, sí, adoración, adoración y veneración! ¡Cada profundar del espíritu humano en ese sentido no es otra cosa sino uno buscar por ligazón! ¡Buscar ligazón con la Luz, con la pureza y con la vida! El desear, el anhelar del espíritu humano, se expande con eso. ¡Él palpa buscando espiritualmente las alturas luminosas! Y ahí se busca de modo realmente serio, entonces, encuentra, como ya fue prometido por Cristo. ¡Él encuentra la ligazón con la vida! ¡Pero solamente ligazón, no la propia vida!

Igualmente también es el proceso ahora, cuando los seres humanos llamarán por el Hijo del Hombre. Con anhelo fuerte, puro, ellos encuentran espiritualmente el camino hacia él. Sin embargo, apenas cuando estén trillando el camino correcto, entonces ellos también lo intuirán, a aquellos, los cuales es permitido ver espiritualmente, incluso lo verán ante si, vivo, sí, muchas veces hablando y refiriéndose a aquello que los preocupa mucho.

Los suplicantes encuentran en su anhelo puro, por lo tanto, el camino de ligazón hasta él. ¡Registradlo en vuestro intimo! ¡Él no va hasta ellos! Y así sucede que al mismo tiempo millares en el Universo hablan con él, también lo ven delante si, actuando según la naturaleza y la ley de la Luz, puniendo o auxiliando, y él mismo... ¡nada intuye de eso, a pesar de que realmente sucede aquello, que los seres humanos ven u oigan espiritualmente! Él no es afectado por eso.

Si todas las criaturas en toda la Creación busquen simultáneamente ligazón con él de la manera correcta, todas ellas irán intuirlo, irán también recibir lo que se empeñan en pedir, de acuerdo con la naturaleza de la seriedad y de la pureza de sus pedidos, ellas irán verlo parcialmente, no solamente en todos los lugares de la Tierra, pero en las partes del Universo, simultáneamente, y aún así él no podrá cansarse, jamás será debilitado con eso... porque en él hay vida, que no perece, pero que, renovándose en si misma, permanece eterna, con una palabra: ¡porque “él es!”

Al rededor de él giran los espíritus humanos en su formación, su madurez, o en el perecer. Cada uno de ellos puede encontrar la ligazón con él, a cualquier momento, si, buscando, solamente lo quiera de forma sincera.

¡En el Juicio, sin embargo, esa ligazón será impuesta a cada uno debido a su condición de ser humano terreno! Con ese tornarse ser humano terreno, él entro y se halla, él mismo, simultáneamente en todas las especies de la Creación. Y, de esa forma, todas las cosas de esta Creación entran directamente en contacto más cercano con él. No podía permanecer ninguna laguna, ningún obstáculo a la penetración de sus irradiaciones. ¡Con eso, él las trajo también para los planos de materia fina y de materia gruesa! ¡Para que todo se juzgue en ellas!

Encontréis, por lo tanto, en la oración o en el buscar sincero, solamente un camino de ligazón para Dios, y ese hecho Lo hace parecer tan omnipresente a vosotros, como hasta ahora lo pensasteis. También un blasfemador de Dios encuentra rápidamente los caminos de ligazón; pues, ahí, su intuición está dirigida hacia Dios, aunque en el malo sentido. Por eso, hay muchos ejemplos en que un tal ser humano muchas veces ya es destrozado en el momento de la blasfemia, o, entonces, poco tiempo después. Ha encontrado un camino de ligazón, y la fuerza viva tuvo, con eso, efecto rápido sobre él. Que ella tuvo que desencadenarse en él, destruyendo, es seguramente evidente a cada ser humano. ¡Por esa razón, ocurren tales milagros, en los cuales fanáticos ignorantes quieren ver actos de arbitrariedad punitivos de Dios, mientras que, en la realidad, es y seguirá siendo efecto de leyes inamovibles!

Así también la omnipresencia fue solamente comprendida erróneamente. Omnipresencia tal vez sea designada mejor todavía con la palabra: ¡siempre presente! Por lo tanto, que se encuentra a cualquier tiempo, cuando buscado.

La apariencia del efecto exterior del acontecimiento solamente ha iludido las criaturas humanas. ¡Partieron ahí desde un principio errado de su pensamiento, de que Dios, de modo completamente personal, se interesa por ellas y las corteja, también las envuelve de forma protectora, sin pensar que ellas propias deben hacer todo, para conseguir la ligazón indispensable, lo que inconcientemente, lo que inconcientemente, de acuerdo con las leyes de la Creación, ya siempre cumplieron en la verdadera oración! No quisieron creer de bueno agrado que solamente las leyes de Dios que se encuentran en la Creación, las envuelven, las cuales, actuando naturalmente, desencadenan cada recompensa y cada castigo.

Estar omnipresente, en la verdad, no quiere decir otra cosa sino poder ser alcanzado de cualquier lugar de la Creación.

Pero también eso, por su parte, debe ser tomado con restricciones; pues es literalmente correcto cuando se dice: “¡Ante Dios todo se deshace!” ¡Existe ahí un gigantesco abismo! ¡Criatura alguna consigue colocarse directamente delante Dios, por lo tanto, alcanzarLo, excepto que ella misma origine directamente de Dios! Eso sólo es posible a dos, al Hijo de Dios y al Hijo del Hombre. Todo lo demás iría y tiene que deshacerse inmediatamente delante Él. Por lo tanto, jamás podría estar ante Él concientemente.

Pues, al espíritu humano también solamente es posible encontrar el camino de ligazón para Dios. Y ese camino de ligazón es, ahora, después del cumplimiento y la anunciación, por toda la eternidad el Hijo del Hombre, así como él fue prometido como eterno mediador. ¡Por eso, también el espíritu humano siempre lo encontrará en cada caso de uno buscar sincero! ¡Y a través de él recibirá aquella ayuda en la reciprocidad, en la cual el buscador se sintonizó verdaderamente!

¡De esa forma, el Hijo del Hombre también parece omnipresente a los seres humanos, es decir, él, el ser humano, se depara con él, si pide correctamente, él lo encuentra! Eso, en efecto, es exactamente así como si el Hijo del Hombre estuviese, entonces, junto de él; pues en tales momentos él está atado a él a través de un camino de irradiación, que también muestra la imagen del Hijo del Hombre.

Por lo tanto, al vuestro actuar debéis atribuir ahora todo, lo que a vosotros ocurre; pues solamente en vosotros está anclada firmemente la palanca misteriosa, que a vosotros trae vuestro destino, cada vivenciar individual. ¡De la forma como vosotros dirijáis los carriles, hacia ahí os levará el carro de vuestra vida! Jamás os olvidéis de eso; ¡pues el vivenciar de cada momento está enlazado estrechamente con eso!

¡El Hijo del Hombre, sin embargo, es! ¡Él ha sido investido en la Creación por Dios como fuerza de Su fuerza! ¡Vosotros giráis al rededor de él, y todo, lo que os alcance desde él, si amor o rechazo, vosotros lo criáis para vosotros mismos ante vuestra sintonización! Él se encuentra ante vosotros a cualquier hora, si vosotros lo busquéis con sinceridad, lo llaméis en suplica pura; pues con eso vosotros os colocáis con vuestro espíritu en el camino de ligazón con él y lo veréis, o lo intuiréis. ¡En esta viva ley se encuentra el significado de la omnipresencia!


19. ¡Cristo dijo...!

De manera untuosa se oye hoy, millares de veces, esa expresión. ¡Cristo dijo! Con esa introducción debe ser tornada sin efecto, ya desde el principio, cualquier contradicción. Sin embargo, quién así dice quiere con eso alejar de si también la propia responsabilidad. Pero, en lugar de eso, cada uno asume de esa forma una colosal responsabilidad... ¡ante Dios!

¡Sin embargo, él no piensa en eso, hasta que rolará sobre él con un ímpetu, que habrá que hacerlo enmudecer para siempre! ¡La hora se acerca, ya están rolando las piedras de las recompensas! La mayor de todas, sin embargo, se ha originado para muchos espíritus humanos en las palabras introductorias: ¡Cristo dijo! — —

A esas palabras se sigue, entonces, alguna sentencia de las “sagradas escrituras”, que debe servir para consoladora tranquilidad, para estimulo, también para advertencia y incluso para amenaza o defensa y para la lucha. ¡Es aplicada como bálsamo y como espada, como escudo y también como suave almohada de descanso!

¡Todo eso sería bello y grande, seria incluso lo cierto, si las palabras mencionadas aún viviesen en el mismo sentido, como Cristo realmente las había pronunciado!

¡Pero no es así! Las criaturas humanas han formado muchas de esas palabras por si mismas, en la más imperfecta recordación, y no pudieron reproducir el mismo sentido de las palabras de Cristo.

Necesitáis, pues, solamente ver como es hoy. Quien quiera aclarar algo del Mensaje del Grial, que existe impreso y que ha sido escrita por mi, con palabras propias o con escritos, solamente de memoria, éste ya hoy no lo transmite así como corresponde al verdadero sentido. Pasando por una segunda boca, por una segunda pluma surgen siempre alteraciones, el verdadero sentido es retorcido con nuevas palabras, a veces incluso deformado en la mejor buena voluntad de intervenir en favor de ella. Nunca es aquella palabra que yo dije.

Y tanto peor antaño, toda vez que del propio Hijo de Dios faltan, pues, manuscritos de su palabra, y todo pudo ser transmitido a esta posteridad solamente a través de segundas y terceras personas. ¡Solamente mucho después de la época en que Cristo había dejado la materia gruesa! Todo ha surgido solamente de la falla memoria humana, los manuscritos y las narrativas, y todas las palabras, a las cuales se acostumbró ahora a anteponer siempre con determinación: ¡Cristo dijo!

Ya en aquella época la obra de Lucifer, de elevar el intelecto humano a ídolo, en su nefasto crecimiento, había providenciado con antecedencia que las palabras de Cristo no pudiesen encontrar aquél suelo, que torna posible una comprensión acertada. Fue una maniobra sin par de las tinieblas. Pues la comprensión correcta de todas las palabras, que no hablan de la materia gruesa, sólo es posible por la colaboración no debilitada de un cerebro de intuición, pero que ya en el tiempo de Cristo había sido fuertemente descuidado en todas las criaturas humanas, con eso atrofiado, y no podía cumplir toda su función.

¡Con eso, Lucifer también tenia la humanidad terrena bajo su poder! ¡Y esa era su arma contra la Luz! —

¡Conservar recordaciones de modo inalterado consigue únicamente el cerebro humano de intuición, es decir, el cerebro posterior, no, sin embargo, el intelecto del cerebro anterior!

En eso, el pecado hereditario de la humanidad se ha vengado de modo profundamente incisivo en ella propia, que descuidadamente dejó atrofiar tanto el cerebro posterior, el único capaz de grabar como tales todos los acontecimientos y vivencias, en imágenes y en la intuición, de tal forma que a cualquier momento ellas también resurjan con precisión, como realmente fueron, de modo inalterado, incluso no debilitado.

El cerebro anterior no consigue eso, porque está más atado al concepto de espacio y tiempo de materia gruesa, y porque no ha sido criado para la captación, pero, sí, para la emisión para el terrenal.

De esa manera, pues, ocurrió también la retransmisión de las descripciones de aquello, que ha sido vivenciado y oído durante el tiempo terreno de Cristo, mezclado incluso con las concepciones terreno-humanas provenientes de la memoria, terrenalmente moldado de manera completamente inconciente, no, sin embargo, con aquella pureza, como un vigoroso cerebro de intuición lo habría guardado y avistado. Las garras de los vasallos de Lucifer ya habían abierto sus surcos demasiado profundos, mantuvieron sus esclavos del intelecto firmemente presos, de modo que éstos no más pudieron comprender ni guardar bien el mayor tesoro, el mensaje de Dios, su única posibilidad de salvación y tenían que dejarla pasar sin provecho.

Profundizad en eso en el pensamiento, no cuesta mucho esfuerzo para encontrar el cierto. ¡Muchas personas se acercaban de Cristo, haciéndole preguntas, pidiéndole éste o aquél consejo, a las cuales él también daba el consejo de buen agrado en su gran amor, que nunca fallaba, pues él era el amor vivo y todavía lo es hoy!

Él dio, por lo tanto, orientación al indagador y requeridor, conforme éste de ella necesitaba. Tomemos un ejemplo.

¡Aquél joven rico, que estaba ansioso por saber cual camino poderla conducirlo hacia el reino del cielo! El Hijo de Dios lo aconsejó a distribuir todos sus bienes a los pobres y después seguirlo.

Seguir Cristo no significa otra cosa, sino orientarse exactamente de acuerdo con sus palabras.

Las personas presentes tomaron inmediatamente conocimiento de este episodio, así como de tantos otros, para retransmitirlo según la manera, como cada uno por si, de modo humano, lo había, entonces, entendido. Y eso correspondía solamente raramente o nunca al verdadero sentido de las palabras originales de Cristo. Pues pocas palabras bajo forma diferente ya consiguen alterar todo el sentido.

Los primeros divulgadores se contentaban, sin embargo, en hacer narrativas, simples relatos. ¡Más tarde, sin embargo esos consejos individuales fueron instituidos como leyes básicas para toda la humanidad! ¡Eso, sin embargo, fue hecho, entonces, por la humanidad, no por el propio Cristo, el Hijo de Dios!

Y esa humanidad también se atrevió a afirmar muy simplemente: ¡Cristo dijo! Le ponen en la boca aquello que las propias criaturas humanas solamente de memoria y de concepciones erradas envolvieron en formas y en palabras, las cuales, hoy, pues, deben permanecer determinantes y intocables para los cristianos, como siendo la Palabra de Dios.

¡En eso hay millares de veces el asesinato de la verdadera Palabra del Hijo de Dios!

¡Cada persona sabe muy bien que es incapaz, después de semanas o meses, de relatar fielmente aquello, que alguno dia ha vivenciado, que ha oído! Nunca logra repetirlo textualmente con absoluta exactitud. Y cuando son dos, tres, cuatro o también diez personas, quienes han oído o han visto simultáneamente la misma cosa, se recibirán, entonces, otras tantas diversidades en la descripción. De ese hecho nadie más tiene duda actualmente.

¡Se convierte, por lo tanto, muy evidente que con el reconocimiento deberíais sacar conclusiones retrospectivas! Conclusiones, que son concluyentes, intocables.

¡Pues también no ha sido diferente en la época terrena del Hijo de Dios! ¡Lo veis de forma suficientemente nítida en los evangelistas! Sus relatos traen esa marca, innumeras veces visible. Cuando Pedro, por ejemplo, como el primero de los discípulos, expresó su reconocimiento ante el Hijo de Dios: “¡Tu eres Cristo, Hijo del Dios vivo!”

Esas significativas palabras y también la respuesta de Cristo, los evangelistas retransmiten, pero no de manera absolutamente uniforme. Mateus menciona que el Hijo de Dios, a continuación, concedió a Pedro simbólicamente una llave para el reino del cielo, que lo convirtió en una roca para una comunidad en formación, mientras otros evangelistas consideran la respuesta de Cristo más genérica, lo que es más correcto.

Pedro fue solamente el primer a expresar textualmente esa convicción. ¡Y acontecimientos de tal orden no permanecen como meras palabras, al contrario, se transforman pronto en acción en la Creación! ¡Toman rápidamente forma en la materia fina, inmediatamente! ¡La convicción sincera, que Pedro con eso ancló en la materia ante sus palabras, su confesión, se transformaron en el mismo instante en una roca de materia fina, la cual ha permanecido como piedra fundamental para la construcción de una comunidad posterior, para que todos aquellos, quienes, con convicción idéntica, sincera, y sencilla, pudiesen tornarse capaces de creer en el Hijo de Dios!

Y con eso Pedro tenia también en las manos la llave para el Paraíso. ¡Pues esa convicción de que Jesús es el Hijo de Dios trae consigo naturalmente también el anhelo de vivir según su Palabra! ¡Eso, sin embargo, para cada ser humano, es simultáneamente la llave para el reino del cielo! Esa confesión es la llave, bajo la condición, que alguien, quién así lo confiese, asimile en si la Palabra de Dios sin desfiguración, la comprenda bien y viva según ella. Cristo conocía ese proceso que estaba en consonancia con las leyes de la Creación, que se realizó en la materia fina con las palabras convictas de Pedro, y las relató explicando para los discípulos. La regularidad de acontecimientos de materia fina es también conocida a cada uno de los lectores de mi Mensaje del Grial.

Por lo tanto, Pedro fue, solamente debido a su confesión intuida y proferida, como el primer en eso, también el primer que con eso recibió la llave del Paraíso. Y a quién él más tarde pudo transmitir esa misma convicción en la Tierra, a ése él abrió, con eso, también siempre el reino del cielo. Pero aquellos, que no querían compartir de su convicción, a ellos él tenia que quedarse impermeable. Todo eso es un acontecimiento totalmente natural y espontáneo, claro y simples, y no está conectado a Pedro, tampoco depende de él.

¡Cristo quería y podía establecer para una comunidad también solamente una tal convicción como fundamento, no, sin embargo, una persona! Pedro solamente fue precisamente quién primer expresó eso realmente con convicción. ¡Esa convicción formó, estructuró, se ha tornado la roca, pero no Pedro como persona!

Pero Mateus da el sentido de la respuesta de Cristo, según su propia concepción, algo puramente personal, como referente solamente a Pedro.

Precisamente Mateus presenta mucha cosa mal comprendida, que, elaborada de acuerdo con su manera, retransmite entonces despreocupadamente. Como ya en el inicio de sus escritos: Mateus 1, 21 (Anunciación del ángel a José):

“Y ella dará la luz a un hijo, y lo llamarás por el nombre de Jesús; pues él salvará su pueblo de sus pecados.” Y Mateus sigue en los versículos 22 y 23:

“Bueno, todo esto aconteció para que se cumpliese lo que ha sido dicho por el Señor por medio del profeta, que dijo: “Y entonces una virgen concebirá y dará la luz a un hijo, y lo llamarán por el nombre de Imanuel, que quiere decir: ¡Dios con nosotros!” ”

Mateus quiere aquí, aclarando, conectar la profecía de Isaías estrechamente con el nacimiento del Hijo de Dios, de una forma que muestra demasiado claro que él en sus escritos sólo deja hablar su propia opinión personal, por lo tanto, no permanece objetivo.

¡Eso debería haber servido a todos como advertencia de que esos escritos no deben ser considerados como la Palabra de Dios, pero, sí, solamente como la concepción personal del autor!

Mateus, por ejemplo, ni siquiera ve la diferencia entre la anunciación a través del Isaías, que él propio cita, y la del ángel, pero, sí, mezcla ambas con ingenuidad pueril, porque él así lo “imagina”, totalmente despreocupado si también está correcto. Él ni siquiera nota que los nombres ahí citados son diferentes.

¡Pero no fue sin un propósito que ellos han sido designados de forma bien definida!

Isaías anuncia a “Imanuel”. ¡Pero el ángel, a “Jesús”! ¡Por lo tanto, no es Imanuel, a quien María dio la luz, y por eso tampoco es aquél, quién Isaías anuncia!

¡Isaías anunció a “Imanuel”, el Hijo del Hombre, pero el Ángel, a “Jesús”, el Hijo de Dios! Se trata, nítidamente, de dos anunciaciones distintas, ellas exigen dos cumplimientos diferentes, los cuales, por su parte, tienen que ser realizados por dos personas distintas. Una mezcla de esos dos acontecimientos es imposible, ella también puede ser mantenida solamente con intencional voluntad humana, ante desvío de todos los fundamentos básicos.

Mateus no tuvo ahí ninguna mala intención, fue solamente la narración de su sencilla opinión de la manera más despreocupada. Que él las uniese pudo ocurrirle fácilmente, toda vez que antaño más de lo que hoy se aguardaba por la realización de las profecías de viejos profetas y se vivía en eso ansiosamente. Él no presintió qué infortunio de un equivoco aún mayor ha surgido de eso.

Sobre el cumplimiento de la anunciación de “Imanuel”, nada más necesito decir aquí, toda vez que ya dije varias veces detalladamente sobre eso en el Mensaje del Grial. —

¡El equivoco existió, por lo tanto en el tiempo terreno de Jesús, exactamente como ahora! ¡Él propio, pues, se quejaba tantas veces de que sus discípulos no lo comprendían! ¡No podían comprenderlo! ¿Pensáis que eso era diferente, cuando él no más estaba entre ellos?

¡“El espíritu vino más tarde sobre ellos”, afirman a tal respecto muchas personas, que poco o nada piensan! Pero el espíritu no transformó, concomitantemente, tampoco las fallas del cerebro. Pero, ese pensamiento, los débiles consideran pecado, en cuanto eso es solamente una excusa para su pereza en el espíritu, que así juzgan poder atenuar.

¡A la brevedad, sin embargo, despertaréis de la tibieza de tales pensamientos! “Pero cuando el Hijo del Hombre venga...” declaró Cristo advirtiendo, amenazando. ¡Recordadlo, cuando, entonces, llegue la hora de la anunciación, en la cual el propio Señor revele que envió el Hijo del Hombre a la Tierra! ¡Recordad que Cristo amenazó con eso toda la humanidad espiritualmente perezosa! — —

Cuando él, pues, dijo antaño al joven rico que debería regalar todos sus bienes y propiedades, entonces, eso fue necesario solamente para éste; pues él había preguntado: “¿Qué debo yo hacer...?” ¡Y Cristo dio la respuesta a él, no debía destinarse en ese sentido a la humanidad toda!

Al joven rico, muy personalmente, el consejo podía ser útil. Él era demasiado débil dentro de si, para elevarse interiormente en el conforto de su riqueza. ¡Por eso, la riqueza era para él un impedimento para la ascensión de su espíritu! El mejor consejo, que por eso podía venirle de Cristo, era naturalmente aquello, que eliminaba todo lo que estorbaba. En este caso, pues, la riqueza, que inducía el joven a la comodidad.

¡Pero, también solamente por eso! ¡No porque una persona no deba tener riquezas!

¡Un ser humano, que no acumula inútilmente sus riquezas, para con ellas granjear placeres para si propio, pero que las utiliza de modo acertado y las emplea en el sentido correcto, las transformando en bendiciones de muchos, es mucho más valioso y más elevado, de lo que aquél, que da de regalo todas ellas! ¡Él se encuentra muy encima, favoreciendo la Creación!

¡Tal hombre consigue, a causa de su riqueza, dar trabajo a millares durante toda la existencia terrena, les proporciona así la conciencia del sustento por el propio trabajo, lo que actúa fortaleciendo, favoreciendo, sobre el espíritu y sobre el cuerpo! ¡Sólo que ahí debe permanecer, como algo natural, una relación correcta entre trabajo y descanso, así como debe ser dada la recompensa correcta a cada trabajo prestado, debe prevalecer ahí un equilibrio severamente justo!

Eso mantiene movimiento en la Creación, que es indispensable para el saneamiento y armonía. Un regalo unilateral, pero, sin exigir retribución sólo trae, según las leyes de la Creación, paralización, disturbios, conforme se evidencia en todo, incluso en el cuerpo terreno, donde, por la falta de movimiento, se originan el espesamiento de la sangre, estagnación de la sangre, porque solamente en el movimiento un cambio de oxigeno así aumentado hace la sangre correr más libre y más pura a través de las venas.

Esa ley del movimiento indispensable, el ser humano encuentra por toda parte en millares de formas, sin embargo, siempre se asemejando en su esencia. Está presente en cada caso aislado y, sin embargo, se engrana recíprocamente en toda la Creación, por todos los planos, y incluso el espíritu necesita de la practica sin interrupciones de esa ley, si quiera seguir existiendo, mantenerse vigoroso y acender.

¡Nada, sin eso! Movimiento por toda parte en equilibrio incondicional entre regalar y recibir.

No fue ningún principio básico general, que el Hijo de Dios estableció en el consejo dado al joven rico, pero, sí, se destinaba exclusivamente al joven, o, aún, a aquellos que se asemejan a él, igualmente demasiado débiles para dominar la riqueza. Quién se permite dominar por la riqueza, éste también no debe poseerla; pues no le sirve. Solamente en la mano de aquél, que la domina, ella traerá también provecho y éste debe tenerla toda vez que con eso sabe ayudar a si propio y a muchos otros, toda vez que con eso mantiene y favorece el movimiento el la Creación.

¡Con el regalar, eso nunca ocurre o solamente muy raramente! Solamente la necesidad lleva muchas criaturas humanas al despertar, al movimiento. Apenas cuando les advenga demasiado rápido un auxilio de parte ajena, se acomodan, confían en ese auxilio y sucumben ahí espiritualmente, porque ellas propias no consiguen quedar en movimiento sin impulso. Viven, entonces, sin albo, y llenan su tiempo frecuentemente solamente aún para ver en los otros, sólo no en si propias, todo aquello, que hay para censurar, sin embargo, deseando para si lo que los demás poseen. ¡Con el regalar unilateral se cría una generación perezosa, imprestable para una vida sana, alegre, y con eso nociva para toda la Creación!

¡Esa no fue la intención del consejo de Cristo! — — —

El Hijo de Dios también nunca habló contra la riqueza en si, pero siempre solamente contra personas ricas, quienes a causa de la riqueza se dejaron endurecer contra todos los sentimientos de conmiseración por la penuria ajena, que sacrificaron así su espíritu a la riqueza, no tuvieron interés por nada más sino la riqueza, por lo tanto, se dejaron dominar totalmente por la riqueza.

Que el propio Cristo no depreciaba ni condenaba la riqueza, él muestra con sus frecuentes visitas a casas ricas, donde como visitante entraba y salía amigablemente.

Él propio tampoco era pobre, conforme extrañamente tantas veces es supuesto. No existe ningún fundamento para esa suposición de su pobreza, tornada casi popular.

Cristo jamás conoció preocupaciones cuanto a su subsistencia. Nació en ambiente que hoy es denominado de clase media, toda vez que exactamente solamente ese suelo aún había permanecido lo más sano. Él no tenia en si ni el cultivo exagerado de todas las clases ricas y de los círculos de nobleza, ni la amargura de las clases operarias. Eso ha sido precisamente elegido. José, el carpintero, podía ser llamado de abastado, de ninguna manera de pobre.

Que Cristo haya nacido antaño en el establo de Belén fue meramente la consecuencia de una sobrepoblación de la localidad de Belén, debido al censo, razón por la cual también José había ido hasta allá. José simplemente no encontró más ningún alojamiento, conforme también hoy, aquí y allí, aún puede fácilmente ocurrir a muchas personas en eventos muy especiales. Con pobreza, todo eso nada tuvo que ver. En la casa de José hubiera habido dormitorios según la manera de los ciudadanos abastados.

¡Y Cristo tampoco precisaba vivir en la pobreza! Ese concepto sólo se originó, porque aquello que vino de Dios no era susceptible para todo lo que de riqueza material iba más allá de las necesidades de la vida terrena. ¡La misión, que él vino cumplir, no se destinaba a lo que era terreno, pero solamente al espiritual!

De modo errado también se emplea hoy la indicación de Cristo, de que los seres humanos son “hermanos y hermanas”. Cuán terrenalmente enfermo para ideas comunistas, cuán repugnantemente sentimental en lo que se refiera a la religión. Trabajando directamente hacia el encuentro de las tinieblas; pues, según la concepción de hoy, eso retiene incondicionalmente el libre esfuerzo ascendente, deseado por Dios, del espíritu humano individual. Ahí, ennoblecimiento jamás puede ocurrir. Todo eso, nuevamente, son solamente deformaciones enfermas de aquello, que Cristo quería.

Cuando él dijo que todas las criaturas humanas son hermanos y hermanas, muy lejos estaba de pensar en tales excrecencias, como frecuentemente ahora ahí se manifiestan. ¡Dijo aclarando para la época de antaño, cuando el abuso de toda especie de esclavitud se encontraba en la más alta florescencia, cuando se regalaban y se vendían seres humanos, los considerando así sin voluntad propia!

Pero las criaturas humanas son hermanas y hermanos en el espíritu, de su origen. Son espíritus humanos, que no deben ser vistos como mercaderías sin voluntad, toda vez que cada espíritu humano lleva en si la capacidad de la voluntad autoconsciente.

Solamente de esa forma ha sido intencionado, jamás debía significar aquella igualdad de derechos, que hoy ahí se busca. ¡Tampoco espíritu humano alguno llega al Paraíso, sólo porque le es permitido denominarse espíritu humano! Ahí no existe igualdad de derechos en sentido general. Ejercen un papel decisivo las condiciones de madurez. Primer, el espíritu humano tiene que cumplir todo, hacer todo lo que es capaz de dar en la voluntad hacia el bien. Sólo así adviene la madurez, que puede tornarle accesible el Paraíso.

¡Leyes férreas se encuentran en la Creación, las cuales, por la denominación de hermanito y hermanita, jamás podrán ser derrumbadas o desplazadas desde el origen! ¡Tampoco aquí en la Tierra! De que manera incisiva el propio Hijo de Dios mandó separar el terrenal del espiritual y, sin embargo, cumplir, se encuentra de modo claro y nítido en su declaración: ¡Da a Cesar lo que es de Cesar, y a Dios, lo que es de Dios! —

Y así ocurre con muchas frases y relatos de la Biblia, en los cuales, en la retransmisión, los seres humanos colocaron su concepción como base.

Sin embargo, todos aquellos escritores no querían antaño establecer con eso ley alguna para toda la humanidad, pero solamente relatar.

Les es igualmente perdonable que los seres humanos terrenos de aquél tiempo, incluso los discípulos de Cristo, no comprendiesen mucha cosa de lo que el Hijo de Dios les decía, hecho que frecuentemente tanto lo entristecía. Y, que más tarde retransmitiesen todo a la manera de su propia incomprensión, se pasó con la mejor intención, así, como ha sido conservado en las memorias, que, por ya mencionados motivos, no deben ser consideradas como intocables.

Imperdonable, sin embargo, es que más tarde criaturas humanas simplemente osasen afirmar como firmemente establecido: ¡Cristo dijo! ¡Y, con eso, atribuyen con determinación, sin más ni menos, al Hijo de Dios las erróneas acepciones humanas, los productos de la falla capacidad de memoria humana, solamente para así, con empeños egoístas, fundar y mantener una estructuración doctrinaria, cuyas lagunas, ya desde el inicio, tenían que mostrar toda la construcción frágil y quebradiza a cualquier vigoroso intuir, de modo que solamente en la exigencia de fe ciega había la posibilidad de que las innumeras fallas en la construcción no pudiesen ser vistas de inmediato!

Se mantuvieron y se mantienen aun hoy solamente con la exigencia rígida de la fe ciega y con las palabras incisivas: ¡Cristo dijo!

¡Y esa frase, esa afirmativa calculista habrá que tornarse para ellos un terrible juicio! ¡Pues es tan falsa como la osadía de decir que la crucifixión de Cristo ha sido deseado por Dios, a fin de lavar todos los pecados de esas criaturas terrenas con el sacrificio! Todo lo que reside en el hecho de deformar de tal modo el asesinato del Hijo de Dios con tan increíble presunción humana, qué osada injuria a eso está atada, a reconocer eso el futuro enseñará, la humanidad ahora irá experimentar en si.

Yo, Imanuel, a vosotros digo hoy:

¡Ay de las criaturas humanas, que antaño asesinaron el Hijo de Dios en la cruz! ¡Pero cien veces ay de vosotros, que, después de eso, millares de veces o han crucificado en su Palabra! ¡Y que aún hoy lo asesináis diariamente, a toda la hora, siempre de nuevo! ¡Caerá sobre vosotros un pesado juicio! — —


20. Sumisión

“¡Hágase Tu voluntad!” ¡Personas que creen en Dios pronuncian estas palabras con sumisión! Ahí, sin embargo, vibra siempre una cierta melancolía en sus voces o está en los pensamientos, en las intuiciones. Tales palabras son empleadas casi que exclusivamente allá, donde un sufrimiento se alojó, que es inevitable. Allá, donde el ser humano reconoce que nada más podía hacer en contra.

Entonces, si él cree, habla en una inactiva sumisión: “¡Hágase Tu voluntad!”

Sin embargo, no es humildad, que lo hace hablar de esa forma, pero esas palabras deben proporcionarle tranquilidad a uno en relación a un hecho, donde él era impotente.

Éste es el origen de la sumisión, que el ser humano en tal caso exprime. Si a él le fuese concedida, sin embargo, la menor posibilidad de una alteración en eso, entonces, él no preguntaría por la voluntad de Dios, pero la sumisión sería pronto otra vez cambiada para la forma: ¡Hágase mi voluntad!

¡Así es el ser humano! — — —

“¡Señor, haz comigo como Tu lo quieras!” e idénticas canciones se oyen muchas veces durante los funerales. En el intimo, sin embargo, cada ser humano en luto lleva la inabalable voluntad: “¡Si yo pudiese cambiar esto, inmediatamente lo haría!”

La sumisión humana nunca es legitima. En lo más profundo de un alma humana está anclado lo contrario de eso. Una revuelta contra el destino, que lo alcanza, y es exactamente esa revuelta que lo hace sufrir, que lo “oprime” y curva.

El enfermizo en este caso es el empleo erróneo del sentido de estas palabras: “¡Hágase Tu voluntad!” Ellas no pertenecen al lugar, en que el ser humano y las iglesias las utilizan.

¡La voluntad de Dios reside en las leyes de esta Creación! Cuando, entonces, el ser humano dice: “¡Hágase Tu voluntad!”, eso corresponde a la afirmativa: “¡Quiero respetar y seguir Tus leyes en la Creación!” ¡Respetar quiere decir observar, observar, sin embargo, exige vivir en conformidad con ellas! ¡Sólo así el ser humano puede respetar la voluntad de Dios!

¡Sin embargo, si él quiera observarla, si él quiera vivir según ella, entonces, antes de todo, también tiene que conocerla!

¡Pero es exactamente éste el punto en que la humanidad terrena pecó de la peor manera! ¡La criatura humana hasta ahora jamás se importó con las leyes de Dios en la Creación! ¡Es decir, no se importó con la sagrada voluntad de Dios! Sin embargo, repite siempre y siempre de nuevo: “¡Hágase Tu voluntad!”

¡Ved cuan irreflexionadamente se presenta el ser humano terreno ante Dios! Cuan insensatamente busca utilizar las elevadas palabras de Cristo. ¡Gimiendo, no raramente retorciéndose en sufrimiento, sintiéndose derrotado, pero nunca en alegre promesa!

“Hágase tu voluntad” quiere decir en la realidad: “Quiero actuar en conformidad” o “¡Quiero Tu voluntad!” Análogamente podría ser dicho: “¡Quiero obedecer Tu voluntad!”

Pero quién obedece también hace algo. Aquél que obedece no queda inactivo, eso ya reside en la propia palabra. Quién obedece ejecuta algo.

Sin embargo, de la manera como el ser humano de hoy dice: “¡Hágase Tu voluntad!”, entonces él “propio no quiere hacer nada”, pero coloca en su intuir el sentido: “¡Yo me quedo inmóvil, hazlo Tu!”

Con eso, se siente agrandado, cree haberse dominado y haberse “absorbido” en la voluntad de Dios. El ser humano se tiene incluso superior a todos, juzga haber realizado un enorme progreso.

¡Todos eses seres humanos son, sin embargo, imprestables débiles, ociosos, entusiastas, fantasistas y fanáticos, pero no miembros útiles en la Creación! Hacen parte de aquellos, que por ocasión del Juicio tendrán que ser rechazados; ¡pues no quieren ser trabajadores en la viña del Señor! La humildad, de que se vanaglorian, nada más es de lo que indolencia. ¡Son criados perezosos!

¡El Señor exige vida, que se manifiesta en el movimiento! —

¡Sumisión! ¡Esta palabra no debe existir para los que creen en Dios! ¡Colocad en su lugar “voluntad alegre”! ¡Dios no quiere sumisión tosca de los seres humanos, pero, sí, actuación jubilosa!

Observad una vez correctamente a los así nombrados “sumisos a Dios”. ¡Se tratan de hipócritas, que llevan en si una gran mentira!

¡Qué sirve un mirar lleno de sumisión hacia el alto, cuando ese mirar al mismo tiempo ve el ambiente de modo astucioso, codicioso, presuntuoso, arrogante y malicioso! Tal actitud solamente lo torna doblemente culpado.

Los sumisos llevan la mentira en si; ¡pues sumisión jamás es compatible con “espíritu”! ¡Luego, tampoco con un espíritu humano! ¡Todo cuanto es “espíritu” tampoco puede tornar viva dentro de si la capacidad de verdadera sumisión! ¡Donde eso sea intentado, tendrá que permanecer artificial, por lo tanto, auto-ilusión o incluso hipocresía conciente! Pero nunca puede ser intuido verdaderamente, porque el espíritu humano, siendo espiritual, no alcanza eso. La presión, bajo la cual se encuentra el espíritu humano, no deja llegar a la conciencia la capacidad de una sumisión, él es demasiado fuerte para eso. Por consiguiente, el ser humano no la puede poner en practica.

¡La sumisión es una facultad que se encuentra solamente en el enteal! Se manifiesta legítimamente solamente en el animal. ¡El animal es sumiso a su dueño! ¡El espíritu, sin embargo, no conoce tal significado! Por eso, ella también permanece siempre antinatural para las criaturas humanas.

A los esclavos, la sumisión era enseñada con esfuerzo y rigor, porque eran igualados a los animales en la compra y venta, como propiedad personal. Pero la sumisión en esos esclavos jamás podía tornarse realmente legitima. Se trataba de resignación, fidelidad o amor, que se ocultaba bajo la sumisión y la evidenciaba, nunca, sin embargo, autentica sumisión. La esclavitud es antinatural entre los seres humanos.

¡La sumisión del enteal encuentra su gradación en el espiritual en la fidelidad conciente y voluntaria! ¡Lo que, por lo tanto, la sumisión significa en el enteal es, en el espiritual, la fidelidad!

¡Sumisión no es apropiada al ser humano; porque él es del espíritu! Prestad solamente más atención al propio idioma, él ya expresa en sus palabras lo correcto, trae en si el verdadero sentido. Dad a vosotros el imagen cierta.

“¡Sométete!”, ordena, por ejemplo, también el vencedor al vencido. En estas palabras reside el sentido: “¡Entrégate a mi, sin restricciones, por lo tanto, incondicionalmente, para que yo pueda disponer de ti, de acuerdo con mi criterio, también sobre vida y muerte!”

El vencedor, sin embargo, actúa en eso incorrectamente; pues el ser humano, aún en la victoria, tiene que orientarse rigorosamente de acuerdo con las leyes de Dios. En el contrario, con cada omisión ahí, él se torna culpado ante el Señor. ¡El efecto retroactivo lo alcanzará, entonces, seguramente! ¡Así es en la persona individual como también en pueblos enteros!

¡Y ahora ha llegado el tiempo en que todo, todo tiene que ser remido, lo que aconteció hasta aquí en el mundo! También todas las injusticias en la ultima guerra mundial. ¡Lo que ahí ha sido injusticia, lo que hoy pasa en la Tierra, no quedará una sola palabra sin ser expiada!

¡Esa expiación no está reservada a un futuro remoto, y, sí, ya al presente!

El rápido rescate de todos los efectos retroactivos no está, por acaso, en oposición a las leyes de la Creación, pero, sí, se encuentra de forma muy correcta en la propia ley.

¡El funcionamiento del engranaje es acelerado en el presente por la fuerza de la irradiación de la Ley encarnada, que fuerza los efectos finales, en cuanto aumenta previamente todo hasta la fructificación y la sobre madurez, a fin de que el falso en eso se decomponga por si propio y, feneciendo, se juzgue, en cuanto lo que es bueno se torne libre de la presión del falso de hasta ahora y pueda fortalecerse!

¡En tiempo próximo, esa irradiación aumentará tanto que, en muchos casos, un efecto retroactivo surgirá pronto, inmediatamente!

¡Ese es el poder, que a la brevedad asustará a los seres humanos, y que en el futuro habrán que temer! Pero solamente aquellos, que hayan actuado de forma errada, habrán que temer con razón. ¡Si ellos se juzgaban correctos ahí, o pretendían hacer los demás creer en eso, no los salvará del golpe del efecto retroactivo, que actúa en las leyes de Dios! Aun cuando los seres humanos hayan inventado otras leyes sobre la Tierra, bajo cuya protección muchos actúan de modo errado, injusto, en la ilusión de también estar ahí en el derecho, eso no les saca uno granosito de polvo de su culpa.

Las leyes de Dios, es decir, la voluntad de Dios, no se importan con las opiniones de esos seres humanos terrenos, que ellos asentaron en las leyes terrenas, aun cuando todo el mundo ahora las haya considerado como correctas. ¡Lo que no esté en acuerdo con las leyes de Dios será ahora alcanzado por el golpe de la espada! ¡Juzgando en el remate!

Pueden alegrarse ahora todos aquellos, quienes de acuerdo con las leyes de Dios sufrieron inocentemente bajo las criaturas humanas; pues ahora recibirán justicia, mientras sus antagonistas o jueces están entregues a la justicia divina.

Alegrados; ¡pues esa justicia divina está próxima! ¡Ella ya actúa en todos los países en la Tierra! ¡Observad las confusiones! ¡Son las consecuencias de la Voluntad de Dios que se acerca! ¡Es el inicio de la purificación!

¡Fue prometido que el pie del enviado de Dios no debe pisar en el polvo del pasado!

¡Por ese motivo, ya ahora se está agotando todo cuanto es errado entre los seres humanos, sea en la economía, en el Estado, en la política, en las iglesias, en las sectas, en los pueblos, en las familias y también en el ser humano individual! ¡Ahora todo, todo será arrastrado hacia delante de la Luz, para que se muestre y al mismo tiempo en ella se juzgue! Incluso aquello que hasta ahora pudo mantenerse escondido, tiene que mostrarse tal cual realmente es, tiene que actuar y así, por ultimo, desesperarse de si propio y de los demás, desintegrarse y pulverizarse. ¡Nada existe ahora en la Tierra, que fuese del agrado de Dios!

De ese modo todo hoy burbuja bajo la presión de la Luz ya en todos los países, en todos los lugares. ¡Cada miseria aumenta, hasta llegar al desespero y por fin quedando solamente desesperanza, con la conciencia de que los que querían salvar solamente tenían palabras huecas al lado de deseos egoístas, pero no podían llevar ningún auxilio! Guerreros del Grial pasan bramando por sobre todas las cabezas y baten con golpes cortantes donde una cabeza no quiera curvarse.

¡Sólo entonces surge suelo adecuado para otra vez implorar por el auxilio de Dios! Después de asesinato e incendio, hambre, epidemias y muerte, después del reconocimiento de la propia incapacidad.

¡En medio de la desesperación, sin embargo, auxiliares en el servicio del Grial iniciarán su misión! Empieza la gran edificación.

Ningún otro consigue llevar auxilio a los aliquebrados. ¡Ellos deben, entonces, tornarse libres de la opresión de las tinieblas! ¡Pero deberán quedar también libres dentro de si mismos! Tornarse libre dentro de si mismo, sin embargo, cada uno solamente lo consigue sólo. Pero, para tanto, necesita saber lo qué significa libertad, lo qué ella es.

¡Libre solamente es el ser humano que vive en las leyes de Dios! Así, y no diferente, él se encuentra sin presiones ni restricciones en esta Creación. Todo lo ayuda, entonces, en lugar de obstruirle el camino. Todo lo “sirve”, porque él lo utiliza de modo correcto.

Las leyes de Dios en la Creación son, en la realidad, solamente todo aquello, que cada ser humano necesita para una vida sana y alegre en la Creación. ¡Son para él, por decir así, nutrición para el bien estar! ¡Solamente quién conoce la voluntad de Dios y vive de acuerdo con ella es verdaderamente libre! Todos los demás tienen que atarse en muchos hilos de las leyes de esta Creación, toda vez que ellos mismos se enmarañan en ellos.

La Creación se originó en la voluntad de Dios, en Sus leyes. Actuando en conjunto, esos hilos de las leyes bajan cada vez más y fuerzan por toda parte movimiento hacia el desarrollo, ramifican en el desarrollo necesariamente por si propios también cada vez más, en cuanto al rededor de los hilos, en el movimiento continuo, se forman constantemente nuevas Creaciones. De este modo, las leyes dan simultáneamente el apoyo, posibilidad de existencia y progresiva ampliación de la Creación.

Nada existe sin esa voluntad de Dios, la cual, únicamente, genera movimiento. Todo en la Creación se orienta por ella.

¡Solamente el espíritu humano no se ajustó a esos hilos! Se enmarañó, y con eso a si mismo, porque quería seguir nuevos caminos según su voluntad y no le dio atención a los ya listos, existentes.

La existencia en la Tierra de la Voluntad de Dios trae ahora una alteración. Los hilos de todas las leyes divinas en la Creación serán cargados con fuerza aumentada, de manera que se estiren poderosamente. Debido a esa increíble tensión, ellos rebotan a su posición original. ¡Ahí, se desenreda todo el enmarañado y todos los nudos de una manera súbita e irresistible, que el acontecimiento simplemente destruí lo que en la Creación no es más capaz de ajustarse a la posición correcta!

¡Sea lo que sea, si vegetal o animal, montañas, ríos, países, Estados o ser humano, colapsará todo aquello, que no pueda mostrarse en el ultimo momento como legitimo y deseado por Dios!


21. Espinas de la materia fina

El camino hacia la Luz y hacia la Verdad es considerado lleno de espinos y pedregoso, penoso y difícil, ya desde tiempos remotos.

El ser humano lo acepta simplemente como siendo de esa forma. Nadie medita por qué es así, cuál puede ser el verdadero motivo de eso. Y quién alguna vez se preocupe realmente con eso, seguramente hará una falsa imagen al respecto.

¡Lleno de espinas y de piedras, penoso y difícil es solamente un camino, que es dejado sin trato, que es poco transitado!

Éste es el motivo por lo cual él parece difícil a aquellos pocos que, después de mucho errar, lo eligen para seguir. También ahí es necesario que se tome siempre en consideración el acontecimiento natural, y no imaginaciones falsas y fantásticas, con las cuales a un cerebro humano le gusta complacerse al pensar de esa forma.

El camino hacia la Luz fue, desde el inicio, igualmente sólo luminoso y bello. ¡También hoy él todavía no es diferente para aquél espíritu humano, que lo recorre con espíritu liberto, libre de falsos conceptos, con los cuales muchos de buen agrado dejan cultivar y proliferar sus caminos espirituales!

¡Depende exclusivamente del ser humano! ¡Una persona, que todavía deja su espíritu ver libremente hacia la Luz, que con su intuición jamás dejó de ponderar aquello, que sus próximos le enseñan o relatan, ésa cuidó del camino que conduce a la Luz, lo conservo limpio para si! ¡No encontrará espinas, ni piedras, mientras lo recorra, pero, sí, suaves alfombras de flores bañadas de Luz que solamente encantan a los ojos, tornan ligeros sus pasos!

Cada ser humano tiene que cuidar del camino para sí propio, tiene que cuidar de él y ocuparse con él. ¡Quien no lo hace, para éste él se tornará, debido al descuido, repleto de espinos y piedras, solamente todavía difícil de recorrer, y muy frecuentemente también totalmente soterrado, de forma que, por fin, nunca más consigue descubrirlo, aún cuando lo busque!

¡Ponderar, con la propia intuición, lo que el ser humano escucha y lee! Eso es necesario para él, si quiere conservar su camino libre y bello. Ahí, al leer y oír algo, ya en el inicio intuirá inmediatamente si él lo oprime, tal vez lo confunda o le deje dormido, pareciendo a un sonido patrio.

¡Mientras tanto, sin embargo, nunca deberá olvidar qué verdadera grandeza y naturalidad también están siempre ancladas solamente en la simplicidad! Donde ésta falte, donde haya la necesidad de recurrir a designaciones de todo tipo, ahí faltará también la autenticidad. Los caminos, entonces, nunca son claros, tampoco pueden ser con mucho sol.

De esa forma, por ejemplo, todo ser humano de visión límpida, mientras lee o escucha todo lo que es místico u oculto, pronto intuirá fuertemente los puntos obscuros, como también con relación al dogma de las iglesias. Cosas vagas o palabras altisonantes deben encubrir, por toda la parte, la ignorancia que demasiado se evidencia. Se adula, entonces, de buen agrado las almas humanas, se entona una dulce canción a sus principales debilidades, en primer lugar a la presunción, a fin de que pasen con facilidad y de buena voluntad sobre todos los puntos podridos, dejen, desatentas, de reconocer las lagunas profundas y las imposibilidades, que, siempre de nuevo advirtiendo, se presentan a ellas.

Quién, sin embargo, está atento a la advertencia sutil de su espíritu no turbado, conserva libre para si el camino en dirección hacia la Luz y la Verdad.

¡Aún así, quién se deja engañar por estas cosas vagas y sofocantes, por conceder espacio ilimitado a los propios pensamientos fantásticos, éste permite cubrir en si el límpido camino con enmarañados de lianas, que impide y dificulta su libre camino, que también lo veda muchas veces por completo!

Las tentaciones, de poder ceder ilimitadamente lugar a las propias configuraciones fantásticas, son muy fuertes. ¡El número de personas que en ellas se mueven con placer no quiere llegar a un fin, porque ahí cada uno puede decir algo, puede sentirse importante en las inseguridades sombrías del caótico mundo de pensamientos!

Para los devotos de las iglesias no será, ni de lejos, tan difícil liberarse para llegar a la Verdad, cuanto para los adeptos de sectas y asociaciones ocultistas. ¡Necesitan solamente empeñarse en ese sentido con cierta seriedad, ponderar una vez calmamente, para reconocer inmediatamente las fallas, que fueron allí tejidas por el querer saber del intelecto, obscureciendo y perturbando el verdadero camino!

A un espíritu humano sincero no le cuesta gran esfuerzo distinguir rápidamente la verdad de los errores en todas las iglesias. ¡Por este motivo, para un ser humano verdaderamente examinador, la ligazón con las iglesias no es tan grande cuanto parece! Un simples y sincero querer ya basta para romper inmediatamente esas ligazones en la convicción propia despertando rápidamente.

La iglesia prende solamente espíritus humanos espiritualmente indolentes. Por ellos tampoco se debe lamentar, porque con eso ellos se muestran como los siervos perezosos de su Señor.

¡Observando calmamente, cada persona nota pronto que la actual iglesia no significa nada más sino una institución que visa el poder terrenal y la autoconservación, como lo demuestran las opiniones y los actos de sus empleados, a toda hora siempre de nuevo, en las instigaciones y hostilidades contra aquellos, que a ellos no se someten! Reconocer todo eso no es difícil. De esa forma también todas las vacuidades e imposibilidades, que están entretejidas en las acciones, aseveraciones y doctrinas. Para tanto, no es necesario en absoluto un espíritu perspicaz.

Por eso, una iglesia no puede traer tan grandes perjuicios para personas que piensan, como generalmente se supone. ¡Los vivos en el espíritu, ella no consigue prender!

¡Con todo esto, perjuicio sin igual, que mal puede ser nuevamente reparado, causan al espíritu humano las sectas y asociaciones ocultistas de todo tipo! ¡A pesar de que solamente buscan simular un saber propio, que nada tiene que ver con el verdadero saber! Adulan a los seres humanos de intelecto, como también a todos los que buscan. Y, de esa forma, logran éxito; pues también entre aquellos que buscan existe un gran número que, a pesar de la búsqueda por la Luz, cargan consigo todavía todas las vanidades de sus almas, de las cuales naturalmente se tornan rápidamente victimas.

¡Toda vez que justamente el ocultismo y también el misticismo ofrecen posibilidades ilimitadas de expansión a esas vanidades, ellos también son atraídos en esa dirección, de acuerdo con la ley de atracción de la igual especie! Los ocultistas ya notaron frecuentemente el efecto más externo, mínimo de esa ley, y buscan hacer provecho de él. ¡Su débil actividad en ese acontecimiento natural, ellos nombran de modo ostentoso de “magia”! ¡Suena bien y, además de eso, parece misterioso!

¡Aún así, la ley en sí, en su simplicidad, y, sin embargo, en la realidad de importancia incandescente de mundos y dominadora, ellos todavía no conocen en su grandeza! ¡Ignoran que con todo su querer saber son empujados de un lado hacia el otro por los puños de esa ley de la Creación como míseros muñecos desamparados!

La actuación de esas personas ata sus adeptos y partidarios a planos bajos, a los cuales ni tendrían necesidad de dar atención, si recorriesen serenamente su camino en toda la simplicidad y dignidad, que condicen al espíritu humano. De esa forma, sin embargo, serán retenidos, están en la mayor parte incluso perdidos a causa de eso; pues para el espíritu humano es necesario un enorme esfuerzo, a fin de liberarse nuevamente de los juguetes de todos los ocultistas, que encadenan los espíritus. ¡Actividades de tal especie desvían fuerzas espirituales de los caminos rectos, que conducen hacia las alturas! La fuerza para nuevamente liberarse de eso solamente raramente consiguen reunir, toda vez que espíritus fuertes, de cualquier manera, no permanecen entre los ocultistas, excepto para saciar su vanidad.

Donde, sin embargo, en los numerosos ramos de ocultismo realmente todavía pueda ser encontrado algun saber, se trata, entonces, solamente, y nunca de otra forma, de los ambientes más inferiores de la parte fina de la materia gruesa o también de la parte gruesa de la materia fina, por lo tanto, de las camadas de transición más cercanas, distinguidas con nombres altisonantes, a fin de aparentar alguna cosa, como corresponde a la presunción de todos los que caminan a los palpamientos.

En la realidad es casi nada. ¡O tal vez sí! Sólo que nada hacia la ascensión, pero, sí, para el atamiento de cada espíritu humano, que en su especie original solamente necesitaría pasar por sobre todo eso, altiva y libremente, sin ahí todavía detenerse. ¡De esta forma, sin embargo, dan un valor a las futilidades, que las transforman en una enredadera de lianas, que, a través de la actuación de los ocultistas, los secuaces de Lucifer utilizan, entonces, como trampas para centenas de millares! Quedan presos en ellas, como moscas en telas de araña.

¡Ved, pues, solamente sus libros! ¡Cuanta cosa en ellos ya se acumula de asquerosa auto-adulación de grandes y pequeños pretensos sabedores!

Hechos evidentes, ridículamente pequeños, son exagerados como se fuesen cosas elevadas, con una tenacidad y persistencia, que podrían ser utilizadas para cosas mejores. Hechos, que las bisabuelas interpretaban mucho más claramente de lo que eses descendientes, los cuales quieren, con tanto alarde, llamar la atención sobre si y su elevada sabiduría. Cuanto más absurda la historia, cuanto más incomprensible el modo de expresión en formas rebuscadas, tanto más bellos son considerados. Sensacionalismo a cualquier precio es muchas veces el supremo objetivo, como pasa con muchos periodistas, que ahora aparecen en masa, a los cuales nada más es sagrado, mucho menos aún la Verdad.

¡Es increíble, cuánto es lanzado sobre la humanidad! Y muchos se agarran a eso con demasiado placer. Pues es “interesante”, a veces incluso puede provocar escalofríos. El lector y el oyente puede, a continuación de tejer los pensamientos, ponerse, a si mismo, en una sensación de pavor, incluso aún representar un papel ahí; pues se siente cercado de las más lúgubres cosas, que antes jamás lo habían perturbado. ¡Debido a eso, él, de repente, es algo, al rededor de lo cual mucha cosa sucede a su causa!

Precisamente todo aquello, que el ser humano no comprende totalmente, pero que puede adornar con rica fantasía, las “posibilidades” seducen! De acuerdo con el propio criterio interpretan, entonces, mucho de lo que hasta ahora vivenciado, de lo que mucha cosa súbitamente representa un papel importante, al cual hasta ahora tampoco ha sido dada atención.

¡Adquiere contenido la vida, que hasta ahora había sido tan vacía! ¡Y con esto el ser humano, según su opinión, mucho ganó, despertó, se denomina espiritualmente conocedor!

¡Esos extraños seres humanos! Ni siquiera alcanzan pensar que en la realidad pudiese ser diferente. Nadan solamente todavía en el mundo de sus propios pensamientos, que a ellos les es tan confortable, porque se ha originado desde sus propios conceptos.

¡Este mundo, sin embargo, no es duradero! ¡Tiene que desintegrarse en las horas del Juicio! Entonces, sin embargo, todas esas almas estarán con frío, en indecible desespero, sin amparo, y juntas serán arrastradas hacia el remolino, que, por la presión de la Luz, tendrá que formarse súbitamente como a un tifón.

¡Con eso, todos solamente recibirán lo que criaron para sí! Inmenso es el perjuicio que causan en su vanidad. Los conceptos sagrados, que realmente ayudan a los seres humanos a acender, han sido por ellos retorcidos y deformados. De ellos existen solamente todavía las más maculadas imágenes sucedáneas, que muestran el cuño de la más tosca presunción humana. ¡Solamente ahí ya se prenuncia un Juicio terrible!

Pavorosas confusiones han sido provocadas. Observaciones superficiales de ramificaciones muy distantes del verdadero suceder en la Creación fueran establecidas como saber, las cuales deben servir para aclarar causas y el desenrollar, sin que los que de esa forma hablan poseen también verdadero saber al respecto de las leyes de esta Creación. ¡Ellos ni siquiera las presienten y solamente cosechan de su excitada fantasía!

¡Y de esta forma ellos distorsionan la sabiduría de Dios, que reposa en la Creación, maculan leyes sagradas, que no comprenden, además, tampoco conocen, y retienen millares de recorrer el camino sencillo y claro, que está exactamente determinado y también es útil para cada espíritu humano, y que los protege contra los peligros! ¡Al contrario, ellos propios provocan primero los innumerables peligros, que antes nunca existían, pero, si, sólo han sido formados por esa actuación lasciva!

¡El dia, sin embargo, está próximo, en que su vacío querer saber habrá que presentarse ante la Luz, en que habrán que confesar y sucumbir! ¡Ellos son los peores enemigos de todos los seres humanos en la Tierra que se esfuerzan para la Luz, que tampoco poseen siquiera un atributo, que a la hora de ponderar pudiese servir como excusa! ¡Inconcientemente son los más esforzados entre los cazadores de almas humanas para las tinieblas! Inconcientemente, porque la vanidad les turba la propia clareza. Ellos, por si, jamás alcanzarán la fuerza para salvarse; ¡pues se creen demasiado involucrados en las telas del querer saber mejor terrenal y de los errores, en que se soterraron!

¡En su arrogancia ilimitada, sin embargo, no sólo reducen al gran amor de Dios, pero quieren, ellos mismos, tornarse, en parte, incluso todavía seres humanos divinos!

No tardará mucho, y toda la humanidad habrá que reconocer qué ilimitada estupidez contiene precisamente ése pensamiento. ¡Él, por si sólo, ya demuestra que tales seres humanos no pueden tener idea alguna de las verdaderas leyes de Dios en la Creación tampoco de esta propia Creación!

¡Ellos mismos también edifican un trono para el espíritu humano, lo cual en la Creación tiene que servir solamente a la Luz! Buscan elevarlo al punto central, sí, al punto de partida.

Cuando hoy un ser humano, que sufre en aflicción corpórea y anímica, se dirige en oración ardiente a su Dios y desde allá es atendido, de modo que pueda restablecerse, entonces, estos pretenciosos presentan explicaciones unilaterales al respecto, que tienden a disminuir a Dios. ¡Hablan de auto-sugerencia que hubiera producido esa cura, de una fuerza latente en el cuerpo humano, en el espíritu humano, la cual le permite conseguir todo lo que quiera en el sentido correcto!

¡Con eso, es pronto cantado un himno de alabanza a la capacidad humana y maculada la santidad de la fe y de la convicción en el poder de Dios! ¡Maculada! Ese es el termo apropiado. Pues, con base en eso, muchos incluso pretenden afirmar que el propio Hijo de Dios, antaño, practicaba la sugerencia *(Transmisión de voluntad) y se estableció en auto-sugerencia *(Auto-persuación).

¡Hasta ese punto se atreve esa presunción humana de muchos ocultistas! ¡Se han tornado negadores de Dios y glorifican el espíritu humano!

¡Ni todos lo confiesan, porque no ven que sus doctrinas por ultimo sólo pueden afluir a ese punto! ¡Negación del poder inalcanzable de Dios son innegablemente los últimos frutos, que las doctrinas producen, si miremos hasta el fin!

Con habilidad luciferina retuercen los hechos en una imagen, que actúa muy convincente sobre el intelecto, muestra, sin embargo, a los que saben, el limite nítido donde la comprensión de tales ocultistas no más puede proseguir. ¡Esta presenta meramente el querer del intelecto, ningún vestigio, sin embargo, del saber espiritual puro! ¡La más gruesa auto-ilusión deja que los ocultistas se consideren discípulos de ciencias puras del espíritu! ¡Reside ahí casi una sutil ironía!

Con todo lo que dicen y hacen, comprueban solamente siempre de nuevo que poseen lo más pronunciado querer intelectivo, con especial destaque de todas sus debilidades, y que ellos quedaron muy distantes del saber espiritual, ante lo cual se encuentran completamente desamparados. No tienen noción alguna de la manera correcta de toda la actuación e conformidad con la ley en la Creación, aún menos comprenden la propia maravillosa Creación.

Tampoco en las curas milagrosas y en los milagros de Cristo jamás ha sido suspendida esa conformidad con la ley en la Creación. Esto ni podía ocurrir, toda vez que las leyes de Dios en la Creación son perfectas ya desde el inicio, y, por lo tanto, no pueden ser modificadas o suspendidas.

Fuerza divina acelera todos los efectos de las leyes y puede de este modo producir los milagros. El proceso en si está siempre en conformidad con las leyes de la Creación; puesto que de otra forma no sería posible ningún acontecimiento en la Creación, ni siquiera el más simple movimiento. ¡La elevada fuerza de origen divina, sin embargo, puede acelerar el efecto, en algunos casos, deflagrarlo inmediatamente! ¡Ahí se encuentra y surge el milagro para el espíritu humano!

Incluso Dios nunca actuará arbitrariamente, porque encierra en Si las leyes en la más pura forma, Él propio también es la ley. Por ese motivo, cada acción divina estará siempre de acuerdo con la ley. ¡Cada acto de voluntad de Dios se efectúa por ese motivo también siempre solamente en conformidad con esas leyes!

Supongamos que un enfermo pida con hervor por cura, en oración. Durante esa oración él se encuentra ampliamente abierto en espíritu para la realización de su pedido, en la humildad más pura. Consecuentemente el pedido se eleva, y en la irradiación de ese humilde pedido, por su parte, puede bajar la concesión hasta él. ¡Esa concesión es un querer proveniente desde la Luz! El querer reside en la propia Luz, siempre inalterado, a cualquier momento dispuesto a ayudar allá, donde encuentre el suelo adecuado. El pedido humilde es el suelo adecuado donde la fuerza pura de la Luz puede actuar. Se trata ahí, entonces, sí, de un merecimiento del espíritu humano también, porque éste se abrió a una posibilidad de auxilio, igualmente una consecuencia de cierto actuar o querer de ese espíritu humano, pero nunca también la causa de su propia cura. ¡No es tampoco aquella fuerza, que pudo auxiliarlo y lo auxilió!

¡El ser humano solamente puede abrirse para eso, pero nunca podrá curar a si propio por la auto-sugerencia! ¡Aquí el ocultista confunde, en su miopía, el abrirse para el auxilio con el propio auxilio! ¡Se trata ahí de una enorme culpa, con que él se sobrecargó de esa manera, y la cual tendrá que expiar pesadamente, porque, a través de eso, fue causada indecible desgracia a la humanidad!

Toda vez que el auxilio en la Luz está siempre a la disposición de los que se abren de modo correcto, en las pequeñas cosas incluso los envuelve constantemente, porque una parte para eso se encuentra en irradiaciones en esta misma Creación, correspondientemente debilitadas, los tan sabidos seres humanos llegaron, por ultimo, en sus observaciones presuntuosamente a la idea de que es el propio espíritu humano que pude criar ese auxilio para si.

¡Él puede conseguirlo, sí, pero apenas cuando abra de modo correcto a su espíritu, para dejarlo entrar! Nada más. ¡El propio auxilio, la fuerza, la irradiación para eso él no cría! ¡Ésta se encuentra únicamente en la Luz, en Dios, que se la envía para vosotros!

¡El ser humano, sin embargo, observa solamente el efecto, saca de ahí sus conclusiones, que hasta ahora, en muchos casos, fueron conclusiones ilusorias, oriundas de la presunción que lleva en si! ¡Podría realizar algo muy diferente con la sintonización correcta, es decir, con la apertura correcta y amplia de su espíritu! ¡Esto, sin embargo, él ha obstruido ante doctrinas de tantos ocultistas, a quienes les gustarían elevarse a seres humanos divinos! Porque, para ellos, las leyes primordiales de la Creación son hechos extraños.

¡Mil veces ramificadas y subdivididas, pero siempre siguiendo el impulso de la ley fundamental, irradiaciones de la Luz fortificante y con eso también curativa están entretejidas en la Creación posterior, esperando que la criatura las utilice! No se encuentran, sin embargo, en el espíritu humano, mucho menos aún en su propio cuerpo terreno, pero, sí, afuera de él. El espíritu humano tiene que buscar la ligazón y abrirse correctamente para la recepción, lo que ocurre mejor cuando se profundiza en una oración sincera.

Toda vez, pues, que el auxilio de la Luz está siempre a la disposición del espíritu humano, siempre cuando él quiera abrirse para tal, pasa que muchos encuentran pequeños auxilios por intermedio de un abrirse que ellos propios aprendieron. Donde eses auxilios ocurrieron, hubo antes un momento, que contenía la intuición de un espíritu humano, la cual correspondía realmente a las leyes en la Creación para la ligazón al auxilio. Esa intuición no necesita haber sido terrenamente conciente para el ser humano; pues ella es solamente un acontecimiento espiritual, que muchas veces no se torna perceptible al intelecto terreno. Para eso, basta la manifestación durante un momento. ¡Y ahí se ha iniciado el auxilio de la Luz, porque las respectivas leyes vigentes nunca serán derrumbadas! Ellas se cumplen, aunque a una persona eso suceda inconcientemente.

¡De eso, sin embargo, el ocultista nada ve, él cree, entonces, firmemente que lo consiguió de hecho solamente con su sugerencia, o con auto-sugerencia! Se ilude ahí; pues nunca tendrá el auxilio de allá, donde se torne necesaria una fuerza aún más intensa de lo que aquella, que siempre aun se encuentra a la disposición dentro de la Creación.

¡Puesto que, entonces, primero necesita partir desde arriba un acto especial de la voluntad de la Luz para reforzar la corriente de fuerza! ¡Y eso sólo puede ocurrir como consecuencia de una oración de verdadera fe, de una suplica proveniente de la convicción de la omnipotencia y del amor de Dios!

¡A veces también la sincera intercesión puede traer la realización del auxilio! Cuando una persona se enferma gravemente, ella está, entonces, en si también debilitada, apática. De esa forma no hay ninguna resistencia en ella, aun cuando antes no haya sido tan devota. ¡Ese estado de su espíritu permite la penetración de la fuerza de la Luz, la cual puede ser conducida por intermedio de intercesión sincera! Y así pasa, entonces, que también una persona, a veces, reciba auxilio por medio de intercesión.

Si, sin embargo, después de la cura, despierten en ella nuevamente resistencias contra la verdadera fe, entonces, crece con eso también su culpa. ¡En ese caso, hubiera sido mejor para ella si hubiese incluso fallecido, porque en la ocasión del fallecimiento, que irá pasar más tarde, habrá que caer más profundamente de lo que si tuviese ocurrido antes! Por estas razones, ni toda intercesión es justificada o buena. ¡Felizmente para el ser humano, muchas veces, la intercesión sincera no es atendida, para el bien del enfermo!

En el desconocimiento de los efectos de esas leyes simples de la Creación, ocultistas ambiciosos crearon para si una imagen incompleta y condujeron de esa forma millares de seres humanos hacia el laberinto, de lo cual será difícil escapar.

El esplendor de la expresión “fe pura”, “convicción pura”, quedó de esa forma envenenado y a los seres humanos fueron ofrecidos, como copia manchada, solamente los hechos mediocres del intelecto en la sugerencia y auto sugerencia.

¡El camino, que conduce al perfeccionamiento del espíritu humano, está vedado a los ocultistas por ellos mismos!

¡Se acerca, sin embargo, la hora, en que es puesto un fin a la baja actuación, en que, por ultimo, el conocimiento más elevado de la fuerza de la Luz hará de nuevo su ingreso para la elevación y salvación de muchos espíritus humanos!


22. Indolencia del espíritu

¡Perceptibles terrenalmente, las campanadas del reloj universal retumban ahora la décima segunda hora a través del Universo! Amedrentada, la Creación retiene su respiración, y, asustadas, se encojen todas las criaturas; ¡puesto que la voz de Dios suena hacia bajo y exige! ¡Exige prestación de cuentas de vosotros, que recibisteis la permisión de vivir en esta Creación!

Administrasteis mal el feudo que Dios en amor a vosotros concedió. ¡Serán excluidos ahora todos los servidores, que solamente pensaron en si, nunca en su Señor! Y todos aquellos, que a si mismos buscan elevar a señor. —

¡Vosotros, criaturas humanas, os encontráis recelosos ante mis palabras, porque no consideráis la severidad como divina! ¡Sin embargo, eso es solamente vuestra culpa, porque hasta ahora considerasteis todo lo que es divino, todo lo que viene de Dios como siendo amor condescendiente y perdonando todo, toda vez que las iglesias así lo han enseñado a vosotros!

Esas falsas enseñanzas, sin embargo, eran solamente cálculos del intelecto, que, como albo, encerraban en si la pesca colectiva de las almas humanas terrenas. Para cada pesca es necesario un cebo, que actúa atrayendo sobre todo lo que se tiene bajo puntería. La elección acertada de un cebo es lo principal para cualquier pesca.

Toda vez que esta era destinada a las almas humanas, se elaboró hábilmente un plan con sus debilidades. ¡El señuelo debía corresponder a la debilidad principal! ¡Y esa debilidad principal de las almas era la comodidad, la indolencia de su espíritu!

¡La Iglesia sabía muy bien que el éxito para ella habría que ser grande, bajo la condición que ella fuese ampliamente hacia el encuentro de esa debilidad y no acaso exigiese que de ella abdicasen!

¡Con ese reconocimiento cierto, ella construyó para los seres humanos un camino ancho y cómodo, que supuestamente debía conducir hacia la Luz, lo presentó seductoramente a estos seres humanos terrenos, que prefirieron dar un décimo de los frutos de su trabajo, caer de rodillas, murmurar oraciones cien veces, de lo que empeñarse espiritualmente siquiera uno sólo momento!

¡La Iglesia, por eso, asumió en el lugar de ellos el trabajo espiritual, también les perdonó todos los pecados, si los seres humanos a ella fuesen obedientes en las cosas terrenas y exteriores, y ejecutasen lo que la Iglesia les exigía terrenalmente!

Sea, pues, en visitas a las iglesias, en confesiones, en la cantidad de las oraciones, en las contribuciones, regalos o legados, no importa, la Iglesia se ha satisfecho con eso. Dejó a los fieles en una ilusión de que para todo que donasen a la Iglesia, les era asegurado también un lugar en el reino del cielo.

¡Como si la Iglesia dispusiese de esos lugares para distribuir!

¡Los servicios prestados y la obediencia de todos los fieles los unen, sin embargo, solamente con su Iglesia, no con su Dios! ¡La Iglesia o sus servidores no puede retirar o perdonar ningún granosito de culpa de un alma humana! ¡Tampoco le es permitido canonizar un alma, para que de esa forma intervenga en las perfectas y eternas leyes primordiales de Dios, que son inamovibles!

¡Cómo los seres humanos pueden osar reglamentar y también decidir sobre cosas, que reposan en la omnipotencia, en la justicia y en la omnisciencia de Dios! ¡Cómo pueden seres humanos terrenos querer hacer a sus próximos creer en tal hecho! ¡Y no menos sacrílego lo es de que seres humanos terrenos aceptan crédulamente tales atrevimientos, que tan nítidamente encierran la degradación de la grandeza de Dios!

Tal cosa increíble solamente puede tornarse posible entre los irreflexionados seres humanos gregarios que, ante tal conducta, se aplican un sello de reconocimiento de la mayor pereza espiritual; ¡puesto que la más sencilla reflexión deberá hacer cualquier persona reconocer inmediata y fácilmente que tales arrogancias no pueden ser explicadas ni siquiera con presunción humana o manía de grandeza, pero que ahí residen graves blasfemias contra Dios!

¡Siniestra habrá que tornarse la acción retroactiva!

El tiempo de la paciencia de Dios ahora también pasó. ¡Ira sagrada cae en las hileras de esos transgresores, que buscan con eso engañar la humanidad terrena, a fin de aumentar y conservar su prestigio, mientras íntimamente intuyen perfectamente que ahí se trata de cosas, a las cuales ellos nunca podrán ser autorizados a elevarse!

¡Cómo ellos pueden disponer sobre el Reino de Dios en la eternidad! ¡El rayo de la ira divina los resucitará del inconcebible sueño espiritual, de la noche para el dia, y... los juzgará! — — —

¡Qué da una criatura humana a su Dios con su obediencia a la Iglesia! En este caso, ella no tiene en su interior ni siquiera un único impulso intuitivo natural, lo cual únicamente es capaz de ayudarla a acender.

Yo digo a vosotros, en la realidad, las criaturas humanas solamente pueden servir a Dios justamente con aquello, que por las iglesias no ha llegado a la vida: ¡con el propio pensar, con el examinar independiente! Cada cual tiene que transponer sólo las muelas, el engranaje de las leyes divinas en la Creación. Y por eso es necesario que cada cual por si aprenda a conocer en tiempo cierto el tipo de las muelas y su andadura.

Precisamente eso, sin embargo, muchas iglesias ocultaron con pertinacia, para que los fieles no pudiesen llegar a la necesaria reflexión e intuición propia. Con eso, despojaron el ser humano de aquél bastón, único capaz de conducirlo sin peligro y dirigirlo rumbo a la Luz, y buscaron, en lugar de eso, inculcar a fuerza en cada ser humano una interpretación, cuya observancia solamente podía traer provecho a la Iglesia. ¡Provecho, influencia y poder!

¡Solamente con el movimiento del propio espíritu pueden las almas humanas servir a su Creador! Con eso, sin embargo, en primera línea simultáneamente también a si mismas. ¡Solamente un espíritu humano que se encuentra lúcido y vigilante en esta Creación, conciente de sus leyes, que se inserta en ellas con el pensamiento y la actuación, éste es agradable a Dios, porque con eso cumple, entonces, la razón de ser, que cada espíritu humano trae consigo en esta Creación!

¡Eso, sin embargo, jamás se encuentra en las practicas, que las iglesias exigen de sus fieles! ¡Pues a éstas falta naturalidad y libre convicción, saber, como condición esencial del verdadero servir a Dios! ¡Faltan la vivacidad y la alegría, para, ayudando, favorecer todas las criaturas, hacer que sus almas jubilen en la felicidad de la conciencia de poder colaborar en la belleza de esta Creación, como una parte de ella, agradeciendo con eso al Creador y LO venerando!

¡En lugar de alegres y libres adoradores de Dios, anunciadores de Dios, la Iglesia creó para si esclavos de la Iglesia! ¡Se introduzco en el libre mirar de la humanidad, vuelto hacia arriba! Obscureciendo con eso la verdadera Luz. Solamente ató y maniató los espíritus humanos, en lugar de despertarlos, de liberarlos. ¡Mantuvo, ultrajando, los espíritus en el sueño, los oprimió, les impidió el anhelo de saber y el propio saber con preceptos, que contrarían la voluntad de Dios, a ella se oponen! Todo eso, para conservar para si el propio poder.

¡Como ellos ya antaño no retrocedían ante el suplicio, la tortura, ante el asesinato de múltiplas maneras, de esa forma hoy ellos no temen calumniar al próximos, hablar mal de ellos, minar su prestigio, instigar contra ellos, colocar en su camino todos los obstáculos posibles, cuando éstos no quieran espontáneamente ponerse en las hilas de las multitudes de los esclavos de las iglesias! Maniobran con los medios más sórdidos, solamente para su influencia, su poder terreno. ¡Precisamente eso viene ahora, en el efecto retroactivo, también en primer lugar a oscilar y a colapsar; pues es lo contrario de aquello que Dios quiere! ¡Evidencia como se encuentran distantes de servir humildemente a Dios! —

¡Multitudes interminables se dejaron atraer por señuelos de permisiva indolencia del espíritu hacia el regazo entorpecedor de las iglesias! ¡La ilusión ultrajante de la absolución barata de los pecados fue creída, y con las masas espiritualmente indolentes aumentó la influencia en la Tierra, con el objetivo final de un poder terreno! ¡Las criaturas humanas no vieron que, con el falso concepto y doctrina, toda la sagrada justicia de Dios Todo-Poderoso solamente ha sido obscurecida y maculada, vieron solamente el ancho y cómodo camino hacia la Luz ahí simulado, que en la realidad ni existe! ¡Conduce, a través de la arbitraria ilusión de absolución, hacia las tinieblas y hacia el aniquilamiento!

La prepotencia de todas las iglesias, hostil a Dios, separa a los fieles de Dios, en lugar de conducirlos hacia Él. ¡Las enseñanzas eran falsas! ¡Sin embargo, eso los seres humanos deberían haber reconocido por si y fácilmente, toda vez que ellos contrarían nítidamente lo más sencillo sentido de justicia! ¡Y, por eso, los fieles de las iglesias son tan culpables cuanto las propias iglesias!

Las iglesias, cuyos propios servidores anuncian alto mi venida, con sus palabras de Cristo según el Evangelio de Juan, de lo cual ellos predican a sus adeptos con devoción:

“Cuando, sin embargo, venga aquél, el Espíritu de la Verdad, él os conducirá hacia toda la Verdad. ¡Y cuando el mismo venga, castigará el mundo a causa del pecado e a causa de la justicia! Y traerá el Juicio. Yo, sin embargo, iré hacia el Padre y de ahora en adelante no me veréis más. Yo vine del Padre y vine al mundo. ¡Vuelvo a dejar el mundo y regreso hacia junto al Padre!”

Tales palabras son leídas en las iglesias sin ser comprendidas; puesto que por el Hijo de Dios es dicho claramente que vendrá un otro sino él, para anunciar la Verdad y para traer el Juicio. El Espíritu de la Verdad, que es la Cruz Viva. Y, sin embargo, también en ese punto a Iglesia enseña de modo errado y contra esas palabras claras.

Aunque también Pablo antaño haya escrito a los Corintos: “El nuestro saber es imperfecto. ¡Cuando, sin embargo, venga lo que es perfecto, entonces, cesará lo que es imperfecto!”

Con eso, muestra el apóstol que la venida de aquél, que anunciará la Verdad perfecta, aún debe ser esperada y la promesa del Hijo de Dios a tal respecto no debe ser referida a la conocida efusión de la fuerza del Espíritu Santo, que, entonces, ya había ocurrido, cuando Pablo escribió esas palabras.

Con eso, él testifica que los apóstolos no consideraron esa efusión de fuerza como la realización de la misión del Consolador, del Espíritu de la Verdad, conforme actualmente en la Solemnidad de Pentecostés, de modo extraño, muchas iglesias y fieles buscan interpretar, porque tales cosas no se encuadran de modo diferente en su organización de creencia, pero, si, formarían una laguna que debería causar peligrosos temblores a esa falsa construcción.

Sin embargo, nada les resulta; ¡puesto que ha llegado ahora el tiempo del reconocimiento de todo eso, y todo cuando es falso colapsará!

¡Hasta ahora no pudo haber todavía ningún verdadero Pentecostés para la humanidad, no pudo alcanzarle el reconocimiento en el despertar del espíritu, a causa de él haberse entregado a tantas interpretaciones erradas, en las cuales principalmente las iglesias tienen grande participación!

¡Nada les será perdonado de la gran culpa! —

¡Ahora vosotros, seres humanos, os encontráis sorprendidos ante la nueva Palabra, y muchos entre vosotros ni más son capaces de reconocer que ella viene desde las alturas luminosas, porque ella es tan diferente de lo que habíais imaginado! ¡Vive, pues, también todavía en vosotros, en parte, la tenaz somnolencia, en que os envolvieron iglesias y escuelas, para que permanecéis obedientes adeptos y no tengáis ningún anhelo por el estado despierto del propio espíritu!

¡Lo que Dios exige, esto hasta ahora ha sido indiferente a los seres humanos terrenos! Yo, sin embargo, os digo todavía una vez: ¡El ancho y cómodo camino, que las iglesias hasta ahora se empeñaron por simular en favor de la propia ventaja, él es falso! ¡Con la ilusión de absolución arbitraria ahí prometida, él no lleva hacia la Luz!

Para vosotros, que os empeñáis seriamente por la Verdad, para vosotros deberá tornarse ahora Pentecostés, la elucidación deberá venir sobre vosotros. ¡Con bramido bajará la Luz y hacia dentro de vosotros, si vosotros estéis correctamente abiertos para eso!


23. Ley de la Creación “Movimiento”

¡Mirad alrededor de vosotros, criaturas humanas, y veréis de qué manera debéis vivir aquí en la Tierra! No es difícil reconocer las leyes primordiales de la Creación, basta empeñaros en observar de manera correcta todo cuanto os cerca.

Movimiento es una ley básica en toda esta Creación, así también en la Tierra. Movimiento de modo correcto. Pero precisamente esa ley no ha sido respectada y también mal utilizada.

Solamente por el movimiento pudo se formar todo, y movimiento, movimiento continuo es, por eso, también la conservación, el saneamiento de todo cuanto existe en la Creación. El ser humano no puede ser considerado ahí una excepción, no puede, como única entre las criaturas, quedarse parado en medio al movimiento vivificante o seguir sus propios caminos sin perjuicio para él.

El actual objetivo del intelecto de tantos seres humanos terrenos es descanso y vida cómoda. Pasar todavía los últimos años terrenos en la comodidad es considerado por muchos seres humanos terrenos como la coronación de su actividad. Sin embargo, es veneno lo que con eso anhelan. ¡Es el principio de su fin, que de esa forma crían!

Seguramente, ya os ha pasado que, en casos de muerte, pudisteis escuchar, muchas veces, con pesar: “No pudo usufructuar su descanso por mucho tiempo. ¡Hace solamente un año que jubiló para la vida privada!”

Dichas observaciones son hechas muy frecuentemente. Sea tratándose de hombres de negocio, de funcionarios públicos o de militares, no importa, apenas cuando una persona “se jubila”, como se suele decir, se inician, muy pronto, la decadencia y la muerte.

Quién abra correctamente sus ojos para su ambiente, éste reconoce mucho ahí, ve que dichos acontecimientos le ocurren con sorprendente frecuencia, y él, por fin, también buscará una muy determinada causa en ese acontecimiento, reconocerá en eso una ley.

La criatura humana, que aquí en la Tierra se jubila realmente, que desea descansar de su actividad hasta su fin terreno, dicha persona es, en la ley del movimiento rítmico de esta Creación, expulsada como una fruta sobre madurada, porque toda la vibración, el movimiento a su alrededor es mucho más fuerte de lo que el movimiento en ella misma, que tiene que mantener paso igual. Dicha persona tiene, de esa forma, que debilitarse y enfermarse. Solamente cuando su propia vibración y su estado de alerta mantengan paso igual al del movimiento existente en la Creación, sólo entonces puede permanecer sana, bien dispuesta y alegre.

En la expresión: Parar es retroceder, yace el presentimiento de la gran ley. ¡Solamente movimiento es edificación y conservación! En todo que se encuentra en la Creación. ¡Ya lo he afirmado en mi disertación “La vida”!

¡Quien, literalmente, aquí en la Tierra quiera entregarse totalmente al descanso, éste no tiene más ningún albo delante si y, con eso, ningún derecho de seguir viviendo en esta Creación, a causa de haber puesto, por su voluntad, el “fin” a si mismo! ¡El vibrar de la Creación, sin embargo, no presenta ningún fin, no tiene fin! Evolución permanente en el movimiento es ley en la voluntad de Dios y eso, por esa razón, jamás puede ser contornado sin daño.

Seguramente ya fijasteis que las personas que tienen que luchar continuamente por su manutención terrena, son frecuentemente mucho más sanas y alcanzan más edad de lo que las personas que desde la infancia han pasado muy bien, que han sido protegidas y tratadas de la más cuidadosa manera. ¡También ya habéis observado que personas, que crecieron en la abundancia y hacen en favor de su cuerpo todo lo que por medios pueda ser obtenido, que viven cómodamente, sin agitación, que dichas personas muestran más deprisa las señales externas acercándose de la vejez de lo que las que no poseen abundancias terrenas, que siempre necesitan llenar sus días con trabajo!

Me refiero aquí como ejemplo a aquellos casos de vida laboriosa, donde no haya exagero desnecesario, donde el anhelo frenético por el acumulo de riquezas terrenas u otros motivos para sobresalir nunca dejan descansar realmente aquél que trabaja. Quien se presta a ser esclavo de dicha manía, éste se encuentra constantemente bajo alta tensión y actúa de esa forma también sin armonía en la vibración de la Creación. Las consecuencias ahí son las mismas como en aquellos que vibran demasiado lento. Por lo tanto, también aquí el áureo camino del medio es el correcto para cada uno, que quiera vivir correctamente en esta Creación y en la Tierra.

¡Lo que tu, criatura humana, haces, hágalo integralmente! ¡El trabajo durante el tiempo de trabajo, el descanso durante el tiempo necesario al descanso! Nada de mezclas.

¡El mayor veneno contra el cumplimiento harmonioso de vuestra condición humana, sin embargo, es la unilateralidad!

¡Una vida laboriosa sin albo espiritual, por ejemplo, de nada os sirve! ¡El cuerpo terreno, entonces, seguramente vibra conjuntamente en esta Creación, el espíritu, sin embargo, está inactivo! ¡Y cuando el espíritu no se mueve simultáneamente en el vibrar de la Creación, deseado por Dios, el cuerpo terreno, que vibra conjuntamente, no está conservado y fortalecido por el trabajo, pero agotado, gasto! Porque ahí no recibe la fuerza proveniente del espíritu, de la cual necesita a través de la intermediación del enteal. El espíritu parado impide todo el florecimiento del cuerpo, éste, consecuentemente, tiene que consumirse en sus propias vibraciones, marchitar y descomponerse, no puede más renovarse, porque le falta el fuente para eso, el vibrar del espíritu.

De esa forma, de nada sirve cuando alguien, que se retira de ese trabajo terreno, ejecuta con regularidad los correspondientes paseos para el movimiento de su cuerpo y realiza aún todo lo que es terrenalmente posible, para mantener en forma su físico. Envejece rápidamente, decae, si su espíritu no permanezca en idéntica vibración. Y la vibración del espíritu solamente se produce ante algun albo determinado, que mueve el espíritu.

¡Un albo del espíritu, sin embargo, no debe ser buscado aquí en la Tierra, al contrario, solamente podrá ser encontrado en la dirección del reino del espíritu, en el plan de igual especie en esta maravillosa Creación! ¡Por consiguiente, un albo, que se encuentra encima del terrenal, que se extiende hacia allá de esta vida terrena!

¡El albo tiene que vivir, tiene que ser vivo! Del contrario, nada tiene que ver con el espíritu.

Sin embargo, el ser humano de los días de hoy no sabe más lo que es espiritual. ¡Puso en su lugar el trabajo del intelecto, y nombra la actuación del intelecto como siendo espiritual! De esa forma eso le da el resto, provoca su queda; ¡puesto que se agarra a algo, que queda en la Tierra con el cuerpo, cuando haya que pasar para el más Allá!

El albo espiritual es siempre algo, que encierre en si mismo valores favorecedores. ¡De esa forma debéis siempre reconocerlo! Valores eternos, nada de pasajero. ¡Por lo tanto, lo que queráis hacer, para lo que os empeñáis en anhelar, primero siempre preguntad a vosotros mismos sobre los valores, que con eso producís y encontráis! ¡No es demasiado difícil, si solamente lo queráis realmente!

¡A la errada actuación y al inútil empeño en la Creación pertenecen nueve décimos de la ciencia actual! Las ciencias, conforme son ejercidas ahora, constituyen un estorbo para la ascensión de aquellos, que con ellas se ocupan, constituyen paralización, retroceso, pero jamás progreso que conduce a la ascensión. En las ciencias, que hoy así se nombra, la criatura humana no puede desarrollar sus alas, jamás puede alcanzar lo que podría realizar; puesto que las alas le están deplorablemente recortadas, destruidas. ¡Solamente en la simplicidad del pensamiento y de la actuación yace la grandeza y se desarrolla el poder, porque solamente la simplicidad corresponde al anhelo por las leyes primordiales de la Creación!

El ser humano, sin embargo, se ató y se obstruyó con su ciencia terrena.

Qué sirve si el ser humano busca llenar el tiempo de la vida terrena, para saber cuando ha surgido el mosquito, por cuanto tiempo él presumiblemente todavía quedará en esta Tierra, y tantas otras indagaciones análogas aparentemente importantes para el ser humano. ¡Preguntad a vosotros mismos, a quién él realmente trae provecho con eso! ¡Solamente a su vanidad! A más nadie en el mundo. Pues ese saber nada tiene que ver con ascensión de cualquier forma. ¡No proporciona ninguna ventaja al ser humano, ningún impulso hacia el alto! ¡Nadie lucra nada con eso!

De esa forma, solamente debéis examinar una vez seriamente una cosa tras otra cuanto a su valor real, que ella os ofrece. ¡Verificaréis ahí que todo aquello, que hoy ahí ocurre, se presenta ante vosotros como un inútil castillo de cartas, para lo cual el tiempo terreno, regalado a vosotros para el desarrollo, es demasiado precioso, para poder sacrificar siquiera una hora impunemente para eso! Con eso os entregáis a la vanidad y al juego; ¡puesto que no contiene nada en si, que sea capaz de elevaros realmente, es, en si mismo, solamente vacío y muerto!

No pensáis que podéis presentaros ante el trono de Dios para recitar en el Juicio un dicho de sabiduría de tal especie. ¡Os serán exigidos actos en la Creación! Vosotros, sin embargo, con vuestro falso saber, sois solamente metal resonante, mientras que estar vivo y favorecer es vuestra misión en esta Creación. La persona que se alegra con cada flor del campo, que agradecida vuelve por eso su mirar hacia el cielo, se encuentra mucho más elevada ante Dios de lo que una persona, que puede disecarla científicamente, sin reconocer ahí la grandeza de su Creador.

Como sois vacíos dentro de vosotros, criaturas lastimosas, que se nombran seres humanos. Cuán huecos en vuestra presunción de saber, que solamente puede traer un miserable vivir terreno como los mejores de sus frutos. ¡El animal es ahí más elevado de lo que los eruditos de ese genero, él toma, observa y actúa! Vosotros, sin embargo, en vuestros estudios, sois los indolentes, los perezosos de esta Creación; pues lo que está contenido en la actual sabiduría del intelecto no es movimiento, como lo exige de vosotros esta Creación, en la cual todo vive.

¡Ningún record de altitud de avión os puede elevar un sólo paso! De nada sirve al ser humano ser el corredor más veloz o un boxeador hábil, un piloto audaz, o cuando él sabe si el caballo ha surgido aquí en la Tierra antes o después del mosquito. ¡Tal voluntad solamente busca alcanzar algo ridículo, la vanidad! A la humanidad no lleva ninguna bendición, ningún progreso, ningún provecho para su existencia en esta Creación, pero solamente estimula el desperdicio de su tiempo terreno. Aquellos, que se enamoran de tales cosas, son individuos inútiles en esta Creación, como lo son también aquellos, que en eso puedan sentir placer.

¡Mirad a vuestro alrededor, criaturas humanas! ¡Examinad todo en ese sentido, lo que en la realidad significa vuestra propia actividad y la de vuestros prójimos, cuál el valor tienen! ¡Encontraréis poco que sea digno de la verdadera condición humana! ¡Todo tiene que tornarse nuevo, así exige vuestro Dios y Señor de ahora en adelante con el poder de Dios y la fuerza de Dios! ¡Hasta ahora sois, con vuestro anhelo, servidores inútiles en el viñedo del Señor! Puesto que vosotros desperdiciasteis vuestro tiempo con juguetes totalmente inútiles, guarnecéis el alto potencial, que como dádiva de Dios reside en vosotros, con quincallerías desnecesarias del vanidoso querer del intelecto terreno, las cuales en el desenlace tendrá que dejar todas hacia tras.

¡Despertad, para que podéis criar un digno envoltorio del espíritu para vosotros aquí en la Tierra, y no necesitaréis ingresar pobres en el más Allá, como hasta ahora, toda vez que os han sido dados tan ricos tesoros para el trayecto en la Tierra! ¡Sois como reyes, que infantilmente juegan con el cetro e imaginan que éste y la corona ya sean suficientes para también ser un Rey!

¡Lo que el ser humano necesariamente tiene que investigar es, en primer lugar, solamente todo aquello, que le sirva a su ascensión y, con eso, también para el beneficio de la Creación! En todo lo que trabaja, debe preguntar a si mismo, cual la ventaja que aquello trae para si mismo y para los seres humanos. Un albo tiene que dominar de aquí en adelante todas las personas: ¡reconocer y también cumplir aquella posición, que tiene que llenar en la Creación como ser humano!

¡Quiero deciros como las cosas se pasan en la otras partes de la Creación y como también aquí en la Tierra se deben tornarse, según la voluntad de Dios!

Cuando aquí en la Tierra una persona realiza una vez un gran hecho, entonces, si con eso a ella no le despierte solamente envidia, es homenajeada. La gloria le queda hasta su fin, sí, muchas veces incluso después de eso, por decenios, siglos y milenios.

Sin embargo, eso pasa solamente en la Tierra. Un fruto de la errada concepción humana. Se convirtió en habito en esta masa pesada de materia gruesa. Pero no en los mundos más elevados, más luminosos. Allá, el movimiento circular no es tan pesado como aquí en la Tierra. El efecto recíproco se inicia más rápidamente, de acuerdo con la creciente liviandad. Allá, las acciones también son evaluadas según puntos de vista naturales completamente diferentes, mientras que las concepciones humanas dejan trasparecer muchos actos como grandiosos, que ni lo son, y no valorizan muchas cosas, que encierran en si verdadera grandeza.

Mientras más elevado, más luminoso, más ligero el ambiente, tanto más nítida, rápida también la recompensa, las consecuencias. Un espíritu humano de buena actuación asciende ahí cada vez más deprisa, una acción realmente grande muchas veces lo alza hacia el alto ya en el mismo instante. ¡Sin embargo, él no puede vivir, entonces, de recordaciones como aquí en esta Tierra, pero tiene que seguir a conquistar para si la altitud siempre de nuevo, si quiera permanecer allá, tiene que empeñarse constantemente pro subir aún más! Si para con eso, una sola vez, se tornará muy rápidamente sobre madurado en el respectivo ambiente, se pudrirá en él, si queremos usar para eso una imagen de materia gruesa.

¡En el fondo, pues, el ser humano nada más es de lo que un fruto de la Creación! Nunca es la propia Creación, mucho menos el Creador. Cada manzana posee en si misma la capacidad de enriquecer esta Creación con nuevos manzanos, flores y frutos, pero ni por eso es el Creador. Es el producto natural de las leyes primordiales de la Creación, que le concedieron la capacidad y la obligaron a actuar así, a cumplir su incumbencia en esta Creación. ¡Una incumbencia ella siempre cumple, incondicionalmente!

El ser humano o los animales pueden hacer lo que quieran con esa manzana. Sea sirviendo para reproducción o para manutención de otros cuerpos. Sin incumbencia, nada existe en esta Creación. Incluso en cada descomposición hay movimiento, utilidad y beneficio.

¡Por lo tanto, apenas cuando una persona haya subido, tiene que mantenerse en su altitud! No puede ni debe descansar y pensar que ya haya actuado lo suficiente por algun tiempo, pero tiene que seguir moviéndose como el pájaro en el aire, lo cual también es obligado a mover las alas, si quiera mantenerse en el alto. ¡En todo reside siempre solamente la misma ley sencilla! En lo más fino espiritual así como en lo más grueso terrenal. Sin alteración y sin desvío. Ella se realiza y tiene que ser observada. ¡En los planos luminosos y ligeros más deprisa, en la pesada materia gruesa solamente correspondientemente más despacio, pero de cualquier forma con absoluta certeza!

Reside una tal simplicidad en la realización de las leyes de la Creación y en las propias leyes, que no es necesario curso universitario para reconocerlas con acierto. ¡Cada persona posee la capacidad para eso, si solamente lo quiera! Cada observación es muy fácil, se torna difícil solamente por la arrogancia de saber de esta humanidad, a cual le gusta emplear palabras pomposas para lo que es más sencillo y por eso patina sin coordinación en la Creación como en el agua límpida, turbando de esa forma con aires de importancia la original clareza sana.

Con toda su falsa sabiduría, el ser humano, como la única de las criaturas, negligencia ocupar su lugar en la Creación como alguien, que vibra junto y actúa correctamente.

¡La voluntad de Dios, sin embargo, es que la criatura humana finalmente tenga que llegar a la conciencia y que cumpla integralmente su misión en esta Creación! Si no lo hagas, llegará ahora a la sobre maduración y se descompondrá como fruto podrido de la Creación. La luz divina que Dios, a través del Hijo del Hombre, envía ahora hacia la Creación, actúa sobre ella como sobre las plantas de un invernadero que, bajo el aumentado calor en aceleración, tiene que producir flores y frutos.

En eso se evidencia aquello que se mueve correctamente en las leyes de la Creación o lo que en ellas actuó erradamente. Los frutos serán de acuerdo. La persona que se dedicó a actividades que no pueden dar ninguna fundación para su necesaria ascensión, desperdició su tiempo y su fuerza. Ella se desvío de la vibración de la Creación y no puede más proseguir con ella, ni recobrar la salud en la indispensable armonía, puesto que ella propia la perturba.

Aprended, por consiguiente, ante observación, a valorizar la simplicidad de las leyes divinas en toda su grandeza y a utilizarlas para vosotros, al contrário tendrán ahora que destruiros, puesto que estáis como obstáculos en el camino de su actuación. ¡Seréis arrastrados como estorbo perjudicial!

Movimiento es el mandamiento principal para todo lo que existe en esta Creación; ¡puesto que ella se originó del movimiento, en él es mantenida y constantemente renovada!

¡De la misma forma como se pasa en el más Allá, principalmente en las regiones más luminosas, así tiene que tornarse ahora también aquí en la Tierra, provocado por el poder de la Luz! ¡El ser humano, que vibra con las leyes primordiales de la Creación, será preservado, pero aquél, que malbarata su tiempo con cavilar errado del intelecto, será ahora destruido por la fuerza viva del movimiento, aumentada por la Luz!

Por eso, debéis finalmente aprender a conocer todas las leyes y a orientaros por ellas, si enfermedad o muerte no os deba alcanzar a la brevedad.

Aquél que no añade un albo elevado, luminoso a su actuación terrena, éste no podrá subsistir en el futuro, tampoco terrenalmente. Habrá que decomponerse según las leyes de Dios intensificadas por la Luz, que se encuentran en la Creación, será también espiritualmente reducido a polvo como fruto imprestable, que no cumple su finalidad en esta Creación.

¡Ese acontecimiento es totalmente objetivo y sencillo, pero en el efecto de indecible horror para la humanidad, así como ella hoy todavía se presenta! Nada os será dispensado. ¡El querer o no querer en la decisión todavía os deberá ser mantenido, porque está inserido en la especie de todo cuanto es espiritual, sin embargo, rápida secuencia hasta el resultado final ocurrirá para vosotros ahora inmediatamente, de modo tan rápido, como no acreditáis que en la Tierra, en la lentitud de esta materia, pueda ocurrir!

¡Si no queráis de forma diferente, entonces, continuad siguiendo a las ciegas en el camino de hasta ahora! Pronto reconoceréis que el poder de Dios es mucho más poderoso de lo que toda la humanidad en la Creación; puesto que un abismo se abrirá ante vosotros, repentina e inesperadamente, y vosotros tendréis que precipitaros en él, reconociendo antes todavía que habéis actuado de forma errada, y que aún podría os haber venido salvación, si hubieseis dado atención a mi Palabra. ¡Respetada y seguida, en la más incondicional obediencia! ¡Incondicionalmente, así es ordenado a partir de esta hora, porque del contrario no más podrá haber regeneración para vosotros!

¡Incluso terrenalmente la humanidad será ahora obligada a orientarse incondicionalmente según todas las leyes primordiales de la Creación!

Si una persona pudo alcanzar determinada altitud aquí, esto no basta para el futuro. Al contrario, es obligada a mantenerse en ella ante empeño continuo, porque de otro modo ella pronto caerá nuevamente. ¡Cada persona, por su parte, tiene que dejar la posición, en la cual no pueda mantenerse, porque ella solamente puede valer aquello, lo ella también de hecho sea, y no como fue! El “fue” desaparece a cada modificación y no lo es más. Únicamente el “es” tiene valor y validad n el Reino del Milenio.

Por eso, criatura humana, permanezca en el futuro, por tu verdadera manera de ser, siempre de tal forma, como quieras ser considerada. Caerás o subirás inmediatamente a cada alteración venidera, también externa y grueso-materialmente. ¡Jamás deberás pretender mantener una posición, la cual no más la llenes, la cual no más te pertenezca! ¡Debes seguir constantemente hacia adelante y hacia el alto! Sin movimiento constante no existe más ningún apoyo para ti en la Creación. No puedes bañarte en el brillo de tus antepasados. El hijo jamás en la gloria de su padre. La mujer no tiene participación en los hechos de su marido. Cada uno se encuentra ahí totalmente sólo por si mismo. Únicamente el presente vale para ti; ¡puesto que también es este, que para un espíritu humano realmente “es”! ¡Así es en toda la Creación, así deberá ser también en el futuro entre estos seres humanos terrenos, en eso hasta ahora lentos! ¡Así lo quiere Dios y así acontecerá!


24. El cuerpo terreno

El ser humano usa su envoltorio terreno, de lo cual necesita para la madurez de su espíritu en la materia gruesa, con irresponsable indiferencia e incomprensión. Mientras no siente dolores, negligencia la dádiva, que con eso recibió, y ni piensa en dar al cuerpo lo que este necesite, sobre todo, aquello lo que le sea útil. Presta atención a su cuerpo siempre solamente después que lo perjudicó y por eso siente dolor, o entonces, cuando por él sea impedido de alguna forma en su trabajo diario, en la practica de tantos divertimientos u ocupaciones predilectas.

Ingiere, sí, alimentos y bebidas, pero sin pensar y con frecuencia en exceso, así, como le parezca agradable en el momento, totalmente despreocupado de que con eso perjudica a su cuerpo. A persona alguna ocurre observar cuidadosamente el cuerpo, mientras éste no sienta algun dolor. Pero precisamente la observación del cuerpo sano es una necesidad urgente.

El ser humano debe dar al cuerpo sano aquello de que él necesita, debe observarlo con todo el cuidado, que tiene que se dar a la herramienta más indispensable para la actuación correcta en esta materia gruesa. Puesto que él es, sí, lo más precioso que cada ser humano terreno recibió para su tiempo en la Tierra.

Sin embargo, fijad en la nueva generación, con qué irresponsabilidad pecaminosa descuida del cuerpo, lo maltratando con excesos de la más variada especie.

La culpa principal es, incluso ahí, nuevamente la consecuencia del cultivo del intelecto en el sentido errado. Vosotros podéis reconocerlo de modo nítido y también fácil si realmente estáis dispuestos para ello. ¡Observad una vez los estudiantes, como ellos hoy son y como siempre fueron! Los estudiantes, quienes, entre la juventud, cultivan predominantemente el intelecto en primera línea de modo unilateral, debido a sus estudios. ¡Con que orgullo cantaban y aún hoy cantan sus canciones de los placeres de la vida de estudiante! ¡Orgullosos, con el pecho inflado! Ahí, incluso los mayores agregan siempre de nuevo sus voces con mayor placer.

Si, sin embargo, una vez os indaguéis sinceramente en qué se apoya el orgullo, entonces, debéis examinar el contenido de esas canciones, para descubrir el motivo. En personas que piensan de modo sano, nace ahí una profunda vergüenza; ¡pues esas canciones solo encierran glorificaciones de la embriaguez y del enamorarse, del ocio, del desperdicio de la mejor época de desarrollo en la existencia el ser humano terreno! ¡Precisamente de aquella época, en que los seres humanos deben tomar su impulso para tornarse una criatura humana completa en esa Creación, para una madurez del espíritu, a fin de llenar el puesto, que una criatura, como tal, debe llenar y cumplir en la Creación, según las leyes de su Creador, de su Señor!

¡Las canciones muestran de forma demasiado nítida lo que es considerado como lo más bello y más ideal en una época, en que el ser humano, lleno de gratitud y alegría, debería intuir de modo puro como su espíritu, a través del cuerpo terreno, se pone en contacto con todo el ambiente que lo cerca, a fin de obrar en él conscientemente y con eso plenamente responsable ante su Creador! Donde cada espíritu empieza, a través de irradiaciones de la sexualidad, a enviar su voluntad, formando, hacia muy lejos en la materia gruesa con sus muchas gradaciones.

¡Las canciones, sin embargo, son un grito de escarnio contra las leyes primordiales de la Creación, a las cuales se oponen hasta la última palabra!

En contraste a eso está aquella juventud, que no frecuenta la universidad. Aquí encontraréis también todas las bases más adecuadas para el tratamiento correcto de sus cuerpos terrenos, más sanos y naturales. ¡Bajo la condición que esos jóvenes no practiquen algun tipo de deporte, o se dediquen a la políticas! Entonces acaba también allí todo, lo que sea sensato y sano.

Dondequiera que miréis de modo examinador, habréis que reconocer que el ser humano todavía nada sabe de las leyes de la Creación.

¡El ser humano no hace idea de la responsabilidad, que él tiene que asumir incondicionalmente por el cuerpo terreno a él confiado! Tampoco ve el valor del cuerpo terreno para la posición en la Creación, sino que mantiene su mirada solamente hacia esta Tierra aquí. ¡Sin embargo, para esta Tierra aquí, la importancia de su cuerpo terreno constituye solamente la menor parte!

Y este desconocimiento de las leyes de la Creación permitió que se introdujese errores, los cuales, siguiendo a engendrar, llevan perjuicio a muchas personas. ¡Sobrepasan y contaminan todo!

¡Solamente por eso pudo ocurrir que incluso en todas las iglesias de hasta ahora haya encontrado ingreso la insensata concepción de que el sacrificio por sufrimiento y muerte bajo determinadas circunstancias sea bien visto por Dios! Incluso en el arte, esa concepción errónea se ha anclado profundo; ¡pues la idea muchas veces encuentra en ésta la glorificación de que una persona puede traer “liberación” a otra, ante sacrificio voluntario o muerte por amor!

De esa forma, esa humanidad quedó todavía más confusa.

La ley de Dios, sin embargo, en su justicia imperturbable, no permite que alguien pueda asumir la culpa de otro. El acto hace rolar pura y simplemente una culpa sobre aquél que se sacrifica, que de esa forma fuerza el abreviamiento de su existencia terrena. ¡Él bota en la basura el cuerpo terreno, confiado a él para su necesaria madurez, como un trapo inútil! A eso se añade incluso la ilusión del alma, de que con eso realiza algo grande y agradable a Dios. Aquél, que se sacrifica, se convierte de esa forma doblemente culpado, en la presunción de poder liberar a otro de los pecados. Él, sí, habría actuado mejor implorando perdón solamente para sí, como gran pecador ante el Señor; pues él se clasifica, con eso, a su Dios como un juez injusto, que sería capaz de tal obra arbitraria permitiendo que se negocie con Él.

¡Eso, en la realidad, es aún una blasfemia más! Por lo tanto, la tercera culpa en un tal acto que, absolutamente, contraria ásperamente cualquier sentido de justicia.

¡Es la arrogancia propia, y no el puro amor, que produce obras de esa especie! A las almas, en el más Allá, son abiertos rápidamente los ojos, cuando tienen que sufrir bajo las consecuencias, que sus actos resultaron, mientras que al otro de ninguna manera fue ayudado con eso y, si él conscientemente esperaba por ello, deberá sobrecargarlo solamente aún más.

De esa manera, es una lastima que incluso grandes artistas, en sus obras, se hayan declarado a favor de aquella nefasta ilusión de redención. ¡Un artista sensible debería, pues, rechazarlo, por ser antinatural, por contrariar cualquier conformidad con la ley y permanecer totalmente sin fundamento!

La verdadera grandeza de Dios es así disminuida.

¡Es, por su parte, solamente presunción de la humanidad, que se arroga esperar de la no influenciable justicia de Dios que ésta fuese capaz de aceptar tal sacrificio! Ahí, sí, el ser humano, en el ejercicio de la justicia, coloca su tribunal terreno más alto; ¡pues a su respecto, a él no le llega ese pensamiento!

Con tal actuación, el ser humano muestra menosprecio por el cuerpo terreno, pero ningún agradecimiento por el instrumento de materia gruesa concedido para la madurez, lo cual no puede ser suficientemente observado, mantenido limpio y puro, por ser indispensable para la respectiva vida terrena.

¡Por consiguiente, aprende, ser humano, a conocer bien el cuerpo terreno, para que puedas tratarlo como corresponda! Sólo entonces estarás también habilitado a utilizarlo correctamente, a dominarlo como aquello, que representa para ti en esta Tierra. La primera consecuencia del verdadero dominio de tu cuerpo se muestra en la liviandad y en la belleza de los movimientos, que dejan trasparecer la fuerza del espíritu en armonía con su instrumento.

Para que ahí aprendáis a hacer bien la diferencia, observad las personas que se dedican a alguna especie de deporte. Pronto reconoceréis que solamente el entrenamiento de un cuerpo no resulta también en belleza de los movimientos, por haber ahí demasiada unilateralidad, cuando el espíritu no vibra en conjunto en la necesaria armonía. El paso de los deportistas muy a menudo es todo, menos bonito, el porte, raramente gracioso. ¡El deportista está muy lejos de dominar realmente a su cuerpo!

¡Pues la fuerza viene únicamente del espíritu! ¡El vigor, del cuerpo!

De esa forma, un paso pesado denota peso, pero no fuerza. Un cuerpo mantenido e impregnado por la fuerza del espíritu tiene movimientos flexibles y camina de modo ligero, elástico, no importando si su peso es considerado mayor o menor.

Un paso pesado revela en las personas siempre solamente falta de dominio correcto de su cuerpo por el espíritu. ¡Y el dominio del espíritu distingue una criatura humana de los animales! El animal ahí está sujeto a otras leyes, porque el alma proviene del enteal. Él, sin embargo, cumple esas leyes, vive en armonía del cuerpo con el alma y muestra en los movimientos siempre también una muy determinada especie de belleza, adaptada a su cuerpo. ¡Él tiene, incluso, pese a poseer muchas veces un enorme peso del cuerpo, un paso liviano en contraste con el ser humano!

¡ID al jardín zoológico! Ved los animales y los seres humanos. Observad a ellos de modo muy meticuloso. Las consecuencias de la falta de armonía entre el alma y el cuerpo deben evidenciarse allí rápidamente en todas las criaturas humanas, mientras que los animales son totalmente “naturales”, excepto si alguna enfermedad los impida. Vosotros mismos veréis que el ser humano lleva un modo de vida errado, y no domina a su cuerpo, no vive correctamente en él, encontrándose en total desarmonía en relación a ello.

Así también es con la alimentación y la conservación. ¡El animal jamás sobrealimentará su cuerpo, como lo hacen muchas personas! ¡Se da por satisfecho, cuando no siente más hambre, la criatura humana, sin embargo, en muchos casos, sólo cuando no puede más seguir comiendo! Esta es una gran diferencia, provocada, por su parte, solamente a causa del intelecto sobrecultivado, en el esfuerzo de subjuzgar en eso el sentido natural.

El animal también bebe solamente para saciar la sed. El ser humano, sin embargo, cultiva en sí ilusiones de satisfacción que, en exceso, tienen que traer muchos daños al cuerpo. Aquí solamente vuelvo a señalar hábitos de las agremiaciones estudiantiles, tanto en la bebida como en la privación del sueño, que esas erradas maneras de vida siempre exigen.

No son necesarias aclaraciones adicionales a ese respecto; pues esos procedimientos ya son conocidos lo suficiente como los más tontos. Incluso el más tolerante o el más ignorante en ese tema no puede afirmar que aquello es útil o no le resulte en daños.

Las personas, que en el jardín zoológico caminan por las veredas, para ver a los animales, demuestran nítidamente que debían aprender con esos animales, a fin de estar con sus cuerpos terrenos correctos en la Creación. Ni más se puede llamar a ello de “caminar”; pues solamente pocos de los visitantes son vistos “caminando”. En la expresión “caminar” se halla un concepto de graciosidad y dominio natural. Muchas personas, sin embargo, cojean o se mueven con pasos pesados, totalmente descuidadas o absortas en pensamientos o corren nervosamente, confusas y distraídas. De belleza ahí no hay siquiera una señal. Vedes nítidamente que ellas no prestan atención al movimiento de su cuerpo, sin embargo, lo inhiben en el movimiento natural, debido a su pensar errado y unilateral. Esto es descuido, ya desde la juventud. Mucha omisión ahí se muestra solamente más tarde, pero, entonces, también de modo absoluto. Las consecuencias jamás dejan de venir.

Sin embargo, cuánta belleza ya no está implícita en las palabras: ¡andar, caminar! Mal imaginéis aún el elevado valor que hay en eso. ¡Con toda esa falta de observación de su cuerpo terreno, el ser humano muestra la inmadurez del espíritu! ¡Un espíritu maduro siempre considerará su cuerpo como el instrumento necesario para la obtención de su madurez terrena y, así, no abusará de él de modo insensato! Cuidará de él, de esa forma, como sea útil al cuerpo, y no como sus nervios, frecuentemente excitados, exigen una vez u otra, en la torsión de los conceptos naturales.

Donde la fuerza pura del espíritu sobrepase completamente el cuerpo de materia gruesa y lo domine, allí los movimientos también tienen que evidenciar belleza, porque no puede ser de otra forma. Allí, también los sentidos de materia gruesa son completamente sobrepasados por la belleza, de manera que ennoblecen todo cuanto hacen, sea lo que sea.

¡Belleza y gracia son la expresión de un espíritu humano puro, en todas sus actuaciones, entre las cuales se cuentan también los movimientos del cuerpo de materia gruesa!

¡Mirad alrededor, pues todo a vosotros es mostrado! Si estéis vivos en la Creación, habréis que reconocerlo pronto.

¡Descubriréis de que manera imposible el ser humano actuó ahí hasta ahora, cuán poco reconoció la propia Creación, la cual para él permanece necesariamente su hogar! Nace dentro de ella, sin embargo, quiere siempre se apartar, quiere sobreponerse a ella. Ese extraño deseo jamás lo permite estar firme en ella; pues así no aprende a conocer a su hogar.

¡El cuerpo terreno de cada persona, en todas las cosas, se encuentra atado estrechamente a aquel suelo, del cual se originó! ¡Según la ley de la Creación para toda la materia! Con eso tiene que contar siempre. Y es eso, lo que hasta ahora sólo raramente cumplió. ¡Se juzga libre en eso, y no lo es! ¡Sin embargo, está tan estrechamente atado a eso como el cuerpo de un animal! ¡Ambas las especies corpóreas son formadas por el enteal! En el animal, el ser humano observó todo con exactitud y también lo sabe. ¡Pero a su cuerpo él no quiere someter a la especie igual de las leyes! Y eso está errado.

¡El cuerpo terreno está atado a aquella parte de la Tierra, donde nació! Íntimamente atado está también con todas las estrellas de esa muy determinada parte y con todas las irradiaciones, que a ella pertenecen. ¡De manera amplia, mucho más de lo que podéis imaginar! Solamente aquella parte de esta Tierra da al cuerpo precisamente aquello de que él necesita, a fin de florecer bien y permanecer vigoroso. ¡La tierra también lo da en cada una de sus regiones, siempre en tiempo cierto, de la forma como lo necesitan todos los cuerpos de materia gruesa, que nacieron en esa muy determinada región! ¡Por eso, hierbas y frutas actúan sobre el cuerpo humano de modo más provechoso y edificante, en aquella época, en que la tierra los produce!

El cuerpo necesita de alimentación de ese genero en tales épocas y en aquella región, donde él antaño nació, con la cual queda permanentemente atado.

¡Frutillas en el tiempo de la madurez de las frutillas, manzanas en el tiempo de la cosecha de las manzanas, y así por delante! Así es con todas las frutas, con todas las hieras. Por lo tanto, el tratamiento a través de las hierbas es ventajoso solamente en aquél tiempo, en que las hierbas se hallan en pleno vigor. ¡También para los cuerpos sanos!

¡En eso, el propio enteal ofrece al cuerpo terreno permanentemente diversidad en la alimentación, así como este realmente de ella necesita! ¡Precisamente como el sol, la lluvia y el viento son lo mejor para la actuación sana de la piel! ¡La Creación da al ser humano todo lo que él necesita para su cuerpo terreno, y lo da también en la variación correcta, en el tiempo correcto!

¡Con todos los artificios especiales, el ser humano nunca puede obtener aquello, que la Creación le proporciona espontáneamente!

¡Solamente prestad atención en eso! ¡En esta Tierra, el cuerpo terreno está estrechamente atado a aquella región, donde se encuentra su lugar de nacimiento! Para que él permanezca sano también en una región extraña, conserve el pleno vigor para la actuación terrena, entonces, deberá prevalecer como base de la alimentación de su cuerpo solamente aquella de la región, en la cual él nació. ¡Con cuidado puede, entonces, crear, tal vez un puente, que le proporcione por algun tiempo la completa eficiencia, pero nunca permanentemente! ¡Tiene que volver, de vez en cuando, a fin de buscar siempre nuevas energías! ¡Pese a todo, sin embargo, abreviará con eso su vida terrena!

No es arbitrariedad, o casualidad, que las criaturas humanas terrenas son de estructura y también de color distintos.

¡Las leyes primordiales de la Creación ya las colocan en aquél muy determinado lugar, lo cual, únicamente, le sirve para su madurez terrena! Y las instrumentan también de forma corresponderte.

¡El enteal forma para vosotros vuestro cuerpo terreno, y al mismo tiempo la alimentación para vuestra sustentación! ¡Pero solamente produce efecto uniforme en la determinada región y en el determinado continente! Con vosotros, criaturas humanas, tampoco se pasa de modo diferente de lo que con las plantas y con los animales; pues también vosotros sois un fruto de la Creación, sois solamente criatura, que está y permanece atada estrechamente a la región y a las irradiaciones de aquél continente, desde onde se origino.

¡Por eso, en las transformaciones que ahora ya están se procesando en esta Tierra, deben ser modificados también los cuerpos terrenos, o no podrán subsistir por más tiempo! ¡Ellos se modifican con la alteración de la actuación enteal! Eso tiene como consecuencia también la alteración de las irradiaciones y, con eso, del clima y del desarrollo en la formación y en la manutención de toda la materialidad. ¡Bajo el nuevo rayo de la Luz!

¡Por lo tanto, observad y aprended de cada actuación de la Creación! ¡Es vuestro deber obedecer a las leyes primordiales de la Creación, apenas cuando queráis conseguir aquello, que a vosotros les sirve para provecho y ascensión! ¡Si, además, queráis subsistir en el futuro!


25. El temperamento

¡Existen personas que utilizan el temperamento como pretexto a muchos de sus errores, incluso ante si mismas!

Tal procedimiento está errado. Quién de esa forma actúa muestra que se tornó solamente esclavo de si mismo. El ser humano es del espíritu, que en esta Creación posterior permanece el autoconsciente más elevado, e influencia, forma y conduce así todo lo demás, no importando si eso está en su voluntad plenamente conciente o si nada lo sabe de ello. ¡El dominar, es decir, el actuar de gran influencia en la Creación posterior, está anclado en la especie del espíritu, de acuerdo con las leyes de la Creación! Por eso, el espíritu humano actúa correspondientemente en ella únicamente a través de su ser, a causa de originarse del reino espiritual. El temperamento, sin embargo, no debe ser atribuido a ese espíritu; pues solamente es producido por irradiaciones de determinada especie de la materialidad, apenas cuando ésta esté totalmente traspasada y vivificada por el enteal, que mueve, calienta y forma toda la materialidad. Es la sangre, de la cual proviene la irradiación.

La voz del pueblo habla, no sin razón, muchas veces al respecto de esta o de aquella característica del ser humano: “¡Está en su sangre!” Con eso, debe ser expresado, en la mayoría de los casos, el “heredado”. Muchas veces incluso es así mismo, una vez que ocurren herencias de materia gruesa, mientras las herencias espirituales son imposibles. En lo espiritual, entra en consideración la ley de atracción de la especie igual, cuyo efecto, exteriormente, trae en la vida terrena la apariencia de una herencia y puede, por lo tanto, ser confundido fácilmente con ella.

El temperamento, sin embargo, viene de la materia y es, por lo tanto, en parte también heredable. Permanece también siempre estrechamente atado a toda la materia. La razón de eso es la actuación enteal. Uno presentimiento a tal respecto se encuentra, también aquí, una vez más en la voz del pueblo, cuya sabiduría surgirá siempre de la intuición natural de aquellas personas, que todavía se encontraban en la Creación de manera no torcida, sencilla y con los sentidos sanos. La voz del pueblo habla de la sangre liviana, de la sangre caliente, de la sangre pesada, de la sangre fácilmente irritable. Todas esas denominaciones se refieren al temperamento, con la intuición correcta de que la sangre representa ahí el papel de mayor relevancia. Es, en la realidad, una determinada irradiación, que se desenvuelve cada vez por la especie de la composición de la sangre y principalmente provoca, entonces, una reacción correspondiente en el cerebro, que a seguir se manifiesta con fuerza en todo el cuerpo.

De esta forma, conforme la composición de la sangre, estará predominando siempre una especie determinante entre los temperamentos de las diferentes personas.

Están ancladas en la sangre sana de una persona todas las irradiaciones, las cuales la sangre, en general, puede producir, con eso, también todos los temperamentos. Hablo siempre solamente del cuerpo terreno sano; pues la enfermedad lleva confusión a las irradiaciones.

Con la edad del cuerpo terreno, se modifica también la composición de la sangre. Con eso, en alteraciones de la edad de la sangre sana ocurre, al mismo tiempo, también correspondientemente una modificación del temperamento.

Además de la edad del cuerpo, sin embargo, cooperan incluso otros factores en la alteración de la sangre, como el tipo de la región y todo cuanto de ella hace parte, por lo tanto, el clima, las irradiaciones astrales, especies de alimentación e aún otros más. Eso actúa directamente sobre los temperamentos, porque estos pertenecen a la materialidad y están, por eso, también estrechamente atados a ella.

Se distinguen, en general, cuatro temperamentos básicos de la criatura humana, según los cuales son designados también los propios seres humanos como sanguíneos, melancólicos, coléricos, flemáticos. En la realidad, sin embargo, existen siete, con todas las gradaciones, hasta doce. Pero los principales son cuatro.

Con el estado de la sangre muy sana, éstos deben ser divididos en cuatro períodos de edad, en los cuales cada composición sanguínea se altera. Como primera, tenemos la edad infantil, correspondiente al temperamento sanguíneo, a la vida despreocupada del momento, en seguida, la edad de los mozos o de las mozas, correspondiente al temperamento melancólico, al estado soñador, nostálgico, a seguir, la edad del hombre y de la mujer, correspondiente al temperamento colérico, de la acción, por último, la edad de la vejez, correspondiente al temperamento flemático de la reflexión serena.

De esa forma es el estado normal y sano en la zona temperada, por lo tanto, no en la zona más extrema.

Cuán intimo todo eso está conectado a la materialidad, actúa en ella de modo análogo, observáis incluso en la Tierra de materia gruesa en las estaciones de la primavera, del verano, del otoño y del invierno. En la primavera, el despertar impetuoso, en el verano, el crecimiento soñador con madurez impulsador, en el otoño, la acción de las frutas, y, en el invierno, el sereno pasar para el otro lado, con vivencias cosechadas para un nuevo despertar.

Incluso pueblos, razas, llevan muy determinadas características de temperamentos comunes. Esto tiene su razón en la región de la Tierra, desde donde se originaron y viven, en la respectiva forma de alimentación, que el suelo condiciona, en la irradiación grueso-material de la misma especie por los astros y, no por ultimo, en la madurez espiritual del pueblo entero. Una población sanguínea aún se encuentra, de forma figurada, en la edad infantil o, retrocediendo en el desarrollo por cualquier circunstancia, ingresó nuevamente en la edad infantil. A esos pertenecen no sólo las alegres criaturas humanas de los mares del sur, sino predominantemente también los latinos. Los melancólicos se encuentran a las vísperas de sus verdaderos hechos, de ellos hacen parte los alemanes y todos los germánicos. ¡Ellos están delante un despertar hacia la acción!

Por eso, la edad de los mozos y de las mozas es también una época del temperamento melancólico, porque solamente con el desabrochar del espíritu en la fuerza sexual se establece su ligazón sin lagunas con las especies de la Creación, con lo que el ser humano entra en esta Creación para la actuación responsable. Enteramente responsable por cada pensamiento, por cada palabra y por cada una de sus acciones; pues todas las vibraciones de eso, ejerciendo presión con plena fuerza, con eso formando, atraviesan las planicies de las especies enteales. De esa manera, se originan mundos en la Creación posterior según aquella especie, en la cual el ser humano produce sus vibraciones.

Si, por lo tanto, una persona es desenfrenada en su temperamento, crea, con esto, nuevas formas enfermas en la Creación, que jamás pueden producir armonía, sino que deben actuar de modo perturbador sobre todo lo que existe.

¡Como el espíritu humano se encuentra en el lugar más alto de la Creación posterior, debido a la especie de su origen, tiene con eso no sólo el poder, sino también el deber de dominar el restante en esta Creación, porque no puede de modo diferente, pero, sí, tiene que dominar debido a su especie!

¡De eso él debe recordarse a todo instante! Él produce constantemente nuevas formas de esta Creación posterior con cada pensamiento individual, cada manifestación de su alma! Tornadlo una vez claro a vosotros, pues vosotros sois, sí, responsables por ello, y todo pende en vosotros, sea lo que sea que forméis en vuestra existencia. El bien os eleva, el mal tiene que os arrastrar hacia bajo, según la ley de la gravedad, que se efectúa incondicionalmente, no importando si vosotros propios sabéis de eso o si ni siquiera os preocupéis con eso. Ella trabaja y actúa alrededor de vosotros en un constante tejer. ¡Vosotros sois, sin duda, el punto de salida de todo cuanto debe ser formado, creado en ese tejer, sin embargo, no conseguís retenerlo ni siquiera por un momento!

Tornad este cuadro por lo menos una vez nítido para vosotros. Debe ser lo suficiente para os ahuyentar de las futilidades, para las cuales de buen agrado sacrificáis, frecuentemente, tanto tiempo y energía, debe causar a vosotros horror delante la manera irresponsable con que pasasteis vuestra vida de hasta entonces, y vergüenza delante de vuestro Creador, que os dió algo tan grande con eso. ¡Pero vosotros no prestasteis atención a eso, jugasteis con esa fuerza colosal solamente de modo nocivo para la Creación posterior a vosotros confiada, la cual podéis transformar para vosotros propios en paraíso, si finalmente queráis!

Ponderad que toda la confusión que vosotros provocasteis en el desconocimiento de esas leyes divinas tiene ahora que os perturbar y aplastar. Que todavía no las conocéis es vuestra culpa. ¡Es para vosotros el más sagrado deber os preocupar con eso, porque vosotros os encontréis en la Creación!

En lugar de eso, el ser humano burló y escarneció de los mensajeros, los cuales podían mostrar a vosotros un camino, que tiene que vos traer el reconocimiento. Sin embargo, sin esfuerzo, no se alcanza ningún premio, eso es contrario a la ley del movimiento continuo en la Creación, que hace parte de la conservación y de la ampliación. Movimiento en el espíritu y del cuerpo. Todo lo que no se mueva, o que se mueva de manera errada, es expelido, porque sólo causa disturbios en la vibrante armonía de la Creación; es expulsado como partícula enferma, que no quiere moverse junto rítmicamente.

Ya os hablé de la necesidad del movimiento continuo como ley.

El espíritu tiene que dominar, quera o no. De otra forma, no es posible, y así él también tiene que esforzarse ahora para, por ultimo, plenamente conciente, dominar espiritualmente, si no quiera causar solamente desgracia. Dominar concientemente, sin embargo, podrá solamente cuando conocer todas las leyes que se encuentran en la Creación, y orientarse de acuerdo con ellas. Diferentemente, no es posible. Sólo entonces llena el lugar, que le fue dado y que él nunca podrá mudar, ni desplazar.

¡De esa forma, el espíritu humano también tiene que estar por sobre los temperamentos, controlarlos y dominarlos, a fin de que haya armonía primero en el propio cuerpo, para después también extenderse benéficamente por sobre el ambiente más próximo, lo que se efectúa formando de manera irradiante en toda la Creación posterior!

La persona, que aprovecha bien todos los cuatro temperamentos, sucesivamente, en las épocas a eso necesarias, ésta, únicamente, se encuentra realmente firme en esta Creación; pues necesita de esos temperamentos para escalar de modo seguro y determinado los escalones de su vida terrena y para no descuidar nada de aquello, que es necesario para la madurez de su espíritu.

¡Temperamentos, bien dominados y bien aprovechados, son como botas buenas en el camino a través de la materia en la Tierra! ¡Da más atención a ellos al respecto de lo que ocurrió hasta ahora! ¡No podéis dispensarlos, sin embargo, tampoco os debéis curvar bajo ellos; pues, al contrario, se convierten en tiranos, que, en lugar de ser útiles, os atormentan y, además, incluso al vuestro ambiente!

Sin embargo, utilizadlos, son para vosotros los mejores acompañantes en el camino a través de la existencia terrena. Ellos son vuestros amigos, apenas cuando los dominéis. El niño se desarrolla mejor cuando es sanguíneo, por esa razón, eso le es destinado por la composición de su sangre. Ésta se altera en la época de la progresiva madurez del cuerpo y lleva consigo, entonces, el temperamento melancólico.

¡Ese, por su parte, es el mejor auxiliador para el período de la madurez! Puede dar al espíritu una orientación rumbo a la Luz, a la pureza y a la fidelidad en aquellos años, en que él es conectado completamente con la Creación y, con eso, interfiere liderando en todo el tejer, en todo el actuar, que ahí se encuentra en constante movimiento. Puede convertirse así en el mayor auxiliador del espíritu humano en la verdadera existencia, de manera más incisiva de lo que él ahora puede imaginar.

Por eso, se debe permitir al niño su alegría natural en el momento que el temperamento sanguíneo a él le brinda, al mozo y a la moza, también aquél sano estado soñador, que frecuentemente les es peculiar. ¡Quien lo destruye, con el propósito de convertir esas jóvenes personas al realismo del ambiente, se convierte en un salteador del espíritu en su camino hacia la Luz! Acautelad de hacer tal cosa; ¡pues todas las consecuencias de eso también recaerán sobre vosotros!

¡Cada hombre de acción necesita de temperamento colérico en forma madurada! En forma madurada, lo digo ahí muy expresamente; ¡pues el espíritu tiene que dominar, impreteriblemente, en los años adultos del hombre y de la mujer, ennoblecer y transfigurar todo, emitir y propagar irradiaciones luminosas para la Creación entera!

En la vejez, sin embargo, el temperamento flemático ya contribuye para desconectar el espíritu lentamente y cada vez más del cuerpo, para abarcar, examinando, más una vez las vivencias de hasta ahora de la vida terrena, a fin de sacar de ellas las enseñanzas como algo propio y así, poco a poco, prepararse para el necesario paso hacia la materia fina de la Creación, lo cual de esa forma a él le será facilitado, como un acontecimiento muy natural, que sólo significa progreso en obediencia a la ley de esta Creación, pero ningún dolor.

¡Por consiguiente, respetad y estimulad los temperamentos, donde podéis, pero siempre sólo en sus respectivas épocas, bajo la condición que no sean tiranos debido a la manera desenfrenada! ¡Quien quiera cambiarlos o suprimirlos destruye los mejores auxilios para el camino evolutivo de la criatura humana terrena, deseado por Dios, perturba también con eso la salud, trae confusión, como también abusos no imaginados, que traen para la humanidad discordia, envidia, odio e ira, sí, incluso robo y asesinato, porque los temperamentos, en su época necesaria, fueron menospreciados y destruidos por el intelecto frío, cuando debían haber sido favorecidos y respectados!

¡Ellos a vosotros fueran regalados por la voluntad de Dios en las leyes de la naturaleza, que son siempre cuidados y conservados para vosotros por los enteales, a fin de facilitar a vosotros el camino del trayecto terreno, si lo seguís en el sentido deseado por Dios! Agradeced al Señor por eso y recibid con alegría las dádivas, que a vosotros son ofrecidas por toda parte en la Creación. ¡Esforzados, en finalmente reconocerlas correctamente!


26. ¡Ved, creatura humana, como tenéis de caminar a través de esta Creación, para que hilos del destino no impidan, sino colaboren en tu ascensión!

Pese el Mensaje contenga en sí mismo todo para mostrar a los seres humanos su camino, el cual tienen que seguir a través de la Creación, si quieran subir hacia las alturas luminosas, a uno siempre de nuevo se repite la angustiante pregunta: ¡qué debo yo hacer para realmente caminar correctamente!

Ese intuir atormenta a muchos, puesto que el ser humano busca tornar todo más complicado de lo que realmente es. Necesita de esa manera extraña de dificultar todo para sí, porque no posee en su interior fuerza para dedicarse con seriedad y fervor a aquello, lo que es sencillo. Para ello, toda su capacidad no es más suficiente.

Cuando no ve dificultades ante sí, nunca logra intensificar fuerzas para utilizarlas; pues la falta de dificultades lo convierte rápidamente cómodo y paraliza por fin toda su actividad. Por esa razón, tampoco da atención a lo que es sencillo, sino él mismo torna, apenas cuando pueda, todo lo que es sencillo aún más incomprensible ante torsión, solamente para tener dificultad en reconocer en lo torcido finalmente otra vez lo que está correcto, que solamente permanece anclado en lo que es sencillo. ¡De esa forma, la criatura humana desperdicia continuamente fuerza y tiempo!

El ser humano necesita de obstáculos para alcanzar la meta, solamente así aún reúne sus fuerzas, lo que no consigue más cuando la ve ante sí de modo sencillo.

¡De inicio, eso suena como se fuese una grandeza, sin embargo, es solamente la señal de la mayor debilidad! ¡Igual que un cuerpo debilitado necesita de estimulantes, a fin de aún ejecutar su actividad, de la misma forma el espíritu humano necesita, como estimulante, primero tener la conciencia de que para alcanzar un albo tiene que superar algo, a fin de ahí emplear sus fuerzas! De ahí se originó también antaño la así llamada ciencia, que menosprecia todo lo que es sencillo y hace uso incluso de la ridiculez, solamente para tener una ventaja ante otro y para brillar.

Sin embargo, no es solamente la ciencia que actúa de esa forma ya desde mucho tiempo y erigió penosamente una construcción imaginaria, que debe hacer aparentar como grandioso algo que, para la Creación, es mediocre, artificial, forzado y torcido, sí, muchas veces incluso inhibidor.

¡Las estructuras de Estado y las jurisdicciones son de la misma especie, incluso el ser humano individual dejó surgir la estructura de su vida terrena de modo errado, ya desde la base! Demasiado complicada para ser sana, solamente para aún incentivar el indolente espíritu en su presunción para destacarse ante otro; puesto que solamente ese esfuerzo es también la legitima causa de las mutilaciones y confusiones de toda la naturalidad y sencillez por medio de esos espíritus humanos. La ambición de sobresalir, la presunción de investigar y ahí establecer leyes de una sabiduría, que jamás podrá tornarse verdadera sabiduría, mientras el ser humano aún se recuse a simplemente recibir humildemente en sumisión ante la grandiosidad de Dios. Eso todo, sin embargo, lo retiene abajo.

¡Nada existe que el ser humano realmente pudiese crear, si no lo sacase de aquello lo que ya se originó por la voluntad de Dios! ¡Ni uno sólo granosito de arena conseguiría él mismo crear, sin que encontrase en la Creación ya toda la materia para ello!

¡Ahora bien todavía no puede reconocer cuán ridícula es la impresión que él hoy en día da, pero vendrá el tiempo en que aún sentirá indecible vergüenza y que desease borrar de buen agrado el tiempo, en que se consideró tan grande y sabio!

¡Complacientemente, a veces también con una sonrisa escarnecedora, pasa ahora el ser humano al lado de cada gran simplicidad de las leyes divinas, que también mi Mensaje y su especie de palabras lleva en sí! No sabe que con ello muestra su mayor debilidad que es capaz de presentar como ser humano, y cuyas consecuencias son también lo más terrible que debe alcanzarlo ahora por las irradiaciones del Juicio; pues se coloca con ello en el lugar más bajo de todas las creaturas, porque exclusivamente él desaprendió como recibir y utilizar, de manera correcta, las dádivas de la Creación. El ser humano se juzga demasiado grande y elevado para recibir con gratitud de su Creador todo cuanto lo necesita, por eso, tampoco es más digno de seguir desfrutando sus gracias.

Y, sin embargo, las leyes en la Creación deberían, podrían ser algo totalmente natural, sencillo y ordenado para cada creatura, puesto que cada creatura se originó de ellas.

¡Qué, sin embargo, el ser humano hizo de ello en su alucinación!

¡Qué él es capaz de producir en incomprensión y arrogancia, vosotros mismos reconocéis en todas las leyes humanas de cada país, del orden social! Una existencia entera mal sería suficiente para estudiar correctamente todas las leyes de un sólo país. Son necesarios, primeramente, peritos especiales para interpretarlas correctamente. Y éstos aún discuten frecuentemente a su respecto, cómo y donde pueden ser empleadas. Eso prueba que incluso entre estos jurisconsultores no reina clareza sobre su verdadero sentido.

Pero donde, además, puede haber discusión, allí tampoco hay clareza alguna. ¡Donde no hay clareza, hace falta la autenticidad y, con ello, también la justificativa para la respectiva ley!

¡Actualmente, cada persona individualmente necesitaría tornarse primeramente un perito al respecto de esas leyes poco claras y confusas, contestables en caso de discordia, instituidas por las criaturas humanas, para poder vivir de modo intangible! ¡Cuánto absurdo hay en ese hecho! Y, sin embargo, así es. Se escucha, pues, muy a menudo de la parte de los peritos la aseveración de que, según las leyes terrenales, cada persona que vive en la Tierra podría ser acusada y de alguna forma ser considerada culpable, donde surja voluntad para ello. ¡Y eso, lamentablemente, es verdad! Y, sin embargo, cada persona individualmente está subordinada bajo esas leyes, sin que pueda ser instruida correspondientemente a su respecto.

Eso todo también habrá de convertirse muy pronto en un montón de escombros por sí mismo, puesto que pertenece a las imposibilidades de la más enfermiza confusión.

El espíritu humano probó ahora con agotamiento su incapacidad en ese tema. Creó con eso una esclavitud indigna, porque no adaptó las leyes terrenales a las leyes primordiales en la Creación, las cuales nunca se ha empeñado en aprender. ¡Pero, solamente construido en el suelo de ellas es que puede originarse algo de útil, sea lo que sea! ¡Así también la justicia! Y ésta reposa, como todas las leyes básicas, por su parte, solamente en la clara y grande simplicidad.

¡Lo que no contiene simplicidad en sí, jamás será duradero! ¡La simplicidad de las leyes divinas no lo admite de otra forma! ¿Será que el ser humano nunca aprenderá a comprender?

¡En los acontecimientos de todos los tiempos, él puede reconocer con exactitud que sólo pudo haber grandes éxitos allí, donde toda la fuerza haya sido convergida hacia uno sólo punto! ¡Eso muestra, pues, nítidamente, la necesidad de la simplificación! ¡Debéis, por lo tanto, encontrar finalmente algo en eso! Cada persona conoce, sí, el peligro amenazador que, en la dispersión, siempre se presenta.

¡Ved en eso la ley del poder de cada simplificación! La grandeza victoriosa, que sólo llega a la efectuación en la sencillez.

Y, sin embargo, perdisteis la noción del valor de cada simplicidad. Sólo en la simplicidad se muestra la verdadera fuerza, legitima nobleza, saber y graciosidad. También en la simplicidad de la expresión y de los movimientos.

¡Todo eso es perfectamente conocido por vosotros! Y, sin embargo, no aprendéis a apreciar el verdadero valor, por eso, tampoco podéis captarlo, no podéis transmitirlo para vuestro pensar, a fin de que, entonces, pueda llegar a ser expresado en vuestro hablar y en vuestro actuar.

La creatura humana no consigue ser sencilla, así como lo debería aprender en la Creación. ¡Alcanzar la grandeza de la simplicidad en su pensar y en su actuar se torna al ser humano no solamente difícil, pero incluso ni lo consigue más! Todo eso ya se tornó inalcanzable para él.

Por esa razón, tampoco comprende más la simplicidad del lenguaje y de las aclaraciones que el Mensaje contiene. Supone, en su modo torcido de pensar, que esa única manera correcta y grande sea para él demasiado infantil y, por eso, ni pueda contener algo de valioso. De esa forma, sus verdaderos valores también le permanecen cerrados, porque él no es capaz de asimilarlos. No ve y ni reconoce lo que es grande, poderoso, cuando revestido de palabras sencillas.

¡Eso reside en su incapacidad! ¡En lo que se refiere a la simplicidad y a la clareza, el espíritu tiene que desarrollar fuerzas dentro de sí mismo, mientras que, en relación a obstáculos debido a la confusión, el impulso hacia el desarrollo de fuerzas le llega desde afuera! El espíritu humano de hoy, sin embargo, lamentablemente necesita de ese impulso desde afuera, a fin de poder quedar más o menos activo. Por eso, no suporta la simplicidad y la clareza. La simplicidad lo hace adormecer, ella lo paraliza, porque es demasiado perezoso para, por sí mismo, desarrollar fuerza en su interior, la cual, exclusivamente, le puede traer verdadero provecho y auxiliar hacia arriba.

Con simplicidad y clareza a su alrededor, no consigue mantenerse activo. Para eso, su fuerza no le es más suficiente, porque nunca la ha desarrollado. Debido a esa indolencia, sin embargo, muy naturalmente se presentan constantemente los obstáculos que de esa forma cría hacia si. Estos obstáculos, pues, sirven hoy a algunos como estimulante, como medio de incentivo en el sentido ya aclarado. Sin embargo, a fin de vencer esos obstáculos creados por ellos mismos, consumen el ínfimo resto de fuerza, que les surge cuando confrontan esos obstáculos, y de ahí nada sobra para un autentico progreso y ascensión, que sólo podría iniciarse después de vencidos los obstáculos. Si el camino ante ellos es nuevamente sencillo y claro, se cansan en esa simplicidad, que no les es bastante “interesante”, porque, entonces, no más pueden vanagloriarse de una grandeza propia, y crean otra vez nueva confusión, para que aquello que hagan, “aparente” o “suene” como si fuese algo.

Todo eso ocurre siempre y siempre de nuevo, una vez que a los espíritus humanos de la época actual hace falta la autentica grandeza propia.

Lo veis corporalmente también en los gimnastas. Mientras se exhiben en ejercicios de gimnástica, desarrollan fuerza y habilidad con gracia en los movimientos, en lo que se muestra el dominio del cuerpo. Hay, sin embargo, solamente pocos entre todos los gimnastas de la Tierra, que constantemente, por lo tanto, también en la vida diaria, presentan, entonces, el dominio del cuerpo. Lamentable es, muchas veces, su porte cuando se sientan, en la conversa, parados e incluso en el caminar. Una prueba de que desarrollan la fuerza solamente cuando entrenan o se exhiben, por lo tanto, cuando quieren mostrar algo. Pero dominar el cuerpo vigorosamente todo el dia, a lo que es necesario fuerza verdadera, y de la cual el cuerpo saca diez veces más provecho de lo que en algunas horas de gimnasia, esa fuerza él no puede reunir sin estimulo desde afuera; ¡pues eso exige más, mucho más!

Todas las gimnásticas y ejercicios especiales podrían ser suprimidos tranquilamente, si el ser humano realmente domine a sí mismo y a su cuerpo; pues, entonces, cada músculo tiene que quedar continuamente en movimiento y eso exige fuerza y voluntad. Cualquier ejercicios especiales dan siempre solamente uno misero sucedáneo para la fuerza conciente de la gran simplicidad, que yace en la naturalidad del autodominio permanente.

Igual que la gimnasia, así es en todas las cosas. El ser humano no tiene necesidad de realizar algo de extravagante, apenas cuando camine a través de la Creación de modo correcto. Todo ahí le es dado con simplicidad y todo está en su interior, sin que ahí haya que ayudar artificialmente. Como las creaturas humanas se valen para su alimentación de todos los estimulantes posibles e imposibles, a fin de animar el cuerpo, como utilizan medios como el fumo y los narcóticos para excitar a los nervios y al cerebro pertenecientes al cuerpo, mientras consideran ello, en auto-ilusión, como estimulador del pensamiento, de esa forma emplean confusión para el espíritu, para con ello entregarse a la presunción.

¡Debido a eso, soy obligado a formar muchas palabras, siempre y siempre de nuevo, sobre cosas, las cuales en la realidad un concepto muy sencillo debería abarcar inmediatamente, solamente para convertirlas más o menos comprensibles a vosotros! Yo lucho constantemente por nuevas descripciones para todo cuanto ya dije, porque vosotros no conseguís recibir la simplicidad, la simplicidad de la Verdad y de la vida, así como de la Creación, en la cual también vuestro camino y toda vuestra existencia se hallan anclados.

¡Ni debíais preguntar lo que vosotros tenéis que hacer y dejar de hacer! ¡Destruís solamente en vosotros el laberinto, que cuidáis y tratáis tan cuidadosamente, produciendo con eso siempre solamente nuevo enmarañado a través de vuestros pensamientos! Pensáis demasiado, por ese motivo no podéis pensar nada de hecho, nada que os sea útil.

Ley de Dios el Todo Poderoso para vosotros es:

¡Concedido a vosotros es peregrinar a través de la Creación! ¡Caminad de tal manera, que no causéis sufrimiento a otro, a fin de satisfacer con ello cualquier codicia! ¡Al contrario, entrarán hilos en la alfombra de vuestros caminos, que os impiden la escalada hacia los paramos luminosos de la actividad consciente, llena de alegría en los jardines de todos los reinos de vuestro Dios!

Esta es la ley básica que para vosotros contiene en sí todo cuanto necesitáis saber. Si la cumplan, nada podrá pasar a vosotros. Seréis conducidos solamente hacia arriba por todos los hilos, que vuestro pensamiento, vuestro querer, vuestro actuar produce para vosotros.

Por eso, antaño el Hijo de Dios dijo con toda simplicidad: “¡Amad a vuestro prójimo como a vosotros!” En el fondo, es exactamente el mismo sentido.

¡Permitido os es peregrinar a través de las Creaciones! ¡En ello reside la ley del movimiento continuo! ¡No debéis quedarse parados! Eso tampoco podáis, porque los hilos que vosotros mismos produjisteis, que forman vuestros caminos, siempre impulsan hacia delante, conforme su especie, o hacia arriba, o durante alguno tiempo hacia delante, o también hacia bajo. ¡Nunca podréis quedarse parados, aunque vosotros mismos lo quisisteis!

¡Y, durante la peregrinación, no debéis causar sufrimiento a los demás, que igual que vosotros también peregrinan a través de la Creación, a fin de satisfacer con ello cualquier codicia!

No es difícil comprender eso correctamente; pues bajo un intuir sereno sabéis muy bien cuando, dónde y como causéis sufrimiento a otro. ¡Lo que ahí a vosotros resta hacer aún es tornar claro a vosotros lo que se comprende por codicia! ¡Pero eso antaño ya a vosotros ha sido dicho claramente por Moisés en los mandamientos! No es necesario que yo lo repita una vez más.

¡Podéis disfrutar de todo aquí en la Creación, probar de todo, pero no debe ser en perjuicio de vuestro próximo! Eso, por su parte, ocurre solamente cuando vosotros os tornéis esclavos de vuestras codicias.

Sin embargo, no debéis considerar la codicia de manera demasiado unilateral. ¡No se refiere solamente a bienes terrenos y al cuerpo, pero también a la codicia de difamar la reputación de vuestro próximo, dar lugar a las propias debilidades y tantas cosas más!

¡El dar lugar a las propias debilidades, sin embargo, es precisamente hoy en dia aún muy poco observado y, sin embargo, hace parte de la satisfacción de la propia codicia para perjuicio o sufrimiento de vuestros próximos! Espesos son los hilos que ahí se entrelazan y, entonces, detienen cada alma que haya actuado de esa manera.

Ahí se incluyen la desconfianza y la envidia, la irritabilidad, la grosería y la brutalidad, con una palabra, la falta de autodominio y de educación, que no significa otra cosa sino la indispensable consideración hacia con el próximo, la cual tiene que existir, donde la armonía deba permanecer. ¡Y únicamente la armonía favorece a la Creación y a vosotros!

Es una espesa tejedura, que desde ahí se origina, por lo que tantos tienen que caer, precisamente porque eso aún es muy poco observado y, todavía, a los próximos causa inquietud, opresión, aburrimiento y también frecuentemente pesado sufrimiento. En cualquier caso, sin embargo, daño.

¡Cuando los seres humanos se descuidan de ese modo, se origina pronto, a través de la irradiación de la sangre ligera o fuertemente irritada, una capa fuertemente turbada, que se coloca de manera separadora entre su espíritu y su conducción luminosa! ¡Él queda así pronto sólo, también está totalmente desprotegido y eso puede resultar daño de tal porte, que jamás podrá ser reparado!

¡Regístraselo en su interior todo aquél, quien quiera acender!

Este consejo es un salva-vidas, que puede liberarlo de ahogarse, de sumergir. ¡Es lo que hay de más importante para todos en la existencia terrena!

Vosotros todos, que queráis pertenecer al Grial, para vivir de acuerdo con mi Mensaje, oíd, por eso, una vez más el mandamiento divino, que se encuentra en el tejer de esta Creación:

¡Permitido a vosotros es, por deseo de antaño, peregrinar ahora concientemente a través de la Creación! ¡Sin embargo, no debéis causar con eso ningún sufrimiento a otro, a fin de satisfacer con eso una codicia propia! Eso ya puede atar los hilos, que deben deteneros abajo. Vivid de acuerdo a ello, entonces, también seréis felices y ascenderéis hacia los jardines luminosos de vuestro Dios, para allí colaborar alegremente en los posteriores y eternos desarrollos de esta Creación.


27. La estrella de Belén

Luz deberá haber ahora aquí en la Tierra, conforme antaño debería haber habido, cuando la estrella de la promesa brilló durante tres noches sobre un establo en Belén.

Pero en aquella época la Luz fue acogida solamente por pocos, cuyos oyentes, según es la costumbre de los seres humanos terrenos, pronto la retorcieron y deformaron, buscaron sustituir cosas olvidadas por ideas propias y, con ello, produjeron solamente una confusión, que hoy debe valer como verdad intocable. ¡Por recelo de que todo eso venga a colapsar, si solamente el menor de los pilares se muestre falso, se combate, se denigre cada rayo de luz que pueda traer el reconocimiento, y, donde no sea posible de otra forma, por lo menos lo tornan ridículo con una malicia, perfidia, que bajo el raciocinio lúcido muestra nítidamente que ella nace del miedo! Sin embargo, un raciocinar lucido es algo raro de encontrarse hoy en dia en la Tierra.

¡Pese a ello, la luz del legitimo reconocimiento ha que alcanzar finalmente a toda la humanidad!

El tiempo ha llegado, en que todo cuanto es enfermizo, que fue inventado por el cerebro humano, será lanzado hacia fuera de la Creación, a fin de que en el futuro no más impida la elucidación de que la Verdad es diferente de lo que las imágenes insostenibles, las cuales la presunción ostensiva y el sentido comercial, la ilusión enferma y la hipocresía criaron del pantano viscoso de mediocridades bajas en la ansiedad por poder terreno y admiración terrenal.

¡Maldición a aquellos ahora, que ante descamino esclavizan millones de seres humanos a tal punto, que hoy, en la época del Juicio, no osan más abrir sus ojos hacia la Luz, pero injurian a las ciegas, apenas cuando llegue a sus oídos algo, que suene diferente de lo que hasta entonces oyeron, en lugar de finalmente escuchar y examinar una vez en su interior si el nuevo no se acerca más de su comprensión de lo que hasta aquí aprendido, si su intuición no se mueve para tornarse una convicción de que algo antiguo no puede subsistir ante el llamado de la Luz, que llega hasta ellos, y debe caer, porque se encuentra en base errada!

Los oídos están obstruidos y, con temor cuidan para que no les llegue ninguna corriente de aire fresco, realmente solamente por pereza y miedo de que ese aire fresco con el saneamiento a ello atado condicione a la actividad del espíritu, la cual exige y obliga al auto esfuerzo. ¡En contraposición al actual dormir espiritual, aparentemente cómodo, lo cual tiene como consecuencia el pesado sueño continuo y con ello concede solamente mano libre a la astucia del intelecto deformado y corrupto!

¡Pero de nada sirve que obstruís los oídos a la nueva Palabra, ni que cerréis los ojos para que la Luz no os ofusque ni os atemorice! ¡Violentamente seréis ahora despiertos de ese triste atontamiento! Sintiendo frío, os debéis encontrar delante la Luz fría, que os desnuda sin piedad de todas las falsas vestimentas. Sintiendo frío, porque la chispa de vuestro espíritu ya no es más capaz de ser inflamada en vuestro interior, para, calentando, unirse desde dentro hacia afuera con la Luz. ¡Es demasiado tarde para eso! ¡Y ese demasiado tarde trae en el endurecimiento la muerte espiritual!

Yo lanzo la Luz en el medio de vuestro actuar y pensar errado, para que rompa las muchas pequeñas mantas que, en esplendor centelleante como oro falso, esconden lo ilegítimo y lo indolente en vuestro interior. Es tan fácil para vosotros creer en cosas increíbles; puesto que para tanto no necesitáis esforzaros para que, vosotros mismos, penséis o examinéis. ¡Precisamente porque tales cosas no están aptas a pasar por ningún examen según las divinas leyes de la naturaleza, debéis simplemente creer, sin preguntar Cómo o Por qué, debéis creer ciegamente, y eso os parece grandioso! Vosotros, que os imaginéis particularmente fieles en esa manera cómoda, pasáis simplemente por sobre todas las dudas, y... ¡os sentís bien, seguros, nobles, devotos y debiendo ser bien-aventurados!

¡Vosotros, sin embargo, con eso no os elevasteis por encima de todas las dudas, pero, sí, exclusivamente pasasteis con cobardía a lo largo! Espiritualmente fuisteis demasiado indolentes para que vosotros mismos hicisteis algo ahí, y preferisteis la creencia ciega a un saber sobre el acontecer natural dentro de la ley de la voluntad de Dios. Y para ello, os ayudaron imaginaciones del cerebro humano. Pues cuanto más imposible, inaprensible es aquello, en lo que debéis creer, tanto más cómodo será también creer en ello literalmente a las ciegas, porque en tales cosas de otra manera ni es posible. Ahí, lo saber y la convicción tienen que ser excluidos. Solamente las cosas imposibles exigen la creencia ciega sin reservas; pues cada posibilidad estimula inmediatamente el pensamiento propio. Donde existe la Verdad, que siempre muestra la naturalidad y las consecuencias lógicas, ahí también se inicia espontáneamente el pensar y la comprensión intuitiva. Cesa solamente allá, donde nada más de natural encuentra, donde, por lo tanto, no existe Verdad. ¡Y solamente a través de la comprensión intuitiva puede algo tornarse convicción, la cual, únicamente, lleva valores al espíritu humano!

¡De esa forma se cierra ahora con todo lo demás en el Juicio también el circulo que se inicia con la noche sagrada en Belén! Y este remate debe expeler lo que es inexacto en las tradiciones, para con eso llevar la Verdad a la victoria. ¡Las tinieblas, que la humanidad creó, serán dispersas por la Luz penetrante!

Todas las leyendas, que al respecto de la vida de Jesús fueron tejidas con el tiempo, tienen que caer, para que ella finalmente surja límpida, de acuerdo con las leyes de Dios, así como de otra manera ni era posible en esta Creación. Vosotros habéis hasta ahora, con vuestros cultos autocriados, renegado de modo crédulo injuriosamente la perfección del Creador, vuestro Dios.

¡Voluntaria y conscientemente Lo presentéis en ellos como imperfecto en Su voluntad! Ya hablé a tal respecto en mi Mensaje, y os podéis retorcer, os virar como queráis, pero subterfugio algun os podrá proteger del hecho de habéis sido demasiado indolentes para pensar por vosotros mismos. ¡No veneráis a Dios, si creéis a las ciegas en cosas, que no se dejan coadunar con las leyes primordiales de la Creación! Al contrario, si creéis en la perfección del Creador, debéis saber que nada puede suceder aquí en la Creación, que tampoco corresponda exactamente a la lógica en las leyes inamovibles de Dios. Solamente en ello podréis venerarlo verdaderamente.

¡Quien piensa de otra forma, duda con eso de la perfección del Creador, su Dios! ¡Puesto que donde aún sean posibles alteraciones o mejoramientos, allí no existe y ni existió perfección alguna! Desarrollo es otra cosa. Este es previsto y deseado en esta Creación. Pero tiene que resultar incondicionalmente como lógica del efecto de leyes ya existentes. ¡Todo eso, sin embargo, no puede provocar tales cosas, como son aceptas por muchos fieles, notadamente al respecto de la vida de Cristo, como absolutamente naturales!

¡Despertad finalmente de vuestros sueños, volveos verdaderos en vuestro interior! ¡Que os sea declarado más una vez que es imposible, según las leyes en la Creación, que cuerpos humanos terrenos puedan nacer sin previa generación de materia gruesa, así como es imposible que un cuerpo de materia gruesa sea elevado hacia el reino de materia fina, después de su muerte terrena y mucho menos aún hacia el reino enteal o incluso hacia el espiritual! Y como Jesús había que nacer aquí en la Tierra, tal acontecimiento estaba sometido también a la ley de Dios de materia gruesa de la generación previa.

Dios debería actuar contra sus propias leyes, si, con referencia a Cristo, tuviese ocurrido conforme las tradiciones propalan. Pero tal Él no puede, porque Él es perfecto desde el inicio y con ello también Su voluntad, que reside en las leyes de la Creación. ¡Quien osa aún pensar diferentemente duda de esa perfección y, por lo tanto, por fin también de Dios! Pues Dios sin perfección no seria Dios. ¡Cuanto a ello, no hay escape! Al respecto de esta certeza tan sencilla, uno espíritu humano no puede hacer sofismas, aunque con ello los fundamentos de tantas concepciones actuales tengan que ser estremecidos ahora. Cuanto a eso, solamente hay sí o no. Todo o nada. ¡Construir un puente aquí no es posible, porque algo por la mitad o incompleto no puede existir en la divinidad! ¡Tampoco en aquello, que se ocupa con Dios!

Jesús fue generado en la materia gruesa, al contrario un nacimiento terrenal no habría sido posible.

Solamente por algunos la estrella fue antaño reconocida como la realización de las promesas. Así por la propia María y por José, que, conmovido, escondió su rostro.

Tres reyes encontraron el camino hacia el establo y ofrecieron regalos terrenales; sin embargo, en seguida dejaron el niño desamparado, cuyo trayecto en la Tierra deberían allanar con sus tesoros, con su poder, para que ningún sufrimiento le adviniese en el cumplimiento de su misión. No habían reconocido totalmente su elevado llamado, pese les haber sido dada elucidación, para poder encontrar el niño.

Inquietud impelía María a dejar Nazaret, y José, que vio su sufrimiento silencioso, su ansiedad, le satisfizo su deseo, solamente para alegarla. Entregó la administración de su carpintería a su ayudante mayor y viajó con María y el niño hacia un país lejano. En el dia-a-dia del trabajo e con las preocupaciones diarias, se les fue borrando lentamente la memoria de la Estrella Radiante, principalmente por el hecho de que Jesús no mostraba nada fuera del común en su infancia, sino que era completamente normal como todos los niños. Solamente después que José, que siempre fue el mejor amigo paternal de Jesús, después de su regreso a la ciudad natal, falleció, que vio, en los últimos momentos terrenales de su traspase, por encima de Jesús, que estaba sólo junto a su lecho de muerte, la Corona y la Paloma. Temblando, fueron sus ultimas palabras: “¡Entonces, eres mismo tu!”

El propio Jesús nada sabia de ello, hasta que se sintió impelido hacia Juan, al respecto de quien fue informado que anunciaba sabias enseñanzas y bautizaba en el Jordan.

En ese acto grueso-material de un bautismo, el comienzo de la misión fue anclado solidamente en la materia gruesa. La venda cayó. Jesús, a partir de ese momento, se volvió conciente de que debería llevar la Palabra del Padre a la humanidad terrena.

¡Toda su vida se desarrollará ante vosotros así, como realmente fue, desnuda de todas las fantasías de los cerebros humanos! ¡Con el remate del acontecimiento, se tornará, en el Juicio, notorio a todos en la victoria de la Verdad, que no más deberá ser obscurecida por largo tiempo! María luchó en su interior con las dudas, que se fortalecieron con los cuidados maternales por el hijo hasta la difícil caminada hacia el Gólgota. De modo completamente humano y no sobrenatural. Solamente allí se le vino finalmente aún el reconocimiento de la misión de Jesús y, con eso, la fe.

Ahora, sin embargo, con el regreso de la estrella, deben por gracia de Dios ser deshechos todos los equívocos, y deshechos también todos los errores de aquellos que, sin actuar por obstinación ni mala voluntad, dificultaron antaño el camino de Cristo y que ahora en el remate llegaron al reconocimiento y buscan reparar lo que descuidaron o erraron.

Ante esa voluntad de reparación, surge con la Estrella Radiante la redención para ellos, libertos, ellos pueden jubilar agradecimiento a aquél, que en sabiduría y en bondad creó las leyes, por las cuales las criaturas deben se juzgar y también se redimir.


28. Una nueva ley

¡Os doy a vosotros una nueva Ley! Una nueva Ley, que abriga todo lo antiguo, de lo cual ahora debe surgir la edificación del nuevo ser humano, para que también sus obras se vuelvan nuevas, conforme es prometido.

Resulta del mandamiento, lo cual yo ya os dí, de lo cual todos los adeptos del Grial deben hacer para sí el fundamento de las peregrinaciones a través de la Creación, para que también en la Tierra permanezcan libres del karma y no aten hilos, que los detienen y que conectan el espíritu a la materialidad gruesa.

Yo os dije: “Permitido a vosotros es peregrinar a través de las Creaciones por vuestro deseo, os tornando autoconscientes, sin embargo, ahí no debéis causar ningún sufrimiento a otro, a fin de satisfacer con ello la propia codicia.”

Nada existe en la Creación, que no os sea permitido desfrutar en el sentido en que la Creación se os da, es decir, para la misma finalidad hacia la cual fue desarrollado. Pero no conocéis las verdaderas finalidades en tantas cosas, y cometéis el error de muchas exageraciones, habiendo de resultar en daño en lugar de provecho. ¡De esa forma, muchas veces, el querer experimentar, el querer conocer y desfrutar, creciendo, se convierte en péndulo, que por fin os mantiene encadenados, esclaviza rápidamente la libre voluntad, de modo que os tornéis, por vosotros mismos, siervos en lugar de señores!

Nunca os dejéis subjuzgar por los placeres, sino que tomad solamente aquello, que es necesario en la vida terrena para la manutención de los bienes a vosotros confiados y de su desarrollo. Con exagero impedís cualquier desarrollo, no importando si se trata ahí del cuerpo o del alma. Con exagero impedís de la misma manera como con omisión o falta. ¡Estorbáis el grande proceso evolutivo deseado por Dios! Todo cuando queráis contraponer a eses errores, con la mejor buena voluntad, para equilibrar, para nuevamente reparar, permanece solamente trabajo mal hecho, que deja puntos de reparo de fea disposición y que jamás pueden tener el aspecto de una obra uniforme, no remendada.

¡Por lo tanto, el trabajo de los convocados en el servicio del Santo Grial tampoco debe focalizarse en reparar los viejos errores de hasta ahora de esa humanidad, sino todo el su actuar y pensar en su intuir debe estar direccionado hacia el construir de modo totalmente nuevo desde la base!

¡Dejad calmamente ahondar el antiguo, porque, según la voluntad de Dios, el antiguo no debe ser reparado y modificado, sino todo debe tornarse nuevo!

En la realización de la promesa: “Todo debe tornarse nuevo” no se encuentra el sentido de transformación, sino de una nueva formación después del colapso de todo cuanto el espíritu humano retorció y envenenó. Y como nada existe, en que el ser humano en su presunción aún no haya tocado y envenenado, de esa forma, todo tiene que colapsar, para entonces surgir de nuevo, pero no según la voluntad humana, como hasta ahora, pero sí, según la voluntad de Dios, que aún nunca fue comprendida por el alma humana podrida en el querer propio.

Tocado ha la humanidad en todo lo que la voluntad de Dios creó, pero, no reconoció, como habría sido la tarea de cada espíritu humano. Tocó presuntuosamente, se considerando maestro, y con ello solamente devaluó y maculó toda la pureza.

¡Qué, por fin, conoce el ser humano sobre el concepto de pureza! ¡Qué él ya hizo de modo injurioso, mezquino de la ilimitada excelsitud de la verdadera pureza! Turbó ese concepto, lo falsificó, lo arrastró a sus bajezas de mugrienta codicia, en las cuales no conoce más la intuición de su espíritu y sigue solamente los limites estrechos del sentimiento, que su intelecto crea en el efecto retroactivo del pensar propio. ¡Sin embargo, el sentimiento deberá tornarse nuevamente puro en el futuro!

El sentimiento, en relación a la intuición, es aquello, que el intelecto debe tornarse en relación al espíritu: ¡una herramienta para la actuación en la vida de materia gruesa! Pero hoy en día, el sentimiento está sendo degradado y rebajado hacia herramienta del intelecto, y con ello deshonrado. Como, con el pecado hereditario de un dominio del intelecto, ya ha sido rebajado, engrillado el espíritu, lo cual tiene la intuición como expresión de su actuación, así, naturalmente también el sentimiento más grosero, producido por el intelecto, tuvo que triunfar simultáneamente sobre la pureza de la intuición espiritual, la oprimiendo, quitándole una posibilidad de actuación benéfica en la Creación.

Este error resultó, evidentemente, a otro en secuencia natural. De esa forma ocurre que las creaturas humanas, hoy, también ahí firman solamente plomo en lugar de oro, sin que lo sepan, lo evaluando a ese plomo como oro, mientras que ni conocen más la pura intuición.

Pero, como el espíritu debe estar atado al intelecto en la gradación correcta, el espíritu dominando, conduciendo, y el intelecto, sirviendo, preparando el camino, criando posibilidades para la ejecución de la voluntad del espíritu en la materia, así, simultáneamente, también la intuición debe actuar ahora conduciendo y vivificando, mientras el sentimiento, siguiendo la conducción, transmite la actuación para la materia gruesa. ¡Entonces, finalmente, también el sentimiento asumirá muy rápidamente forma más noble y borrará deprisa, en vuelo hacia las alturas, el lamentable desmoronamiento moral de los conceptos, que sólo pudo surgir debido al dominio del sentimiento de la época actual!

Si la actuación del sentimiento es conducida por la intuición, habrá, entonces, en todo el pensar y en el actuar solamente belleza, equilibrio, ennoblecimiento. Jamás un exigir, sino solamente un sagrado querer dar: eso debe ser tomado en consideración en todo, también en el amor y en el matrimonio.

Vosotros los miopes, restrictos, consideráis muchas veces como puras a personas, que en la realidad según las leyes de la Creación pertenecen a las más infames. Hay muchos actos que vosotros, en vuestra mezquines, consideráis sin más como impuros y que, sin embargo, son límpidamente deslumbrantes, mientras que mucho de lo que vosotros imaginéis como puro, es impuro.

La pureza de la intuición eleva hacia la altura por vosotros no imaginada muchos actos, los cuales aquí aún queréis macular con burla y escarnio. Por eso, en primer lugar, liberad finalmente vuestra intuición para una evaluación y ponderación acertada del bien y del mal; ¡pues, al contrario, habréis que errar!

¡Incluso no penséis que “superasteis” esto y aquello en vosotros, mientras no hayas estado en peligro y en la posibilidad de ceder a las debilidades, seguros de que nadie lo sabrá! Tampoco la huida hacia la soledad trae ventaja real a nadie, esto es solamente una prueba de que una tal persona se siente débil o demasiado cansada para la lucha, tal vez también tenga miedo de sí misma, de caer en una oportunidad a que se le ofrezca.

Ser fuerte es diferente, se muestra diferente. El fuerte sigue su camino de modo firme e inamovible en el medio de cualquier peligros. No se deja derribar, él mismo no se desvía, sino conoce y ve su elevado albo, cuya consecución le es más valiosa de lo que todo lo demás, que se le quiera ofrecer.

¡Que se vuelva nueva la criatura humana ahora, en todo, nueva y, en sí, fuerte!

Para esa nueva actuación, doy a vosotros mi mandamiento; ¡pues quiero edificar sobre vosotros el nuevo Reino en la Tierra!

“No causéis más ningún sufrimiento al próximo, a fin de, con ello, satisfacer una codicia propia!”

Todo lo que yace ahí, vosotros todavía no comprendisteis. ¡Es el mejor bastón para la peregrinación de una criatura humana a través de las partes de la Creación hacia el Paraíso!

Para tanto, a vosotros todavía doy el consejo:

“Guarda correctamente a los bienes confiados a vosotros en la Tierra, a los cuales pertenece también el cuerpo terreno. Nunca permitid que el placer se convierta en péndulo, entonces, permaneceréis libres de prisiones que os mantienen abajo”.

¡En la Tierra debería ser condición para cada persona, que se empeñe seriamente, que el tratamiento por “tu” debiese, mutuamente, permanecer rigurosamente sagrado! Solamente en casos excepcionales puede ser utilizado u ofrecido. En el mundo de materia fina, en el así nombrado “más Allá”, eso es diferente. Allá los limites de madurez espiritual son rigurosamente trazados y no pueden ser transpuestos sin más ni menos. Allí, las verdaderas especies iguales conviven de acuerdo con la ley de la Creación, e igual especie, únicamente, da derecho al “tu”.

Pero en la materia gruesa, estos limites deben ser primeramente trazados. Aquí el cuerpo terreno de materia gruesa posibilita una estrecha coexistencia de los espíritus de todos los grados de madurez, como en lugar ninguno en otros planos ocurre nuevamente.

Por lo tanto, trazad para el futuro un limite, cuya necesidad, cuyo gran valor, por supuesto no podéis comprender completamente.

Ya me referí una vez a ello en mi mensaje, en la disertación “El beso de la amistad”. Pertenece a ello la costumbre diseminadora de veneno de decirse recíprocamente “tu”, rompiendo y transponiendo uno de los más necesarios limites en la materia gruesa. Un limite que a vosotros proporciona un apoyo, que no sois capaces de evaluar.

De esa forma, a cada uno, que se esfuerza por la Luz, debe tornarse mandamiento, que use de parcimonia en el ofrecimiento del intimo “tu” a su próximo. ¡Mejor que lo evite completamente!

¡Rechazadlo, si a vosotros os es ofrecido, excepto en los casos donde se trata de una seria unión para la vida terrena, por lo tanto, en el matrimonio! Después de años iréis reconocer cuál el valor contenido en este mandamiento. Quedo siempre tomado de horror, cuando escucho hablar a ese respecto, pues conozco el mal que reside en tal costumbre. Sin embargo, ninguna persona hace idea de ello. ¡Con ese “tu” alemán, que personifica un concepto todo peculiar, cada alma concretiza una ligazón, la cual es capaz de perdurar más allá del túmulo terreno!

Se interconectan con ese “tu” inmediatamente determinados hilos de uno hacia el otro, los cuales no son absolutamente inofensivos. Hilos, que pueden detener espíritus abajo, incluso aquellos, que serian capaces de acender. Pues solamente raramente sucederá que ahí se unan dos espíritus, que tengan en sí la misma madurez en todas las cosas, por lo tanto, se encuentren de hecho espiritualmente en el mismo escalón.

¡Y, donde dos, que se unen, son desiguales, lo más elevado es arrastrado hacia bajo, según la ley, pero jamás, el inferior sube! ¡Pues en la Creación solamente el más elevado puede bajar hacia planos más bajos, pero jamás un espíritu puede dar un paso hacia por sobre el lugar donde se encuentra!

En una ligazón voluntaria, por lo tanto, más intima, de dos espíritus de madurez desigual, lo más elevado tiene que bajarse, o será detenido por el otro, que aún quedó hacia tras en la maduración y que, debido a la ligazón, pende en él como un peso. Ni todo ser humano tiene la fuerza de conducir lo menos madurado de tal modo a que éste ascienda hacia él. Se trata de excepciones, con las cuales uno no debe contar. Y un desligamiento total, después de la ligazón voluntaria, no es fácil.

¡Ahí reside un hecho, con cuyo horror el ser humano terreno aún nunca contó! ¡Irresponsablemente él pasa sobre esos abismos en la existencia terrena y queda impedido en todo caso, sin excepción, apenas cuando contravenga la ley! Es muchas veces detenido por enmarañados de lianas invisibles, igual como ocurre con un nadador, cuando bucea en lugares que desconoce.

Llegará el tiempo, en que vosotros quedaréis libres de aquel peligro que, a diario, a cada hora exige muchas victimas en la Tierra. ¡Quedaréis libres a través del saber! Pero, entonces, también los matrimonios serán diferentes, las amistades y las demás uniones, las cuales, todas, traen en si nítidamente la expresión “ligazón”. Con ello, terminarán todas las peleas entre amigos, desaparecerán las hostilidades y el mal-entendido, todo se transformará en la más perfecta armonía por el cumplimiento de esa ley hasta hoy no comprendida.

Pero hasta entonces, solamente podéis ser ayudados por un nuevo mandamiento terreno: ¡Sed cuidadosos con el intimo “tu”! ¡Él os protege de muchísimo sufrimiento! ¡Puede abreviaros una ascensión espiritual por milenios! No os olvidéis, aunque nada hoy comprendéis de ello. ¡Os doy de esa forma la mejor arma para que evitáis enmarañados de lianas de especies fino-materiales!

En la materia gruesa necesitáis más mandamientos de lo que es necesario en los mundos de materia fina, en los cuales todos los espíritus humanos ni lo pueden diferente sino que convivir con su igual especie, aunque esa igual especie tenga muchas gradaciones y con eso represente múltiples formas.

En el cumplimiento del mandamiento, vosotros ahora os volvéis libres de un pesado, inútil fardo con que la humanidad siempre de nuevo se carga.

Ahí, no toméis ningún ejemplo en el más Allá, que está sometido a las leyes más sencillas. También los del más Allá tienen que aprender primero en la nueva era, que es prometida como la de mil años. No son más inteligentes de lo que vosotros, y saben solamente aquello, que es necesario saber para su plano. Por eso, aún deberá ser cortado el cordón para espiritas allí, donde solamente traiga desgracia debido a mal entendidos y a la tonta presunción, que ya trajo tantas interpretaciones de muchas cosas de valor y confundió con eso las masas o las impidió de reconocer ahora la Verdad, de asimilarla jubilosamente.

¡No os dejéis confundir, sino prestad atención en mi mandamiento! Es para vuestro auxilio en la Tierra y podríais fácilmente reconocer el valor ya ahora, si fijéis con más atención en vuestro alrededor! Sin embargo, no debéis suprimir ahora, sin motivo, algo ya existente. Con ello, no se consigue solución alguna. ¡Sería el intento de una transformación errada, insalubre! Pero en lo sucesivo debéis actuar en ello de modo diferente, no más impensada e irresponsablemente. Debéis construir de manera totalmente nueva. El viejo colapsa por sí mismo.

Y si yo incluso os diga:

“¡Una persona nunca debe convivir con una otra, a quién no pueda respetar!”, entonces tendréis aquello para vuestra existencia terrena, para que pueda permanecer libres de karma. ¡Tomadlo como principios en vuestro camino, vosotros todos, que queréis en verdad servir al Grial! —

¡Pero, para poder subir, hay que existir en vosotros la nostalgia del puro y luminoso Reino de Dios! ¡Su nostalgia eleva el espíritu! ¡Por consiguiente, pensad permanentemente en Dios y en Su voluntad! ¡Pero no forméis de ello una imagen! Habría que ser errada, porque el espíritu humano no puede concebir el concepto de Dios. Per eso, le es dado comprender la voluntad de Dios, la cual él tiene que buscar sinceramente y con humildad. ¡Si él tenga la voluntad, entonces, en ella reconocerá a Dios! ¡Exclusivamente ese es el camino hacia Él!

¡Pero el ser humano, hasta ahora todavía no se empeñó correctamente por comprender la voluntad de Dios, por encontrarla, pero, ha siempre antepuesto solamente la voluntad humana! ¡Voluntad tal que se originó de él mismo, como personificación de los deseos humanos y del instinto de autoconservación, lo que está en desacuerdo con el vuelo ascendente natural de todas las leyes primordiales de la Creación!

¡Encontrad, por lo tanto, el camino hacia la verdadera voluntad de Dios en la Creación, ahí, entonces, reconoceréis a Dios!


29. Espíritu de castas, sistema social

El sistema de clases sociales, constantemente hostilizado, y el espíritu de castas tienen su origen en la simple intuición del efecto de una de las leyes de la Creación: ¡la de la atracción de igual especie!

¡Ha sido uno de los mayores errores de la humanidad la de haber dado muy poca o casi ninguna atención a ese actuar y, por eso, ha dejado surgir numerosos errores, que tienen que conducir a una gran confusión y finalmente a un colapso total!

Intuida ha sido la ley por todos los seres humanos, aquello, sin embargo, que está encima del saber puramente grueso-material, no atado firme y directamente con la posibilidad de apoyo terreno, es considerado por ellos de modo demasiado superficial y secundario. ¡Con eso, tampoco nunca ha sido reconocido lo más importante para la base de una vida terrena ascendente armónicamente, aún menos inserido en la materia gruesa por medio de la asimilación correcta, por lo tanto, en la vida cotidiana terrena! Y tiene que ser inserido en la vida de esta Tierra, porque en caso contrario, jamás podrá surgir armonía, mientras también solamente una única de las leyes primordiales de la Creación permanezca incomprendida por los seres humanos y, con eso, quede muy torcida o excluida en la vida de la materia gruesa.

Todos los pueblos antiguos ya habían adoptado divisiones de las diferentes categorías sociales o clases culturales, porque inconcientemente habían reconocido la necesidad, aún mucho mejor que hoy.

¡Mirad, pues alrededor! Donde se juntan solamente algunas personas, bajo cualquier pretexto, ahí también la ley se efectiva muy rápida y seguramente en una forma, cuya configuración demuestra siempre el libre querer de esos espíritus humanos, porque la voluntad espiritual es capaz de imprimir su sello en todas las formas, poco importando si esa voluntad se manifiesta plenamente conciente o de modo inconciente. Así, la forma también presentará siempre, visible en sí, la madurez o la inmadurez del espíritu.

Dejad una vez que cinco personas o bien solamente tres reúnanse bajo cualquier pretexto, sea para un trabajo o un entretenimiento, rápidamente la ley de la atracción de la igual especie formará dos grupos entre ellas, aún que solamente en la conversación o en el intercambio de sus opiniones. Tal hecho, en constante repetición ya hace millones de años, debe presuponer un motivo, que es más profundo de lo que evidenciar solamente una actuación habitual.

Sin embargo, también desde ese hecho tan evidente se ha sacado solamente conclusiones totalmente superficiales y, en relación a la seriedad, imprudentes, demasiado limitadas, por haber sido formadas por el intelecto, que siempre sólo puede comprender las ultimas, groseras manifestaciones de los verdaderos efectos, pero nunca es capaz de seguir hasta el extramaterial, por él propio tener su origen solamente en la materia gruesa. Y es precisamente en el extramaterial que se encuentra el origen de toda la fuerza y de todas las vibraciones, que atraviesan constantemente las especies de la Creación.

¡Por lo tanto, en todo lo que con base en esa observación ha sido moldado en forma por el intelecto aquí en la Tierra, hace falta la verdadera vida, la movilidad! Se ha tornado errado e insalubre por la rigidez del sistema grueso-material, que ha surgido en cada institución y ha comprimido todo lo que es vivo en formas muertas.

Al ser humano le pasa, entonces, como a una planta, que es arrancada de su suelo original y no más puede desarrollarse en el nuevo suelo que a ella le es ofrecido, porque éste no más corresponde a su especie. Hay que languidecer, mientras que en suelo adecuado habría florecido plenamente y podría haber producido ricos frutos, solamente para el provecho de su ambiente en la Creación y de si misma para la más pura alegría y para constante trasformación de la fuerza.

En este gran error reposa siempre el germen hacia la ruina.

Con relación a la expresión espíritu de castas, no es necesario que se apunte a un determinado pueblo; ¡pues todos los pueblos lo poseyeron! Él tiene que desarrollarse allí, donde existen seres humanos, sin embargo, siempre surgirá de modo errado mientras las leyes en la Creación permanezcan desconocidas, como hasta hoy.

Y ese modo errado había que provocar envidia y odio, un impulso para romper algo existente. Ese impulso inconciente se ha incrementado de acuerdo con la ley hasta tornarse una hola siniestra, la cual, como florescencia en el cierre del circulo de los acontecimientos, produzco caída, por ni haber sido posible de otro modo.

En eso se muestra como fruto lo falso existente en la actual estructuración del convivir humano en la Tierra, muestra todos los puntos donde las leyes primordiales de la Creación no han sido observadas o donde han sido concientemente contorcidas. Había que alcanzar esos efectos, porque la Luz ahora penetrante impulsa también todo el errado hasta el grado máximo, a fin de que, entonces, en la supermadurez, colapsando por si misma, ceda el terreno para la nueva edificación de acuerdo con la voluntad de Dios, la cual ya desde el inicio ha sido anclada en las leyes de esta Creación, no pudiendo ser torcida o cubierta sin consecuencias funestas.

Es la cosecha de toda la sembradura, que desde la actuación de los seres humanos ha sido esparcida en su querer. La cosecha de todo lo que es cierto, así como de todo lo que es errado, poco importando si ese errado se haya originado antaño desde la maldad o solamente desde la ignorancia de las leyes divinas en la Creación. ¡Alcanza su florescencia por la fuerza aumentada de la Luz y tiene que presentar abiertamente sus frutos, que habrán de ser aceptos por los causadores y adeptos, también por los seguidores ahora en este Juicio Final, como recompensa y castigo en el refluir de la reciprocidad!

¡Las funestas enemistades y cisiones de los numerosos partidos no son consecuencia de una estructuración estatal errada, sino exclusivamente la continuación de la división errada de clases, que, en su rigidez y torcimiento, jamás podría conducir a armonías en la humanidad de esta Tierra!

Añadid a ello todavía la ley primordial de la Creación del movimiento necesario, entonces, reconoceréis que la clase media, cómoda y sosegada, había que sufrir el mayor perjuicio con ello. — ¡Era solamente el efecto de la necesaria ley primordial del movimiento!

La comodidad camina de manos dadas con la presunción y con la indolencia del espíritu: ambas tullen el movimiento espiritual de la misma forma que la fama y el poder, lo que lleva muy fácilmente hacia la arrogancia, como tantas veces pudo ser constatado en las clases superiores. Todo eso tulle, retarda el movimiento espiritual, mientras que unilateralmente favorece el trabajo del intelecto.

¡Trabajo del intelecto, sin embargo, no es al mismo tiempo movimiento espiritual! Reside ahí una gran diferencia.

Sin embargo, la envidia y el odio de las clases inferiores penetran mucho más profundamente. Alcanzan en su ardor la intuición y, con eso, el espíritu. ¡De esa forma, aumentan el movimiento espiritual, aún allá, donde eses seres humanos pertenecen físicamente a los indolentes!

¡Sin embargo, como ese movimiento, alcanzando hasta el estado febril, infringe tanto la ley primordial de la Creación aún bien como el movimiento demasiado lento, la desarmonía había que irrumpir por fin, como olas agitadas del mar, correspondiendo precisamente al efecto impulsador y natural de la ley primordial! ¡No podría ocurrir de forma diferente!

Hablo aquí, a propósito, de la clase social superior, de la media, y de la inferior, porque la división era fundamentalmente así. Y en eso ha consistido lo errado. ¡Esas clases, en si necesarias, no deben actuar encima o debajo de la otra, sino una al lado de la otra, cada clase de pleno valor por si, como una especie, que es indispensable y que debe madurar en la Creación bajo la plena florescencia y fructificación, a fin de realizar cosas grandes, máximas, en el suelo de su bien determinada especie, lo cual únicamente es capacitado para él y que ofrece las fuerzas!

¡Contemplad cada una de las razas en la Tierra, oh creaturas humanas! Desde ellas, mucho podréis aprender. ¡En uno misma, cada raza puede ennoblecerse, madurarse, volverse grande y fuerte, mientras por la mezcla de dos razas serán reproducidas solamente las fallas, las debilidades y los defectos de ambas las razas, que se mezclaron, y, en los frutos, con solamente pocas excepciones, resultan desmedidos aumentos de todos los defectos, raramente algo de bueno!

Tened eso como advertencia de la Creación, os orientéis correspondientemente en vuestra vida cotidiana de materia grosera en la Tierra. Tenéis aquí en la Tierra una vestimenta de materia grosera, el cuerpo terreno, a lo cual tenéis que dar atención; ¡pues en eso reside aquí en la Tierra la reproducción de la raza! Nunca lo olvidad. Jamás podréis contornar impunemente esas leyes.

Sin embargo, vosotros todos en conjunto dependéis de la Tierra. Cada uno tiene un derecho de aquí actuar y desarrollarse. ¡No solamente un derecho, sino también sagrado deber! Sin embargo, no uno abajo del otro, pero uno al lado del otro. Prestad una vez atención a los sonidos. Cada sonido es completamente autónomo, permanece autónomo y no se deja mezclar. Y solamente cuando se encuentra en el lugar cierto, al lado de sonidos de tonalidades distintas, resultará la armonía, que suena melodiosamente. Desplazad los sonidos e intentad disponerlos de manera distinta, luego, disonancia hay siempre que ser la consecuencia, la cual, en el efecto, puede intensificarse hasta producir sensación de dolor física y, al final, incluso lo insoportable.

¡Aprended en eso y comprended! ¡Sin embargo, no empezad todo nuevamente por el lado errado, ya en el principio!

¡Todo cuanto intentasteis hasta ahora ha sido en contra la armonía de las leyes divinas en la Creación, por eso, no podíais esperar otra cosa sino aquellos frutos, que ahora os resultarán y que maduran hacia vuestro encuentro! Lanzadlos hacia el fuego y empezad nuevamente a sembrar. Solamente a partir de la base puede ocurrir renovación.

Actuad en acuerdo; pues no sois capaces de torcer una sola de las leyes primordiales de la Creación, sin consecuentemente tener que cosechar gran perjuicio. ¡Aprended las leyes y luego construid en acuerdo a ellas, entonces, también tendréis paz, alegría y felicidad!

¡Si, ahí, sea considerado que por fin todo, pero todo mismo, solo ha sido erigido por sobre dinero, por sobre poder y valores terrenos, entonces, la calamidad actual no es nada sorprendente y el colapso está condicionado de acuerdo con las leyes de la Creación!

Y como ha ocurrido con algo aislado, así también ocurre con todo lo demás que no se base en las leyes divinas, las cuales son tan fácilmente reconocibles en las leyes primordiales de la Creación.

Ahora todo ha que ser impulsado hacia el rescate final. Atizada por la Luz, que penetra en las tinieblas de esta Tierra, habría que seguir, por ejemplo, la guerra en gran escala, como consecuencia de los continuados preparativos belicosos con los pensamientos en la guerra. El estimulo para eso ha sido dado solamente por el pensar humano, querer humano, precaución humana, miedo humano. Con eso, el ser humano ha puesto las formas en la Creación, las cuales, impelidas por la Luz reforzada, han crecido vigorosamente hasta la florescencia y fructificación, por lo tanto, hasta la acción, hubieron que crecer, como todo, lo que en la Creación ahora aún existe en formas, no importando de qué especie sean.

Ellas tienen que crecer, serán erguidas y fortalecidas por la Luz para seguir existiendo, si correspondan a las leyes de esa fuerza de Luz, o quedarán solamente reforzadas, para, al medrar, rómpanse en esa fuerza de Luz y, de ese modo, juzguen a si propias, si no correspondan a las leyes de esa fuerza de Luz y, por eso, no puedan obtener conexión con la misma. Con eso, todo lo que es errado se extingue por si mismo, al alcanzar ahora a la efectuación de modo visible a todos, también aquello, que aún le gustaría ocultarse. ¡De aquí hacia delante, nada podrá abstenerse bajo la luz del dia, tiene que mostrar sus frutos en la acción! Para que sea reconocido exactamente como aquello, que realmente es. Y todo por si propio.

Ahí ya no más ayuda un oponerse, tampoco las sutilezas del intelecto, que hasta ahora muchas veces pudieron tener éxito en la oscuridad y en la penumbra de este grande caos. ¡Hay que haber Luz por toda la parte! De acuerdo con las leyes fundamentales y naturales de esta Creación, ahora muy fortalecidas. ¡El ser humano con su querer nada más representa en este engranaje gigantesco, el cual, nuevamente penetrado por la fuerza de Dios, acelera sus efectos, para, al avanzar, realizar purificación y renovarse en eso!

No habléis, ahí, en sugerencias de masas de algunos lideres; pues estas no existen en tal sentido. El proceso es enteramente diferente. Por un líder solo puede ser provocada, por sus esfuerzos, la homogeneidad de los pensamientos. ¡Fuerza impulsadora para la exaltación hacia la acción, traen únicamente los efectos seguidamente espontáneos de las leyes primordiales de la Creación! Los seres humanos, sin embargo, en la determinación de las concepciones, veen todo por el lado errado, como si la fuerza partiese del ser humano individual o del ser humano en general. ¡Sin embargo, es lo contrario! ¡Toda y cualquier fuerza solo viene desde arriba!

Así, también no podría dejar de ocurrir que surgiesen luchas partidarias de las más repugnantes formas y aumentasen hasta el propio colapso, porque los partidos, en la ignorancia de las leyes primordiales de la Creación, también se encuentran sobre bases erradas, y por esa razón jamás pueden ser armonizados. Como florescencia de todas las hiervas dañinas en la organización partidaria, proliferan periódicos, que envenenan con instigante falta de conciencia también aquella parte de esta humanidad, que inofensivamente desea trillar su camino. ¡Los periódicos buscan excederse unos a los otros de la manera más desenfrenada, porque tienen que mostrar ahora, en la fuerza que fluye de la Luz, todo su vacío, todos sus esfuerzos errados que ocultan! ¡Y los muestran! ¡Imprimen en si propios aquél cuño de que son merecedores y que no podrán más alterar, tampoco apagar, cuando llegue la hora del esclarecimiento para los seres humanos en la propia vivencia, en el propio reconocimiento!

Entonces, no habrá ningún retorno, donde han avanzado demasiado y, de este modo, ellos mismos han tornado imposible un regreso. Así también aquí sobrevendrán, debido a la propia culpa, la caída y la autodestrucción. Cuando, sin embargo, entonces, todos los partidos se hayan extinguido por la aceleración aumentada de la acción, en acuerdo con las leyes sagradas de esta Creación, entonces, como consecuencia siguiente, se extinguirá también la mayoría de los periódicos, por no haber más lo que ofrecer a sus lectores, cuando juntamente con la envidia, el odio y la enemistad se hubieren rompido sus bases, pues solamente en ese pantano pudieron alcanzar una florescencia de tal especie. En suelo bueno les es sacada la posibilidad de existencia.

¡Todo tiene que tornarse nuevo! Incluso las iglesias no quedarán popadas en aquello, que hasta ahora ha sido errado en ellas. De acuerdo con la ley de la Creación, también todo sigue ahora su camino y no más puede ser detenido por nada: aquello, que no esté en perfecta consonancia con las leyes de Dios, que están ancladas firmemente, no en libros, sino en la Creación, habrá que manifestarse. ¡En conformidad con la especie de la sembradura, maduran ahora los frutos para la cosecha en el cierre del circulo de los acontecimientos de todo cuanto ha sido entretejido en la Creación por el actuar y por el querer de los seres humanos, y eso equivale al Juicio, muchas veces prometido, antes del inicio de una nueva era y más agradable a Dios!

¡Tienen gusto amargo los frutos, los cuales el actuar de los seres humanos ha cultivado en la Creación y que la humanidad ahora tendrá que comer, aún que se envenene y perezca a causa de eso! Durante mucho tiempo ella se opuso a cualquier reconocimiento, por no estar éste en acuerdo con su conceptuación de hasta entonces.

Sin embargo, primero todo tiene que tornarse nuevo, antes que la ascensión pueda sobrevenir, como las promesas ya hace mucho anuncian y conforme el propio Hijo de Dios ya ha declarado antaño. Eso significa que también todo ha sido errado.

Sin embargo, mentalmente indolente cada ser humano aún sigue a pasar por esa realidad, incluso aquellos, quienes tienen esa anunciación frecuentemente en la boca. ¡Ellos saben de ella, sin embargo, no dan atención a ella con la seriedad que sería necesaria para la propia salvación!

Lamentablemente, todo es considerado e interpretado siempre de tal modo, que corresponda a los deseos egocéntricos o también comodistas de cada uno. Y aquello, que a él no le agrade, o que no comprende con facilidad, eso él rechaza en la mayoría de las veces o ni siquiera da atención, porque así le es más cómodo en el momento.

Aún no es lo suficiente, que el fallar de todas las iglesias durante la guerra mundial tuvo que mostrar tan claramente cuán poco sus enseñanzas estaban realmente vivas dentro de los adeptos. Ellas permanecieron como palabras totalmente huecas y solamente una forma superficial, en lugar de ahí validarse. ¡El fallar, sin embargo, no era culpa de los adeptos, pero de las interpretaciones de hasta ahora de la Palabra, a las cuales falta todo el calor vital de una convicción! Por eso, tampoco son capaces de despertar convicción.

¡Solamente donde la convicción vive, la Palabra se torna acción y da a los seres humanos realmente un apoyo firme! El tiempo de la guerra y de las consecuencias, sin embargo, era para todos los dogmas, solamente la maduración hasta la floración. ¡Los frutos deben mostrarse ahora, los cuales dejarán reconocer precisamente la especie de la verdadera sembradura! Con el aumento de la aflicción, se llenarán las iglesias y los tiemblos, todas las casas de Dios, indiferente de cual confesión, con sus adeptos y seguidores, que allá esperan encontrar ayuda en aquella forma, en la cual les ha sido enseñado. Con eso, todos los seres humanos sabrán, en el propio vivenciar, lo qué en las enseñanzas de hasta ahora era verdadero y lo qué de errado aún estaba contenido en ellas. Habrá que validarse todo el legitimo, así como el todo el falso, a fin de que se presente de forma clara ante cada uno y todo el errado colapsará velozmente en el despertar por la vivencia, para nunca más poder resurgir. ¡Solamente en la vivencia el ser humano aprende a discernir! Mientras le falta a él la convicción del vivenciar, permanecerá en creencia ciega, inactiva, que no le trae provecho alguno a su espíritu, pero, sí, lo hace caer dormido y lo paraliza.

Id, oh seres humanos, y vivenciad, ya que voluntariamente, por medio del desplazamiento del vuestro espíritu, no más podéis llegar al reconocimiento de la Verdad divina, porque vosotros mismos manteneos continuamente cerradas las entradas para eso.

También vuestra expresión, utilizada de buen gusto en su falsa concepción de hasta ahora, se perderá muy rápidamente, si aún queráis seguir a consolaros según vuestro sentido con palabras como: “¡Ante Dios, todos los seres humanos son iguales!”

¡Esta expresión en si es cierta, pero errada en su interpretación de hasta ahora! También aquí las leyes divinas de la Creación ni siquiera admiten una interpretación tan cómoda.

De hecho, es cierto que ante Dios los seres humanos son iguales, sin considerar aquello, lo que ya dejaron hacia tras. Sin embargo, ubicarse ante Dios, es decir, llegar hasta los escalones de Su trueno, solo es posible a pocos seres humanos. En ese facto grave, sin embargo, el ser humano terreno no piensa, en su costumbre superficial, pero busca convencerse de que en el espíritu reina una igualdad incondicional ante Dios. A la indicación ahí expresa: “ante Dios”, ellos buscan no dar mayor atención. Tranquilamente el ser humano pasa por eso y se apega solamente a la expresión “igualdad” de la frase.

Sin llevar en consideración, sin embargo, que en ese ser igual ante Dios está también una indicación relativa a la nulidad de las dignidades terrenas ante todas as leyes divinas, las cuales, en la hora del traspase de un espíritu humano de su involucro de materia gruesa hacia el mundo de materia fina, no hacen distinción alguna, poco importando si ese ser humano en la Tierra haya sido mendigo o rey, sacerdote o papa, él es ante Dios un espíritu humano y nada más, quien tiene que responder personalmente por cada uno de sus pensamientos, palabras y acciones, luego, hay en estas palabras incluso un sentido más elevado.

Ante Dios significa ubicarse ante los escalones del trueno de Dios, por lo tanto, en el reino espiritual, en el Paraíso, que está debajo de los escalones del trueno. Eso es lo más significativo de esa frase, a lo cual el ser humano, sin embargo, no pone atención. Lo más difícil, porque un espíritu humano en la Creación solamente llega ante Dios, cuando se haya libertado de todo cuanto a él le pesaba de culpa y de errado en esta Creación. ¡Todo, incluso el último granosito de polvo! ¡Antes de eso, él no puede “estar ante Dios”!

A pesar de eso, jamás verá Dios; pues no es capaz de eso. También es inmenso aún el abismo que lo separa del lugar que se denomina “a los pies de Su trueno”. Jamás será transpuesto por un espíritu humano. Por eso, el ser humano tiene que contentarse con aquél, que posee. ¡Eso ya es inmensurablemente demasiado, y mal es realmente aprovechado por él en la mínima parte!

¡Sin embargo, los espíritus humanos aquí en la Tierra y también todos en la Creación no son de igual valor ante Dios! ¡Tal concepción es un error nefasto! Primeramente el ser humano debe, en su madurez y pureza, llegar a tal punto, que pueda subsistir o estar ante Dios, luego, a él le es permitido decir que puede ser considerado igual a los demás que se encuentran simultáneamente ante Dios. Aquello que él ha dejado hacia tras ya no tendrá importancia, porque no podrá ubicarse ante Dios antes de todo haber estado extinto, todo anulado, lo que antes en él aún estaba errado, no importando tratarse en eso solamente de conceptos o acciones. Estará remido y rescatado, apenas se ubique ante los escalones del trueno; pues antes no llegará hacia allá. Ni con astucia, ni bajo fuerza; pues que las leyes de la Creación no lo permiten.

¡Sin embargo, ubicándose una vez allá, luego, incluso en el caso de los mayores errores anteriores, será absolutamente igual, como si jamás hubiera habido algo errado en él! ¡Así debe vigorar simultáneamente también aquí en la Tierra, de acuerdo con la voluntad de Dios, sin embargo, los seres humanos no dan atención a eso en las leyes que ellos propios elaboraran para si, no se apoyan en eso en la voluntad de Dios, pero, sí, esperan del propio Dios siempre más de lo que ellos están dispuestos a dar de si a sus semejantes! Cristo ya hubiera dicho eso antaño de forma suficientemente clara en su parábola del servo infiel. —

¡Las palabras huecas, de hasta el momento, se transforman de aquí para adelante evidentes bajo la fuerza de la Luz! Y con eso sobrevendrá por si la expulsión de todo lo que hasta el momento ha sido enfermo y la cura. ¡También lo que es errado será despierto para la vida y tendrá que mostrar sus frutos a toda la humanidad! ¡Para que ella, en eso, alcance reconocer! ¡La ira del Dios omnipotente hará el mal destrozarse por si mismo! ¡Sin embargo, solamente por la inobservancia de las leyes divinas pudieron madurar tales excrecencias y malos frutos, los cuales tenéis que cosechar hoy por toda la parte, para ahora degustarlos, en eso os libertáis de ellos u os arruináis en ellos!

Cuando esos males hubiéranse removido por si mismos, luego, los seres humanos reconocerán, poco a poco, cómo en la realidad han sufrido con ese veneno. Solamente entonces respirarán libertos en el aire fresco, generado por tormentas purificadores de la más grave especie.

Hoy, sin embargo, no ha todavía llegado a este punto. ¡En todas las partes todavía reina el miedo! La humanidad, sin embargo, todavía no quiere admitirlo, pero aún así actúa impelida por ese miedo; ¡pues ya se manifiesta el odio! ¡El verdadero punto de partida del odio, sin embargo, es el miedo! Lo que es atacado por odio, también es temido en todos los casos. Así es la costumbre de los seres humanos terrenos.

Solamente desde el miedo originase el verdadero odio. Jamás desde la rabia, tampoco desde la indignación, que, a su vez, genera la ira sagrada. El odio tampoco puede surgir desde el desprecio, tampoco del asco.

Y como el miedo ya comienza en el odio, luego, el fin no más está lejos; ¡pues ese miedo surge ahora en los seres humanos terrenos ante la presión de la Luz, de la cual no pueden escapar con las viejas y habituales sutilezas del intelecto que, por la primera vez desde milenios, falla, visto ser impotente contra la voluntad viva y omnipotente de Dios! —

Es, alcanzando la humanidad entera, todo lo ocurrir, que yo os explico a vosotros. Por lo tanto, no penséis, de modo humano, que todo ya esté resuelto dentro de días, semanas o meses. ¡Es una lucha, que ya se extiende por años, pero cuyo el fin, como siendo la victoria incondicional de la Luz, se encuentra entretejido en las leyes primordiales de la Creación!

¡Seres humanos, despertad en la vivencia, a fin de que no tengáis de perecer en eso! Pues en breve deberá surgir una humanidad, que vibrará concientemente en las leyes primordiales de la Creación, para que el infortunio, como consecuencia de la vida errada, permanezca alijado y para que solamente paz, alegría puedan reinar en este plano terrestre. ¡Para vuestra salvación, para el honor de Dios!


Secuencia de las disertaciones


      Volumen I.

  1. La Palabra Sagrada
  2. En el país de la penumbra
  3. ¡Mañana de Resurrección!
  4. Desconfiados
  5. Mártires voluntarios, fanáticos religiosos
  6. Servidores de Dios
  7. Instinto de los animales
  8. El beso de amistad
  9. La mujer de la Creación posterior
  10. La herramienta torcida
  11. ¡Debe ser despierto todo cuanto es muerto en la Creación, para que se juzgue!
  12. El niño
  13. La misión de la femineidad humana
  14. El Reino de los Mil Años
  15. El equilibrio necesario
  16. Jesús e Imanuel
  17. ¡Navidad!
  18. ¡Omnipresencia!
  19. ¡Cristo dijo...!
  20. Sumisión
  21. Espinas de la materia fina
  22. Indolencia del espíritu
  23. Ley de la Creación “Movimiento”
  24. El cuerpo terreno
  25. El temperamento
  26. ¡Ved, creatura humana, como tenéis de caminar a través de esta Creación, para que hilos del destino no impidan, sino colaboren en tu ascensión!
  27. La estrella de Belén
  28. Una nueva ley
  29. Espíritu de castas, sistema social
  30. Deber y fidelidad
  31. ¡Aspirad a la convicción!
  32. Belleza de los pueblos
  33. ¡Cómo eres tu, ser humano!
  34. ¡Está consumado!
  35. ¡Dejad que la Pascua surja en ti, ser humano!
  36. En el limite de la materia gruesa
  37. El ser humano terreno ante su Dios
  38. El reconocimiento de Dios
  39. Lo enteal
  40. ¡Quién ahora no quisiere conocer a mi Palabra a causa de otro, a ese no he de conocer en la hora de su sufrimiento!
  41. Los pequeños enteales
  42. En la oficina de materia terrenal de los enteales
  43. Peregrina un alma...
  44. Mujer y hombre
  45. Almas torcidas
  46. El guía espiritual del ser humano
  47. ¡Hilos de Luz sobre vosotros!
  48. Sonidos de natal vibran exortadoramente por el Universo
  49. La Reina primordial
  50. El circular de las irradiaciones
  51. ¡Evitad los fariseos!
  52. Poseso
  53. ¡Pedid, y a vosotros os será dado!
  54. Agradecimiento
  55. Decepciones
  56. Y cuando la humanidad preguntar...
  57. ¡Que se haga la Luz!
  58. ¡Yo envío a vosotros!
  59. Pascua 1934
  60. Inenteal
  61. Como asimilar el Mensaje


      Volumen II.

  1. ¡Ábrese el portal!
  2. La herida
  3. Omnisciencia
  4. La palabra humana
  5. Año nuevo 1935
  6. ¡Ve lo que te es útil!
  7. Los planos espirituales I
  8. Fieles por costumbre
  9. La nostalgia salvadora
  10. Los planos espirituales II
  11. La grande purificación
  12. Los planos espirituales III
  13. Los planos espirituales IV
  14. Pascua 1935
  15. Los planos espirituales V
  16. Los planos espirituales VI
  17. Los planos espirituales VII
  18. 30 de Mayo de 1935 (El Sacrificio)
  19. La guardiana de la llama
  20. El poder del idioma
  21. La Palabra viva (Pentecostés 1935)
  22. Concepto de familia
  23. Dulce lar
  24. La llama del discípulo
  25. El sexo frágil
  26. El puente destruido
  27. Visión general de la Creación
  28. Gérmenes espirituales
  29. Gérmenes enteales
  30. Preparadores del camino
  31. ¡Cuando la aflicción esté en el apogeo, el auxilio de Dios estará más próximo de vosotros!
  32. Llamas purificadoras
  33. El abismo de los deseos personales
  34. Alma
  35. Naturaleza
  36. El círculo del enteal
  37. ¡No caigas en tentación!
  38. Navidad